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Dominaciónmay 2024

Mi aire 21

Carmina siempre quiso proteger a su madre, pero no esperaba encontrarla desnuda, atada y feliz en los brazos de otro hombre. Ahora debe elegir entre la moral de su familia y la verdad de lo que ve.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

A petición de algunos lectores me he decidido a dividir algunos capítulos para hacerlos más cortos. Ahora la serie constará de 45 capítulos, aunque le extensión total es la misma.

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Los médicos ya le dijeron a Carmen que hiciera su vida normal, alguna revisión pero nada importante. Ella misma le preguntó directamente por el sexo, y cuando le dijeron que sí, insistió en que ella lo hacía de forma algo violenta. Le recomendaron algo de comedimiento pero no se lo negaron. Vino contenta y feliz a casa con Sara que la había acompañado.

-Mi Amo,- dijo Sara al entrar, -los médicos dicen que ya podemos follar los tres a todas horas.- Y eso hicimos. Antes del ataque solía hacerlo con cada una por separado, algunas veces los tres pero eran pocas. No siempre cuando bajaba a Sara a la sala me llevaba a Carmen. Pues eso cambió, el sexo lo hacíamos casi siempre los tres, y a la sala siempre llevaba a Carmen, aunque a ella no la azotaba, sólo la ataba y le ponía vibradores mientras flagelaba a Sara. Si alguna vez pillaba a Sara sola con su delantal en la cocina, en cuanto Carmen nos escuchaba aparecía y se sumaba. O las veces que infringiendo las normas Sara se vestía de criada, o cualquier otro disfraz para incitarme, Carmen estaba allí con el mismo disfraz.

Los días en que dormían en mi cama se hicieron más comunes que los que las mandaba a la suya. Reconozco que me costó, pero me lo impuse y al final acabé por acostumbrarme. Pero había algo que me faltaba. El despertar en la cama abrazado a la persona de la que se está enamorado es uno de los mayores placeres de la vida que muchos por rutina olvidan. Sara era mi amor, pero sería un grave error considerar mis sentimientos a Carmen como simple cariño. Era mucho más, reconozco que Sara seguía siendo dueña de mi corazón pero Carmen estaba en él ocupando un espacio muy importante. Y como digo el despertar en la cama, tocar el turgente pecho, acariciar la curva de la cintura y los muslos cuando uno acaba de despertar es una de las maravillas de la vida. Me refiero cuando uno se despierta, no cuando es sacado del sueño por el despertador. Y eso no lo tenía yo. Las chicas con una destreza imposible por mi, eran capaces de levantarse antes que yo para su enema sin que se moviera una arruga de la sábana. Y el placer de despertar con ellas no lo tenía, salvo los lunes que me despertaba con ellas para “marcarlas” y de eso se encargaba el despertador.

Así que tomé una decisión, su “limpieza” se haría después del desayuno. De esa forma podría despertar con la sensación de poder acariciarlas al abrir los ojos. Sara protestó, se pensaba que lo hacía para verla en su tarea diaria de “limpieza” que le avergonzaba. Pero al segundo día que despertó con mis caricias ya no volvió a decir nada. A pesar de que más de una vez para hacerla rabiar me quedaba en la puerta del baño viendo como se ponía colorada.

En esos días llamó también Laura, se había enterado de casualidad del ataque y estuvo un rato hablando conmigo. Quiso pasarse por casa pero le dije que mejor no. No insistió mucho pero me dijo que les transmitiera a las chicas un abrazo muy sincero.

Una mañana se asomó Carmen en mi despacho.

-Amo, mi hija quiere que le de su número para llamarle.- Los hijos de Carmen la llamaban desde la agresión casi todos los días.

-¿Como?.- Le pregunté extrañado.

-Mi hija, que quiere hablar contigo pero no puedo darle su número sin su permiso. Por favor Amo, no he vuelto a hablar de esto con ella, creo que por eso querrá hablar contigo ya que sus palabras textuales han sido dame el número de teléfono de tu amo.-

-Dáselo sin problemas, intentaré que comprenda esta relación, pero la verdad es que a veces me cuesta entenderla a mi.-

Al día siguiente me llamó.

-Buenas Carmen, ¿que tal?.-

-Hola, puedes llamarme Carmina, es como me llaman todos, y casi se podría decir que somos familia ¿no?.- Eso no me lo esperaba, fue buena señal.

-De acuerdo Carmina. Tu madre está mucho mejor, todo es ya casi un lejano recuerdo.-

-Gracias, pero no llamo para preguntar por mi madre, hablo con ella todos los días. Quería pedirte un favor un poco complicado.-

-Si está en mi mano ya lo tienes.-

-Quiero ir a verla este fin de semana.-

-Para eso no tienes ni que decírmelo, tu madre sabe que cuando vengáis estará con vosotros, como te dije ella no está secuestrada ni nada por el estilo, sale cuando le apetece. Es más, no las escucho así que creo que han salido a comprar o pasear.-

-No es eso, es que quiero quedarme en vuestra casa.- Me quedé un rato callado.

-No lo entiendo, tu madre tiene su casa. Explícate por favor.-

-No acabo de ver esa relación pero quiero aceptarla, y he pensado que a lo mejor un par de días allí viendo como vive me puede ayudar a comprender la decisión que ha tomado.-

-Carmina, puedes venir a mi casa siempre que quieras. Pero no te va ayudar a verlo. Nosotros no hacemos la misma vida si estás aquí. Hay muchas cosas que cambiaremos.-

-¿Como el sexo?.-

-Sí como el sexo, pero no es solo eso. Podemos pasar un par de días sin hacerlo no somos tan degenerados, o hacerlo de forma más discreta en mi habitación sin que te enteres. Pero por ejemplo, ellas van siempre desnudas, ¿no querrás ver a tu madre desnuda por la casa? Además de otras cosas.-

-No, no me apetece verla desnuda. Pero siempre podréis decirme lo que estarías haciendo si yo no estuviese. A lo mejor eso me ayuda.-

-Yo no lo veo tan claro, no creo que tu madre esté cómoda ni tu tampoco. Además no me gustaría tener que decirte lo que habitualmente hacemos, es algo muy personal e íntimo de los tres.-

-Bueno, si no te atreves no pasa nada, quedaré con mi madre en su casa.- El famoso “no te atreves”, creía que caería en esa trampa tan burda. Así que quedé con ella para este fin de semana en nuestra casa.

Lo anuncié a las chicas, a Carmen no le gustó nada la idea. Me recordó que en nuestra relación de Amo esclava le había asegurado que no interferiría en su vida familiar. Como llevaba razón le dije que podía llamar a su hija y anular su estancia con nosotros, y quedar con ella en su casa.

Parece que la hija es buena persuadiendo, ya que aunque habló con ella bastante tiempo, al final claudicó.

Como la hija quería saber más sobre esta relación, no les permití que llevasen vestidos, pero tampoco tendrían que estar desnudas. Les hice ponerse el traje mostaza, ese que es como una especie de poncho sin mangas y con escote y espalda al aire, unidas las piezas delanteras y traseras por unos lacitos. Dejaba ver parte de los pechos y las caderas, insinuaba mucho y por eso Carmen no quería ponérselo. Llegamos a un acuerdo, les permitiría que llevasen el vestido mostaza con ropa interior. Lo que les dio una excusa para salir a comprar. Apenas usaban ropa interior y decían que las que tenían no eran adecuadas. También levanté provisionalmente la prohibición de cerrar las puertas de la casa, tener que llevar el collar de perro, y decirme la palabra Amo.

La hija llegaría el viernes por la tarde y se marcharía el domingo después de comer. Les hice saber que esos días no habría sexo, y que nadie, ni siquiera Sara, vendría a mi cama.

-Amo,- dijo rápidamente Sara, -he pensado que Carmina se quede en el dormitorio de invitados que está junto al despacho, es el más cómodo porque tiene aseo dentro. Mientras nosotras podemos arriba seguir con nuestras rutinas como la limpieza o hacerle el sueño más placentero.-

-La idea está bien, pero aún así nada de sexo guarrona.-

Sara resopló enfadada.

Carmina llegó a la casa a eso de las ocho. Le abrí la puerta y al pasar se encontró en el salón a las dos alineadas, vestidas con los trajes mostaza y muy nerviosas.

-Verás Carmina, vienes buscando información y no te le voy a dulcificar. Tu madre no te va a saludar hasta que yo le de permiso. También te aviso que normalmente si estamos los tres solos va desnuda, esas ropas es cuando viene visita.-

-Entiendo, tampoco pido que cambies mucho vuestros hábitos, ¿pero yo puedo saludarla y abrazarla?.-

-Por supuesto, Carmen puedes saludar a tu hija.- Las dos se abrazaron y se besaron mientras le preguntaba por su salud. Nos sentamos y estuvimos charlando hasta la hora de cenar y acostarnos.

A la mañana siguiente Carmina alabó la casa, así que me preste a enseñársela mientras mis esclavas quedaban en la cocina. Le dije que mi despacho estaba prohibido aunque su puerta estuviera siempre abierta, como todas las puertas de la casa.

-¿Incluso las puertas del baño?- preguntó.

-¿Tienes pareja?.- Le pregunté dejándola descolocada.

-No, ahora no. ¿Eso que tiene que ver?.-

-No necesitamos intimidad entre nosotros tres, ¿para que cerrar las puertas?.- Se quedó pensando un poco. Así me libré de explicarle que había unas normas para las esclavas que incluyen no cerrar las puertas.

Subimos a la planta de arriba, le enseñé los dormitorios y cuando vio el de su madre se horrorizó.

-¡Pero estás loco!, ¿mi madre duerme en una cama de perro?.- No pensé en eso, y no tenía escapatoria, en la habitación solo estaba esa cama con el nombre de Carmen bordado.

-Tranquila, no te sulfures, tu madre ha estado durmiendo hasta que los médicos han dicho que está recuperada en una cama normal.-

-¿Pero es que habitualmente duerme como un perro?.-

-No Carmina, te dije que nada de dulcificar, tu madre es mi esclava, duerme como una esclava, pero si te fijas la cama es grande y acolchada, es una cama muy mullida. No es incómoda en absoluto.-

-¡Pero es de perro!.- Sus gritos hicieron que Sara y su madre subieran asustadas.

-Esa es la cuestión, no es que sea incómoda que no lo es, es saber que duermen en una cama de perro para recordar que son esclavas.- Le dije mirando a mis esclavas que estaban allí de pie.

-Mama, ¿porque dejas que te haga esto? Es humillante.-

-Hija,- dijo muy tranquila Carmen, -te dije que es lo que he elegido, me gusta esta vida y yo hago lo que mi Amo me ordena, no tienes que hacer una montaña de un grano de arena. Mírame, soy feliz, ¿que más da la cama?.-

-Lo siento, no me gusta esta elección tuya. Pero lo peor es que no se como sacarte de este infierno.-

-Carmina,- le dije muy serio, -esto no es un infierno, creo que se acerca más al paraíso, pero puedes preguntarles a ellas. Además casi todos los días dormimos en mi cama. Hoy hace un día estupendo y aún se puede usar la piscina, baja con tu madre y charláis mientras os dais un baño.- Yo entré con Sara en la pequeña biblioteca que tenemos en esa planta mientras ellas salían al jardín. Carmina no se había cambiado pero su madre bajó con bañador. Se sentó con los pies en el agua de la piscina y su hija al lado.

Estuvieron hablando hasta la hora de comer. Carmina seguía enfadada, aún así decidí que debía saber más para hablarlo abiertamente con su madre. Al terminar la comida le dije:

-Carmina, mientras ellas se quedan aquí, tengo que enseñarte la planta de abajo, especialmente la sala.- Carmen me miró horrorizada.

-Am… Señ… Daniel, no creo que sea necesario por ahora.- Me dijo pálida Carmen mientras su hija no sabía que estaba pasando.

-Ella ha insistido en conocer como vives, y es justo que lo sepa.- Carmen bajó la cabeza asustada.

Bajé con Carmina, puse la clave en la cerradura de la sala y la hice entrar. Ese fue mi gran error que pagaría con creces. No sé que me llevó a hacerlo pero aún hoy me arrepiento de ese disparate que hice. No pensé, creo, que desde fuera de nuestra relación se vería tan diferente.

-¡Madre mía!¡Esto es de psicópatas!¡Estáis locos!.- Exclamaba según veía las máquinas y los “juguetes” de la sala.

-No pienses mal. Déjame que te explique.- Le dije no sabiendo en realidad por donde empezar.

-¿Esto tiene alguna explicación lógica?.-

-Esta sala se usa en realidad para Sara, que por otro lado le encanta. Cuando tu madre baja con nosotros no es para hacerle daño en absoluto. Nada de dulcificar, tu madre suele masturbarse mientras nosotros usamos la sala.-

-Pero… no entie…, ¿torturas a Sara y mi madre se regodea en ello?.-

-No, primero debes saber que Sara es masoquista, por eso le gusta la sala. Tu madre no se regodea, ella disfruta del placer que ve en nosotros. Entiendo que es difícil de asumir.-

-¿Difícil?, ¿me enseñas la cámara del terror y pides que lo asuma? Eres un puto pervertido.-

-No, no te pido que lo asumas, te pido que oigas lo que tu madre te dice y confíes en ella. Mira Carmina, si la convences de que se vaya de mi casa yo no pondré impedimento alguno. Te confieso que me dolerá mucho, pero a tu madre le dije que antes de nuestra relación está proteger las relaciones familiares.- Le dije pasando por alto su insulto.

-¿Puedo hablar con ella o le tengo que pedir permiso a su verdugo?.- Me dijo con verdadera mirada de odio.

-Habla con ella todo lo que quieras.-

Subimos y salieron ambas al jardín a charlar de nuevo con una Carmina muy alterada.

-Mi Amo,- me dijo Sara, -quizás no debió enseñar la sala.-

-No lo se Sara, pero no quiero la sombra de la hija constantemente sobre nosotros, debe aceptarlo por mucho que le cueste. Confío en Carmen para hacérselo ver. Estoy algo nervioso y como ellas van para largo, bajamos los dos a la sala, a lo mejor unos azotes en tu precioso culito me calman.-

-Mi precioso culito está siempre al servicio de mi Amo.- Me dijo pícara Sara.

Al salir de la sala dos horas después con el culo al rojo de Sara, Carmina se había ido a pasear y Carmen se echó a mis brazos nada más subir al salón.

-Amo, ¿porque le ha dicho que me dejará si ella lo pide?¿que la familia es lo primero?¿no lo hará verdad?.- decía al borde del llanto.

-Tranquila Carmen, le he dicho que si te convence. Ninguna estáis aquí obligadas y si os queréis ir podéis hacerlo.- Sara se abrazó también a nosotros por la espalda.

-Ni aunque el Amo me eche me voy de aquí.- dijo segura Sara.

-Amo, yo no quiero irme, por favor convénzala, a mi no me quedan argumentos.- Sollozaba Carmen.

-Carmen, yo lo he intentado, no quiero romper una familia, sois vosotros los que tenéis que hablarlo y llegar a una solución. No he pretendido asustarla al enseñarle la sala, lo que he pretendido es que sepa lo que ocurre aquí. No quiero que te vayas Carmen, la decisión es tuya no mía, pero piensa en tu hija que debe ser primero a nuestra relación. Convéncela si tanto deseas quedarte como lo deseo yo.- Los tres estuvimos bastante rato abrazados, besándonos.

La hija llegó a la hora de cenar y estuvo muy callada. Sara y yo nos acostamos pronto para dejarlas hablar a las dos. Escuché a Carmen acostarse bastante tarde.

En el desayuno apareció una Carmina con el ceño fruncido aún.

-No se que droga les das o embrujo, mi madre nada más que repite que es muy feliz. No me voy a inmiscuir, pero no me gusta nada esta relación en que la estás metiendo cerdo depravado. No le diré nada a mi hermano y me iré muy inquieta, pero no dejaré de llamarla todos los días. Eso si el dueño o el amo lo permite.- Me miró directamente.

-Carmina, me estoy empezando a enfadar por tu actitud conmigo. No te confundas, aquí no hay coacciones de ningún tipo, tu madre es libre de marcharse. Y por supuesto que puedes llamarla cuando te venga en gana. Lo que la próxima vez que vengas, quedaréis en vuestra casa. Ha sido muy mala idea que vinieras aquí.- Me levanté y me fui al despacho.

Sara apareció asomando la cabeza por la puerta.

-Amo, no se enfade, se han ido a pasear, ¿quiere relajarse azotando a la esclava?.-

-Ven Sara, siéntate entre mis piernas.-

-¿En el despacho Amo?, ¡está prohibido!.-

-Hoy te lo permito, ven.- Sara entró y se sentó sobre mis piernas. Yo aparté un poco el vestido y le acaricié las tetas.

-Hace, ¿cuanto?, dos años casi, tenía una vida anodina, pero sin sobresaltos. Entonces apareces tú, y me haces el hombre más feliz del mundo. Tuve que aprender a ser un Amo, al principio me costó, sobre todo lo relativo a la sala. Pero llegamos a un punto de felicidad difícil de alcanzar por otras personas. Y la mala suerte nos trajo a Carmen.-

-No es mala suerte mi Amo, ahora en vez de ser felices entre dos, lo somos entre tres.-

-Ya, eso es cierto, pero conlleva otros problemas. Los ataques que has tenido de tu ex y del amante, y ahora los hijos que se entrometen.-

-Los ataques no tuvieron nada que ver con Carmen. Y los hijos es normal que lo hagan, al igual que el Amo, los hijos buscan la felicidad de su madre.-

-Me preocupa lo que pueda sentir ahora Carmen, su lucha por quedarse o por hacer caso a su hija. Y si se queda, tendrá siempre el pensamiento de hacerle daño a su hija. He sido un tonto pensando que algo que nosotros vemos cotidiano sería fácil de explicar fuera de estas paredes.-

-El Amo nunca es tonto, lo noto por como me pone los pezones duros y como debo estar mojando mi vestido ahora.- Dijo con una sonrisa forzada, como para querer apartar mis pensamientos de Carmen en ese momento.

-No hay que ser muy listo para eso. Estás siempre mojada y con los pezones duros.- Le dije tirando de uno de ellos.

-¡Ay! Eso no es verdad, nunca he estado tan mojada desde que estoy con mi Amo. Antes no era así.- Se abrazó a mi.

-Mi Amo no debe preocuparse, Carmen es lista y convencerá a su hija. Yo tampoco quiero que nos quedemos los dos solos.- La senté sobre mi y follamos despacio, sin mirarnos, abrazados con nuestros pechos juntos. La tenía agarrada del culo y subiendo y bajando con tranquilidad hasta que me corrí. Ella como siempre tuvo una par de orgasmos. Al terminar me susurro en el oído: -Gracias mi Amo, es la primera vez que lo hacemos en el despacho. Ya quedan pocas habitaciones...-

Regresaron con una Carmina ya más distendida pero no se volvió a hablar más del tema. Carmen la llevó al tren y regresó a casa como si nada hubiera ocurrido. No le preguntamos, era su decisión.

Continúa en