Antonio el Camionero y su Suegra, en Ruta. 11
Carmen no es una suegra cualquiera: cobra por sus servicios y no le importa compartir su cuerpo con quien sea. Antonio, lejos de celos, organiza los encuentros y se une al desmadre. ¿Qué pasará cuando el camión se detenga en el lugar más inesperado?
En el capítulo anterior:
"Se abrió la puerta de sopetón y aparecieron dos policías, y estos no venían con intención de follar, más bien de joder el polvo a uno y causar impresión con sus pistolas. Al principio creyeron que le estaba haciendo algo malo a su compañera, sacaron sus cacharras y me apuntaron en la cabeza. Yo me quedé inmóvil, con la polla recién meada dentro del recto de la muchacha. Con el acojone de las pistolas se me aflojó el cipote y lo que salió de aquel culo, hizo alucinar a todo el mundo. Un chorro de mierda y meado fue a parar a la pierna de uno de los agentes. Este empezó a cagarse en dios y en todo el mundo. El otro se tapó la nariz y salió del cuarto vomitando. Ella no paraba de decirme que era su héroe y yo intentando no salir salpicado, ni por la mierda, ni por si acaso se repartía alguna ostia o se escapaba algún tiro"
Antonio el camionero y su suegra, en ruta 11
Menos mal que nada de esto pasó, los dos tocacojones que interrumpieron el polvo se fueron maldiciendo a todo el mundo.
- ¡Dios mío! ¿Tú que eres? ¡Joder Antonio, como te mueves! ¡Me has roto el culo cabrón! ¡Qué vergüenza dios mío! ¡Me he cagado sobre mi superior! ¡Dios mio, dios mio!
- Mire, yo que culpa tengo que este tan buena y no estuviera cagada. Además he ido deprisa porque ya ve, aun así nos han pillado.
- Voy al servicio que tenemos aquí a lavarme, nos encontramos en tu camión. A ver si se han llevado ya el cadáver.
Me salí de ahí y me fui hacia mi camión. Allí estaba Carmen hablando con un policía. Dentro de un coche había las dos mujeres que tenían aquellos sujetos dentro de la furgoneta. Al verme, salieron a abrazarme y agradecerme haberlas salvado de su secuestro y esclavitud. No estaban mal las morenas.
Con toda la historia liada ya empezaba a hacerse de día. Cuando abrieron la aduana fui a recoger los papeles. La muchacha que me atendió, me felicitó por mi heroicidad. Se acercaron dos chicas más al mostrador a felicitarme también, comentaron que vieron la filmación por las cámaras de seguridad del acto heroico, en el aparcamiento de aquí, y como huía de las cámaras en Miribel, que había salido en el telediario. ¡Vaya!
No quería entretenerme mucho contando otra vez toda la película, por lo que intenté ser simpático, firmarles recortes de prensa donde yo salía y me fui.
Al llegar al camión Carmen no estaba. Me subí a la cabina a dejar la documentación de la carga y me encuentro a mi suegra follando con un policía. Al verme, ni se inmutaron y continuaron con lo suyo. Les dije que no tardaran, Carmen me contestó que solo quedaban quince minutos. Les dije que vale.
Bajé del camión y fui a echar un vistazo a la carga. Todo estaba correcto. Un compañero de ruta se acercó a mí y estuvimos hablando un rato. Me preguntó si yo era el camionero que viajaba con mi suegra. Al decirle que sí, me dijo que un compañero le contó que en la vida había follado a una mujer como ella, que era algo majestuoso.
- Claro, mi suegra aparte de estar un hartón de buena, folla de puta madre.
- ¿Podría follar con ella?
- Pagando claro, pero hoy vamos con prisa.
- ¡Joder colega! Vete a saber cuándo nos volvemos a ver.
- Vale, pero solo media hora, ciento cincuenta euros y suplemento por el culo cincuenta más.
- ¡Joder! Es muy cara tu suegra.
- Es lo que hay colega, la calidad es la calidad.
- ¡Joder! Vale, toma doscientos, que el colega que me lo dijo, me habló que follando por el culo tu suegra ya es una pasada.
- Por eso el suplemento.
- Ya.
No tardó nada en bajarse el policía y mi suegra del camión. El policía era un muchacho muy joven, sería de la última promoción seguramente. Se despidió también de mí, me dio la mano y me hizo el saludo militar y todo. Mi suegra me dio doscientos cincuenta euros. Le conté el trato con el colega camionero, me dijo que se espabilara que subiera al camión y que si quería más tiempo le diría que no, que tenía hambre y quería ir a desayunar. Le dije que vale y se lo comenté al colega. Estuvimos de acuerdo y se subió al camión.
Media hora pasa enseguida, me quedé merodeando por ahí fuera y pregunté a unos camioneros del país por una Truck store. Me indicaron donde había una, y buena, la mejor, me dijeron, y encima la pillaba de camino. Cuando vi que se bajaba el colega del camión fui a saludarlo.
- Que ¿Cómo te ha ido con mi suegra?
- ¡Joder macho! El colega tenía razón, es que además de estar buenísima, la jodida folla que da gusto, lástima tan poco tiempo, he querido contratarle más tiempo, pero me ha dicho que no.
- Bueno, en otra ocasión será.
- Sí, vale, me voy. Adiós y hasta la próxima.
- Adiós.
Subí al camión y le dije a Carmen que ahora iríamos a un truck store a comprar colchones nuevos y toda ropa y enseres del camión que se hubieran manchado de flujos de coño, o mierda, y la tiraríamos.
- Pero primero a desayunar que tengo un hambre atroz.
- Ahora nos pararemos en un bar que conozco que para desayunar te ponen judías con butifarra y alioli.
- Perfecto, pero tendrán otras cosas, porque de butifarra, estoy ya desayunada de ellas ja, ja, ja…
- Hay que ver como corre la voz de lo bien que usted folla, este camionero se lo dijo otro camionero y hay buena propaganda, ja, ja, ja…
- Mi coño rinde más en el camión, que en cualquier puticlub, ja, ja, ja, ahí no pagan nada, como hay tanta competencia.
- Claro además más cómodo, y si hay alguien que no interesa pues no interesa.
Nos paramos en un restaurante que yo conocía y donde se desayuna de puta madre, mi padre ya paraba aquí y mi abuelo también. Yo me comí dos rebanadas de pan de payés tostado con ajo y tomate y chuletas de cordero a la brasa con judías y alioli. No quería beber porque tenía que conducir, pero debíamos ir solo a poco más de treinta kilómetros, y con este desayuno imposible no beber un poco de vino de esta zona. Un poco se convirtió en una botella. Mi suegra me sorprendió pidiéndose un carajillo también. Después de desayunar nos fuimos a buscar la tienda. Estaba cerca.
Llegamos a la Truck Store y mi suegra emocionada con el establecimiento, compró de todo para la cabina del camión, hasta una cortina y una especie de colgador con bolsillos para guardar cosas. Emocionada se puso a ordenarlo todo mientras yo cogía dirección a Banyoles.
- ¡Que buen colchón hemos comprado Antonio! ¡Que comodidad! Ya tengo ganas de estrenarlo, ja, ja, ja…
- Hasta la cabina ya huele diferente, que ¡Joder! con tantos polvos aquí metidos esto ya olía a urinario de la Renfe.
- Este nuevo ambientador huele mejor que aquel de pino.
- Pero si ese es de pino también
- Pero será de otro tipo de pino.
- ¡Cómo va a ser de otro tipo de pino, pino, es pino
- Pues de pino hay de muchas clases
- Pero todos huelen igual
- Ya te digo yo que no
- Carmen no empecemos ¡eh!
- Has empezado tú
- ¡Mecagüem en dios!
- Ni meagüem en dios ni leches, mira aquí si hay pinos, es bonito ese paisaje.
- A ver si los identifica por el olor
- ¡Huelen tan bien! ya veras, baja la ventanilla y respira, aquí hay mucha naturaleza.
- Lo que le voy a bajar van a ser sus bragas y respirar su coño.
- Tengo unas ganas de bañarme, de darme un buen baño ¿Está muy lejos la playa?
- Pues no, está cerquita, pero ahí donde vamos hay un lago dicen, quizás uno se puede bañar ahí.
- Y un buen baño en una bañera de burbujas como en Barcelona ¿Te acuerdas?
- ¡Joder si me acuerdo! Y del polvo que nos metimos dentro de ella, ya se me está poniendo el pito tieso solo en recordarlo.
- Tú siempre tienes el pito tieso, ja, ja, ja…
¡Joder! Vaya puta carretera de mierda, estrecha, y no hay más curvas porque el que la trazó, aún no había terminado su bota de vino. Carmen viajaba encantada, llevaba una faldita rosa y una blusa blanca que transparentaba sus formidables y hermosos pechos. Estaba guapísima. Sacaba el brazo por la ventanilla para jugar cortando el aire, sonreía y se la veía feliz mirando el paisaje y tatareando las canciones de boleros que emitían en la radio.
- Yo si volviera a nacer seria cantante. Sería cantante de cuplé.
- Como la Concha Piquer. Mi padre tenía un casete de ella y a veces lo ponía conduciendo.
- ¡Lola Flores! Yo sería como ella.
Si tú me quieres de noche
Y yo te quiero de día,
Si yo bebo de tu boca
Y tú bebes de la mía.
Son las cosas de la vida
Son las cosas del querer,
No tienen fin ni principio
Ni quien como ni porque.
- ¡Caray suegra! Sí que canta usted bien. Folla bien, canta bien, aunque algunas veces un poco tocacojones es.
- Ja, ja, ja, soy puta, cojones toco, ja, ja, ja…
- No hay más remedio, es por huevos, ja, ja, ja…
La puta carretera me tenía hasta los cojones, eso era una comarcal, no sé porque me he dejado guiar por este mapa. A mi suegra le gustaba que pasáramos por aquí, disfrutaba del paisaje. La verdad es que todo esto era muy bonito. Nos encontramos un puente donde nos dio la sensación que subíamos a una montaña rusa, y solo podía circular un vehículo, mi camión pasaba por anchura justo, justo. Me acojoné un poco, el puente tenía altura y el río llevaba agua. Después llegamos a una llanura en altura, un altiplano.
- Mira qué bonito es eso Antonio, mira las montañas al fondo ¡Qué bonito! Que verdes están los campos aquí.
- El letrero dice “Pla de Martins” a saber qué quiere decir, con ese idioma suyo, el catalán cualquiera lo entiende.
- Pues es muy sencillo, pla debe venir de plano, ves que todo es plano, pues es una llanura, quiere decir el llano de alguien que se llama Martín.
- ¡Caray suegra! Usted le encuentra enseguida traducción a todo, pero dudo que tenga razón.
- Que te digo que sí, que quiere decir el llano de Martín
- ¿Ah sí, y ese pueblo Malianta que quiere decir?
- Pues nada, como Córdova ¿Qué quiere decir Córdova? Pues nada, es un nombre.
- Vamos a dejarlo así, la carretera ya parece más buena, ya estamos llegando.
Llegamos a un sitio en el que se veía al fondo abajo un lago. La verdad es que era muy bonito, me paré por orden de Carmen a admirarlo, había un sitio que ponía mirador, y ahí pude aparcar el camión. Nos bajamos a mirar el lago.
- Mira Antonio ¡Que romántico! ¡Qué bonito es!
- La verdad que si es bonito el lugar.
Nos sentamos en un banco a mirar el lago. Desde lejos se veían barcas en el. El paisaje y el tiempo relajaban. Al rato de estar abrazados y mirando el paisaje, nos fuimos a buscar la empresa donde debía descargar las cervezas. El lugar era en un pueblo pegado a Banyoles que se llamaba Mata.
- Ves ¿Por qué se llama este pueblo mata?
- Pues porqué deberían matar a alguien
- Ja, ja, ja… mira ahí pone Porqueres.
- Porc es cerdo, que me lo dijo el camarero del restaurante, o sea que el pueblo quiere decir que puerco eres, ja, ja, ja…
- ¡Estás loco! Ja, ja, ja, pero me gustas así.
Llegamos a este almacén donde debía descargar. Salió un negro, para variar, aquí en Catalunya hay muchos en todos sitios y moros también. Maniobré para encarar bien la caja y que pudieran descargar, Aproveché para llamar a la empresa de logística. Me comentaron que debía recoger en un pueblo cercano una carga de hilo en una fábrica y dejarlo en Valencia. No tenía yo muchas ganas de este trabajo, pero como este pueblo estaba solo a quince kilómetros de donde estaba ahora acepté el encargo. Por la noche me cargarían el camión y por la mañana podría salir temprano hacia Valencia.
De golpe oí un estruendo dentro de la nave. Resulta que el negro que descargaba al ver bajar a mi suegra del camión, se puso nervioso, con el toro chocó con una tarima y se había ido al carajo. Salieron dos negros más de no sé dónde y un blanco catalán cabreado. Se pusieron a gritar y discutir en raro, ese idioma que hablan no lo entiende nadie.
¡Joder! Es que mi suegra ya se las trae, se había puesto aquel vestido corto blanco de lino transparente que se compró en Barcelona y por eso escandalizó hasta al negro que descargaba el camión. Vino el hombre blanco catalán de mala leche.
- Oiga ¿Y esa mujer?
- Mi suegra, viaja conmigo.
- ¡Joder! Por su culpa este carcamal ha tirado toda la tarima del almacén.
- Cuando se conduce, uno no puede tener despistes, si yo me pusiera nervioso por cada tía buena que veo conduciendo habría tenido ya veintidiez accidentes.
- ¡Joder, joder, joder! ¿Usted viaja con su suegra?
- Pues sí. Es largo de contar.
- La vedad es que disculpe que se lo diga, pero está un cacho buena.
- Dígamelo a mí que yo la cato cada día.
- ¿Usted se folla a su suegra?
- Cuando puedo
- ¿Su mujer los sabe?
- Claro. Es largo de explicar, me subía a mi suegra hasta La Junquera porqué mi ex me abandonó y tiene montado ahí un puticlub. Ella quería ver a su hija y las cosas del camino, terminamos enrollados.
- ¿Su mujer es puta?
- Y mi suegra también.
- Vaya, es rocambolesco. Y ¿Cuánto cobra su suegra?
- Cien la mamada, cinto cincuenta media hora y doscientos la hora, suplemento por el culo cincuenta euros.
- ¡Vaya, sí que se cotiza!
- La calidad se paga, además como folla ella no folla nadie, se lo garantizo. Y no crea que se acuesta con cualquiera, le tiene que apetecer.
- Para probarla media hora ¿Podría? Mientras terminan de descargar, que primero tendrán que poner orden al desaguisado que ha montado el moreno.
- ¿Dónde follarían?
- Aquí detrás de la oficina, tengo un cuarto en el que me echo de vez en cuando una siesta. Hay también un lavabo y una ducha.
- Voy a preguntárselo.
El hombre era mayor, debería tener unos setenta años, pero físicamente no estaba mal conservado. Se lo comenté a mi suegra y ella accedió. Cuando Carmen iba camino con el hombre a follar al cuarto, al pasar por delante del negro, este se impresionó otra vez y atropelló sin querer a su compañero que le iba guiando.
El negro atropellado iba maldiciendo, al también negro conductor, que se bajó sin apartar la vista de Carmen que ya se la veía al fondo de la nave. Ese negro era tan torpe, que al bajarse del toro, y solo tener ojos para mi suegra, se tropezó y se pegó una leche contra el suelo que casi se queda sin piños. Ahora el otro negro más le abroncaba. Fui a poner paz y orden.
- Oigan, a ver si dejan de pelearse y maldecirse y se ponen a descargar ya el camión, que uno no está aquí para pasar el día. Y tú, deja de mirar a mi suegra ¡Cojones! ¿O es que nunca has visto a una tía buena?
- Perdón, ahora voy ¿Su suegra?
- Sí, mi suegra.
- Vaya.
- Sí
- ¿Estas casado con su hija?
- Su hija es mi ex, pero es largo de contar, venga poneos al tema que no vamos a estar todo el día. Que estos en media hora terminan de follar.
- ¿Está follando con el jefe?
- Sí, y demasiado te cuento, venga a currar.
- ¿Es puta?
- Sí, es puta, pero cuesta mucha pasta.
- ¿Cuánto?
- Cien la mamada ciento cincuenta media hora, doscientos la hora y suplemento por el culo cincuenta euros, aunque tu siendo negro, no sé si querrá la opción por el culo.
- Esta mañana antes de venir al curro he tenido la suerte de que en una maquina me han tocado quinientos euros. Me gustaría una hora con ella.
- Cuidado que si no le caes bien, a lo mejor te dice que no. ¿Y dónde follarías?
- En el mismo cuarto que el jefe, ya me lo deja, a veces para quedar bien con alguna clienta de algún bar que viene con ganas de ver mi rabo, me hace ir a enseñárselo ahí.
- ¿Vienen a ver tu rabo?
- Sí, hace poco tenían a un paisano disecado en un museo, pero lo hicieron quitar, antes iban ahí a mirar cómo era la polla de un negro.
- ¡Joder! ¡Sí que están majaras las tías de por aquí! ¿No te las follas?
- Algunas sí, otras solo miran o tocan.
- Imagino que también te la chupará alguna, vaya, digo yo.
- Algunas si maman otras no.
- ¿La tienes muy grande?
- ¿Quiere verla? ¿Quieres que te la enseñe?
- ¡Quita carajo! Ni se te ocurra, si te sacas el rabo te lo corto aquí mismo, que yo no soy maricón.
- Yo tampoco. Por eso quiero follar a tu suegra.
- Vaya, ahora cuando salga se lo pregunto, pero ahora ponte a currar ¡Cojones! Y descargad ya el puto camión.
- Sí, ahora enseguida.
¡Putos negros! Todos los que conozco de las cooperativas que voy, que hay muchos y más por esa zona, son buena gente y calientes como las brasas. Creo que son tan negros de lo quemados que van, ahí en sus países se deben pasar el día chingando, porque mira que hijos tienen a puñados, las mujeres parecen conejas pariendo.
Salió a la hora de haber entrado mi suegra, sonriente y feliz con el jefe del almacén.
- Oiga, tome doscientos cincuenta euros, al final he decidido estar más tiempo con ella, y tenía usted razón, como folla Carmen, no folla nadie. Debo felicitarle por la suegra que tiene.
- Gracias. El negro también se la quiere follar, si ella quiere y usted le deja, dice que le han tocado quinientos euros esta mañana en una máquina tragaperras y quiere una hora con ella.
- Pues el moreno se va a quedar sin follar. Entre la que ha liado aquí y el trabajo que hay ahora, este no folla.
- Vale, pues se lo dice usted al negro. Y tu Carmen si te dice algo le dices lo mismo, que tenemos que irnos ya.
- Vale cariño, le diré que ahora no podemos.
El negro cuando se enteró de la negativa y que no podría follar a mi suegra, empezó a berrear otra vez en idioma raro y a romper cosas del almacén. Nos fuimos antes no nos salpicara la mala leche del tío, que solo gritaba que éramos racistas de mierda.
Cogimos la carretera hacía Besalú, pero antes de salir de Banyoles decidimos ir a ver el lago. Por la carretera que lo circunvala no se podía transitar con el camión. Un individuo nos dijo que lo aparcáramos y fuéramos andando, que nos gustaría más. Y así lo hicimos.
¡Joder! Qué bonito era todo aquello, había muchas parejas y gente paseando por los alrededores del lago, en sus orillas había unos sauces llorones de esos que la punta de sus ramas tocaban el agua y muchos patos de todas clases. Nos tropezamos con un sitio donde había una barcaza en forma de cisne que daba la vuelta al lago y explicaba la historia de esa ciudad. Cogimos dos billetes y como dos enamorados nos subimos a la barca.
- ¡Qué bonito vivir en un sitio así Antonio!
- La verdad suegra es que si es bonito todo esto.
El tío de la barca no paraba de hablar y decir tonterías acerca de un pez que se llamaba Ramona y que tenía cincuenta años. Después nos contó que una vez desapareció en el fondo del lago un individuo, que más tarde lo encontraron en Mallorca vendiendo cacahuetes. Seguro era mentira, porque vendiendo cacahuetes en Mallorca seguro que uno no se ganaba la vida.
Abrazados como dos enamorados íbamos admirando el paisaje y vimos que había gente que se estaba bañando en las orillas. Mucha gente y muchos perros. Nunca había visto una concentración tan grande de perros en una ciudad. Donde miraras se veía gente andando o nadando, con perro.
- Después Carmen, si quiere nos podemos dar un baño, ve que hay mucha gente bañándose.
- ¿Y si desaparecemos y aparecemos en Mallorca?
- Quizás hacen falta camioneros y putas ahí, lo seguro que no nos dedicaríamos a vender cacahuetes.
- Ja, ja, ja, no te imagino yo con una paradita y un cucurucho de cacahuetes, ja, ja, ja…
- Esta gente de por aquí es muy rara ¿Sabe que me ha contado el negro del almacén?
- Que te ha contado.
- Que antes tenían a un negro disecado en un museo, para que las mujeres pudieran ver cómo era su polla.
- ¿En serio?
- Sí eso ha dicho. Me dijo que como lo quitaron, ahora iban al almacén para que les enseñara la suya. Ya ve.
Cuando terminamos el tour con la barca, fuimos a ver esta carpa que tenía cincuenta años.
- Ya ve suegra, tiene su misma edad.
- ¡Qué gorda! Yo no estoy tan gorda
- Usted está más buena que diez carpas de estas al horno, solo se parece a la carpa por los labios de mamona que tiene, ja, ja, ja..
- ¡Oye! No te pases conmigo ¡Vale!
- Suegra, no se cabree, que era broma joder.
- ¡Con lo que a ti te gusta que mis labios te la chupen!
- Podría inventar la chupada estilo Carpa, mire como mueve los labios cuando le echan algo de papeo, parece esté dando besitos, ja, ja, ja…
- Ja, ja, ja, estás loco, ja, ja, ja…
Terminamos de ver esta carpa de cincuenta años y le dije a mi suegra que nos iríamos ya hacia este pueblo. Cogimos un folleto de propaganda de la zona, de sus pueblos y sitios para visitar. Venía en primera página el pueblo donde debíamos ir Besalú.
- Mire suegra, este es el pueblo adónde vamos a ir y a hacer noche hoy. Mire que puente. “Puente románico de Besalú”
- ¡Caray! ¡Qué bonito! Podríamos comprar una cámara de fotos y hacernos alguna. Con la de sitios que hemos estado y no nos hemos hecho ninguna.
- Es verdad, aunque ¿Para Qué?
- Pues para recordar los buenos momentos por donde hemos pasado.
- Yo no voy a olvidar ninguno de sus polvos suegra.
- Bueno, en este pueblo compraremos una cámara de fotos. Además ¿Te das cuenta que el pueblo tiene nombre de beso “BESA – LU”?
- ¡Pues es verdad! Debe de venir de besa a lulú,
- No, seguro que en castellano quiere decir Bésalo, o lugar del beso, o lugar para besar o algo así.
- A besos me la voy a comer hoy suegra, y ya no putee más que en una mañana ya ha metido tres polvos. La verdad que su coño es rentable. Ya ha recaudado setecientos euros. Ve, lo que se ha perdido su hija por coger el camino de puta aparte. Si tenía ganas de ser puta, me lo tenía que haber dicho y puteando como usted, seguro que también recauda, porque aunque sea mi ex he de reconocer que buena lo está un rato.
- ¿Me dejarías por ella?
- A usted ya no la suelto ni por diez putas chinas, que dicen que follando son las mejores, y con su hija incluida.
- Te quiero.
- La verdad suegra que estoy empezando a quererla ya demasiado, aunque le guste hacerme cabrear.
- Nunca es demasiado. Las mejores somos las gaditanas.
- Diga que sí suegra, a usted follando no hay china que la gane.
Llegamos al camión y emprendimos camino a Besalú, solo hay quince kilómetros, nos daría tiempo a ir a la fábrica, dejar ahí el camión y buscar un hotel, para ducharnos bien, que lo necesitábamos los dos, visitar el pueblo que dicen es muy bonito, comer algo y a esperar mañana a primera hora tirar para Valencia.
No habíamos hecho tres kilómetros que me entraron unos retorcijones en el estómago y me tiré un pedo. Por mala leche era de los que se oyen y huelen.
- ¡Cerdo! Vaya peste, podías haber avisado que hubiera abierto la ventanilla.
- Ábrala suegra, que ahí va otro: purrufff, purruuuuup. Ja, ja, ja…
- ¡Qué peste! ¡Cerdo, más que cerdo!
- Ja, ja, ja, prepárese que viene otro; Purruixxxxx… chipsss... ¡Mecagëm la puta! Me he cagado ¡JODER! ¡Vaya mierda!
- ¡Puag que asco! ¡Qué peste dios mío! Mira, para ahí, en este restaurante que hay parquin.
¡Mecagüem en la puta! Paré en un aparcamiento grande de un restaurante a pie de carretera, donde cabía bien el camión, además había varios. Joder con las putas judías con alioli del desayuno. Cogí una muda nueva, pantalones y calzoncillos, me saqué los sucios, los puse en una bolsa. Me lavé bien el culo y los bajos, con jabón de olor Heno de Pravia y listo.
- Ya está suegra, de todas formas vamos a entrar al bar, así cago a gusto.
- Bien, mientras se va un poco la peste de la cabina.
Parecía que la peste nos seguía el rastro, aunque me di cuenta que era mi ropa dentro de la bolsa, la tiré en una papelera. La peste dejó de seguirnos.
Curioso bar. La clientela parecía sacada de un casting de Fellini. Nos pedimos dos cervezas, nos apalancamos en una terraza grande, con mesas y bancos grandes, todo era grande, y yo me fui a cagar. ¡Joder! Ya creía que no existían este tipo de cagaderos en el suelo, agujero y punto. Me obligué e intenté apuntar bien para que el cagarro entrara dentro del agujero, acerté, menos mal.
Eran tan tacaños que para uno limpiarse el culo, habían dispuesto un gancho colgado con papeles de periódico recortados. ¡Joder! el primer trozo de periódico que cojo para limpiarme el culo había una foto mía. Fui incapaz de utilizarlo para limpiarme, menos mal que la otra hoja que cogí el que salía en la foto era un banquero.
Cuando salí, mi suegra estaba hablando con un melenas desgreñado con pinta de pijo bohemio. Llegue a la mesa y el hombre se presentó, se llamaba Rafael y era escultor. El tío intentaba convencer a mi suegra para cogerle las medidas, para hacer una escultura. Decía que Carmen tenía la figura perfecta que andaba buscando para hacer una fuente con el cuerpo de una mujer. Pero yo creo que el menda lo que quería era follársela, como así fue.
De todas maneras y recién cagado se estaba a gusto en aquella terraza y cuando se terminaba una birra, ya había otra en la mesa. Llegó más gente, amigos y amigas de él que vinieron a sentarse y hablar con nosotros. Era una mesa larga de madera con bancos y se iban sentando. A mi lado se sentó una muchacha más larga que un domingo sin dinero, pero tenía un cuerpazo del copón, además era guapa y simpática.
De pronto salió la encargada del bar gritando; - Es este, es este. Señalándome a mí. Periódico en mano nos enseñó donde aparecía una fotografía mía, no una, una página entera de fotos mías. Como el periódico estaba escrito en este idioma suyo el Catalán me fueron traduciendo lo que ponía; “El héroe de Miribel se convierte en el héroe de La Junquera” “Un camionero que viaja con su suegra rescata a una chica secuestrada a la que iban a ejecutar” “Un camionero que viaja con su suegra puta, se convierte en el terror de los traficantes de mujeres” “Pillan al héroe de Miribel corriendo y follando a una periodista en un parquin” “La madre de la niña secuestrada es follada por el héroe que salvó a su hija”
Ya está, ya la liamos, pero la chica que tenía al lado, más simpática se puso, y de golpe, todos y todas querían saber más de mi. No sé bien, bien lo que querían saber, pero preguntaban de todo. La verdad que la tía larga estaba un rato buena, aunque larga lo tenía todo proporcionado a su altura y era un tipazo de mujer, me empezó a poner burro. Sus pezones, que los tenía erectos empezaron a rozarme el brazo. Con el contacto mi pito se puso tieso y como no llevaba calzoncillos y el pantalón que me puse limpio cuando me cagué el otro, era corto, se montó como una tienda de campaña en mi entrepierna. Noté enseguida que reposaba sobre mi polla la mano de la larga.
Las cervezas, birras como le llaman también aquí, se vaciaban y volvían a llenarse al ritmo de “borrachera en el horizonte”. ¡Como bebían esta peña! La verdad es que nosotros no nos quedábamos cortos, pero entre risas, toqueteos, el lugar y la compañía prestaban.
El escultor ya le iba tomando las medidas a mi suegra. Sus manos calculaban el volumen de sus pechos y su culo. Ya fue el colmo cuando Carmen de golpe se sienta sobre la mesa, se abre de patas y el escultor le empieza a tomar las medidas a sus muslos. Su mano se entretuvo midiendo seguramente su coño. Oí que le decía que era para calcular el caño que debía tener la fuente. Cuando de golpe, el escultor se levanta, se saca el rabo y se lo mete de una estocada. Mi suegra gimió, y no era para menos, el cipote del menda era como mi antebrazo. ¡Vaya tranca se gastaba el tío!
Empezó a follársela sobre la mesa y los demás aplaudieron, yo para no ser menos también aplaudí. Una madurita buenorra que estaba sentada frente a mí con su marido calvo al lado, se deslizó bajo la mesa, y a la que me di cuenta mi rabo ya estaba dentro de su boca ¡Joder como mamaba! La verdad que lo hacía bien la tía. La larga que tenía al lado se añadió a la mamada. El calvo empezó a mirarme ahora con mala cara, pero la cambió cuando mi suegra se dio cuenta y le empezó a dar con la teta a la calva, mientras Rafael se la cogía a buen ritmo.
Salió la encargada del bar a echarnos bronca, como nadie le hacía puto caso nos roció con un sifón. Dos sifones gasto, y continuamos sin hacerle puto caso. Al contrario, se fue añadiendo peña a la ya montada orgia. Otro peludo barrigón y una moza de buen ver con el pelo corto, les faltó poco para quedarse en pelotas, y empezaron a ir al tema.
Aquella mesa que era larguísima, se empezó a llenar de culos, tetas y coños. Yo, por malas experiencias anteriores vividas, me guardaba de dar la espalda a ningún tío. Sentado como yo estaba, la larga se sentó sobre mi polla.
¡Qué buena estaba la tía! y más joven que yo. Al ser de pata larga solo tenía que flexionar sus rodillas y subir y bajar de mi cilindro.
La mujer del calvo debajo de la mesa me tiraba de los huevos con la boca. Porque estaba la mesa, la larga y todo el tinglado de por medio, que no llegué a darle una bofetada o una ostia, cuando me succionó un huevo y me hizo subir el otro al estómago ¡Como dolía! ¡Mecagüem en dios!
El marido al ver mi cara, entendió, y para calmarme, me dijo que estuviera tranquilo que siempre lo hacía, y que ya me haría bajar el otro huevo, que era una técnica para retardarme la corrida y que así duraría más. No sé si me lo dijo para salvar la vida a su mujer o para quedarse conmigo.
¡Joder! Algo de verdad debía decir el calvo, al poco empezó a bajar el huevo y se multiplicaron ambos por dos de tamaño, a la vez que mi polla se hinchó. La larga suspiró, y empezó a mover sus caderas al mismo ritmo de las ostias que le daba la dueña del restaurante al escultor, para que se desprendiera de mi suegra.
Había vaciado tres sifones y al final se dio por vencida, y agotada, se dejó coger por el peludo barrigón, que la puso en cuatro sobre la mesa, se la endiñó por el culo y ahora en vez de gritar berreaba para que le diera más y más fuerte. Surrealista.
El escultor y el calvo, los dos tenían empalada a mi suegra, uno por delante y el otro por detrás. Me tuve que dedicar a las otras tres. La que estaba debajo de la mesa salió de aquellos bajos y se subió para espatarrarse al lado de la larga. Entendí, que como agradecimiento de la succionada de huevos, quería polla. Pero la larga, no quería desprenderse de mi rabo y no puede sacarla ni con dos bofetadas a las tetas ¡Que hermosas se le pusieron! Redondas y de pezón erecto, no tuve más remedio que amamantarme con ellas.
En un momento que saqué fuerza de no sé dónde, pude ponerme de pie, y aunque la larga continuaba enganchada a mi pito, pude estirar las piernas y a ella sobre la mesa. Ahora quedé con dos coños a mi disposición. La del pelo corto que había venido con el peludo barrigón, empezó a comerme los huevos.
Yo iba metiendo y sacando rabo a las dos cuerpazos que tenía tendidas sobre la mesa ¡pedazo de mujeres! Una jovencita y la otra madurita, una morena y la otra rubia, a la vez sabían follar, movían sus caderas de una forma que mi polla centrifugaba dentro de sus coños.
La del pelo corto no cesaba de comerme los huevos, hasta los dos enteros llegó a meterse dentro de la boca, y mira que estaban gordos, su lengua me los hacía vibrar.
A la vez que miraba a mi suegra como a ella le metían y sacaban la polla del coño y el culo, el escultor y el calvo. Debía gustarle, porque la conozco bien y su cara era de estar pasándolo bien.
La propietaria del local era embestida y nalgueada por el peludo barrigón y lloraba chillando como una ardilla acorralada. No sé si por las ostias que le iba metiendo o por lo que hacía su polla en el coño de la señora.
Vino un menda con un coche raro, que más parecía un espantapájaros que un humano. Llegó con tanto silencio que cuando lo volví a percibir ya se estaba follando a la morena que continuaba comiéndome los huevos. Llegó otro esperpento de tío, era como un palo vestido enmascarado de hollín y cuando se desnudó, vi que su polla era como una rama que sobresalía de un tronco, pero aunque parecía que el tío iba bolinga, no tardó nada en meterle la rama a la boca de la encargada. Ella dejó al menos de chillar como las ardillas. Tuve que reirme, parecia un esqueleto con vida y con gracia, follandose la boca de la tia.
Aquello terminó cuando llegó el dueño del restaurante y con una manguera nos roció a todos con agua. Maldiciéndonos y con mala leche, el tío protestaba por el espectáculo que estábamos realizando.
Espectáculo cuando me di cuenta, el que había alrededor nuestro, nombrosos clientes nos observaban, y cuando interrumpimos la función nos aplaudieron. Llegó también la policía. El último en desprenderse de alguien fue el escultor, que parecía se había quedado pegado al coño de mi suegra. La policía tuvo que arrancarlo de ahí, y el tío se revelaba furiosamente. Tuvieron que agarrarlo entre varios, para que Carmen pudiera cerrar las piernas y bajarse de la mesa.
Cuatro policías fueron los que vinieron y nos rodearon ante nuestras protestas. El dueño del bar nos trajo unas birras y nos rogó que nos calmáramos. Al igual que dicen que la música amansa a las fieras, las birras amansaron a esta peña.
Con la cerveza en la mano, todos nos calmamos y empezamos a asumir el desmadre y a pedir perdón al propietario. Insistimos tanto en pedirle perdón, que terminamos persiguiéndolo a través de un campo que había al lado. Los policías también se pusieron a correr detrás de nosotros pero no era para pedir perdón, fue para darnos cuatro ostia con la porra para que dejáramos, ellos creían, de huir.
Todo el mundo discutía, se quejaba o protestaba entre si o a los policías. Como lo hacían en catalán yo no me enteraba de nada. Hasta que se presentó la camarera con una caja de cervezas, entonces todos callaron. Hasta los policías terminaron con una birra en la mano, ahora se reían de todo. ¡Surrealista! Estas gentes eran raras, raras, raras de verdad.
- Ya ve suegra, aquí hasta la policía es rara. Mejor nos vamos despidiendo y vamos yéndonos de aquí, no vaya a ser que esto se contagie.
- ¡Con lo divertido que es! ¡Y que buenas pollas tienen!
- Vaya, ya decía yo que esto se contagiaba.
Nos despedimos del personal y los dejamos ahí, el escultor nos siguió hasta que pasamos junto a la papelera donde había tirado mis pantalones cagados, hasta ahí llegó y se marchó. Las moscas que cubrían y volaban alrededor de la papelera eran una nube negra en movimiento, que no las había ni en la casa del señor de las moscas Pasamos rápido y nos subimos al camión.
- Mire suegra ese bar se llama las Cuevas
- Coves se llama les Coves
- Qué más da, es lo mismo.
- ¡Cómo va a ser lo mismo!
- Carmen, no empecemos. Cuevas es Coves en catalán.
- Vale, si tú lo dices.
- No lo digo yo, es así y punto
- ¿Y cómo lo sabes? ¿Acaso sabes hablar catalán?
- Es deducción. Mire este cartel “Visiteu les coves de Serinya” Eso quiere decir visite las cuevas de Serinya, que es un pueblo.
- Necesito una ducha y darme un baño.
- Ahora cuando lleguemos a esta fábrica nos iremos a coger una habitación en un hotel.
- Estoy cansada.
- Es que lleva una mañana que no hacen más que entrar y salir pollas de su coño, y eso también debe cansar.
- No han estado mal, pero el escultor me ha dejado bien abierta.
- Es que vaya tranca se gasta el tío.
- ¿Te has dado cuenta que ninguno de esta peña la tenía pequeña?
- Y las tías todas estaban un hartón de buenas, me han quedado ganas de follarme a la del pelo corto.
- Yo también
- ¿Con la del pelo corto?
- De hecho todas tenían un punto de interés.
- Si es lo que yo digo….
- ¿Qué?
- Nada, mejor me callo.
- Sí, no me hagas hablar que no te gustará.
- Suegra, no empecemos ¡eh!
- Has empezado tú.
- Vale, grrrr…
- Sí, gruñe.
CONTINUARÁ.
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