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Dominaciónmay 2024

Mi aire 22

La cena era solo el pretexto; el verdadero banquete comenzaba cuando bajaron a la sala. Entre risas y confesiones, los límites entre la amistad y la posesión se desdibujaron, dejando a las esclavas como el plato principal de una noche donde el dolor y el placer se intercambiaban como moneda de cambio.

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Mediados de noviembre y llegó el frío que parecía hacerse el remolón. Organicé una comida en casa, invité a Javier, a Joaquín y a Pepe. Me sentía como obligado por agradecerles su ayuda con el cabrón de Juan hacía casi un año. Les dije a las chicas que tendrían que ir vestidas de criadas.

-Mi Amo, ¿nos cederá?.- preguntó Sara.

-En tu cabecita tiene que entrar ya que el sexo es placer lo hagas con quien lo hagas. A Carmen no me atrevo aún por su herida, a ella la dejaré que nos sirva, pero no estará libre de que la toquen, que seguro lo harán, es difícil contenerse con esos disfraces.-

-Amo, yo me encuentro bien, no es necesario.- Me dijo Carmen.

-Prefiero que aún no, además hablé con Javier para ir al cortijo en unas semanas, quiero que te reserves para entonces.- Miré entonces a Sara. -Eres mi esclava, y te pondré a disposición de los amos como ellos ponen siempre a mi disposición sus sumisas. Es mi decisión Sara.-

-Sí Amo.- dijo algo apesadumbrada.

Llegaron los tres juntos y me pidieron meter el coche en el garaje. La urbanización tiene seguridad para acceder y además interna, no entendía para que querían meter el coche en el garaje. Pero bueno, les abrí y lo entendí. Las tres esclavas venían en el maletero desnudas, no se como entraron.

-Fue una idea tuya lo del maletero, me gustó mucho y la he copiado.- Me dijo Javier al saludarme.

Pasamos al salón donde la mesa estaba ya dispuesta y mis dos esclavas esperando para servir.

-Pero bueno tío, menuda sorpresitas nos das.- Dijo Pepe mirando de arriba a abajo a mis esclavas.

-¿Son de uso o como en la Casona?.- Preguntó Javier.

-A Carmen aún prefiero no usarla mucho, quizás ya en el cortijo.- Le respondí sin decir nada sobre Sara sobrentendiéndolo.

Nos sentamos a tomar un aperitivo y las esclavas de cada uno se pusieron detrás de sus amos. Javier no trajo esta vez a Olga, sólo a Elsa. Y a María la esclava de Pepe se la veía algo más rellenita. Está habló un segundo con su amo.

-Daniel, mi esclava pide permiso para hablar con las tuyas, para ver como evolucionan de las heridas del ataque, las manías de los médicos que tienen que estar todo el tiempo palpando.- Dijo riéndose.

-Por supuesto, sin problema.-

La comida fue agradable, las esclavas estaban tras sus amos de pie sin hacer nada. Las mías servían y se llevaban pellizcos y sobeteos de todo tipo.

En un momento dado, Joaquín nos preguntó sin ningún tipo de tapujo, ni siquiera teniendo a su esclava un metro detrás.

-¿Alguien sabe de alguna sumisa disponible? Si está sin adiestrar mejor.-

-¿Vas a hacer como Javier y vas por la parejita?.- Dijo con sorna Pepe.

-Es que igual me desprendo de la mía. Aún lo estoy pensando pero si surge la oportunidad la tomaré.- Esther, su esclava, ni cambió su rictus seria tras de él.

-¿Y eso?.- Pregunté extrañado. Esther no era guapa, al contrario, era algo feucha y su cuerpo no era espectacular salvo sus enormes tetas anilladas así como su coño también anillado. Pero en mi mente el placer de disponer de una sumisa entregada, como notaba que estaba Esther desde que la conocí en la Casona, era suficiente para retenerla.

-Pues como se suele decir, la realidad supera a la ficción. Su hermano menor se ha casado hace unos meses, y ha descubierto junto con su esposa los placeres de someterla y ella encantada de la vida. Así que él le confesó a su hermanita, aquí mi esclava, sus nuevos propósitos. Y a ella no se le ocurre otra cosa la muy tonta que descubrir nuestra relación. El hermano entonces se pone en contacto conmigo y para no alargar, él siempre ha fantaseado con su hermana, quiere un intercambio su hermana por su esposa. La esposa está como un queso, pero mucho me da que una vez haya estado un tiempo con su hermana quiera de nuevo a su esposa.-

-Ni se te ocurra Pepe,- dijo Javier, -si lo haces te quedas sin sumisa, ese tío se quedará con las dos.-

-Lo se, por eso no le he dicho aún nada. Pero si aparece una sumisa no me importaría desprenderme de esta tonta que va diciendo por ahí lo que no debe.-

-Pues igual hay algo,- dijo Javier, -Olga, que no ha venido por exámenes, lleva diciéndome desde principio del curso que una compañera de piso la ve con actitudes. No le hago caso, dos sumisas ya dan bastante trabajo, pero igual puedo tantear.-

-Pero quiero adiestrarla yo, Javi.- Dijo Joaquín.

-Todo es negociable, podemos hacerlo entre los dos. Me pone mucho prepararlas. Con Carmen creo que hice un estupendo trabajo ¿no Dani?.- Me preguntó.

-Sí, en verdad que fue estupendo. Es una esclava maravillosa.- Aseveré y vi sonreír a Carmen.

-Pues yo también tengo una noticia importante,- dijo Pepe. -Mi esclava y yo nos casamos en unos meses.- Le dimos todos la enhorabuena algo intrigados.

-Ahora confiesa Pepe,- dijo Javier riendo, -tu esclava está forrada.-

-Algo de eso hay, pero no es solo el dinero, ambos ganamos casi lo mismo,- explicó Pepe, -es una sencilla cuestión de impuestos, herencias, pensión de viudedad, en fin esos papeleos.-

-¿Pero ceremonia en iglesia por todo la alto a vuestra edad?.- Preguntó Joaquín. Pepe era el mayor de los allí reunidos, entraba en los sesenta seguro aunque se mantenía en muy buena forma.

-No, nada de iglesia. Será una ceremonia civil, sin familia, ni nadie más. Pero para nosotros estoy aún pensando otro tipo de ceremonia, ronda por mi cabeza sin forma definida aún. La única idea que ha ofrecido la guarra esta, -dijo señalando a María, -es que cada invitado la azote el número de años que llevamos juntos, que son ya treinta y dos. Pero eso no es una ceremonia, eso sería el convite.- Terminó soltando una carcajada que le acompañamos.

-Pepe, llámame un día y quedamos, creo que tengo algunas ideas que pueden gustarte.- dijo Javier.

-Eso está hecho.- Le respondió.

Seguimos con una charla insustancial y entonces les invité a bajar para relajarnos en la sala. Y menos Carmen que se quedó recogiendo fuimos todos. A Sara la hice desnudar y bajar la primera.

-Es igual que la sala que tienes en la Casona.- Me dijo Pepe.

-Si una funciona ¿porque no duplicarla?.- Le respondí.

Y antes de que me quitaran el sitio, puse a Sara en la leona. El resto pusieron a sus esclavas en las distintas máquinas. Javier propuso lo que el llamaba un “tour”. Las azotábamos cada uno con un objeto de nuestra elección durante diez minutos, después nos rotábamos, así hasta azotar todos a todas las esclavas y con distintos elementos.

Después del “tour”, Javier me dijo:

-Te he traído el látigo largo unicola, aunque te enseñare su manejo en el cortijo, es para que lo veas en acción. Es más difícil de usar y puedes hacerte daño tu mismo, pero para la esclava es demoledor, toda la potencia se concentra y si lo sabes usar bien le da por delante y por detrás. Eso sí, las marcas las llevarán varios días, o semanas si le das fuerte.-

-No me gustan las marcas, ya lo sabes Javier, pero a veces hay que usarlo,- pensaba yo en los castigos para Sara, que como buena masoquista no encontraba que usar con ella.

-No te preocupes, le dejaremos unas bonitas marcas que desaparecerán en unos días, no me pasaré.-

Mientras los otros continuaban flagelando a sus esclavas, Javier cogió a Sara y la colgó del techo en el centro de la sala. La dejó apoyada en sus pies pero estos atados entre sí. Le colocó un antifaz.

Restrelló el látigo en el aire haciendo que Sara temblase solo con el ruido. La segunda vez le dio en la espalda rodeándola y la punta mordió una teta.

Sara no es de gritos ni ruidos, ni teniendo sexo, ni en la sala. Pero esta vez gritó a pulmón abierto. El segundo latigazo vino justo después sin esperar a reponerse, y otro grito desgarrador salio de la garganta de Sara que comenzó a sollozar. Le dio un tercer latigazo, el cuarto y quinto latigazo fueron seguidos. La espalda de Sara ya tenía las marcas de cada uno, y la habilidad de Javier hacía que terminaran impactando en sus tetas. Sara gritaba en cada uno de ellos, sollozaba, pero no decía nada.

-Javi, no sigas que me gustan mucho sus tetas y me la vas a estropear.- Le decía sincero, aunque también estaba bastante asustado por Sara.

-Vale, un par de ellos más abajo y lo dejamos, pero en el cortijo para enseñarte tendrán que ser muchos más. El látigo es de difícil uso.- No terminó la frase y otro grito de Sara sonó cuando el látigo le dio en el pubis terminando en su culo. Javier se acercó. Pasó sus dedos por las marcas para evaluarlas y sobre su coño metiéndole dos dedos.

-Joder, que buena puta tienes, está empapada. Lo malo es su piel tan blanca, no le doy fuerte pero se marca mucho.- Me dijo Javier.

-No se,- dije preocupado, -igual está mojada de la leona.-

Aún le dio dos latigazos más sacando más gritos de Sara y un lloro incontrolable.

Entonces me fui a ella y la abracé mientras la acariciaba.

-Tranquila mi esclava, ya terminó. Te has portado muy bien, estoy muy contento.- Le decía para calmarla. Entrecortadamente decía: -Gracias Amo.-

-Espera Dani,- Me dijo Pepe viendo mi intención de descolgar a Sara. -Ese látigo es imposible usarlo en casa, es grande y se necesita espacio. Javier tiene la suerte de usarlo en el cortijo, y esta sala es muy amplia, pero en la mía no puedo. ¿Me dejas probar un par de veces?.-

-A mi también me gustaría probarlo.- Se unió Joaquín.

No se me ocurrió en ese momento que decir para evitarlo, salvo que no fueran duros ni le dieran en la barriga por su herida, que ya no se apreciaba pero para que no fueran rudos.

-Un momento,- dijo Javier, y fue a buscar una careta de cabeza entera y se la ponía a Sara diciendo, -que sois unos novatos y si se os va podéis desgraciarle la cara, las orejas o los labios.-

Me asusté pero no supe, o no quise reaccionar. Los dos le dieron un total de seis latigazos más, tres cada uno. No fueron muy fuertes pero debieron de ser dolorosos, Sara gritaba y lloraba. Quedó casi desmayada sin sostenerse por los pies. Pero ni sus sufrimientos ni los míos habían acabado. Cuando la estaba descolgando me dijo Javier:

-Espera que te ayudo y la llevamos al potro boca abajo, ahí podrá descansar las piernas mientras se la meto por el culo, que desde la vez que estuvo hace un año en el cortijo le tengo muchas ganas a ese culito prieto si no se lo has ensanchado con el pollón que gastas.- Lo dijo riendo.

No quería que pasara por esto, pero dentro de mi admití que Sara tendría que pasar más de una vez por estas situaciones. O no, mi cabeza no andaba rápida en esos momentos.

La pusimos en el potro y nada más atarla Javier la enculó. Sara ni siquiera gemía. Y yo como si tuviera una rabieta de niño chico me fui hacia Elsa, la esclava de Javier que estaba en la cruz en X, y me puse a fustigarla.

Cuando Javier se corrió, le quitó a Sara la caperuza. Pude ver los restos de sus lágrimas de cuando le dio con el látigo. Y Pepe cogió el relevo follándola por el coño.

Sentía congoja por Sara, pero al mismo tiempo empecé a excitarme, y mucho viendo como mientras Pepe la follaba, Joaquín parecía hacer cola poniéndose delante de ella para que se la mamase.

Me volví y vi a María, la esclava de Pepe en el cepo con sus rollizas carnes, con el enorme culo ofrecido mirando al centro de la sala. Sin pensarlo mucho se la metí en el coño y le saque algo molesto. Estaba muy seca. Ella que lo notó musito: -Lo siento Señor.- Pero yo no me detuve, la unté con lubricante y ataqué de nuevo, estuve un rato follando hasta que noté como le llegaba a ella el orgasmo. La saqué y le puse lubricante en el culo y ahí la metí, bombeando hasta correrme. Me eché sobre ella, sin sacarla, mirando como Joaquín ya había ocupado el lugar tras Sara y se la follaba frenéticamente. Cuando mi polla fláccida estaba justo en el esfínter saliendo, noté otro orgasmo de María. Con un berreo terminó Joaquín levantando las manos como si hubiera obtenido una victoria en un campeonato.

Nos relajamos un rato, Javier hablaba con Joaquín sobre los anillamientos, y Pepe recuperaba el aire. Yo seguía excitado de nuevo, pero no me apeteció hacer nada por bajar la calentura.

Soltamos a las esclavas, menos a Sara que quedó en el potro tumbada. Y comenzaron a despedirse. Pepe se acercó a mi y me dijo:

-Mi esclava dice que la perdones, a lo que me sumo yo, tendría que haber avisado, pero ya apenas se humedece, es por la edad ¿sabes?, pero con un poco de lubricante está lista la muy zorra.-

-Es lo que hice, no hay ni que pedir perdón por eso.-

Se fueron todos, con Carmen en la puerta despidiéndoles. Al cerrar el garaje le dije:

-Creo que Sara estará fuera de juego hasta pasado mañana, ocúpate de todo.-

-¿Que ha pasado Amo?.-

-Que no se puede tener un tesoro sin compartir, porque cuando lo haces todos quieren más.-

Bajé, puse a llenar la bañera y abracé a Sara acariciando su espalda y soltando sus ataduras.

-¿Como estás esclava?.-

-Estoy bien mi Amo, me duele todo por ese látigo nuevo. ¿Lo usará conmigo?.- Decía con un hilo de voz.

-Lo estoy pensado para los castigos, pero si quieres podemos usarlo en nuestros juegos, eso dependerá de ti.-

-No Amo, por favor, es muy doloroso. Estaba muy excitada de la leona, creía que tendría un orgasmo y me lo cortó. No me gusta.- Me dijo llorosa.

-Pues entonces no hay más que decir, pero eso sí, lo usaré en los castigos. Por lo demás ¿como te has sentido?.-

-Bien Amo, cuando dejaron el látigo fue bien, logré dos orgasmos Amo.-

-No era una competición Sara, los orgasmos no se fuerzan, deben llegar sin buscarlos, por puro placer.-

-Lo tuve Amo, me acordé cuando Amo Javier me enculaba que debía disfrutar, cerré los ojos y me concentré en eso. Con él no, pero con los otros amos llegue al orgasmo con cada uno de ellos. Esa parte si me ha gustado.- Dijo sonriendo. -¿Y mi Amo, ha follado mucho?.-

-¿Y eso que le importa a la esclava?- Le dije mientras la cogía en brazos y se quejaba débilmente para llevarla a la bañera. La metí con ternura y comencé a lavarla con delicadeza.

-A la esclava le importa el placer del Amo, por eso le pregunto.- No iba a dejar el tema, lo veía venir.

-Tu Amo estaba preocupado por el látigo nuevo, los amos Pepe y Joaquín no saben usarlo bien, así que estaba pendiente de ellos.-

-Vi al Amo follar con la doctora, ¿le gustó más que conmigo o con Carmen?.- Ya empezaba Sara a darle vueltas a todo.

-Escucha Sara, me follé solo a María y no fue ni la mitad de la mitad que con vosotras, y te voy a decir más si te callas de una vez, tu Amo se quedó con ganas y prefirió no usar ninguna otra esclava. ¿Ya estás contenta?.-

-Sí mi Amo, eso significa que se ha reservado para nosotras.- Cogió la mano con la que pasaba la esponja y la besó.

-Con Carmen quizás, pero tú estás muy cansada y mejor dejarte dormir.- La verdad es que no supe porque dije eso, conocía la respuesta.

-Su esclava no está cansada nunca para su Amo y puedo demostrárselo si me deja coger su cosita de una vez.- Mientras me decía eso su mano fue a mi polla y viendo sus intenciones yo me apartaba y no le dejaba mientras me reía.

-Quieta que termino de lavarte y después de cenar ya veremos.-

-¡Uf! Amo malo.- Me dijo enfurruñada y desistiendo. Para calmarla y cambiar de tema le dije:

-Por cierto, ¿sabes que Carmen ya ha encontrado nombre para mi polla?.-

-¿Si?, ¿cual?.- Dijo animada.

-Quiere llamarla colita.-

-Es buen nombre, me gusta para la cosita de mi Amo.-

-Es posible, pero Carmen no suele hablar mucho de ella, no se sí alguna vez la usará. De todas formas, creo que mi tamaño es bastante grande con respecto a la media, no entiendo porque usáis las dos diminutivos.-

-¿Mi Amo siente que su hombría está en juego?.- Dijo pícara.

-Pues no, pero no deja de sorprenderme esos diminutivos.-

-Mi Amo es tonto, es por el cariño que le tenemos a su cosita, ¡ah! Que ya se la cogí.- Me descuidé con la conversación y me consiguió agarrar la polla.

-Venga Sara, no seas mala, suelta y vamos que Carmen espera arriba, o me vas a hacer una triste paja para que después de cenar no tenga ganas.- La soltó de inmediato.

-No Amo, ya está suelta de nuevo para que recupere fuerzas.-

Riéndonos los dos, la sequé con mucho amor y subimos a cenar y después a follar en la cama con Carmen.

Empezaba a pasar de no querer dormir con nadie a dormir con las dos al mismo tiempo. Debió ser por la ansiedad de perderlas en la agresión. El caso es que ahora era raro el día que las mandaba a sus camas. Eso sí, no se como lo hacían pero se levantaban para desayunar antes que yo sin que lo notara a pesar de que les había dicho que mis deseos eran despertar con ellas en la cama. Decidieron que esos placeres son propios del fin de semana sólo. Volvieron a su rutina de limpieza antes de que me levantara. Decisión de Sara seguro, que se negaba a que estuviera rondando mientras se pone su enema. Menos los lunes, que es cuando las marcaba.

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