Xtories
Dominaciónmay 2024

Mi aire 23

Dani siempre creyó conocer los límites de su dominio, pero el cortijo de Javier promete romper cualquier rutina. Allí, la sumisión se vuelve animal y los secretos de la noche se revelan bajo la mirada de otros amos. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar por el placer de ver a sus esclavas perder el control?

Mariscal3.8K vistas9.4· 11 votos
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Viendo que las relaciones entre las dos chicas no podían ser mejores, un día durante el desayuno le dije que tenía un regalo para las dos, pero como buenas hermanas debían compartir. Inmediatamente la impetuosa de Sara empezó a preguntar:

-¿Que es mi Amo? Porque su cosita no puede ser, ya la compartimos.- Dijo riendo.

-Sí, es verdad su colita la compartimos con gusto.- Dijo Carmen un poco forzada para introducir el nombre que quería darle a mi polla.

Les di una caja que Sara se abalanzó a abrir y de donde sacó un arnés doble.

-Pero Amo, estas pollitas son más chicas que la suya.- Dijo Sara mirando el artilugio de forma obscena y tocándolo con la punta del dedo.

-Claro, no quiero que dejéis de adorar a la auténtica. Pero como la cuarta norma se cambió, esto es por si os apetece jugar algún día a las dos.-

-Amo, nunca dejaremos de adorar su cosita, ¿donde está que la voy besar?.- Sara dejó el arnés y se lanzó a buscar mi polla bajo mis pantalones.

-Aparta esclava viciosa.- Intentaba en un fútil juego que acabó cuando Carmen por la espalda me bajó el pantalón y abrazada directamente a mi culo se puso a besarlo. Sara se lanzó a engullir mi polla y me la empalmó en segundos. Al poco rato las dos estaban chupando glotonas mi polla que con sus caricias y lenguas avisaba que no aguantaría mucho. Me corrí sobre sus caras pero sin apenas darme tiempo a ver mi leche que a lametones se iban limpiando la una a la otra.

-Creo que necesitaré unos pantalones con candado.- Les dije mientras me retiraba al despacho a trabajar.

Ni una hora había pasado, cuando escucho jaleo por las escaleras, y después en la cocina. Carreras y risas sin parar. Intrigado y excitado me asomé a la cocina donde el espectáculo era de lo más provocador. Carmen en el extremo de la cocina siendo perseguida por una desbocada Sara con una braga en la cabeza que le tapaba un ojo, y el arnés doble puesto brillante de lubricante.

-Ven aquí hermosa doncella, no escaparás de mis garras.- Decía Sara declamando mientras intentaba pillar a una Carmen que reía corriendo por toda la cocina.

-¿Pero que jaleo es este esclavas?.- Les dije expectante de la obra teatral que desarrollaban.

-Mi Amo, esa díscola doncella pretende escapar del pirata polla tiesa.- Dijo Sara sin siquiera mirarme y correteando detrás de Carmen.

Me quedé sin intervenir en la puerta para ver la función que llegaba casi a su fin. Sara consiguió agarrar a Carmen y la echó al suelo mientras las dos reían.

-Abre tus piernas doncella, que al pirata polla tiesa no se le resiste ninguna.- Decía Sara intentando abrir las piernas de Carmen en el forcejeo por el suelo. Yo estaba ya empalmado viendo la función.

Sara logró sin mucho esfuerzo abrir las piernas de Carmen y la folló con el arnés sin esperar. Me acerqué a ellas mientras entre besos y gemidos follaban.

-Señor pirata, póngase boca arriba que le daré su merecido a la doncella yo también.- Les dije mientras me tumbaba a su lado y en cuanto se voltearon se la metí a Carmen por el culo. Alzó la cabeza al sentir como la invadía. Aunque estaba en una postura incómoda por estar apoyado por mis brazos para no dejarme caer sobre las dos, la corrida llegó rápida tanto para mi como para Carmen que la sentía bajo mi, me consta que a Sara también le llegó su orgasmo cuando la vi dejar de acariciar a Carmen y bajar sus brazos lacios a los lados.

Al poco de descansar los tres, Sara se medio incorporó todavía con la braga cubriendo la mitad de su cara.

-Mi Amo, este arnés tiene un fallo. No está preparado para que alguien pueda darme por el culo si lo llevo puesto, debería tener un agujero estratégico.-

-No creo que al viril pirata polla tiesa le gustase eso.- Les dije riendo.

-Pero mi Amo,- decía la ingeniosa Sara que tenía respuestas para todo, -si en la refriega el parche se le cae,- se quitó la braga, -ya no es el pirata, y a lo mejor quiere que le metan algo por el culo.-

-Es verdad, pero el arnés no lo compré para jugar conmigo, era para vosotras.-

No recuerdo que respondió Sara, yo me quedé mirándolas embobado sus caras de felicidad colmadas, el brillo de los ojos de las dos. Me asombré como la situación había empezado con Carmen tan mal y como ya formaba parte de nosotros. Y me sorprendí de la nueva juventud que Sara nos transmitía a dos casi cincuentones. Me acordé de la hija de Carmen, me hubiera gustado que la hubiera visto en estos momentos, tan radiante de felicidad.

-¡Mi Amo! Que le estaba hablando,- me decía Sara, -ves Carmen, siempre pasa lo mismo, una vez que el Amo termina de jugar con su cosita ya no quiere saber nada más de nosotras.-

-No es eso Sara, es que hoy me encuentro muy feliz con vosotras.- Las abracé a las dos, notando como el pene del arnés me apretaba en mis huevos, pero me dio igual. Era un abrazo sincero de dicha.

A principios de diciembre fuimos los tres al cortijo de Javier, hacía un tiempo extraño, el frío por la noche era intenso pero durante el día el sol era muy agradable.

Al llegar a media tarde Javier estaba esperando en la puerta con sus dos esclavas. Yo como ya es costumbre llevaba a las mías en el maletero.

-Hola Dani, bienvenido a mi centro de perversión, vamos dentro que para las esclavas hace ya fresco estando desnudas.- Pasamos todos al salón de la casa.

-Elsa enseña a las esclavas de Daniel cual será su habitación y a dejar las maletas. Bajar rápido. Daniel, ¿te apetece un té?.-

-Yo prefiero café.-

-Este té está muy bueno, te gustará ya verás. Olga prepara el té.-

Nos sentamos en el sofá que tiene una pequeña mesa baja delante. Apareció Olga con dos tazas de agua hirviendo y las puso en la mesa. Después cogió dos enormes pinzas, de las que se usan para agrupar folios con las bolsitas de té enganchadas en ellas y se las puso en los pezones. Aquello debía dolerle mucho por las muecas que hacía. Se inclinó sobre las tazas haciendo que cada bolsita entrara en cada una, y comenzó a agitar lentamente las tetas. Yo estaba absorto mirando mientras Javier sonreía.

-Bueno Dani, ¿a que este té está bueno?.-

-Aún no lo he probado pero tiene buena pinta.- No dejaba de mirar como Olga movía sus tetas para que las bolsitas entraran y salieran de las humeantes tazas.

Las otras esclavas regresaron y en fila esperaban en el salón.

-Javi, ¿quienes vienen al final?¿Pepe y Joaquín?.- Le pregunté mirando las grandes tetas de Olga agitándose.

-Pues no, ninguno de los dos. A María le han puesto guardias en el hospital y Pepe no viene nunca sin ella. Y Joaquín está fuera por trabajo. Hoy no viene nadie, mañana se apuntan Manuel y Sofía, son un matrimonio de nuestra edad. Hace unos años perdieron a su sumiso en un accidente de tráfico y hasta hace muy poco no han cogido a otro. También viene Antonio algo más joven. Estos tres son muy fanáticos de la zoofilia, así que te podrás imaginar lo que pasará ¿no?, jajaja.-

-Bueno, yo preferiría que no interviniera en estos juegos Sara, no le gustan mucho.- Dije mirando de reojo como Sara se relajaba.

-Tu mismo chaval, pero Carmen sí, ¿no?.-

-En principio sin problemas, aunque me han hablado de los caballos y un poco de miedo me da.-

-No hombre, Carmen no está preparada para eso, no se puede poner a una esclava con un caballo, ni si quiera con un poni, es muy peligroso. Hay que prepararla, por ejemplo Olga no podría, pero a Elsa la tengo preparada, si no los desgarros pueden ser peligrosos.-

-Mejor, yo es que de este mundo no se mucho.- Le dije realmente inocente.

-Pues tuviste un perro. El del ataque ¿no?, podrías haberlo entrenado.-

-Lo hice, o más bien lo hizo Carmen, era su perro.-

-¡No me jodas!, ¿tenías en casa a un perro que se follaba a tus esclavas?. No me dijiste nada.-

-Bueno, en realidad no estuvo mucho tiempo, pero el tiempo que estuvo Carmen le enseñó muy bien. Pero solo lo usaba con Carmen, como te he dicho a Sara no quiero meterla en estos juegos.-

-Si necesitas otro perro avísame, yo encantado te doy uno de los míos y me busco otro para adiestrar, ya sabes que enseñar es lo mio, jajaja.-

Nos acabamos el té y Javier mandó a Elsa a la cocina a preparar la cena, llamó a Olga y la hizo arrodillarse ante él y le metió la polla en la boca.

-Zorra, no quiero correrme, despacio.- Hice lo mismo, donde fueres haz lo que vieres. Envié a Carmen a ayudar en la cena, y puse a Sara a chupar con las mismas instrucciones.

-Por la tarde vendrá Mateo, un chaval joven, es amo novato, como tú, de un par de años, pero le fascinan los azotes. Él es el único que se quedará mañana a dormir.-

-Javier, probaremos el látigo ¿no?.- Le dije.

-Si hombre, hay tiempo para todo, pero ten en cuenta que el uso de ese látigo lo da la experiencia. Además te enseñaré otro, uno corto unicola de cuero y mango largo, ese duele casi como el largo pero si lo usas bien no deja marcas o al contrario, si lo usas bien deja las marcas que quieras.-

Elsa nos avisó para cenar, en la cocina las esclavas tenían también puestos sus platos en la mesa.

-Hoy cenamos aquí, es más cómodo, mañana cada cual en su lugar. Por cierto Dani, hay una exposición, esta vez de verdad, de esclavas en mi club.-

Me inquieté, esperaba que Sara no recordara la subasta y lo relacionara con lo dicho, y que Javier se diera cuenta y no insistiera.

-Una exhibición, ¿eso que es, nunca he estado en una?.- Dije alejando la idea de la subasta de la conversación.

-Pues son esclavos que se muestran en busca de un amo o ama. Ellos se entregan poniendo sus condiciones, si es por sesiones, a tiempo completo, si desean amo o ama, etc. Hacen como un pase de modelos para que todos los veamos y reciben las peticiones también con las condiciones de los amos o amas. Pero lo divertido es después, tienen que dar un espectáculo al finalizar, hayan o no llegado a algún tipo de acuerdo, es lo que les “cobra” el club.-

-Vaya, parece al menos interesante, avísame igual voy.-

-La verdad es que no es interesante, lo bueno de esos días es pasear a tus esclavas y jugar con ellas mientras está el espectáculo. Los esclavos que se presentan son o muy mayores, o muy depravados. La mayoría son viuditas que no se ven capaces de encontrar amo con su edad. Pero es divertido verlo, ademas es una excusa para conocer a amos nuevos o amos con esclavos nuevos.-

Terminamos de cenar y con la copa en la mano en el salón, Javier dijo:

-Deberíamos acostarnos temprano, para tener la mañana libre antes de que lleguen mas invitados y probar el látigo, ¿te parece?.-

-Sí claro, como digas.-

-Dani, me gustaría esta noche llevarme a Sara ¿algún problema?.- Sara me miró inquieta de reojo.

-No claro, dispón de ella.- Dije con remordimientos.

-Puedes llevar a Olga si quieres. Elsa debe pasar la noche abajo preparándose para la fiesta.-

-¿Como?.- Pregunté intrigado.

-Tenemos que dilatarla para que los equinos no la estropeen, la pongo a dormir en una silla de ginecólogo con dildos enormes. Duerme poco porque la guarra se corre cada dos por tres, pero es la forma si no quiero que se desgarre.-

-¿Se corre solo con los dildos puestos?.-

-No hombre, además le pongo un succionador de clítoris de intervalos aleatorios, se lo pasa de miedo la muy guarra.-

-Pues sí, me llevaré a Olga, Carmen se me desmaya al primer orgasmo en cuanto la follo.-

-¿No me digas que sigue así? Tienes que arreglarlo, azótala mientras la follas o pínzale el clítoris.-

-No, me gusta. Ella consigue esperarme, y cuando yo me corro lo hace ella desmayándose, no es tan importante para mi y me gusta verla desmayada en la cama por el placer que le ha dado su Amo.-

-Como tú veas, yo eso no lo consentiría. Bajo a poner a Elsa y a la cama.-

A la mañana siguiente muy temprano estábamos desayunando todos en la cocina. Sara me echaba miradas furtivas sonriendo y en un momento se acercó a mi oído y me dijo: -He tenido orgasmos mi Amo.- Y siguió sonriendo. Me alegró mucho saber que aceptaba el placer de donde viniera, quizás eso me diera a mi más alas para estar con otras, si es que lo deseaba. La verdad es que con ellas dos tenía de sobra, pero romper la rutina con visitas como esta era también agradable.

-Bueno, vamos fuera a probar el látigo.- Dijo solemne Javier. Noté como se erguían preocupadas sus esclavas y como asomaba un rictus de terror en Carmen. Sara era la única que no pareció preocuparle.

-Javi, aún hace un frío que pela fuera.- Le dije.

-Lo se, lo que haremos es sacar a una esclava y usarla, eso le dará calor, te lo aseguro. Cuando acabemos con ella, sacamos a otra. Vas a flipar con ese nuevo látigo que te he dicho. Vamos Elsa, tu primera que después te quiero descansada.-

Salimos los tres hasta un árbol enorme que tiene frente a la casa. El típico árbol con ramas gruesas horizontales típico de manual para poner columpios o hamacas. Era una encina centenaria plantada por su bisabuelo según me comentó Javier.

Colgó a Elsa de una de las ramas a una cuarta del suelo, quedando en el aire y ató sus tobillos.

-Es mejor para esto que no se apoyen, ya que no pararían de moverse intentando que no les caiga el golpe. Además átales las piernas, sino las mueven mucho.-

Siguió una serie de explicaciones de como coger el látigo y restrellarlo, haciéndolo en el aíre y sonando ese ruido tan característico. Después le dio tres latigazos casi seguidos a Elsa que soltó unos desgarradores gritos. Me pasó el látigo para que siguiera yo. Le di otros tres sin mucho tino y no muy fuertes, aunque Elsa gritó igual. Javier me corrigió y di otros más. La pobre Elsa acabó con marcas por todo su cuerpo. La desató y regresó con Carmen que me miraba asustada.

La abracé y acaricié su cabeza.

-Tranquila esclava, tengo que aprender para no haceros daño cuando os castigue. Pero si no quieres no lo haremos.- Le decía en susurro al oído.

-No Amo, debo hacer lo que me ordena. Lo aguantaré.-

Javier le dio dos latigazos y yo le seguí con otros cinco. Carmen chillaba a cada uno de ellos y lloraba pero aguantó. Yo ya le iba cogiendo el truco aunque reconocí que es un artilugio difícil de dominar.

Descolgamos a Carmen y Javier trajo a Sara. Ella me miró sonriendo, quizás olvidó cuando lo usamos en casa por primera vez, o realmente no le disgustó tanto como me hizo ver entonces.

De nuevo Javier la flageló con dos golpes y me pasó el látigo que lo usé contra el blanco cuerpo de Sara hasta seis veces. Ya le cogía el truco. Sara chillaba fuerte con cada uno, y entre ellos no paraba de sollozar con pequeños lamentos. Al descolgarla ya no sonreía.

Era ya casi media mañana y Javier decidió que parásemos a esperar a los otros invitados.

Los primeros en llegar fueron el matrimonio y su esclavo. Me presentaron mientras su esclavo estaba de rodillas detrás de ellos. El chico era muy musculoso, de esos de gimnasio y pesas que no llegaría a los treinta años. Llevaba en la polla una jaula de castidad. Y aún estábamos con los saludos cuando llegó el tal Antonio. Sacó del maletero una bolsa de deportes muy grande y de ella salió su esclava. Calva totalmente, muy flaca y sin apenas tetas. A pesar de ser muy joven y con una carita linda, a mi me desagradó siendo tan escuálida y calva.

-Bueno, ya que estamos todos vamos a divertirnos, que Mateo llegará después de comer. Olga y Sara que se queden preparando la comida. Los demás derecho a chiqueros.- Dijo Javier.

Aún hacía frío cuando salimos, el sol calentaba algo pero los esclavos todos desnudos lo debían estar pasando mal.

No era la primera vez que lo hacían, así que casi sin palabras al llegar a las pocilgas metieron en ella a Elsa. Las pocilgas estaban divididas en dos, recordé cuando me lo explicó Sara. En una parte estaban tres cerdos rodeados de inmundicia, la otra parte estaba limpia y tenían en el centro una jaula donde se metió Elsa a cuatro patas, era muy justa. Quedó con el culo fuera. La esclava flaca entró también y abrió la puerta que separaban los dos compartimentos, dejando pasar a un cerdo. El cerdo que ya sabía lo que eso significaba, no esperó mucho para ponerse encima de la jaula, mientras la flaca cogía el pene y lo dirigía al coño de Elsa.

Era la primera vez que veía algo así. Y como dijo Sara, el pene es muy fino y rizado, pero muy largo, además va dando vueltas sobre si mismo. El berraco echaba espumarajos que caían sobre la espalda de Elsa. No me resultó agradable ni excitante, pero a los demás sí. Javier me pidió a Carmen para que se la chupara. Manuel le quitó la jaula de castidad a su esclavo y salió una polla muy pequeña y sonrosada, no tendría más de seis centímetros estando empalmada. Mientras su mujer Sofía acariciaba el torso del esclavo, Manuel se puso a mamársela. Antonio acercó a la valla a su esclava y la sodomizaba. El único que simplemente miraba era yo, con cara de bobo y sin encontrar ninguna satisfacción. Recordaba que cuando veía a Carmen o a Sara follar con Thor, mi satisfacción real era la humillación de la esclava. Pensaba que con un cerdo sería mayor, pero realmente no me atrajo en absoluto.

El cerdo descargó bastante dentro de Elsa. La sacaron de la jaula y metieron a Carmen. Ella no me miró, aunque la noté muy avergonzada. Hicieron lo mismo. Y el tercer cerdo fue para el esclavo de Manuel y Sofía. Pero este por su musculatura no cabía en la jaula, así que el cerdo lo montó directamente encima de su espalda. El chico aguantaba el peso, pero el berraco no tenía la misma sujeción que en la jaula y se caía por los lados. Además el culo del esclavo era más cerrado que los coños y estaba más alto, la esclava flaca estuvo muy atareada hasta que consiguió que entrara.

En voz baja le pregunté a Javier: -Oye, esa esclava, la mamporrera, ¿no la usan con los animales?.-

-¿Quien, Virginia? Hoy no, estará de mamporrera. Pero durante la semana, viene Antonio dos o tres veces al cortijo, viven cerca, y entonces le vacía los huevos a todos los animales que tengo. Le he dejado incluso una llave del cortijo.-

Cuando para mi alivio por aburrimiento, dieron por terminado el juego porcino, las lavaron con una manguera y nos dirigimos a los que supuse las perreras por la descripción que Sara me hizo en su momento.

Aproveché para acercarme a Carmen a preguntarle:

-¿Como estás Carmen?¿todo va bien?.-

-Sí Amo, bien.- Me dijo colorada como un tomate.

-¿Te excita lo de los cerdos?.-

-No mucho Amo, pero es diferente.-

-¿Diferente en qué?.-

-La sensación de ese pene dentro dando vueltas dentro si me excita, pero cuando pienso lo que es ya no tanto, y sobre todo saber que mi Amo me está mirando follar con un cerdo me avergüenza mucho.-

-Hacer lo que tu Amo te ha pedido no es para avergonzarse, sino para sentirse orgullosa de servirme en mis caprichos. Pero para el futuro, si no quieres cerdos, no los tendrás.-

-Gracias Amo.-

Al igual que en las pocilgas, las perreras estaban divididas en dos según supuse. Una parte estaba dentro del establo y la otra daba al exterior. La del interior tenía varias argollas ancladas en el suelo para sujetar a los esclavos. Javier hizo entrar a Elsa y al esclavo musculoso que la esclava flaca, Virginia, los sujetó a las argollas quedando a cuatro patas. Después hizo pasar a un perro que fue directo a montar a Elsa con poca ayuda de Virginia. Javier pronto puso a Carmen a chupársela. Mientras Virginia sacó a otro perro que en principio era reacio a subirse en el esclavo, pero las dotes de mamporrera de Virginia eran buenas y consiguió al final que lo montara y le embistiera por el culo al esclavo que gritaba con los empujones del perro.

-Javier,- dijo Manuel abrazado y sobando a su mujer, -para este tipo de fiestas necesitamos tener a más esclavos que nos entretengan mientras dure la montura.- Dijo riendo.

Antonio ya estaba enculando a Virginia, y yo con cierta excitación sin nadie para aliviarla, aunque ver a esa mole de músculos con el perro no me decía nada. Pensé que igual pasada la novedad de los perros con Thor, ya no había nada que me estimulara de eso.

Javier levantó a Carmen y le dijo algo al oído. Ella salió rápido a la casa.

Cuando los perros acabaron su función, Virginia los devolvió a su sitio. Elsa salía tranquila de algo que seguro había hecho montones de veces, pero el esclavo musculoso estaba sollozando, siendo tranquilizado por su dueña con caricias por la cara y el pecho.

Entonces apareció Carmen trayendo de la correa a Sara. Todos los esclavos tienen su correa, o al menos eso creo. Estas no se habían usado hasta ahora, y la primera era Sara, traída por Carmen que fueron derechas a la jaula. Ella al pasar me miró suplicante, miré a Javier enfadado y se acercó a mi oído.

-Dani, no te enfades, pero necesitas disciplinar más a tu esclava, me lo agradecerás. Además me lo tomo como el favor que me debes por ayudar con lo del cabrón de su exmarido.-

Dejé que pusieran en las argollas a Sara y Carmen. Virginia volvió de nuevo a sacar un perro que puso sobre Carmen y ella misma con movimiento de la grupa ayudo a que el perro se la metiera. Sacó después a otro y lo puso sobre Sara que la montó con ayuda de la experimentada Virginia.

He de reconocer que la escena me estaba excitando mucho, de reojo miraba a todos pendientes de la montura embelesados. Quizás pensar que era por causa de mis esclavas me provocaba la excitación.

Sofía me lo notó: -Dani, cariño,- me dijo, -vas a reventar el pantalón, ¿quieres que lo solucione Monchito?.- El marido apostilló: -Es muy bueno te lo aseguro.-

Asentí sin pensarlo mucho, pero llamar a esa mole de músculos Monchito era degradante incluso para sus dueños. El tal Monchito me bajó la cremallera y me la sacó, me la chupó con gran maestría. Aunque no me encuentro entre los amos bisexuales y acepte a Monchito más que nada por congeniar, he de reconocer que la chupaba de maravilla y me corrí rápido. El músculos me siguió chupando hasta dejarla limpia y la volvió a meter en el pantalón.

En estas, los perros ya habían terminado con mis esclavas, se vio perfectamente, gracias a Virginia que les levantaba una pata, como los perros metían la bola y se quedaban enganchados a mis esclavas. Para pasado un rato soltarlas y que chorrearan la leche perruna.

-Por esta mañana ya está bien que se nos hace tarde para comer, vamos.- Dijo Javier.

Cuando Virginia sacó a Sara de la perrera, le puso la correa y me la entregó.

Al llegar a la puerta de la casa, los amos entramos, pero los esclavos se quedaron fuera limpiándose con un manguera.

Continúa en