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Dominaciónmay 2024

Mi aire 24

En el cortijo de Javier, el dolor es la moneda de cambio y la obediencia se compra con sangre. Pero mientras Mateo ensaña con sus víctimas y los animales cumplen su función, Dani observa, aprende y guarda sus verdaderas intenciones para la noche, donde el castigo se transforma en un juego de placer absoluto.

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La comida ya estaba servida y nos sentamos a comer. Sólo nos atendía Olga, al resto de esclavos no los vi. Después me dijeron que comían en la cocina.

Tomando el café apareció el nombrado Mateo, muy joven, pero lo llamativo era su esclava, más aún como de veinte años o menos, pero obesa, con cara aniñada muy guapa. Las carnes se salían por todos lados, muslos, cintura, brazos y unos enormes pechos caídos. La chica estaba marcada por todas partes con bandas rojas de latigazos pero lo peor era el culo que en algunas zonas lo tenía amoratado.

Javier le llamó la atención, le dijo que hay que procurar traer a las esclavas en condiciones, dejarlas descansar, a esta, le decía, no podría ni tocarle el culo. Mateo se disculpó, por lo visto la esclava es su vecina que vive con sus padres y ayer los padres salieron a cenar fuera, con lo que la tuvo casi toda la noche, y no lo iba a desaprovechar. Me acordé de Sara, ¿cuantas vecinas hay que han sucumbido a un amo? Me pregunté.

Javier se llevó a Elsa a la silla ginecológica, supongo que a dilatarla. El matrimonio y Antonio se fueron a las perreras y Mateo estaba ya colgando a su esclava en el árbol. Al subir Javier de haber dejado a Elsa, nos fuimos con Olga, Sara y Carmen hacia el árbol para seguir mi enseñanza con los látigos.

Mateo le había puesto unas pinzas con cadenas en los pezones de su esclava y los pasó por una arandela del collar de ella, subiéndolos dolorosamente. Al otro lado del árbol colgamos a Carmen que me miraba aterrada.

Me acerqué a ella una vez colgada, -¿te suelto?.-

-No Amo, pero no sean duros por favor Amo.-

Javier le explicó a Mateo que me estaba enseñando así que me indicó que la mejor para eso era su esclava, que no fallaría el golpe por su volumen. Rió su gracia. Bajo las indicaciones de Javier, empecé a azotar a la esclava de Mateo que daba pequeños grititos al contacto con el látigo. Le di no menos de ocho y sentía tener dominada la técnica, pero me faltaba experiencia. Entonces escuché el grito desgarrador de Carmen. Mateo la estaba azotando con saña con el mismo látigo.

Inmediatamente lo paré. Le dije que no quería marcas en mi esclava, aunque ya llevaba dos cruces rojas intensas en la espalda. No quería demostrar mi enfado pero fui a descolgarla. Javier se dio cuenta de mi enojo y se culpó de no haber avisado a Mateo, lo llevó aparte y estuvieron hablando. Descolgué a Carmen, la tranquilicé, la besé y la envié a casa.

Javier la paró, -espera esclava. Dani deja que vaya a las perreras, los chicos necesitan alguien para relajarse mientras sus esclavos están con los perros.-

De mala gana asentí. Mateo se acercó y se disculpó, no sabía nada sobre dejar marcas, el pensaba que como yo usaba su esclava él podría usar la mía. Este viaje al cortijo no acababa de convencerme, al final en vez de excitarme me pasaba el tiempo controlando a mis esclavas.

Colgamos a Sara y al unísono, entre Mateo con la suya y yo con Sara, nos compenetramos los latigazos. El tipo era un sádico de campeonato, se veía como azotaba con toda la fuerza que podía.

Tras unos cuantos azotes, decidí dejar tranquila a Sara, mientras que Mateo siguió al menos otros tantos, apareciendo por la barriga de esta verdugones muy feos.

Javier me enseñó un nuevo látigo, todo de cuero, el mango muy largo de unos treinta centímetros, y la cola trenzada del mismo material de un metro y medio.

-Este es un regalo, no deja tantas marcas como el largo si lo usas bien, pero si no lo haces, la punta deja huella, y a veces salta la sangre. Si lo dominas, hace casi el mismo dolor que el largo, quizás un poco menos. Ya que está Sara colgada te lo enseñaré, y no te preocupes, cuando veamos que esté agotada ponemos a Olga.-

La técnica era más sencilla de un látigo largo, pero lo difícil era dar sin marcar o como hizo Javier, restrellarlo en el aire y que la punta solo diera en el cuerpo, sacando un grito de Sara. Lo probé un par de veces y me gustó, pero Sara estaba ya agotada. La cambiamos por Olga y continué con las enseñanzas del diestro Javier. Mateo no nos hizo ni caso, cuando su esclava se reponía volvía a la carga con el látigo. Según me dijo Javier, en su piso no podía usarlo, y además tenía que amordazar a la esclava, y a él le gustaba escuchar sus gritos. Así que estaba aprovechando la oportunidad.

La tarde caía, aún con luz pero el calor del sol se estaba retirando. Descolgamos a Olga y la enviamos a casa con Sara. Al poco rato salió Elsa y Javier avisó a Mateo que nos íbamos a los establos. Él rehusó la invitación, mientras hiciese luz quería aprovechar.

En los establos ya habían terminado con los perros y nos esperaban. El musculitos sollozaba arrodillado ante su amo mientras un charco de semen se formaba bajo su culo.

Elsa sabiendo lo que se esperaba de ella fue derecha a una parte del establo que tenía una especie de caballete con forma como de jaula, donde ella se metió boca abajo y fue atada por Virginia, que salió en busca del poni. Traje a Carmen conmigo y la abrace acariciando su magullada espalda.

La representación equina fue igual que como me comentó Sara hacía ya un año. Después del poni, Virginia trajo a un burro y al final a un caballo. Es posible que me hubiese excitado si Elsa sintiese placer, pero lo que yo veía y oía eran gritos de ella que no parecía que le gustara mucho. A quienes si les gustó mucho, fue a los otros amos.

Ya oscureciendo y con frío los invitados se despidieron. Sólo quedó Mateo que necesitó ayuda para descolgar a su esclava que estaba casi desmayada. La llevamos a una cama y Olga se quedó atendiéndola y curando sus heridas.

Después de la cena ya todos descansados, mientras la esclava gorda era penetrada por el culo con el palo de la escoba por su dueño que estaba sentado tranquilamente en el sofá, antes de que empezara cualquier otro juego dije que estaba muy cansado y pensaba retirarme con mis esclavas. Tanto Javier como Mateo me miraron como si les hubiera quitado el caramelo.

Me acosté con ellas a cada lado y nada excitado por el día que había pasado, les pregunté:

- ¿Como estáis?¿Carmen y la espalda?.-

-Amo, la espalda apenas me duele, fue en el árbol donde creía que me arrancaba la piel. Pero mañana estaré lista otra vez para seguir.-

-No, mañana no irás al árbol, eso te lo aseguro. ¿Y tu Sara?.-

-Estoy bien mi Amo, ese látigo no me gusta nada ¿lo usará sólo con los castigos?.-

-Esa es la idea.-

-¿Incluso los castigos de vestirse en casa?.- Las normas se lo prohíben, pero Sara buscando siempre como calentarme se ha acostumbrado a disfrazarse sabiendo que la castigaré, pero le gusta, tanto calentarme con los disfraces como el castigo que le doy.

-No, lo de vestirse es una norma leve, el castigo será para fallos más gordos o para enmendar una desobediencia continuada.-

-¡Ah! Mejor, tengo mucha ropa de casa para ponerme Amo.- Me dijo con malicia.

-Mañana probaré contigo Sara el nuevo látigo ¿que te pareció?.-

-No lo noté mi Amo, quiero decir que estaba muy dolorida del otro y muy mareada.-

-Pues mañana antes de irnos lo probaremos. Una pregunta tengo que hacerte Carmen, ¿Querrías que te preparara para que lo hagas con caballos?.- La verdad deseaba que dijera que no, y hubiera sido muy fácil ni siquiera plantearlo, pero por otro lado me debía al placer de mi esclava.

-Lo que el Amo decida.-

-No te pido esa respuesta, ya se que los cerdos no te ponen mucho, que los perros sí, ahora te pregunto por los caballos.-

-No creo que me guste Amo, en realidad al animal no lo siento sobre mi, sólo su polla, es como si me metieran un dildo gigante. No hay un contacto por el aparato para sujetar el peso, no es como con el perro que me siento poseída. Cuando el Amo Javier me adiestraba lo veía mucho, con Elsa y con otras esclavas o esclavos, y a ninguno creo que les daba placer. Sólo había un Ama que vino un par de veces sólo para eso, a ella si parecía gustarle mucho.-

-Asunto resuelto, nada de caballos.-

-¿Amo? ¿Compraremos otro perro?.- Preguntó Carmen.

-Por ahora no, si alguna vez te apetece, no te guardes las ganas ni te avergüences, me lo dices y habló con Javier para venirnos aquí.-

-¿Mi Amo?, ¿como tiene la cosita? No la siento en mi culo por mucho que aprieto.- Dijo Sara que llevaba un rato restregando su culo por mi entrepierna.

-El Amo está cansado y esta noche vamos a dormir todos, y nada de jueguecitos entre las dos, que al final me despertáis y me lio.-

-¡Oh! Pobre Amo que ya está muy mayor, pero es muy malo no dejando que sus esclavas jueguen.- Decía Sara viciosa.

Como sabía lo que iba a pasar, me levanté y bajé al salón. Mateo se estaba follando a Elsa mientras seguía con el palo de la escoba, esta vez en el coño de su esclava que estaba boca arriba. Javier se pajeaba y Olga estaba en cuclillas encima de la cara de la esclava gorda que le chupaba el coño. Le pedí una cosa a Javier y me indicó donde cogerlas con una sonrisilla.

Volví a subir, habría tardado no más de seis o siete minutos. Pues ya estaba Sara comiendo las tetitas de Carmen y esta resoplando.

-Que peligro tienes Sara.- Dije al entrar, me miró con lujuria en sus ojos.

Saqué unas esposas y la mirada de lujuria de Sara se borró por una de decepción. Las esposé a ambas al cabecero de la cama y yo me situé en el centro.

-Nada de juegos, a dormir zorras.-

-Amo malo.- Decía Sara, pero no se resignó, comenzó a morderme la oreja y a lamerla. La apartaba con la mano, y Carmen que se dio cuenta comenzó a hacer lo mismo por mi cuello.

-Sois unas esclavas muy desobedientes. He dicho que quietas y a dormir.- La voz no me sonaba ya seria, era imposible, y mis manos más que apartarlas eran ya caricias a las dos. Mi polla creció para ver lo que pasaba arriba. Carmen se dio cuenta de mi erección.

-¿Amo su colita está contenta con las atenciones de las esclavas?.-

-Me gusta lo de colita, ¿verdad Amo que queda bien? Pero sobre todo me gusta que se haya despertado y esté dura.- Dijo Sara.

-Es imposible luchar con dos, ¿seréis putas?.- Rodé y me puse encima de Carmen, Sara no llegaba. Apunté y se la metí en el coño que lo tenía preparado. Y comencé frenético a bombear.

-Nooo, Amoooo, yo primera nooo, nooo tan rápidoooo Amoooo.- Decía Carmen, normalmente no soy tan brusco con ella por que se corré enseguida y se desmaya. Pero es lo que buscaba, librarme de un enemigo para ir después por el otro.

Y así ocurrió, sin yo correrme, en unos minutos Carmen puso sus ojos en blanco de placer y se desmayó. Me elevé y miré a Sara que estaba refregándose las piernas.

-Ya solo queda una.- Dije mirando ladino a Sara.

-El Amo no podrá conmigo.-

-Si te hago correrte cuatro veces antes que lo haga yo mañana te quedas sin mi polla. Pero si me corro antes te follo antes de desayunar, antes de comer, y justo al llegar a casa, sin contar si os acostáis conmigo esa noche o no.- Le dije envalentonado.

-Voy a tener polla de mi Amo hasta hartarme, estoy lista ¿Mi Amo no está ya cansado?.-

Sin decir más se la metí y empecé un ritmo muy bajo, mientras le mordía los pezones y con una mano de forma algo incómoda le buscaba el enorme clítoris de Sara.

-Nooo, es trampaaaaa, el Amooo siempreee haceee trampas.- Se corrió en diez minutos dos veces encadenadas. Tuve que dejar de tocarle el clítoris, me dolía el brazo de la postura y a ella esposada no podía cambiarla. Con las manos le tiraba de los pezones y con la boca la besaba y le mordía las orejas mientras le decía cuanto la amaba.

-Amooo, es maloooo, es trampaaaa.- Se volvió a correr, entonces fue cuando aumenté el ritmo y le tiraba de los pezones más fuerte. Estaba a punto de llegar a correrme sin poder detenerme así que la saqué y la miré con deseo.

-Amooo sigue, me da igual perder, porrr favorrr ahora noooo, dentrooo otra vez.- Y la metí hasta el fondo sacando su cuarto orgasmo y al sentir las contracciones de su vagina me corrí yo.

No dijimos más, me tumbé al lado y me dormí enseguida.

Me desperté muy relajado por la mañana. Sara dormía pero Carmen me miraba con cara de estar muy enfadada.

-Amo, no está bien que haga eso. Su esclava está para satisfacerle y no para desmayarse.-

-Y también está para obedecerme, y anoche dije a dormir y no me hicisteis caso. Eso conllevará un castigo a cada una, recuérdalo.- La solté y a Sara que entonces despertó y se estiró como una gata feliz.

Mientras desayunábamos, me fijé en la esclava gorda, tenía marcas de los latigazos por todo el cuerpo, la pobre debía sufrir mucho sin embargo estaba sonriendo y charlando como si fuera de lo más normal.

Le dije a Javier que deseaba marcharme justo después de comer, quería llegar muy temprano a casa. Mateo dijo lo mismo, su esclava tenía que volver temprano a casa de los padres. Les había dicho que se fue a estudiar a casa de una amiga.

Salimos a atar a Sara y a la esclava de Mateo, nunca me enteré de su nombre, al árbol haciendo bastante frío. Mateo celebró el frío, dijo que así los pezones de su esclava serían mejor para pinzarlos. Estuvimos gran parte de la mañana probando el látigo nuevo, primero sobre Sara, después le tocó el turno a Olga y finalmente a Elsa. No las agotamos a ninguna ni nos sobrepasamos, era sólo para enseñarme su uso. La pobre esclava de Mateo estuvo mientras recibiendo azotes con todo lo que se le ocurría al sádico de su amo, ese día se ensañó en sus enormes tetas. A media mañana dejamos al incansable Mateo fuera y entramos en casa.

-Oye Dani, se lo que sientes por tus esclavas,- me decía Javier, -no pretendo sobrepasarme más allá de lo que tu desees pero antes de iros, me gustaría pasar un rato con Sara. No se que tiene, por supuesto un buen cuerpo, pero hay algo que atrae. Si en vez de Carmen, hubiera sido ella la que vino a mi hace más de un año, no la hubiera dejado marchar.-

-Javi, alardeas de que eres bueno enseñando a las sumisas. Estoy intentando que Sara se despoje de toda capa moral, que acepte el sexo como diversión y placer venga de donde venga. Si te la dejo, enfoca el rato que pases con ella en eso.-

-Eso está hecho, no te preocupes, sólo será cama, nada de cosas raras. Si quieres puedes ir mientras con Elsa y Carmen al establo, cerdos o perros, lo que te apetezca.-

Javier cogió la correa, se acercó a Sara y se la puso ante el estupor de ella que me miró extrañada. Hice un gesto asintiendo con la cabeza y se dejó llevar a los dormitorios.

Me pensé la oferta de los establos, pero no llegó a apasionarme. Me senté frente a una ventana que daba al árbol y puse a Carmen a chupármela, aunque más que nada por estar entretenido. Ver a Mateo con la furia con que azotaba a su esclava ni me excitaba ni lograba comprender a ninguno de los dos. Ella acabaría siendo todo llagas, pasaría una semana fatal de dolores y escozores. La veía sudar aún con el frío, gritar sin dejar aire en los pulmones, pero cuando Mateo descansaba y le pasaba la mano por la cara, ella le besaba con pasión. En un determinado momento Mateo entró en la casa y regresó con la escoba. Le metió el palo en el coño y quedó sujeta en el suelo. Continuó con sus azotes y aprecié como ella movía su cuerpo para masturbarse con el palo. Eso me dio una idea para usar más adelante.

Comimos temprano, no la esclava de Mateo que la dejó colgada del árbol. Nos despedimos, metí a mis chicas en el maletero y regresamos a casa.

Al sacarlas en el garaje del coche, Sara dijo:

-El Amo debería acondicionar mejor el maletero para llevar a sus esclavas.-

-¿Acaso no estás cómoda tumbadita y durmiendo todo el camino?.-

-La postura no es incómoda Amo, y cuando viene Carmen menos, pero en el maletero no hay climatización y en verano es un horror el calor, pero peor es ahora en invierno que nos pelamos de frío.-

-Bueno, si tenéis frío os acurrucáis juntitas.-

-Y que cree el Amo que hemos hecho. Pero por mucho que hemos usado lengua y dedos, seguía haciendo frío.- Y se volvió para sacarme la lengua y continuar su camino.

Continúa en