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Dominaciónmay 2024

Mi aire 25

Sabe que el castigo no será solo físico. La máquina está lista, los azotes están calculados, y el placer de sus esclavas depende enteramente de su voluntad. Pero esta vez, el control también se extiende a las calles, donde cada paso las mantiene al borde del colapso

Mariscal4.1K vistas9.7· 12 votos
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Los siguientes días, en el desayuno siempre me recordaban, como es preceptivo, que tenían un castigo pendiente por no dejarme dormir en el cortijo. Preferí esperar a que las marcas que les quedaban del látigo largo desaparecieran. Otros amos disfrutan de la piel con esas marcas o colores. Yo no, me gusta la piel limpia, sin marcas, con su color original. Por eso no me gustan los tatuajes ni siquiera para marcarlas como mis esclavas.

Además había encargado una máquina especial que tardó tres días en llegarme. Al hacerlo dejaron la caja en el vestíbulo, no muy grande, como un metro de altura y medio de ancho aunque algo pesada. Cuando me vieron bajarla a la sala me siguieron y las eché. Estuve parte de la mañana montándola.

Al subir estaban las dos expectantes, Sara estaba realmente emocionada.

-Mi Amo ¿que es?.-

-Esta tarde os daré a las dos el castigo por lo del cortijo.- Fue lo único que dije.

Sara se enredó por mi cuerpo frotándose muy melosa.

-¿Pero que es la caja Amo?.-

-Bueno me voy a trabajar, anda déjame pesada. Y prohibido entrar en la sala hasta esta tarde.- La intentaba apartar pero se me agarraba por todos lados.

-¿Por qué no lo dice Amo?¿Es para el castigo?.- Insistía intentando meter su mano en mis pantalones mientras Carmen estaba de espectadora.

-Sara, o me sueltas o te ganarás un castigo gordo, de látigo.- Dije haciéndome el duro.

-¡Uf! Amo malo, siempre con sus secretos.- Dijo soltándome y con mohín de enfado.

-¿Que secretos?¿Tengo algún secreto con vosotras?.- Yo recordaba la falsa subasta, o peor la muerte de su exmarido, aunque sabía que Sara no iba por ahí.

-Sí Amo, no quiere decir que tiene la caja. Sus esclavas son buenas, se portan bien y se follan perros si el amo lo dice. Pero el Amo compra un juguete y no nos lo cuenta.- Seguía con su falso enfado.

-Esta tarde lo veréis, mientras cada uno a lo suyo.- Las dejé intrigada Carmen y ansiosa Sara.

En la comida, mientras Carmen y yo degustábamos, Sara engullía para después limpiar el taburete donde había estado sentada.

-Hace tiempo que no soltabas tanto flujo ¿no Sara?.-

-Sí mi Amo, pero es que estoy muy cachonda, y el amo malo no dice ni mu de lo nuevo de la sala.-

-Tenéis permiso para tener sexo entre las dos ¿por qué no lo has hecho? Carmen está por debajo de ti, puedes utilizarla si estás tan cachonda, podías haber jugado a eso del pirata polla dura.-

-Mi Amo, es el pirata polla tiesa. Y antes de comer ya hemos tenido sexo, pero no es lo mismo que con el Amo, y menos sabiendo que hay un juguete nuevo. El Amo es malo.-

-¿Así que has usado a Carmen y sigues cachonda?.-

-Bueno Amo, en realidad no se quien usa a quien.- Dijo Carmen sonriendo y algo colorada.

-Está bien, vamos a la sala los tres que si no a Sara le da un infarto.- Creo que iba por la palabra tres cuando Sara ya estaba bajando las escaleras.

Abrí la puerta de la sala y su puso nerviosa a buscar. Junto a la pared había una máquina extraña, con una serie de émbolos y una barra vertical. Sara la miró sin saber que podría ser.

-Es muy sencillo esclava, en la barra se coloca un dildo y se conecta.- Encendí la máquina y la barra vertical comenzó a subir y bajar.

-Tiene distintas velocidades y he pensado que como el castigo de no dejarme dormir en el cortijo no es tan grave, puedo poneros en la máquina y mientras ella os folla, yo os azoto.- Carmen no quedó muy convencida con lo de azotar, pero Sara se excitó en segundos, los ojos se le salían viendo la barra subir y bajar.

-Mi Amo, es preciosa, ¡me pido primera en recibir el castigo!.- Decía como una niña ilusionada.

La coloqué de espaldas en la pared, con los brazos abiertos atados a unas argollas y los tobillos igual. Coloqué un dildo en la barra de la máquina y la puse entre sus piernas, metiendo el dildo en el coño. A Carmen la colgué del techo con el huevo a velocidad media y la orden de no dejarlo caer.

Encendí la máquina y comencé a darle a Sara con la fusta. Tras un rato aumenté la velocidad de la máquina. Sara en seguida se corrió, me miró azorada: -Más Amo, más.-

-¿Más que esclava? La máquina o los azotes.-

-Más todo Amo, más.- Aumenté el ritmo de los azotes y esperé al siguiente orgasmo de Sara, entonces puse la máquina al máximo y me centré en azotar sus tetas. No tardó mucho en llegarle el siguiente orgasmo. Entonces la paré.

-No Amo,- decía sin poder respirar, -sigue, fui muy mala, y el castigo debe ser mayor.-

-No seas zorra, ahora le toca a Carmen.- Dije mientras la desataba agarrándola ya que sus piernas se le doblaban.

Até de igual manera a Carmen, le quité el huevo y puse la máquina a media velocidad. Ella lo estaba disfrutando hasta que le cayó el primer azote de la fusta. A la masoquista de Sara le excita pero Carmen no es de azotes, así que vi que su excitación bajaba. Subí la velocidad de la máquina y seguí con azotes más flojos y espaciados hasta que conseguí que llegara al orgasmo. Entonces la paré y la descolgué.

-Esto zorras, ha sido una prueba, o mejor un castigo prueba. Pero viendo los resultados, esta máquina no se usará más en los castigos. La utilizaremos en nuestros juegos de por las tardes.-

-Sí Amooo, y ya es por la tarde ¿no?.- Dijo Sara aún cansada de los orgasmos anteriores.

-¿Es que nunca te cansas de follar esclava?.- Pregunté inútilmente ya que sabía la respuesta.

-Cuando mi Amo está nunca.-

-Por hoy basta, al salón a leer.- Ayudamos a Sara que por mucho que deseara seguir jugando, sus piernas aún no le sostenían bien. Ese día le tocaba estar a mis pies a Carmen, dejamos a Sara en su cama y Carmen se abrazó a mis piernas mientras los tres leíamos.

Carmen se volvió y como recordando algo me dijo:

-Amo, este fin de semana viene mi hija.-

-Lo siento Carmen, aquí no se queda, os vais a vuestra casa.-

-Sí amo, ya lo hablé con ella, y también lo quiere, no acaba de ver lo nuestro, así estaremos más cómodas. ¿Puedo?.-

-Claro que sí, puedes ir siempre que quieras.- Dije acariciando su cabeza. Y justo entonces sonó el móvil.

Era Laura, en cuanto su nombre salió Sara se envaró. Habían follado las dos, o mejor, había hecho que Sara le comiese el coño a Laura en dos ocasiones. Pero seguía sin congeniar con mi ex.

La conversación no fue larga, quedamos el sábado para comer y de reojo veía a Sara apretar los dientes. Al colgar me preguntó:

-Mi Amo, ¿vendrá Laura después a follar?.-

-No, ese tipo de relación no es bueno para ella, esta vez te aseguro que no vendrá.-

La cosa quedó en eso y seguí leyendo sin más.

El fin de semana Carmen se marchó a su casa con su hija y el sábado me marché a comer con Laura. La comida fue muy agradable, el cariño que nos tenemos aún perdura y fueron unos años juntos que conllevan unas vivencias únicas. Tras comer me insistió en ir a tomar unas copas. Allí me comentó que estaba saliendo con otra persona y que estaba muy ilusionada. La velada se prolongó y decidimos ir a cenar. Le puse un mensaje a Sara diciendo que no iría a casa a cenar. En ningún momento salió en la conversación la posibilidad de acostarnos, ni se dijo nada sobre mis esclavas. Regresé a casa sobre las dos de la mañana.

Al entrar en casa me encuentro a Sara en su cama del salón llorando que vino a cuatro patas corriendo hasta abrazarse a mis pies.

-¿Pasa algo Sara?.- Asustado la levanté para abrazarla.

-Me habéis dejado sola todo el día Amo.- No paraba de llorar.

-Pero Sara cariño, te dije que no vendría a cenar.-

-No es eso Amo, llevo todo el día sola en casa, como cuando estaba casada. No quiero estar sola, quiero estar con vosotros, quiero estar con mi Amo.- El lloro remitía mientras me daba besitos.

-Bueno, ya, tranquila, ya estoy en casa. Anda vamos a la cama que es tarde.- La cogí en brazos y subimos al dormitorio, me desnudé que me acosté a su lado. Se abrazó con fuerza a mi.

-Quiero que mi Amo no me deje nunca sola.- Decía en susurros.

Quise decirle que hacía una montaña de un grano de arena, pero la veía tan afligida que me aguanté.

-Ya, venga, vamos a dormir.- Fue lo único que se me ocurrió.

-¿El Amo ha follado con Laura?.- Preguntó muy bajito.

-No, no lo he hecho.-

-¿Puedo comprobarlo?.- Preguntó.

-¿Acaso no crees a tu Amo? Si lo hubiera hecho no tengo por qué mentirte, lo sabes, eres una esclava y no tengo por qué darte cuenta de lo que hago. Pero por esta vez te permito que lo compruebes.- Estaba algo enfadado por la pregunta, pero intrigado por la forma en que lo comprobaría.

Apartó las sábanas y bajó, se metió la polla en la boca y la lamió. Volvió a dejarla y nos tapamos con la sábana de nuevo abrazada a mi. Y yo sorprendido por que no siguiera chupando.

-¿Estás satisfecha?.-

-Sí Amo, su cosita no ha entrado en ningún sitio extraño. El Amo me quiere, ¿verdad?.

Mi cabeza no sabía en que pensar, primero en la pericia de saber lamiendo mi polla que no se había usado, ¿sería por el sabor?. Segundo en que Sara no quisiese sexo, y eso me llevaba al tercer punto. De verdad tendría que estar muy afectada para no querer sexo y soltar la pregunta de si la quería.

-Sara, Daniel te ama, esclava tu Amo te quiere. Y esto no lo dice nunca ningún Amo a su esclava, ¿como quieres que te lo demuestre?.-

-No me deje nunca Amo.- Le acariciaba los pelos mientras ella apoyaba su cabeza en mi pecho y me besaba.

-No pienso hacerlo.-

A los pocos minutos en esa situación y cuando el sueño se acercaba, me pregunta:

-Mi Amo, ¿quiere tener hijos?.- El sueño se alejó.

-No lo he pensado, pero en principio no me apetece tener hijos.-

-Pero Amo, sería su descendencia. Carmen aún puede, está al límite pero puede. Y yo puedo darle los que quiera.- Me veía ya con una camada.

-Sara, tener un hijo significa dejar atrás la vida que llevamos y a mi no me apetece.-

-Pero Amo, entre Carmen y yo nos ocuparemos, no tendrá que cambiar un solo pañal, no cambiará mucho nuestra vida.-

-Sara, los primeros años a lo mejor no nos cambia la vida, pero después será radical. Nuestros hábitos no volverán jamás a ser los mismos, no podrás ir desnuda, ni llevar el collar. No podrás usar esos disfraces que te pones por la casa. Y a ver como le explicas que sus padres son tres y no dos. Dejaréis de llamarme Amo. ¿Que pasará cuando por su curiosidad quiera saber lo que hay en la sala? Cuando tenga la edad suficiente para independizarse y que por fin podamos volver a lo que tenemos hoy, yo tendré setenta años. No me apetece para nada tener hijos, al menos por ahora.-

-Vale Amo.- Dijo escuetamente.

-¿Quieres tenerlos tú Sara?.- Pregunta peligrosa, debí callarme, en cuanto la solté me arrepentí.

-Estoy para satisfacer al Amo, haré lo que el me diga.-

-Sara, sabes que no es la respuesta que espero. Ya sabes, ni mentiras ni ocultar nada a tu Amo.-

-Es la verdad Amo, yo no quiero tener hijos pero debía preguntarlo por si el Amo quiere.-

Solté el aire que tenía contenido. Salvado por los pelos.

Durante las fiestas de navidades entregaron dos enormes paquetes. De un metro de altura y medio de ancho. Las dos miraban a ver que hacía con ellos. Los llevé al salón y los dejé allí.

-Amo, ¿que son?¿otra máquina?.- Preguntaba Sara.

-No, estos son vuestros regalos de reyes, y en el fondo mio también. Prohibido abrirlos hasta el día de reyes.-

Cada vez que pasaban por su lado los miraban intentando adivinar que contenían las cajas. Sara no estaba tan inquieta como la otra vez, las cajas no las había bajado a la sala, luego dejó de interesarle.

Carmen pasó casi una semana con sus hijos. La hija desde que estuvo en casa no le había comentado nada, ni le preguntaba.

El día antes de reyes pusieron ellas en el salón dos cajas enormes al lado de las mías. No debían pesar mucho puesto que las movían con facilidad.

-Y eso ¿que es?.- Les pregunté.

-Mi Amo tiene de todo, es imposible regalarle nada. Eso es lo único que se nos ha ocurrido.-

-¿Dos cajas?.- Pregunté riéndome.

-No, Amo tonto. Es lo que hay dentro, pero hasta mañana nada de mirar.-

Me levanté y como todos los días, las chicas no estaban, ellas se levantan sin despertarme para ponerse su enema. Bajé a la cocina y el desayuno estaba a medio hacer y sin rastro de las chicas. Entonces me vino la luz en mi aún dormido cerebro. Fui al salón derecho a las cajas y según me acercaba, salieron las dos, cada una de una caja. Carmen con un disfraz de caperucita y Sara de blancanieves. Pero de los más escasos de ropa y sexys que he visto. Al acercarme para abrazarlas, las dos se levantaron la escasa falda. La escueta braga de Sara llevaba escrito “Azótame” y la de Carmen “Úsame”. No son disfraces que me pusieran tanto como el de criada o sobre todo el de princesa Leila. Pero es que las pobres ya no tienen más de donde sacar. Nos abrazamos y nos besamos.

-Amo, es difícil encontrar algo que le guste o necesite.- Decía Sara.

-Si os ponéis un lacito es regalo suficiente.- Les dije agarrando el culo de las dos.

-Amo,- dijo Carmen, -nosotras no somos regalo, somos sus esclavas para siempre.-

-Gracias, os quiero. ¿No queréis abrir el vuestro?.-

Mientras abrían las cajas, agachándose y dejando ver las braguitas o sus tetas bailando al moverse, el calentón empezó a ser insufrible.

-Son sillas Amo.-

-No, son taburetes para la cocina.-

-Muy bonitas Amo.- dijeron algo desilusionadas.

-Son taburetes especiales, a medida, ¿no veis esos agujeros en el centro?.-

-¿Son para mi flujo cuando me pongo cachonda Amo?.- Preguntó Sara.

-No mejor, en esos agujeros van unos vibradores especiales que se encajan. A partir de ahora en todas las comidas los llevaréis insertados. Y como son a control remoto, los manejaré yo.-

Sus caras ya cambiaron y con ilusión las llevaron a la cocina.

-Amo, ¿podemos probarlas en el desayuno?, por eso de la garantía.- Dijo la viciosa de Sara.

-No, con esas ropas, o con esas pocas ropas me habéis calentado, os quiero a las dos en el dormitorio para que me contéis el cuento.- Y palmeando sus culos las llevé a la cama.

Me follé a Sara mientras Carmen nos acariciaba y nos besaba. Después de darle varios orgasmos y estando yo próximo al mio, se la metí a Carmen. Al principio quiso resistirse, estaba disfrutando con nosotros y sabía que si la follaba se desmayaría, la abracé y le dije al oído:

-Déjate llevar, dame tu placer, me gusta verte cuando gozas, entrégate a tu Amo.- Y sin más bizqueó, tembló y se desmayó. Pensaba que duraría algo más, me quedé sin correrme, así que me volví a una Sara desmadejada que me vio venir y me puso el culo en pompa no si esfuerzo, y ahí entré unos minutos hasta correrme. Caí encima de ella, pero no quise moverme. Me complacía mucho después del orgasmo sentir como mi polla se iba retirando poco a poco. Sara que lo sabía ni se movió aunque debió incomodarle mi peso encima de ella.

Bajé solo a preparar el desayuno, al olor del café llegó Sara. Me abrazó y me besó: -Amo bueno.-

Cuando estábamos terminando llegó Carmen que también me abrazó y me besó: -Gracias Amo.-

-¿Que os parece si vamos esta mañana a pasear por el centro?.- Les dije.

-¡Estupendo!.- grito Sara complacida, ya que había descubierto una de sus debilidades, la compra de ropa. Desde que Carmen vino a vivir con nosotros salían las dos juntas casi siempre, aunque fuera al mercado, y Sara intentaba llevar siempre una ropa diferente. También quería que lo hiciera con Carmen, pero ella era más moderada en sus compras.

-Amo, ¿podremos llevar medias y bragas? Hace mucho frío.- Dijo Carmen.

-Por supuesto, os espero aquí en media hora, quien no esté se queda en casa.-

Las dos salieron pitando, y al final el que llegó algo tarde fui yo.

-Venir las dos a la cocina un momento, que os falta algo para salir.-

Las hice inclinarse en la encimera, les bajé las medias y las bragas. Les metí en el coño el huevo.

-Amo, no seas malo.- Dijo Sara.

-Pues no he terminado, sin moverse aún.- Saqué del frigorífico dos pollitas de jengibres que se las enseñé. Carmen apenas les prestó atención, era un juego más.

-Amo, no, eso no, Amo es muy malo, eso escuece mucho y pica.- Dijo Sara pero sin moverse.

Les puse a cada una su polla de jengibre en el culo y les subí las bragas y las medias.

-He decidido que a partir de ahora siempre que vayamos de compras tendréis que llevar el jengibre, al menos hasta que vea que Sara se comporta con las compras.-

-Esto escuece Amo, y pica, pica, pica.- Dijo Carmen moviendo el culo y los cachetes.

-El Amo más malo del mundo. Pica mucho.- Decía Sara moviendo el culo también.

Entonces encendí los huevos.

-No, Amo, por favor.- Decía Carmen.

-Amo malo.- Se limitaba a repetir Sara.

Ya en el centro las hice andar delante de mi. Me reía mucho verlas andar intentando mitigar el escozor del jengibre. Y cuando este remitió, me dedicaba a usar el mando de los huevos y verlas como disimulaban acercándose a los escaparates para no caer al suelo de excitación.

Regresamos sin ni una compra, aunque es verdad que ese día no había apenas comercios abiertos.

Al llegar a casa y desnudarse les quité los huevos y los jengibres. Me pidieron permiso para refrescarse el culo pero se lo denegué, de todas formas el efecto ya había pasado hacía tiempo.

Mientras los tres preparábamos la comida, Sara miraba de reojo los nuevos taburetes pero no decía nada. Cuando nos íbamos a sentar les dije:

-Ya sabéis, en las comidas en el taburete nuevo, y hoy he decidido que como os pica un poco el culito, el vibrador vaya ahí metido.-

No dijeron nada, pusieron el vibrador en su posición con un poco de lubricante y se lo metieron en el culo, creo que aliviadas para restar el poco picor que aún tenían. En pocos minutos y en medio de una charla intrascendente, sin que lo notaran cogí el mando y los puse a funcionar a rápida potencia.

-¡Amo!- Gritaron sorprendidas las dos.

Yo seguía comiendo muerto de risa mientras me ponían caras entre odiándome y de auténtico agrado. Cuando dejaron de comer y sus resoplidos eran fuertes, lo apagué.

-¡Amo!- volvieron a gritar las dos.

-No Amo, eso no se hace, un poco más Amo.- Imploraba Sara que ella misma subía y bajaba del taburete para masturbarse a falta de la vibración.

-Amo por favor.- Suplicaba Carmen.

-¿Pero que os ocurre mis esclavas viciosas?-

-El vibrador Amo, no sea malo, siempre es cruel con nosotras.- Decía Sara anhelando el orgasmo que estaba a punto de llegarle.

-No sabéis como me encanta ver vuestras caritas de salidas en este momento.- Me apiadé de ellas y volví a encenderlo hasta verlas correrse.

-Iros acostumbrando, que las comidas serán así a partir de ahora.-

-Amo malo.- dijo Sara.

Continúa en