Mi aire 26
El dado ha caído y las reglas son claras: cada casilla es un acto, cada movimiento, una entrega. ¿Están listas para perder el control y ganar el castigo?
Estaba en mi despacho trabajando una mañana cuando se asoma Sara.
-Amo, tiene que cambiarse de ropa, se la he dejado sobre la cama, y dese prisa.-
Da gusto tener esclavas para ordenarles cosas y que las hagan. Eso de ser Amo y no tener que dar cuentas, poder hacer lo que a uno le apetece, es una sensación de poder indescriptible. Y en ese momento me apeteció hacer lo que me decía Sara, que seguro era otra de sus diversiones sexuales.
Al llegar al dormitorio ya me di cuenta de lo que era. Había un elegante chaleco, una corbata y un calzoncillo tipo bóxer grande. Me había propuesto no olvidar el aniversario de Carmen como me pasó con Sara, pero una cosa es proponer y otra realmente hacer. Me vestí y bajé.
Allí en el salón, igual que cuando celebramos el aniversario de Sara, estaba Carmen toda de blanco, con un mini vestido transparente y un largo velo. Estaba arrodillada y frente a ella de pie estaba Sara con una imitación sexy de monja o algo por el estilo preparada para la ceremonia.
Fue igual que la vez pasada, la única diferencia es que Carmen se pasó todo el rato de rodillas y lloró cuando dijo sus votos llenos de amor hacia mi y hacia Sara. Al terminar la rara ceremonia, la cogí en brazos como en su momento hice con Sara y la subí al dormitorio.
-Por favor Amo,- me dijo Carmen, -no me folle todavía, úseme pero no por el coño, quiero disfrutar con mi Dueño.- Y eso hice, usé su culo hasta arrancarle un orgasmo. Entonces me di cuenta, Sara no estaba.
-¡Sara, puta salida!¿Donde estás?.- Grité.
-Mi Amo, no tiene que gritar, estoy aquí.- Estaba esperando a que la llamara en la puerta.
-¿Y que haces que no estás en la cama ya?.-
-Es el aniversario de Carmen, no quería entrometerme.- Dijo mientras se metía en la cama con nosotros.
-En esta casa los aniversarios son ya de tres. Como Carmen no quiere que me la follé aún, cómele el coño hasta gastárselo.-
Mientras Sara hacía lo mandado, yo besaba en la boca a Carmen y le tiraba con saña de los pezones hasta sacarle otro orgasmo. Así estuvimos hasta la hora de comer cuando por fin decidí follármela y se desmayó casi al entrar debido a lo excitada que estaba de todo el rato que llevábamos.
No había forma de acomodarse a una rutina en la casa. La mayoría de las veces era Sara la encargada. Pero un día Carmen nos sorprendió a los dos. Ella no era la lanzada a la hora de incitar, eso se lo dejaba a Sara. Un sábado por la mañana, estando Sara y yo en el salón leyendo, escuchamos los cascabeles, y por la puerta apareció vestida de gatita a cuatro patas, con la capucha que le tapa los ojos y ronroneando. Y sin decir ni una palabra ambos entramos en el juego, pero esta vez Carmen no tuvo tanta suerte como la anterior y después de estar toda la mañana intentando pillarnos no dio con ninguno. Eso sí, nos reímos mucho.
Al día siguiente domingo recién desayunados. Las llevé al salón, y puse sobre el suelo un tablero de parchís.
-Hoy jugaremos al parchís.- Les dije.
-Mi Amo, eso es aburrido, yo prefiero jugar con su cosita.- Dijo la viciosa de Sara.
-Es que este parchís es especial. Para empezar meteros los huevos. La tirada que salga en el dado serán los segundos que yo encienda el huevo.-
-¿El Amo no juega?.- Dijo Carmen.
-Yo jugaré también, pero como no tengo huevo usaré el vuestro y como sería injusto en mi tirada utilizar sólo un huevo, he decidido que yo tiro dos veces, la primera serán los segundos para Sara, y la segunda tirada por Carmen.-
-¡Ya está el Amo con sus trampas! Siempre que inventa un juego hace fullerías y las esclavas pierden.- Saltó Sara indignada.
-No son trampas, las reglas son así, pero si no te apetece jugar, lo haremos Carmen y yo solos.-
-Son trampas Amo, pero jugaré, a esta afligida esclava no le queda opción, pero siguen siendo trampas.- Decía Sara con mohín de enfadada.
-Son reglas. Y no quiero enfados, los juegos de mesa son serios y si vas a jugar enfada mejor nos dejas solos a los dos.- Decía yo con una carcajada interior.
-No me enfado Amo, ya está, me aguanto con sus trampas.- Resignada Sara pero sin rendirse se sentó en el suelo con nosotros.
-Hay más reglas. Cuando un jugador se coma la ficha de otro, como su nombre indica, tendrá que comerle también su coñito o su polla al jugador que pierde durante veinte segundos que es lo que moverá. Y cuando una ficha entre en la casa, tendrá que meterse mi polla en el sitio que ella prefiera durante los diez segundos que es lo que mueve.-
-¿Y que pasa si la ficha que entre en casa es la del Amo?.- Preguntó Carmen.
-Entonces se reparte, cinco segundos con cada una.-
-Pero Amo, eso es muy poco tiempo.- Dijo Sara ya contenta por como sería el juego.
-Bueno, las reglas son así. Además hay una muy importante, el Amo, por el hecho de ser Amo, no necesita un cinco para sacar ficha, le vale cualquier número y las saca cuando quiera.-
-¡Otra trampa del Amo!.- Dijo Sara, -y las esclavas a fastidiarse.-
-Pues no juegues, yo no te obligo, vete a tu cama y nos dejas jugar a los dos pesada.-
-No Amo, me quedo. Pero alguna vez podría inventar un juego sin trampas.- Me dijo desafiante.
-Otra regla es que si una ficha se queda en un casilla de seguro, hay que poner una pinza en un pezón hasta que la ficha salga.-
-Amo, son cuatro fichas, y dos pezones.- Dijo Carmen pensando.
-La tercera ficha en seguro, la pinza va en el clítoris. La esclava no tiene permitido tener las cuatro en seguro.-
-¿Otra trampa del Amo?, ¿se pondrá las pinzas en los pezones y en su cosita el Amo?- Dijo Sara sonriendo con malicia.
-No, el Amo por el hecho de ser Amo está exento de esa norma.- Sara me fulminaba con la mirada.
-¿Amo? Que ocurre a la persona que gane.- dijo Carmen.
-Si fuésemos precisos te diría que solo juega una persona, las otras dos son esclavas. Pero si una de las esclavas gana el Amo está dispuesto a hacer todo lo que ella le mande durante un día. Pero si es el Amo quien gana las esclavas pasaran dos días con las manos esposadas a la espalda.-
Carmen asintió sonriendo, seguro que ya estaba deseando perder, pero Sara no estaba contenta:
-¿Y como hacemos nuestra limpieza Amo?.- Preguntó Sara sospechando mi respuesta.
-De vuestro enema me ocuparé yo, como hago los lunes. Y por cierto, al ser hoy domingo, si gano yo los días serán el martes y el miércoles-
Sara se enfurruñó pero no abrió la boca.
-Bueno, pues empiezo yo que soy Amo, y no digas nada de trampas Sara, el Amo empieza.-
Yo distribuí los colores y no se dieron cuenta que al ser tres en el parchís, hay uno que no tiene por delante a un jugador y puede avanzar más tranquilo, pues ese color me asigné.
Tiré el dado, salió un cuatro, encendí el huevo al máximo de Sara que respingó los cuatro segundos y lo apagué. Moví y volví a tirar, un dos, dos segundos al huevo a Carmen. Así estuvimos bastante tiempo, que aunque los segundos de los huevos eran pocos, al ser casi regulares estaban ya muy cachondas, y pidiendo un seis solo por el huevo. En un momento Sara se comió una ficha de Carmen y antes de decirle nada, se lanzó al coño de Carmen a comérselo. Pasados los veinte segundos tuve que sacarla de allí para seguir jugando. Entonces las comidas entre ellas se multiplicaron, incluso dejaban puestas en peligro sus fichas a conciencia. Entre las comidas y el huevo estaban frenéticas.
-¿Amo, podemos corrernos?.- Preguntó una sofocada Carmen.
-Por supuesto, podéis hacerlo cuando queráis.-
Con dos tiradas por turno era evidente que avanzaba el doble que ellas, y que tenía más posibilidades de comerme sus fichas. Carmen dejó de interesarle el juego en sí, primero quería perder, le encantaba estar atada. Y segundo disfrutaba cuando le comían su ficha y su coño, o incluso cuando era ella la comedora. Pronto hacía sus jugadas pensando en eso. Pero Sara, aunque disfrutaba de las comidas, estaba pensando en tener a su Amo un día a su servicio, y a pesar de las pinzas, guardaba siempre que podía sus fichas en las casillas de seguro.
Como no podía ser de otra manera, me tocó comerme la primera ficha de Carmen y con cara feliz se abrió las piernas esperando su comida. No llegué a los veinte segundos, tal como estaba Carmen, en cuanto di unas lamidas se puso a temblar por el orgasmo.
Al poco le tocó a Sara, con ella fue casi lo mismo, me centré en su desarrollado clítoris y justo a los veinte segundos se corrió bufando, pero yo seguí otros veinte más sin que nadie dijera nada, y me separé, quedó peor que antes, tras el orgasmo esos veinte segundos extras la dejaron más caliente. Y es que al mover las veinte casillas no habían visto que de nuevo me comía otra ficha de Sara.
La partida siguió con las dos esclavas al borde del paroxismo. Sara le regañaba a Carmen por su forma de jugar pero al final ella quedó con todas sus fichas detrás de nosotros y se dedicó a buscar comidas como loca. Sara era muy conservadora jugando, no le molestaban tanto las pinzas, ni la del clítoris. Yo avanzaba rápido y pronto entró una en mi casa.
-Cada esclava puede elegir donde meto mi cosita durante cinco segundos.- Yo llevaba con la polla en ristre desde poco antes de empezar. Sara, por ser primera esclava, se sacó el huevo y sin pensar mucho, se la metió por el coño en cinco embestidas, que no le sirvieron para correrse y la dejaron más excitada. Se volvió a meter el huevo, y Carmen hizo lo mismo.
-Carmen, si te desmayas te quedas sin jugar.- Le advertí.
No me hizo ni caso, cinco embestidas pero sin orgasmo.
Yo aún me comí una ficha de cada una, y como estaban, en esos pocos segundos les saque a cada una con mi lengua un orgasmo. Pero las comidas entre ellas eran casi continuas. De nuevo metí una ficha más en casa, Sara usó su coño para los cinco segundos con mi polla, pero Carmen que debía estar muy caliente, prefirió usar el culo. Sara consiguió meter una en casa y se lanzó a disfrutar de los diez segundos con mi polla follándola. En el octavo casi noveno segundo tembló, se abrazó y se corrió. -Gracias Amo.- susurró.
-Ya no te disgusta tanto el juego ¿no Sara?, ¿cuantos orgasmos llevas?.-
-No lo se mi Amo, creo que tres.- Dijo con una mueca cansada y lujuriosa.
Terminó como se sospechaba, gané sin competencia. Ellas seguían muy cachondas por el huevo.
-Nosotras seguimos a ver quien queda última, ¿no?.- Dijo esperanzada Carmen.
-Podéis seguir o sacaros la una a la otra un orgasmo, elegís vosotras.-
No dijeron ni una palabra, se pusieron las dos con el 69 frenéticas. Sara fue la primera en correrse y dejó de chuparle a Carmen por un lado por los estertores del orgasmo y por otro que pensaba que era ganadora sobre Carmen y se terminaba. Así que me apiadé de Carmen, la cogí sentado como estábamos y se la metí en el coño, ella abrió sus piernas y me miró suplicante.
-Amoooo, porrrr ahí noooo.- Intentaba decir justo antes de su explosivo orgasmo y su posterior desmayo. Con cuidado le dejé tumbada en el suelo, desde donde me miró Sara: -El Amo es malo.-
Yo no llegué a correrme en toda la partida, pero ya me desharía por la noche. Recogí todo y traje una fregona, el suelo estaba muy mojado.
Esa noche en la cena les recordé que el martes y el miércoles tendrían que estar atadas. Sara aprovechó para protestar.
-El Amo hace trampas siempre en los juegos y como somos esclavas nos tenemos que aguantar, eso no es justo.-
-Si quieres justicia entre amo y esclava no lo encontrarás. Pero si tan disgustada estás puedes marcharte de esta casa y dejar a tu Amo malo.- Le dije sonriendo.
-No puedo marcharme Amo, no tengo maleta.- dijo bajando la cabeza y en voz baja.
-Si es por eso, Carmen te puede prestar una maleta y con la cantidad de dinero que tienes en el banco te puedes ir a vivir a un hotel para siempre.-
-El Amo se aprovecha porque sabe que no puedo alejarme de su cosita.- Dijo mustia.
-¿Y puedes separarte de mi boquita?.- Dije mientras la agarraba y le daba un beso en la boca. Sara se abrazó a mi, subiendo sus piernas en mis caderas y cruzándolas en mi espalda, y sus brazos alrededor de mi cuello, como un monito con su madre. Cuando dejé de besarla, no se movió ni un milímetro.
-Sara, cariño, así no puedo cenar contigo encima.-
Levantó su cabeza de mi hombro, -Carmen, dale a mi Amo la cena que ahora él no puede.-
Y así me hizo cenar, y después del postre tuve que ir al sofá con ella así abrazada.
-Sara, ¿me soltarás alguna vez?.- Pregunté de forma estúpida, conocía la respuesta.
-No mi Amo, yo ya vivo aquí. Tengo a mi Amo y su cosita cerca.- No hubo forma de separarla hasta que subimos los tres a acostarnos y a follar que la partida del parchís la tenía en la cabeza, quiero decir, en las dos cabezas.
Desayunábamos el martes cuando les enseñé unas esposas.
-Chicas, en cuanto termine el desayuno os ato las manos a la espalda. Perdisteis la partida y ahora toca pagar.-
-Pero Amo, así no podremos ocuparnos de la cocina.- Como siempre la inconformista de Sara.
-El Amo sabe cocinar, ¿o quien te crees que cocinaba antes de llegar vosotras?. Estos dos días me ocuparé yo.-
-Tampoco podremos limpiar, y eso el Amo no lo hacía que tenía una chacha contratada.- Dijo Sara con desdén.
-Cierto, pero eso tampoco significa que no sepa limpiar. Y por cierto, estos dos días que estáis atadas llevaréis bragas.-
Carmen sonreía algo colorada, disfrutaba estar atada, pero además captó de inmediato el significado de llevar bragas. Sara no lo pilló.
Subimos a ponerle el enema a las dos con las consiguientes protestas de Sara por la vergüenza que eso le producía. Y cuando terminaron de limpiarse, se pusieron unas bragas y las até a la espalda.
Yo me fui a trabajar y ellas intentaron entre las dos limpiar algo, pero en esa postura era casi imposible. Al final acabaron echadas en sus camas del salón.
A media mañana Sara descubrió el porqué de las bragas. Asomó su cabeza por la puerta del despacho.
-Mi Amo, necesito hacer pis.- Me dijo sonrojada.
-Pues ve, no necesitas permiso para eso.- Le dije haciéndome el ingenuo.
-¡Amo!, no puedo bajarme las bragas estando atada.-
-Vale pesada, voy en un segundo.-
Con ese extraño pudor de Sara, que ya no le importa estar desnuda delante de gente o que se la follen, su cara de bochorno cuando delante de la taza del váter le bajaba las bragas era un poema.
-Ya mi Amo, le aviso al terminar.- Dijo esperanzada.
-No te preocupes, me espero.-
-Amo malo.- musitaba mientras con esfuerzo conseguía orinar.
Carmen para esto era mucho menos pudorosa, nunca le molestó cuando los lunes las orinaba para “marcarlas” e incluso se bebía la orina que le caía en la cara o boca que mantenía abierta. Imagino que ese pudor lo perdió cuando estuvo con Javier. Por eso cuando al poco de pedirme Sara que le ayudara a hacer pis fue Carmen la que me lo pidió, decidí cambiar.
Estando en el baño llamé a Sara.
-Sara esta esclava quiere orinar y no tengo ganas de agacharme a bajarle las bragas, ¿lo haces tú?.-
-Pero Amo, yo también estoy atada, no puedo.- dijo ilusa Sara.
-¿No tienes boca?, pues úsala tonta.- Le dije riendo. Su mirada me traspasó pero sin decir nada se agachó y poco a poco fue bajándole las bragas hasta la mitad del muslo. Cuando Carmen terminó se quedó mirando a los dos sin saber que hacer.
-Amo, tendrá que agacharse para limpiarla ¿no?.- Dijo una Sara regodeándose en su ya creída victoria.
-¿Porqué?, sigues teniendo boquita esclava.- La miré fijamente con cara maliciosa.
Sara se quedó un rato mirándome fijamente con odio, pero al final sin decir nada limpió el coño de Carmen y le levantó poco a poco las bragas. Al terminar ya se las puse de forma más cómoda e hice el ademán de irme.
-¡Amo!, no me pude dejar así.- dijo Sara.
-¿A que te refieres?.-
-Tengo pis en la boca Amo, ¿no querrá que le bese de esta forma?.-
-Es cierto, entonces lo suyo es prohibirte que me beses en todo el día.-
-¡Amo!.- Solo dijo eso perdiendo ya la paciencia. Y como esclava mía que es que debe acatar lo dicho por mi sin cuestionar pensé que mejor no enfadarla más o me saldría caro.
Le di a beber colutorio y regresé al despacho mientras la escuchaba hacer gárgaras.
A la hora de comer les puse sus dildos en los taburetes, Sara se metió el suyo por el coño y Carmen por el culo, no quería arriesgarse a tener un orgasmo y desmayarse en plena comida. Aunque nunca le pasó, Carmen sólo se desmayaba si me la follaba yo, ya fuese con vibradores, otras personas y cualquier estimulación, tenía orgasmos sin desmayos, era mi polla la que los producía.
Se sentaron con cuidado, haciendo movimientos tranquilos para no caerse. Yo les daba de comer alternando entre una y otra. Al acabar y levantarse los dos taburetes estaban mojados. De Sara me lo esperaba, siempre le pasa, pero de no de Carmen.
-Carmen guarrilla, ¿estás mojada?.- Le pregunté acercándome a ella y metiendo mi mano dentro de las bragas.
-Sí Amo, lo siento.- Dijo azorada al sentir mi mano.
-Vaya, veo que esto de estar atada te gusta, ¿no zorrita?.-
-Mucho Amo.-
-Lástima que no tenga previsto sexo por ahora.- Dije.
-Sí, lástima.- Dijeron las dos. Y salí de la cocina riendo.
Sara vino detrás de mi.
-Mi Amo, ¿puede venir Carmen conmigo al baño para hacer pis?.- Dijo esperanzada.
-No cariño, tu eres la esclava principal y será tu Amo que te quiere mucho quien te lleve a ti, como cuando me lleváis a mi. Pero cuando sea Carmen la que quiera me avisáis y se lo haces tú como esta mañana.-
-Mi Amo siempre es malo conmigo. Debería ser ella la que me limpie a mi, soy la primera esclava ¿no?- dijo malhumorada.
-Pues por eso cariño, yo te limpio a ti y tú le limpias a ella.-
Esa noche no quise tener sexo en la cama. Ya otras veces lo hemos hecho con alguna atada, sobre todo Carmen, pero es bastante incómodo. Así que antes de acostarnos, las puse apoyadas en el sofá con el culo en pompa y fui alternando de una a otra hasta correrme. Las mandé a sus camas.
El día siguiente fue igual con una Sara cada vez más abochornada, por tener que pedir permiso para orinar, por tener que ir a bajar las bragas de Carmen y después limpiarla, y sobre todo por tener que aguantar como les ponía el enema. Pero mientras el anterior día no estaban aún atadas al hacer esto, ellas mismas se limpiaron. Esta vez seguían atadas y según evacuaban las metía en la ducha y yo las lavaba. La sorpresa fue que Carmen mientras estaba con ella en la ducha pasando la esponja tuvo un orgasmo que casi se cae. Y no había tocado todavía su coño, fueron las tetas las detonantes y la situación. Con Sara fue totalmente distinto, con una vergüenza terrible se dejaba asear, y cuando llegué a su culo no pudo impedir el protestar.
-No Amo, no debes limpiar eso, es caca de esclava, el Amo no debe limpiar eso.- Apartaba el culo de la mano que tenía con la esponja y el jabón.
Con la otra mano le cogí la cabeza y mientras acariciaba su pelo mojado la besé.
-Eres mi esclava y me gusta limpiarte, pero tenemos tres opciones. La primera es dejarlo como está, pero pasarás el día oliendo mal y no querré acercarme.-
-No Amo, eso no, no estaré limpia por si quiere usarme.-
-Pues segunda opción, ¿le digo a Carmen que te limpie?.- Carmen estaba ya seca esperando en el baño pero aún despistada por el orgasmo de la ducha.
-Ella no puede Amo, está atada.- Decía una Sara acorralada.
-Sí puede, como tu puedes limpiarla a ella cuando orina.- Dije serio, confiado en que no tomase esa opción.
-¡Amo cochino! No puede hacer eso, es muy feo y sucio.-
-Pues tercera opción, que el Amo te limpie,- y para regodearme más en su vergüenza añadí, -te limpiaré tu culito de las caquitas que has soltado y que tan mal huelen.-
Se volvió dejando su culo a mi vista musitando: -Amo malo y cochino.-
El día pasó con Sara paseando inquieta por todos lados. Mientras Carmen estaba tranquila tumbada en su cama. Poco antes de la cena Sara se plantó delante de mi.
-Mi Amo es consciente que llevamos dos días sin bajar a la sala.- Creo que si hubiese tenido las manos desatadas las habría puesto en jarras.
-Mi esclava es consciente de que se está poniendo impertinente.-
-Y mi Amo…,- pensó, -es consciente de que es malo.- Se volvió y siguió dando paseos por el pasillo arriba y abajo.
Al día siguiente al despertar, fui a sus camas y las desaté. Fue un día normal salvo porque tuvimos algo más de sexo que otras veces, y a Sara le regalé más tiempo en la sala, especialmente con la leona y con el “avestruz”. Ese fue el nombre con que Sara bautizó a la máquina que subía y bajaba un dildo mientras las tenía de pie pegadas a la pared. Creo que lo llamó así por los dibujos animados donde el avestruz mete la cabeza en un agujero, salvo que este está arriba y no abajo, pero quien soy yo para discutir con una esclava.
Intenté que su limpieza sería después del desayuno para despertar con ellas en la cama, y no salió bien ya que las esclavas me dejaron claro que eso sólo sería los fines de semana o los lunes cuando las “marcaba”. Pero esos tres días no dejaba de reírme de Sara con su enema, que pasaban los días y el pudor no le remitía. Yo las dejaba en su baño una vez que soltaban todo para que se ducharan y me iba a duchar en el mio.
Al día siguiente de estar ellas atadas, estaba en mi ducha cuando por sorpresa y alevosía, entraron las dos aún mojadas.
-¿Pero que hacéis?.-
-Mi Amo, hemos decidido después de su ducha de ayer, que no está bien que el Amo lave a sus esclavas y él lo haga solito.- Como si estuviera ensayado cada una se puso a enjabonarme por todo el cuerpo.
-No es necesario que lo hagan las esclavas, ya puedo yo solo.- Francamente sabría que no me serviría de nada.
-No Amo, esta es también función de las esclavas. Además hemos decidido también que los domingos en vez de ducha lo bañaremos, así se relajará más.-
Que suerte tengo como Amo que mis esclavas deciden por mi, no creo que a ningún amo le pase esto.
-De acuerdo, me rindo. Después de vuestra limpieza os esperaré antes de ducharme, pero esta concesión trae una consecuencia. Como traéis el culito recién limpio, mientras me ducháis los usaré los dos.-
-Gracias Amo.- dijo Carmen pasando la esponja por mis piernas.
-Amo bueno.- Dijo Sara enjabonando mi pelo.
Y esto pasó a ser una nueva costumbre de la casa, me duchaban todos los días mientras las enculaba, y los domingos descansaba en un baño relajante donde su manos me acariciaban por todos lados, sobre todo Sara por la entrepierna.
Continúa en
- Relato #216850— title-regex: contiguous parts (25 -> 26)
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