Mi Primera Experiencia Gay
Entre colchones de goma espuma y la presión de la disciplina militar, la amistad entre dos reclutas se transformó en algo prohibido. Lo que comenzó como una complicidad inocente derivó en una noche de alcohol y cartas donde las barreras de la heterosexualidad impuesta se derrumbaron. Una historia de descubrimiento tardío y consecuencias irreversibles.
Mi Primera Experiencia Gay:
Entre los años 87/88 tuve que cumplir con el Servicio Militar Obligatorio.
De un día para el otro dejábamos de ser hijos de mamá para transformarnos en soldados de la patria. Suena lindo, pero se sufre bastante.
A más de trescientos muchachos de 18 años nos llevaron a un cuartel para cumplir con nuestra instrucción. Y, así fue como conocí a Luis M.
Luis y Yo nos hicimos muy amigos mientras duró la obligación.
Siempre tratamos de estar juntos: en cada trabajo, en cada guardia e inclusive en cada licencia.
En teoría ambos éramos heteros sexuales, y cada uno de nosotros había dejado una novia en Buenos Aires.
Mi novia se llamaba Norma, pero nunca tuvimos sexo porque quería llegar virgen a nuestro matrimonio. Después, a mí regreso como civil, me enteré que había estado con otros tipos, y así terminó nuestro noviazgo.
Dormíamos, con Luis, en camas marineras de tres pisos y para no caernos juntábamos los colchones simulando camas matrimoniales.
Prácticamente, Luis y Yo éramos seres inseparables, hasta cuando descansamos.
Nuestra unión obligatoria duro 14 meses, dónde tuvimos una tierna amistad. Vivíamos preocupados el uno por el otro, y nos cuidabamos de cualquier tipo de amenazas.
Al día de hoy, creo que fue mi mejor Amigo.
Después de unos pocos meses, y de muchas duchas juntos, llegué a gustar de su cuerpo: media un poco más del metro setenta, pesaba 60 kg, tenía buen tono muscular y unas nalguitas perfectamente redondas.
Poseía rasgos indígenas, aunque sus cabellos eran de color castaños claros e enrulados.
Cuando nos dormíamos teníamos erecciones típicas de la edad y nos contábamos para reírnos un poco.
Nuestros colchones eran de goma pluma y el tuvo la gran idea de agujerear la tela e inventar una vagina artificial.
Para no dejar el semen dentro usábamos preservativos que después tirabamos por el inodoro.
Todas las noches sacudiamos nuestra novia de goma pluma, mientras uno miraba al otro.
Muchos de mis orgasmos fueron pensando en Norma y en El.
Cuando salíamos de licencia alquilamos un cuarto de hotel donde dejar las cosas y dormir; íbamos al único cine de la ciudad y comimos, casi todas las saludas, milanesas con papas fritas en una cantina (De la Nona Tere) ubicada en puerto.
Después de estar seis meses juntos, que me daba la sensación de toda una vida, tuvimos nuestra primera Experiencia Gay.
Era un sábado de invierno, y para colmo llovía a baldes.
Fuimos al almacén para comprarnos un poco de pollo frio, pan, cervezas y un aperitivo llamado Gancia que tenía buena concentración de alcohol.
El clima no nos dejaba salir a realizar nuestros paseos, Haci decidimos jugar a las cartas. A mí se me ocurrió apostar nuestras ropas, el que perdía debía sacarse una prenda.
Después de muchas manos, Luis estaba bastante vestido y a mi me quedaba por sacar el calzoncillo.
Todo ese juego me provoco mucha exitacion, y mi erección era notoria.
Luis parecía no darse cuenta, pero me dijo que también deseaba agujerear el colchón del cuarto. Me rei.
Ya en pelotas y con la verga re-dura, le aposté una mano de cartas por una chupadita.
No lo ví con mucho entusiasmo; Más bien sorprendido (recuerden que nos creíamos heteros).
Habíamos bebido mucha cerveza, y al tomarnos media botella del aperitivo estábamos más allá del bien y del mal.
Cuando me quise dar cuenta tenía el miembro de Luis dentro de mi boca, el de pie y Yo sentado en una silla.
El alcohol no lo dejaba eyacular y cuando se canso nos acostamos en la cama donde aproveché para hacer una posición invertida y poder, Yo también, metérsela por la boca.
Eyaculamos juntos, por diferencia de pocos segundos.
El se fue al baño para escupir mi semen, en cambio Yo me lo trague, porque lo quería.
Por varios meses repetíamos la rutina, y donde podíamos nos masturbabamos usando nuestras bocas y manos.
Llegando al final del servicio, nos encontramos por última vez en nuestro hotel favorito.
Teníamos toda la noche hasta tomar el avión que nos llevaría de regreso a nuestros hogares paternos.
Después de un par de eyaculaciones, le propuse penetración anal. El se negó a entregar, pero lo ví muy dispuesto para hacérmelo.
Me subí a la cama, y por debajo de mi vientre acomode un par de almohadas.
Le pedí, por favor, que tuviera cuidado porque era mi primera vez.
No sé porque, pero pensé en mi madre que tal vez había pasado por la misma situación junto a mi padre o con antiguos novios.
_ ¡Si, Ella pudo, Yo Tambien! _ me repetí una y otra vez cuando sentí que me abría la punta de su glande. (Aún faltaba el tronco).
Hasta el momento había sentido mucho dolor, y casi llegando a la mitad, un placer inmenso empezó inundar mis ideas.
En el limbo que me encontraba me prometí ser eternamente mejor amigo de Luis, me prometí cuidarlo de por vida y quererlo por siempre.
No uso preservativo!!.., y cuando me lleno de sus espermas me sentí una "mujer fecundada" y tambien, que había dejado de ser un hetero x siempre.
Esa noche no me lave, y guarde dentro mío cada gota de su cuerpo.
Por la mañana, nos despedimos con la promesa de seguir viéndonos. Pero, no fue así.
El volvió con su novia, y después de unos años me enteré que se había casado.
Nunca más nos volvimos a ver.
Por mi parte, volví al barrio con mis padres, y un par de amigos me contaron que Norma había salido con otros muchachos.
Ella quiso volver conmigo, pero Yo ya no la deseaba.
(Para ser justos, Yo tampoco había Sido fiel).
Después del rechazo de Luis, volví a frecuentar un amigo de la infancia llamado Fede, quien termino siendo amante de mi madre (historia que Ya he contado).
Gabriel R
Buenos Aires
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