Xtories

Antonio el Camionero y su Suegra, en Ruta. 12

La ruta es larga y la tentación, más. Entre el dinero negro, los hoteles con bañeras pequeñas y los locales que no piden permiso, Antonio descubre que su suegra no es la única mujer dispuesta a probar su resistencia. Pero cuando la noche cae en Besalú, el verdadero peligro no viene de la carretera, sino de un saco arrastrado en el pasillo.

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En el capítulo anterior:

- Ahora cuando lleguemos a esta fábrica nos iremos a coger una habitación en un hotel.

- Estoy cansada.

- Es que lleva una mañana que no hacen más que entrar y salir pollas de su coño, y eso también debe cansar.

- No han estado mal, pero el escultor me ha dejado bien abierta.

- Es que vaya tranca se gasta el tío.

- ¿Te has dado cuenta que ninguno de esta peña la tenía pequeña?

- Y las tías todas estaban un hartón de buenas, me han quedado ganas de follarme a la del pelo corto.

- Yo también

- ¿Con la del pelo corto?

- De hecho todas tenían un punto de interés.

- Si es lo que yo digo….

- ¿Qué?

- Nada, mejor me callo.

- Sí, no me hagas hablar que no te gustará.

- Suegra, no empecemos ¡eh!

- Has empezado tú.

- Vale, grrrr…

- Sí, gruñe.

Antonio el camionero y su suegra, en ruta 12.

Pasamos por una rotonda donde había montado un control de la policía, estuvieron mirando, pero no nos pararon ¡Menos mal! Me hacen la prueba de alcoholemia y no veas, capaces de quitarme el carnet. Hubiera sido todo por culpa de los raros del bar.

Como habíamos desayunado de puta madre y cantidad, no nos apeteció ir a comer nada, decidimos que haríamos una cena temprano y nos acostaríamos pronto para marchar a primera hora hacía Valencia.

Llegamos a Besalú.

- Mira Antonio ¡Que puente tan bonito! ¡Cuánta gente! Tenemos que acordarnos de ir a comprar una máquina de fotos y nos vendremos a tirar una aquí ¡Que romántico!

- Es románico suegra, no romántico, lo dice en el folleto, puente románico de Besalú.

- ¿Tú eres tonto o te lo haces para cabrearme?

- No se me enfade suegra, que más buena se pone y ya me está poniendo el pito tieso.

- Tú siempre tienes el pito tieso.

- Y usted el coño abierto.

- Y tú el culo también.

- ¡Mecagüem en dios! No empecemos suegra, no empecemos, a ver si al final la lio de verdad

- Has empezado tú

- Parece pequeño el pueblo, mire ahí está la fábrica. Pararé en las oficinas, a ver como tienen eso planeado.

- Yo te espero en el camión. A ver si te dicen donde hay algún hotel con bañera de burbujas.

- Vale, les preguntaré

En las oficinas me recibió un tío de aspecto serio, trajeado de estos oficinistas que huelen normalmente a colonia y van bien peinados. Muy amable el hombre me comunicó donde debía dejar el camión, que a las ocho de la mañana estaría cargado y con los papeles listos. Me dio el nombre de un hotel y me dio permiso para llamar desde ahí para hacer la reserva.

La recepcionista del hotel me dijo que si tenía habitaciones, pero no con jacuzzi, que en el pueblo no había habitaciones de hotel con jacuzzi, que si me valía una bañera, disponía de una habitación con vistas al monasterio de San Pedro, en el mismo centro. Le di los datos y formalicé la reserva. El oficinista eficiente me dijo que estaba cerca, que podía ir andando.

La verdad que era pequeño el pueblo, me dio un mapa y eran cuatro coces recorrerlo, al menos la zona turística. El tío empezó a hacerme publicidad de su pueblo, lo importante que había sido en la edad media, que fue capital de condado, que había muchos judíos y tenían una sinagoga para bañar a las mujeres impuras, que debíamos ir a ver un museo del circo, el monasterio y unos cuantos sitios.

Le agradecí la información y fui al camión a buscar a mi suegra. Aparque el bicho donde me dijo para que lo fueran cargando y nos fuimos hacia el hotel. Hacía calor.

Llegamos al hotel. Era una gran casa de piedra, como casi en todo el pueblo, las paredes eran de piedra, por lo visto no conocían aun el remolinado de cemento para dejarlas lisas y poderlas pintar, o como catalanes, como son agarrados, para ahorrarse el cemento y la pintura. Un poco primitivos si eran por allí.

Una mujer grande, de esas culonas con una gran sonrisa nos atendió. Nos dijo que era la dueña y que estaríamos muy bien allí. Llevábamos solo un par de bolsas con ropa y el maletín, quería con tranquilidad ver y contar la pasta que había ahí dentro. Le dijimos que estábamos ahí por trabajo, tal como nos indicó el tío de la oficina que dijéramos, así nos haría mejor precio por la habitación. Cuando se lo comenté a la propietaria, ella me respondió; que ella también estaba aquí por trabajo ¡Vaya, nada de precio especial!

Llegamos al ascensor y nos dijo que no funcionaba, que ya lo arreglarían, que como era solo una planta, subiéramos andando. ¡Joder! No por nada, pero entras en un hotel y te dicen esto de principio, uno ya empieza a mosquearse.

Cuando llegamos a la habitación me quedé sorprendido, era inmensa y con altillo de madera y todo, el techo era muy alto y a parte de una pared que estaba lisa y pintada, en las otras también se habían ahorrado el remolinado y eran de piedra. El suelo de madera y un balcón con persiana enrollable de las de antes, no como las que venden los chinos, de las de toda la vida. El balcón daba a una plaza grande con una iglesia grande. La cama también era grande. En este hotel todo era grande menos la bañera, eso me decepcionó, seguro que la propietaria no cabía dentro de ella.

Carmen en menos de un minuto se quedó ya en pelotas y se fue a la ducha, yo también me desnudé, no me metí con ella en la ducha porque hubiéramos terminado follando, y dentro de aquella mini bañera era peligroso intentar hacer alguna filigrana sexual. Esperé a que ella terminara para ir yo seguidamente, necesitaba esa ducha.

Abrí la doble puerta al balcón con la mala suerte que debajo en la calle un grupo de gente miraba en este preciso momento el edificio, y aparecí yo en pelotas ante sus miradas. Me metí adentro enseguida ¡Joder! Me enrollé una toalla a la cintura y volví a salir al balcón. Continuaban el grupo ahí, no sé qué coño miraban o esperaban, pero al verme salir, me aplaudieron y saludaron, yo saludé también. ¡Joder! ¡Seré gilipollas! me di cuenta que miraban al balcón que estaba encima.

Miré hacia arriba yo también y vi nada más, ni nada menos, que las bragas blancas, de una política independentista con una bandera de esas con estrella, saludando a la gente. No tenía mala pierna, bien buenecilla estaba la jodida, alguna vez la había visto por las noticias en la tele. Vaya una vecina importante, me hizo gracia.

Carmen salió de la ducha cantando. Fui a ducharme a toda ostia, mi olor era ya insoportable.

Cuando yo salí ya limpio y aseado, si haber sufrido ningún percance dentro de la mini puta bañera, vi que Carmen estaba enrollada con una toalla en el balcón. Me senté en la cama y abrí el maletín.

¡Dios! En mi vida había visto tanta pasta junta. Carmen al verme vino enseguida a la cama.

- ¡Antonio, cuánto dinero!

- Mire están en veintidós montecitos y por cantidad, atados con una goma. Mire estos son de quinientos euros, vamos a contar un montoncito.

Contamos un montoncito de dinero y había cincuenta mil euros. Otro montoncito y había cincuenta mil más. Otro montoncito y cincuenta mil más, deduje que estaban en montones de cincuenta mil euros, por lo que debía haber un millón doscientos mil euros.

- ¡Ay Antonio! ¡Cuánto dinero! ¿Qué vamos a hacer con todo este dinero?

- De momento ponerlo a salvo de ladrones, de policía y alimañas de esas que aman lo ajeno como hacienda. Si nos lo pillan aún se lo quedaría el estado para malgastarlo en el AVE.

- ¿En el AVE?

- Claro, total para putear al transporte por carretera y quitarnos trabajo a los camioneros, esos siempre a joderle a uno.

- ¡Que ilusión! ¡Somos ricos! Ja, ja, ja…

- Tampoco para tirar cohetes, pero creo que va a llevar fruta la puta madre que pario a quien sea. Además ahora hacia el caribe con la francesa que dijo lo pagaba todo.

- ¿Te gusta la francesa?

- Está bien buena la tía y es caliente.

- ¿Me dejarías por ella?

- Suegra ya le dije antes, que a usted no la cambio ni por veientidiez chinas y con la francesa y su hija incluida.

- Te quiero.

Carmen se puso tierna con mis palabras, desnuda como estaba la tumbe boca a arriba en la cama y la cubrí con los fajos de billetes. Empecé besándole los pies. Al principio ella aguantó las cosquillas con gimoteos y risitas pícaras, pero yo durante la ruta había aprendido a tratar bien a una mujer, y esas mismas caricias me gustaron cuando me las hicieron a mí.

De los pies fui trazando camino con mis besos y lengua por sus piernas, despacio, aunque debía aguantarme yo de no saltar encima de ella y follarla a lo bruto, porque ¡Joder! Mi suegra estaba un rato largo buena. No quedó un rincón de sus piernas que no fuera acariciado por mis labios. Llegué a su entrepierna.

Lejos de empezar a comerle el coño y succionar su clítoris, me dedique a los besitos, todos sus pliegues labiales y vaginales los recibieron. Le debían gustar porque enseguida pude comprobar cómo se estaban encharcando sus bajos.

Ascendí trazando el camino de besos hasta su vientre, en el ombligo jugué con la punta de la lengua y saliva un largo rato. Al llegar a sus pechos empecé a succionarlos, muy suavemente, haciendo de mis besos pequeñas ventosas chuponas que masajeaban sus pezones. Se le pusieron tiesos como no los había visto nunca. Acabé el camino en su boca y terminamos en un morreo lleno de saliva, deseo y pasión.

En esta postura del misionero empecé a follarme a Carmen, al principio muy delicadamente, con penetraciones que iban al ritmo del profundo beso interminable que empezamos. Sus suspiros morían en mi boca y sus jadeos se fundían con los míos.

No sé el tiempo que estuvimos así, pero debía ser largo. Durante el polvo habíamos ido cambiando de posturas, y el deseo de ambos de hacer una filigrana en completa simbiosis, nos acercó al altillo de madera y me colgué en el. Al estar colgado, mi polla llegaba a la altura de su boca y Carmen empezó a follarme con ella la estaca.

Mi excitación había llegado a un punto que tuve que correrme. Me vacié entero en su garganta y ella me saboreó el rabo como si de un cucurucho de helado se tratara. ¡Que gozada dios mío! La verdad es que como la chupa mi suegra no la chupa nadie.

Me descolgué, nos vestimos, guardé la pasta, y escondí el maletín entre colchones. Decidimos irnos a dar una vuelta por el pueblo y cenar ya algo, Carmen se estuvo arreglando un rato largo, y se puso quizás el vestido que más me gusta que se ponga, el de lino blanco transparente. Le resigue toda su silueta, realzándole su culo, sus pechos y su estrecha cintura. ¡Que hermosa estaba!

En las escaleras del hotel nos encontramos dos tipejos con mala pinta, asiáticos raros, de esos más morenos que no son chinos, pero casi, que nos miraron mal, hasta a mi suegra la miraron mal, que para mirarla mal a ella, o se es maricón o gilipollas. Nos siguieron los pasos con su mirada, y esto me mosqueó.

¡A ver si tenían cámaras en la habitación y habían visto la pasta y donde escondí el maletín! Como el camión estaba cerca, decidí recoger el maletín y llevarlo al sitio donde yo sabía no lo encontraría ni la guardia civil. Los asiáticos raros, al ver que regresaba a la habitación, me volvieron a mirar mal, pero ahora no me miraban mal, ahora me miraban peor. Esto ya empezaba a cabrearme.

Apareció la dueña del hotel por el pasillo y los asiáticos se fueron, saludé a la propietaria y entré a recoger el maletín. Salimos y nos fuimos directos al camión a dejarlo ahí.

De regreso al centro histórico del pueblo, le preguntamos a un tipejo pequeño, redondo y con barba, que tenía una parada de libros y de cosas raras en la plaza, donde se podía comprar una máquina de fotos. El tío hábil, seguramente atraído por mi suegra, nos intentó vender una que tenía en su puesto. La máquina era más antigua que él, y nos dijo que no sabía si funcionaba o no, pero le sirvió para entablar conversación con mi suegra.

El tío tenía un montón de libros viejos en el puesto, tenía uno que una vez lo leí, el único que he leído en mi vida, me hizo gracia verlo y lo ojeé.

No sé cómo lo hizo, si me convenció o no, pero ya me puso el libro dentro de una bolsa. Mi suegra vio un colgante de piedras brillantes y el tío la convenció en ponérselo, para que viera lo bien que le quedaba la joya, que dijo una vez perteneció a Lola Flores. En un momento que me distraje mirando un prismático, vi a mi suegra detrás del mostrador, frente a un espejo y el menda detrás suyo con la polla pegada a su culo y manoseándole las tetas con la excusa de colocarle bien el colgante.

¡Joder! Mi suegra en vez de cabrearse parecía que le gustaba la situación y ambos se reían. Ya fue demasiado el cachondeo que armamos los tres cuando el tío nos enseñó un estuche de consoladores sexuales. Nos dijo que fueron fabricados en Japón el siglo pasado ¡La de coños que debían haber satisfecho con tantos años! Había en el estuche también, un guante rugoso que nos dijo, mirándome a mí, que era para dar más placer a las pajas masculinas.

Al final salimos del puesto ambulante con el libro que una vez de niño me leí, con los prismáticos, con un colgante que había pertenecido a Lola Flores, y un estuche de consoladores japoneses del siglo pasado. Tuve que arrancar a mi suegra del puesto, porque el tío ya le estaba enseñando a Carmen unas gafas para ver de noche, que al final también nos llevamos.

- ¡Joder Carmen! Casi le compra toda la parada al hombre.

- ¡Qué cosas tan bonitas tiene! ¿Cómo me queda el colgante?

- A usted suegra todo le queda bien.

- El hombre tiene cosas interesantes y bonitas.

- Ya la he visto como le rozaba la polla en el culo y como ha manoseado sus tetas.

- ¡Ay, Antonio! Al pobrecito solo le he dejado que se calentara, me gusta calentar a los hombres, ja, ja, ja…

- Pues lo debe haber puesto en llamas, ja, ja, ja…

- La polla se le ha puesto inmensa, mira que es pequeño el hombre, pero ¡vaya rabo se gasta!

- Es que usted no tiene remedio, ja, ja, ja…

- Vamos a dejar estas bolsas al hotel.

Fuimos a dejar las bolsas a la habitación del hotel. Me di cuenta que con toda la historia en las compras, el pequeño, redondo y con barba, no nos había dicho donde podíamos comprar una cámara de fotos. Me tuve que reír.

Se me fue la risa cuando vi a los dos asiáticos raros en el pasillo, me volvieron a mirar mal. Esto ya me estaba mosqueando ¿Qué cojones hacían allí esos tipejos? Cuando salimos de la habitación ya no estaban.

Fuimos hacía otra plaza, vi que había el ayuntamiento y varios bares y restaurantes. Anteriormente me sorprendió ver en la otra plaza un montón de bares y restaurantes todos cerrados ¡La crisis! Pensé yo. En esta plaza había un bar abierto. Nos fuimos hacia allí. Resultó que solo hacían bocadillos fríos, nos pedimos dos cervezas y nos sentamos en la terraza.

Llegó un “cuponero” de la ONCE sobre un patinete tuneado. Parecía un árbol de navidad andante de color verde y amarillo.

- Mira Antonio, voy a ir a comprarle un cupón al ciego, a ver si tenemos suerte y nos toca.

- ¿No ve que este tío de ciego no tiene nada? Si no para de mirarla, seguro lo ha puesto ya caliente.

- Bueno alguna cosa tendrá, que venda cupones de los ciegos.

- Tendrá la polla tiesa de mirarla a usted, si parece que le van a saltar los ojos del casco, ja, ja, ja…

- Ja, ja, ja ¡Que tonto eres! Voy a por un cupón.

Rato largo se entretuvo Carmen mirando los cupones que le colgaban del pecho hasta la cintura al cuponero, parecía el tío un estand con cabeza. Apareció con ellos, un lugareño primitivo, y desgreñado con el pelo blanco, medio jorobado, seguramente por lo largo que era el tío. Era como un palo con barriga. Los tres se reían.

Al final regresó Carmen a la mesa con un puñado de cupones y unos cartoncitos que se llaman “rascas” que hay que rascarlos y ves si hay premio o no.

- ¡Caramba Carmen! Hoy usted está dispuesta a comprar a todo ambulante que se encuentre.

- Pobrecito, hay que ayudar a los desvalidos, el pobre antes era albañil, pero se cayó de un tejado y ahora es inválido de pies.

- Vaya, pues no se ve que no ande, o esté mal.

- Es el hermano del hombre del puesto de libros y cosas bonitas de la otra plaza ¿Ves cómo se parecen?

- Ahora que lo dice, si se parecen.

- El otro aunque más mayor es más guapo, aunque tiene más barriga, este está muy fino y muy bien, además los dos tienen buen rabo.

- ¡Joder suegra! ¿Y cómo lo sabe que tienen buen cipote?

- Pues porque les he palpado a los dos el paquete. El cuponero tiene esta tira de cupones que le llegan hasta la polla, entonces he cogido la tira para mirar un cupón y el hombre me ha acariciado con su rabo el dorso de la mano, y yo se lo he agarrado. Como la mano queda tapada por los cupones, nada se ve. El largo ese que habla raro se ha dado cuenta y también me ha acercado el bulto, así han estado entretenidos un tiempecillo, el cuponero me ha regalado dos rascas y el largo me ha regalado dos cupones.

- ¡Joder suegra! Está usted que no para, ja, ja, ja… va a poner caliente al pueblo entero, ja, ja, ja…

- No seas tonto, va, rasca un boleto de esos.

Nos pusimos a rascar los boletos, se acercó el cuponero a la mesa blandiendo los cupones que tapaban su paquete, fue acercándolo a Carmen, seguramente esperando reacción de parte de ella. De los que rascamos, fue comprobando boletos y no había ni uno acertado.

Tenía boletos de varios precios, los más caros valían diez euros. Me lancé a competir con mi suegra y le compré una ristra de diez de diez euros. Dijo que me podía tocar hasta un millón de euros ¡como para creerlo! además con una pelilla de tres colores, y con más cicatrices que Cristo en semana santa, la pinta del tío no era de mucho fiar.

¡Que el cuponero era cojo! dijo Carmen, se lio de golpe a correr dando vueltas a la plaza como un tonto detrás de una gallina. Pagaba unos alaridos que parecía le había dado un calambre. Cuando en uno de sus aspavientos lo tuve cerca, le di una colleja que lo frené en seco.

- ¡Te ha tocado! ¡Te ha tocado!

- ¿Qué dices atontado? Trae ese boleto para acá.

- Mira, treinta mil euros ja, ja, ja…

- ¡Joder Antonio! Ves y tú no te fiabas del cuponero.

- Carmen, yo hasta que no tenga la pasta en la mano no me fio.

¡Puto cuponero! Va el tío y resulta que en uno de estos rascas de diez euros había un premio de treinta mil euros. Mi suegra estaba abrazada a él y este no la soltaba, ni que le robaran el patinete tuneado. El largo del pelo blanco hablaba y hablaba pero yo no lo entendía de nada.

Parece que la alegría se contagió porque salió la camarera del bar pegando botes y gritos, con sus dos tetas balanceando, me saltó encima abrazándome y felicitándome ¡joder con el salto! por huevos tuve que agarrarla de las nalgas y aguantarla, si no, menuda leche se pega de culo al suelo ¡mira que saltar sin saber si uno la va a coger o no! Pilla a un tío malaje y seguro se la mete.

Aunque madura, me puso la polla tiesa, y tal como la tenía cogida empezó a refregarse por mi bragueta. La tía no me soltaba, intente bajarla, pero no había maneras, agarrada a mi cuello y con las piernas alrededor de mí cintura ni pegándole braguetazos ni haciendo el hula-hop se soltaba. Como se empezaron a abrir botellas de cava, sin nadie haberlas pedido, andaba la gente alborotada y mi suegra también. Yo con la camarera a cuestas me fui al servicio para desenganchármela.

Antes de llegar, la tía ya me había sacado el rabo del pantalón y me estaba dando un morreo. Como su saliva tenía buen sabor, al menos no era de fresa, me lie a pegarle un morreo en toda regla. Frente al tocador, la senté bajándole las mallas y las bragas a la vez, hasta donde la postura me permitió. Lo principal es que mi capullo encontró enseguida los pelos de su coño, y pronto la muy mojada vagina. Se me metió el rabo solo para adentro del tirón.

Me puse a follarla sistema pistón mecánico, tampoco era para estar mucho tiempo ahí y además ya se me había soltado. Gemía demasiado, le di dos manotazos a las tetas y se las puse a pendular para que se callara o al menos cambiara el sonido agudo de sus gemidos, de pronto eran gritos y jadeos los que prorrumpía. Los gritos debían alentar a la dueña del bar. Una rubia larga con un buen culo. Se puso a gritarnos.

- ¿Estáis locos? Deja de follar, esto es un sitio público.

- ¡Y yo que quiere que le diga señora! es su camarera que se ha pegado a mí.

- Suéltala te digo.

Al oír eso, la camarera volvió a agarrarme del cuello y a rodearme con sus patas.

- ¿Ve que le digo? Es ella que no me suelta.

- Sácale el rabo de dentro animal, que si la lastimas coge la baja y hay mucho curro.

- Intente sacármela usted, que así yo no puedo.

- Pero deja de metérsela.

- No puedo, mi pito ha entrado en modo “follar pistón mecánico” y no para, va solo.

- ¿Pistón mecánico?

Se agacho la dueña del bar para mirar de cerca como entraba y salía mi rabo del coño de la camarera. Me lo agarró de la base del tronco e intentó sacarla de dentro de la vagina a lo bruto. Como el rabo es largo, grueso y estaba muy metido, no pudo; lo único que consiguió fue darle aún más gusto a la camarera, que se orgasmo u orinó pringando su mano.

- ¡Cagum en deu qui ho va parir tot! M`has deixat la má xopa.

- No sé lo que dice señora, pero ha conseguido que ya no oponga resistencia, voy a sacársela.

Cuando saqué el rabo de dentro del coño de la madura, arrastré todo lo que había ahí dentro y salió otro chorro. Esta vez la propietaria si quedó pringada, y bien. Todos los fluidos que tenía la camarera fueron a su cara. Emitió un chillido tan grande y agudo que casi me rompe los tímpanos, menos mal que reaccioné rápido y le metí la polla en la boca para silenciar el grito. Calló enseguida, y aunque quisiera toser o gritar, con la boca llena no podía. La cabrona me estaba dando placer, me estaba haciendo ya una mamada en toda regla.

Se presentó el tío largo del pelo blanco que hablaba raro riéndose. Al ver la escena y la camarera sentada en el lavabo y espatarrada, se sacó el mango y se lo metió. Nos miramos y sonreímos. Él ahora se follaba a la camarera y la madura propietaria me estaba haciendo una mamada de muy señor mío.

Estábamos en esto cuando aparece Carmen con el cuponero y un inverosímil ser humano difícil de describir con gran barriga. Me presentó a este lugareño como el fotógrafo que tenía una tienda de fotografía enfrente y vendía cámaras de fotos.

- Antonio, siempre estás igual y después dices de mí.

- Y que quiere que le haga yo Carmen, si son ellas las que no me sueltan.

- Bueno me voy con este a ver cámaras de fotos y compraré una, el cuponero me acompaña.

- Vale suegra, aquí estoy, no tarde mucho.

- Ahora vuelvo ¡madre mía como traga la mujer!

- Si, ya ve, le ha cogido deleite a mi rabo ¿Ha visto que buen culo tiene?

- ¡Uy! Ja, ja, ja, ya veo cómo terminará esto, ja, ja, ja…

La verdad que así en cuclillas como la tenía mamando, se le percibía buen culo de pera a la señora. No fue fácil quitarle el rabo de la boca, tuve que darle una bofetada y aprovechar cuando la abrió para quejarse, sacársela. La agarré del pelo, la levanté, le di un morreo antes de que pudiera decir algo, y mientras, le bajé los pantalones.

La puse de espaldas a mí y la recliné sobre el lavabo ¡Buen culo, si señor! Agarré el dispensador de jabón y le eché un chorro al ojete. Cuando percibió lo que quería hacer le metí de una estocada la polla desde atrás por el coño, para despistarla de mi objetivo. El método del pistón mecánico no fallaba, a los pocos minutos dejó los insultos para pedirme que le diera más fuerte. Empecé a nalguearla, le pegué unos cuantos cachetazos que seguro le dolieron. Lo hice para confundir el dolor, y cuando iba a quejarse, apunté el capullo al ojete y en dos acometidas le metí todo el rabo dentro.

Ahora lloraba y la camarera sentada sobre el lavabo follando con el largo a su lado, la consoló como a un bebe dándole teta a mamar. Me empecé a maldecir a mí mismo ¡seré gilipollas! Mi capullo me transmitía gurumelos seguramente de mierda dentro de su recto. Tenía claro pues, que no me correría ni me meraría dentro, y que tenía que sacarla con “arte” para no salpicarme si salía algo disparado de ahí. Puse la marcha de follar “pistón mecánico” y cuando noté su orgasmo, la saqué de golpe, de un tirón.

Siempre recibe el que no le llaman, en aquel preciso momento apareció el marido de la propietaria del bar, y no solo se salpicó de lo que salió del culo de su mujer, sino que lo hizo resbalar. Al intentar aguantar el equilibrio se agarró al largo del pelo blanco que estaba follando a la camarera y los dos con camarera incluida, fueron por aquellos suelos escagarruzados.

Los “mecagüem en deu” aparecieron e hicieron bajar a todos los santos del cielo. Me fui de ahí para no salir salpicado, el largo del pelo largo maldecía al marido por haberle arrastrado al suelo, el otro lo maldecía a él por follarse a la camarera, y a su mujer por haberse cagado en el suelo. La propietaria maldecía a la camarera por haber liado todo esto. No escuché más maldiciones y me fui.

Todo el bar bebía cava y brindaban por mi suerte, y yo no conocía a nadie, ni ellos me conocían a mí. Aquello era muy surrealista. Menos mal que apareció Carmen con el cuponero y el fotógrafo. Llevaba una cámara que parecía buena, al menos es la propaganda que el fotógrafo me iba haciendo, me dijo que nunca se rompía aunque me cayera al suelo. Me la enseñó y me enseñó lo fácil que era usarla. Le dije que gracias. Me dio las gracias a mí por tener la suegra-novia que tenía.

Como ya iba oscureciendo decidimos irnos al hotel a dejar la cámara e irnos a cenar. No querían los lugareños despegarse de Carmen, insistían en acompañarnos y que nos llevarían a un sitio que se comía de puta madre para arriba. Quedamos que en media hora pasarían por el hotel a recogernos. Pensé después ponerles cualquier excusa para librarme de ellos.

Antes de irnos al hotel pasamos a pagar la cuenta del bar, al entrar vino hacia nosotros la propietaria, con una sonrisa de esas que nada bueno llevan. Y no me equivoqué, antes de ponerse frente a mí, me arreó un bofetón en todo el moflete que me dejó parado.

- Esto por haberme dado por el culo sin mi permiso.

- Es que verá, no sé qué me pasa últimamente cuando follo, que me da por meterla por ese agujero. Lo siento, es superior a mí, cuando mi polla huele un culo hermoso, para allá se va.

- Aún me duele, eres un bestia, pero he de reconocer, que ¡vaya rabo te gastas!

- Bueno, queremos pagar lo que se debe.

- Ahora el camarero te lo dice, bueno, ha sido un placer conocerles, y me alegra la suerte que han tenido con el rasca. Adiós.

- Adiós.

Vaya con la tía, va, me endiña un bofetón y nos clavan doscientos euros en cava ¡será posible! Si yo no pedí nada, ni mi suegra tampoco. Pero bueno, como nos había tocado el premio y pasta había, hasta le di a la camarera cincuenta euros de propina.

Llegamos al hotel y ¡joder! Otra vez los dos asiáticos raros en el pasillo. Se fueron despacio por el pasillo mirándonos mal por encima de los hombros mientras se alejaban. Iba a decirles algo, pero no quería liar una trifulca. Vaya día más intenso que llevábamos. Llegamos a la habitación y me tumbé enseguida en la cama y mi suegra también.

A la media hora exacta ya estaban vociferando en la calle los lugareños, tocando los cojones, para llevarnos a cenar. Salí al balcón. A regañadientes les convencí, que no saldríamos a cenar, y al final, quedamos en desayunar a las ocho de la mañana en un bar al lado de la fábrica donde tenía el camión. Dijeron que desayunaríamos de puta madre. Con tal de que nos dejaran en paz, les dije que vale, que allí estaríamos.

Al fin un poco de paz. Mi suegra volvió a ducharse, hacía calor, el aire acondicionado no funcionaba. Llamé a recepción, me dijeron que ya lo conectaban. Lo conectaron, pero ¡joder! Apenas se notaba, les volví a llamar, y va la tía y me suelta un rollo del ahorro energético. Salí al balcón, ya era oscuro, además no había luna y por lo visto el ahorro energético debía aplicarse también en la iluminación de las calles, no se veía casi nada.

Bueno, si vi, los dos putos asiáticos que miran mal en la esquina del hotel ¿Y esos tíos? ¿Qué coño harán? Turistas no son, aunque sean asiáticos raros. Quizás son agentes de la política que se aloja en la habitación de arriba. Todo parecía la película de una novela negra ¿irán armados? Al poco miraron hacia arriba y me pillaron mirándolos. Cuando volví a mirar ya no estaban.

Carmen se acurrucó a mi lado y se quedó dormida enseguida. La miré ahí durmiendo como la miraba siempre cuando dormía y debo de reconocer que ¡la madre que parió a mi ex que buena que estaba!

Al rato, y ya cuando empezaba a conciliar el sueño, oí unos ruidos extraños en el pasillo de las habitaciones, no le hice caso y me dormí. Me desperté poco antes de que amaneciera y oí otra vez los ruidos raros en el pasillo. Sigilosamente entreabrí un poco la puerta para ver que eran esos ruiditos. ¡La madre que parió a los asiáticos raros! Estaban arrastrando un saco grande por el pasillo. ¿Qué cojones llevaran dentro? ¿A dónde irán con este saco a estas horas? Decidí salir haciéndome el tonto, me colgué la máquina de fotos en el hombro para despistar.

Si siempre me habían mirado mal o peor, ahora sus miradas me clavaron malas intenciones. Al momento uno deja de arrastrar el saco que llevaba y vino hacia mí. Antes de llegar, se metió la mano en el bolsillo y sacó una pistola. Me apuntó a la cabeza con ella.

- Silencio o te vuelo los sesos

- Tranquilo, no te pongas nervioso, no hay que ponerse así.

- Levanta las manos.

- Oye que a mí me importa tres carajos lo que hacéis y deja de apuntarme con eso que me voy a cabrear de verdad.

- Ja, ja, ja, pobrecito, se va a cabrear. Te voy a pegar un tiro en la sien y verás tu cabreo adónde irá.

- No te lo cojas tan a pecho que vas a tener que ponerte sujetador ja, ja, ja…

- Encima te ríes, entra en tu habitación, venga.

- No, que mi suegra está durmiendo y no quiero despertarla.

- Que entres o te pego un tiro a ti y a tu suegra.

Ya cuando amenazó a mi suegra, mi paciencia llegó a su límite y tal como estaba con las manos arriba, bajé un brazo rápido, agarré la cinta de la cámara y le di con ella al voleo una santa ostia entre oreja y oreja que se desplomó de golpe. El otro dejó el saco y vino a por mí al ver a su compañero ahí tumbado. Con la cámara al voleo le di en todo los huevos, al agacharse a retortijones, le di una patada en los morros que más de un piño le saltó y otra ostia en la cabeza con la cámara que ya lo dejó quieto.

Al oír la escandalera mi suegra salió de la habitación y me alertó que el primero, el que llevaba la pistola se estaba levantando. La cámara de fotos impactó en su testa y volvió a dejarlo a sitio.

- ¿Qué pasa Antonio?

- No lo sé Carmen, he salido y estaban arrastrando aquel saco, y este que ha venido a por mí con pistola en mano y quería liquidarme. Vaya a avisar a la recepcionista que llame a la policía yo me quedo vigilando a estos dos para que no resuciten.

- Mira Antonio, el saco se mueve.

- Vaya a avisar a la policía, venga, rápido, que aquí me temo que ha pasado algo raro.

Uno de los tipos empezó a moverse para levantarse, le arree otra dosis de cámara de fotos en el cogote, para volver a dejarlo quieto. La verdad es que la cámara que nos vendió el fotógrafo era buena, había noqueado a dos tíos y estaba perfecta, nada se había roto, al menos no me engañó con la calidad.

Abrí despacio el saco y ¡sorpresa! Me encontré amordazada y atada a la política independentista de las bragas blancas. Se las debía haber cambiado, porque las que llevaba ahora eran verdes. Sus ojos parecían dos platos cuando me vio. Le quite el esparadrapo de la boca y la desaté. Se lanzó a mis brazos llorando.

Menos mal que me dio para mirar a los dos tipos, porque uno se estaba levantando ya a coger la pistola. Fui rápido y le arree un ostión con la cámara en la nuca que volvió a quedarse atontado. Le di una patada a la pistola y la envié al fondo del pasillo. Este lo dejé noqueado pero respirando, creo que el otro ya no respiraba.

Llegó Carmen con la policía y la propietaria del hotel. La propietaria del hotel me pegó la bronca por haber hecho ensangrentar a los individuos, y que se manchara el suelo del pasillo de sangre. La envié a tomar por el culo.

Mi suegra se lanzó a mis brazos llorando de la emoción. Cuatro policías enseguida se echaron sobre los dos tipejos a esposarlos. Una policía de esas de aquí que les llaman mozos, o sea una moza, vino hacia mí a preguntarme. Y no veas como estaba la moza, lo que ahora le llaman un pibón. La propietaria del hotel interrumpió nuestra primera mirada, reclamando a ver quién le pagaría a ella el lavado de la sangre de la moqueta. La mirada tierna de embaucado que le hice a la moza, se volvió una mirada hacia la propietaria que avisaba muerte segura, lo entendió. Dejó de protestar y se fue maldiciendo santos.

- Buenas noches.

- Buenas noches señora agente.

- ¡Vaya!

- Sí.

- ¿Qué?

- Que ahora mismo si me dicen que el muerto soy yo, me lo creo, solo hay ángeles en el cielo.

- ¿Ha bebido usted?

- De la fuente de la belleza

- ¿Esta atontado o se quiere quedar conmigo?

- Atontado y estupefacto ante tanta hermosura. Si usted me dice que me quede, me quedo.

- Venga, déjese de monsergas y al grano ¿Qué ha pasado aquí?

- Disculpe señora agente, habrá sido cosa del momento, debe de entenderlo, pocas veces a uno se le aparece un ángel.

- Mire… a ver ¿Cómo se llama? Documentación, venga que ya va a amanecer.

- ¡ANTONIO! Se llama Antonio y es mi novio. He sido yo la que les ha avisado.

- Buenas noches ¿Usted vio lo que ocurrió?

- ¡Claro!

- Bueno suegra, no todo lo vio, pero menos mal que apareció y me avisó que el tipejo me apuntaba con la pistola.

- ¡Suegra! ¿Pistola?

- Sí le di una patada y esta al final del pasillo.

- ¿Su suegra?

- A la pistola le di una patada y esta al final del pasillo, mi suegra está aquí.

- En qué quedamos ¿es su suegra o su novia?

- ¡Joder! Que es largo de contar, se llama Carmen y si, somos como novios, aunque es mi ex suegra.

- ¡Ah! Vale entiendo. Vaya, ahora que me viene a la memoria ¿No serán ustedes los héroes de Miribel y de La Junquera?

- Pues si, para que la voy a engañar.

- ¡ES ANTONIO EL HEROE DE MIRIBEL Y DE LA JUNQUERA!

¡Joder! Sí que era famoso yo. La política independentista se lanzó a mis brazos, la policía también y empezaron a llegar un montón de gente, más policías, prensa y curiosos.

La policía me llevó a una habitación, que era la nuestra, a que hiciéramos Carmen y yo la declaración de los hechos. Arriba en la habitación de la independentista, se encontraron a dos tipos desnudos, atados y amordazados. En la habitación que ocupaban los dos asiáticos raros, solo encontraron restos de comida y basura. Se ve que los tíos llevaban ahí tres días esperando el momento para secuestrar a la política.

Después de explicarle los hechos acontecidos tal y como ocurrieron, le dijo a mi suegra que podía salir de la habitación. Carmen salió.

- Dígame

- Me

- ¿Qué?

- ¿No me ha dicho que diga “me”?

- ¡Joder! Es usted imposible

- Que va señora, créame, si soy posible y además tiene todas las posibilidades del mundo.

- Ja, ja, ja, mejor ya me lo cojo en broma. ¿Sabe que ha salvado de un secuestro a la ex presidenta del parlamento catalán?

- A la pobre la han metido dentro de un saco y a saber lo que le habrán hecho.

- A ella no la violaron, pero a sus dos guardaespaldas sí.

- ¿Violaron a los guardaespaldas?

- Sí

- ¿Y cómo lo hicieron?

- Cuando hayan prestado declaración lo sabremos.

- Esos tíos son muy raros.

- Son Iranís, de Irán, Interrogaremos al vivo cuando sane de las ostias que le ha dado con la cámara.

- Buena cámara me vendió el fotógrafo, ya me dijo que era una cámara muy buena.

- Ja, ja, ja, usted no tiene remedio

- Sí tengo remedio, ahora mismo y perdone, no quiero que se ofenda, lo remediaría al momento si usted me dejara.

- ¿Si yo le dejara qué?

- Violarla, follarla y amarla. Remediaríamos dos cosas a la vez con un remedio que todo lo remedia.

- Ja, ja, ja, es usted directo, pero no se haga ilusiones, soy una mujer casada.

- No soy celoso y mi novia tampoco.

- Ja, ja, ja, ja… ¡es usted increíble! ¿no ve que estoy trabajando y llevo el uniforme?

- Un pequeño parón mientras se trabaja es bueno, nosotros los camioneros nos debemos parar cada dos por tres, en cuanto al uniforme, se lo quito en un plis plas.

No le di opción a contestar, porque ocupé su boca con la mía y le fui aspirando toda la saliva que sacaba y hasta el aliento. Ya le había quitado la camisa cuando el que respiraba era yo, para ella y para mí ¡eso es bueno! la respiración boca a boca les gusta a mis amantes, lo he ido aprendiendo durante el viaje. Sus pechos, preciosos, se aplastaban en mi cuerpo, me sacó ella misma la polla y quería acariciarla con sus tetas, pero yo no la dejaba, sin forzarla, mantenía la respiración de ambos. Le desabroché el cinturón y con mi pie me ayudé para bajarle pantalones y bragas, ella levantó sus patas y terminó de sacárselos. Ya estaba en pelotas.

Mi empalme ya era bestial, me parece que nunca me había visto con la polla de aquel tamaño, solo cuando me corro hacia dentro de mí, que después se pone doble. Ella me pajeaba y yo continuaba respirando por ambos, hasta que decidí dejarla para ver qué haría.

Tuve que darle una bofetada y advertirla que si me volvía a morder el pito, acabaríamos mal. Lo entendió. Era toda una zorra ardiente. Guapa, con un cuerpo moreno de diez, unos pechos que ni dibujados, y una apasionada en comerme la polla y los huevos. Se acariciaba las mejillas con mi verga y decía cosas que yo no entendía, en catalán.

Ella misma se agarró a mi cuello y de un salto se enredó las piernas en mi cintura. Antes de que mi polla apuntara la entrada de su coño, se orinó.

- ¿Te puedo confesar un secreto?

- Claro… soy su confesor

- Me he masturbado y he soñado que era yo la periodista con la que ibas corriendo ensartada a tu polla en el parquin de Miribel. Tú corrías fallándola y ella se iba meando. En la tele no lo censuraron.

- ¡Madre mía la de polvos que te metería!

- Sí ¡fóllame, fóllame…!

- ¿Sabes lo que es un pistón mecánico?

- No, enséñamelo, pero fóllame ¡por dios!

La policía flipó. Tal como la tenía, le metí el rabo de una estocada, hasta el fondo, abrí camino inexplorado y se pegaron mis huevos a su culo. Me mordió la oreja y tuve que nalguearla, aunque nos gustó a ambos, a mí la mordida y a ella las nalgadas.

Cuando empecé a follármela estilo pistón mecánico, empezó a gemir, jadear y berrear en todos los idiomas, en el que más, en el común de todas las zorras cuando follan, lloran y se mean.

Mientras la mantenía ensartada y ella se iba meando, le metí un dedo en el ojete, luego dos, tres. Ya me venía en mente metérsela por este orificio cuando pensé en las escagarruzas, y lo que sale y pringa según el estado en el que se encuentren sus intestinos. Me olí disimuladamente el dedo que le metí dentro y la verdad que no olía nada mal. Me fui repitiendo; por el culo no… por el culo no… por el culo no…

¡Soy un gilipollas! menos mal que ella estaba desfallecida, porque saqué el rabo del coño de un tirón y se lo metí también de un tirón, dentro del culo. ¡Como lloraba y que guapa que estaba! Sus ojos llenos de lágrimas la hacían más bella que la virgen del Rocío. Su recto quemaba, me corrí hacia adentro mí y la polla cogió el volumen que coge cuando me corro de esta manera. Aquel recto, nunca volvería a ser el mismo.

Y yo el mismo gilipollas de siempre. No tenía que darle por el culo, la he roto. La fui bajando para ponerla de pie al suelo, pero sin sacarle el rabo. Preparaba sacarle el cipote, una vez ambos de pie, sacarlo, y ladearme rápido, por si sale algo disparado de ahí dentro. Parece que las escenas se repiten en la vida.

Se abrió la puerta de la habitación y apareció un policía, mi suegra, la dueña del hotel, periodistas y más gente. El policía los hizo salir a todos, menos a la dueña del hotel que me estaba dando collejas a mi espalda.

¡Ahora vera esa culona! Ya estaba hasta los cojones de esta señora, me mee dentro del culo de la moza, y en un momento dado mientras continuaba detrás mío dándome collejas, le descorché el rabo del culo, me ladee rápido y el chorro increíble que salió del recto de la moza, se fue a parar sobre la propietaria del hotel. Meado, escagarruzas y vete a saber que objetos no identificados salieron de ahí disparaos. El olor era bestial. Mi primer meado de la mañana siempre huele bastante y junto todo aquello.

Intentó la propietaria del hotel agredirme, pero con los vertidos del suelo, se resbaló y en la caída arrastró al otro policía, bueno mozo como le llaman aquí. Ambos se pusieron a cagarse en dios y en todos los santos.

Yo en la confusión, me llevé en brazos a la moza, que la pobre estaba en otro mundo, a la ducha. Bajo el chorro del agua y ante tanta belleza la reviví haciéndole el boca a boca. Abrió sus ojos y me miró, y yo absorto y como se mira a la virgen en el altar, de la respiración boca a boca, pase a besarla de verdad. Ella me sonrió.

- ¡Dios que he hecho! ¡qué placer dios mío! ¡Cagüm en deu qui ho va parir! Ens ha vist algú?

- ¿El qué?

- ¿Nos ha visto alguien?

- Bueno, ha sido todo muy raro, muy surrealista la verdad, la que más de cerca la ha visto y la más cabreada, la dueña del hotel por haberla cagado encima.

- ¡Dios mío qué vergüenza!

- Vergüenza no, mierda, no vea todo lo que ha soltado, pero ahora seguro se encuentra mejor.

- Mi ropa.

- Mire, vamos a hacer una cosa, porque a mí ya pronto me esperan para desayunar el cuponero, el fotógrafo y un tío raro de pelo blanco. Salgo y le traigo la ropa y a ver como esta todo por el pasillo, usted no salga, hasta que yo se lo diga ¿Vale?

- Vale. Eres ¡mi héroe!

¡Joder! Al final me voy a creer en que soy un héroe de verdad. Ya llevo tres rescates ¡joder! ¿Seré un super héroe?

Salí del baño y en la habitación no había nadie, le pasé el uniforme, y la pistola también. Estaba muy manchado, en el suelo había mucha mierda. Le dije que las bragas y el sujetador no se los pusiera, que iría mejor sin ambas prendas. Salí al pasillo.

CONTINUARÁ.

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