Xtories

Antonio el Camionero y su Suegra, en Ruta. 13

La policía creía que estaba a salvo en la habitación, pero Antonio tenía otros planes. Entre el jabón y la espuma, la ley se rompió contra la pared de la ducha. Ahora, con la sirena de la policía a cuestas y el viento en la cara, ella no es la única que ha perdido el control.

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En el capítulo anterior:

- Bueno, ha sido todo muy raro, muy surrealista la verdad, la que más de cerca la ha visto y la más cabreada, la dueña del hotel por haberla cagado encima.

- ¡Dios mío qué vergüenza!

- Vergüenza no, mierda, no vea todo lo que ha soltado, pero ahora seguro se encuentra mejor.

- Mi ropa.

- Mire, vamos a hacer una cosa, porque a mí ya pronto me esperan para desayunar el cuponero, el fotógrafo y un tío raro de pelo blanco. Salgo y le traigo la ropa y a ver como esta todo por el pasillo, usted no salga, hasta que yo se lo diga ¿Vale?

- Vale. Eres ¡mi héroe!

¡Joder! Al final me voy a creer en que soy un héroe de verdad. Ya llevo tres rescates ¡joder! ¿Seré un super héroe?

Salí del baño y en la habitación no había nadie, le pasé el uniforme, y la pistola también. Estaba muy manchado, en el suelo había mucha mierda. Le dije que las bragas y el sujetador no se los pusiera, que iría mejor sin ambas prendas. Salí al pasillo.

Antonio el camionero y su suegra, en ruta. Capítulo 13

Al salir agradecí que estuviera Carmen, ella sola estaba rodeada de cuatro policías que se reían de alguna de sus gracias y no me prestaron ni atención. Había los de la ambulancia con dos camillas preparadas y hablando, estaban dos tipos gordos de esos que siempre tienen la cara colorada debido al nudo de la corbata.

¡Qué ganas de sufrir tienen vistiendo así! Había uno que llevaba la camisa que se le iban a reventar los botones, como así fue. La mala suerte del botón-proyectil que salió disparado, la tuvo una camillera de la ambulancia, que se le clavó en el ojo. ¡No gritaba la muchacha ni nada! Los mozos y mozas los apartaron del lugar y le recriminaron al gordo-esfera de pelo blanco que no llevara una camisa de una o dos tallas más.

Los sanitarios atendían a la muchacha, que se la llevaron en una camilla, decían que como consecuencia del impacto del botón, seguramente perdería el ojo. La barriga que disparó el botón-proyectil, era la consecuencia de la buena vida de un político independentista, del partido de la que intentaron secuestrar.

Los dos tipos yacían ahí esperando no sé qué. El que respiraba dejó de hacerlo. Se dieron cuenta al rato, y luego todo eran prisas y se lo llevaron cagando leches. Vino otra policía hacia mí y me preguntó cómo se encontraba su compañera. Yo le dije que esperaba que se encontrara mejor, que le entraron unos retorcijones de estómago seguramente por algo malo que comió. Me dijo que ¡Ya! Y se echó a reír.

- No es de buena compañera reírse de los males de una.

- Ja, ja, ja, es que tiene gracia su respuesta; retorcijones en el estómago por haber comido algo malo, ja, ja, ja, ja…

- Bueno, señora, no se ría, además ¿Cómo iba a saber ella que hoy la darían por el culo? Si lo hubiera sabido, seguro que viene con lavativa aplicada.

- Ja, ja, ja… Oiga ¿Sabe que ahora es aún más héroe? Héroe de Miribel, de la Junquera, y ahora de Besalú, al final le van a dar una condecoración nacional por liberar secuestradas. Porque todas las liberadas son mujeres.

- ¿Está usted secuestrada?

- Ja, ja, ja, no, pero estoy casada, ja, ja, ja…

- Bueno, viene a ser lo mismo, es una secuestrada del hogar por un hombre que quizás la maltrata y no se la folla como se debe follar a una preciosidad de criatura como usted.

- ¡Oiga! Tampoco se pase ¡eh! Que yo no estoy ni secuestrada, ni mal tratada, ni mal follada ¿Vale?

- No era mi intención cabrearla señora agente, pero ¿Cuánto hace que no folla? ¿Eh…?

- Y a usted que le importa cuánto hace que no follo

- Sí me importa, todo héroe de pro ante la emergencia de una bella dama, debe de acudir en su auxilio.

- Usted se pincha vinagre ¡madre mía como está el patio!

En estas vino hacia nosotros la política liberada.

- Debo darle las gracias Antonio por haberme liberado. Ha sido usted la providencia divina. Estos dos llevaban muy malas intenciones. No sé cómo agradecerle lo que ha hecho.

- Bueno señora, yo si se cómo debería agradecérmelo, pero quizás se cabree conmigo si se lo digo.

- Pídame lo que quiera, que si puedo se lo doy.

- Es que aquí y rodeaos de tanta gente me da vergüenza.

- Venga entremos en esta habitación y me lo dice.

Y así lo hicimos, ante la mirada incrédula de la moza, de mi suegra y del barril lanza botones, que los hicimos quedar afuera en el pasillo, entramos. Una vez en la habitación nos miramos. No estaba mal la puretona independentista.

- Dígame Antonio, dígame como debo de recompensarle por haberme liberado.

- Mire señora, yo se lo diré claro. La primera vez que la vi, fue desde el balcón de debajo de su habitación. La visión me apareció como un hada con bragas blancas. Porque usted reconocerá que tiene buena pierna, no me lo invento yo. Cuando la saqué del saco, las llevaba de color verde.

- ¡Caray! En qué cosas se fija usted. ¿No pretenderá que le de mis bragas?

- No haría nada con ellas, solo tenerlas, me permitiría recordarla, sería suficiente para mí y si me las firma y dedica ya sería el summum. Soy hombre serio, le aseguro que nunca lo haré público.

- ¡Caramba! No sé qué decirle, es una petición un poco extraña. Estaba preparada para decirle que no, porque pensaba que me iba a pedir pegar un polvo.

- Bueno, eso se lo pediré después de haberse quitado las bragas.

- Pues ya le digo ahora que no, que no voy a pegar un polvo con usted.

- ¿Por qué?

- Pues porque no es el momento, ni el lugar, ni nos encontramos en condiciones para hacerlo.

- ¿Sí fuera el momento, en el lugar y nos encontráramos en condiciones, lo haría?

- No.

- ¿Por qué?

- Porqué soy una mujer casada.

- ¿Si no estuviera casada lo haría?

- Pues no lo sé, pero bueno ¿Quiere esas bragas? Que debo irme y cumplir mis obligaciones institucionales.

- Vale, va, deme las bragas, pero me las dedica ¿vale?

- No llevo bolígrafo.

- Voy a por uno.

Abrí la puerta y pillé escuchando con la oreja puesta a la moza. Quiso disimular y le sonreí. Le pedí un bolígrafo y con una sonrisa perversa me lo dio. La política ya se había quitado las bragas, fue rápida, pero demoraba en dármelas e intentó convencerme de que no me las daría. Al final la convencí. Me las dio y yo le di el boli, era un tanga de color rosa con una gran mancha de humedad.

Como el único sitio donde podía escribir estaba mojado, el boli no escribía.

- Mira, no escribe, como ya sabré tu dirección, te mandaré unas firmadas.

- Vale, cuando las reciba yo le enviaré estas ¿Me deja que las empape un poco más de sus flujos? Así su aroma durará más y me recordará a usted.

- ¿Está usted majara, o es un pervertido?

- Mire señora…

Sin darle tiempo a reacción le friccioné el coño con el tanga, tan rápido y preciso, que se meó. Le di un beso en los labios y la dejé en la habitación.

Al salir, la moza volvió abrir la puerta y miró que todo estuviera correcto. Pude ver a la política muy nerviosa.

- ¿Qué le has hecho a la presidenta? ¿Qué le has pedido de recompensa?

- ¿Esto es interrogatorio policial o cotilleo de marujas?

- ¡Oiga! No me falte al respeto ¡eh!

- Al contrario, si yo a usted la respeto, pero ¿cómo le voy a decir sin saber que guardará el secreto, lo que le he pedido a tan ilustre señora?

- Pues si le interrogo tendrá que decírmelo.

- Mire pregúnteselo usted misma. Señora la moza quiere saber lo que le he pedido como recompensa, no se lo quiero decir y me dice que es un interrogatorio y debo responder.

- Ni se te ocurra y usted ¿Por qué quiere saberlo?

- Es un tema de seguridad.

- Antonio, tú no digas nada, que venga su superior si acaso y me pregunte él o un juez.

- Vale, señora, no se ponga así, ya no deseo saberlo.

- Vale, así está bien. Y usted no se lo cuente a nadie ¡eh!

- Yo soy una tumba señora.

La política se fue, ya se llevaron los cadáveres, y ¡la que faltaba! la propietaria del hotel dándome la bronca por haber manchado de sangre la moqueta del pasillo y haber escagarruzado la habitación, que decía que me lo iba a cobrar.

- Va usted lista señora, ni yo he sangrado ni me he cagado, o sea que de culpable nada.

- Todo ha sido por su culpa.

- Mire señora agente, dígale a esta buena mujer que la próxima vez que me toque los cojones le voy a hacer una foto con la cámara.

- Venga, tengan paz y amor. Señora él no tiene que pagar nada, ahora revisaré los papeles del seguro obligatorio del hotel y verá como esto le cubre.

Seguro que la culona no tenía seguro obligatorio, porque fue escuchar estas palabras y se largó más rápido que una lagartija.

- Usted va a tener que declarar ante el juez.

- Si ya le he dicho a su compañera como ocurrió todo.

- No, cuando salga el juicio y se haga la investigación.

- Pues tendrán que esperar a que regrese del caribe, que a la que haya soltado la carga que tengo que llevar a Valencia, a casa, y en dos días a Cancún con Marie.

- ¿Marie? ¿Quién es Marie?

- Oiga, es usted muy cotilla. Marie es la madre de la niña que rescaté en Miribel, como además quedó viuda nos invita a todo lujo con su hija y mi suegra.

- En la prensa se dijo que usted se la folló en su casa cuando murió su marido, que hacían una orgia.

- Más o menos.

- Cuénteme, cuénteme…

- ¿Qué quiere que le cuente?

- Dice la prensa que es usted una máquina sexual, y sus amantes lo confirman. Ayer salió en un programa su vecina Pepita, una señora de Barcelona y su ex.

- ¿Mi ex?

- Claro, en estos programas pagan dinero para quien cuente cotilleos de famosos.

- ¿Yo soy famoso?

- Mucho, famoso y escurridizo para la prensa.

- Vaya.

- Sí, abajo del hotel ahora mismo hay más de veinte periodistas esperándole.

- Pues se tendrán que joder porque no quiero hablar con nadie, además he quedado en ir a desayunar con el cuponero, el fotógrafo y un tío largo de pelo blanco que habla raro.

- Le protegeremos para que no le incordien.

- Gracias.

Salió de la habitación la moza que se escagarruzó y vino hacia nosotros. Iba completamente empapada, debía de haberse lavado la ropa. La moza que estaba hablando conmigo le subió el cachondeo y no paraba de reírse.

- No te rías tanto de mí que también te hubiera podido pasar a ti.

- No, porque yo no me dejaría follar por el culo y menos estando de servicio.

- A ti como ya te da el sargento y con la mini churra que tiene tanto el cómo tu marido dudo que te cagues y te corras.

- Oye no te pases ¡eh! ¿Qué sabrás tú de mi marido?

- Has empezado tú. Y de tu marido se mucho.

- ¿Cómo que sabes mucho de mi marido?

- Bueno, señoras, no se vayan a poner así por el tamaño del rabo de sus amantes.

- Oye, que yo no tengo amantes, y tú ¿Qué acaso te has follado a mi marido? Dime, venga…

- Señoras basta o las tendré que poner en varea. Paz y amor.

- No, que me diga si se ha follado a mi marido o no.

- Pregúntale a él.

Al final se liaron, tuve que intervenir y separarlas para que la cosa no fuera a más. Apareció mi suegra, ella terminó de encargarse de ambas, al final consiguió poner paz. Me dijo que preparaban en un salón del hotel una rueda de prensa y que me esperaban. Yo decliné, le dije que no iría. Vino a huevo que apareciera el cuponero para llevarnos a desayunar.

Quedamos que en media hora pasaría con una furgoneta con vaca y que yo desde el balcón podría saltar encima y me sacarían de ahí. Mi suegra se fue con el cuponero, con el equipaje, y la moza que se escagarruzó se fue con ellos. Otra vez la moza cotilla volvió a hablarme.

- Antonio, no haga caso de lo que ha dicho mi compañera.

- ¿En qué?

- El sargento no es mi amante y mi marido no la tiene pequeña.

- Vaya, pues me alegro, pero la verdad es que me importa un carajo como tiene el rabo su marido y el sargento, a lo mejor a usted le gustan las pollas chicas.

- Oiga a mí no me gustan las pollas chicas.

- ¿Se los folla por obligación?

- ¡QUE YO NO FOLLO CON NADIE JODER!

- Pues le convendría follar con alguien, vería como estaría mejor.

- Oiga, que yo estoy muy bien.

- Habría que verla en pelotas, pero si, la verdad que no está nada mal, aunque su compañera está ¡Uf! ¡Como esta!

- ¿Acaso esta mejor que yo?

- No lo sé, a ella la he visto en pelotas a usted no. Bien voy hacia la habitación a esperar a este que pase con la furgoneta.

- Oiga ¿me va a dejar aquí sola?

- ¿Quiere venirse a desayunar?

- Me han dejado para que le custodie.

- Pues avíselos que saltará por el balcón para evitar a los periodistas.

- Ahora están haciendo rueda de prensa con la política.

Yo me fui a la habitación a controlar el balcón. En la calle había un montón de peña. Muchos curiosos. La moza que no se despegaba de mí. Decidí darme una ducha rápida y me desnudé.

- Oiga ¿Qué hace?

- Darme una ducha, creo que a usted también le convendría.

- ¿Acaso me trata de maloliente?

Me desnudé y se quedó boquiabierta mirándome, me fui hacia la ducha. Apareció ella ahí.

- Oiga ¿hasta duchándome tiene que vigilarme?

- Yo no lo vigilo.

- Venga no sea miedosa y métase en la ducha conmigo, verá como después de todo el trajín le sentará bien. Igualmente para estar aquí solo mirando.

- Me ha convencido, pero no se lo cuente a nadie ¿Vale?

- Ya sabe que se guardar secretos.

Se desnudó y se metió en la ducha conmigo, antes de que dijera o hiciera algo, empecé a enjabonarla. ¡Estaba buena la moza! Mi pito reaccionó y se pudo tieso. Ella al percatarse de mi erección se quedó quieta. Yo continué enjabonándola, ahora lo hacía con el rabo.

Le levanté la cara y le di un beso. Ella cerró los ojos y entreabrió la boca. Al igual que con la moza anterior, me apoderé de su respiración, y pase a respirar boca a boca para los dos. Noté como su piel se erizó. Me cogió la polla y empezó a masajearse con ella. La empotré a la pared de la ducha, le abrí las piernas y como tenía el sexo haciendo aguas se la endiñé de un apretón.

Dejé que respirara por si sola antes de empezar a follármela estilo pistón mecánico. No sé porque, pero me dieron ganas de abofetearla, no dejaba de ser policía, y el di dos cachetes, uno en cada mejilla y uno en cada teta. Gimió.

- ¡Por dios! ¿Qué me estás haciendo que me corro? Ah, ah, oh, oh…

- Tranquila ¿El sargento tiene una polla como la mía?

- ¡QUE VA! ah, ah, oh, oh, ni la mitad, ah, ah…

- Y tu marido ¿Tiene un rabo así?

- Ya me gustaría, ah, oh, ah…

- Pues prepárate que vas a ver como es follar estilo pistón mecánico. Además debemos darnos prisa que ya llegará el cuponero.

- Sí, fóllame, fóllame ¡por dios! Ah, ah, ah, ah…

Le metí a toda ostia un mete saca que ya lloraba cuando el cuponero tocó el claxon.

- Debo irme

- No, no, no, más, más, más, ah, oh, oh…

La senté sobre mi rabo y me la lleve a cuestas hasta el balcón. Recogí con ella ensartada, las ropas, su pistola y me fui hacia la barandilla. La altura a saltar era poca, podía hacerlo sin peligro. El cuponero y el fotógrafo pillaron las ropas que les tiré y yo salté sobre la vaca de la furgoneta con ella enfilada a cuestas.

En el salto y al cogerla bien por el culo, le metí dos dedos dentro del recto, para sujetarla mejor, no fuera se me escoñara la moza. Oí gritos de gente que presenciaron la fuga del hotel y corrieron detrás de la furgoneta. Me tumbé encima de ella y de la vaca y me agarré bien. El cuponero se alejó a toda ostia. De mientras se la iba endiñando. Ella lloraba y resoplaba, los ojos no se los podía percibir, por la velocidad el viento le voleaba los pelos y le tapaba la cara.

En mi vida antes de este viaje, me hubiera imaginado yo follarme a una policía, encima de la vaca de la furgoneta de un cuponero de la ONCE. Se pararon en un bosquecillo, para que nos vistiéramos y no llegar al restaurante con esta guisa.

Sin sacarle el rabo, me baje del techo con ella desfallecida. Tuve que reanimarla con el boca a boca, esto nunca falla. Me miraba y sonreía. El cabrón del fotógrafo nos tiró varias fotos. Ella estaba en otro mundo, no sé en cual, pero no era este, ya que ahora no solo reía, si no que se descojonaba a carcajadas. Decidí llenarle el coño de leche, ya que me estaba entrando en la mente darla por el culo y no quería mas escagarruzas.

Mi suegra se plantó ante mí, de bastante mala ostia.

- ¿Te parece bonito todo lo que has liado?

- A mí lo que me parece bonito es que cada día la veo más hermosa Carmen.

- Ja, ja, ja, no tienes remedio, pero te quiero. Y sácale ya el rabo a la pobre, que no ves que la vas a matar.

- Mire como sonríe parece que está feliz.

- ¿No va a estar feliz? Si cada día te mejoras, las dejas deshechas, ja, ja, ja…

- Y ahora ¿Qué hacemos con ella?

Los tres dijeron que ahora se ocuparían ellos, pero que antes se la iban a follar, por delante y por detrás. Los tres recordaron broncas y multas impuestas por la moza. El cuponero dijo que a él le clavó doscientos euros por haber aparcado con una rueda sobre la acera. El del pelo blanco que le quitó el carnet por alcoholemia al igual que el fotógrafo. ¡Vaya los tres le tenían ganas! Decidí sacarle el rabo del coño. De ahí dentro lo que salió parecía arroz con dulce de leche. Ella se quedó sonriendo.

La mala cara la pusieron los otros que al ver lo que salía de su coño, decidieron como única opción, boca y culo. La subieron en la caja de la furgoneta que el cuponero, al igual que su patinete, la tenía tuneada y había, cama, televisión, cocina, nevera… como un piso, vaya, nos dijo que lo hizo el mismo. Él nos acercó a Carmen y a mí a la fábrica a buscar el camión mientras los otros dos detrás follaban con la moza. Nos despedimos y el cuponero nos dijo que no me olvidara de ir a cobrar los treinta mil euros. Le dije que estuviera tranquilo que esto seguro no se me olvidaba.

Abrí la puerta de la caja de la furgoneta para despedirnos de todos, seguro que la moza nos quiso decir adiós también, pero solo movía el brazo y nos miró con cara desorbitada. El fotógrafo le tenía la boca ocupada con su polla y el largo del pelo blanco le estaba metiendo y sacando el rabo del culo. Le mandé un beso en la distancia y mi suegra también. Nunca entenderás al cien por cien a una mujer, en vez de gozar por tener dos tíos y pronto tres rabudos follándote, la tía parecía que le tenía pánico a estos lugareños y su cara era de manzana agria.

Entramos en la oficina y vino el bien educado, bien peinado y oloroso oficinista a darme los papeles. Que se había enterado quien era yo, la liberación de la política y todo lo demás, el tío quería coba, pero le dije que debíamos partir porque tenía que llegar a Valencia antes del mediodía. Se lo tuve que decir tres veces, pero ni puto caso, el menda continuaba con el rollo, cogí los papeles y lo deje ahí hablando, desde afuera de la oficina aún lo oíamos hablar.

Al llegar al camión, me esperaban un puñado de periodistas.

- Mire tome mi tarjeta, si viene a nuestro programa y nos da la exclusiva le pagaré cien mil euros.

- Tome la mía, si viene al nuestro le pagaremos doscientos mil euros.

- Mire esta es mi tarjeta, si nos da la exclusiva en nuestro programa que es el más visto de todos los programas habidos y por haber le daremos medio millón de euros

Y así unos cuantos, aquello parecía una subasta que llegó al millón de euros. Le dije que vale, que iría, pero cuando regresara del Caribe. Estuvo de acuerdo conmigo un ilusionado reportero, nos echaron muchas fotos, subimos al camión y en ruta, rumbo a Valencia.

- Vaya en que movidas nos encontramos suegra, parece que todo nos pase a nosotros.

- Me sabe mal no haber visitado este pueblo bien, y haberme hecho una foto romántica en el puente.

- Románico Carmen, no romántico, ja, ja, ja…

- ¡Tonto!

- Además ahora no tenemos cámara se la quedó la policía como prueba de no sé qué.

- Un polvo con el fotógrafo me costó la cámara ¡ah! Por cierto, dejo aquí estos seiscientos euros.

- ¿Seiscientos euros?

- ¿Acaso no soy puta? Yo les he cobrado al cuponero, al largo y al fotógrafo los polvos que me han echado.

- Ja, ja, ja, si es que usted no tiene remedio, ja, ja, ja, bien suegra, bien, ja, ja, ja…

- Se lo he hecho más barato, pero bueno, dinero es dinero.

- ¡Joder Carmen! ¿Se da cuenta la pasta que hemos hecho en este viaje? Y encima lo que nos pagaran para ir a un programa cuando volvamos de Cancún.

- ¡Qué feliz me hace estar contigo de novios Antonio! Te quiero.

- ¿Sabe Carmen? Yo también la quiero un montón.

- ¡Que satisfacción me da que me digas eso Antonio! Qué bueno que mi hija te dejara. Cuando esté el divorcio nos casaremos.

- Bueno, no se precipite tanto ¿vale? Que aún es mi suegra

- Ja, ja, ja, y tu puta, y tu novia y la mujer que más te quiere en el mundo.

- Lo bueno que tenemos usted y yo es que ninguno de los dos somos celosos. Mire, por ahí está Barcelona

- ¡Cómo me gustó Barcelona! tenemos que volver.

- Pero si volvemos, no vamos a ir al bar de los marcianos, ja, ja, ja…

- ¡Con lo bien que lo pasamos!

- La que liamos.

- Aún recuerdo al Drag queen que te folló.

- No me lo recuerde Carmen, que me va a salir la mala leche y además, agria.

- Si no pasa nada cariño, si gusta, gusta, no hay que darle tantas vueltas.

- ¡Mecagüem en dios! No empecemos ¡eh! No empecemos suegra que la liamos.

- Tonto.

- Puta.

- Maricón

- ¡MECAGÜEM EN DIOS!....

Pegué un frenazo en seco, que le salvó la vida a mi suegra, la ostia que se pegó un coche que venía detrás del camión. El choque sonó a chatarra quebrada. Recorrí unos pocos metros más prudencialmente y baje a ver qué había ocurrido.

Un Ford fiesta gris ocupado por dos mujeres, se había quedado sin morro, el coche estaba roto, vi mucha gasolina derramándose, me apresuré a sacar a las muchachas de aquella chatarra; estaban atolondradas por el castañazo y una tosía mucho. Me las cargué a ambas una en cada brazo y las alejé de la zona de conflicto.

Menos mal que actué rápido, apenas me distancié lo suficiente, lo que quedaba del coche explosionó y saltó por los aires. Me tiré al suelo y las cubrí con mi cuerpo para protegerlas por si algún objeto caía. Cayó uno, en mi testa, menos mal que era el reposacabezas del asiento y me dio por la parte blanda sin mucha fuerza, pero ellas lo vieron y este susto las reanimó de golpe.

Se empezaron a parar coches, y los oportunos, la policía, mozos de tráfico. Un mozo y una moza. Después de explicarles los hechos y las muchachas decir que se habían despistado, callé contarles la opción real de “frenazo en seco”, las muchachas lloraban por la pérdida del vehículo. Coche que en sí era ya una chatarra, más viejo que yo, pero decían que le tenían mucho cariño. A saber porque. Me dieron pena.

Cuando llegaron los bomberos ya habíamos apagado el fuego con los extintores del camión. Vinieron más policías y una ambulancia. Hicimos la declaración de los hechos y por suerte a ellas no les pasó absolutamente nada, cosa increíble por cómo quedó el estado del vehículo. Del coche se haría cargo la compañía de seguros, a ellas se las llevarían en la ambulancia, manera rápida de salir de ahí. Pero ellas lloraban porque debían llegar a Valencia. Interferí y les comenté que podían venirse conmigo, que tenía permiso para cuatro pasajeros, iba a Valencia, y que las podía dejar cerca, hasta donde me permitieran de tonelaje. Se alegraron, y nos abrazaron.

Estábamos en estas cuando una policía se acercó a nosotros.

- Vaya, es usted Antonio, el camionero héroe.

- Bueno eso de héroe me lo han puesto, dicen, vaya…

- El héroe de Miribel, de La Junquera, de Besalú y ahora ha salvado a estas muchachas de morir fritas.

- Bueno, soy camionero el auxilio en carretera es nuestra religión.

- Es curioso ¿solo rescata mujeres?

- Por lo que se ve son las que más padecen abusos.

Vi la cara de admiración con la que me miraban las dos muchachas

- ¿Es usted el héroe Antonio el camionero, que viaja con su suegra puta y todos los periodistas buscan? ¡Ay! Perdón no quería decir esto señora, pero como en la tele y en la radio lo dicen.

- Tranquila muchacha, soy puta, pero no más que tu madre, lo que pasa es que yo cobro una buena pasta, seguramente tu madre le paga con trabajo doméstico los polvos que le pega tu padre. Y ahora desde que mi novio es héroe cobraré mucho más.

- Bueno, no se ponga así, tampoco tiene porque insultar a mi madre.

- ¿Trabaja tu madre?

- Es ama de casa

- ¿Cuanto le paga tu padre?

- Bueno chicas dejaros ya de discutir a ver quién es más puta y la que más cobra.

- Yo no haría de puta ni por todo el oro del mundo.

- Chicas ¡Basta ya, cojones! Venga subiros al camión que ya es muy tarde ¡joder!

Tuve que poner paz para que la cosa no fuera a más. Subieron las tres al camión y me puse en marcha y hacia Valencia, que en menos de tres horas llegaríamos. Carmen abandonó los asientos y se echó en la cama. Me recordó lo cómodo que era el colchón que compramos y que aún no lo habíamos estrenado. A la hora y media tuve que hacer parada obligatoria de una hora. Me pare en un área de servicio donde paramos siempre los camioneros cuando hacemos esta ruta. Hay de todo, putas también, y sobre todo buena comida, sin haber cenado el día anterior y sin haber desayunado, tenía un hambre atroz, Carmen también.

- Antonio ahora nos damos cuenta que ni yo ni ella llevamos dinero ni documentación, se quedó con lo que queda del coche.

- ¡Vaya por dios! Menos mal que en esta área hay de todo y podréis llamar por teléfono para que alguien os recoja, le decís que os dejaré en la salida norte y os entraré hasta la parada del bus, yo después me reincorporare a la autovía.

- Es que no conocemos a nadie en Valencia.

- ¿Y a que ibais pues?

- A pasar unos días en un hotel de lujo que hemos reservado.

- Pues no sé cómo lo haréis sin documentación para que os den la habitación y sin dinero para pagarla.

- Llamaré a mis padres mejor.

- Sí, creo que será mejor.

- Aunque están súper enfadadas con nosotras

- ¿Qué habéis hecho?

- Porque somos anti sistema y pareja “les” y no lo aceptan.

- ¡Vaya por dios! O sea que sois pareja bollera.

- Lesbiana, no bollera.

- Bueno, es lo mismo.

- No, no es lo mismo.

- ¿Qué diferencia hay?

- Es la palabra, “bollera” no representa nuestra orientación sexual, es una forma grosera y de insulto hacia nuestro colectivo tratarnos de bolleras, siendo lesbianas.

- ¡Bah, tonterías! Si os gusta comeros el coño una a la otra sois bolleras, siempre se os ha llamado así.

- Pues está mal dicho.

- Bueno, quizás sí.

- Quizás, no, no es correcto.

- Bueno vamos a dejarlo así.

- No vamos a dejarlo así, decirnos bolleras es un insulto. La diversidad en las clases de genero está muy bien tipificada como es nuestra relación y como se llama.

- Mira chavala…

- ¿Qué es esto de llamarme chavala? La palabra chavala es machista.

- Sabes que te digo, que aquí os quedáis, y que os lleve a Valencia una feminista de esas con bigote que os entenderéis mejor.

- Pues adiós ¡machista!

- Adiós encanto.

¡Joder con la tía! Vaya carácter de mierda, que las den por el culo, no estoy dispuesto me venga a decir esa a mí de como tengo que hablar, y si mi gramática y vocabulario son correctos o no. Una lesbiana es una bollera de toda la vida y como si a mí esto me importara tres carajos. Como si quieren comerse el coño de la Bernarda.

Bajamos con mi suegra directos al servicio y al restaurante. Hambre había. Nos sentamos cerca de un televisor y mientras comíamos pusieron las noticias. ¡Joder! La primera noticia era el secuestro y liberación de la política. ¡Madre mía, hijos de puta! Habían gravado mi salto a la furgoneta del cuponero con la policía ensartada a mi rabo y como huíamos follando sobre la vaca del vehículo. Todo el restaurante miraba la pantalla y reían. Fue más ya cuando salieron las imágenes de Miribel corriendo por el parquin y follando con la periodista a cuestas y ensartada. Unas imágenes que no sé cómo las podían haber gravado, follándome a Marie dentro de la cabina con mi suegra, la periodista y la policía. ¡Joder! Putos periodistas, se meten en la vida de uno así como así. Menos mal que nadie se dio cuenta de que Carmen y yo estábamos ahí sentados.

Terminamos de comer y ya nos dirigíamos al camión cuando aparecieron las dos pantuflas.

- No tenemos dinero y no hemos podido llamar.

- ¿Y?

- Si nos podrías prestar unas monedas para poder hacerlo.

- Déjales algo Antonio, las pobres aquí solas van a necesitar dinero para salir.

- Tenéis suerte que mi suegra también es un poco bollera.

- No somos bolleras

- Bueno, vale, no empecemos que al final me cabreo y no os suelto nada.

Les di unas monedas y se fueron a llamar. Mi suegra se fue al servicio y cuando regresó me dijo que un hombre le había ofrecido doscientos euros por una hora. Que ella le dijo quinientos, y había dicho que no.

- Mira Antonio, ahora somos famosos, si quieren que paguen, si no, como ya el dinero no nos hace falta, que se jodan.

- Bien hecho Carmen ¡así me gusta mi suegra!

- Es que ya ni quinientos, mira a partir de ahora les voy a pedir mil.

- Ja, ja, ja, subiendo tarifas ¡bien hecho joder!

Regresaron las chicas, cabizbajas. No habían podido contactar con ningún familiar y que todos los camioneros y a la gente que les habían pedido llevarlas a Valencia, o querían follar o simplemente les dijeron que no llevaban a nadie. Una se llamaba Iris y la otra Mar.

Iris era la que llevaba la voz cantante y Mar la que no decía nada. Me quedé un rato pensativo e iba a decirles que no las llevaba, pero mi suegra intervino.

- Va Antonio vamos a llevarlas, aunque sea por la pobre Mar ¿No ves que es una víctima de todo lo que ha pasado? Y encima está bajo el dominio y control de Iris que la tiene sometida a la voluntad de ella.

- Oiga, yo no tengo sometida a nadie, ella está conmigo porque quiere.

- Si no la dejas ni opinar ni hablar, mira la pobre, aún no ha dicho nada. Las personas debemos de ser de libre pensamiento y obra, no sometidas al pensamiento de una pareja autoritaria que decide, ordena y manda.

- Vámonos Mar, vamos a dejar a esta pareja de imbéciles.

- Oye guapa, que yo no te he insultado, pero ya que has empezado tú, te diré que eres una niñata mal criada y una maltratadora, ejerces violencia contra tu pareja sentimental.

- ¿Qué yo soy una maltratadora? Esta usted loca. Vámonos Mar

- ¿Y si ella no quiere venir?

- Ella se viene conmigo. Vámonos Mar.

- Mar, estate tranquila que te protegeremos y te daré dinero para que llegues a casa, no dejes maltratarte por tu pareja.

- Oiga, esto ya es el colmo ¿Yo maltratadora? Vámonos Mar.

- Oye ¿Por qué no le peguntas si quiere venir contigo o no? ¿Por qué le ordenas que venga contigo?

- Porque ella se quiere venir conmigo.

- O sea que ni le tienes en cuenta su opinión ¿Siempre manda ella Mar?

- Bueno, algunas…

- ¡Cállate Mar! Y vámonos

- Voy a llamar a la policía, esto es maltrato en el ámbito de la pareja.

- ¿Está usted loca o qué? Somos novias y nos amamos.

- Claro, siempre y cuando mandes tú y ella obedezca, pero no quieres escuchar ni su opinión. ¿Siempre te ordena Mar?

- Bueno, sí, ella siempre es la que decide y manda.

- ¿Quién conducía el coche?

- Bueno el coche era mío, pero lo conducía ella.

- ¿Por qué conducía ella?

- Porque dice que conduce mejor que yo.

- Ves, luego tu decías no sé qué de machismo y las tías como Iris aún son peores.

- Mar, o te vienes ahora mismo conmigo o se acabó lo nuestro.

- Ves, amenazas, coacción, ¡pobrecita! vamos Mar yo te protegeré y haré para que llegues bien a casa, deja de ser su sirvienta, vales más tu que ella.

- Iros a tomar por el culo.

¡Joder con mi suegra! Había liado la cosa de tal manera, que había hasta roto una relación de pareja. Yo me descojonaba por dentro, no era cuestión de burlarme, la pobre Mar, abrazada a mi suegra lloraba como una desconsolada. Iris se fue, y nosotros nos dirigimos al camión.

Al subir a la cabina, Carmen y Mar se fueron detrás a tumbarse sobre la cama. La chica lloraba y Carmen abrazada a ella la consolaba. A los pocos kilómetros observe un puesto de venta de vehículos de ocasión y me dio la vena por comprarle un coche a la muchacha. Sin decirles nada a ellas me salí de la autopista y me dirigí al concesionario de vehículos.

Haciéndome el tonto en que debía de ir a mirar un encargo.

- Mira cuantos coches Mar, pronto tendrás que comprarte uno.

- Ja, ja, ja ¡Qué más quisiera! Pero no puedo, no tengo dinero, el Ford fiesta me lo regaló mi abuelo cuando me saque el carnet y yo he recién terminado de estudiar. Quizás cuando trabaje.

- ¿Cuántos años tienes Mar?

- Veintidós

- ¿Iris también?

- No ella tiene treinta, pero llevamos dos años de novias.

- ¿Tú siempre has sido bollera?

- Ja, ja, ja, no lo sé, nunca he estado con un chico, tenía un novio, pero nunca hicimos nada.

- ¡Caray!

- Si pudieras comprarte un coche ¿qué coche te comprarías?

- Mi sueño siempre ha sido una furgoneta camper, ja, ja, ja, pero es solo un sueño.

- Bueno chicas os tengo que dejar un momento, no tardaré tengo que hacer un encargo aquí.

Entré en el concesionario y tenían tres furgonetas camperizadas de esas hipys de segunda mano. Miré el motor de las tres, los detalles interiores, el motor, kilómetros y pregunté. La que más me gustó valía doce mil euros. Al lado mismo había un bar, decidí ir a buscar a mi suegra y a la muchacha para que se tomaran algo.

La muchacha no había comido aún en todo el día, le veía cara de hambre viendo las tapas y la comida expuesta. Le pregunté si quería comer algo, y tímidamente me preguntó si podía pedir un bocadillo. Se lo zampó con tres bocados. Nos fuimos los tres al concesionario.

- Mira Mar aquí tienen furgonetas de esas que te gustan

- ¡Qué pasada! ¡Qué guapas!

- Si pudieras ¿Con cuál te quedarías?

- No sé, esa.

La muchacha señaló la que me había gustado a mí, que era la que mejor estaba de las tres.

- Bueno, ahora id al camión y esperadme ahí, no tardo en regresar, ahora me llevaran el encargo y nos vamos.

- Antonio, no te olvides que debemos llegar a Valencia antes de las cinco de la tarde.

- Quedan pocos kilómetros suegra, pronto estaremos ahí.

Mientras ellas se fueron al camión, hablé con el encargado del concesionario y compré la furgoneta, le dije que le llenara además el depósito de combustible, y le hiciera un seguro. Como la muchacha no tenía documentación la puse a mi nombre y más adelante ya le cambiaria los papeles. Me dijo que en media hora lo tendrían todo listo.

Al llegar al camión, me las encuentro a las dos desnudas y en pleno bollo. Mar le estaba chupando los pechos a Carmen, mi suegra me guiñó un ojo. La muchacha al verme se quedó un poco cortada, pero Carmen como puta y mala puta que era, pronto reaccionó y con el coño de la muchacha en la boca, ya le hizo olvidar todos los miedos. Mar estaba gozando.

La muchacha no era nada del otro mundo, pero sus pequeños pechos, si tenían un pezón larguísimo y duro. Me desnudé y me metí a su lado.

- ¿No te has comido nunca una polla Mar?

- No

- ¿Quieres probar la mía?

- ¿Carmen no se va a enfadar?

- Tranquila Mar, cómele la polla a mi novio, verás cómo te gustará y pollas como la suya pocas veces tendrás oportunidad de probar.

- ¡Qué grande!

La muchacha se corrió comiéndome la polla con el chumino en la boca de Carmen. La desvirgué. Al principio fui delicado no quería romper aquel estrecho orificio. Las dos se iban besando y manoseando mientras ella sentada sobre mi rabo, no paraba de resoplar y jadear. Se estaban dando un morreo en toda regla cuando empecé a follármela estilo pistón mecánico.

- ¡Dios mío! Ah, ah, ah ¡Que placer…er… dios mío! Ah, ah, oh, oh, au, au, ah, ah, oh…

- Gózalo Mar, goza de la polla de mi novio.

- ¡Oh, sí, sí, sí! Más, más, oh, oh, oh…

La tumbé de espaldas al colchón y follando en la postura del misionero Carmen se sentó sobre su cara, ofreciéndole el coño para devorar. Cosa que de eso la muchacha sabia, porque pronto mi suegra se corrió en su boca bañándola de flujos.

Mar estaba empezando a desfallecer de placer, saqué mi rabo de su sexo y se lo endiñé a mi suegra. Me corrí dentro para que la muchacha pudiera saborear mi semen en el coño de ella. Carmen se volvió a correr y la muchacha ya había perdido la cuenta de sus orgasmos.

En esto ya había pasado más de media hora y cuando empezó a recomponerse y a cobrar el sentido, las hice vestir y bajar del camión.

Nos fuimos al concesionario. Tenían la furgoneta limpia y ya preparada. El encargado me dio las llaves.

- Mira Mar, esto es un regalo de Carmen y mío para ti. La furgoneta es tuya, pero con una condición.

- ¡No me lo puedo creer! ¿De verdad?

- Sí, y la condición es que nunca jamás vuelvas a menospreciarte y dejarte dominar por nadie, ni mujer ni tío ¿Ok?

La muchacha se puso a llorar y se abrazó a Carmen y a mí.

- No sé qué decir, gracias, gracias, gracias. Aún no me lo puedo creer.

- Pues ya puedes empezar a creértelo. Cuando llegues a tu casa, te sacas el carnet provisional y me mandas tu documentación a esta dirección para cambiar el nombre del titular y ya me ocuparé de ponerla a tu nombre.

- La verdad que ahora si veo que con razón eres un héroe, a partir de ahora vais a ser mis héroes. Podríamos celebrarlo y meter otro polvo dentro de la furgoneta.

- ¿Te ha gustado eh?

- Mucho, jamás había gozado tanto.

- Tendrá que ser en otra ocasión Mar, ahora debemos de irnos.

Le di quinientos euros para el camino, aunque ya le advertí que tenía el depósito lleno. Nos subimos al camión y emprendimos ruta.

- Me sabia mal haberle destrozado el coche por su culpa suegra.

- ¿Por mi culpa?

- Me puso de mala leche, y tuve que pegar un frenazo para matarla. El choque le salvó la vida.

- A ti te voy a matar yo

- A polvos suegra, a polvos.

- Sí de mata ratas, ja, ja, ja…

- ¡Qué feliz se ha puesto la muchacha!

- Además ha conocido el sexo de un hombre

PRÓXIMO CAPÍTULO ÚLTIMO DE LA SERIE.

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