Ese accidente que lo cambió todo (9)
Capítulo 9 Aunque no suele ser lo común en este tipo de montajes, esta vez, terminaríamos la obra en tiempo y forma, estando a mitad de febrero, tan solo quedaba la pintura, la colocación de vidrios y herrajes y otros detalles menores,…
Capítulo 9
Aunque no suele ser lo común en este tipo de montajes, esta vez, terminaríamos la obra en tiempo y forma, estando a mitad de febrero, tan solo quedaba la pintura, la colocación de vidrios y herrajes y otros detalles menores, entre los que estaban los que me tocaban a mí, la colocación de los matafuegos, las señalizaciones y demás cuestiones de seguridad.
Mario viajaría la última semana de febrero, pero esta vez, vendría el martes veintiuno y se quedaría hasta el veintiocho.
Lo último que se hizo, ya con Mario constatando que todo estuviera correcto según el pliego de contratación, fue la limpieza general de la obra.
El viernes veinticuatro, finalizados todos los trabajos, Mario pagó un suculento asado para todos, y antes de que los operarios se retiraran, además de los jornales pactados, le dio a cada operario, un plus de medio sueldo mensual a cada uno, por lo bien que se había trabajado.
Fue el lunes veintisiete, que Mario se reunió por la mañana con la gente de la empresa, allí mismo en el lugar, para hacer formal la entrega de la obra terminada.
Marcos, Esteban y yo, estuvimos allí, y luego de la recorrida y las explicaciones de Mario, tuvieron una reunión en la oficina con los directivos de la empresa.
Nosotros tres esperamos a Mario en el estacionamiento, tomándonos unos mates y conversando.
La reunión duró casi dos horas, salieron de la oficina, se despidieron con apretones de mano, Mario se acercó a nosotros y nos dijo:
-Muchas gracias a los tres, estoy más que conforme con su trabajo y para festejar, nos vamos a ir a comer un buen asado, les tengo que comentar un par de cosas.
Mario fue en su auto y nosotros tres en mi camioneta a una parrilla que yo conocía donde se comían muy buenos asados.
Mientras esperábamos que nos trajeran la parrillada, Mario nos dijo:
-Bueno, en la reunión que tuvimos hace un rato, me confirmaron un nuevo trabajo, y más importante que este, esta vez no habrá licitación, quedaron más que conformes con nuestro trabajo y en el mes de abril o mayo, comenzaremos un nuevo montaje.
Y mirándome a mí, dijo:
-Cómo ya le había comentado a Claudio, he decidido armar una subsidiaria de la empresa aquí en Mar del Plata, y les quiero ofrecer a los tres, si aceptan claro, que sigan trabajando aquí. Entiendo que viven en La Plata y que tienen su vida y sus familias allí, pero les pido que lo piensen, que analicen los pro y los contra y luego de las merecidas vacaciones que tienen los tres a partir del primero de marzo, me den una respuesta, ¿les parece?
El primero en responder fui yo.
-Gracias Mario por el ofrecimiento, yo lo pensaré, pero puedo anticiparte que no me disgusta la idea, la verdad que vivir aquí me gusta mucho, pero de todas formas, lo pensaré bien y te daré una respuesta luego de las vacaciones!
-Perfecto Claudio!
Y Marcos le dijo!.
-Gracias Mario por esta oportunidad, ya te digo que acepto, también me gusta vivir aquí y veo esto como un paso adelante en mi carrera!
Y esteban acotó:
-Gracias Mario por el ofrecimiento, no puedo darte una respuesta ahora, pero lo pensaré tranquilamente en las vacaciones y te doy una respuesta al volver.
-Perfecto muchachos! Y si deciden no venir, no pasa nada, seguirán trabajando en La Plata como siempre!
La parrillada estuvo buenísima, y entre los cuatro nos tomamos la botella de ese exquisito vino tinto que Mario había pedido.
Esa tarde, antes de volverse para La Plata, Mario fue a la inmobiliaria para extender el contrato del galpón, al menos por un año más, al ser una obra más grande, llevaría más tiempo.
Volvimos a los departamentos a preparar nuestras cosas, ya que al día siguiente teníamos que dejarlos, y mientras lo hacía, por mi cabeza empezaron a pasar muchos pensamientos.
Cada vez me atraía más la idea de vivir en esta ciudad, me gustaba mucho, sobre todo por la ventaja de tener el mar a un paso.
Y empecé a analizar, de decidirme, los pasos a seguir, en primer lugar, hablarlo con mis amigos, me gusta escuchar sus opiniones, son importantes para mí.
Luego tendría que pensar en donde vivir, comprar una casa aquí, implicaría vender mi casa de Gonnet, en la que había sido feliz junto a Pilar.
Esa casa estaba llena de recuerdos, pero sentía que no podía vivir en los recuerdos, que en mi vida necesitaba dar un paso hacia adelante, Pilar ya no estaba, con Marisa nunca pasaría nada y esta era una nueva oportunidad y estaba dispuesto a probar.
Esa última noche, cenamos juntos, Esteban, Marcos, Mariana y yo en el departamento de los chicos, fue realmente muy divertido, desde que yo sabía lo que había entre ellos tres, no habíamos estado los cuatro juntos, y lógicamente el tema salió en medio de la cena, lo hablamos de una manera distendida, en confianza, de manera natural, incluso en un momento intentaron comentarme algo, pero entre risas les dije que no quería los detalles, pero sí les terminé confesando que los había visto a los tres en pelotas en la terraza, pero quitándole hierro al asunto, asegurándoles que no me había quedado a ver el espectáculo.
Luego de las carcajadas, Mariana me miró y me dijo:
-Eso quiere decir que me viste en pelotas!
-Bueno… y no solo eso, en ese momento me pareció que estaban muy entretenidos, ninguno de los tres se dio cuenta que salí a la terraza!
Nos volvimos a reír a carcajadas, con Mariana roja como un tomate.
Luego de la cena, cuando les dije que ya me iba a dormir, todos se levantaron, salimos los cuatro del departamento y entendía que se iban al de Mariana, sin dudas tocaba despedida.
Cuando llegamos al cuarto piso, con una sonrisa les dije.
-Por favor no hagan mucho quilombo! No sea cosa que no me dejen dormir! Mañana tengo que manejar en la ruta!
-Mariana se rió y me dijo:
-Quedate tranquilo Claudio! No vamos a hacer ruido!
Entraron los tres a su departamento y yo riéndome, lo hice en el mío.
Al día siguiente, antes de irnos para La Plata, le golpeé la puerta a Mariana para despedirme, al abrir, su cara denotaba que la noche había sido larga, aunque no los había escuchado en verdad.
Tan solo con una remera larga, que apenas le tapaba el culo, tenía cara de recién levantada.
-Mariana! Me quería despedir! Ya nos vamos!
-Bueno Claudio… fue un gusto conocerte, la verdad! Espero que alguna vez podamos volver a vernos!
-Es muy posible, la empresa para la que trabajamos seguirá con obras en la ciudad y me ofrecieron trabaja acá, así es que muy probablemente que me venga a vivir y a trabaja a Mar del Plata! Me gusta mucho la ciudad!
-Que bueno! En ese caso avisame y seguimos en contacto, me encantó conocerte y tenerte como amigo! Me parecés un buen tipo!
-Dale! Por supuesto! Si me vengo a vivir aquí, ya te avisaré donde, si me decido, venderé mi casa de La Plata y me compraré una acá!
-Dale avisame! Igual escribime, así seguimos en contacto!
-Dale! Vos también!
Me acerqué y nos dimos un abrazo, y como en otras veces, sintiendo sus tetas apretadas contra mi pecho.
Cargué mis cosas en la camioneta y le toqué el timbre a los chicos, que con caras de reventados, bajaron trayendo sus cosas, las cargamos en la camioneta y a las once, emprendimos el regreso para La Plata.
En verdad, esos meses habían sido muy positivos, económicamente y dándole a mi vida una nueva perspectiva.
*
Llegamos a La Plata, dejé a cada uno de los chicos en su casa, deseándonos buenas vacaciones, y ya nuevamente en casa, mandé un mensaje a mis amigos diciéndoles que ya había vuelto y rápidamente organizamos un asado en casa de Pablo para el viernes en la noche.
En esos días, no pude dejar de pensar en Marisa, ¿le diría que ya había vuelto? ¿Tendría sentido decírselo, o ya su vida habría tomado otros derroteros?
Tenía la opción de comunicarme con Ester, pero no sabía si debía hacerlo, quizás al hablar con ella me terminaría diciendo que Marisa estaba con ese hombre, y decidí no hacerlo.
Esa noche de viernes, mientras dábamos cuenta del exquisito asado que se había mandado Pablo, le dije:
-Chicos, antes de volver, Mario nos dijo que finalmente tendrá su empresa una filial en Mar del Plata, de hecho ya tiene un nuevo trabajo, aún más importante que este que hicimos, para el mes de abril o mayo, y nos ofreció trabajar allí…
Gabriel fue el que preguntó:
-¿Y que le dijiste?
-Le dije que no me disgustaba la idea, la verdad es que Mar del Plata me encanta, pero de todas formas, estoy de vacaciones hasta el quince de este mes, y luego de eso le tengo que dar una respuesta…
A lo que Miriam me preguntó:
-¿Y que pensás hacer?
-La verdad lo estoy evaluando! Si me decido, tendría que vender la casa y comprar otra allí, por ese lado el tema de la vivienda, pero por el otro, tengo que decidir el hecho de irme de aquí, toda mi vida he vivido en La Plata.
-Miralo así Clau!
Dijo Paula
-A veces la vida te presenta oportunidades que se dan solo una vez, pensalo así, también podés alquilar tu casa en vez de venderla, si te termina gustando vivir allá, luego decidís si la vendés y comprás en Mar del Plata, yo te diría que lo pienses, es un cambio importante, pero a veces los cambios sirven para salir de la zona de confort, vivir nuevas experiencias, con otras perspectivas, ¿Quién te dice? Quizás tu futuro está allá…
Entonces Gabriel dijo:
-Mirá Clau! Si en tu decisión pesa el estar lejos de nosotros, no lo veas como algo negativo, tenemos en claro lo que sentimos, nuestra amistad está más allá de la distancia, siempre vamos a estar juntos a pesar de los kilómetros que nos separen. Muchas veces pensamos con Pau en que quizás los chicos cuando sean grandes, independientes, algún día nos planteen que quieren hacer su vida en otro país, ¿y qué les vamos a decir? ¿Qué no? Si ese es el futuro que desean, los vamos a apoyar, y aunque no nos veamos a diario, estaremos siempre para ellos! Esto es lo mismo! Además, no quiere decir que no nos veamos, podemos ir a visitarte, o podés venir vos, después de todo Mar del Plata no está tan lejos!
Me emocionaron las palabras de Gabriel y me salió decirles:
-Si ustedes supieran cuanto los quiero, ustedes son mi familia!
-Y así seguirá siendo Clau! No importa la distancia!
Dijo Pablo y no pude más que darle un abrazo a cada uno.
Por eso es que me gustaba escucharlos, sabía que lo que me decían lo hacían pensando en mí y en mi bienestar, no se me había ocurrido lo de alquilar mi casa de aquí y con ese dinero alquilar una en Mar del Plata, y si en algún momento decidiera volverme, o no me terminara gustando, podría volver a vivir en la que es mi casa.
Podría decir que esa noche me fui de casa de Pablo con la decisión tomada, mi vida seguiría en Mar del Plata.
*
Ese sábado en casa, me puse a mirar sitios web de inmobiliarias en Mar del Plata, buscado alguna casa que me gustara, en alguna de las zonas que había conocido en esos meses.
Encontré varias, pero me gustó mucho una en el barrio Los Troncos, de tres dormitorios, uno de ellos, el principal con el baño en suite, otros dos con un baño en medio y un ambiente más, que imaginaba podría servir como escritorio. Un amplio estar comedor con una amplia cocina en un lateral, seguida de un lavadero con conexión al garaje y un hermoso jardín en el fondo con un quincho con parrilla.
La idea era que mis amigos pudieran visitarme sin tener que pagar hospedaje, el barrio era muy lindo, y aunque la casa era más o menos antigua, parecía muy bien conservada.
Me gustó tanto que el lunes llamaría a la inmobiliaria para conocer las condiciones del alquiler.
Lo otro que tenía que resolver, era el alquiler de mi casa de Gonnet, para lo cual había pensado en ir a la inmobiliaria que estaba en la otra cuadra de casa, de la que conocía a la dueña, de haber estado en las reuniones de vecinos por temas del barrio.
Después de tantos meses, el domingo por la mañana, salí a pedalear por uno de los recorridos que solíamos hacer con Pilar, y como si pudiera escucharme, le iba contando mis planes y la decisión que había tomado.
El lunes por la mañana, me presenté en la inmobiliaria y hablé con Mercedes, la dueña, le expliqué lo que necesitaba y juntos fuimos a ver mi casa, por suerte todo estaba ordenado.
Mercedes me pidió permiso y sacó muchas fotos de la casa, del frente, de todos los ambientes y del fondo.
Antes de irse, me dijo lo que se podría pedir por el alquiler mensual y me preguntó a partir de cuándo la ofrecía y le dije que si quería la ofreciera ya mismo, pero para habitar a partir del mes de mayo, para cuando yo calculaba estar ya en Mar del Plata.
Luego llamé a la inmobiliaria de Mar del Plata consultándole por la casa que había visto, me dijo que solo se alquilaba como vivienda permanente, no para el turismo, le dije que era para vivir allí y me dijo el valor mensual de alquiler, los gastos de contrato y que cuando quiera podría visitarla.
Para vivir solo era una casa enorme, pero quería que tuviera lugar para mis amigos, si ya me gustaba la casa, cuando me dijo lo que costaba, me gustó más todavía, era un poco menos de lo que recibiría por el alquiler de mi casa de Gonnet.
Me decidí y les dije que el jueves viajaría a visitarla, coordinamos para las dos de la tarde, y que en caso de decidirme, les dejaría una seña para que ya nadie más pudiera alquilarla.
Esa misma noche se lo conté a mis amigos en el grupo, enviándoles el link de la web de la inmobiliaria, y contándoles los detalles.
No faltó la cargada de Pablo preguntándome:
-Clau! ¿Vos y cuantos más se van a mudar a esa casa?
-Callate boludo! La busqué grande para que me vengan a visitar y no tengan que pagar hospedaje! Así no tienen excusas!
Y Paula dijo:
-Qué genio sos!
Y luego las felicitaciones, emoticones y manitos aplaudiendo.
*
No esperé a que se me terminaran las vacaciones, el miércoles llamé por teléfono a Mario para confirmarle que aceptaba trabajar en Mar del Plata, y que ya estaba buscando lugar para vivir.
Me comentó que estaba ultimando los detalles de la nueva obra con la gente de la empresa y que los trabajos comenzarían a finales de abril o primeros días de mayo.
Me dijo que solo faltaba la respuesta de Esteban, y que de no aceptar, seguramente contrataría a un ingeniero de Mar del Plata.
Mi vida ya estaba encaminada en dirección a Mar del Plata y me tenía realmente entusiasmado, solo un detalle me tenía algo inquieto… Marisa… no había vuelto a saber de ella, ni había visto ninguna otra publicación en su Instagram, salvo un par referidas a la clínica odontológica, ¿era momento de dejarla ir? ¿De olvidarla, de mirar hacia adelante? Ese jueves bien temprano salí para Mar del Plata, llegué antes del mediodía, fui a la dirección de la casa y di una vueltas por el barrio, luego busqué un lugar cercano para comer algo y hacer tiempo hasta las dos de la tarde.
Puntual estaba en la puerta de la casa, cuando una chica bajó de un auto justo en la puerta, nos presentamos, abrió la casa y entramos.
Me sorprendió, y gratamente, el estado de la casa, muy bien pintada las paredes, techos y puertas y ventanas.
Me mostró todos los ambientes, los baños en perfecto funcionamiento, la cocina con muebles bajo y sobre mesada en excelentes condiciones, que claramente eran mucho más modernos que la casa.
Por último vimos el garaje y el fondo, que me pareció más grande que en las fotos, lo único que le hacía falta, era arreglar un poco los canteros con plantas y flores, el resto estaba impecable.
En verdad me gustó mucho y en ese momento le dije a la chica que la alquilaría.
En mi camioneta la seguí hasta la inmobiliaria, hablamos el tema de la garantía, los gastos de contrato y les dejé un mes de seña, en el mes de abril, volvería a viajar para firmar el contrato, llevando las escrituras de mi casa, que serviría como garantía.
El paso ya estaba dado.
Me despedí de la chica y le mandé un mensaje a Mariana, si estaba en la casa, pasaría a saludarla y tomar unos mates con ella, luego buscaría un hotel para pasar la noche y volvería a La Plata el viernes.
-Hola Mariana! ¿Estás en tu casa?
Al momento me llegó su respuesta.
-Claudio! Que sorpresa! ¿Estás en Mar del Plata? Sí, estoy en casa!
-Ok! Poné le pava que paso a tomar unos mates!
-Qué bueno! Te espero!
Compré de camino unas medialunas y fui para su casa, al tocar el timbre me abrió y subí al cuarto piso.
-Claudio! Qué alegría verte! Pasá!
-Hola Mariana!
Nos saludamos con un abrazo y el consabido choque de sus tetas en mi pecho.
-Mientras preparaba el mate, le fui contando:
-Vengo de ver una casa para mudarme, me vengo a trabajar a Mar del Plata!
-Qué bueno! ¿Te decidiste al final?
-Sí, la ciudad me encanta y me pareció bueno un cambio, ya veremos cómo resulta!
-Espero que todo vaya bien! Qué alegría verte, la verdad es que te extraño como vecino…
-La verdad yo también, pero bueno… a partir de mayo voy a estar viviendo acá!
-¿Y por dónde vas a vivir?
-En Los Troncos! Voy a alquilar allí una casa, de hecho ya la señé y el mes que viene vengo a firmar el contrato! ¿Vos como andás?
-Como siempre! De casa al trabajo y del trabajo a casa! Y la verdad, extraño también a esos dos sinvergüenzas!
-Me imagino!
-Desde que se fueron… nada de nada…
-Entiendo! Marcos también se viene a vivir aquí! Esteban aún no confirmó!
-Qué bueno! Pero bueno… no me hago ilusiones… es mucho más joven… pero de los dos, me gustaba más Marcos, viste como es…
-No pierdas las esperanzas… ¿Quién te dice? En una de esas se puede dar…
-Ya veremos…
Hablamos un buen rato contándole de mi movida y a eso de las ocho, le dije que me iba, aún tenía que buscar un hotel para pasar la noche y luego cenar algo.
Con Cara de pícara, me dijo si quería cenar con ella y también que me podía quedar a dormir, para no tener que pagar hotel, pero volví a desistir de esa oferta, no sea cosa que ella y Marcos llegaran a algo, y no quería pasar por ahí.
Nos despedimos con un abrazo, me fui para la zona del centro y tomé una habitación en un hotel de la zona de calle Güemes, luego salí a cenar por ahí y me fui a dormir.
El viernes cuando desperté, pensé si volvía o me quedaba un día más, no tenía apuro, pero mirando en internet, el departamento de Mar de las Pampas estaba disponible y decidí pasar dos días allí y volverme el domingo para La Plata.
*
Ya en casa, quedándome esa semana de vacaciones aún, de a poco empecé a embalar las cosas para la mudanza, estuve pensando en la ruta de regreso, que me podría mudar en abril para que se pudiera pintar mi casa una vez desocupada, y que esté lista para mayo.
Embalar tantas cosas me llevó bastante tiempo y me movilizó muchas cosas, tantas cosas me recordaban a Pilar que varias veces no pude contener las lágrimas.
El fin de semana nos juntamos a comer un asado con los amigos y los puse al tanto de la movida, ya tenía decidido viajar el último viernes de marzo para firmar el contrato y mudarme más o menos a mediados de abril.
Lo hablé con Mario, porque estaría varios días sin trabajar en abril, pero me dijo que no había problema, que después lo arreglábamos con horas a compensar o me daba vacaciones adelantadas, creo que estaba más entusiasmado que yo.
El miércoles por la tarde a eso de las cuatro me llegó un mensaje, en ese momento no lo miré, estaba subido a la escalera, bajando las cosas de la parte de arriba del placard.
Cuando bajé, mientras guardaba cosas en las cajas, me acordé del mensaje, miré mi teléfono y vi que era de Marisa, me sorprendió en verdad y lo abrí.
-Hola Claudio, ¿cómo estás? ¿Te podré llamar? Necesito hacerte una consulta
-Hola Marisa, perdón estaba ocupado! Sí, claro!
Un momento después, sonó el tono de llamada
-Hola Marisa, ¿cómo estás?
-Hola Claudio, bien, ¿vos? ¿Aún en Mar del Plata?
-No, ya terminó el trabajo allí, estoy en casa!
-Ah! Estás acá! Bueno, mejor… el tema es así, ayer cuando entramos con Pía a la mañana, nos encontramos con un olor a quemado bárbaro, empezamos a mirar todo hasta que nos dimos cuenta que una de las pc no encendía y de ella salía el olor, llamamos al técnico y le reemplazó la fuente de alimentación, pero después estuvimos hablando con las chicas y pensamos en que no tenemos ni un matafuego por si llegara a pasar algo, y como sé que te dedicás a eso, te quería preguntar si nos podrás aconsejar sobre eso…
-Sí, claro! Lo único es que no he visto bien todo el lugar, como para saber lo que hace falta, si te parece, puedo pasar, esta semana estoy de vacaciones!
-Buenísimo, si te parece, mañana estoy en los dos turnos, paro de trece a catorce para comer, ¿podrás en ese momento?
-Sí, claro! A la una estoy ahí!
-Gracias Claudio! Nos vemos mañana entonces!
-Dale! Hasta mañana Marisa! Un beso!
-Otro para vos!
Claro está que desde ese llamado, se me volvió a venir Marisa a un primer plano, al día siguiente volvería a verla, a tenerla frente a mí, y seguramente, saldría el tema de su divorcio, ¿Cómo tendría que actuar, hacerme el boludo como que no sé nada, o decirle la verdad de las cosas? Bueno… tenía unas horas por delante para pensarlo.
Al día siguiente ya me levanté un poco inquieto, tomé unos mates, seguí embalando cosas y a las doce y media salí de casa, de camino paré en una confitería y compré una caja de bombones, no muy grande, era un pequeño presente para Pía.
Llegué a las trece en punto, entré a la clínica y me acerqué a la recepción, Pía atendía a una persona y cuando se retiró, la saludé:
-Buen día Pía!
Levantó la vista y me dijo:
-Buenos días! ¿Claudio verdad?
-Así es!
-¿Cómo estás? Marisa me avisó que vendrías! Lo único que viene un poquito atrasada con los turnos…
-No hay problema! La espero!
En ese momento, regalo en mano, extendí el brazo por sobre el mostrador diciéndole:
-Esto es para vos Pía, por el favor del regalo!
-Ay! ¿Para mí? No hacía falta! Pero gracias!
-Un pequeño presente, me gusta ser agradecido!
-Muchas gracias!
Abrió la caja, vio los bombones y volviendo a mirarme dijo:
-Me encantan! Pero los voy a esconder! Si los ven las chicas me los van a comer todos!
Nos reímos los dos, en ese momento entró un hombre y dejé libre el mostrador, sentándome en la sala de espera.
A la una y veinte, la puerta del consultorio de Marisa se abrió, una mujer salió, se despidió de ella con un beso y se acercó a Pía, le dijo algo que no pude escuchar, e inmediatamente se dio vuelta, se le dibujó una sonrisa en la cara y se acercó a saludarme, al momento que me ponía de pie.
-Hola Claudio! Perdón por hacerte esperar! Se me atrasaron los turnos!
-¿Cómo estás Marisa? No pasa nada… podía esperar…
Caminamos hasta la cocina y me ofreció un café, que acepté, mientras lo tomábamos, fuimos recorriendo el lugar, los consultorios, baño, un ambiente que funcionaba como depósito, otro donde estaban los compresores de las estaciones de trabajo de las tres.
Una vez que terminamos la recorrida, volvimos a la cocina, donde sin dudas era el lugar de reunión o de descanso, nos sentamos y le dije:
-No es muy grande el lugar, con tres extintores es suficiente, ubicados en lugares accesibles, pueden ser del tipo ABC de halotrón, que sirven incluso para la sala de los compresores!
-Me estás hablando en chino! Pero si es lo que considerás, está perfecto!
-Vi también que no tienen luces de emergencia!
-Es verdad! No pensamos en eso!
-Ante cualquier corte de electricidad, puede servir para no andar a oscuras!
-Buenísimo! Decime donde compro todo eso!
-Si querés puedo comprarlo yo, suelen hacerme descuento!
-Dale! Después te transfiero el dinero, junto con el de tus honorarios!
-Ok
Por supuesto no pensaba cobrarle por mi trabajo, era bastante sencillo, cosa de una hora.
-Lo único, hay que hacer unos agujeros para colgar los matafuegos, quizás sería mejor en el momento en que no hay pacientes, o después de la hora de atención o el sábado…
-¿Cuánto puede demorar el trabajo? Si querés puede ser el sábado a la mañana…
-Como mucho un par de horas!
-Podría ser este sábado! Tengo turno con la ginecóloga a las ocho, supongo que para las diez ya estoy libre, ¿podrás a esa hora?
-Por mí está perfecto!
-Bueno, dale! Quedamos así!
-Ok! Yo compro lo que hace falta y ya lo traigo el sábado!
Conversamos un momento más, pero entendí que no era el momento o no quería contarme su situación, y lo respeté, además su próximo paciente ya la estaba esperando, nos despedimos y salí de la clínica.
La puta madre, después de tiempo sin verla, la vi más hermosa aún…
Esa misma tarde fui a la casa de elementos de seguridad, compré todo lo necesario y lo dejé en la camioneta.
Volví a casa y seguí embalando cosas para la mudanza, dejando fuera de las cajas solo lo necesario, que guardaría a último momento.
El sábado me levanté temprano como siempre, para que mentir, algo nervioso por el encuentro que me esperaba, por momentos me sentía como un chico al que le muestran un juguete pero no le dejan jugar con él, pero… ¿Quién podría impedir que le dijera a Marisa lo que me pasa con ella? Sin dudas… yo mismo… quizás sea un boludo por no jugármela, pero me frenaba el hecho de saber que quizás había otro hombre ya en su vida, con el que tal vez hasta se había ido de vacaciones, definitivamente, tendría que analizar bien lo que diría o haría, tampoco es cuestión de tirarme a la pileta y que la pileta estuviera vacía, creo que me moriría luego…
Con esos pensamientos, a las diez menos veinte salí para la clínica, al llegar puntual a las diez, el auto de Marisa ya estaba estacionado en la puerta.
Bajé todas las cosas de la camioneta antes de tocar el timbre, un momento después me abrió la puerta con una sonrisa.
-Hola Claudio! Buen día!
-Hola Marisa! Buen día!
-Pará que te ayudo a entrar todo!
Vestía ropa normal, un pantalón de jean, una remera y zapatillas, así y todo, estaba hermosa.
Entre los dos entramos todo, y me preguntó:
-¿Unos mates antes de arrancar? ¿O preferís café?
-Si vos tomás también, unos mates!
Fue a la cocina, mientras yo fui sacando el taladro de la maleta, un momento después volvió y dijo:
-Ya vuelvo Claudio, no hay yerba, voy hasta el mercadito!
-Ok, dale!
Mientras volvía, fui colocando las luces de emergencia, eran tan solo dos tornillos amurados.
La escuché volver y unos minutos después, se apareció con el mate preparado y mientras ajustaba la base de la luz de emergencia, tomé un mate.
A cada lugar que iba, ella me seguía, ofreciéndome un mate.
El trabajo estaba casi terminado para las doce menos cuarto, luego de colgar el último matafuego, fui hasta mi caja de herramientas y le dije:
-Estos son los certificados de los matafuegos, en esta casa los podés hacer recargar, se hace cada un año, aquí en la etiqueta está la fecha en que se debería hacer! Vení un momento!
Me siguió hasta uno de los matafuegos y le expliqué como se utilizaban y en caso de incendio, como dirigir el contenido sobre las llamas.
-Buenísimo! Espero nunca tener que usarlos!
-Es verdad! Vamos a hacer una pequeña prueba, vamos a cortar la electricidad desde el tablero, para ver si encienden las luces de emergencia!
-Está acá!
Caminé detrás de ella hasta el tablero y bajé la llave, comprobamos que las luces encendían y volví a levantar la llave.
-Listo Marisa!
-Buenísimo Claudio! Decime lo que te tengo que trasferir!
Tomé la factura de la compra y le dije:
-Esto Marisa! Y guardá esta factura, por la garantía!
Sabía que me iba a preguntar por mis honorarios, pero no le iba a cobrar, a cambio le pediría algo.
-Bien! Y decime también cuanto es tu trabajo!
-Ya sé lo que me vas a decir, pero no te voy a cobrar por un rato de trabajo!
-Por favor Claudio! Te tomaste la molestia de venir, de comprar vos mismo las cosas y de colocarlas! Es tu trabajo, por favor decime cuanto es!
-No te voy a cobrar por mi trabajo Marisa, me sale hacerlo así…
-Ay Claudio… bueno, entonces hagamos una cosa… si no tenés ningún compromiso, yo pago el almuerzo! ¿Podés?
No tuve la necesidad de pedírselo, salió de ella y claramente le diría que sí.
-No tengo nada que hacer! Almorzamos entonces!
-Pero solo si pago yo!
-Está bien!
-De paso aprovecho para contarte algo!
-Ok!
Mientras cargaba las herramientas en la camioneta me quedé pensando, ¿qué será lo que me quiere contar, del divorcio, de ese otro hombre? No sé si estaba preparado para escucharla decir que estaba saliendo ya con alguien, y tampoco sabía si decirle que ya estaba al tanto de su separación, ya vería sobre la marcha como se daba la conversación.
Terminé de acomodar todo y limpié la suciedad de las perforaciones en la pared, aunque Marisa me decía que lo podía hacer la señora que hace la limpieza el lunes, pero no me gusta dejar suciedad cuando hago un trabajo.
A las doce y cuarto Marisa cerraba la puerta de la clínica y me dijo:
-Acá cerca hay un restaurante que se come muy bien, ¿te parece?
-Donde quieras!
Caminamos ese par de cuadras y nos sentamos en una de las mesas de la vereda, el día lindo lo permitía, la mesera nos recibió y nos entregó la carta, elegimos los platos, la bebida y cuando la chica se retiró, me miró a los ojos, y hasta nervioso me puse.
-Claudio… te quería contar que ya no estoy con Carlos, el divorcio está en marcha desde el año pasado!
Y en ese momento me debatí entre decirle o no que ya lo sabía, mantuve mi mirada en la suya, y decidí ser sincero, no tenía sentido ocultarlo.
-Ya lo sabía Marisa…
-¿Ya lo sabías? ¿Cómo te enteraste? ¿Él te lo contó?
Su gesto cambió, se puso seria, quizás pensando en cómo me había enterado o quizás creyendo que tenía relación con su ex como para hablar de ese tema.
Entonces decidí contarle todo, aunque también le pediría perdón por no haberle dicho nada de lo que sabía.
-Marisa… No me enteré por Carlos… de hecho, después de esa fiesta no he vuelto a verlo, tan solo cruzamos mensajes para fin de año…
-¿Y entonces como lo supiste?
-Es algo… un poco más complicado que tan solo saberlo…
-No entiendo…
-En esa fiesta… cuando supe que eras esposa de Carlos… bueno… la verdad no lo podía creer…
-Yo tampoco! No sabía que lo conocías… y menos que tenían esa familiaridad… yo nunca había hablado con él de vos!
-Y me di cuenta… Pero te digo la verdad, tantas cosas pasaban por mi cabeza en ese momento que no soportaba estar en esa fiesta… cuando lo conocí, y te soy sincero, no me cayó bien… pero no puedo trabajar solo con la gente que me cae bien… es trabajo…
-Sí, ya sé cómo es…
-El tema es que… en las veces que hablé con él y en varios momentos me enteré de muchas cosas…
-¿De lo que hacía con otras mujeres?
-Sí… pero cuando supe que era tu marido, si ya me caía mal… me cayó aún peor… recordé lo que me habías contado sobre tu matrimonio y… todo tuvo sentido en mi cabeza…
-¿Sabías de esas mujeres?
Asentí lentamente con mi cabeza.
-Y no porque me lo hayan contado… además de lo que él mismo me había dicho, en el brindis de fin de año, lo vi con su secretaria, eso nadie me lo contó… yo lo vi con mis propios ojos, estaban en una oficina y los vi de camino al baño.
-Qué hijo de puta!
-Y esa no fue la única vez… un día me llamó para invitarme a una cena con unos amigos, unos de ellos quería contratarme para un trabajo, que finalmente hice…
-¿Esas cenas con las putas?
-Esa misma…
-¿O sea que vos también estuviste con una de esas mujeres?
En ese momento nos trajeron la comida, y mientras la chica apoyaba los platos en la mesa Marisa me miraba, y con el gesto serio, cuando la chica se fue, le agradecí y volviendo a mirarla le dije:
-No precisamente… yo no sabía de que iban esas fiestas, Carlos no me había dicho nada, me di cuenta cuando ya estaba ahí, había una chica para cada uno… y lógicamente había una para mí… Luego de cenar, se fueron yendo cada uno con una mujer a una habitación y yo por supuesto me fui con una de esas chicas, pero al entrar, me preguntó si era la primera vez que iba y le dije que sí, le pregunté si tenía que pagarle y me dijo que no, que ya luego les pagaban, entonces le dije que no haría nada con ella, en mi vida pagué ni pagaré por sexo, la chica lo entendió, de todos modos cobraría igual, así que no… no tuve sexo con esa chica, solo conversamos por media hora y luego de eso me fui, aunque ellos seguían… cambiando las parejas…
-Que hijos de puta! Y están todos casados!
-No es por tirarle tierra encima, pero otras cosas también me rompieron las pelotas…
-¿Cómo qué?
-Marcela, mi actual contadora, trabajaba para Carlos, la iba despedir, y en ese momento, por problemas familiares, ella tenía el único ingreso de la casa, y para no despedirla, le dijo que se quería acostar con ella. Yo por el trabajo, había hablado con esa chica, y le dijo delante de mí que ese día necesitaba que se quedara luego de la hora, a la chica le cambió la cara y me lo terminó contando. Le dije que ese mismo día renunciara, que yo la contrataría.
-Qué pedazo de sorete! ¿Cómo pude ser tan boluda? ¿Cómo pude vivir con un tipo así?
-Sin dudas el poder o el dinero se le subieron a la cabeza…
-Pero bueno… ¿cómo te enteraste de mi divorcio?
La miré en silencio un momento a los ojos y le dije:
-Perdón por lo que te voy a decir… por hacerlo sin que supieras nada… pero por lo que te conozco… no te merecías lo que ese tipo te estaba haciendo… vos preocupada por cómo estaban las cosas en tu matrimonio, y él cogiéndose a cuanta mina se le ponía a tiro… no me lo banqué y… una tarde fui a tu casa, bueno la que era tu casa, y hablé con Ester… se lo conté todo…
-¿A Ester? Nunca me dijo que había hablado con vos!
-Quedamos de acuerdo en que no te lo diríamos, al menos no en ese momento… Ester ya se lo imaginaba, pero después de que lo supo, no quería que yo quedara en medio, ya que los conocía a los dos…
-Ahora entiendo… debe ser por eso que Ester me lo preguntó esa noche, y aunque se me había cruzado por la cabeza, nuca creí que sería capaz… qué tarada por Dios!
-Y también supe que me llamarías para preguntarme, Ester me lo dijo y perdón… perdón por mentirte, pero Ester me dijo que de enterarte, tenía que ser por tus medios… perdón…
-Después de esa charla con Ester, pensé mucho, ¿cómo debería ser de evidente para que hasta Ester se diera cuenta o sospechara? Hablando con las chicas se los comenté y me dieron la idea de seguirlo, aunque no podía ser yo quien lo siguiera, fueron dos chicos en moto, casi un mes lo siguieron y le sacaron cientos de fotos, por eso supe lo del departamento, de las noches de putas, de su secretaria y de otras mujeres más…
-Eso también lo sabía… perdón…
-¿Y Ester fue quien te contó que lo había dejado?
-Sí… y también me contó lo que pasó ese día! Escuchó todo desde la cocina con un sartén en la mano, si tu ex se ponía violento, se lo daba en la cabeza! Pero por favor no te enojes con ella por eso…
Por primera vez desde que estábamos hablando esbozó una sonrisa.
-Qué cosa esa Ester! Cómo la quiero!
-Y ella a vos… me lo ha dicho cada vez que hemos hablado…
¿Y qué más hablaron?
-Me lo contó días después de que te fueras! Que se habían ido a casa de una amiga… y perdón por no decirte nada, quizás te lo tendría que haber contado directamente a vos, pero… no supe si debía meterme así en tu matrimonio… y luego de eso no hemos vuelto a hablar…
-Quizás me hubiera ahorrado mucho tiempo…
-Perdón… La verdad es que sentí que tenía que hacer algo, pero… no sabía qué y se me ocurrió eso, perdón Marisa…
Me miró un momento, su gesto se había ablandado un poco y luego me dijo:
-No tengo nada que perdonarte Claudio… pensándolo bien… no sé que hubiera hecho en tu lugar…
Se quedó un momento en silencio y se le perdió la mirada hacia uno de sus lados, la verdad sentía que la cosa estaba tensa y no sabía muy bien lo que estaría pensando, pero me dijo:
-Creo que más que perdonarte tendría que agradecerte, quizás las cosas hubieran terminado de todos modos, pero todo eso sirvió para que abriera los ojos…
Y en ese momento decidí decir algo amable, para suavizar el ambiente.
-Marisa, no te conozco desde hace mucho tiempo, ni sé muchas cosas de tu vida, pero me parecés una mujer íntegra, laburadora, amable, con buenos sentimientos, con las cosas claras, con la que se puede hablar de cualquier tema, y cada vez que nos hemos visto, ha sido muy agradable para mí hablar con vos… y no me banqué que estuvieras viviendo una mentira…sé que no debe haber sido fácil para vos enterarte de todo eso… y te juro que no era mi intensión meterme en tu vida…
-La verdad es que no fue fácil, una cosa es saber que tu marido en una salida, con alcohol, joda o algo así se termine cogiendo a una mina, y por culpa venga y te lo cuente… pero enterarte que sistemáticamente y con un montón de mujeres te es infiel, la verdad fue una mierda… me hizo sentir la más pelotuda de todas, la que no se daba cuenta de nada… una tremenda boluda…
En ese momento le brillaron los ojos, las lágrimas estaban al caer, y me moría por abrazarla, por decirle que todo iba a estar bien, me animé y le tomé la mano, y mirándola a los ojos le dije:
-No sos ninguna boluda Marisa… confiabas en una persona que traicionó esa confianza y eso no habla mal de vos, sino de él, por favor no te sientas mal… sé que el fracaso de un matrimonio es una mierda, supongo que de eso se puede volver….pero te aseguro que ver irse a la persona que amas es mucho más duro…
En ese momento levantó la vista, apretó un poco mi mano y me miró a los ojos.
-Tenés razón Claudio… perdón…
-Nada que perdonarte Marisa… así es la vida… buenas y malas, luces y oscuridades… para mí lo más importante es vivir en paz, en paz conmigo mismo, llegar a la cama, apoyar la cabeza en la almohada y sentir que he hecho bien las cosas ese día, que no le he hecho mal a nadie, sentir que ese día valió la pena…
-A mí también me gusta hablar con vos… sos tan distinto… bueno… en verdad no he tenido relación con muchos hombres… me gusta como pensás y por eso me he sentido tan cómoda las veces que hemos hablado…
-¿Contame cómo estás?
-La verdad, y aunque me costó el cambio, mucho más tranquila… por momentos siento como que estoy viviendo otra vida… no sé… como que hay cosas en las que no tengo que pensar o de las que no tengo que preocuparme… y Ester… agradezco todo el tiempo tenerla a mi lado, no me ha dejado sola ni un día… te juro que es como una madre para mí…
-Y sos como una hija para ella… te lo aseguro…
Ya habíamos terminado de comer y la sobremesa se extendió, si por mi fuera, hasta el día siguiente.
-Contame de vos! ¿Cómo te fue en Mar del Plata?
-Muy bien por suerte! Terminamos la obra en febrero y volvimos, pero ahora me vuelvo a ir…
-¿Por trabajo o de vacaciones?
-Por trabajo, a Mar del Plata, pero no solo a trabajar, me mudo, voy a vivir y a trabajar allá.
La cara le cambió, se le desdibujó la sonrisa, entristeciéndole la mirada, y eso me mató.
-¿Te mudás a Mar del Plata?
-Así es! Ya tengo la casa donde voy a vivir!
-¿Y no vas a volver?
-Vendré algunos fines de semana a visitar a los amigos!
Se quedó un momento en silencio, con la mirada baja y yo trataba de descifrar lo que eso significaba.
-Guau… Que cambio…
-Qué decirte… se dio la oportunidad… no sé cómo puede resultar, la verdad… pero bueno, quizás lo tomo como un cambio de perspectiva…
En ese momento me di cuenta que me miraba la mano izquierda, ya hacía unos meses me había quitado la alianza, y supongo que lo habría notado, y no me equivoqué, de mi mano izquierda su mirada fue a mis ojos.
-Ya no llevás la alianza… ¿eso quiere decir que hay alguien en tu corazón?
-Algo así… aunque… bueno… no es tan sencillo… quizás ni siquiera llegue a nada… creo que no es recíproco, pero bueno…
Volvió a bajar la vista y ya sin mirarme a los ojos dijo:
-Está muy bien Claudio… sos un buen tipo y muy joven aún, espero que se te pueda dar… ya te tocó sufrir…
-¿Y vos?
-¿Si hay alguien? No lo sé muy bien… estoy en un momento tan raro de mi vida, tan desconocido para mí, que… que no sé qué puede pasar, no sé… no estoy segura de que pueda pensar bien las cosas en este momento… y en verdad, no me gustaría que las cosas no salieran bien… no sé… tengo mucho lio en mi cabeza… no sé si estoy lista…
-Te juro que te entiendo… cuando me quedé solo, por momentos sentía que ya nada tenía sentido… como que estaba descolocado, pero gracias a Dios estuvieron mis amigos, ellos fueron mi gran sostén y hoy te puedo decir que pude superarlo gracias a ellos…
-Si no la tuviera a Ester, creo que estaría perdida… ella ha sido mi sostén, y no solo desde la separación, ya lo era desde mucho antes…
-Todo pasa Marisa… no puedo decirte en cuanto tiempo, pero todo pasa, cuando quieras acordar, esto será tan solo un recuerdo, un momento de tu vida que ya forma parte del pasado, y estarás lista, aparecerá sin dudas esa persona que te haga sentir que la vida vale la pena vivirla, te lo aseguro…
-Gracias Claudio! Siempre me gusta hablar con vos…
-A mi también!
-¿Cuándo te vas a Mar del Plata?
-Supongo que a mediados de abril!
-Ya! En menos de un mes!
-Así es! De hecho ya estoy embalando todo en casa!
Volvió a bajar la vista, tenía muchas ganas de decirle que por ella me había sacado la alianza, que por ella mi corazón estaba ocupado, pero sentí que no era el momento, que debía esperar.
Marisa miró la hora y me dijo:
-No quisiera, pero ya me tengo que ir Claudio, a las cuatro es el cumpleaños de Sofía, la hija más chiquita de Patricia, mi socia y tengo que pasar por casa a cambiarme!
-Claro! Permitime invitarte!
-Habíamos quedado en que pagaba yo! La próxima será…
-Está bien!
Pagó la cuenta y salimos del restaurante, eran las tres y media de la tarde, caminamos hasta la clínica donde estaba su auto y mi camioneta, y ya frente a ellos me dijo:
-Gracias por todo Claudio! Por el trabajo y por el almuerzo!
-En todo caso gracias a vos por el almuerzo! Me encantó la charla!
-A mí también…! ¿Te puedo pedir algo?
-Claro!
-¿Te puedo dar un abrazo?
Ni siquiera le contesté, di el paso que nos separaba y la abracé, nada quería más en ese momento que abrazarla, sus brazos rodearon mi espalda y no quería que ese abrazo terminara nunca.
Nos separamos, nos dimos un beso en la mejilla y antes de que subiera a su auto le dije:
-Mandale un beso grande a Ester!
-Seguro! ¿Nos volveremos a ver antes de que te vayas?
-¿Por qué no?
Con esa sonrisa que dijo muchas cosas, puso el auto en marcha y la vi irse… de camino a casa, me pregunté si hacía bien en irme a Mar del Plata…
*
El lunes volví al trabajo, hablé varias veces con Mario sobre el próximo trabajo en Mar del Plata, sobre la gente que trabajaría allí, me contó que finalmente Esteban no iría a trabajar en Mar del Plata y varias cosas más.
El treinta y uno de marzo, viajé a Mar del Plata para firmar el contrato, había arreglado con la inmobiliaria que estaría allí a las tres de la tarde, y cuando llegué, ya me esperaban, llevé el original de la escritura que serviría de garantía, firmamos el contrato, le transferí el dinero y casi una hora después, salí de la inmobiliaria con las llaves de mi nueva casa.
Me fui a la casa, la recorrí aún vacía, pensando en que en unos días todas mis cosas y yo estaríamos ocupándola, por suerte tenía electricidad y gas, solo tenía que hacer el cambio de titularidad, y una vez allí, pediría el servicio de internet y televisión.
Pasé la noche en un hotel, y el sábado en la mañana me volví para La Plata, si todo iba como lo tenía pensado, en dos semanas estaría allí viviendo, mi idea era mudarme el sábado quince de abril, tener unas semana para acomodar todo en mi nueva casa y en la última semana, organizar todo con Mario para el nuevo trabajo, que comenzaría más o menos el diez de mayo.
Los días se me pasaron volando y ya estábamos en abril, con casi todo listo para la mudanza, mi casa parecía un depósito, cajas por todas partes, ya todos los muebles vacíos, salvo mi placard, que aún tenía la ropa que necesitaría hasta irme.
Contraté una empresa de mudanzas, que vino a ver todo lo que había que transportar, para considerar el tamaño del camión y la cantidad de personas para mover todo.
Ver todo embalado, desarmada la que fuera mi casa por tantos años, en la que había sido tan feliz y tan desdichado luego, me movilizó muchas cosas, sentado sobre una caja viendo todo eso no pude evitar las lágrimas, estaba dando un paso hacia mi nueva vida, ¿con dudas?, claro que sí, pero también con muchas certezas, un trabajo estable y mejor remunerado, una hermosa ciudad, una gran casa y la seguridad de que la distancia no tendría efecto en la relación con mis amigos… mi familia.
Era un nuevo comienzo, lo único que me hacía dudar, eran mis sentimientos por Marisa, luego de esa conversación, tenía sentimientos encontrados, había alguien en su vida, aunque pude entender que no estaba lista aún para comenzar algo, pero… no podía supeditar mi decisión sobre algo que no era seguro.
El miércoles doce de abril, me llegó un mensaje de mis amigos, que tenían organizada una cena para el viernes, para despedirnos, sería en casa de Gabriel, pero bien temprano, ya que el sábado a las siete de la mañana estaría el camión de la empresa de mudanzas en la puerta de casa.
Al día siguiente, estaba terminando de guardar algunas cosas, las últimas, incluso ya había desarmado mi cama, esas dos noche dormiría con el colchón en el piso, eran las cuatro de la tarde, cuando escuché el sonido de un mensaje en mi teléfono, al mirar la pantalla, vi que era de Marisa.
-Hola Claudio! Me imagino que andarás a full con la mudanza!
-Hola Marisa! ¿Cómo estás? Tenés razón, a full con lo último que me falta!
-¿Podremos vernos antes de que te vayas? Aunque sea un momento.
-Dale! Si te parece podemos tomar un café mañana en la tarde! ¿Te parece?
-Sí, dale! Donde vos me digas!
-¿Te parece cuando salías del consultorio?
-Ok, dale!
-Te espero en el café de trece y cuarenta y ocho!
-Ok! Tipo cinco estoy ahí!
Sabía que no sería un encuentro fácil para mí, quizás podría ser el último, como veía yo las cosas, así sería sin dudas.
A las cinco menos diez de la tarde estaba ya sentado en una mesa del primer piso, la misma que habíamos ocupado ese día de su cumpleaños, y mentiría si dijera que no estaba nervioso.
A las cinco y diez minutos, me llegó un mensaje de Marisa.
-Estoy yendo!
Al que constesté:
-Estoy en una mesa del primer piso!
Un momento después la vi aparecer subiendo la escalera, ya con una sonrisa, se acercó a la mesa y me puse de pie para saludarnos con un beso en la mejilla.
-Hola Marisa! ¿Cómo estás?
-Bien! ¿Y vos?
-Bueno… un poco loco… esto de mudarme me ha tenido al trote estos días!
-Me imagino! A mí me estresó mucho la mudanza… bueno… supongo que también influyó la situación!
-Me imagino! A mí me tiene ansioso… qué sé yo… es algo nuevo… otra ciudad, otra casa, a tantos kilómetros, que decirte… espero acostumbrarme…
-Ya vas a ver que sí! Uno se termina acostumbrando…
-Te compré algo… quería hacerte un presente… y ya te debés imaginar…
Dijo eso mientras sacaba algo de su cartera, que claramente era un libro y me lo entregó. Envuelto en papel de regalo que saqué con cuidado de no romper, para encontrarme con “El mundo ha vivido equivocado” de Fontanarrosa, y al abrirlo, en la primera página en blanco, una dedicatoria escrita por Marisa, que decía:
“Claudio:
Que esta nueva etapa de tu vida te permita encontrar la felicidad!
Que el universo te permita sonreír cada día!
Que cada paso sea el deseado! Que cada logro alimente tu alma!
Y que el amor colme tu corazón!
Sos un gran hombre y te deseo una buena vida!
Marisa. 14/4/23”
Tuve que hacer fuerza para contener las lágrimas, me quedé un momento más mirando esa dedicatoria que sentía sincera, luego levanté la vista y me pareció que sus ojos también estaban brillosos, pero con esa sonrisa que me tiene atrapado. La miré a los ojos y le dije:
-Gracias Marisa! Son hermosas tus palabras! Gracias de verdad!
-No dije nada que no sienta… Sos un gran hombre y merecés una buena vida…
-Gracias!
Me moría por decirle que lo mejor para mi vida sería ella, que mi corazón estaba colmado ya por lo que sentía por ella, pero nuevamente sentí que no era el momento, a horas de irme a otra ciudad, a kilómetros de distancia, no podría decir algo así para luego irme, y en ese momento sentí que si tenía que ser… el universo haría lo suyo para que fuera.
Conversamos por casi una hora, hablando de mi mudanza, de mi nueva casa, de mis amigos y un montón de cosas más, quería que ese momento no se terminara nunca, pero tenía que poner los pies sobre la tierra, si a ella le pasara algo parecido a lo que me pasaba a mí, sin dudas hubiera dicho algo que me lo diera a entender, pero recordé lo que hablamos en ese almuerzo y de esa persona que había en su vida.
Salimos juntos del café, la acompañé hasta su auto y antes de subirse me dijo:
-Que todo vaya bien Claudio! Y espero que podamos seguir en contacto…
-Claro que sí!
-¿Puedo darte un abrazo?
-Claro!
Nos dimos el abrazo y se subió al auto, me pareció que sus lágrimas estaban ahí, al caer, pero me miró sonriendo, arrancó el auto, un último saludo con la mano y la vi alejarse.
Caminé hasta la camioneta pensando en si estaba haciendo bien al irme…
*
El viernes en la noche, como tantas otras veces, nos comimos un regio asado, traté de que fuera como siempre, que no sonara como una despedida, aunque lo era.
Hablamos, reímos, comimos y por supuesto, nos despedimos con abrazos, pero esta vez me fue imposible evitar las lágrimas, cuando nos decíamos lo que nos queremos.
El sábado antes de las seis de la mañana ya estaba despierto, terminé de acomodar lo que me faltaba mientras me tomaba unos mates y a las siete en punto, el inmenso camión estacionaba en la puerta de casa.
Bajó el conductor y dos hombres más, entre los cuatro cargaríamos todo.
Para las nueve menos cinco, ya estaba mi vida dentro de ese camión, le di la dirección al conductor, le dije que tenía que pasar por la inmobiliaria para dejar las llaves y que los alcanzaría en la ruta, para ir tras ellos.
Entramos en Mar del Plata a las dos de la tarde pasaditas, a partir de allí fui delante de ellos, ya tenía un camino sin tanto tráfico hasta mi nueva casa.
Para las cuatro y cuarto de la tarde ya tenía todas mis cosas dentro mi nueva casa, le transferí al conductor lo pactado y con un apretón de manos nos despedimos, ellos volvían para La Plata.
Ahora comenzaba la titánica tarea de poner todo en su lugar, tenía esa semana completa para hacerlo, por lo que comencé haciendo una limpieza a fondo de la cocina para conectar la heladera, luego el que sería mi dormitorio, para armar la cama para la noche que se me vino encima.
Salí a comprar algo para comer, ya seguiría con las cosas de la cocina el domingo.
Durante esa semana terminé de acomodarlo todo, solo quedaron algunas cajas con mis libros, pero tenía que armar una biblioteca.
Pensando en las habitaciones para cuando mis amigos me visitaran, compré dos camas de dos plazas, una para cada habitación, una para Pablo y Miriam junto con una cucheta para Malena y Franco, y en la otra, una de una plaza que ya tenía para Sofía junto a la de Gabriel y Paula.
La habitación restante, por el momento hacía las veces de depósito, ya luego la acondicionaría como un escritorio.
Mi nueva casa, ya era mi casa, terminado de acomodar todo, me senté en el sillón y me quedé pensando en que solo deseaba que las cosas fueran bien.
*
La última semana de abril, Mario vino a Mar del Plata y estuvimos ultimando detalles para el comienzo de la obra, Marcos llegó también en esos días, mudándose a un departamento que había alquilado en la zona del galpón, a unas siete cuadras.
Mario volvió a convocar a los operarios de la obra anterior, solo unos de ellos tenía otro trabajo, y además contrató a cinco operarios más, esta obra era más grande.
El lunes ocho de mayo comenzó la obra, esa semana estuvo también Mario, aunque me dijo que luego haría como en la obra anterior, vendría los jueves y se volvería los viernes.
Poco a poco me fui acostumbrando a mi nueva casa, a los ruidos y a los silencios.
Hablé por teléfono con Mariana diciéndole que ya estaba viviendo en Mar del Plata y vino a conocer mi casa, en esos mates por la tarde, me contó que se había reencontrado con Marcos y en los mejores términos, y que a pesar de haberse visto varias veces, sentía que podrían llegar a algo más, y en verdad me alegré por ellos.
El trabajo comenzó muy bien, a buen ritmo y Mario estaba muy conforme con toda la gente, para secundar a Marcos, había contratado un ingeniero de Mar del Plata, Rafael su nombre y congeniamos rápidamente con él, tanto Marcos como yo, casado y con dos hijos, ya tenía experiencia en montajes, había trabajado para una empresa de la ciudad hasta el año anterior.
Hablaba o hacía videollamadas con mis amigos todo el tiempo, contándonos cosas, poniéndonos al día de nuestras vidas y ya estaban pensando en venir a visitarme en el mes de julio, para mi cumpleaños.
*
Una tarde de mediados de junio, sonó un mensaje en mi teléfono, al ver la pantalla, era de un número de La Plata que no tenía agendado, y en la vista previa, tan solo pude ver que decía “Hola Claudio, ¿cómo estás?
Abrí el mensaje y me di cuenta de que era de Marisa, aunque me extrañó que fuera desde otro número.
-Hola Claudio! ¿Cómo estás? ¿Cómo va esa vida en Mar del Plata?
-Hola Marisa! Muy bien! ¿Vos cómo andás?
-¿Te podré llamar?
-Sí claro!
Un momento después, entró la llamada
-Hola Claudio!
-Hola Marisa! ¿Cómo andás?
-Todo bien! Bueno… con algunos detalles…
-¿Qué pasó? ¿Ester bien?
-Sí! Por suerte ella muy bien! Pero te habrás dado cuenta que cambié de número!
-Sí, me di cuenta cuando llegó el mensaje!
-Tuve que cambiar de número… Carlos me tenía podrida, ya lo había bloqueado pero me llamaba de otros números, me tenía podrida!
-¿Qué paso?
-Ya sale el divorcio, ya tenemos fecha para la audiencia, es la semana que viene y no para de llamarme para decirme que lo piense, que está arrepentido de lo que hizo, que me promete no sé cuantas cosas y bla, bla, bla, y la verdad es que ya no quiero verlo ni en figurita…
-Me imagino… se habrá dado cuenta de la mujer que dejó escapar…
-No sé, la verdad… pero no quiero saber más nada de él… pero bueno… Agendá este número, el otro dejé de usarlo!
-Ok! Agendo este! ¿Lo demás bien?
-Sí! Gracias a Dios! Te llamé porque sé que en unos días es tu cumpleaños y me gustaría enviarte un regalo, pero no sé la dirección de tu casa!
-No hace falta Marisa!
-Pero ya lo compré y te lo quiero enviar! Seguro imaginás lo que es…
-Ok! Me puedo imaginar… Ahora te mando un mensaje con la dirección!
-¿Tenés pensado hacer algo para tu cumpleaños?
-Cómo cae jueves, ese día nada, pero mis amigos vienen el sábado ocho y se quedan hasta el domingo, vamos a comer un asado el sábado en la noche!
-Qué bueno!
-Sí, la verdad es que los extraño! Aunque hablamos seguido…
-Me imagino!
Hablamos por casi media hora, contándonos varias cosas, y mentiría si dijera que no tenía miedo de que me dijera que estaba con alguien, la distancia no me lo estaba haciendo fácil, aunque quisiera, no podía dejar de pensar en ella.
Nos despedimos, antes de cortar, me dijo que me avisaría cuando me enviara el regalo.
*
Comenzó el mes de julio, que me resultó bastante más crudo que en La Plata, los días de frió y viento en Mar del Plata, te calan hasta los huesos.
Mario venía cada semana y se iba conforme cada viernes por el progreso de las obras, y en esta obra, me iba asignando algunas tareas nuevas, para que poco a poco me fuera poniendo al corriente de lo que se iba haciendo.
Mis amigos me confirmaron su venida, diciéndome que saldrían de La Plata ese sábado ocho de julio a las siete de la mañana, con lo que llegarían antes de la hora del almuerzo, y los esperaría con la comida ya lista.
El lunes de esa semana, a eso de las diez de la mañana, me llegó un mensaje de Marisa diciendo:
-Hola Claudio! ¿Cómo estás?
-Hola Marisa! Muy bien ¿y vos?
-Todo bien! Te quería preguntar a qué hora estarás en tu casa el jueves, estoy por despachar tu regalo y quería saber qué hora poner para la entrega.
-Con seguridad, después de las cuatro de la tarde, a esa hora ya estoy!
-Ok! Pongo esa hora entonces! Gracias!
-Al contrario! Gracias a vos por el regalo!
-Espero te guste!
-De eso no tengo dudas!
Nos despedimos y me quedé pensado en que libro habría elegido, estaba seguro que ese sería su regalo, como que nos habíamos acostumbrado a regalarnos libros.
Ese jueves, mientras tomaba unos mates antes de ir al trabajo, mis amigos me hicieron una videollamada saludándome, y luego de conversar unos minutos, quedamos en vernos el sábado al mediodía.
A media mañana también me llamó Mario, que ya sabía que no venía ese día, también me saludó Mariana y almorzamos con Marcos y Rafael.
Llegué a casa a las cuatro menos cuarto, me preparé el mate y me senté a leer en el sillón, la tarde estaba nublada, pero cada vez estaba más oscuro, el pronóstico decía lluvia para la nochecita, pero viendo por la ventana, me parecía que no faltaba mucho para que se largara.
Mentiría si dijera que no esperaba un mensaje o un llamado de Marisa, pero sabiendo que llegaba su regalo, pensé que su saludo vendría dentro.
Eran las cinco menos veinte de la tarde cuando, ya lloviznando, escuché el timbre de mi casa y estaba seguro de que era la mensajería con el regalo de Marisa, pero no, no era la mensajería...
Continuará…
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