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Dominaciónnov 2024

Dos lesbianas maduras y un sumiso (2)

Carmen y Lucia no toleran la presencia de una erección en su hogar. Para silenciar su deseo, lo someten a un castigo que mezcla dolor físico y humillación pública, mientras ellas disfrutan de su placer sin él.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Como lesbianas sabía que mi polla les desagradaba y no me iban a permitir más erecciones.

Ve a tu habitación y te vistes con lo que te hemos preparado que vamos a salir.

Al llegar vi lo que me había preparado. Una falda larga de cuero negra, unas medias de rejilla, unos zapatos de tacón y una blusa de gasa a juego. Me vestí y me maquille para salir.

¿Qué te queda perra?

Ya he terminado mi señora.

Arrodíllate que te ponga el collar.

Arrodillado y con la cabeza agachada sentí como rodeaba mi cuello con el collar bien apretado. Engancho la correa y tiro de mi. Al llegar al coche abrí las puertas traseras para que pasaran. Yo en el asiento delantero les pregunté donde íbamos.

En el GPS tienes la dirección.

Se trataba de una nave situada en un polígono. Al llegar me bajé abriéndoles la puerta para que bajaran del coche. Carmen se adelantó y llamó al timbre. Mientras Lucia tiró de mi correa y nos acercamos a la puerta. Al cabo de unos minutos se abrió la puerta y una señora algo mayor que ellas pero muy bien vestida y maquillada nos invitó a pasar.

Hola, pasad.

Ya dentro Carmen abrazó a la dueña besándola en la boca de una forma muy sensual. Sus labios se unieron a los de ella y sus lenguas se entrecruzaron en ese beso tan lujurioso que hacía que sus salivas resbalaran por su cara.

Perdona Lucia. Veo que venís muy bien acompañadas. Dame un beso.

Entre ellas no solo un beso sino que abrazándose sus manos recorrían y acariciaban el cuerpo de la otra a la vez que su lengua lamía la saliva que resbalaba por su car. Al separarse la dueña se dirigió a mi.

-Hola a ti también. Me llamo Luisa, pero bueno ya nos coceremos mejor.

Estiró su mano y al sentir un tirón de mi correa supe que debía arrodillarme y besarle su mano.

Veo que lo habéis encontrado al final. Cuanto me alegro. Bueno, decidme que buscáis hoy.

La señora Lucia levantó con sus manos mi falda dejándome desnudo ante ella.

Como ves tenemos que ponerle remedio. Es el único fallo que tiene y queremos corregirlo.

Pero, ¡si se la tenéis encerrada en una jaula!.

Ya, pero a pesar de eso solo con mirarnos a Carmen y a mí se le pone tiesa y eso nos repele al verlo. Hemos pensado en otro tipo de jaula, una que sea de castigo. Hemos leído que las hay.

Sí claro, las tengo pero son para tratamientos extremos. No se si lo habéis leído también. Venid que os la enseñe.

Lucia ató la correa a una argolla que había en la pared. Mientras, ellas se marcharon tras Luisa.

Mirad aquí tengo varios modelos. Este tiene unas pequeñas púas afiladas para que cuando tenga una erección se le claven en su polla y así se impida la erección.

Me gusta mucho, oí decir a Carmen.

Este otro modelo es algo más sofisticado y su sistema hace que poco a poco las erecciones vayan desapareciendo. Se trata de una jaula que vosotras a control remoto podréis controlar con este pequeño mando a distancia. No tenéis que esperar a que tenga una erección sino que cada vez y a vuestro capricho accionaréis el mando y controlando la intensidad le provocaréis unas pequeñas descargas eléctricas.

¡Guauuuuuu..! Ese me encanta, oí decir a Lucia.

A este dispositivo se le puede acoplar este otro accesorio que envuelve sus huevos y a los que podréis aplicar con el mismo mando las descargas que deseéis.

¿Podemos probarlo?

Claro que si, traerlo y sentémonos en los sillones para estar más cómodas.

Fue Lucia quien fue a por mí llevándome tirado de la correa hasta donde estaban ellas.

Bien, quítate la falda perra.

Era la primera vez que me mostraban a alguien distinta de ellas. Mi vergüenza al verme desnudo, allí de pie, hizo que me sonrojara.

Bueno, vamos a quitarle la jaula que lleva puesta. Déjame la llave.

Fue Luisa la que introduciendo la llave me despojó de la jaula y el anillo de castidad.

¿Cuál queréis probar primero?

Pues pruébale el de las puitas. Vamos a ver qué tal se comporta.

Luisa cogió con su mano mis huevos que estiró para colocar el anillo alrededor de ellos. Después tomó mi polla y la fue introduciendo en la jaula. Cuando estuvo bien ajustada cerró el candado.

Ya está, ¿qué os parece?

A mi me gustaría ver cómo responde al clavarse las puitas en su polla.

Pero para eso ha de estar muy excitado y ahora no lo está.

Carmen sacó su paquete de cigarrillos y les invitó a fumar. Fue Lucia la que acercándose a Carmen la empezó a acariciar todo su cuerpo hasta detenerse en sus pechos que al desabrochar su blusa aparecieron ante mí provocándome un inicio de erección. La boca de Lucia abarcó el pecho de Carmen lamiendo y chupando sus pezones para después atraparlos entre sus dientes y tirar de ellos.

Chicas, creo que le está haciendo ya efecto.

Conforme las miraba mi polla se iba endureciendo provocando que las púas se fueran clavando en ella y aumentando el dolor hasta el punto que mis piernas flaquearon y caí de rodillas al suelo suplicándoles que me quitaran el dispositivo.

Ya te dijimos que este puto asqueroso no tiene de malo más que su polla.

Luisa me cogió con su mano de mi cara y me levantó para proceder a quitarme la jaula.

Si no paráis no le va abajar la erección y así no podré quitarle la jaula, so pena que se la destroce al intentar quitársela.

No hubo respuesta por parte de ninguna que ahora estaban más dedicadas la una con la otra.

Chicas, parad un poco.

Carmen entonces le hablo.

Quítaselo este como este. Así aprenderá a no excitarse tanto.

Luisa me miró con gesto de decirme que lo iba a hacer ya que así lo querían ellas. Abrió el candado y tiró un poco de la jaula intentando retirarla. Las púas se clavaron más en mi polla rasgando mi piel y provocándome un dolor muy fuerte.

Por favor no siga tirando, me hace mucho daño.

Lo siento, yo solo hago lo que me han pedido. Voy a hacerlo muy despacio pero aún así te dolerá bastante.

Mientras tiraba de la jaula ellas se habían desnudado y Lucia estaba arrodillada entre las piernas de Carmen. Yo intenté no mirarles y pensar en algo distinto para que mi erección bajara. Así, Luisa tiró con fuerza de la jaula arañando mi polla y haciendo que gritara de dolor.

¿Qué le ocurre a la perra?

Lucia seguía con su boca pegada al coño de Carmen, lamiéndole con su lengua y atrapando con sus labios su clítoris que chupo con fuerza provocándole un orgasmo brutal.

Ya está, voy a curarle las heridas.

Fue a por un desinfectante y al aplicarlo sobre las heridas Lucia la detuvo.

Déjame a mí que le cure. ¿Tienes alcohol?

Si, pero eso le provocará más dolor del que ya ha sufrido.

Y a mí qué me importa su dolor. Cuando lo oigamos quejarse seguro que Carmen se va a excitar mucho más al oírlo. Bien sabes tú lo que le gusta y excita a ella.

Lucia impregnó una gasa en alcohol y lo fue pasando por mi polla. Los gritos de dolor aumentaron conforme pasaba una y otra vez la gasa por las heridas.

Mira a Carmen. Acaba de tener una orgasmo y solo con oír sus quejidos de dolor ha hecho que se vuelva a excitar. La mano de Carmen estaba masajeando su coño una y otra vez. Luisa al verla se levantó para sentarse junto a ella.

Déjame a mi, Carmen. Me gusta hacértelo a mi.

La mano de Luisa apartó la de Carmen e inició una masturbación a la vez que mordía sus pezones y le acariciaba todo su cuerpo.

Siiiii, sigue más fuerte, más, más.

Lucia mientras, deseosa de que alcanzara un orgasmo mucho más fuerte no dejaba de impregnar la gasa en alcohol y frotar mi polla con ella. Quería mucho a Carmen y deseaba que gozara mucho más. Luisa, sintiendo que el orgasmo de Carmen estaba llegando, la besó llenándole la boca con su lengua. Carmen quedó estirada en el sofá y Lucia dejó de flotar mi polla. Se acercó a Luisa, la beso y le agradeció lo que había hecho. Tomó el paquete de cigarrillos y le encendió uno a Carmen que lo fumó con intensidad y muy despacio, dejando escapar el humo de entre sus labios sin fuerza.

Entonces creo que os vais a decantar por el de las púas, ¿no?

Carmen prefirió el del mando a distancia mientras que Lucia eligió el de las púas.

Nos llevaremos los dos. Si no te importa déjale colocado el del mando a distancia para irnos. Perra, acércate que te lo ponga Luisa.

Me acerqué, tenía la polla muy dolorida y con el roce de la jaula que me estaba colocando Luisa el dolor se acrecentó pero procuré no emitir ningún quejido.

Bueno, ya está todo colocado. En el mando podéis seleccionar si deseáis aplicarle las descargas solo a su polla o solo a sus huevos o a todo. Aquí abajo tenéis una rueda que es la que marca la intensidad que le queréis aplicar y por último tenéis un temporizador para si lo queréis aplicar de forma continua o solo esporádicamente.

Antes de irnos me subí la falda y fue Carmen la que me tomó de la correa tirando de mi. Mientras andábamos hacia la salida un cosquilleo sentí en todas mis partes. Deduje que Lucia había accionado el mando.

¿Qué te ocurre?

Nada, señora Carmen.

Ja, ja, ja he sido yo, Carmen, que he probado lo que hemos comprado.

Ah, bien. Con razón se ha encogido mientras andábamos.

Les abrí las puertas para que subieran y marchamos hacia casa. Al llegar se fueron al dormitorio para cambiarse.

Tu, desnúdate por completo y vienes a atendernos al dormitorio.

Me desnudé dejándome el collar y la correa solo como vestimenta y me presenté en su dormitorio arrodillándome al entrar y agachando la cabeza.

Acércate perra. Te voy a cambiar la jaula por la otra.

Fue Carmen la que soltó el candado y dejó salir mi polla de la jaula.

Te voy a poner este otro para que te vayas acostumbrando a reprimir tus erecciones.

Mi polla estaba flácida y encogida por lo que fue fácil ponerme la nueva jaula que volvió a ponerle el candado. A pesar de las puitas que lo llenaban no me llegaban a rozar debido al estado en que se encontraba.

Me apetece que nos vayamos a la habitación dela cruz y lo atemos. Así evitaremos que se toque y aprenderá a controlarse.

Bien, vayamos allí.

Tirado de la correa entramos en la habitación y entre las dos fueron colocando las abrazaderas en tobillos y muñecas que sujetaron a los palos de la cruz. Después me colocaron en la boca una bola a modo de mordaza.

- Así no nos molestarás perra.

Ya atado e inmóvil se sentaron sobre un sofá que había frente a mi, se encendieron un cigarrillo y me contemplaron mofándose de mí y lanzándome insultos y humillaciones.

Yo intentaba controlar mi erección mientras se besaban y se pasaban el humo de una boca a la otra.

¿Estás bien perrita?

Si mis señoras.

Comenzaron a desnudarse y Lucia besaba el cuerpo de Carmen, deteniéndose en sus pechos que apretaba con sus manos para chupar con fuerza sus pezones. Los gemidos de Carmen no se hicieron de rogar y mi polla iniciaba un intento de erección.

Te gustaría saborear nuestros cuerpos, ¿verdad perrita nuestra? Pero ya sabes que odiamos a los hombres y nos da asco su polla y sus huevos. Sois gasquerosos.

No sabía qué hacer para controlarme pues las púas empezaban a hacer su efecto.

Mira que cuerpo más hermoso tiene Carmen. Se como hacerla gozar.

Diciendo esto echó a Carmen sobre el sofá y toando un strapon lo fue introduciendo en el coño de Carmen muy despacio para que yo lo viera. Al cabo de un rato lo sacó y me lo mostró.

Mira como lo ha puesto de su flujo. ¿Te gustaría probarlo? Ja, ja, ja

Se levantó y lo acercó a mi cara para que solamente lo oliera. Estaba impregnado de un flujo espeso y blanquecino con un olor intenso que hizo que mi polla se excitar más de lo deseado.n

¡Uyyyyyy….! ¿Que te esta pasando? Pobrecito no puede controlarse. Es una lástima pero es lo único que mereces.

Volvió al sofá y le introdujo el strapon a Carmen iniciando un mete y saca cada vez más rápido provocando en Carmen un retorcerse de placer. Sus gemidos eran muy fuertes llegando a gritar con la llegada del orgasmo.

Yo a esas alturas sentía las púas clavarse en mi polla provocándome un dolor muy intenso. Al no poder abrir la boca por la mordaza comencé a echar saliva por la comisura mojando todo mi cuerpo.

Carme, mira nuestra perra como está.

Así aprenderá a controlarse. Y ahora déjame hacerte gozar cariño que te deseo mucho.

Ahora fue Lucia la que se echó en el sofá y Carmen se arrodilló entre sus piernas.

Se lo que darte, mi amor. Déjame llenarme de ti.

La boca de Carmen comenzó a besar sus pies, sus piernas hasta llegar a su coño. Se separó un poco de ella para mostrarme el coño de Lucia todo mojado y brillante de su flujo.

¿Te gusta? Creo que si a juzgar por tu polla. Es todo para mí, perrita.

Volvió a pegar su boca para lamerle sus labios con la lengua, procurando que yo lo pudiera ver todo. El sonido de su lengua lamiendo su coño todo mojado hizo que mi erección aumentara clavándose en mi polla las púas de la jaula y dando lugar a un dolor muy intenso.

Ahora su mano la penetraba entrando y saliendo de ella para seguir lamiéndole el clítoris.

Yo deseaba que todo terminara pues no soportaba tanto dolor. Unas gotas de sangre resbalaron hasta el suelo.

Lucia, mira lo que le está pasando a nuestra perrita. ¡Tiene sangre! ¿Que será? Ja, ja, ja.

Carmen me miró sonriéndome mientras seguía adorando a Lucia.

Creo que vas a prender muy pronto a controlarte. Ja, ja, ja.

El orgasmo de Lucia fue brutal a juzgar por sus movimientos y gemidos. Ya las dos recostadas en el sofá y abrazadas una a la otra se fumaron un cigarrillo mientras se dirigían a mi.

¿Te lo has pasado bien, perrita?

Poco a poco dejarás de excitarte al vernos y solo servirás para servirnos y ser nuestra criada.

Terminaron sus cigarrillos y se levantaron para soltarme de la Cruz.

Quédate de pie, hay que curarte bien para que no se te infecten.

Lucia cogió un algodón y un bote de alcohol, lo untó y se lo pasó a Carmen.

Voy a quitarle la jaula para que puedas curarle.

Vale.

Soltó el candado y esta vez muy despacio me quito la jaula dejando mi polla flácida y colgando dejando caer gotas de sangre al suelo. Con su mano la cogió y la estiró para que Carmen me curara.

Ya puedes curarle.

Sentir el algodón impregnado de alcohol pasarse por mi polla fue horrible, el escozor fue brutal.

-Yo le pondría un poco de agua oxigenada para cortarle esa sangre. Así lo hizo y salimos de la habitación. Casi no podía andar del dolor de entre mis piernas.

Ve y vístete adecuadamente que tenemos hambre.

Fui a mi habitación y me vestí como la criada que era para volver a la cocina y preparar el almuerzo para mis señoras.

-¡Perra, ven!

A medio cocinar fui corriendo a presentarme.

¿Qué desean las señoras!

Cuando tengas sed nos lo dices para darte de beber.

Si señoras, gracias. ¿Me permiten volver a la cocina?

Si, claro.

Les serví la comida estando en todo momento junto a la mesa.

¡Sírvenos vino!

Cuando terminaron se fumaron un cigarrillo ordenando que me postrara de rodillas para ser usada mi boca como cenicero. Al terminar de fumárselo se marcharon al dormitorio para descansar.

Recógelo todo y te marchas a tu habitación hasta que te llamemos. Antes tendremos que colocarte esto pues no nos apetece chillar para que nos escuches. Acércate.

Me puse de pie ante ellas, me levanté la falda del uniforme para que me colocaran la nueva jaula. Fue Lucia quien me la colocó ajustándola con el candado.

Bien, nosotras vamos a descansar y tú termínalo todo dejándolo bien limpio.

Retire todo de la mesa, lo fregué y por último limpié el suelo. Cuando termine me eche sobre mi cama para descansar ya que el día había sido muy intenso.

Continúa en