Las siete 19
Sara apareció desnuda en su salón, recordándole que todo su cuerpo le pertenecía. Mientras Hugo lidia con el caos de exesclavas que regresan, Rosa exige respuestas que solo el dolor y la sumisión pueden proporcionar.
Capítulo 19.
Estaba disfrutando de la tranquilidad de un domingo después de la comida con Isabel y María, y me llamó Sara. Después de los saludos de rigor me preguntó por Ana y por si había tomado una determinación sobre ella. La verdad es que mi plan inicial de cederla como esclava de Isabel o de Cristina había cambiado, en mi cabeza la señalaba ya como la esclava número siete y cerrar así mi número de esclavas. Pero eso no le dije a Sara, le hablé sobre esperar a sus oposiciones y después volver a ponerla al servicio de mis chicas un tiempo.
-No se debe ser tan estricto Hugo, la chica ha tardado un año en darse cuenta, pero con Lucía fue menos tiempo y no tuviste problemas.- Lucía fue una mujer casada que me encontraba en el metro todos los días y después de un tiempo de relaciones se asustó al conocer la existencia de mis esclavas y nos separamos. Al poco tiempo ella regresó.
-No es lo mismo Sara, Lucía no era mi esclava cuando se marchó.-
-Pues eso de las segundas oportunidades te lo vas a tener que replantear. ¿Que contacto tienes con las chicas de aquí?.- Se refería a mis anteriores siete esclavas.
-Pues en este año lo he perdido salvo contigo.- Empezaba a darme escalofríos la conversación.
-Nosotras nos vemos de vez en cuando, y ayer coincidimos todas, tus siete Amo.-
-Ya no sois mías ¿recuerdas?.-
-Pues eso va a cambiar. Les hablé a ellas de mi intención de irme contigo. Fue una locura lo que me dijeron. Eva ha dejado a su pareja, por lo visto es alcohólico y le robaba.- Eva era una camarera donde solía tomar café que aburrida del anodino sexo con su pareja le mostré la sumisión y pasó a ser una de mis esclavas.
-Ahora se está planteando buscar trabajo en tu ciudad para alejarse de su ex y continuar sirviéndote, al menos eso me dijo ayer.-
-Joder, pues no me ha dicho nada ni me ha llamado.-
-Pero espera que hay más Hugo. Olga ha admitido que está en las listas de traslado a tu sucursal por la misma razón, para volver contigo.- Olga fue becaria en mi empresa y en su momento no se vino conmigo por no poder pedir traslado.
-Eso ya es más raro que no me llame, ya que sabe que yo soy uno de los que deciden esos traslados.-
-Déjame terminar Hugo, que somos todas las que vamos para allí. Bueno, menos Lucía.-
-¡Qué!-
-Raquel terminó sus estudios y le ha propuesto a su tía que se muden allí. Las dos están como locas buscando trabajo y en cuanto lo encuentren se van.- Raquel estudiante que conocí en una conferencia y terminó siendo otra de mis esclavas. Por cierto, compañera de estudios de Daniela. Paula su tía, donde se alojaba Raquel, para intentar sacarla de mis garras cayó también de esclava. Para regocijo de las dos que eso del filial les encantó.
-Es un broma Sara.-
-Es en serio. Y te queda Natalia, que se ha divorciado hace apenas un mes y también quiere buscar trabajo allí.- Nati era la esposa de un compañero de la empresa que con mucho trabajo y tiempo la conseguí someter.
-Debe ser una broma porque ninguna me ha dicho nada.-
-No lo es Hugo. Se están organizando para compartir piso en cuanto se vayan.-
-Si tantas ganas tienen de volver conmigo y de venir aquí, ¿como me explicas que no tenga noticias de ellas desde hace meses?. La última fue un correo de Raquel hace unos cuatro meses. No me lo trago. Te has reído a gusto con lo del catálogo y ahora quieres buscar otra cosa de la que reírte.-
-No se las razones de cada una para no ponerse en contacto contigo pero te aseguro que sus planes son firmes.-
-Vale, me cansé de la broma. Hablamos otro día en serio. Adiós.- Colgué. Ni siquiera le di dos vueltas en la cabeza, no podía ser que de un día para otro sin tener noticias de ellas en meses quisiesen venir aquí todas al mismo tiempo.
Mi cara tras colgar debió ser muy expresiva, tanto que María que estaba a mis pies dejó su rol de gatita y se sentó a mi lado.
-¿Algún problema Amo?.- Me preguntó abrazándome.
-No, en realidad son seis problemas.-
Les pido a mis esclavas que no me oculten nada, y yo hago lo mismo. Por eso cuando me llamó Sara no me moví del sofá con Isabel en frente de mi arrodillada y a María a mis pies. Pero ellas sólo pudieron escuchar mis contestaciones y no toda la conversación.
-Amo, ¿somos nosotras seis el problema?.- Me preguntó preocupada.
-No gatita, el problema viene de lejos. Son las esclavas que tuve antes de venir a vivir aquí. Parece que han decidido mudarse y volver conmigo.- No sabía que pensar de lo que me dijo Sara y María era buena escuchando y aconsejando.
-Eso es bueno Amo. Significa que eres un buen Amo y por eso quieren volver contigo. A mi me hace estar orgullosa de ser su mascota.- Dijo sonriendo y sin parar de acariciarme el pecho.
-No sé que pensar. La relación que tenía con ellas allí es diferente a la de aquí. Allí vivía con mi novia y después esclava Sara. El resto sólo aparecían por casa cuando las llamaba. Aquí estamos más unidos todos, no sé en que momento empecé a usar la palabra familia pero es una descripción muy buena para la relación que tenemos ahora. Es como a la persona que le gusta el campo, los fines de semana se va en coche y se da un paseo por la sierra. Así era nuestra relación allí, pero aquí es como si viviera en el campo.-
-No sé a que se refiere Amo, ¿esto es mejor o peor que allí?.-
-Ni lo uno ni lo otro, es diferente. Además todas ellas han sido esclavas mías durante años especialmente Sara y no se como ubicarlas con vosotras.-
-Es el Amo, no tiene que pensarlo mucho, sólo hacer lo que le apetezca.-
-No, sabes que no funciona así. Ahora estamos muy compenetrados, somos como ya he dicho una familia. No sé como funcionaría con todas juntas. Y lo peor es que me faltaría tiempo para estar con doce esclavas sin contar a Ana.-
-Creo que yo se lo puedo decir Amo.- Dijo con un leve ronroneo María.
-¿Sí?, como.-
-Pues que con tanta gente Cristina no pararía de gruñir por el orden y la limpieza.-
Hasta Isabel que estaba muy seria en espera se puso a reír relajándome y olvidando un poco el tema.
Y la mejor manera es con sexo. Así que mandé a Isabel chupar y me puse a besar y a tocar a María hasta que la tuve bien dura. La senté a horcajadas de cara a mi para follarla olvidando las preocupaciones con su bella cara hasta que me corrí e Isabel nos limpió a ambos.
No fue un buen polvo, no logré quitar de mi cabeza el problema así que me refugié en un libro el resto de la tarde.
Pasaron tres semanas cuando me llamó Rosa para reunirnos y ver unas cuestiones de la obra que según ella les quedaba poco para terminar. Llamé a Alba y me dijo que no sabía nada de esa reunión pero que estaba a punto de llamarme. Rosa sospechaba algo, había estado con ella muy rara.
Quedamos en la casa y yo llegué antes, estuve mirando y no parecía que la obra estuviese muy avanzada. El muro exterior estaba terminado y la parte del sótano, pero la casa entera estaba con las paredes llenas de los tubos de electricidad sin tapar aún y los cables sin pasar. Hablé con el jefe de obra y me confirmó que iban un poco retrasados. Las paredes de la casa son antiguas y de ladrillo macizo lo que hacía muy lento hacer las zanjas donde irían metidos los tubos de los cables eléctricos.
Llegó Rosa y sus kilos de maquillaje y tras hablar unos minutos de la obra, muy nerviosa me soltó a bocajarro que la reunión en realidad era por Alba.
-Te la has llevado, ¿verdad?.- Me dijo.
-No sé a que te refieres.- Le dije muy seco y sin saber por donde saldría todo.
-No soy tonta Hugo. Me di cuenta en el notario, no parabas de tocarla. Y después todo ha venido solo. Ella nunca hace nada sin planificar y de repente se va un fin de semana a ver a sus padres. ¿Sabes que somos pareja?.-
-Creo que esta conversación la debes tener con ella y no conmigo.-
-Ya lo he intentado pero no me dice nada. Intenta hacerme ver que todo sigue igual pero no es así. Ahora dice que se muda con otras chicas para alquilar su piso y ahorrar. Y cuando la llamo para quedar me pone siempre excusas. Voy sumando y me sales tú al final de la operación.-
Rosa me daba igual, un desplante no me importaba, pero teníamos que terminar la obra y después amueblar. El contrato estaba firmado, además por supuesto del puesto de trabajo de Alba.
-Rosa, te repito que es una conversación que deberías tener con ella. Pero yo no me llevo a nadie, no obligo, y además ella no era realmente tu pareja. Por lo que sé vuestra relación se limitaba a escarceos sexuales.-
-Entonces admites que es tuya.- Lo decía nerviosa, asustada pero no enfadada.
-Rosa, ¿como te explico nuestra relación para que lo entiendas?. Posiblemente sea como la que tenía o tiene contigo.-
-No creo que sea así. ¿Acaso crees que no me di cuenta cuando viniste a ver la vivienda con todas las que tu llamas familia? Sois una secta o algo parecido, y yo no me meto en eso, pero quiero que a Alba la dejes en paz. Ha sufrido mucho y es fácil manipularla, no quiero que vuelva a sufrir.-
-¿Eso es lo que tú haces?, ¿manipularla para que se acueste contigo?.-
-Yo nunca la he manipulado. Estaba necesitada, o estábamos necesitadas y nos damos cariño. No estoy en contra de que me deje pero no quiero que caiga en malas manos.-
Estaba nerviosa y empezaba a alterarse así que pensé en decirle la verdad, tenía en mente no sólo nuestros trabajos sino el puesto de Alba. Le conté nuestra relación real, que ella era sumisa y que todas mis chicas lo son. Que no la obligué a nada y que todo es consensuado.
Rosa lo escuchó en silencio y cuando terminé se quedó un rato pensando.
-Ya sabía que era sumisa e intentaba que mi relación con ella girará en eso pero yo no soy así, como lo llamáis, ¿ama?. Tarde o temprano tendría que ocurrir pero lo único que quiero es tu promesa de que no le harás daño.-
-Nunca se me ocurriría hacerle daño. No me gusta la violencia, pero si te refieres a los sentimientos tampoco. No dejo a mis chicas nunca salvo que sean ellas las que lo deseen. Si te quedas más tranquila la llamo ahora y que se sincere contigo. Que te cuente como es nuestra relación, y no sólo conmigo, sino con el resto que en realidad somos como una familia y nos arropamos unos a otros.-
-Te lo agradecería, le tengo mucha estima y no querría verla sufrir de nuevo.- Estaba algo más tranquila.
-Pero yo quiero algo de ti.- Le dije.
-¿De mi?.-
-No quiero que su trabajo peligre por esta situación.-
-En absoluto. Por eso no debes preocuparte.-
-Me alegra saberlo. Debes saber una cosa importante, la vida de Alba no se reduce a su relación conmigo. Ella es libre fuera del tiempo que estamos juntos a hacer o decidir lo que quiera. Pero por lo que me dices ha decidido sin yo saberlo romper vuestra relación y eso es algo de ella, nadie le ha dicho que lo haga.-
-En realidad no era una relación, eran más desahogos que otra cosa.- Estaba ya relajada, pero con tanto maquillaje no aprecié si estaba azorada con lo que me decía.
-Eso quizás podamos arreglarlo.- Dije pensando en mi economía.
-¿A que te refieres?.- Esta vez a pesar del maquillaje si la vi interesada y a la vez avergonzada.
-Puedo mandarte a una chica para esos desahogos. Claro que habría que revisar los contratos.-
-¿Me estás hablando de enviarme a una puta si reduzco costes?.- Definitivamente no estaba enfadada, más bien curiosa.
-Algo así, pero no es una puta, es una de mis chicas.-
-¿Obligarás a Alba a que haga eso a cambio de variar el contrato?.-
-No, a ella no. Ella puede hacer lo que quiera en ese aspecto, ya te he dicho que no sabía nada sobre la ruptura de vuestra relación. Verás, mis chicas están muy preocupadas por los costes de todo y desean ayudar como sea. Conoces a Daniela ¿no?. Si llegamos a un acuerdo puede ayudarte a desahogarte como tú has dicho.-
-Es la jovencita que viene todas las tardes a revisar la obra ¿no?.-
-Sí, esa es. Es un poco peculiar, pero creo que te agradará, es muy solícita.-
-Eso tendría que pensarlo. Pero por lo pronto te agradecería que hablaras con Alba y que ella me diga por sí misma lo que quiere.-
-Hoy mismo podrás hablar con ella, te lo aseguro.-
Nos despedimos con un apretón de manos, no quería tocar esa cara llena de pringue.
Llamé a Alba y la cité en mi casa lo antes posible. Aunque estaba en su jornada laboral acudió a mi casa llegando antes que yo. Me la encontré en el salón de rodillas en espera mientras Cristina curioseaba disimulando. Era raro que viniera una esclava a casa en horario de trabajo. No me importó, no quiero tener secretos con ellas aunque sean de índole personal.
-¡Posición de castigo zorra!.- Dije nada más entrar en el salón y buscando la fusta que Cristina siempre tiene en cada habitación junto con una o dos correas.
Se puso inmediatamente con la cabeza apoyada en el suelo y los brazos extendidos al frente dejando su culo en alto. Comencé a darle azotes fuertes sin hacer caso de sus gritos y lloros. A los dos minutos entró Cristina con cara seria.
-Perdón Señor, pero la esclava grita mucho y los vecinos la pueden oír.- Me dio la mordaza y se quedó parada en el salón. Se la puse a Alba.
-¿Que haces esclava?¿No tienes trabajo por hacer?.- Le dije a Cristina que se disculpó y se marchó.
Seguí dando azotes en el carnoso culo de Alba viendo como temblaba y se ponía rápidamente rojo mientras ella seguía gritando y llorando por el dolor. Estuve más de quince minutos sólo con la fusta dando en su culo que empezó a ponerse morado. Entonces paré y le quité la mordaza. Ella seguía llorando en silencio.
-¿Sabes por qué te doy este castigo?.-
-No Amo.- Esa respuesta en el fondo me gustó. Ella lleva con nosotros un mes más o menos y que se pusiera sin pensar en posición de castigo y lo soportara sin saber por qué me hace sentir su entrega.
-Parece ser que has dejado la relación con Rosa. Eso es cosa tuya y no interfiero pero lo que no admito es que no me informaras de eso. He tenido una charla con ella sin saber nada de tus intenciones, al menos pudiste decírmelo cuando te llamé esta mañana para preguntarte por la reunión con ella.-
-Lo siento Amo. Aún no sé que hacer, por eso no le he comentado nada. Pero yo no le he dicho a ella que rompíamos la relación.-
-Pues ella lo daba por hecho. Le estás dando esquinazo y Rosa no es tonta.-
-Lo siento, es que realmente no sé que hacer Amo. No me siento ya cómoda con ella, es como si le fuera infiel, a usted y a toda la familia Amo.-
-Pues al final no he tenido más remedio que contarle toda nuestra relación. Ahora ella ya sabe que eres mi esclava y no se lo ha tomado mal la verdad. Aclárate con lo que quieres, me informas de la decisión y hablas con ella. Te preguntará por nosotros, no la engañes, dile la verdad.-
-Sí Amo, lo pensaré a lo largo del día y la llamaré.-
-No, de eso nada.- Enganché la correa a su collar y me la llevé a la sala.
Una vez allí le até los brazos a la espalda y de ellos la até al techo. Quedó con la espalda en horizontal y de pie, pero con los brazos en alto y en una posición muy incómoda. Después cogí dos pinzas con cadenas y una vez puestas en sus pezones las enganché a su collar, tirando fuerte de ellas y dejando sus pezones muy estirados.
-Piénsalo ahora, de aquí no te mueves hasta decidirlo.- Me marché y la dejé con la puerta abierta de la sala.
Me fui al despacho a trabajar y me encontré con un correo de Olga. Era una de mis anteriores esclavas. Entró de becaria en la empresa y cuando me vine a este puesto, a ella la acababan de hacer contrato fijo y no pudo trasladarse. Me preguntaba cuando podíamos hablar por teléfono. En esos momentos estaba aún algo alterado por lo de Alba, así que le contesté que yo la llamaría.
Es lo único que me dio tiempo a hacer al sentarme, ya que Alba me llamó desde la sala.
-Dime esclava, ¿lo tienes ya claro?.- Pregunté al entrar y sin desatarla.
-Amo, lo tengo claro desde hace días pero tengo miedo, por mi trabajo y por ella, no sé como le sentará.-
-Eso significa que quieres dejarla ¿no?.-
-Sí Amo, yo solo quiero ser suya y de nadie más.- Decía en esa incómoda postura levantando la cabeza para mirarme mientras yo iba dando vueltas a su alrededor.
-En su momento te dije que tienes dos vidas, una conmigo y en la otra puedes hacer lo que quieras, si quieres tener pareja yo no me inmiscuyo. O al menos no mucho.-
-Ya lo sé Amo. Pero con Rosa no hay amor, era solo sexo y eso ya lo tengo con usted. Prefiero estar siempre disponible por si me necesita y dejar que Rosa encuentre su camino. Pero no quiero hacerle daño, siempre ha sido muy buena conmigo.-
-Cuando hablé con ella no me pareció excesivamente apenada, tan solo preocupada por ti. Parece buena persona, además me aseguró que tu trabajo está asegurado. Si estás segura de querer dejarlo con ella, la llamas para hablar y te sinceras con ella. No quiero que la dejes preocupada.-
-Sí amo, estoy segura. La llamaré.- La desaté y la acompañé hasta el vestíbulo.
-Cuando quedes con ella hoy mismo, te quedarán aún marcas de los azotes, te he castigado fuerte y duraran unos días en desaparecer. Le dirás que te he ordenado que se las enseñes, le muestras el culo y responde a sus preguntas. Seguro que se asustará al vértelo pero quiero que le disipes cualquier duda o miedo que ella tenga sobre ti en esta relación a pesar de esos azotes.-
Se marchó y yo seguí trabajando algo inquieto.
Un mes pasó y Rosa no se lo tomó mal aunque de vez en cuando le preguntaba a Alba si seguía bien. De Ana no tuvimos noticias en ese tiempo y sus oposiciones se acercaban.
Irene y Daniela se compraron su motocicleta para cuando me mudase poder ir a la nueva casa e Isabel se apuntó a una autoescuela para sacarse el carnet de conducir.
Un miércoles se asomó Cristina por mi puerta.
-Señor, una señorita que dice conocerle le espera en el salón. No quiere decirme su nombre.- Dijo algo fastidiada.
Me levanté y me fui allí con la cabeza en el trabajo sin esperar lo que me encontré.
En medio del salón, desnuda totalmente, con una rodilla detrás de la otra y ligeramente flexionadas, los brazos apoyados en sus caderas en una pose muy insinuante. Su jugoso coño depilado se entreveía entre los muslos. Sus tetas medianas con su pequeña areola destacando más oscura y unos pezones pequeños pero redonditos y duros. La melena castaña cayendo hasta el inicio de los pechos y enmarcando un rostro ligeramente ovalado con una sonrisa que marcaba sus pómulos y sus preciosos ojos castaños claros o verdes oscuros. Una chica menuda, bajita, bien proporcionada y con una cintura y caderas de deliciosas curvas.
-Hola Hugo, perdón, hola Amo.- Dijo con una voz melosa.
-Hola Sara, que sorpresa.- Me fui hacia ella y la abracé besándola. El beso duró una vida, quizás más. Todos los recuerdos de nuestros años juntos pasaban a toda velocidad mientras sentía sus labios y jugábamos con nuestras lenguas. Mis manos acariciaban su espalda desnuda y suave que a pesar del tiempo separados no había olvidado. Ella con sus brazos se agarraba a mis hombros intentando de puntillas que nuestras bocas no se separasen nunca.
No, no fue un beso de pasión, fue un beso de amor. Por mucho que mi polla lo negase al intentar asomarse ya dura por encima del pantalón.
Cuando pasada esa vida nos separamos, nos quedamos uno frente al otro sin decir nada, sólo mirándonos.
-Estás igual que siempre Amo, y tus ojos siguen siendo los mismos peligrosos imanes para someter a chicas desvalidas.-Me dijo con esa sonrisa que enmarca con unas arruguitas sus pómulos llenos de pecas y esa cara de traviesa que pone.
-Tú también estás igual o mejor.- Le dije abrazándola por la cintura y llevándola al sofá para tumbarla boca arriba.
Ninguno dijo nada más. Ella abrió sus piernas y yo entré de una sola vez hasta el fondo sacando un gemido de los dos. Volví a sacarla y de nuevo entré pero despacio, recordando uno a uno sus suaves pliegues, y notando su calor. Ella boqueaba hasta agarrarme por la nuca y llevarme a su boca para de nuevo besarnos mientras abajo mi polla se movía despacio, saboreando lo que siempre fue suyo.
No cambiamos la postura ni dejamos de besarnos hasta que me corrí y como buena esclava mía que fue lo hizo ella después de sentirme vaciar.
Tras un ligero reposo, me levanté y de la mano la llevé al dormitorio. En el pasillo estaba Cristina.
-Cristina, esta es Sara.- Dije presentándola.
-Hola Señora.- Contestó muy seca Cristina.
-Hola Cristina. Pero no me llames señora, soy esclava también del Amo Hugo.-
-Como no lleva collar no sabia como tratarla y el Señor no me dijo que vendría.-
-Yo tampoco lo sabía.- Le dije. -Vamos al dormitorio, avísanos para comer, ¿está listo y con las sábanas cambiadas?.-
-Por supuesto, su cama siempre está lista Señor. Que es donde se debe follar y no en el sofá que es difícil de sacar las manchas.- Dijo malhumorada.
No le hice caso y seguí con Sara riendo por lo bajo con la respuesta de Cristina hasta echarla en la cama. Se puede decir que la lancé a la cama, y ella tan menuda con un gritito salió volando hasta caer en ella. Se puso boca arriba sin dejar de mirarme a la cara, subió hasta apoyarse en la almohada, flexionó sus piernas subiendo las rodillas y las abrió. A tientas buscó en el cabecero unas argollas inexistentes en esta cama pero que en la otra ciudad teníamos. Al no encontrarlas se agarró directamente al cabecero. Y todo con una sonrisa pícara y sacando de vez en cuando la lengua para humedecerse los labios.
Mi polla después del anterior polvo de nuevo se puso dura y con los nervios y la premura se lió en el slip y casi me hace caer al suelo cuando me lo quitaba. Desnudo entré entre sus piernas fui gateando hasta llegar a morder sus pezones.
-Hum... Amo esta cama es más grande que la que teníamos.- Me dijo cerrando los ojos con mis mordiscos.
-No me quedó más remedio, a veces somos cuatro en ella.- Le dije buscando con mi polla su coño húmedo y dispuesto que en un sólo movimiento de cadera de ella lo encontró y de nuevo entró. Fueron muchos años de pareja, tanto de novios como de esclava y mi polla se conocía ya el camino, y ella como debía hallarlo y alojarla.
Según iba entrando ella arqueaba su espalda y tiraba del cabecero de la cama hasta llegar al fondo y comenzar a bombear con cada vez más ritmo. Agarré su cabeza para besarla pero mis empujones aumentaban y lo hicieron imposible. La solté y me quedé mirando su cara de placer. El ritmo creció hasta ser desenfrenado, se convirtió en algo más animal, como lo eran nuestros gemidos al compás de mis envites. La metía con furia haciendo ruido con el choque de nuestras pelvis, pretendía entrar dentro, pero no mi polla, pretendía entrar entero yo dentro de ella. No aguanté mucho en esas condiciones y me corrí con un gruñido y tres o cuatro envites más. Ella sin dejar de mirarme cerró los ojos y se puso a temblar bajo mi cuerpo que ya lacio se echó sobre ella. Cuando noté que sus temblores cesaban me puse a su lado en la cama.
-Cuanto le he echado de menos Amo.- Suspiró mirando al techo.
Daba igual lo que le hubiera dicho o yo hubiera pensado sobre si dejarla volver o no. Sara se quedaba en la familia me costase lo que me costase. Era mi esclava pero sobre todo era mi otra parte, la que me complementa y un año separados no logró romper eso.
Tras recuperar la respiración y al igual que ella, mirando al techo puse mi mano sobre su vientre para acariciarlo. No quería, no era el momento pero la pregunta era obligada.
-¿Y tus padres?.-
Sara suspiró un par de veces.
-Físicamente están bien. Pero es raro el día que me reconocen. Y si la pregunta es por saber mi situación te diré que ya están ingresados aquí y que yo soy ya tuya de nuevo las veinticuatro horas del día mi Amo.-
-No era por eso Sara, no seas mala. Siento lo de la demencia senil, y lo de ser mía ya lo hablaremos.- Quise hacerme el duro, o el amo, pero la decisión ya estaba tomada y ella lo sabía, por eso no dijo nada. Se incorporó un poco y se apoyó en mi pecho acariciándolo con una mano y dejando su cabeza de lado para mirar desde esa posición.
-¿Me pondrás castigo para dejarme volver?.- Mientras me lo preguntaba me tiraba de mi pezón.
-Por supuesto, eso no lo dudes.- Y era verdad, tenía esa firma determinación, lo que me hizo recordar a Olga que debía estar esperando mi llamada desde hace un mes más o menos.
-¿Que hago mi Amo? Llegué ayer y estoy en una pensión, además llevo casi estos días sin dormir tanto por mis padres por como me recibiría ¿me quedo en la pensión o me traslado aquí?.- Me preguntó. Yo sabía que ella no trabajaba desde que decidió ser mi esclava. Después cuando me marché se dedicó por entero a sus padres y vivía de la pensión de ellos. Estaba seguro que esas pensiones se las comería por entero la residencia y ahora le quedaban dos opciones. O buscaba trabajo o se venía a vivir conmigo. De tirar de mi pezón pasó a acariciarlo en círculos a su alrededor.
-No seas tonta, sabes que vendrás aquí conmigo. Esta tarde después de comer te traes tu maleta.- Le dije reposado intentando no gastar fuerzas para volver al ataque en cuanto me avisasen abajo.
-No es una maleta, son varias. La casa de allí la he vaciado y está en venta.- Lo decía entre pequeños besos en mi pecho.
-Pues las guardaremos hasta tener la casa nueva. No creas que vas a quedarte en esta habitación, aquí no hay exclusivas, tendrás que dormir en el dormitorio donde se hacen los ejercicios.-
-¿No dormiré con mi Amo?.- Preguntó cariñosa y besando mi pezón.
-Tu Amo tiene la agenda completa, los fines de semana llenos, y entre semana los martes y los jueves con la gatita. Me quedan libres los lunes y miércoles por la noche que por el día son de Cristina.-
-Pues esas noches ya son mías. Y hoy es miércoles...- De los besitos pasó a lamer delicadamente mi pecho. Bajó su mano agarró mi flácida polla para masajearla y despertarla.
-Eres una zorra insaciable.- Notaba como mi polla después de dos polvos le costaba pero lo intentaba y poco a poco fue levantándose.
-Hummm, sí mi Amo. De ti nunca tengo suficiente, y ya está de nuevo lista.- Intentó ponerse sobre mi pero la paré y la volteé para ponerla a cuatro patas.
-No, ahora le toca ese culo de melocotón que tienes. ¿No estará cerrado después de un año?.- Pregunté mientras acariciaba sus nalgas suaves y de la medida perfecta.
-No Amo. Me he preocupado de tenerlo siempre listo para ti.- Apoyó su cabeza en el colchón y con sus manos se abrió los dos cachetes invitando a entrar en un agujerito marrón que apareció ante mi. Uno chiquito del mismo color que los labios de su coño, un agujerito que palpitaba sabiendo lo que se esperaba de él.
Metí con un poco de lubricante mi polla de forma suave pero sin parar. Hasta que sus nalgas me detuvieron el avance.
-Es suyo Amo, todo mi cuerpo es suyo, yo soy suya Amo.- Dijo mordiendo la almohada.
No creí necesario esperar dilatación y bombeé con fuerza haciendo que ella gimiera primero de dolor y después de placer. Me eché sobre su espalda sin dejar de empujar, de meter y sacar, mientras ambos jadeábamos.
Mi cuerpo cansado del sexo seguía por instinto pero mi cabeza, apoyada en su espalda se marchó. Se fue a años atrás, no a cuando éramos novios, no retrocedió tanto. Se fue a nuestras noches de sexo cuando estábamos los dos solos sin esclavos de por medio. A cuando la vida y la muerte se difuminan entre el placer, a cuando los cuerpos son uno solo.
Sin saber cuanto tiempo estuve al final me corrí dentro de ella y noté como lo hacía también con débiles contracciones del esfínter. Caimos los dos rendidos, derrotados en la cama y posiblemente nos dormimos.
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- Relato #224623— title-regex: contiguous parts (18 -> 19)
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