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Dominaciónnov 2024

Las siete 20

La casa ya tenía su orden, hasta que la puerta se abrió y entró el pasado. Cristina sintió cómo el suelo se le hundía bajo los pies, no por la llegada de una visita, sino por la reencarnación de su propia inseguridad. Ahora, el amo debe decidir si su nueva esclava es una compañera o una amenaza, y si su harem puede soportar el peso de un amor que nunca murió.

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Capítulo 20.

-¿El Señor y la esclava… nueva van a comer?.- Preguntaba desde la puerta Cristina alzando la voz para despertarme.

A Cristina la suelo follar durante las mañanas mientras trabaja. Ella echaba de menos dormir conmigo, así que llegamos al acuerdo de los lunes y los miércoles. Ella se quedaba a comer y nos acostábamos juntos la siesta. Era miércoles y no la follé por la mañana, además estaba viendo que no estaría yo para mucha fiesta después de la comida.

Esa mañana se había presentado Sara y desde entonces no habíamos parado de follar.

-Sí, ahora nos levantamos. ¿Es muy tarde?.- Le pregunté mientras agitaba por el hombro suavemente a Sara que dormía plácidamente a mi lado.

-Mucho Señor, es casi hora de café más que de comer.-

-¿Has comido tú?.- Me levanté de la cama y Sara se estaba ya desperezando.

-No Señor, estoy hambrienta pero le he esperado. Voy sirviendo, no se retrasen.-

Entramos Sara y yo desnudos en la cocina a comer con la mesa ya puesta y la comida esperando.

-No, así no puede ser.- Dijo alterada Cristina que salió de la cocina sin dejarme ni siquiera procesar lo que decía.

Sara y yo nos miramos sin comprender pero nos sentamos y empezamos. Al poco llegó Cristina con una camiseta y un pantalón.

-El Señor no debe comer desnudo. Se lo permito en los desayunos del fin de semana, pero en la comida no debe hacerlo.- Cogí lo que me daba y me vestí con Sara sonriendo aguantando la risa.

Los tres nos pusimos a comer en silencio, Sara y yo devorábamos pero Cristina apenas comió.

-Cristina, ¿está lista la cama del dormitorio de la bicicleta? Sara se alojará allí.- Dije entre bocado y bocado.

-Está lista, siempre está lista para las visitas. Porque es visita, ¿o es algo más duradero…?- Dijo mirándome enfadada.

-Cristina no me hagas enfadar que estoy cansado y relajado. Sara es mi esclava y forma parte de la familia. Se quedará en esa habitación y le adjudicaremos una en la nueva casa.-

-Lo que el Señor diga.- Dijo malhumorada.

Después de comer le dije a Sara que fuera a por sus maletas a la pensión. Cuando iba a la ducha la paré.

-Vas como estás, vístete.-

-Pero Hugo, estoy con las piernas pringosas y tu semen cae por todos lados.- Dijo implorando.

-Ese no es mi problema, te dije que si volvías te castigaría, y esto es sólo el principio.-

Se vistió ante la sonrisa de Cristina y se marchó.

Estaba seguro que después de todo el sexo con Sara, ahora no tendría fuerzas para hacerlo con Cristina. Pero una siesta reparadora si me apetecía. Revisé por encima el correo del trabajo para ver que no había nada urgente y después el móvil.

En el grupo de wasap de mis esclavas Cristina ya había puesto: “Sara ha llegado”. Tan sólo había emoticonos de Irene aplaudiendo, el resto no contestó.

-Cristi, no tengo ganas de sexo pero si te apetece podemos echar una siestecita juntos.-

-Si es lo único que me ofrece no tengo más remedio que aceptarlo, ¿no Señor?.-

-Si te vas a poner pesada mejor te marchas hasta mañana.- Le dije mientras ya iba camino de la cama.

-No soy pesada Señor, lo que estoy es intranquila por la nueva esclava.- Dijo mientras me acompañaba al dormitorio y se desvestía para acostarse conmigo.

-No debes inquietarte Cristina. Sara fue mi primera esclava y de nuevo vuelve. Ella era la familia antes de formar esta y ahora volverá a serlo. No entiendo como te estás poniendo. Desde que eres mi esclava, que fuiste la segunda, han ido viniendo más y nunca has estado así.- Me costaba ya hablar por el sueño que me invadía.

-No es lo mismo. Ella nos apartará del Amo y acabo de comprobarlo en mis propias carnes.- Es de las pocas veces que la oí decirme Amo y ya poco más pude escuchar. Me quedé dormido.

Como en una hora me despertó Cristina, ella ya vestida.

-Señor, la nueva está en el salón esperándole.-

-Joder Cristina, no es nueva, es Sara. Deja de incordiar.-

-Lo que el Señor diga. Me marchó hasta mañana.- Y salió del dormitorio, antes de terminar de vestirme y echarme agua en la cara ya escuché la puerta de la calle.

En el salón estaba Sara de rodillas y en espera. Esta vez si llevaba su uniforme de esclava. Un collar de cuero negro con encajes blancos por los bordes y un aro en el centro. Muñequeras también de cuero y encajes blancos, al igual que las tobilleras.

-Hola esclava, bienvenida a tu nuevo hogar.- Dije sentándome en el sofá.

-Hola Amo. Dispuesta a servirle en lo que necesite.- Me dijo sonriendo.

-Parece que a Cristina no le has caído muy bien. Te digo una cosa muy clara, si tengo que rechazar a una esclava porque no congenia contigo lo haré pero prefiero que intentes por todos los medios llevarte bien con todas.-

-Es verdad que ha estado borde. No me ha dejado ir a tú dormitorio, casi que me ha obligado a poner en espera. Ha dicho que son las normas, que ella es la que anuncia las visitas. Me ha dicho también que use la taquilla siete del vestíbulo. Le he dicho que no era necesario, que me quedaba en un habitación. Muy seca me respondió que el Amo debe decidir eso.-

-Yo esperaba algo de esto cuando vinieses pero quizás no tanto. Toda mi familia ya te conoce, y a casi todas las otras esclavas les hablé de ello hace tiempo. Pero creo que Cristina es la que se ve más relegada con tu llegada. Ella lleva la casa y sabe que es lo mismo que hacías tú antes, además que era la única que en principio iba a venir a vivir conmigo a la nueva casa, aunque al final serán dos más, Alba y María. Pero para ella son de la familia, y tú aún no lo eres según ella. Y de repente llegas y te quedas a vivir conmigo. Además de quitarle su sexo de los miércoles.- Dije medio sonriendo.

-Pero no es lo mismo Amo. Ella está dedicada a la limpieza y el orden. Yo lo que deseo es servirte, mi función eres tú. Tú ropa, tu aseo, tu comida. No la relego, lo que hacemos es complementarnos. Al menos yo lo veo así Amo.-

-Es complicado Sara, ya te lo dije. Tú pasas ahora a ser la primera de todas mis esclavas y sin conocerte ellas. Has llegado sin avisar y ocupas el puesto de otras. Esto no es como allí que vivíamos los dos y algún día llamábamos a alguna para pasar una noche o un día juntos. O como Olga que jugaba con ella en el trabajo. Por cierto que aún no la he llamado.-

-Ya sé que no la has llamado, tienes que hacerlo Hugo. Está muy preocupada y triste desde hace semanas, pero no quiere volver a insistirte, está esperando tu llamada con paciencia pero como te he dicho está muy triste.-

-Llevas razón, la voy a llamar ahora mismo.- Me levanté y al pasar a su lado le acaricié la cabeza. -Aún no se que hacer contigo.- Le dije.

-Hola Olga, perdona que no te haya llamado antes, he estado algo liado y la verdad es que lo olvidé.- Dije disculpándome sinceramente.

-Hola Amo. Gracias por llamarme. ¿Sara ya está allí verdad?.-

-Sí, acaba de llegar y como ha hecho siempre, me ha recordado que debía llamarte. Echaba de menos a mi secretaria.- Dije en broma refiriéndome a Sara que hizo la función de Isabel cuando estaba en la otra ciudad.

-Imaginé que me llamaría hoy, nada más llegar ella Amo.-

-Bueno, ¿que tal estás? Aunque imagino que no es una llamada para ponernos al día, sino que algo tienes que decirme ¿no?.-

-Estoy bien Amo. Y sí, es una llamada para hablar con usted sobre todas nosotras. No quería hacerlo por correo.- Imaginaba por donde iría la conversación.

-Olga, ya no tienes que llamarme amo. Lo dejamos ¿recuerdas?.-

-Eso no es correcto Amo. En realidad fue el Amo quien nos dejó. Pero no quería que me llamase para hablar de eso. Era para pedirle perdón. Todas hemos sido muy ingenuas.-

-¿A que te refieres?.- Creía que sabía el por qué de su llamada pero me dejó con esas palabras algo confuso.

-Hace meses que todas decidimos ir a vivir con usted Amo. Los primeros meses de su ausencia fueron terribles pero no se calmaron, al revés. Todas le echamos mucho de menos y a Nati se le ocurrió una idea que no pensamos mucho Amo.-

Nati, o Natalia, era la mujer de un compañero de trabajo que tras años de perseguirla la conseguí de esclava. Sara me había dicho que hacía poco se había divorciado.

Yo seguí en silencio asimilando y encajando lo que suponía que me iba a decir.

-Ella pensó en divorciarse e irse allí a trabajar, con usted. Nos dijo que la acompañáramos y nos volveríamos a reunir otra vez todos. La idea nos gustó y ya le he dicho que no la pensamos mucho. La única que no puede hacerlo es Lucía. Ella aún quiere a su marido y además sus hijos son aún adolescentes. Pero el resto estuvimos de acuerdo. Sin embargo Nati nos convenció para que fuera una sorpresa. Por eso dejamos de escribirle. ¿Está ahí Amo?.-

-Sí, te escucho, sigue.- Poco a poco sentía como una montaña me iba aplastando.

-La idea era irnos a vivir allí, y como no todas podríamos hacerlo a la vez, por cuestiones de trabajo fundamentalmente, no le diríamos nada. Una vez todas allí, con una enorme tarta nos presentaríamos en su casa para darle la sorpresa.-

-Joder, y menuda sorpresa.-

-Sí Amo. Ya le dije que no lo pensamos bien, nos dejamos llevar por la emoción de estar todas de nuevo contigo. Pero no contamos con Sara, ni que en cuanto ella lo supiera se lo diría.-

-Pues vuestro secreto de la sorpresa ha estado casi a salvo, Sara no me dijo mucho. Pero tampoco pensasteis que ha pasado más de un año y que mi vida podría haber cambiado ¿no?.-

-No Amo. No pensamos nada de eso. Lo siento, pero cuando nos reuníamos para hablarlo nos sentíamos como adolescentes emocionadas por el reencuentro.-

-¿Os ha dicho Sara como es ahora mi vida aquí?.-

-Algo Amo. Por eso le escribí el correo, nuestro plan de fiesta y reunión ya no puede quedar en secreto.-

-No, no puede. Si no os lo dijo Sara te informo que aquí tengo a seis esclavas, siete en breve.- Dije pensando en Ana de quien había decidido que pasase a ser la séptima esclava de mi familia hace ya tiempo y esperaba su examen que sería en una semana para someterla. O mejor dicho, para que ella se sometiese sola.

-Eso lo dijo Amo. Ahora todas estamos muy nerviosas por lo que pueda pasar. Pero aún así todas seguimos con ansias de reunirnos. Están buscando trabajo allí Eva, Raquel, Paula y Natalia. Yo estoy en las listas de traslados y seguimos decididas a irnos a vivir allí. Lo que ya no podremos es darle la sorpresa.- Dijo riendo falsamente.

-Olga, la situación es diferente. Mi vida aquí no es como allí. Allí teníais a un amo con siete esclavas que las usaba según le apetecía. Aquí hay una familia con un amo a la cabeza que casi vivimos todos juntos. No pienses mal, os echo de menos a todas, fueron varios años fabulosos y me acuerdo de ellos muchas veces pero no sé como podría ahora encajar en este modo de vida que aparezcáis como una tromba a revolucionarlo todo. Quizás si no lo hubierais tenido en secreto y me hubierais avisado igual habría podido esperar a que cada una pudiera venir aquí y rehacer la vida que dejamos allí. Pero ahora es muy complicado.-

-Lo sabemos Amo. A pesar de todo vamos a intentarlo. Sara nos ha convencido de seguir adelante y todas estamos ilusionadas. Por favor Amo, no nos dejes tiradas.-

-Lo pensaré Olga, pero quiero para empezar un correo de todas disculpándose y que me tengáis informado en todo momento. Sara ya me ha dado la sorpresa y no quiero más.-

-Sí Amo. Tendrá esos correos hoy mismo que llamo a sus esclavas ahora.-

Nos despedimos y colgué.

Entré en el salón con Sara en su posición y todavía sonriendo.

-Eres una puta manipuladora ¿lo sabes verdad Sarita?.-

-Sí Amo.- Me dijo con una sonrisa aún más amplia.

-Pues te voy a enseñar la sala que tengo en esta casa.- Le enganché de la correa y allí la llevé.

La puse colgada del techo y de puntillas. La amordacé y le coloqué el antifaz.

Cogí el látigo y empecé a darle azotes fuertes, pero verla bailar con los golpes, ese cuerpo tan menudo que hacía un año que no veía me enterneció. No paré, pero sí que le daba con menor intensidad. Ella era masoquista, menos que Irene pero le gustaba cuando la azotaba, especialmente en el culo con la fusta o la pala. Pero el látigo nunca fue de su devoción. Por eso seguí aunque no con intensidad.

-Sabes por qué te castigo ¿verdad zorra?.- Ella de puntillas intentando esquivar unos azotes que no sabía de donde venían afirmó con la cabeza.

-Sabias desde hace meses lo que pensaban y no me dijiste nada. Es más, seguro que lo alentaste para que nos reuniéramos todos de nuevo. ¿Me equivoco?.-

Seguía asintiendo mientras yo la azotaba por todos lados, especialmente en su vientre y sus tetas.

-A ellas no las culpo, quizás les imponga algún castigo, eso tengo que pensarlo. Pero a ti que no te quepa duda que te voy a castigar, y no en la sala como ahora. Tendrás un castigo como le puse a Ana. Pasarás a ser una esclava de mis esclavas durante el tiempo que yo estime.-

Seguí azotándola hasta cansarme el brazo. Ella prácticamente colgaba sin sostén de las piernas. Dejé el látigo y me marché de la sala dejándola colgada.

Me fui a preparar la cena. No estaba enfadado, realmente lo que estaba era asustado con la situación. Y de repente algo supersticioso. Si tengo a siete esclavas aquí contando a Ana, y me vienen seis me suman un número muy feo, trece. Deshacerme de una no era una opción, a todas las quería, especialmente a las antiguas que fueron muchos años con ellas y ahora me demostraban su entrega cambiando su vida para venir a mi ciudad a vivir. Tendría que buscar al menos una más, para llegar a catorce y no tener ese número tan feo.

¿Pero que pensaba? Nunca fui supersticioso, el trece no me importaba ni me importó nunca. Estoy sin saber como llevar a un harem, porque ya se podría llamar así por el número de esclavas y se me ocurre buscar a otra.

Recordaba un relato que leí hace tiempo, Mi aire era su título. Donde el amo tiene a dos esclavas, sólo a dos y pasa su vida feliz. Incluso a veces tenía a una sola y eso le bastaba. Yo tengo ahora a trece. Me mudo en breve a una casa que ya se ha quedado pequeña. Bueno, en realidad pequeña no, solo vivirán de forma permanente en ella cuatro esclavas, Cristina, Alba y María, y ahora Sara. Aunque quizás debía plantear la situación de otra forma.

Sin dejar de darle vueltas a la cabeza descolgué a Sara y nos fuimos en silencio a cenar. Ella seguía sonriendo.

Me senté en el sofá a poner una película mientras Sara dejaba recogida la cocina. No recuerdo ni la película que elegí. Estaba de fondo como la música en el dentista.

Sara entró en el salón y se arrodilló en espera frente a mi.

-Deja de sonreír puta o te borró el gesto con la fusta.- Le dije sonriendo yo mismo.

Ella frunció los labios pero sin conseguir borrar el gesto. Sabía que había ganado, que después de meses había conseguido que al final más tarde o temprano estuviéramos reunidos todos de nuevo. Era imposible que dejara esa mueca extraña con los labios apretados, se sentía feliz y ninguna fusta borraría eso.

-Ya puedes estar pensando como solucionar el embrollo en el que me has metido. Primero como vamos a hacer que no parezca que dejo de lado a mis actuales esclavas por las que para ellas son las nuevas aunque para mi sean las de siempre. Segundo, como voy a hacer para repartirme el tiempo sin que deje a ninguna de lado. Y tercero que en esta nueva familia que he creado todas están contribuyendo para pagar la nueva casa. Esto nunca lo hice allí, nunca les pedí dinero.-

-Eso no es difícil Amo, estoy segura que nuestras chicas estarán dispuestas a contribuir igual que hacen las nuevas y probablemente en mayor medida ya que las cinco tienen pensado alquilar una sola casa, con lo que ahorrarán mucho que irá para el Amo y su nueva casa. Déjeme a mi que hable con ellas y verá como no tiene problemas en ese aspecto.-

-Es justo el aspecto que menos me preocupa.-

-No dejará a ninguna de lado Amo. Quizás al principio sea algo difícil pero nos iremos conociendo y pasaremos a ser una familia muy numerosa. Todas tenemos el mismo fin, que es ser sus sumisas y si no nos dedica el tiempo que deseamos, no tendremos más remedio que aguantarnos. Sus esclavas ya sabían hace unos pocos meses que tiene a otras aquí, yo se lo dije. Pero a ellas no les importa, recuerde que allí algunas pasaban meses sin verle, como Nati, o Lucía.-

-En menuda locura me estás metiendo. Anda vamos a la cama, que tienes suerte que hoy no tenga a ninguna esclava más, sino te quedabas durmiendo sola.-

Nos acostamos y por un momento olvidé cualquier problema. El regreso de Sara me había alegrado mucho. Por mucho que jugáramos a ser amo y esclava, ella seguía siendo de quien me enamoré y a pesar de todo no logré nunca perder ese amor. Creo que incluso pudo hacerse más fuerte.

Tuvimos sexo, alternábamos entre hacer el amor y follar. Igual nos besábamos apasionadamente que le azotaba el culo mientras la tenía a cuatro patas. Después de varias horas me quedé dormido, y no lo juraría pero es posible que sobre ella intentado follar de nuevo a una Sara que estaba aún más agotada que yo.

Era jueves y por norma María me despertaba besándome los pies para indicar que había llegado. Después intentaba que jugara con ella, ya sea follando o haciéndome una mamada. Esta vez no fue así. Sara dormía a mi lado y no quise despertarla. Con mucho cuidado salí de la cama y me fui a desayunar. En el salón estaba María durmiendo en su cama. Pensé que a lo mejor tuvo una noche de trabajo dura. Pero sabía que no era por eso, seguro que vio a Sara y se fue derecha a su cama. Si hubiera sido otra de las chicas de la familia, seguro que no le hubiera importado, pero era Sara que aún no era de la familia.

Después de un café bien cargado me puse a trabajar en el despacho. Tenía mucho atraso, el día anterior no trabajé desde que llegó Sara.

Pasados unos minutos escuché llegar a Cristina. Pasó por delante del despacho con un escueto saludo para al poco rato regresar y asomarse.

-Señor, la nueva sigue durmiendo y yo tengo que hacer el dormitorio.- Dijo seca.

-Ven Cristina, siéntate y hablemos.-

-No tengo tiempo ahora de hablar Señor, hay que cambiar las sábanas, poner lavadora...-

-¡Cállate!.- Le grité y se asustó sentándose de inmediato.

-Joder, me haces gritar y no me gusta. Esta situación no es temporal, Sara viene a quedarse y si hay algún problema con ella tenemos que solucionarlo antes de que se enquiste.-

-Yo no tengo ningún problema, el Señor sabrá.- Dijo muy seca y envarada.

-Sácate las tetas.- Dije muy serio.

-¿Como?.-

-Ya me has oído, saca las tetas y abre las piernas para que te vea las bragas bien.-

Pensó un segundo, se llevó sus manos al escote que al bajarlo dejó salir sus tetas mientras abría sus piernas y la corta falda subió sola para enseñarme sus bragas.

-¿Te das cuenta como estás? Tienes las tetas fuera y te estoy viendo las bragas.-

Me miró confundida.

-Es lo que el Señor me ha dicho que haga.-

-¿Te gusta hacerlo?.-

Ladeó un poco la cabeza con un gesto de incomprensión.

-No le entiendo Señor. Lo he hecho porque me lo ha ordenado.-

-Eso es lo que te pregunto, ¿te gusta que te ordene cosas así?.-

-No sé Señor. Si se refiere a exponerme ante usted me gusta, me excita si es lo que busca.-

-Es lo que busco como respuesta. Ahora una pregunta más difícil, ¿quieres dejar la familia?.-

Respondió al segundo, sin esperar a pensar. -No Señor, ¿porqué me pregunta eso?.-

-Pues volvamos al principio. Sara ha venido a quedarse y formará parte de la familia estés tú o no. Por eso si quieres quedarte debemos resolver todo aquello que te disguste. Nunca nos hemos ocultado nada así que habla.- Dije muy serio, quizás demasiado. De fondo escuchaba la ducha, sospeché que Sara ya se habría levantado.

Cristina bajó su mirada como buscando las palabras a decirme.

-Señor, solo sé de ella lo que usted nos ha contado. Y me parece que en realidad viene a sustituirme. Yo me ocupo de la casa, eso fue lo que el Señor me dijo, y ahora viene ella y me desplaza. Eso es lo que me disgusta. Pero además todas estamos nerviosas porque no sabemos como nos va a afectar su llegada. Ella fue su novia y eso nos hace ser menos a sus ojos que antes no pasaba. No le ocultaré que todas tenemos envidia de María, de como el Señor la mira. Pero es envidia sana, no somos tontas y nos damos cuenta de lo guapa que es, pero no apreciamos que el Señor deje de lado a ninguna por muy guapa que sea ella. Pero con Sara es distinto, el Señor seguro que la ama aún, eso nos dijo María, y es lo que nos asusta, que esté ella y después, mucho después su familia.-

-Vaya, buena parrafada. Vamos a ir punto por punto. Y todo esto que hablemos se lo dirás también a las chicas.-

-Sí Señor.- Su voz era triste.

-Para empezar ella no va a desplazar a nadie y menos a ti. Cuando compramos la casa nueva me dijiste que necesitarías más gente para llevarla. Es como si algún dios te haya escuchado y la envía a ella. Ella no limpiará ni organizará la casa. No le gusta, lo que le gusta es ser mi sirvienta. No le gusta hacer la comida, le gusta hacer la comida que yo voy a comer. No le gusta lavar o planchar, le gusta lavar y planchar la ropa que yo me pondré. Y no le gusta limpiar, le gusta limpiar el sofá donde yo me sentaré. ¿Entiendes? Ella no te desplazará, solo hay que distribuir tareas, si te encanta la limpieza seguirás con eso y ella puede encargarse de la ropa y de la comida por ejemplo que ella además prefiere. Pero esa distribución del trabajo la harás tú. Tú eres la encargada de la casa y por ahora no cambiará, así que distribuye con ella las tareas. ¿Eso está claro?.-

-Sí Señor.- Dijo ya más animada.

-Ahora con una mano quiero que te acaricies las tetas y con la otra te toques por encima de la braga.-

-¿Como Señor?.-

-¿No me has oído?.- De nuevo me puse muy serio como si fuera a enfadarme.

-Sí Señor.- Empezó a acariciarse.

-Sigamos con tus dudas y las de las chicas. Somos una familia, y Sara pasará a formar parte de ella pero sin ser más que nadie ni menos. Es otra esclava más. No voy a negarte que siento por ella algo digamos especial, pero es que son muchos años con ella Cristina. Sin embargo te aseguro que no cambiará nada de lo que siento por vosotras. Deja de enfadarte por todo, espera a conocerla y sinceramente espero que como esclavas mías que sois os llevéis bien.-

-Sí Señor, lo que diga.- No lo decía enfadada.

-Dime, ¿estás caliente?.-

-Sí Señor.-

-Pues sigue con las caricias hasta que yo te diga.-

-Sí Señor.-

La dejé tocándose mientras me volví a mi ordenador a trabajar. En pocos minutos vi que pasaba Sara para ir a desayunar y la llamé.

-Sara, esta esclava está caliente, cómele el coño hasta que se corra.-

-Sí Amo.-

Cristina se quedó perpleja sin saber que hacer mientras Sara se arrodilló ante ella y le bajó las bragas. Apartó sus piernas, metió la cabeza y puso sus brazos a la espalda mientras a lametones sacaba suspiros y gemidos de Cristina. Yo seguí sin hacerles caso trabajando entretanto Cristina se tiraba de sus tetas y arreciaban sus gemidos mirando la cabeza de Sara entre sus piernas.

Al poco rato, muy poco rato, Cristina dando pequeños saltos en la silla se corrió.

-Joder con la nueva.- Dijo con falta de respiración.

Levanté la cabeza del ordenador y la miré con cara seria.

-Perdón Señor, quise decir con Sara.- Rectificó Cristina.

-Sara,- dije, -vete a desayunar sin hacer ruido, la gatita está durmiendo. Después te pones a las órdenes de Cristina para ayudarla en las tareas de la casa.-

-Sí Amo.- Se levantó y se marchó a la cocina.

Cristina seguía sentada recuperando la respiración. La miré y sonreí.

-¿Ves como no es tan mala?.-

-Ya veo Señor. ¿Puedo tenerla toda la mañana entre mis piernas?.- Dijo con una leve sonrisa.

-No seas viciosa pero te dejaré que juegues con ella, sin embargo tendréis que dejarme trabajar en paz. Por cierto, este sábado queda con toda la familia para comer y posiblemente para cenar. La presentaremos y lo celebraremos.-

-Sí Señor. Ahora lo pongo en el grupo. Me va a costar ponerme ahora a trabajar sabiendo que esa lengua está por aquí.- Dijo riendo y levantándose para salir del despacho.

Con qué facilidad el sexo arregla muchas cosas. Claro que también las estropea, pero ahora estaba arreglando y esperaba que Cristina cambiara su opinión antes del sábado. María no me preocupaba, cuando le hablé de la posibilidad del regreso de Sara y eso de las segundas oportunidades, ella se puso de su lado así que no tendría problemas. Dos de seis, si conseguía a Isabel el viernes por la noche ya tendría a la mitad de la familia contenta con Sara. Ellas tres son las que me preocupaban. Irene y Daniela seguro que no ponían pegas y menos Alba que llevaba en la familia un par de meses.

Al final de la mañana apareció María gateando y tumbándose a mis pies.

-Hola gatita, te voy a presentar a otra miembro de la familia. ¡Sara!-

Al momento apareció Sara en el despachó.

-¿Desea algo mi Amo?.- Dijo sonriendo con cara de pícara, que con sus pecas por las mejillas y la forma de su boca rivalizaba en ese momento en belleza con María.

-Ven, te presento a la gatita de la casa.- Dije empujando algo a María para que saliese de entre mis pies. Sara se acercó sin saber como saludarla, pero María resopló y reculó para meterse de nuevo entre mis piernas.

-Pero gatita, que ella es también de la familia, no te asustes.- La empujaba de nuevo y ella bufaba revolviéndose entre mis piernas. Sara estaba de pie en la puerta sin atreverse a hacer nada más.

-Eres una gatita mala. Déjalo Sara, ya te la presentaré en la comida.- Sara se marchó y levanté la cabeza de María.

-No me esperaba eso de ti María, creía que estabas de acuerdo con que ella viniera.-

Ella restregó su cara en mis manos mientras maullaba levemente. Esperaba que esa reacción fuera por meterse en su papel de mascota cuando no conoce a alguien. Seguí trabajando hasta la comida.

Entré en la cocina con María detrás. Sara estaba poniendo la mesa. Recordé entonces, enfrascado en mi trabajo atrasado, que no había buscado a Cristina esa mañana para su follada. Y ya se había marchado.

María ya tenía su comida puesta y se fue directa a sus comederos.

-¿Ha sido dura la mañana?, ¿Cristina ha protestado mucho?.- Le pregunté a Sara.

-No Amo. Hemos dividido las tareas, a mi me deja cocinar y la ropa. Ha salido de ella y cada una a lo suyo. No ha habido roces si es lo que pregunta. Bueno, un par de ellos ha habido.- Me dijo sonriendo.

-¿A que te refieres?.- Ya sabia que Cristina no lo pondría fácil.

-Bueno, me ha dejado claro que mientras el Amo no diga lo contrario la primera es Isabel en jerarquía y ella la segunda. Que yo por ahora ocupo el último lugar. Así que un par de veces me ha llamado para unos roces...- Dijo riendo. Me reí con ella y me alegré.

Nos sentamos tranquilos a comer y cuando María terminó se vino a mis piernas a pedir empujando con su naricita. Al terminar la puse la correa y me miró expectante desde abajo.

-Acércate Sara, tienes que conocer a la mascota.-

María dio un tirón de la correa queriendo irse pero yo la sujetaba fuerte. Cuando Sara se acercó empezó a bufar e intentar recular.

-Por ahora no ha mordido a nadie. Acerca tu mano que la huela y se haga a tu olor.- Sara acercaba la mano despacio y algo asustada. Finalmente María viendo que no le quedaba otra se puso a oler su mano y dejó de bufar. Yo solté la correa y acaricié la espalda de María que tranquila olía a Sara hasta que avanzó un poco y metió su cabeza entre las piernas de Sara. Esta me miró divertida dejando hacer a María que le olisqueaba el coño. Tras unos segundos, se volvió y se metió de nuevo entre mis piernas lamiéndolas.

-Gatita buena.- Decía acariciando su cabeza.

-Me alegro mucho Amo. Me alegro que por fin tengas a tu esclava mascota.- Me dijo Sara.

-Yo también, esta tarde antes de que venga Isabel dejaré que juegues con ella. Las chicas le regalaron un ratoncito de trapo con una cuerda para tirar de él y que lo persiga, le encanta.-

Recogimos la cocina y me senté a leer un poco en el salón. Sara se puso en espera frente a mi y María se tumbó a mi lado. No lograba pasar las páginas, seguía pensando en Sara y las demás. Y aunque María estaba a mi lado no me importó que oyera la conversación, le dije a Sara: -Cristina tenía razón Sara.-

-¿A que se refiere el Amo?.-

-A que tú eres la última. Los dos sabemos que tarde o temprano pasarás a ser la primera, y en el fondo ellas también lo saben.- Acaricié la cabeza de María.

-Pero por ahora,- continué, -serás la última y aún no se que castigo te daré pero ten seguro que lo tendrás. Como las otras según lleguen.-

-Sí Amo, lo entiendo y ya contaba con eso.-

-En aquella caja están los juguetes de la gatita. Coge el ratón y juega un rato con ella.-

Sara se levantó y saco de una caja un ratón de trapo con una cuerda larga y lo lanzó cerca de María.

Ella lo miró y ladeo la cabeza sin moverse. Sara lo recogía y lo volvía a lanzar una y otra vez cerca de ella pero María seguía sin moverse mirándolo de lado.

-Venga gatita, el ratoncito, ve a por él.- Le dije cantando y empujando un poco su culo. En el fondo no fue una buena idea que la empujara por el culo. Me calenté en un momento y en vez de empujar quise acariciar. Pero María en un segundo dio un salto y agarró entre sus manoplas al ratón. Sara tiró fuerte pero no logró que lo soltara. Me miró desconcertada sin saber que hacer.

-Quítaselo y vuelve a jugar. No creo que te muerda.- Dije riendo.

Sara con cierta aprensión agarró el ratón y forcejeando un poco con María que bufaba se lo quitó. De nuevo lo tiró y María se lanzó por él sonando los cascabeles por toda la casa.

Estuvieron un rato jugando por el salón, María corría y saltaba por el ratón que Sara arrastraba rápida y sin parar de reír mientras María agitaba su culo para mover la cola. Sara tenía un par de años menos que yo, treinta y cinco, y María treinta. Verlas a las dos desnudas por el suelo jugando y riendo detrás de un ratón de trapo era todo un espectáculo. Sobre todo a Sara que parecía una adolescente con sus risas.

En un momento, María se lanzó en vez de por el ratón a por Sara y la tiró al suelo. Metió su cabeza entre las piernas.

-¡Uy! Amo, esta gatita es muy mala. Me está lamiendo el chochito.- Decía riendo aún.

Yo sin decir nada me puse de rodillas detrás de María. La levanté de las caderas, aparté su cola y se la metí. Llevaba ya un rato con la polla dura y aproveché el momento.

María no dejó de lamer mientras yo empujaba una y otra vez, agarrando desde atrás sus tetas y soltando sus cascabeles. Que placer me daba esa mujer y más si enfrente tenía la cara lujuriosa de Sara que al poco se tumbó dejando que le llegara el premio por jugar con la gatita.

Y los tres encadenados nos corrimos, primero el amo que dejó de bombear después de unos arremetones intensos. María se corrió al sentir la leche entrar, dejo de lamer y con sus piernas temblando por el orgasmo le pasaba sus manos enguantadas por el coño de Sara que es lo que le faltó para llegar también ella al orgasmo.

Me volví a sentar en el sofá y antes de que María reaccionara, Sara gateando se vino a mi y me limpió la polla antes de meterla en mis pantalones. Cuando ya estaba guardándola apareció María que con la cabeza empujó a Sara como marcando territorio y diciendo: “eso es mio”.

Después de que una sorprendida Sara se volviera al medio del salón a ponerse en espera ante la atenta mirada de María. Esta fue hasta donde dejé los cascabeles, los cogió con la boca y me los llevó para que se los pusiera de nuevo.

Isabel llegó después de la cena, como siempre. Yo estaba tumbado en el sofá leyendo, Sara de rodillas en espera frente a mi y María echada a mi lado. Al entrar ella, como solía pasar siempre, María se levantó y fue a restregar su cara con las manos que Isabel le ofrecía. Ella miró disimuladamente a Sara y se arrodilló a su lado, dejando que María con leves maullidos le lamiera los muslos.

-Isabel, te presento a otra esclava de la familia, Sara.- Ambas con algo de aprensión se besaron en las mejillas a modo de saludo y siguieron en su posición.

-Como imagino que todas estáis nerviosas sin saber como encajará Sara, por ahora ella será la última en la jerarquía. Además tengo que pensar aún un castigo para ella del tipo de Ana. Cuando lo tenga pensado ya te lo comentaré Isabel.-

-Sí Amo.- Dijo Isabel aún nerviosa.

-¿Vienes caliente pequeña?.-

-Sí Amo, siempre vengo, mejor dicho Amo, siempre estoy caliente desde que me hizo su primera esclava.- Esto último estaba claro que era un mensaje, ella fue la primera y Sara no debía olvidarlo.

-Sarita cariño, cómele el coño a Isabel que se desahogue.-

Sara me miró con una leve sonrisa que como ya la conocía se traducía por “me vas a hacer comer todos los coños de la casa”.

Isabel se echó algo hacia atrás y abrió sus piernas donde Sara metió la cabeza y se puso a chupar y lamer. Yo hice como que seguía leyendo pero las miraba disimuladamente. Al poco rato María se fue a lamer las tetas de Isabel y ella, la silenciosa, comenzó a gemir hasta que le llegó el orgasmo. Mi polla intentaba asomarse por encima del pantalón y como era tarde decidí que nos fuéramos a la cama.

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