Las siete 21
No es solo sexo; es una jerarquía, una casa y una familia que crece a su antojo. Mientras él duerme, ellas planean, compran terrenos y preparan la próxima llegada. La pregunta no es si aceptará más, sino si podrá con todas.
Capítulo 21
Una vez que Isabel descansó del orgasmo que le dio Sara ayudada por María, y como era ya algo tarde, decidí que lo mejor sería irnos a la cama.
Me levanté del sofá para ir al dormitorio.
-Sara, a tu dormitorio. Isabel, tú conmigo.- Isabel con las mejillas aún rojas del orgasmo cogió la correa, se la puso y me la ofreció. Sara se aguantó la risa cuando vio que María mordía su cama y la arrastraba por el pasillo camino de mi dormitorio.
-Gatita, quítate los cascabeles y la cola, sube a la cama que hoy te toca culo.- Le dije camino del baño con Isabel de la correa. Una vez allí sin decirle nada, ella me bajó el pantalón, agarró mi polla y la puso a mear. Una vez terminé y me la limpió me fui a la cama donde María ya esperaba tumbada boca abajo y con la almohada en el vientre para levantar más su culo.
La eficiente Isabel inmediatamente mientras con una mano ponía lubricante en el culo de María, me la mamaba para ponerla dura. No necesitó mucho, ya venía dura de antes. Agarré los cachetes de María y se la metí. Empujaba con fuerza, la sacaba casi entera y la volvía a meter empujando. Con tantas esclavas que las usaba a menudo me di cuenta que su esfínter no apretaba tanto como el de otras. El de Alba era especial y el de Isabel apretaba mucho. Aunque lo disfruté, por mucha fuerza que hiciera entrando y saliendo, tenía a mi disposición culos mejores, quizás por tener el plug de la cola tanto tiempo puesto.
Me eché en medio de las dos y María en seguida fue a limpiarla mientras yo le pasaba la mano por la cara a Isabel.
-Amo, tengo una buena noticia.- Me dijo Isabel en un susurro.
-Necesito buenas noticias. Dime pequeña.- Dije recuperando el resuello.
-He aprobado el carnet de conducir Amo.- Me dijo con una modesta sonrisa.
-¡Eso es estupendo!. Gatita limpia bien que hay que premiar a esta esclava tan aplicada.- Yo que pensaba dormir ya me resigné mientras la besaba en la boca.
-Gracias Amo.- Me dijo cuando el beso acabó. -Hacía mucho que el Amo no me besaba.-
Pretendía tener una conversación con Isabel después del polvo pero cuando me dijo eso decidí hacerlo antes.
-Dime que piensas sobre Sara pequeña.- Acariciaba una de sus tetas mientras María pasó de limpiar a chupar para intentar que se me levantara de nuevo.
-Soy su esclava Amo, no tengo nada que objetar. Pero si al final admite a Ana tendrá ocho esclavas en vez de siete.-
-No son ni siete ni ocho, es mucho más complicado, pero ya os lo diré mañana. Lo que te preguntaba es que te parece, ¿crees que encajará en nuestra familia?.-
-Creo que sí, pero hasta ahora solo le he conocido su lengua Amo.- Me dijo con una leve risa.
-Sabes que ella ocupaba tu puesto. Y que después de su castigo es muy posible que lo haga de nuevo. ¿Que piensas de eso?.-
-Amo, yo fui la Primera por casualidad. Si se hubiera encontrado antes con Cristina lo hubiera sido ella. El organizar a sus esclavas me vino por orden del Amo, yo no lo busqué ni lo pedí. Me siento orgullosa de ser la Primera, pero aunque en la jerarquía de la familia el Amo me pusiera la última, yo seguiría orgullosa de haber sido la Primera y de servir a mi Amo. Pero como creo que el Amo busca algo más concreto, le diré que prefiero que ella pase a ser la primera en la familia. Mi función como sumisa es estar a sus pies y no me gusta tener que hacer agendas o coordinar a las chicas.-
-Eso me gusta, estoy muy orgulloso de ti y de como les enseñas a todas a pesar de ser la más joven. Ahora abre tus piernas que te daré tu premio por aprobar el carnet.-
Su puso boca arriba con las piernas lo más abiertas que pudo y los brazos a los lados agarrando las sábanas. María soltó a regañadientes mi polla que se la metí suave en el coño al tiempo que succionaba una teta entera en mi boca. Después de varios empujones suaves saqué su teta y me puse a besarla en la cara, sus labios, su nariz y sus mejillas. María revoloteaba alrededor sin poder hacer nada y empezó a maullar. La miré de lado y sonreí. Sin soltar a Isabel y agarrando fuerte su culo me volteé dejándola a ella encima. Entonces María metió su cabeza como pudo entre nosotros y se puso a lamerle las tetas. Fue agotador, bombeaba despacio y cada vez me cansaba más hasta que ella me dio la salida.
-Amoooo, porrr favorrr, no aguannnn, Amoooo.-
Entonces aumenté el ritmo todo lo que pude, tanto que con mis empujones mi pecho aplastaba la cabeza de María que tuvo que sacarla. Me corrí por fin y ella me acompañó nada más lo sintió.
Caí literalmente a un lado y ni siquiera sé si me limpiaron alguna la polla, me dormí de inmediato.
Dulce despertar con la mamada de Isabel y la cara de María mirando arrodillada desde el suelo. Por un momento me olvidé de la jauría de esclavas que me venían.
Entramos en la cocina los tres, le puse su leche a María y cuando me estaba poniendo el café me di cuenta que algo faltaba.
-¿Y Sara?.-
-No lo sé Amo. Al pasar por su dormitorio no la he visto en su cama.-
-Búscala, a ver si está en el baño. Tendrá que adaptarse a nuestros horarios y la nueva encargada de cocina es ella.-
-Sí Amo.- Isabel salió a buscarla y regresó en dos minutos.
-No está en casa Amo.-
Mis esclavas no están encerradas en casa, pueden salir y entrar pero normalmente me avisan. Pensé que a lo mejor había ido a la compra para la comida que estaríamos todos reunidos.
Después del desayuno me fui al ordenador para leer uno por uno todos los correos de mis antiguas esclavas. Todas se disculpaban, la que más Natalia que decía que toda culpa era suya. Incluso recibí un correo de Lucia que aunque ella no podía venir, si sabía del plan y no me dijo nada.
Escribí un correo para todas donde les decía que si aparecían serían castigadas pero que no las rechazaría. Era absurdo dejarlas con la duda cuando mi decisión estaba tomada. Les pedía un correo semanal donde me irían hablando de como les iba y donde incluirían una foto de ellas desnudas con algún objeto extraño dentro de su coño o culo. Aquella que no cumpliese con el correo semanal y la foto que no se molestara en venir.
Escuché ruido y supuse que Sara había vuelto de la compra. Pero la que apareció por la puerta fue María a cuatro patas gateando se vino a mi y mordiendo mis pantalones tiró de ellos para llevarme al salón.
Al parecer Sara y Cristina habían quedado para hacer la compra y preparar juntas la comida, pero la sorpresa es que Sara le compró una cama nueva a María.
-Pensé que en la nueva casa llevar su cama escaleras arriba sería un problema Amo.- Me dijo Sara mientras María le lamía las manos agradecida. Muy lista Sara, ya se había ganado con ese gesto no sólo a María sino a casi toda la familia.
Mientras Cristina y Sara cocinaban, María no se separó de ella en todo momento. Isabel y yo preparamos la mesa del salón para acoger a ocho comensales, las siete esclavas y yo, perdón quise decir a las seis esclavas, la gatita no comería en la mesa. Ni tampoco en su comedero, entre todos le iríamos dando de comer.
En un momento que tuve que entrar en la cocina, me fijé en Sara con su collar que destaca del de las demás al llevar encajes, al igual que las muñequeras y tobilleras a juego.
-Cristina, debes comprarte algo parecido a lo que lleva Sara.- Le dije.
-Sí está desnuda Señor, pero con gusto cambio mis arrugas por esa tersa piel.- Dijo riendo.
-Eres tonta, no se de donde sacas que tienes arrugas.- Le dije sincero. -Me refiero al collar y las muñequeras, las tobilleras no son necesarias.-
Me miró seria y dejó lo que estaba haciendo.
-¿El Señor quiere que vaya desnuda para limpiar?.-
-No, seguirás como hasta ahora, pero cuando nos sentemos a la mesa o no estés realizando ninguna tarea quiero que sí estés desnuda llevando ese tipo de collar.-
-Lo que diga el Señor, lo buscaré el lunes.-
-No, hazlo esta tarde por internet y lo encargas. Y tú Sara busca un traje similar al de Cristina, no igual, para cuando tengas que servir la mesa o abrir la puerta que serás la encargada.-
-Sí Amo.-
Poco a poco fueron llegando el resto, Alba y después Irene y Daniela. A las tres las dejé en espera en el salón. Aún no conocían a Sara que estaba en la cocina, salvo Daniela. Así que entré y la enganché del collar, la llevé al salón y las hice levantarse.
-Esclavas os presento a Sara, esta es Alba, Irene y Daniela.-
Las tres se dieron besos.
-Amo, ¿ella será ahora la jefa en vez de Isabel?.- Preguntó Irene.
-Lo será, pero no por ahora. Ella es la última por debajo de Daniela y tiene un castigo que aún no he pensado pero después es muy posible que sustituya a Isabel.-
-Me da mucha pena que Isabel se vaya Amo.- Dijo de nuevo Irene con cara triste.
-Isabel no se va, Sara es una más en la familia y no se va a ir nadie.-
-¡Que bien Amo!.- Dijo ya contenta Irene.
Cuando la comida estuvo lista nos sentamos todos, dejando a Sara entre Cristina e Isabel y yo presidiendo. María iba por debajo empujando en las piernas con su nariz para pedir que le dieran de comer. La comida para ellas fue tranquila y charlaron de todo aquello que no es importante y se brindó por el carnet de Isabel. Pero yo me veía presidiendo una mesa que en mi cabeza se alargaba para acoger a trece esclavas.
En los postres mandé a Sara a tomar el suyo, es decir, la mandé a comer los coños de las restantes tres esclavas que aún no había catado.
-No es justo Señor, ellas tienen postre y nosotras no.- Dijo Cristina.
-Cristina, si Sara se pone con todas hasta que os corráis estaremos en la mesa horas.-
No pareció convencerle mucho. Y mientras Sara comía el coño de Alba y Cristina empezaba a recoger todo, María se vino y comenzó a frotar su cara en mi entrepierna.
-Ahora no gatita, que tengo mucho que hacer. Lo primero es un poco de ejercicio para bajar esta copiosa comida.-
-¡Yupi!.- Gritó Irene levantándose para ir a la sala.
-Espera esclava, aún es temprano, ¿no quieres que Sara se tome tu postre?.-
-Yo ya me he comido mi postre Amo.- Y ante la mirada sonriente de todos Irene entendió la broma. -Ah, quiere decir mi chocho ¿no?. Me gustaría pero prefiero más ir a la sala Amo.-
-Espérate y después de mi café vamos.-
-Vale Amo.-
Cristina que para comer la obligué a desnudarse y no le gustó nada, en cuanto se levantó para recoger ya se había vestido de nuevo. Isabel la ayudó a recoger y se quedaron en la cocina limpiando.
Me senté en el sofá y a mis pies María que de vez en cuando intentaba de nuevo sacarme la polla. Según Sara iba dando los orgasmos a las chicas, estás se ponían frente a mi en espera. Cuando terminó Sara se dirigió a la cocina a ayudar pero antes se volvió a mi con una cara de pilla que traducido por años de convivencia significaba: “ya no quedan coños en la casa para comer”.
Me apetecía una siesta pero los amos tenemos muchas responsabilidades, así que enganché a Irene de la correa que contenta me siguió a la sala. Estuvimos casi dos horas, no solo la azoté, me la follé un par de veces, así que los dos acabamos algo cansados. Al salir estaban todas en el salón en espera menos Cristina que estaba sentada en el sillón con María en sus pies y bien agarrada por el collar. La miré con un gesto de extrañeza.
-La guarra de la gata no dejaba a las esclavas en paz Señor. Sobre todo a Daniela que pensaba que su pollita era un ratón o algo así.- Me explicó.
-Vale, María ponte en espera tú también.- A Cristina nunca se le enseñaron las posturas y prefería dejarla así. María extrañada se puso en espera.
-Ahora que estamos todos quiero deciros una cosa importante. Todas sabéis que en la otra ciudad yo tenía a siete esclavas de las que Sara era una de ellas. Y todas sabéis que es lo mismo que pretendía hacer aquí. Pero no se exactamente la razón, la convivencia con vosotras es muy diferente a la que tenía allí con las otras esclavas. Y esta me gusta más, me gusta cuando digo que somos familia. Pero ahora después de hablar con Sara y con otra de mis antiguas esclavas, he descubierto que se vienen todas aquí a vivir con la intención de volver a ser mías de nuevo.-
Todas pusieron caras de sorpresa menos Sara evidentemente.
-Si finalmente acepto a Ana, que es lo que espero. Acabaré teniendo a trece esclavas. Aún no se como gestionar esto pero lo que tengo muy claro es que las trece tenéis que llevaros bien. No quiero ningún tipo de rencillas, ni celos ni competiciones. Seremos una familia más numerosa pero una familia.-
-Esto es un desastre Señor, como pretende que tenga limpia la casa si está llena de esclavas todos los días. Ni aunque me ayude la nueva…, perdón Señor, quiero decir Sara.- Saltó Cristina.
-Ya he dicho que aún no se como se gestionará todo esto. Pero una cosa debe quedaros muy clara a vosotras seis que lleváis conmigo la que más un año escaso, Alba varios meses; las que vienen estuvieron conmigo durante años y siempre las preferiré a ellas antes que a vosotras. Eso quiere decir que si alguna pone pegas, Cristina..., o no encaja tendré que tomar medidas drásticas.-
-¿Eso significa que nos echará Amo?.- Preguntó María.
-Eso significa que esa es una posibilidad.-
-Ya no seremos sus preferidas ¿Amo?.- Preguntó Irene.
-Eso tampoco es así. No tengo preferidas, sois mis esclavas todas y quiero estar con todas, por eso os acepté. Pero lo que quiero decir es que si hay algún problema serán ellas las que se queden.-
Todas se quedaron en silencio mirando al suelo. En Isabel y en María creí ver los ojos llorosos.
-Esta no es una mala noticia. Posiblemente no haya sabido explicarlo bien. Quiero que entendáis que intentaré que todo siga igual que ahora, solo que en vez de siete seremos trece. Lo que he querido decir es que todas os debéis llevar bien como ahora lo hacéis, si eso ocurre nada debe cambiar. Recordar siempre que sois esclavas por libre elección y que yo puedo hacer lo que me plazca con vosotras.-
No se quedaron más tranquilas pero por lo menos no tan tristes. Cristina de forma muy suave me demostró su sumisión al arrodillarse con las otras sin habérselo pedido.
-Todas las que vendrán, incluida Sara tendrán un castigo por haberlo ocultado durante un tiempo. Pero pasado ese castigo habrá que modificar la jerarquía aunque algunas no cambiarán. Cristina seguirá siendo la encargada del orden en la casa y en eso no tendrá discusión. María seguirá como hasta ahora. Y después del castigo Sara pasará a estar en primer lugar. El resto apenas si cambiará.-
Me levanté del sofá y cogí la fusta.
-Ahora Sara hablemos de lo que haré contigo, ponte en postura de castigo.- Ella apoyó su cara en el suelo y puso sus brazos estirados delante alzando el culo. Comencé una tanda de fustazos sin excesiva fuerza.
-No será en la sala que al igual que Irene eso te gusta. Tampoco será como Ana ya que para ella que nunca había estado con una mujer ni había sido sometida le debió resultar duro. Así que he decidido que sólo podrás tener orgasmos cuando tengas sexo conmigo, el resto del tiempo estarás para disfrute de ellas cuando lo deseen pero sin correrte, Isabel te lo organizará. También cuando yo tenga sexo y estés cerca deberás estar presente pero sin poder masturbarte ni tocarte, solo viendo.-
-Amo, eso es cruel. Estoy excitada desde que se fue hace un año.- Me dijo Sara implorando.
-Pues ese será el castigo, y no terminará hasta que todas las otras esclavas estén aquí.-
-¡Pero eso pueden ser meses Amo!- Decía desesperada Sara.
-Pues si quieres recortarlo ya sabes, ayúdales a buscar trabajo para que vengan pronto. Ahora yo me voy a relajar un poco y vosotras ir pensando en lo que he dicho, nada de malos rollos con las otras esclavas cuando vengan. Pensar que la forma de llevar esta familia vosotras la conocéis y ellas no, ellas no están acostumbradas a estas reuniones. Por cierto, después de cenar hoy saldremos a tomar unas copas y si os apetece a bailar. A la vuelta todas os quedaréis a dormir en casa.-
-¡Bien!.- Dijo no lo suficientemente bajito Irene.
Me fui al despacho a leer un poco en el ordenador y María se vino gateando a tumbarse a mis pies.
Por lo que supe, antes de la cena Sara les estuvo hablando a ellas de cada una de las cinco que vendrían. Algunas se sorprendieron por Paula y Raquel, la sobrina y la tía que no sólo disfrutaban con las otras esclavas sino entre ellas dos.
Durante las copas y mientras todas bailaban, Sara se me acercó.
-Amo, he estado hablando con Alba para que me ponga en contacto con Rosa y buscar piso para las chicas. Y me he enterado de una cosa interesante y que puede ser una buena idea. Tendría que hablar con Daniela que es la que lleva las cuentas pero me parece una idea genial.-
-Cada vez que me habláis de las cuentas me pongo a temblar. Dime cual es la nueva ocurrencia ahora.-
-Verá Amo, los terrenos que están detrás del jardín de la casa sin construir se venden.-
-No, no puede ser. Aún no me he mudado y ya me estáis metiendo en construir una urbanización para mis esclavas.- Le dije realmente aterrorizado.
-No Amo no es eso. Déjeme hablar que es una idea magnífica de verdad Hugo. Escucha y deja de protestar.- Dijo impaciente Sara.
-Venga dime, me rindo.-
-Las chicas pueden comprar el terreno, ellas, no el Amo. Y se puede construir una casa grande con doce o más dormitorios, y unirla al jardín. El Amo estaría en su casa tranquilo y cuando necesite de una de sus esclavas, ella solo tiene que cruzar el jardín para venir.-
-La idea es buena, no lo niego. ¿Pero de donde sacarán el dinero?.-
-Aún no lo he hablado con Daniela pero me dijo que el préstamo está casi pagado. Así que ese dinero que ahora le dan al Amo puede ir para los terrenos y la casa. Además las cinco que vienen trabajarán todas y eso es más dinero. El Amo ni se enterará, ni su bolsillo.-
-Sara sabes que nunca me ha interesado mi bolsillo salvo que esté vacío. Háblalo con Daniela y si todas estáis de acuerdo lo hacéis, es más, una vez terminado de pagar el préstamo y en la casa nueva, aportaré yo también. Siempre y cuando no me arruinen cada vez que salimos de copas claro.- Le dije riendo.
En ese momento entró en el pub Juan, el compañero de María que la acosó, con cuatro amigos más. Se acercaron a la barra y de pronto él la vio bailando. Se excusó con los amigos y se marchó.
Esa noche quise hacer un experimento y dejando a Sara mirando, invité a las seis a mi cama. Evidentemente no cabíamos todos y menos cuando el afán de ellas era mi polla pero aún no entiendo como se organizaron que al final a todas les tocó algo. Sin embargo como Amo me resultó agotador intentar satisfacerlas a todas y en un espacio tan reducido. Con ese experimento decidí que lo ideal es con tres y en casos extremos cuatro.
El domingo, tras la mamada de Isabel, salí a desayunar. En la cocina había una algarabía que ni Cristina podía controlar. Y sólo son por ahora siete pensé.
Cuando terminé de desayunar, y viendo que el jaleo no se calmaba le dije a Sara que preparara comida para todos que pasaríamos el día en familia. Después cogí del brazo a Cristina y tiré de ella.
-Vamos un rato al dormitorio.- Le dije con un guiño que no supo interpretar.
-No Señor, primero termino con los desayunos y dejo lista la cocina para preparar la comida. Después arreglo su dormitorio.-
-¿No te apetece pasar un rato en el dormitorio con tu Amo?.-
-Perdón Señor, claro en seguida. Cuando se trata de la polla del Señor siempre es lo primero.-
Nos fuimos a la cama, lejos del follón que tenían las chicas. Cerré la puerta que rara vez lo hacía. Y al volverme ya estaba Cristina en la cama terminando de desvestirse. Me excitó ver esas carnes blancas y blandas a pesar del ejercicio que hacía todos los días en la cinta y en la bicicleta. A veces me apetece amasar y ver como se mueven temblando tras un azote sus nalgas.
Follamos tranquilos y en silencio mientras no dejaba de agarrar esas tetas que se iban a los lados. Nos corrimos a la vez y me quedé de nuevo dormido.
-Amo, la comida está lista.- Me despertó Alba.
-Enseguida voy.- La miré salir con ese culo moviéndose al compás de sus pasos y de nuevo me excité. Cristina ya no estaba acostada, y menos la cama todo el cuarto estaba limpio y ordenado. Dudé en llamar a Alba para una buena enculada pero preferí aguantar hasta la siesta. Si es que dormía siesta que me había pasado toda la mañana durmiendo.
Me senté en la mesa con todas ya esperándome cuando me di cuenta que no había pasado por el baño y con mucha pereza me levanté. Pero antes de dar un paso volví a sentarme. Las chicas me miraban todas sin saber que pensar.
-Daniela, tengo que hacer pis.- Se metió bajo la mesa tan rápido que se dio un pequeño golpe en la cabeza. Gateó hasta mi, me bajó el pantalón y se metió mi arrugada polla en la boca. Con chorros cortos fui meando mientras notaba como ella bebía lo que salía.
-Señor, eso no debe hacerlo aquí. Si se le derrama algo a la esclava habrá que fregarlo. Debería irse al baño.- Dijo Cristina agachando la cabeza para revisar que Daniela no dejase salir nada de su boca.
-No te preocupes petarda, que Daniela es buena y no saldrá nada. Vamos servir que estoy hambriento.-
Tras la comida me eché en el sofá, estaba algo cansado a pesar de haber dormido toda la mañana. Y según se recogió la mesa una a una se pusieron frente a mi en espera. Hasta que finalmente llegó Cristina y también se arrodilló, lo que me extrañó mucho.
-Amo,- dijo Isabel, -esta mañana Sara nos ha contado el proyecto de la casa de atrás. Todas queremos hacerlo. Daniela dice que en breve terminamos el préstamo y Alba ha llamado a Rosa que dice que los terrenos son muy baratos.-
-Ese proyecto me incumbe poco. Es una inversión vuestra pero me gusta porque os hará estar más unidas y me agrada que viváis todas juntas. Si estáis decididas yo os apoyaré y que Daniela decida con que parte contribuyo.-
-Eso es otra cosa Amo. Lo hemos hablado y Sara ha llamado a las otras esclavas.- Seguía diciendo Isabel. -El Amo no debe contribuir en nada, somos sus esclavas y estamos para servirle no para que el Amo nos sirva en nada. Preferimos que el Amo no contribuya en nada.-
-Ya, imagino que Daniela ha hecho cuentas y ha visto que con trece esclavas si el Amo contribuye se acabaron las cenas, las copas y los bailes ¿no?.- Dije riendo.
-Eso tampoco lo pagará el Amo.- Dijo bajando avergonzada la cabeza Isabel. -Sara dice que lo mejor es tener otra cuenta para esos gastos y que por ahora sea yo quien la administre.-
-Sara siempre llevaba en la otra ciudad mis gastos, le haré caso. No me importa el dinero, no necesito ser el más rico del cementerio como suele decirse. Mientras tenga para costear los gastos de la casa nueva el resto me da igual. Aunque algún ahorro por si salimos de viaje o cambio de coche deberé tener, el resto me da igual como lo administréis.-
-Tampoco gastará en eso, todo se pagará de esta nueva cuenta.- Dijo de nuevo Isabel.
-Bien, puesto que ya habéis solucionado mi futuro económico ven a ponérmela dura y que Alba se ponga delante con su culo en pompa que quiero usarlo desde antes del café.-
La semana fue de nervios para Sara y Cristina, la casa nueva estaba lista y la mudanza se haría el lunes siguiente. Las dos se turnaban para estar tanto en la nueva casa como en la antigua. Alba y María hicieron esa semana ya su mudanza y se quedaron allí a vivir. Así que no vi mucho a mi gatita.
Nos mudamos por fin el lunes. Poco tenía que llevar yo además de ropa que entre Sara y Cristina se ocuparon diligentemente. Contraté a una empresa para llevar los “muebles” de la sala de castigo, mi cama tamaño king y las taquillas. En la casa nueva ya esperaban otra serie de taquillas que se unirían a las que tenía para cuando fueran llegando las otras esclavas.
Me crucé con uno de los operarios cuando subían del sótano sonriendo, supongo que por lo que allí vieron. Especialmente una jaula nueva del tamaño justo para que una esclava entrara a cuatro patas y quedará así inmovilizada mientras se puede usar para meterle dildos o incluso darle con el látigo, que cuando la punta entra entre los barrotes es bastante doloroso.
-¡Jefe!, no lo encontraba. Hemos tenido que traer a una chica muy insistente que decía que tenía que entregarle un papel. Es contrario a las normas pero como se puso muy pesada al final la hemos traído. Espero no haber hecho nada mal.- Me dijo con la sonrisa de subir del sótano que no se le quitaba.
-No importa, ya me ocupo ¿donde está?.- Dije intrigado de quien pudiera ser.
-Se la llevó esa criadita tan sexy que tiene jefe.-
-Gracias.- Le di una cuantiosa propina y me fui a buscar a Cristina.
-Cris, me han dicho que ha venido alguien.- Le dije al encontrarla limpiando las taquillas.
-Sí Señor, es Ana. Venía muy alterada, así que la he subido a un dormitorio y la he atado a una cama. Así se estrenan.- Dijo riendo, todos los dormitorios tienen cama de matrimonio y todos con argollas en cabeceros y pies.
Subí en dos pasos y allí estaba ella con pies y manos atados.
-Hola Ana. ¿que te trae por aquí?.- Decía mientras la desataba y sabiendo que vendría seguro por su examen que ya habría acabado.
-Maestro, he aprobado, soy la tercera con más nota, ya puedo ser suya Maestro.- El cambio que dio Ana me seguía sorprendiendo. Especialmente si apruebas una de las oposiciones más duras y lo primero que dices es que quieres ser sometida.
-Me alegro pero ahora te darán la plaza, que igual no es aquí ¿no?.- Terminé de desatarla y se puso de pie haciendo el ademán de abrazarme que yo paré con la mano.
-Las plazas se elijen por orden de nota, yo elegiré la tercera y la mayoría quieren ir a la capital, así que no tendré problemas en quedarme contigo Maestro.- Me explicó extrañada por no dejarla abrazarme.
Le di un bofetón, no muy fuerte pero lo suficiente para que trastabillara y se le pusiera la cara colorada.
-Esta es mi casa zorra. ¿Como se te ocurre estar todavía vestida y sin collar?.- Le dije muy serio.
Ella reaccionó muy rápido y se puso a desvestirse pidiendo perdón.
-Lo siento Maestro, no tengo aquí el collar.- Ella tenía dos collares, uno en su taquilla y otro que le hice comprar para llevarlo cuando fuera a la casa de las chicas.
-Las taquillas están ya montadas. Baja a ponértelo y ven a mi dormitorio. Aún tenemos que hablar.-
-Sí Maestro.- Salió corriendo, no fue andando rápido, fue corriendo. En verdad que había cambiado mucho.
A los pocos minutos entraba en mi dormitorio con su collar puesto mientras yo estaba sentado en mi cama que aún no tenía sábanas. Se puso de rodillas frente a mi mirando expectante.
-¿Que ha dicho tu maridito de que hayas aprobado? Seguro que te pide sexo.-
-Aún no lo sabe Maestro, las notas acaban de salir hace unas horas.-
-Bien, te dije que una vez aprobaras te aceptaría en la familia. Yo mantengo mis promesas aunque serás la última en la familia por debajo de Daniela. ¿Lo entiendes y estás de acuerdo?.-
-Sí Maestro, en todo lo estoy. Quiero ser suya y de la familia. No se exactamente que me ha hecho pero esta faceta mía me gusta, me encanta sentirme sumisa y a sus órdenes.-
-Ponte a cuatro patas en el colchón, vamos a empezar por una buena enculada.-
-Gracias Maestro...- Dijo subiendo a la cama.
Como un vendaval entró Cristina en el dormitorio.
-No, no, no de eso nada. La cama no está aún hecha. El Señor se puede ir con la nueva esclava a otro de los dormitorios pero este aún no se puede usar. Venga fuera.- Lo dijo apartando a Ana de la cama.
Me reí y antes de salir Cristina me alargó una correa. Se la puse a Ana en su collar y la llevé a otro dormitorio. Allí de nuevo la hice subirse en la cama a cuatro patas. Y esta vez fue Sara la que apareció, pero sin decir nada le puso a Ana un poco de lubricante en el culo y pasó a ponerlo en mi polla. Ana miraba a Sara extrañada ya que para ella era desconocida y que además le dio un azote y la ordenó mirar siempre delante cuando el Amo está a su espalda.
Por el doble efecto entró mi polla hasta que chocaron mi pelvis y su culo, notando bailar mis huevos y dar con su coño. El doble efecto fueron mis ganas y el lubricante sabiamente puesto por Sara. Fueron tres o cuatro empujones míos los que hicieron que Ana gimiera casi gritando y con un fuerte orgasmo temblara, convulsionara, pusiera sus ojos en blanco y acabara cayendo sobre la cama, sacando a mi polla de su escondite después de su tremendo orgasmo.
Me había puesto muy caliente y no quería estropearlo con un enfado, así que me aguanté y agarré a Sara que seguía cerca de mi. La puse en la misma posición y la enculé.
Su hermoso culo me incitaba a las caricias, eran dos hermosos melocotones de terciopelo, abombados y suaves pero con lo ocurrido con Ana no me entretuve, la agarré de los hombros y bombeé con fuerza haciendo que sus tetas bailaran frenéticas. Sara apenas podía agarrarse para mantenerse en posición. Levantaba la cabeza y gemía mientras su respiración acompañaba a mis envites. Cuando hice un par de fuertes empujones, ella notó que me corría y ladeó un poco la cabeza.
-Poorr favaaaorrrr Amoooo.- Sólo dijo eso notando ya mi corrida dentro de su culo.
-Puedes correrte zorra.- Dije y al segundo se corrió ella con un grito y exhalando todo el aire que podía tener dentro. Ana ya casi recuperada me miraba acongojada sin moverse.
Me senté a esperar que los pulmones me respondieran bien después del enculamiento tan animal. Sara simplemente se dejó caer al notar que mi polla ya salía.
Ana no se atrevía a decir nada, se le notaba en la cara que estaba dolida por no haber podido aguantar. Isabel la había aleccionado bien, nunca te corras antes que el Amo.
Cuando pude hablar con normalidad, sin alterar la voz y sin mirar a Ana me levanté.
-Te has corrido antes que yo y encima has sacado mi polla al desplomarte. Llamarás a Isabel y le dirás que te organice con todas las chicas, una por una les harás llegar al orgasmo como ellas mejor te digan. Una vez hecho eso vendrás a que te de un castigo en el sótano, y piensa que le dirás a tu marido porque con marcas te irás seguro. Cuando esas marcas desaparezcan vuelves y de nuevo me pensaré si entras en la familia o no. No te veo lo suficientemente disciplinada. En todo ese tiempo tienes prohibido cualquier orgasmo y nada de sexo, ni siquiera con tu marido salvo con las chicas. Aunque te insista para celebrar tu plaza como juez.-
-Lo siento Maestro, lo haré. Ha sido el ansia y las ganas de tenerle de nuevo dentro. Es posible que tenga que castigarme más de lo dicho Maestro, puesto que no me arrepiento. Ha sido el mejor orgasmo de mi vida.-
La miré y por primera vez no tenía su cara de mala leche, sus labios sonriendo se curvaban hacía arriba y su cara era de felicidad. Entre sus piernas se veía claramente su coño jugoso con los labios abultados y cerrados. Tuvo suerte que esa imagen borrara lo que dijo de no arrepentirse.
-Vístete y márchate. Sara voy a vestirme.- Salí hacia mi cuarto y Sara se levantó como pudo y me acompañó para ponerme la ropa. Eso empezó a hacerlo al poco de llegar y yo ya me había acostumbrado.
-Lo siento Maestro, ¿como vuelvo a la ciudad? No he venido en coche y con las prisas de que los de la mudanza no se fueran he olvidado el móvil y el bolso con dinero para un taxi.- Dijo Ana mirando como Sara antes de ponerme el slip me la limpiaba.
-Espera en el vestíbulo, tengo que ir al puerto y te llevo.-
-Gracias Maestro.- Y bajó para vestirse en el vestíbulo dejando su collar en la taquilla.
Antes de salir hice que Ana se quitará la ropa interior. En el coche le hice subirse la falda hasta dejar ver su coño sonrosado en el que se apreciaba el brillo de su flujo.
-Maestro, así estoy expuesta y me pueden ver.-
-Esto no es un castigo Ana, es simplemente que quiero poder verte tu lindo coñito mientras conduzco.-
Todo el rato estuvo nerviosa y avergonzada, sobre todo en los semáforos. La dejé en su casa y seguí hasta el puerto. Tuve mi reunión y al salir discretamente María sonriendo me apartó de oídos indiscretos.
-Amo, quiero presentarle a una compañera. Se llama Lourdes, físicamente es como Irene o algo más gordita aunque sin tantos pechos. Creo que es como yo, podría ser otra mascota perfecta.-
-¿Qué?.-
-Ahora con la casa más grande y con el jardín puede tener dos mascotas Amo. Además creo que a ella le vendría bien ser una cerdita. No le he hablado de usted ni de la familia pero la he tanteado y como cerdita sería perfecta.- Me decía María ilusionada.
-¿Estás loca?. A principio de mes que es en una semana, me viene Olga. Eva viene unos días después. Y las otras tres seguro que encuentran trabajo en breve. Trece esclavas María, ¿de verdad quieres que adopte a una más?. ¿O en realidad lo que quieres es tener otra con quien jugar?.-
-Pues la verdad Amo, un poco de cada.- Me dijo poniendo cara de pilla.
-Está decidido, nos quedamos en trece. Nada de hablarle a esta cerdita sobre la familia.-
-Sí amo.- Dijo apenada.
Epílogo
Fue un año un poco caótico. Las chicas se organizaron y compraron el terreno. Se construyó una enorme casa de dos plantas con doce dormitorios. Cristina, Sara y María vivían conmigo en la casa principal, el resto tenía su dormitorio en la que llamaron por instigación de Sara “Villa Catálogo”, abreviado la Vica. La única que no vivía con nosotros fue la juez Ana que siguió con su marido ajeno a todo.
Al poco tiempo incluso organizaron sus horarios de trabajo y compraron un minibús para ir todas a trabajar juntas y volver.
Pero no acabó así la cosa. La madre de Daniela enviudó con cincuenta y tres años y pidió venir a vivir con su hija a la Vica. A mi me dio igual pero resultó que era aún más sumisa que su hija y en apenas dos meses viviendo en la Vica Daniela me la trajo de la correa para ofrecérmela.
Rosa que se convirtió en una buena amiga y que desde la compra de los terrenos fuimos unos buenos clientes, se pasaba a veces a visitarme. Seguía dándome algo de grima sus kilos de maquillaje pero lo disimulaba. Tuvo una pareja que conoció en la inmobiliaria. Una treintañera que vendía unas casas en herencia. En un par de visitas que nos hicieron, Rosa me llamó y me dijo que por segunda vez consecutiva acababa con una sumisa de pareja, refiriéndose a Alba y a la nueva. Así que la llevó a la Vica y allí me la dejó. Básicamente fue eso lo que pasó, la llevó y la dejó.
Ella, Rosa, siguió viniendo y solía dejarle pasar el rato con alguna.
En esos momentos tuve quince esclavas. Todas muy organizadas por Sara y derechas como una vela por una cada vez más gruñona Cristina.
Me he habituado a esta vida, aunque la mayoría de las noches no se con quien me voy a acostar que esa tarea recae en Sara. También me compré una casita en la sierra, para descansar de tantas esclavas y me iba solo con Sara. Al final tampoco lograba descansar mucho yendo con ella, pero no me quejo.
Lo que de verdad me aterra es que las esclavas de nuevo se han movilizado y están proyectando ampliar la Vica. Quieren añadir unos cuatro dormitorios más. Ninguna me dice nada y yo no pregunto pero recuerdo que María y Paula me han hablado alguna vez de compañeras de trabajo suyas. Entre las opciones que barajo para esa ampliación, espero sinceramente que sea eso.
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