Mi vecina me domina (30)
Paula no solo controla su cuerpo, sino el de su propia madre y el de su vecino. Con una frialdad calculada, evalúa su disposición sexual y los ata para ofrecerlos al mundo. ¿Estás listo para ser usado?
Paqui estaba totalmente entregada. Su lengua se deslizaba por todos los poros de la piel recogiendo y lamiendo todo lo que su ama Paula le estaba ofreciendo.
Paqui, se buena con tu esclavo y comparte con él lo que te he dado.
Paqui se separó, obediente, de entre las piernas de Paula se giró hacia mí y tomando mi cara con sus manos…..
Abre la boca perro, nuestra ama quiere que lo compartamos.
Con mi boca abierta fui recibiendo uno tras otro escupitajos blanquecinos de Paqui. Sabían muy ricos por tener una mezcla de la saliva de mi señora Paqui y del flujo sudoroso de Paula.
Ya basta, cerdos. Enciéndeme un cigarrillo Paqui.
Mientras se fumaba el cigarrillo y nos echaba el humo en nuestras caras y nuestras bocas tomó a Paqui por su trasero pasando su mano por todos sus glúteos y deteniéndose en el plug que además de girarlo lo estuvo sacando y metiendo durante un buen rato. Yo mientras le servía de cenicero a Paula.
Ahora acércate tú, perro.
Sabía que al igual que a Paqui se divertiría con el plug de mi culo. Conmigo fue más agresiva ya que se limitó a sacarlo del todo para volver a introducirlo nuevamente.
Por cierto, quiero ver tus pezones como han quedado, esclavo.
Al estar dentro del dormitorio de Paqui y con la puerta cerrada Sara no apareció por ahí. Las manos de Paula acariciaron mi jaula apretando mis huevos y retorciéndolos a la vez que su otra mano se posaba sobre mis pezones. Cada vez retorcía más mis huevos haciendo que me inclinara para intentar evitar tanto dolor. Paqui mientras no quitaba sus ojos de ella.
¿Te das cuenta mi perra, como hay que tratarlos? Debes aprender a hacerlo. Da mucho placer el ver su cara de dolor mientras aprietas y retuerces más sus huevos.
Si, mi ama Paula.
Cesó en su tortura concediendo a Paqui su lugar. Mientras, sus manos se fueron a mis pezones. Con sus uñas sobre mis pezones me hicieron llegar al límite de mi dolor. Ahora era Paqui la que con su mano abarcó mis huevos y comenzaba a retorcerlos obedeciendo a Paula. Tales fueron mis gritos de dolor que Sara abrió la puerta viendo y disfrutando de mi tortura.
No sabía que habíais llegado. Solo ahora al escuchar los gritos del esclavo es cuando me he dado cuenta que habíais llegado.
Pasa Sara estamos divirtiéndonos. ¿Verdad mis esclavos?
Si mi ama Paula, contestaron al unísono.
Bien ahora voy a comprobar si estáis preparados para poder ofreceros. Primero tú, mi perra sumisa. ¡Acércate!
Paqui, de pie, se acercó a su ama Paula. Esta acarició su coño con una mano para después ir introduciendo uno de sus dedos.
A ver qué tal estás de abierta, perra. Las perras maduras como tú hay que dilatarlas ya que con la edad no suelen estar como las jovencitas.
Ahora Paula introdujo otro dedo en el coño de Paqui. Viendo como se iba mojando procedió a introducir otro hasta que poco a poco sus cinco dedos desaparecieron en el interior de Paqui.
Muy bien mi perra. Voy a ver hasta donde puedes llegar.
Ahora comenzó a presionar su mano hasta que solo se podía ver su brazo desde la muñeca. Paqui tenía las piernas temblorosas cuando Paula comenzó muy despacio a sacar y meter su mano.
Muy bien. Ahora vamos a ver cómo tienes tu culo. Sara, ponte un guante y compruébalo tú. ¿Quieres hacerlo?.
Obediente, Sara se enfundó un guante negro de látex, mandó inclinarse a su madre y procedió a insertar su mano en el culo.
¡Esclavo, colócate de rodillas junto a la perra!. Perra mientras tu hija Sara comprueba como tienes tu puto culo quiero que le hagas una mamada al esclavo.
Paula me quitó la jaula dejando libre mi polla que al ver a Paqui acercarse a mí con su boca abierta y dejando caer hilos de saliva tuvo una erección tremenda. Mientras su hija Sara ya tenía tres dedos dentro del culo de su madre.
Sara, el culo de tu madre ha de estar igual de dilatado que su coño así es que sigue hasta que tengas toda la mano dentro. A los hombres les gusta poder follarse a una hembra madura sin problemas y además si son varios el precio aumenta considerablemente.
Paqui ya tenía toda mi polla dentro de su boca dejando caer su saliva por la comisura de su boca. De repente dio un respingo y es que su hija Sara le había introducido toda su mano y ahora estaba girándola a la vez que la sacaba y la volvía a meter.
Muy bien, creo que ya está preparada para ser usada. Saca tu mano. Y tú, mi perra deja de chupársela.
Yo estaba a punto de correrme dado que llevaba mucho tiempo sin hacerlo. Fue muy frustrante.
Ahora tu, esclavo acércate e inclínate. Me gustaría que también estuvieras preparado para ser ofrecido.
Esta vez no fue Sara sino Paula la que se puso un guante y comenzó a comprobar lo dilatado de mi culo.
Veo que tu culo parece un coño por lo dilatado que está.
Paula comenzó un mete y saca más rápido de lo que había hecho Sara con su madre. Cuando lo sacó, ya satisfecha mandó sentarse a Sara junto a ella.
Siéntate a mi lado Sara y fumemos un cigarrillo mientras estos putos esclavos nos limpian los guantes.
Sara acercó su guante a la boca de su madre que la miraba con resignación. Paula hizo lo mismo conmigo. Ambos guantes estaban muy sucios y con restos sólidos de nuestros culos. Nuestras bocas los chupaban y la,Ian tragándolo todo hasta dejarlos limpios.
Muy bien, estáis hechos unos buenos cerdos. Creo que ya puedo avisar a mis contactos de que poseo una esclava y un esclavo dispuestos para satisfacer a quien lo desee, y además sin límites.
Paula, ¿vas a prostituir a mi madre?, al esclavo me da lo mismo lo que hagas con él, pero a mi madre…….
Paula dio una calada a su cigarrillo y colocando su mano tras la cabeza de Sara la pegó a ella y la besó haciendo que tragara todo el humo con su boca.
No te preocupes, los esclavos son para eso. Para sacar provecho de ellos y vivir nosotras a su costado una manera holgada y feliz. ¿Es así mis perros?.
Tanto Paqui como yo asentimos ante Paula.
Pero…….mamá…… ¿de verdad no te importa que te prostituya Paula?.
Sara, ya te dije que me debo a ella y que la obedeceré en todo lo que desee y me ordene.
Paula seguía muy cerca de Sara y besándola una y otra vez haciendo que compartiera su cigarrillo.
Vamos a atarlos y, mientras, tú y yo vamos a disfrutar.
Paula nos ato ató a Paqui y a mí las manos a la espalda. Después de cada uno de nuestros collares pasó otra cuerda para fijarla a unas argollas de la pared. Cuando creíamos que había terminado fijo a nuestros pies una barra espaciadora de manera que no podíamos juntarnos ella y yo pues se dedicó a fijar unas pinzas con una cadenita entre nuestros pezones. De esa manera mantendríamos la tirantez de las cadenitas de las pinzas no pudiendo acercarnos para disminuirla.
Ahora acércate, deseo tenerte.
Ambas se echaron sobre la cama desnudándose una a la otra y sin cesar de besar sus cuerpos. Ninguna de las dos se preocupó por nosotros que las mirábamos sorprendidos y nerviosos de lo que iba a suponer el ser prostituidos por Paula.
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