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Dominaciónene 2025

Mi vecina me domina (32)

No es solo obediencia, es una entrega total de la dignidad. Cada amanecer trae nuevas órdenes, nuevas marcas y una humillación que se vuelve adictiva. Ella no pide permiso, exige; y él no tiene más opción que arrodillarse.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

La noche la pasé dolorido y a la vez preocupado por lo que podía suponer el nuevo día. La puerta de mi celda se abrió siendo la señal de salir para atender a mis amas.

Buenos días mi se ñora Paqui. ¿Ha descansado usted bien?

Si te he de ser sincera no como hubiera deseado. Venga acércate y abre la boca que voy a reventar.

Arrodillado junto a la cama me acerqué a ella pegando mi boca a su coño para recibir mi desayuno.

Traga rápido que tengo mucha orina.

Realmente el chorro de orina caliente fue abundante desde el primer momento no como otras veces que al principio soltaba unas gotas para después orinar más. Tal y como me indicó mi boca se llenó de su orina muy pronto debiendo tragarla prácticamente sin poder saborearla ya que siguió orinando más y más.

Bien esclavo, límpiame y ve a preparar el desayuno.

Pase mi lengua para recoger los restos de orina de su entrepierna y me marché a la cocina. Con todo preparado fui a avisarle.

Es maravilloso tener una criada en casa. Por cierto te diré que si no me requiere Paula pronto y nos queda tiempo te necesitaré para intentar aliviar esta tensión que tengo.

Me tiene a su disposición mi señora Paqui. Para mí es un placer el servirle en todo lo que necesite.

Por cierto, veo que tienes el culo marcado al igual que los pezones.

Si, ayer al terminar de fumarse un cigarrillo la señora Paula lo arrojó al suelo y me mandó sentarme sobre la colilla aún encendida.

Me gusta recrearme en tus marcas. Es signo de que ya no eres nada más que un objeto perteneciente a tus amas.

Enciéndeme un cigarrillo. El desayuno estaba exquisito. ¿Se ha levantado mi hija?

Creo que no pues no me ha llamado.

Está bien ahora quiero que saques el plug de mi culo y lo chupes para volver a introducírmelo. Será tu desayuno pues lo que me has preparado estaba tan rico que no te he dejado nada.

Mi señora Paqui se puso a cuatro patas sobre el sillón esperando que le fuera sacando el plug que por orden de Paula llevaba puesto. Hazlo despacio, no quiero sentir nada de dolor.

Si mi Señora.

Cogí con mis manos la base del plug y con mucho mimo se lo fui extrayendo. Mientras iba saliendo pude ver que lo hacía impregnado de abundantes restos sólidos.

Antes de volvérmelo a meter lo limpias bien

Lo acerqué a mi boca y el olor a su caca llenó mi nariz. Después lo llevé a mis labios para chuparlo todo. De toda la noche el plug estaba muy caliente, cosa que disfruté mucho. Seguí chupando y lamiendo para volver a introducírselo en su ano. Quedó ajustado.

Lo has hecho muy bien apenas lo he notado.

¡Esclavooooooo…!

Ve que mi hija te está llamando.

Al llegar al dormitorio de Sara metí mi cabeza bajo las sábanas para besarle y lamerle sus pies. Era algo que le encantaba que hiciera.

Vamos al baño. ¿Te ha dado ya mi madre tu desayuno?

Si, señorita Sara.

Pues ahora te voy a dar yo el mío. Abre la boca.

Se acuclilló sobre mi boca llenando mi boca. Su orina no era tan abundante como la de su madre por lo que pude saborearla antes de tragarla. Se levantó, tiró de mi correa y fuimos a la cocina. Allí preparé su desayuno mientras le daba los buenos días a su madre.

¿Qué tal has pasado la noche, mamá?

Pues no muy bien. La he pasado pensando cómo será este mi primer día.

Vas a disfrutarlo mucho. Ya te dije anoche que lo que tienes que hacer es solo pensar que estás obedeciendo y agradando a tu ama Paula.

Sara se acercó a su madre, la abrazó y la besó en la boca con deseo.

¿Te ha llamado ya?

No aún no lo ha hecho.

Diciendo esto sonó el móvil de Paqui.

Si, mi señora Paula. Buenos días.

Tengo un trabajo para ti. Pasa a recogerme a las cinco por mi casa que iremos juntas a tu primer servicio. Hasta luego mi perra.

Uffff, al menos hasta las cinco puedo relajarme. ¿Te importa si atas al esclavo? Necesito quitarme la tensión que tengo.

Sara se levantó para pasar unas cintas por debajo de la puerta que ató a mis tobillos para después levantar yo mis brazos y atarlos a esas mismas cuerdas. Quedé expuesto y ofrecido pegado a la puerta. Después cogió un cordón y lo pasó por mis huevos para tirar de ellos y que quedaran expuestos.

Ya está mamá. ¿Que te traigo?

Pues me gustaría probar el látigo largo.

Al oírlo temblé. Era la primera vez que lo iba a usar. Era un látigo largo como el e los domadores del circo. Al tenerlo en su mano lo agitó dejándose oír el chasquido en el aire.

¡Que bien suena Sara!

Tras varios chasquidos al aire lo dejo caer sobre mi cuerpo. Nunca había sentido ese dolor tan fuerte. Siguió azotándome hasta propinarme diez latigazos que dejaron marcada mi espalda y culo. El escozor era horrible.

Voy a fumarme un cigarrillo, si te apetece es todo tuyo mi hija.

Sara le dio un beso a su madre, se levantó y se acercó a mi Con la fusta en la mano. Tirando del cordón comenzó a dejar caer su fusta sobre mi polla y mis huevos. Yo me retorcía queriendo evitarlos pero estaba muy bien sujeto. Al cabo de un rato se sentó junto a su madre compartiendo un cigarrillo y el humo que salía de sus bocas. La mano de Sara se posó sobre el coño de su madre notando que estaba muy mojado.

Ummmmm! Cómo te has puesto mamá. Me gustas.

Sara se arrodilló ante su madre para chupar todo su coño y lamerlo sin cesar hasta que alcanzó el orgasmo.

Estabas muy sabrosa, mamá. Me gusta como sabes cuando te excitas.

Sara se levantó y se recostó sobre su madre que le acarició todo su cuerpo con sus manos.

¿Te encuentras mejor ahora, mamá?

Si, mucho mejor la sesión con el esclavo y después tú me han dejado bastante relajada. Te quiero mi niña.

Al cabo de un rato me soltaron y me mandaron preparar el almuerzo. Querían comer pronto pues a las cuatro y media debía salir de casa para recoger a Paula.

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