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Dominaciónene 2025

Mi vecina me domina (33)

No es solo obediencia; es entrega total. Mientras ella te ordena lavar, ella te domina. Y cuando el dolor se vuelve placer, ya no hay vuelta atrás.

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La mañana paso sin más. Yo preparando el almuerzo de ellas.

Mi esclavo, ¿cómo te encuentras? Hoy voy a experimentar algo que nunca imaginé que me pudiera ocurrir. ¿Que tendrá Paula para que haya hecho de mí su perra sumisa?

Mi señora, usted solo ha de pensar en ella y en la satisfacción que le va a dar obedeciéndole. Eso hará que disfrute usted totalmente.

Ven, acércate. Dime una cosa, ¿que sientes cuando eres sometido a hacer lo que nunca hubieras imaginado que harías?

Mi señora, ya se lo he dicho. Cuando usted me ordena algo yo no me lo cuestiono y tampoco pienso si eso me satisface como esclavo el hacerlo. Yo me debo a usted y al ordenarme algo prima mi obediencia y con ello el satisfacerla y hacerla sentir orgullosa de poseerme.

Está bien.

En ese momento apareció Sara que había ido a su dormitorio.

Esclavo tienes que lavar alguna ropa mía y cambiar la cama.

Si mi señorita Sara. Ahora mismo.

Pidiéndole permiso a Paqui para ausentarme de su lado me fui al dormitorio de Sara. Todo estaba por los suelos así es que lo primero fue colocar todo y juntar la ropa de su cama más aquello que debía lavar. Al regresar al salón estaban madre e hija abrazadas y besándose.

Esa ropa la lavas a mano, ¿entendido?

Si mi señorita.

Puse la lavadora y comencé a lavar a mano su ropa para después tenderla. Estando en la pila lavando su ropa sentí acercarse a Sara por detrás.

Abre tus piernas, voy a colocarte algo que te hará realizar tus labores de una forma más cómoda.

Al abrir las piernas su mano se apoderó de mis huevos que estiró hacia atrás para colocarlos sobre un cepo quedando aprisionados por la tabla que sobre ellos colocó y cerró con un candado.

Ve y enséñale a mi madre lo que te he puesto, perro.

A penas podía andar con el cepo tras mis piernas. Debía moverme muy despacio para que el cepo no tirara demasiado de ellos.

¿Te gusta mamá? De esta manera podremos acariciarlos mientras hace las tareas. Mira mamá.

De frente a Paqui, su hija fue a por la chancla de goma y comenzó a azotar mis huevos y mi polla.

¿Quieres probar tu, mamá?

Paqui me mandó darle la espalda para echada en el sofá estirar su mano y masajearlos con fuerza. Mientras, su hija comenzó a abofetear mi cara.

¿Te gusta tenerlo así, mamá?

Mucho, pues no necesito levantarme del sofá que estoy muy a gusto para tenerlo a mi placer.

Entre las bofetadas y salivazos que Sara lanzaba sobre mi cara y la mano de Paqui que no cesaba de recoger en ella mis huevos para apretarlos conseguí mirar a mi señora Paqui y decirle algo.

Ve usted lo que acabo de decirle. El trato de su hija y el suyo hacia mí ha dejado de producirme dolor para transformarse en placer. Esa transformación ha sido posible solo con mirar su cara de satisfacción y el sentimiento de poder y de dominio que le llena y que me hace sentir alegría y felicidad

Ahora te estoy entendiendo mi esclavo.

Diciéndome esto sentí su mano presionar más sobre mis huevos haciendo que cayera de rodillas ante ella.

Bien, ve a terminar tus tareas y luego vuelves.

Sara se sentó junto a su madre encendiéndole un cigarrillo que fumaron entre las dos. Llegada la hora serví el almuerzo colocándome arrodillado entre ellas.

Toma esclavo ahí tienes tu almuerzo.

Paqui juntó todas las sobras del plato de su hija y el suyo y lo colocó en el suelo, no sin antes dejar caer varios escupitajos sobre el plato. Iba ya a comer cuando Sara me mandó esperar. Se levantó y volvió con sus pies calzados en unos botines de tacón afilado.

Me apetece darte de comer yo.

Sara con uno de sus pies comenzó a pisar la comida de mi plato y mezclar la saliva con ella formando una pasta de aspecto horrible. Después me ofreció su botín lleno de comida por toda su suela para que lo comiera.

Ves que considerada soy, esclavo.

Sentía mis huevos muy inflamados mientras lamía y comía la comida de su botín.

Bueno Sara voy a tener que irme ya. Es la hora y no quiero hacerle esperar a Paula. Te quedas con él y deseo que disfrutes la tarde.

Antes de irse Paqui se mostró ante su hija. Solo llevaba unos botines negros de alto tacón y el abrigo de cuero. Por supuesto el plug seguía introducido en su culo desde que me mandó colocárselo. Le dio un beso a su hija y a mí tras escupirme en la cara me soltó un par de bofetones.

Pórtate bien con mi hija, esclavo. Adiós.

Nada más irse me mandó recogerlo todo, fregarlo para enviarme a mi celda, donde estuve toda la tarde. Sobre las diez de la noche vi a Paqui entrar en casa. Su cara lo decía todo, con su maquillaje corrido por toda ella y con un aspecto muy dejado.

Mi señora, ¿qué tal le ha ido?.

Sinceramente te he de confesar que he disfrutado mucho gracias a que he seguido tus consejos. Ahora voy a ducharme y a descansar, que lo necesito.

Mientras andaba hacia su dormitorio pude ver desde mi celda como de sus piernas iban cayendo gotas blanquecinas en el suelo. Me imaginé lo que era y solo deseaba que hubiera disfrutado mucho, era mi ama Paqui. La puerta de mi celda se abrió y supuse que debía atender a mi señora Paqui que se estaba duchando.

He querido que vengas antes de ducharme y ofrecerte un regalito. Mira mi coño cómo está.

Todo su coño estaba impregnado de un fluido blanco además de estar expulsando más de su interior. Supuse que se habían corrido en ella. Me acerqué y tras olerlo sus manos me apresaron contra ella llenando toda mi cara de ese flujo.

Quiero que te lo tomes y disfrutes saboreándolo.

Yo comencé a pasar mi lengua por sus muslos y sus piernas para después centrarme en su coño. Conforme chupaba su coño se contraía una y otra vez haciendo que expulsara más cantidad de ese flujo. Me excitaba atenderla en lo que me ordenaba hacer.

Bien, voy a ducharme. Espera ahí a que termine y me atiendes.

En la ducha me mandó enjabonarla con la esponja por todo su cuerpo así como lavar su cabeza. Poder recorrer todo su cuerpo desnudo era algo que me fascinaba. Después la enjuagué toda y le ayudé a salir de la ducha para secarle su cuerpo con la toalla. Al tocar sus pechos, sus piernas y su cuerpo entero, mi polla reaccionó. Era un placer el que estaba obteniendo que no pude contenerme.

Me pondré el camisón y la bata.

Ya vestida me llevó al salón para fumarse un cigarrillo. Allí me mandó avisar a su hija. Quería contarle cómo había sido su primer encuentro. Las dos se sentaron en el sofá y a mí me colocaron la jaula de castidad con el fin de que al escucharlas no pudiera excitarme.

Cuéntame cómo te ha ido, que has hecho,….. todo.

Pues después de recoger a Paula fuimos a una urbanización situada en la zona norte de la ciudad. Antes de ir y en el coche me colocó un collar al cuello y una correa que sujetó con su mano todo el trayecto. Al llegar nos esperaba una señora un poco mayor que yo que nos invitó a pasar a su casa. Era un chalet con una parcela alrededor extensa que le proporcionaba una privacidad total. Ya en la casa Paula estuvo hablando con ella sobre qué servicios deseaba de mí y el importe.

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