Mi vecina me domina (34)
No es solo un juego de azotes y strapon; es la entrega total de tu cuerpo y dignidad a extrañas que exigen más de lo que imaginabas. Mientras una te marca la espalda, la otra espera en casa para recordarte quién manda.
¿Qué servicios le gustaba?
Pues quería más o menos de todo. Desde azotes, escupir, lluvia, penetración anal etc.
Y…¿qué precio le dio Paula?
Le dijo que por una hora debía abonar quinientos euros.
Joder, que pasada mamá. Paula se va a hacer rica contigo. Dime cómo era esa mujer.
Pues ya te he dicho que un poco mayor que yo, morena con una melena corta, pechos generosos, ojos azules y de cara muy simpática.
Yo sé que a Paula siempre le han atraído las mujeres maduras como tú. Y… ¿le pagaría por adelantado supongo?.
Si y cuando le pagó Paula como una forma de humillarme cogió el dinero, me lo mostró, me sonrió y le entregó la correa de mi collar diciéndole “te pertenece esta perra, querida”. Ella tomó la correa y me mandó ponerme de pie y que me desnudara. Así y como si fuera un animal comenzó a inspeccionar mi cuerpo. Primero tomo mis pechos apretándolos con sus manos y dándole un tirón a mis pezones. Después una de sus manos se posó en mi culo para con la otra comprobar lo dilatado que tenía mi coño. Al introducir varios dedos le dijo a Paula, que estaba sentada frente a nosotras fumándose un cigarrillo, que le gustaba como estaba. Por último me giró y me hizo inclinarme para comprobar mi ano y fue introduciendo uno a uno sus dedos para comprobar su estado.
Y… ¿qué le pareciste?
Pues cuando terminó tiro de mi correa, me hizo arrodillar ante ella y dándome dos bofetones me dijo “espero que te portes como una auténtica perra sumisa”. Tu ama me ha hablado muy bien de ti.
Perfecto mamá. Y que más, cuéntame.
Pues me pidió que le encendiera un cigarrillo, se echó hacia atrás y abriendo sus piernas me señaló su coño. Yo me acerqué y coloqué mi cara entre sus piernas y empecé a lamerlo todo.
¿Estaba depilada?
No, tenía una buena mata de pelo pero yo fui separando sus pelos para introducirle mi lengua y chuparla toda. Sabía muy fuerte, una mezcla de sudor y restos de orina que seguramente no se había lavado esperando que llegáramos. Muy pronto comenzó a gemir de gusto mientras seguía fumando. Después me separó de ella tirando de mi pelo y me llevó a su dormitorio. Allí me colocó sobre la cama a cuatro patas y se puso un arnés doble bastante grueso en la parte que sobresalía, a la vez que se introducía otro strapon en su coño. Sin darme cuenta había cogido un látigo corto de tiras que mientras me follaba iba azotando mi espalda.
¿Era tan sádica como Paula?
No tanto pero sus latigazos me los hizo notar bien. Ahí si alcanzó un orgasmo. Eso la dejó exhausta y se recostó en la cama quitándose el arnés y señalándolo para que lo limpiara. Cuando descansó un poco me mandó sacar de un cajón otro arnés y esta vez me hizo sentarme sobre ella para meterlo en mi culo y que me moviera una y otra vez. Así sentada sobre ella aprovechó para masajear mis pechos y pellizcar mis pezones.
¿Como estaba Paula? Porque seguro que estaría súper excitada.
Si, mucho y me lo demostraría después al llegar a su casa.
Sigue contándome mamá.
El strapon era más grueso que el nuestro y al sentarme se clavaba hasta el fondo. Eso no me importó tanto por lo que iba a venir después. Con un gesto a Paula le mostró el cigarrillo y lo acercó a uno de mis pezones. Paula asintió con su cabeza y entonces me hizo detenerme quedando sentada sobre ella y con el strapon clavado en mi culo. Lo pegó a este pezón durante unos segundos, suficientes para dejármelo todo marcado. Ese dolor fue terrible pues con su otra mano me impedía moverme.
Joder mamá para ser tu primer servicio ha sido demasiado, ¿no te parece?
Demasiado fue cuando al terminar la hora y señalarle Paula el final de la sesión la señora le comentó que la próxima vez le gustaría marcarme con uno de los látigos que tenía y que aún no había usado. Paula le dijo que si quería podía hacerlo ahora por un precio de trescientos euros pero solo tendría derecho a cinco latigazos.
Pues vaya día y lo que se llevó Paula a tu costa.
La señora se volvió hacia mí y cogiéndome de la correa me llevó a una habitación en la que había una cruz. Allí me ató con los brazos estirados hacia arriba y las piernas separadas. Se encendió otro cigarrillo y me mostró el látigo acercándolo a mi boca y diciéndome que lo besara y lamiera dándole las gracias. Este era un látigo corto de tiras que al final de cada una de ellas tenía unas bolitas cosidas. Nunca había sentido tanto dolor dándome los cinco latigazos acordados. Cuando terminó salió de la habitación para llamar a Paula y mostrarle mi espalda.
Y….. ¿qué dijo Paula?
Ella se limitó a decirle si estaba satisfecha conmigo, a lo que ella le manifestó que sí, que volvería a ponerse en contacto con ella.
Enséñame tu espalda. Uffff, mamá voy a curártela, no quiero que se te infecten.
Gracias hija, te lo agradezco.
Paqui le dio un beso a su hija y se tumbó en la cama.
Aún no me has contado cómo se portó Paula al llegar a su casa.
Pues te puedes imaginar. Estaba pletórica y para humillarme más sacó de su bolso el dinero que había cobrado para enseñármelo y decirme que estaba muy contenta con “su puta” y que solo era el principio de mi sumisión a ella. Me quitó el strapon de mi culo y me hizo limpiarlo a fondo pues de llevarlo estaba muy sucia y con restos sólidos.
Cuando terminó de curarle Paqui se sentó en el filo de la cama quedando su hija arrodillada frente a ella. Se encendió un cigarrillo y mirándola le echó el humo en su cara que Sara abrió pronto su boca para tragarlo.
Mamá necesito correrme, me ha excitado mucho ver tu espalda marcada.
Si lo necesitas hazlo mi niña.
Paqui siguió fumando mientras miraba como su hija se masturbaba introduciendo sus dedos en su coño para con la otra frotar su clítoris. Tuvo un orgasmo brutal. Yo vi como se abría la puerta de mi celda. Salí y fui al dormitorio. Allí estaban madre e hija sentadas en la cama, abrazadas y besándose.
Esclavo, limpia el suelo.
Arrodillado agaché mi cabeza pegándola al suelo y sacando mi lengua comencé a lamer todo el flujo que lo impregnaba.
Puedes irte a tu cela, esclavo. Mamá, quiero dormir contigo.
Claro hija, ven.
La noche la pasé en mi celda. Por la mañana se abrió la puerta de mi celda como de costumbre y acudí al dormitorio de mi señora Paqui encontrándolas abrazadas y besándose.
Hola esclavo. Buenos días hoy te vamos a preparar un desayuno muy especial que esperamos te guste.
Vi como Sara susurraba algo al oído de su madre que al escucharlo me miró con una sonrisa.
Tráete tu bol perro.
Supuse que mi desayuno sería como de costumbre susurraba orina de la mañana. Lo traje y lo dejé en el suelo. Paqui se levantó y orinó en el. Era de un color oscuro. Cuando fui a tomarlo Sara me apartó con su pie.
Te hemos dicho que hoy sería un desayuno muy especial.
Sara se colocó sobre el bol en el que había orinado su madre y también orinó en el. Al ser más clara su orina vi como al mezclarse se tornaban de un amarillo intenso.
Ya puedes tomártelo, perro. Ya nos dirás si te gusta lo que te hemos preparado.
Estaba acostumbrado al sabor de la orina de cada una pero mezcladas fue un sabor muy diferente. La gran cantidad de orina hizo que el bol estuviera muy lleno. Me acerqué y comencé a sorber la orina tragándolo todo. Ellas mientras se reían comentando la suerte de haber encontrado un esclavo tan cerdo como yo que no ponía pegas a nada. Al terminar le ayude a ambas a ponerse una bata e irnos al salón. Yo mientras me llevé mi bol junto a la celda y me dispuse a prepararles su desayuno a base de zumo, café con leche y tostadas. Tras desayunar se fumaron un cigarrillo y comentando entre ellas.
¿Te llamará hoy Paula? Espero que te deje descansar después del día tan intenso de ayer.
No lo sé, espero que sea como dices. Necesito reponerme un poco.
Terminando de hablar sonó el móvil. Era Paula.
Hola mi perra sumisa. ¿Como estás?
Muy bien mi señora Paula.
Me gusta. Hoy quiero que me mandes al esclavo con el uniforme de criada que me tiene que realizar una buena limpieza en la casa.
¿A qué hora desea que se lo mande?
Pues que me recoja a las cuatro de la tarde y ya nos vamos a mi casa. Por cierto tengo aquí el plug por lo que supongo que no llevarás nada en tu culo.
Así es mi señora.
Bien, dile a tu hija que te ponga el strapon que tiene y con una cinta adhesiva te rodeé el culo para evitar que se salga. ¿Entendido?.
Continúa en
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