Familia de Depravados. Capítulo 3: Yerno y Suegro
Jesús siempre fue un suegro peculiar, pero esta vez la conversación en la bicicleta cruza la línea de lo aceptable. Te lleva a un lugar donde nadie te juzga, pero donde la moral se deja en la puerta. No es solo sexo; es una lección de cómo funciona realmente tu familia.
Capítulo 3: Yerno y Suegro
Aquella mañana después de nuestros polvos diarios estaba bastante relajado. Me senté en el sofá a ver algo la tele mientras María hacía nuestra cama.
Arriba se oían a mis suegros follando como conejos. Mi hija bajó las escaleras preguntándome qué eran esos golpes, y le dije que los yayos estaban ocupados, que se sentara conmigo a ver la tele. Tuve que cambiar el documental por los dibujos animados.
Mi mujer y mi suegra bajaron al poco, ambas con cara de haber pasado un buen rato. Mi suegro iba detrás de ellas y les pellizcó el culo a las dos en plan de broma.
Desayunamos juntos con el rico olor de café recién hecho. Luego Madre e hija decidieron ir a comprar; animaron a nuestra hija a que las acompañase
- (M) Cariño ¿Tú te vas a pasar el día viendo la tele?
- (A) No es mal plan…
- (M) Anda, sal un rato que te dé el aire…
- (J) Si quieres vente conmigo a dar un paseo por el río. Te dejo una bici
- (A) Gracias Jesús pero no suelo montarme en cosas con menos de 100cv
- (J) Venga, así haces algo de ejercicio…
- (M) Sí, que te está saliendo panza…
Aquel comentario me ofendió. Acepté a regañadientes. Subí a cambiarme por unos piratas y camiseta corta y cuando bajé las hembras ya no estaban. Mi suegro me esperaba con un casco y las zapatillas para los pedales de su bici de montaña.
Con aquello no había quien caminara. Aun así llegamos al garaje.
Las había visto mil veces pero nunca me había fijado; tenía una colección de bicicletas de carretera y de montaña colgadas y en fila. Conté doce, y por lo poco que entendía, la más barata rayaría el precio de un coche.
Bajó la suya y me sacó una más vieja, verde, para mí. La calcé a pulso y la levanté como si no fuera nada. Comparada con las bicis que había llevado, aquella pesaría una cuarta parte.
Me costó recordar cómo se pedaleaba y cambiaba de marchas. Iba siguiéndole por la carretera hasta que nos adentramos por un caminito medio empedrado. Antes de llegar al final, donde empezaba el camino de tierra, nos detuvimos a “desayunar”, por llamarlo algo.
Huevos rotos, “mongetes” con alioli y butifarra y unas cervezas para bajarlo todo. Hasta el momento no habíamos hablado, pero las cervezas en el cuerpo lo animaron.
- (J) ¿Qué? ¿Cómo va la vida en familia?
- (A) Bien, Jesús, bien. Aunque la niña cansa mucho
- (J) ¡Yo tuve tres, qué me vas a contar! A lo primero te fastidian la vida pero luego te das cuenta que son lo mejor que puedes haber hecho.
- (A) Sí, eso espero.
- (J) ¡Que sí hombre! Además, lo que suelen fastidiar es la vida en pareja… ya me entiendes…pero parece que a vosotros no os la ha fastidiado mucho ¿Verdad?
- (A) No te entiendo
- (J) ¡Sí hombre! Hace unos meses María me contó que tú y ella…bueno…no teníais mucha relación…pero por lo que tengo entendido ahora está más contenta…
- (A) No…sé…a qué te refieres….
- (J) ¡Sí que lo sabes! ¡Vamos, que no se os oye! Y mi hija va con una cara de contentona que tira para atrás. ¡Así me gusta que la tengas bien contenta!
Aquella conversación me estaba poniendo de los nervios. Hablar de sexo con el padre de mi mujer no me parecía lo más apropiado. Jesús sonrió y se acabó la cerveza y pidió los cafés. Arrastró la silla a mi lado y con aliento a alcohol me susurró.
- (J) Antes de que te conociese, María me traía a cada individuo a casa…Ya desde joven era muy “fogosa” y cuando no me la encontraba “tonteando” ella sola, me la encontraba con algún subnormal en la cama. Por suerte, eres un buen tío- Me dio una palmada en la espalda y cogió el café que habían servido para bebérselo de un buche- ¡Sí! ¡Me alegro de tenerte de yerno!
- (A) Y yo…a ti…de suegro…- Le dije por cumplir
Me hizo gestos para montarnos en las bicis y continuar la ruta. A mi lado continuó con la cháchara.
- (J) Yo también tuve mis momentos malos con Lucía. Somos hombres y bueno, que te falte algo es un problema, ya me entiendes. Y la monotonía, uff, la rutina, sentirte atascado en la vida, eso sí es malo, puede acabar con una relación
Aminoró la marcha y nos bajamos de las bicis al lado del río, caminábamos uno a lado del otro yo escuchando en silencio
- (J) ¿Sabes lo que nos salvó como matrimonio? - Me susurró al oído- Echar de vez en cuando una canita al aire
- (A) Jejeje…ya…imagino.
- (J) ¡Sí hombre! Nosotros tenemos unas necesidades. ¡Y ellas! ¿Qué te crees?
- (A) Yo soy fiel a tu hija…- Dije suponiendo que era una prueba.
- (J) Ya, ya. ¡Pues eres tonto! ¿Te piensas que María no se abre de piernas para otros? Conociendo a mi hija, seguramente ahora está en algún probador montándoselo con cualquiera
No podía creerme que hablara así de su propia hija. Aquella conversación me estaba calentando
- (J) ¡Hay Alberto! ¡Si tú supieras!
Llegamos a un claro. Allí no había un alma. Jesús miraba alrededor y su reloj, estaba impaciente. De repente, un chaval de no más de 20 años, rubio, ojos azules, muy delgadito y con el mallot apretado apareció con su bici. Ambos se miraron y después el chico me miró a mí. Se bajó de la bici y deambuló por la zona.
Mi suegro me guiñó un ojo y me dio su bici, sin dejar de mirar al chico que había atado la suya a un árbol y bajaba por un empedrado hasta un gran desagüe, canalización de la ciudad para evacuar el agua de los torrentes los días de lluvia.
Seguí a Jesús. Primero atamos las bicis y luego bajamos con el chico, que esperaba pacientemente dando patadas a una piedra dentro de la estructura pintarrajeada de grafittis.
Se acercó al chaval sin decirse nada. Yo me quedé a unos metros intrigado.
Ya se conocían, eso lo supe de antemano. Su relación era más peliaguda; Mi suegro, ni corto ni perezoso le acarició la cara y se bajó con el pulgar el pantalón y bóxer sacándose la polla. El chico me miró pero Jesús le hizo girar la cara a su objetivo justo en frente.
El chico se agarró a la gran polla de mi suegro y la agitó hasta tenerla bien dura. Luego se arrodilló y se la metió en la boca. Jesús cerró los ojos y apuntó la barbilla al cielo gozando de la mamada. Un minuto más tarde me miró y me hizo señas que me acercara.
- (J) ¡Anda, prueba que lo hace de vicio!
- (A) ¡Joder Jesús! ¡Que estoy con tu hija! ¡Y es un tío!- Dije disimulando, aunque la erección que llevaba a cuestas no la pude disimular.
- (J) ¡Venga! ¡No seas tan estirado!
Alargó la mano a mi pantalón y me lo bajó sacándome la polla y los huevos. La miró como diciendo “Si te gusta tontorrón, mira que dura la tienes” y me la cogió para acercarme al chico que no dejaba de comerle la polla.
El chaval me la cogió y empezó a meneármela. Por un momento intenté zafarme y hacerme el remolón pero mi suegro me detuvo con un “Venga, ¿te crees que María te es fiel? Hasta hace poco follaba con un amigo mío”
El chico engulló mi polla hasta el gaznate y sorbía. Aquello me hizo olvidarme de todo, la chupaba deliciosamente y muy cerdo. Se la metía y sacaba del todo, me lamía las pelotas y el largo de la polla pajeándome. A la par pajeaba a mi suegro. Me decía “¿Es bueno eh?”. Sí, era muy bueno, mejor que cualquier mujer que me la hubiera comido antes.
Jesús le dio un toquecito en el hombro.
- (J) ¡Acábalo, acábalo primero!- Le indicó.
El chico aceleró la mamada y sorbía con más vehemencia. Me daba vueltas con la lengua en el capullo y me pajeaba con furia. No tardé en correrme en su boca y se lo tragó todo, siguió mamando hasta dejármela limpia. Mi suegro miraba pajeándose su gran polla y cuando me acabó, cruzaron miradas.
Se puso casi a cuatro apoyado en un carrito de la compra oxidado y se bajó los pantalones hasta los tobillos. Tenía los huevos depilados y una polla larga y fina. El culo lo tenía bonito, pequeño y respingón, más bonito que el de muchas chicas que se pasan horas dándole al spinning. Le dio a mi suegro un condón y un botecito de gel. Él se echó en los dedos y lo untó en su rosado y depilado ano. Se puso el condón y se echó gel por todo el largo.
Se colocó detrás del chico, me miró y guiñó un ojo justo cuando la apuntalaba y la metía. El chaval hizo una mueca de dolor y placer.
Yo me pajeé los cinco largos minutos que estuvo jodiéndole el culo. Acabó entre bufidos.
Se la sacó, tardando una eternidad de lo larga que la tenía. Se quitó el condón y lo tiró al suelo.
El chico me miró.
- (J) ¡Dale hombre! ¡No te cortes!
El chico me dio a mi otro condón y mi suegro el bote de gel. Como él, me lo puse y me coloqué tras su trasero blanco y lisito. Vi su ano palpitar enrojecido y lubricado y me eché gel en la polla más por cumplir que por necesidad; mi suegro se lo había abierto bien y la mía no era nada comparada con su culebra.
Intenté reprimirme, de verdad, pero aquel culo lampiño me llamaba, me decía “Alberto, fóllame”
Y lo hice, sabe Dios que le jodí el culo a aquel chaval como si no hubiera un mañana. Mi suegro me miraba acariciándose la polla en plan “Así le revientas el culo a mi hija”. Ni en sueños, a mi mujer se lo follaba con delicadeza, con dureza pero sin querer hacerle daño; al chico se lo destrocé a conciencia sin contemplaciones, aún después de haberse comido el pedazo de rabo que colgaba ahora a pocos centímetros de mí tuvo que dolerle porque parecía más una paliza que una follada. El carrito no paraba de zarandearse. Pena del condón; le hubiera llenado el culo de leche.
Jesús me bajó más los pantalones y me acariciaba el trasero. Yo le miraba; por suerte quedó en sólo eso, caricias.
Cuando acabé me dolían los huevos de tanto vaciarlos y golpearlos con el culete de aquel mozo.
Mi suegro me dio una palmada en la espalda y nos fuimos dejando al chico espatarrado encima del carrito de la compra. Por el camino y con poca gracia me quité el condón y me la calcé en su sitio.
Nos montamos en nuestras bicis más felices que unas pascuas y volvimos a casa como si nada hubiera pasado.
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