Nuevo Hogar 2
La oscuridad de la habitación solo es iluminada por la luna y la mirada posesiva de Marcos. No es un encuentro de amor, sino una prueba de sumisión donde el dolor se mezcla con el placer y la voz queda silenciada. Ana debe decidir si huir o entregarse por completo a quien ahora la posee.
Marcos sonrió, una sonrisa depredadora que me hizo temblar.
—Bien. Ahora, vamos a mi habitación —
Me levanté del suelo, sintiendo un ligero mareo. Me quería poner otra vez el top pero el nego con la cabeza. Caminé hacia su habitación, sintiendo sus ojos siguiéndome en cada paso. La habitación estaba oscura, iluminada solo por la luz de la luna que se filtraba por la ventana.
— Desnudate —
Sus ojos oscuros brillaban con deseo mientras me miraba.
—Eres mía, Ana —suspiró, su voz ronca y llena de posesión.
De repente, Marcos me dio una fuerte bofetada en la mejilla. El dolor me hizo jadear, pero en lugar de sentirme ofendida, sentí una oleada de excitación.
—¿Te gusta esto, perra? —preguntó, su voz ronca y llena de desprecio.
—Sí —gemí, con mi voz entrecortada.
Marcos sonrió, complacido con mi respuesta. Me dio otra bofetada, esta vez más fuerte. El dolor se mezcló con el placer, creando una sensación embriagadora. La verdad que nunca hubiera pensado que Marcos fuera así, era totalmente diferente a lo que recordaba de el cuando era mas pequeño, pero esa misma actitud me volvía loca.
Me levantó en brazos. Sus labios se movieron con urgencia sobre los míos, explorando cada rincón de mi boca. Su lengua se entrelazó con la mía, creando una danza apasionada que me hizo gemir. Me llevó hasta la cama, donde me depositó. Sus ojos oscuros brillaban con deseo mientras el se desvestía.
—Eres hermosa, Ana —susurró, su voz ronca y llena de admiración.
—Mmm gracias, tu tampoco estas nada mal —respondí con una sonrisa.
El empezó a desnudarse. A medida que se desvestía, la luz de la luna revelaba un cuerpo esculpido. Sus músculos, definidos y tonificados, se movían con gracia y poder. Sus hombros anchos se estrechaban en una cintura estrecha, y sus abdominales marcados formaban una V perfecta que descendía hacia sus caderas. Sus piernas largas y musculosas prometían fuerza y agilidad. Era tan masculino y tan deseable.
—Te gusta lo que ves, perra? —preguntó Marcos con una actitud de satisfacción.
—Sí, la verdad que no me esperaba que tuvieras un cuerpo....tan musculado, entre eso y tu enorme polla....no estas nada mal jejeje—respondí.
—Bien. Ahora, date la vuelta a cuatro patas, quiero ver bien ese culo tuyo —
Obedecí sin dudarlo, poniéndome a cuatro patas en la cama. Sentí cómo Marcos se posicionaba detrás de mí, su aliento caliente en mi nuca, empezó a tocarme el culo.
— Joder, menudo culo tienes, es perfecto — dijo mientras apretaba mas mis nalgas.
De repente sentí cómo su mano golpeaba mi trasero con fuerza. El dolor agudo se mezcló con el placer, creando una sensación extraña y abrumadora. Cada golpe era una marca de su dominio, una prueba de que yo le pertenecía por completo. Cada golpe resonaba en la habitación. Mi piel ardía, pero el dolor se mezclaba con una extraña sensación de placer, una sensación de sumisión que me hacía sentir viva. Con cada golpe gritaba de placer.
—Cállate, joder o nos van a escuchar—gruñó Marcos, su voz llena de desprecio.
No respondí, apretando los dientes mientras me movía con él. El dolor se transformaba en una sensación caliente y punzante, una necesidad que me hacía desear más.
Antes de que pudiera reaccionar, sentí cómo me metía algo en mi boca. Era mi propio tanga, doblado, que llenaba mi boca e impedía que salieran mis gritos.
—Ahora sí, perra....tengo ganas de probar una cosa, alguna vez te han follado el culo — dijo Marcos besandome el cuello.
Como no podia hablar, nege con la cabeza con miedo.
— No, pensaba que con lo puta que eres si...esto va a ser un problema no quiero romperte la primera vez que te uso jejeje. Tu eliges, quieres por el culo si o no?— pregunte el.
Asiento lentamente, un escalofrío recorriendo mi cuerpo ante la mezcla de miedo y una extraña anticipación. Marcos sonríe, una expresión depredadora en su rostro.
— Bien, perra así me gusta —murmura, su voz ronca con excitación.
El se levanta de la cama y va al escritorio a coger algo, cuando vuelve dice.
— Tumbate boca abajo —
Me tumbe y antes de que pueda procesar la situación, siento unas ataduras ásperas alrededor de mis muñecas, eran como una especie de cuerda de fibras. Me inmovilizó las manos contra el cabecero de la cama, hizo lo mismo con mis pies, estaba totalmente abierta en cruz. El pánico se apodera de mí, pero estoy atrapada, incapaz de moverme.
—Ahora sí, perra, vamos a jugar un poco — me susurro al oído.
Se tumbó encima mio, note la punta de du polla presionando contra mi ano, poco a poco el iba ejerciendo presión, era muy gorda y le costaba entrar. El dolor me atraviesa, agudo e insoportable, haciéndome gritar a través de la mordaza. Lágrimas brotan de mis ojos, mezclándose con el sudor y la saliva. Cada vez iba entrando mas dentro de mií, lento y deliberado, estirando y desgarrando. Cada empujón es una tortura, un recordatorio de mi impotencia. Cierro los ojos con fuerza, tratando de bloquear el dolor, pero es inútil. Está por todas partes, llenando cada centímetro de mi ser.
—¿Te gusta, perra?"Dilo. Di que te gusta —
Niego con la cabeza, mis sollozos ahogados por la tela en mi boca. Él se ríe, un sonido cruel y triunfante. Comenzó a moverse, lento al principio, luego con más fuerza y velocidad. Cada embestida me hacía retorcerme, el dolor y el placer mezclándose en una sinfonía perversa. Sentí cómo mi cuerpo se tensaba, mi culo me ardía. El ritmo de sus golpes aumentó, cada uno más fuerte que el anterior.
— Joder que estrecho, uffff esto es genial, esta casi toda dentro.....—
Marcos continuó moviéndose. Mis gritos se ahogaban en la mordaza, mi cuerpo se retorcía en un intento desesperado de escapar del dolor. Sentía cómo las lágrimas corrían por mis mejillas, mezclándose con el sudor y la saliva. El pánico se apoderaba de mí, la sensación de estar atrapada, de no tener control sobre mi propio cuerpo, era abrumadora pero excitante.
— Sé que te gusta. Te encanta que te esté dando por el culo —
Mi ano ardía, mi mente se nublaba. El dolor se mezclaba con una extraña sensación de excitación, una respuesta involuntaria de mi cuerpo a la violencia.
Finalmente, al poco note algo caliente dentro de mi era su semen se había corrido. Marcos se detuvo, su respiración agitada contra mi oído. Se quedó quieto dentro de mí durante unos segundos, luego se retiró lentamente. Me dejó allí, atada y humillada, con el cuerpo dolorido y se puso delante mía me quita el tanga de mi boca.
— limpia la polla, vamos —
Con las manos aún atadas y el cuerpo dolorido, me incliné hacia él, sintiendo el sabor salado de su semen en mis labios. Lentamente, comencé a lamer la punta de su miembro, limpiando cada gota de su esencia. Marcos gimió, un sonido gutural que llenó la habitación.
—Buena perra, me gusta mucho como obedeces — susurró, su voz cargada de satisfacción
Continué lamiendo, sintiendo cómo su miembro se endurecía de nuevo. El sabor de su semen se mezclaba con mi saliva, creando una mezcla extraña y embriagadora. Marcos se movía ligeramente, disfrutando de la sensación.
—Más rápido, Ana —ordenó.
Aumenté el ritmo, mi lengua y mis labios trabajando en sincronía. Marcos gemía más fuerte, su cuerpo tensándose.
De repente se incorporo y me quitó las ataduras de mis manos y pies. Me sentí aliviada, pero también extrañamente vacía.
—Ahora, date la vuelta — ordeno.
Obedecí, poniéndome boca arriba, pude ver como el tambien estaba con la respiración agitada y sudado, lo que lo proporcionaba un brillo casi majestuoso sobre su piel.
—Ábrete —ordenó, su voz cargada de deseo.
Abrí las piernas, sintiendo la anticipación crecer en mi interior. Marcos se deslizó dentro de mí, llenándome por completo con su enorme polla. Una sensación de placer recorrió todo mi cuerpo, nunca me había sentido tan llena.
— Marcos.....no pares— dije rogándole para que no se detuviera.
Marcos sonrió, sus ojos brillaban con deseo. Comenzó a moverse con más fuerza. Cada embestida me hacía gemir, mis tetas se movían de arriba a abajo con cada movimiento suyo, mi cuerpo se retorcía de placer bajo el suyo.
—Dime que te gusta, perra — me preguntó.
—Me gusta —gemí.
—Dilo otra vez, vamos —
—Me gusta, me encanta que me llenes con tu polla— conteste
Marcos aumentó el ritmo, llevándome al borde del abismo una vez más. Grité su nombre, mi cuerpo convulsionando con el placer estaba teniendo un orgasmo enorme, a el tampoco le quedaba mucho.
— Estoy apuntó de correrme otra vez...— dijo.
— porfavor no te corras dentro — supliqué.
— Vale, abre la boca entonces, date prisa perra —
Obedecí, sacó su polla de mi coño, me cogió del pelo pegando un fuerte tiron para incorporarme un poco lo que hizo que gritara de dolor. Apunto su polla hacia mi cara y sin previo aviso salio un chorro disparado. Sentí cómo su semen caliente y espeso se derramaba dentro de mí boca y por mi cara y pelo. Después se derrumbó sobre mí, su respiración agitada llenando la habitación. Nos quedamos así durante un rato, disfrutando de la cercanía del otro.
— Esto parece un sueño, ha sido increíble — dijo el.
— Uffffg si ha sido genial....estoy exhausta — tenia todo mi cuerpo dolorido.
— Aunque creo que me deje llevar un poco por la emoción, te habían tratado así alguna vez? — preguntó.
—Sí... — respondí, mi voz apenas audible.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo al recordar esas experiencias. Algunos habían sido suaves, otros más rudos, pero todos compartían esa necesidad de dominar.
—. He estado con otros hombres que... disfrutaban de tener el control sobre mi —
—¿Y te gustó? —preguntó esperando ansioso la respuesta.
— Bueno fue poco a poco, al principio era raro pero cada vez lo disfrutaba más, es difícil de explicar, el control me da seguridad.....siento como si solo tuviera que pensar en disfrutar del momento....nose si me explico, me dejo llevar —
— Lo sabía, dudaba de que fuera tu primera vez haciendo esto. Se te veia muy segura y lo de que te humillen entiendo que también te gusta? — preguntó Marcos sonriendo.
— Bueno.....me excita que me digan cosas, que en otro contexto, podrían considerarse ofensivas o degradantes, aunque con ciertos límites, pero si me encanta jejejeje aunque parezca raro — dije mirándolo a los ojos.
— Que va, no tiene nada de raro, a mi me encanta. Eres una perra sumisa, Ana —dijo mientras rozaba mi pierna con sus manos.
—Sí jejeje —respondí, mi voz temblorosa aun cansada por lo recién ocurrido.
—¿Y qué tipo de cosas te hacían? —preguntó, su voz llena de curiosidad.
—De todo —respondí, mis mejillas enrojeciendo—. Azotes, ataduras, mordazas... incluso me obligaban a usar un collar y una correa.
Marcos asintió, sus ojos oscuros brillando con intensidad, atendiendo a todo lo que yo le decía, como si fuera un niño esperando su regalo el día de navidad, cuando acabe de contarle todo mas o menos. Me besó con pasión, un beso que se intensificó con cada segundo. Sus manos se movieron por mi cuerpo, acariciando mis curvas, despertando cada nervio.
—A partir de ahora, harás todo lo que yo te diga —dijo.
—Sí, lo hare, pero no quiero que tus padres se enteren, ni los mios— respondí, sin dudarlo.
— Si claro, tu tranquila....ya veras lo pasaremos muy bien —
Estuvimos un rato mas en la cama, yo tenia mi cabeza apoyada en su barriga a pocos centímetros estaba esa enorme polla.
—Te gustaría mi polla? —preguntó Marcos.
Levanté la mano, dudando por un momento. La punta aún estaba ligeramente húmeda, un recordatorio de nuestro encuentro anterior. Lentamente, la tomé entre mis dedos, sintiendo su calor y su textura.
—Es enorme y gorda, no sé como pudo entrar en mi culo— susurré.
— Jejeje, no me quejó, aunque no entró del todo, pero la siguiente vez ya veras como te la meto toda —Marcos sonrió, complacido con mi comentario.
— Uffff...poco a poco, ahora me duele el culo jejeje, pero no me disgusta —
— Bueno creo que será mejor que te vayas a tu habitación por si acaso, mañana vamos a ver la universidad y los alrededores como te prometí, también podemos ir a la playa por la tarde —
—Sí, tienes razón —respondí, poniéndome de pie—. Será mejor que me vaya.
Me vestí rápidamente, sintiendo un ligero dolor en mi cuerpo. Marcos me observó en silencio, sus ojos oscuros brillando con intensidad.
—Te acompaño — dijo, levantándose de la cama.
Caminamos juntos por el pasillo, el silencio entre nosotros cargado de tensión. Al llegar a la puerta de mi habitación, me detuve y lo miré.
—Gracias, Marcos —dije, mi voz apenas era audible—. Por todo.
—No hay de qué, Ana — Me besó con pasión, un beso que se intensificó con cada segundo.
—Descansa, perra jejeje—susurró, su voz cargada de posesión.
—Tú también, ahhhh una última cosa has dicho de ir a la playa, no tengo bikinis —respondí.
— Pued habrá que ir de compras....mmm yo elijo el bikini jejeje — dijo guiñándome un ojo y despidiéndose de mi
Entré en mi habitación y cerré la puerta detrás de mí. Me apoyé contra la puerta, sintiendo mi corazón latir con fuerza. Marcos.... haría todo lo que él me pidiera.
Me desvestí lentamente, sintiendo el dolor en mi cuerpo, me duche para quitarme el sudor y los restos de semen de mi cuerpo. Me acosté en la cama, cerrando los ojos. El recuerdo de nuestro encuentro llenó mi mente, una mezcla de dolor y placer. Me dormí, soñando con Marcos y con los juegos que jugaríamos juntos.
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