Xtories

Dominando a mi vecino gordo 6

A las doce de la noche, la puerta se abre y entra el vecino. No es una visita casual: es una invitación al deseo que ella decide dirigir a su antojo.

Ingridzs9K vistas9.0· 6 votos

Un día estaba viendo televisión en mi salón cuando tocaron a la puerta. Me extrañó que alguien tan tarde viniera a visitarme porque era medianoche. Me dirigí hacia la puerta y pregunté quién estaba ahí. Al no obtener respuesta puse mi ojo en la mirilla y vi a Don Antonio.

Me asusté porque pensé que algo malo había sucedido. Abrí la puerta muy ligera de ropa. Con un camisón color carne de seda que insinuaba mis generosas tetas le recibí y le pregunté si todo estaba bien. Asentando con la cabeza muy serio me lo confirmó y le invité a pasar.

Estaba muy guapo vestido con camisa blanca de manga corta, zapatos y pantalones azul marino. Se le veían unos fuertes antebrazos. Venía algo despeinado y olía a alcohol. Le pregunté si quería beber algo y me contestó que había estado bebiendo whisky en su casa en la cual dormían ya todos.

Se sentó en mi sillón y yo fui a preparar las bebidas. Cuando estaba en ello sentí su mano en mi panochita. La había metido desde atrás y con la otra me subió el camisón pero lo aparté de mi. Él se sorprendió de que no me dejara pero ese juego no era el mío.

Quería calentarlo más y le bajé la cremallera y saqué aquella gruesa verga y empecé a mover mi mano por ella. Estaba bastante bebido y eso le hacía mas sexy y vulnerable a mis encantos. Él se mantenía a la expectativa de lo que yo deseaba esa noche.

Mientras lo masturbaba le di un tierno beso en los labios. Sus pequeños ojos se abrieron de par en par observándome de arriba abajo y me dijo: “Eres una mujer maravillosa”. Su verga estaba floja y eso me daba mas placer. Tenía a Don Antonio donde quería y anhelaba hacerlo mi objeto sexual para disfrutar más de su portentosa presencia.

Poniendo mis manos por encima de su prominente barriga le volví a besar. Él llevo sus manos a mi culo para sobarlo y se las quité pidiéndole que no me tocara. Su verga estaba ya en su apogeo y mi mano no podía abarcarla de lo gruesa que era. Era un soberano macho y estaba a mi disposición.

Mis flujos caían ya por mis sugerentes muslos y su precum humedecía mi movimiento. Le agarré la mano y así, vestido y empalmado, lo llevé a mi dormitorio. Me quité el camisón y puse mi pierna encima de la cama mientras el permanecía detrás.

Podía oler su aliento de alcohol en mi nuca y agarrando su grueso badajo lo metí lentamente en mi coño dolorosamente y empecé a moverme para follarlo. Cuando me adapté a su tamaño comencé a sacarla y volver a meterla varias veces hasta que tuve un tremendo orgasmo que me dejó temblando.

Don Antonio me agarró por el torso y hundió su polla en mi. Notaba que se iba a venir dentro y me la saqué para evitarlo. Me di la vuelta y le desabroché el cinturón para bajarle los pantalones y los calzoncillos sentándome en la cama.

Era impresionante las fuertes y voluminosas piernas que tenía. Mis manos se posaron en ellas y subieron hasta llegar a su duro culo. Abrí mi boca y la chupé. Él permanecía quieto y con las manos en la cintura se dejaba hacer con los ojos cerrados y con su cabeza hacia arriba, pero después de un buen rato mamándosela, Don Antonio tensó su cuerpo y soltó unos trallazos de semen que me atragantaron al intentar beberlo todo. Como no pude hacerlo su leche bajó por mi barbilla e inundó mis pechos. Me lo restregué en ellos y le limpié la polla dejándola reluciente.

Los hombres como Don Antonio escríbanme al correo. [email protected]

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