Decepciones, mentiras y traiciones (4)
Un sueño húmedo y vívido la despierta con el nombre de un hombre del pasado en los labios. Pero cuando la realidad se cruza con la fantasía y una tía guarda secretos de sangre, la pregunta que más duele no es si lo deseó, sino si siempre fue suya.
Decepciones, mentiras y traiciones
Capítulo 4
Estaba desnuda, en cuatro sobre la cama, recibiendo las embestidas desde atrás, sintiendo que el orgasmo era inminente, sus manos me tenían tomada de las caderas, pero por momentos acariciaban mi espalda, mi nuca, bajaban por el costado de mi cuerpo y llegaban a mis tetas, que tomándolas con ambas manos, jugaban con mis pezones entre sus dedos.
El placer era intenso, cada embestida, cada choque de su cuerpo con el mío, me llevaban a un escalón más cerca del orgasmo, sus suaves caricias contrastaban con la intensidad y profundidad de sus penetraciones, llevándome al límite del placer, y en el momento en que mi orgasmo estallaba, giré mi cabeza y pude ver el placer en su cara, al mismo instante en que sentía su eyaculación en mi interior, y con su voz entrecortada decía, “Que tremenda mujer sos Andre, como me gusta hacer el amor con vos”, y con mi respiración acelerada, yo le contestaba, “Sos increíble Fer, me volvés loca”
Luego se salió de mí, me abrazó, me besó dulcemente y entre caricias.
Cuando abrí los ojos, la luz del día entraba por entre las cortinas de mi habitación, volví a cerrar los ojos, y recordé cada instante de ese sueño.
Nunca había tenido, al menos que recordara, sueños eróticos, y menos que menos, con la claridad y la intensidad de este.
Pensé, aún en la cama, que sin dudas el haber pensado en Fernando la noche anterior en medio de mi placer, había hecho que mi subconsciente me lo trajera en ese sueño tan explícito.
Al moverme me sentí mojada, toque mi conchita desnuda y estaba muy mojada.
Nunca había existido ninguna situación, ni siquiera cercana a lo que había soñado, ni siquiera conscientemente había pensado en algo así.
¿O acaso mi subconsciente me estaba queriendo decir algo?
Me levanté de la cama, me di un baño, me cambié y me fui a la cocina a desayunar, pero al ver la hora en mi teléfono, más que desayunar, tendría que almorzar, eran casi la una de la tarde de ese sábado tan extraño.
Luego de un sándwich con un café, me cambié y salí a caminar, necesitaba despejar mi mente, sacar ese sueño tan loco de mi cabeza.
A eso de las dos de la tarde, Facundo me envió un mensaje, y cruzando audios y mensajes, me fue contando cómo iba esa jornada en Pilar, y yo le conté que había estado en casa, pero nada le dije de mis sesiones de placer conmigo misma, y menos que menos de ese sueño con Fernando.
Al despedirnos, me dijo que en la noche antes de la cena me llamaba por teléfono.
Caminé un par de horas con ese sueño en mi cabeza, parecía que no quería irse de mis pensamientos, y al llegar a casa, me puse a ver una película, para pensar en otra cosa.
Pero como si el universo, el destino o qué sé yo quien, estuviera jugando conmigo, a las seis y media de la tarde, entró un mensaje a mi teléfono, y al ver en la pantalla el nombre de Fernando, se me aceleró el corazón.
Abrí la aplicación de mensajería, y su mensaje decía:
-Hola Andre! ¿Cómo estás?
No recordaba si alguna vez nos habíamos escrito algún fin de semana, pero le contesté:
-Hola Fernando! Muy bien! ¿Vos como andás?
-Todo tranqui por acá! Ahora descansando, hoy me tocó trabajar en la mañana, Rolando tenía que visitar un campo que tiene a la venta.
-Yo también descansando! Salí a caminar un rato y ahora miraba una película!
Y sin esperarme esa pregunta me dijo:
-¿Cómo va esa relación?
¿Cómo sabía que estaba en una relación? ¿Quién podría habérselo contado? Yo nunca lo había hecho, no me iba a quedar con la duda, y se lo pregunté.
-¿Cómo supiste?
-Hace un par de semanas estuve en la Plata, fui para el cumpleaños de un amigo. Llegué a eso de las once y media de la mañana y me fui al centro a comprarle un regalo, y por casualidad, cuando estaba buscando lugar para estacionar, desde el auto te vi, ibas con un chico que te llevaba abrazada por el hombro...
-Se llama Facundo, y hace ya unos meses que estamos juntos…
-Pensaba llamarte ese sábado a la tarde, tenía ganas de verte, pero después que te vi acompañada, supuse que no sería una buena idea…
-Qué lástima! Me hubiera gustado verte! Y con Facundo no hay problema, ya le he contado de vos y de cómo nos habíamos conocido…
-Ya habrá otra oportunidad… y contame, ¿estás bien?
-La verdad es que estamos bien, cada uno en su casa, pero estamos bien…
-Me alegro por vos! Te merecés un buen tipo a tu lado!
-Gracias! Y contame, ¿hay algo por allí?
-Nada serio, en verdad, tan solo algunos encuentros, con un par de chicas, pero nada serio…
-Bueno, ya aparecerá una chica que te quiera de verdad y de la que te puedas enamorar, sos un buen tipo, y eso cuenta…
-Bueno… ya veremos, aunque en realidad no estoy buscando una relación, y menos aquí, mi trabajo puede durar unos meses más, no sé cuantos, pero si se termina, me vuelvo para La Plata, Tandil es muy lindo, pero extraño la ciudad… allá están las cosas importantes de mi vida…
-Me imagino! Yo también extrañaría si me fuera…
Hablamos un rato más, yo de mis trabajos y el del suyo, y cuando nos despedíamos me dijo:
-Como siempre Andre, fue un gusto hablar con vos! Espero que todo siga bien!
-Para mí también fue un gusto que habláramos! Y al próxima vez que andes por La plata, avisame y nos vemos!
-Dale! Te mando un beso!
-Otro para vos!
No podía creer en esa coincidencia, hacía como un mes que no hablábamos y justo lo hacemos el día en que yo había tenido ese sueño tan loco.
*
Facundo volvió de Pilar el domingo a la tarde, me dijo que descansaba un poco y que si quería, podíamos cenar juntos. Le dije que sí, y quedamos en que me pasaría a buscar a las nueve de la noche.
Luego de la cena, me llevó a casa, esa noche no dormimos juntos, porque estaba muy cansado del viaje, y seguramente de la hora en que se había acostado el sábado, y además, al día siguiente, ambos trabajábamos temprano.
Las obras iban a buen ritmo, y para colmo, teníamos un nuevo proyecto que encarar, la construcción de una casa en la ciudad de Magdalena, cuando no, para unos conocidos de Victoria.
Así que el trabajo no nos estaba dando descanso, pero en una charla, Victoria me dijo que con este último proyecto, fuéramos despacio, para encararlo de lleno luego de que ella volviera de su viaje a Ushuaia.
La semana anterior a su viaje, fue bien intensa, dejando todo bien acomodado para que no tuviéramos imprevistos en su ausencia, pero la construcción del edificio ya estaba en la cuarta planta, y avanzaba a buen ritmo.
Victoria no solía hacerlo, pero cada vez que iba a las obras, yo sacaba un montón de fotos, documentando en mi notebook los avances día por día, y los guardaba ordenados por la fecha en que había estado allí.
Llegó el día en que Victoria se iba al sur con Luciana, y a pesar de que le dijimos que no la llamaríamos, nos dijo que ante cualquier inconveniente, la llamáramos sin dudarlo.
*
En ausencia de Victoria, las obras continuaron sin inconvenientes, y el trabajo en el estudio no se detuvo, aunque un par de días nos llamó por teléfono para saber si todo iba bien.
El primer día que vino al estudio luego de su viaje, nos saludó efusivamente, trajo regalos para los cuatro, a Andrés, una botella un whisky, a María Marta y a Ana, un par de botas, y a mí una campera de cuero.
Esa mañana casi que no trabajamos, porque Victoria nos contó de su viaje, y nos mostró un montón de fotos.
A la hora del almuerzo, la pusimos al tanto de las obras, y a eso de las tres de la tarde nos fuimos con Victoria a la obra del edificio, vimos cómo iba todo, hablamos un momento con Manuel, y luego me llevó hasta casa.
Recién al día siguiente hablamos del proyecto de Magdalena, teníamos la ubicación y las medidas del terreno, pero estuvimos de acuerdo en hacer una visita a la familia, y si bien Victoria los conocía y sabía lo que querían para su futura casa, nos reuniríamos con ellos, para conocer más detalles, y comenzar con el diseño.
Programamos el viaje para ese viernes en la mañana, Magdalena es una localidad al sur de La Plata, y el viaje hasta allí es de más o menos una hora, dependiendo del tránsito.
Desde que había surgido la obra en esa ciudad, no dejaba de pensar en mi tía Irene, hermana menor de mi padre, su única hermana, pero que desde hacía muchos años, no se hablaban y ella seguía viviendo en Magdalena.
Recuerdo haberla visto algunas veces siendo niña, y la última vez que la vi, fue a mis trece o catorce años, mamá aún vivía, y mi tía en un viaje a La Plata, pasó a visitarnos una tarde, pero tan solo un par de horas, no quería estar en casa cuando volviera mi padre.
Nunca supe el motivo por el que se habían distanciado, pero conociendo a mi padre, muy probablemente sería el responsable de esa distancia.
Cuando mamá falleció, entre las cosas que pude guardar de ella, estaba una agenda vieja, donde mamá anotaba muchas cosas, y probablemente allí estaría el teléfono o la dirección de mi tía, y ya que tenía que ir a Magdalena, quizás podría hacerle una visita.
Esa tarde cuando llegué a casa, busqué esa agenda, en la caja donde tenía los recuerdos de mi madre, sus anteojos, una cadenita que siempre llevaba colgada, su alianza de matrimonio, y varios recuerdos que ella atesoraba.
Ojeando ese cuaderno encontré la dirección de mi tía Irene, y también su teléfono.
Durante esos días hasta el viaje a Magdalena, pensé en si llamarla antes, o aparecerme directamente en su casa, pero por las dudas un día antes de ir, la llamé por teléfono.
Cuando le dije quién era, creo que se emocionó, y más aún cuando le dije que al día siguiente iría a Magdalena. Me dio la dirección de su casa, que era la misma que tenía anotada mi madre en su agenda, pero no pude confirmarle la hora, porque no estaba segura de lo que duraría la reunión.
El jueves Victoria me avisó que nos iríamos a eso de las ocho de la mañana, para reunirnos con esa gente a las nueve o nueve y media, hablaríamos con ellos y visitaríamos el terreno, para ver la zona.
Le comenté de mi tía Irene a Victoria, y me dijo que terminada la reunión, podía ir a visitarla, y mientras tanto ella seguramente almorzaría con sus amigos.
Esa tarde volví a llamar a mi tía y le avisé que podría ir a visitarla cerca del mediodía, y contenta me dijo que podíamos almorzar juntas, que me esperaba con la comida.
Las veces que había visto a mi tía Irene, siempre había sido cariñosa conmigo, y tenía un buen recuerdo de ella.
Llegamos a la casa de los conocidos de Victoria, y lo primero que hicimos fue ir a ver el terreno, luego volvimos a su casa, y mate de por medio, hablamos casi dos horas de lo que pretendían para su casa.
Como Victoria suponía, esa gente nos invitó a almorzar, pero Victoria les dijo que yo aprovecharía el viaje para visitar a mi tía y que almorzaría con ella.
Mario, así el nombre del amigo de Victoria me preguntó dónde vivía mi tía, y cuando le di la dirección, me dijo que estaba a pocas cuadras de su casa, y me preguntó el nombre de mi tía, porque allí se conocían casi todos, y esa gente había vivido toda su vida en Magdalena.
Cuando le dije el nombre de mi tía, me dijo que la conocía, aunque no tenía trato con ella, también conocía a mi padre, pero sabía que hacía muchos años ya no vivía en Magdalena.
La casa de mi tía estaba a cinco cuadras, Mario me indicó cómo ir y me fui caminando.
Toqué el timbre de su casa, y cuando mi tía abrió la puerta, se le saltaron las lágrimas, se acercó a mí, me abrazó y lo primero que me dijo fue:
-Ay hija mía! Sos igual a tu madre cuando era joven!
Ese abrazo me hizo recordar a los abrazos de mi madre, y aún con lágrimas en los ojos, me invitó a pasar a su casa, una casa sencilla, pero bien limpia y ordenada.
Nos sentamos en la cocina, y el olor al pollo al horno que estaba cocinando, hizo que se me abriera el apetito.
-Qué feliz me pone que hayas venido a visitarme, hacía tantos años que no te veía...
-Me acuerdo de cuando nos ibas a visitar a casa, yo era chica pero me acuerdo siempre de esas veces que te vi, siempre me trataste con cariño...
-Para el velatorio de tu mami no pude ir, estaba recién operada, todavía estaba internada.
-¿Qué te pasó tía? ¿De qué te operaron?
-Meses atrás me habían descubierto un cáncer de mama, y me habían operado para sacar el tumor, pero por suerte estoy bien, parece que quedó ahí, el médico me dijo que lo descubrieron a tiempo.
-Cuánto lo siento tía...
La comida ya estaba y entre las dos llevamos toda a la mesa, mientras almorzábamos le pregunté por mi prima, que hacía muchos años que tampoco veía, y me dijo que estaba casada y vivía con su marido en Castelli.
Le conté que era arquitecta, y también el motivo de mi viaje Magdalena.
-¿Conoces a Mario Errecarte, tía?
-Sí claro, acá nos conocemos todos, pero no tengo trato con él.
-Para él es la casa que tenemos que hacer.
Terminamos de almorzar y entre las dos juntamos todo, mi tía dijo que después lavaba los platos, y preparó café para las dos.
Quería preguntarle varias cosas a mi tía, pero no me decidía a hacerlo, pero mientras tomábamos el café sentadas en la mesa, mi tía me preguntó:
-¿Cómo está tu padre?
-La verdad es que no lo sé tía, ya no vivo con él y con Mariano, desde hace un par de años, cuando me recibí y tuve mi primer trabajo, me alquilé el departamento donde vivo ahora, y me fui de casa, estaba cansada de ser la sirvienta de ellos dos, y del trato de mierda que tenían conmigo desde que falleció mamá. Sé que no te hablás con mi padre, pero mamá nunca me contó el porqué.
-Hija, mi hermano nunca fue una buena persona, y desde chica me tuve que aguantar su maltrato también, pero cuando fallecieron nuestros padres, la casa que era de ellos, se vendería y el dinero de la venta sería mitad para cada uno, pero tu padre me dio tan solo unos pocos pesos, diciéndome no sé qué cosa, que la iba a invertir, para que de ganancias o qué sé yo. Se lo reclamé un montón de veces, pero jamás me dio un peso más.
-Tía, yo nunca supe los negocios de mi padre, y en verdad tampoco me interesan, pero lo que nunca pude entender, es el desprecio que tiene hacia mí, no recuerdo que me haya tratado bien, y desde que falleció mamá, Y perdón por la palabra, fue un hijo de puta conmigo, con decirte que tuve que trabajar para bancarme la carrera, jamás me dio un peso para mis estudios, y encima tenía que hacer todas las cosas de la casa.
-Que hijo de puta qué es... con el perdón de mamá…
-Nunca entendí por qué me trataba así, yo nunca di problemas en casa...
-Mirá hija... Te voy a contar algo que seguramente tu mamá no te haya contado... Nunca entendí por qué tu madre seguía con él, sin dudas se había enamorado, pero él tampoco la trataba bien. Con tu madre teníamos una muy buena relación, nos conocíamos desde chicas, y hablábamos mucho, por supuesto a espaldas de tu padre. Cuando tu madre era adolescente tuvo un novio, Carlos, era un buen chico y la quería mucho, cuando terminó la secundaria se fue a estudiar a La Plata, y ahí apareció tu padre, tu mamá se enamoró de él y se casaron. Antes de que vos nacieras, tu madre me contó que se había vuelto a encontrar con Carlos, pero que tan solo habían conversado, si pasó algo más entre ellos nunca lo supe, pero tu padre se enteró de esos encuentros, no sé cómo, y se armó una grande, tu madre le dijo que no había pasado nada, pero él no le creyó, y cuando naciste vos, mi hermano siempre pensó que eras hija de Carlos, que tu mamá se había acostado con él.
-Mamá nunca me contó eso...
-Eras chica, supongo que te lo hubiera contado, pero no tuvo tiempo...
-Entonces, ¿existe la posibilidad que yo no sea hija de mi padre? ¿Por qué no hizo mi padre un análisis de ADN?
-Ya conoces a tu padre, imagínate si él macho que es, se iba a prestar hacer ese análisis...
-Y ante la duda me despreció toda la vida...
-Así de mierda es mi hermano, lamento hija que hayas tenido que pasar por todo eso, yo nunca lo supe, no sé si tu mamá se acostó con Carlos, y sí así hubiera sido, bien merecido se tenía mi hermano los cuernos, por hijo de puta.
-¿Vos conoces a Carlos tía?
-Sí claro, vive también en La Plata, es ingeniero, Estela, su madre aún vive aquí, y viene seguido a visitarla, desde hace años que se la quiere llevar para La Plata, pero Estela no quiere. Por ella sé que Carlos es viudo, su esposa estaba embarazada de seis meses, y en un accidente de auto perdió la vida, ella y su hijo por nacer.
-Por Dios tía! Pobre hombre...
-Y desde entonces vive solo, por eso quiere que su madre se vaya a vivir con él, pero Estela vivió toda su vida aquí, quizás en algún tiempo afloje y se vaya para La Plata, quizás cuando ya no pueda manejarse sola como ahora.
-¿Tía, sabes la dirección de Carlos en La Plata? Me gustaría hablar con él, que me cuente cosas de mamá.
-Sí hija, vive en el centro, ahora busco la dirección y te la doy.
Eran casi las tres de la tarde cuando Victoria me mandó un mensaje, diciéndome que ya nos volvíamos para La Plata, mi tía me anotó en un papel la dirección de ese hombre, y nos despedimos con un abrazo en la puerta de su casa cuando Victoria pasó a buscarme.
Le agradecí el almuerzo y la charla, y le prometí que la visitaría cuando el trabajo me lo permitiera.
Volvimos a La Plata, y de camino le conté a Victoria la charla con mi tía.
Durante días estuve pensando en ese hombre, ¿habría tenido mi madre algo con él? ¿Sería yo hija suya y no de mi padre?
Le conté todo a Facundo, y me dijo que quizás sería bueno hablar con él.Con esas dudas decidí visitarlo, y lo haría ese jueves luego del trabajo.
Salí del estudio esa tarde, tomé un café en el centro para hacer tiempo, y caminando me fui hasta la dirección que me había dado mi tía.
La casa era una casa antigua pero muy bien conservada, con los nervios a flor de piel, a las seis y media de la tarde toque el timbre. La puerta se abrió, y un hombre de unos sesenta años, impecablemente vestido con una camisa y un pantalón, me miró asombrado, y dijo:
-Por Dios... ¿Andrea, verdad?
-Así es, supongo que ustedes Carlos!
-Sí…! Me parece estar viendo a tu madre... pasa por favor!
Entramos a su casa, una hermosa casa con hermosos muebles y nos sentamos en los sillones del estar.
-Perdón que vine así, sin avisar, pero no tenía su teléfono…
-Tuteame Andrea por favor, hiciste muy bien en venir, desde hace tiempo quería conocerte, y antes que nada, decirte que lamento mucho el fallecimiento de tu mamá.
-Gracias… hace unos días supe de vos, me contó mi tía Irene, fui a Magdalena por trabajo y almorcé con ella, hacía muchos años que no la veía, y me contó muchas cosas, y el motivo de esta visita, es porque lo que me contó mi tía me dejó pensando, pero también me gustaría que me contaras cosas de mi madre.
-Por supuesto, no tengo problema en contarte todo sobre Gloria, muchas veces pensé en que alguna vez tendría la oportunidad de hacerlo, y que estés aquí en este momento, me hace muy bien. Conocí a tu madre cuando éramos adolescentes, en el cumpleaños de un chico del barrio, y unas semanas después nos pusimos de novios, me enamoré de tu mamá ni bien la vi. Fuimos novios hasta que terminé la escuela secundaria, y hasta ese verano antes que me viniera para La Plata a estudiar. Volvía a Magdalena cada fin de semana para verla, pero unos meses después apareció tu padre en su vida, y Gloria se enamoró de él, ¿Que podía hacer yo...? Y seré sincero con vos Andrea, no he dejado de amar a tu madre en toda mi vida... pero respete su decisión. Pasaron muchos años, tu hermano ya había nacido, y por casualidad nos encontramos un día en el centro, la invité a tomar un café y aceptó, nos encontramos varias veces, volver a verla fue muy fuerte para mí, todo el amor que sentía por ella, seguía ahí. Tu mamá me contaba de la relación con tu padre, que no era buena, que no la trataba bien, hasta llegó a contarme que ya no disfrutaba la intimidad con él, y que incluso muchas veces había pensado en divorciarse, pero bueno, supongo que conocerás a tu padre mejor que yo...
-Por desgracia sí, hace tiempo que ya no vivo con él, salí de esa casa en cuanto pude, el desprecio de mi padre y de mi hermano, me hicieron la vida imposible, así que hace como dos años que no sé nada de ellos, y la verdad ni quiero saber.
-Cada vez que hablábamos con tu madre me daba mucha pena, porque era una mujer como pocas, y estaba en una relación que no le hacía bien, no era feliz en su matrimonio, y como siempre la he amado, me daba mucha bronca de que no fuera feliz.
-Necesito preguntarte algo Carlos, algo que mi tía Irene no supo decirme, y que quizás explique muchas cosas.
-Preguntame lo que quieras Andrea, a todo te voy a contestar con la verdad.
-Perdón por lo directa de la pregunta, pero... ¿te acostaste con mamá en esa época en que se volvieron a encontrar?
Creo que lo pensó un momento, quizás le sorprendió mi pregunta.
-Sí Andrea, tan solo una vez, y no me enorgullezco de haberlo hecho, pero tampoco me arrepiento, fue una tarde en un hotel, y con seguridad puedo decirte que fue la tarde más feliz de mi vida, pero en ese momento quizás fui un poco egoísta, no pensé en las consecuencias que eso podría tener en tu madre, no sé, quizás en ese momento, pensé en que ese encuentro podría servir para que tu madre se decidiera a divorciarse de tu padre, y yo tuviera la oportunidad de hacerla feliz, pero esa tarde del hotel la llenó de culpa, y tan solo nos vimos una vez más, y fue en la que me dijo que ya no nos seguiríamos viendo, y muy a mi pesar, esa fue la última vez que la vi.
-Mi madre hablaba mucho con mi tía, pero mi tía nunca supo de esa tarde en un hotel, pero lo que sí me dijo, fue que mi padre se enteró de los encuentros de mamá con vos, y siempre creyó que yo no era hija suya.
-Ya te digo, después de esa tarde no volví a verla, por lo que nunca supe que ocurrió después. Solo me enteré años más tarde, que Gloria había tenido una hija, creo que cuando tenías cinco o seis años. Tiempo después conocí a la que fue mi esposa, pero embarazada de seis meses, falleció en un accidente y nuestro hijo con ella, y desde entonces estoy solo, al parecer la vida no estaba conforme con que yo tuviera una familia.
-Cuánto lo lamento Carlos, mi tía ya me lo había contado.
No sabía si preguntárselo, quizás resultará un poco chocante, pero no hizo falta, luego de un momento de silencio me dijo:
-Andrea, sí hoy estás aquí, quizás sea porque tengas dudas sobre quién es realmente tu padre, y si así lo querés, podemos hacer una prueba de paternidad, no tengo ningún problema en hacerla, y si llegaras a ser hija mía, seré tu padre hasta el día que me muera, y estaré feliz de serlo.
-La verdad es que luego de hablar con mi tía tengo esa duda, sobre todo por el desprecio que siempre tuvo mi padre hacia mí…, pero sí…, me gustaría hacer esa prueba.
-Está muy bien, busquemos un lugar, y hagámosla cuando vos lo decidas, si querés yo puedo ocuparme de eso.
-Bueno Dale...
Hablar con él, no sé por qué, me resultaba grato, su forma de hablar y de mirarme, era tan amable, que me relajé.
-Pero contame algo de vos Andrea...
Le conté que era arquitecta y en el estudio en que trabajaba, y Carlos me dijo que conocía a Victoria. Aunque ya lo sabía, me dijo que era ingeniero, que había trabajado más de treinta años en una empresa, y que ahora solo daba clases en la Facultad de Ingeniería, que era su otra pasión.
Me preguntó si quería quedarme a cenar, pero le dije que mi novio me esperaba en casa, en verdad para un primer encuentro estaba bien, y siendo sincera me cayó muy bien Carlos, en tan solo una conversación, había sido más cariñoso que mi padre en los años en qué llevo de vida.Intercambiamos números de teléfono, me acompañó hasta la puerta cuando le dije que ya me iba, y dándome un abrazo en la puerta de su casa me dijo:
-Le tendré que agradecer a la vida que me haya permitido conocerte, sos el fiel reflejo de tu mamá.
-Me gustó también conocerte, y me gustaría que me contaras cosas de mi mamá...
-Cuando gustes! Estaré encantado de hacerlo!
*
Esa noche no vería a Facundo, Racing jugaba a las nueve y cuarto de la noche, y luego del partido no se volvería para La Plata, se quedaría en casa de uno de sus amigos, ya que el sábado en la noche era el cumpleaños de uno de ellos, y volvería recién el domingo.
Cuando llegué a casa, y mientras preparaba algo para cenar, no podía dejar de pensar en el encuentro con Carlos, y en esas palabras que había dicho, que si él fuera realmente mi padre, lo sería hasta su muerte, y que estaría feliz de serlo.
No pude dejar de pensar en qué pasaría si él fuera realmente mi padre, no culparía a mamá por haber tenido algo con Carlos, desde que tengo uso de razón, no recuerdo a mi padre siendo un buen esposo con mamá, y los cuernos, bien merecidos los tenía.
Necesitaba hablar todo esto con alguien, y si alguien estaba presente en mi vida, y se preocupaba por mí, esa era Victoria.
El sábado a eso de las once de la mañana la llamé por teléfono, y le conté que me había encontrado con Carlos. No me dio tiempo a contarle la conversación, me dijo que con Luciana venían a almorzar a La Plata, y me invitó a que lo hiciera con ellas, me dijo que me pasaba a buscar por casa.
Fuimos a un restaurante que había abierto hacía poco, en 27 y 60, y durante el almuerzo les conté lo que había hablado con Carlos, y que habíamos decidido hacer una prueba de paternidad.
Tengo que decir que además de ser una excelente profesional a la que admiro, como persona es excepcional, siento que ella es todo lo que está bien, me escucha, me aconseja, me contiene, y sé que me quiere, cada día que paso con ella, la siento más como de mi familia.
Luego de almorzar fuimos al centro cultural de la Plaza Isla Malvinas, donde un conocido de Victoria exponía sus fotografías, y luego de ver la muestra tomamos un café en el bar de allí mismo.
Me encanta la relación que tienen Victoria y Luciana, esa complicidad, ese trato que se tienen, la forma en que se miran, el amor que hay entre ellas es indiscutible.
Me dejaron en casa a eso de las seis de la tarde, y a pesar de lo movilizante que pudiera ser, lo que estaba viviendo, me hicieron sentir que estarían a mi lado, pasara lo que pasara en mi vida, que podía contar con ellas.
El lunes por la mañana me mandó un mensaje Carlos, diciéndome que ya tenía el laboratorio para hacer la prueba, que las muestras se tomaban en la mañana, y que él podría el jueves o el viernes.
Quedamos de acuerdo en que el jueves a las ocho de la mañana, nos encontraríamos en la puerta del laboratorio.
Aunque hablamos por teléfono y cruzamos mensajes, con Facundo nos vimos recién el miércoles, cuando me fue a buscar al estudio.
Ya en casa le conté todo el tema de Carlos, y lo que podría significar en mi vida, que fuera él realmente mi padre.
Era un tema trascendental de mi vida, y creí que Facundo, estaría a mi lado en ese momento, pero el jueves tenía trabajo fuera de la ciudad, y no lo podía postergar, y en ese momento pensé que si la situación fuera a la inversa, yo lo dejaría todo para acompañarlo.
Finalmente Carlos me pasó a buscar esa mañana por casa, y fuimos al laboratorio. Entramos y cuando explicamos el motivo de nuestra visita nos tomaron los datos, y tuvimos que esperar un momento.
Por turnos nos tomaron las muestras, y nos dijeron que el resultado estaría en cuarenta y ocho horas, pero como estábamos próximos al fin de semana, el resultado estaría para el lunes luego del mediodía.
Cuando salimos del laboratorio, Carlos me invitó a desayunar, ninguno de los dos lo habíamos hecho.Y mientras esperábamos el café me dijo:
-Andrea, como te imaginarás, en estos días no he podido dejar de pensar... No estoy muy seguro de lo que esto significa para vos, sin dudas puede ser algo que afecte tu vida, pero en mi caso, si llegaras a ser mi hija, me sentiría el hombre más feliz del mundo, por ser padre, pero fundamentalmente, porque tu madre ha sido la mujer que he amado toda mi vida.
-Tampoco he podido dejar de pensar Carlos, y definitivamente, si llegarás a ser mi padre, tendría un fuerte impacto en mi vida, y quizás explicaría el desprecio de mi padre hacia mí.
-No es mi intención que tu vida se complique, pero sea cual sea el resultado, estoy feliz de haberte conocido, y aunque no seas mi hija, me encantaría que siguiéramos en contacto, es como tener más cerca a Gloria.
-A mí también me encantó conocerte, y por supuesto que seguiremos en contacto, pase lo que pase, sea cual sea el resultado, me gustaría que me contaras cosas de mi mamá.
Luego de desayunar, me llevó también hasta el estudio, y cuando entré Victoria, que estaba al tanto de todo, me dio un abrazo y me preguntó cómo me había ido, y le conté todo.
Me puse a trabajar, pero no podía dejar de pensar en Carlos, en la forma en que me hablaba, y las frases tan llenas de sentimiento qué había dicho, a diferencia de lo que mi padre había sido conmigo.
Ese jueves no vi a Facundo, pero en la noche le conté por teléfono todo lo que había ocurrido.
El fin de semana parecía eterno, y varias veces me encontré pensando, en que me gustaría que Carlos fuera realmente mi padre, conocerlo, y quizás poder llegar a sentir el verdadero amor de un padre.
Decidimos ir juntos al laboratorio a buscar el resultado, y el lunes temprano, Carlos pasó a buscarme por casa.
Mentiría si dijera que no estaba nerviosa, estaba más que nerviosa, y Carlos sin duda también.
Entramos al laboratorio y Carlos le dijo a la chica de la recepción que íbamos a buscar el resultado de una prueba.
Esa chica busco en una caja llena de sobres, y sacando uno se lo entregó a Carlos. Le hizo firmar una planilla, y con el sobre en sus manos salimos del laboratorio.
La ansiedad me carcomía, caminamos hasta su auto y antes de subir, Carlos extendió su mano con el sobre y me dijo:
-Tomá Andrea, míralo vos por favor...
Continuará…
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