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¿El amor es suficiente? (3)

En la playa, bajo el sol de enero, Violeta enfrenta a la rubia escultural que intentó robarse a su novio y al hermano hostil que la juzga por su ambición. Pero el verdadero desafío no es la arena, sino la confianza que debe sembrar en un futuro que parece demasiado perfecto para ser real.

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¿El amor es suficiente?

Capítulo 3

Los días 4 y 7 de diciembre rendí dos finales, solo me quedaba uno para terminar ese año, que lo rendiría en marzo.

Antes de las fiestas, llegamos a su departamento y mientras tomábamos unos mates Cristian me dijo:

-¿Te gustaría ir a Pinamar con mi familia? La casa es grande y hay lugar para todos.

-Me encantaría Cris, solo que dejaría a mi hermana y a mi madre solas...

-Podemos hacer una cosa entonces, si te parece, pasamos la Navidad con tu familia, y nos vamos a Pinamar antes de fin de año, ¿qué decís?

Entendía que estando en una relación de novios y futuros esposos, no estaría todo el tiempo con mi madre y mi hermana, y dándome esa posibilidad le dije:

-Dale! Hagamos así, pasamos la Navidad en casa con mi familia, y el año nuevo en Pinamar con la tuya.

-Te va a encantar el año nuevo en la costa...

Esa noche me quedé a dormir también con él, y al día siguiente fuimos a casa y hablé con mamá explicándole de las fiestas, mamá lo entendió y me dejó más tranquila.

Esa noche de Navidad en casa, mamá se lució en la cocina y en la preparación de la casa, y como siempre, también estuvo con nosotros la tía Nancy.

Fue una noche muy linda, y a las doce como es costumbre, abrimos los regalos.

Sin haberme dicho nada, Cristian había comprado un regalo para cada una de nosotras, a mamá y a tía Nancy una cartera, a mi hermana una hermosa mochila, y a mí un vestido de verano que era hermoso.

Yo a Cristian le había comprado un par de zapatillas que había visto una tarde mientras paseábamos por el centro y que le habían gustado.

Decidimos irnos a Pinamar el sábado 30 de diciembre, yo tenía que trabajar en el estudio hasta el viernes 29, pero para no llegar de noche, nos iríamos el sábado temprano.

Ya con mi bolso preparado, nos despedimos de mamá, de mi hermana y de Nancy, y a eso de las diez de la mañana de ese último sábado del año, salíamos de La Plata en dirección a la ruta 2.

Nunca había estado en Pinamar, sabía que era uno de los destinos de la gente de buena posición económica, pero nunca creí que la familia de Cristian tuviera una casa semejante.

Un chalet rodeado de un parque, con un lugar al costado para estacionar hasta cuatro autos.

En la casa estaban los padres y los hermanos de Cristian, y un hermano de Ignacio con su esposa y su hija.

La casa era inmensa, tenía cinco dormitorios, y con Cristian fuimos al que él utilizaba siempre. Acomodamos nuestras cosas y salimos al parque a tomar unos mates con sus padres.

Ese día no fuimos a la playa, estaba un poco nublado, y decidimos dejarlo para el día siguiente.

Ya en la cena de esa noche volví a ver esa mirada extraña de Alan, cómo analizándome, nunca con una sonrisa o un gesto amable.

Esa noche no hicimos el amor con Cristian, en el dormitorio contiguo al nuestro, estaba el de sus hermanos, y al otro lado el de sus tíos.

Al día siguiente, luego de desayunar con Ignacio y Amalia, nos fuimos para la playa, que estaba a dos cuadras de la casa, donde había un parador en el que la familia de Cristian alquilaba una carpa todos los años.

Yo llevaba la nueva bikini que me había comprado para esas vacaciones, el vestido de tela liviana que me había regalado Cristian para Navidad, ojotas, gafas de sol y un bolsito playero donde tenía el teléfono, el protector solar y esas cosas.

Cuando llegamos estábamos solos en la carpa, pero una hora después llegaron sus hermanos, y un rato más tarde sus padres.

Había algo de gente en las carpas, pero a medida que se acercaba el mediodía, se iban ocupando cada vez más.

Los hermanos de Cristian se fueron de la carpa no sé para dónde, y nos quedamos tomando unos mates con Ignacio y Amalia.

A una de las carpas contiguas llegó un grupo de gente, al parecer un matrimonio y sus hijos, entre ellos una rubia de ojos celestes imponente, que ya venía en bikini, dejando ver su cuerpo, unas poderosas tetas, y un culo de aviso publicitario de ropa interior.

Pararon a dos carpas de la nuestra, y de allí se vino casi corriendo hasta donde estábamos nosotros, Cristian estaba de pie frente a la carpa, y esa rubia escultural corrió hacia él y lo abrazó.

-Felicitaciones doctorcito!

Le dijo dándole un sonoro beso en la mejilla, pero estampándole esas tetotas en su pecho.

-Gracias Pía!

Luego saludó a los padres de Cristian, que se había acercado a mí, y me presentó:

-Pía ella es Violeta, mi novia y futura esposa!

-Felicitaciones! Hola Violeta!

-Hola Pía! ¿Cómo estás?

Nos saludamos con un beso, pero lejos de la efusividad que había mostrado con el resto, pero claro, a mí no me conocía.

Volvió a abrazar a Cristian, y por primera vez me sentí celosa, quién se creía esa rubia despampanante, para abrazar así a mi rulito?Claramente no dije ni hice nada.

Conversaron por un momento y se fue a su carpa, moviendo ese culo de modelo que tenía, del que su pequeña bikini no tapaba casi nada.

Tomamos unos mates más, con el calor que hacía Cristian me dijo de ir al agua. Me quité el vestido quedándome en bikini por primera vez delante de su familia, no era nada revelador tan solo un traje de baño de dos piezas, y cuando Cristian me vio, se le iluminó esa carita linda que tiene.

Pero no pude evitar sentirme algo menos que esa rubia, con la que físicamente no podía competir.

Caminamos tomados de la mano hasta la orilla, en contraste con el calor de los cuerpos el agua estaba fría, pero de la mano nos metimos hasta que el agua no llegó a la cintura.

Cristian me abrazó y me dio un beso, y luego del beso le pregunté:

-¡Qué onda con Pía?

-Nos conocemos desde hace muchos años, desde que éramos chicos, su familia viene también todos los veranos a Pinamar al igual que la mía, hemos cenado en su casa y ellos en la nuestra.

Y con una sonrisa, le dije:

-¿Pasó algo con ella, no?

-Hace dos veranos! Nos acostamos un par de veces, pero nada más!

-No sé por qué, pero me lo supuse… Más que nada por el efusivo abrazo…

-Luego de eso no volvió a pasar más nada!

-¿Porque no quisiste o porque ella no quiso?

-Porque yo no quise, así como la ves de atractiva, es demasiado superficial para mi gusto! Bueno… y ese cuerpo no es el original… se hizo las tetas, se tiñe el pelo de rubio, y los ojos celestes son lentes de contacto, y no es posible hablar más de dos palabras con ella… te digo la verdad, es infumable!

-Cuando te abrazó apoyándote las tetotas, me puse celosa… no puedo competir con ese cuerpo…

Me miró sonriendo y me dijo:

-No tengas celos, yo te amo a vos y me gustás vos! Y no tenés que competir con nadie! Tu cuerpo es real y me tiene loquito! Y nunca más tendría algo con ella, ni con ninguna otra!

-¿Te gustaría que me haga las tetas?

-Claro que no! A mí me gusta tu cuerpo tal cual es! No te cambiaría nada! Para mí sos perfecta tal cual sos!

-Cómo te amo mi vida!

-Y yo a vos, mi peti bonita!

Nos volvimos a besar dentro del agua, y luego regresamos a la carpa.

Amalia me dijo que iba a la casa a preparar la comida y le dije que iba con ella para ayudarle, le gustó la idea y se lo dije a Cristian:

-Cris, me voy con tu mamá para la casa, a ayudarla con el almuerzo!

-¿Querés que vaya con vos?

-No, tranqui! Así de paso hablo un poco con ella, me gusta conversar con mi futura suegra! Ah! Ojo con la rubia vos…!

-Andá tranquila corazón! Ya te dije… con ella nunca más… ni en pedo!

Caminamos hasta la casa y entre las dos preparamos las milanesas y las ensaladas, mientras conversábamos, y cuando estuvo todo listo, Amalia le mandó un mensaje a Ignacio para que vinieran a almorzar.

En ese almuerzo volví a notar las miradas de Alan, siempre serio y cuando yo hablaba, hacía algunos gestos con la cara, ya me empezaba a mosquear su actitud hacia mí, pero no quería decirle a Cristian, para no generar problemas con su hermano.

Después de almorzar salimos a caminar un rato y luego iríamos a la playa.

Caminamos por la playa y cuando llegamos a la carpa, estaban sus dos hermanos, los saludamos y nos sentamos a tomar sol.

Marcos se fue a jugar un partido de futbol con otros chicos de carpas vecinas, y un momento después, vino a decirle a Cristian que fuera, que les faltaba uno.

Cristian me miró y le dije que fuera tranquilo, por lo que quedé con Alan, aunque yo al sol en una de las reposeras y él en una silla a la sombra de la carpa, a un par de metros de mí.

En ese momento pensé que podía aprovechar que estábamos solo él y yo, y preguntarle si le pasaba algo conmigo.

Lo pensé un momento y me decidí, me senté en la reposera en dirección a él y le dije:

-Alan, ¿puedo preguntarte algo?

Y sin siquiera levantar la mirada de su teléfono me dijo:

-Depende...

No quería ir con rodeos y se lo pregunté directamente.

-¿Tenés algún problema conmigo?

-¿Por?

-Nunca me has hablado, y cada vez que me mirás, hacés algún gesto..., ¿cuál es el problema?

Se quedó un momento en silencio, supongo que pensando su respuesta, recién allí me miró y me dijo:

-Me parece que sos de las que quieren enganchar a un tipo con guita para tener un buen pasar…

Conté hasta diez para no mandarlo a la mierda, después de todo era el hermano de Cristian y mi futuro cuñado.

-Dos cosas Alan, la primera, cuando conocí a tu hermano, ni siquiera sabía cómo era su familia o su situación económica, recién en la cuarta vez que nos vimos, me habló de tu familia. Y segundo, no todas las mujeres buscamos un tipo con guita para tener una buena vida, y de hecho no es mi caso, el año que viene me recibo de contadora y estoy trabajando en un estudio contable... Creo que tenés demasiados prejuicios...

-¿Qué sabes?

-No lo sé porque no te conozco, solo por lo que me estás diciendo, a mí me da lo mismo si tu hermano es un verdulero o un empleado de comercio sin un peso, y si te deja tranquilo no me interesa el dinero de tu familia, el único dinero que me va a importar, es el que ganemos tu hermano y yo cuando estemos casados.

-Pero bien que vas a disfrutar de su situación...

-Quién te dice... A lo mejor es él quien disfruta de la mía, te lo vuelvo a decir, a mí no me interesa ser tan solo la esposa de un médico, seré una contadora que trabajará junto a su esposo médico.

-Sí… seguramente...

Su forma altanera y despectiva de hablar, esas frases dejadas en suspenso, me estaban sacando de las casillas, pero me tenía que controlar, no quería un altercado con él, pero tampoco quería que me pisoteara.

-¿Te enamoraste de una mujer alguna vez?

-No... Por suerte no! No me gusta que se me acerquen por la guita...

-Eso no hace más que confirmar tus prejuicios, o quizás es que no te gustan las mujeres... ¿Sos gay?

-¿Qué decís!

-Con esa aversión por el sexo femenino... pero bueno… de todos modos no te juzgaría, cada quien vive su vida como quiere y con quien quiere, y si te gustan los hombres... está bárbaro... es tu vida…

Sin decir más nada se levantó, visiblemente ofuscado, salió de la carpa y caminó en dirección al mar.

Y por su reacción, me dio por pensar que era un gay que no se asumía como tal frente a los demás, pero bueno allá él.

Me quedé tomando sol y pensando si le contaría a Cristian la conversación con su hermano, y decidí que se lo contaría, no quería secretos con él, solo ese que tenía bien guardado.

Cuando Cristian terminó de jugar al fútbol se fue a dar un chapuzón, y luego vino caminando hasta la carpa.

De camino al bar del parador, donde íbamos para que se comprara algo fresco que tomar, le conté la conversación con su hermano.

-No le des pelota Viole, desde hace tiempo es un amargo, no sé si no tenés razón, quizás sea gay y no tiene los huevos para salir del clóset, de hecho no le conozco ninguna novia, y la verdad es que mi relación con él nunca fue muy cercana, muy diferente a la que siempre he tenido con Marcos.

Allí quedó ese tema y seguimos disfrutando de la tarde de sol.

Cristian tenía razón, luego de la cena de fin de año, nos fuimos todos para la playa, donde mucha gente va a recibir el año nuevo.

Ignacio y Amalia llevaron las reposeras, y la heladera portátil con las botellas de champagne y las copas, para el brindis de la llegada del nuevo año.

El parador estaba lleno de gente, habían preparado una fiesta en la zona de mesas al aire libre, música, luces de colores y una barra que vendía tragos, también afuera.

Luego del brindis y los saludos y deseos mutuos de un buen año, nos quedamos mirando los fuegos de artificio que iluminaban el cielo.

Ya con la música a tope, nos fuimos con Cristian a bailar, descalzos en la arena, y con la poca luz que llegaba del parador, bailamos, nos reímos, abrazados y besándonos a cada momento, diciéndonos que era ese 2018, el año en que seríamos marido y mujer.

Esas dos semanas fueron maravillosas, las disfrutamos a pleno, todo el tiempo juntos, y nuestra relación se fortaleció aún más.

Salvo por la relación, bueno la no relación con Alan, que luego de esa charla en la carpa me ignoró, ni siquiera me miraba ya, por lo demás, fueron unas vacaciones hermosas.

Quizás nos faltaron algunos encuentros íntimos, pero aprovechábamos los momentos en que todos estaban en la playa, para hacernos una escapada a la casa, y hacer el amor en nuestro dormitorio.

Lo que también me gustó mucho de esos días, fueron las conversaciones con Amalia, es una mujer encantadora, y en tan poco tiempo, habíamos conseguido una conexión muy linda.

Volvimos a La Plata, el 14 de enero por la mañana, luego de desayunar, ya que al día siguiente tenía que volver al trabajo en el estudio, y quería pasar por casa para estar un rato con mamá y con mi hermana.

*

Días después comenzamos a hablar con Cristian sobre la posible fecha de nuestra boda, que dependía en gran parte de nuestros trabajos, no queríamos esperar mucho, pero habiendo tenido ambos las vacaciones, muy probablemente, luego de la boda no tendríamos un viaje de luna de miel, pero de todas maneras mucho no nos importaba eso.

El viernes de esa semana nos juntamos con las chicas, ansiosas porque les contara del pedido de matrimonio y de las vacaciones con la familia de Cristian, y como siempre fuimos a la cervecería que ya se había transformado en nuestro lugar de encuentro.

Las puse al tanto de todas las novedades, incluida la conversación con Alan. También les conté de mis compañeras de trabajo, una de ellas llamada Pilar, un par de años mayor que yo y ya recibida de contadora, con la que habíamos congeniado muy bien.

El 5 de marzo rendí el final que me quedaba del año anterior, y lo aprobé, y dos semanas después comenzaba a cursar mi último año de carrera.

El trabajo en el estudio era exigente, entraba a las ocho de la mañana y salía a la una de la tarde, pero en esas horas no había tiempo más que para un té.

Con Pilar y una contadora más antigua del estudio llamada Gabriela, llevábamos las cuentas de tres empresas, dos de ellas más o menos pequeñas, pero la otra bastante grande, una distribuidora de productos alimenticios golosinas y bebidas, con tres sucursales, una en La Plata, otra en Berazategui, y la tercera en Florencio Varela.

Era la contabilidad que más trabajo nos demandaba, por el nivel de facturación y por la cantidad de empleados que tenía.Una o dos veces al mes, a veces más, venía un empleado de esa empresa, por declaraciones juradas, liquidaciones de impuestos, contrataciones de personal, compras y ventas, y demás trámites contables.

La persona que venía habitualmente era Julio, un hombre cercano de los sesenta años y muy simpático y agradable, cada vez que venía al estudio, nos dejaba a las tres una pequeña golosina, incluso para el día del contador, nos trajo una caja de bombones a cada una, y muchas veces luego de los trámites se quedaba hablando un momento con nosotras, contándonos fundamentalmente de su hija y de su nieta.

*

Con Cristian decidimos esperar hasta el verano para casarnos, no teníamos apuro, en lo que sí teníamos apuro, era en vivir juntos, y en ese mes de abril de 2018, Cristian me lo propuso, y muy entusiasmada acepté.

Al día siguiente fuimos los dos a contárselo a mamá, que por su cara supongo que se lo veía venir.

El viernes en la noche cenamos en su casa, y se lo dijimos también a su familia.Ignacio y Amalia, ya se lo imaginaban, y nos felicitaron por dar ese paso, Marcos también se alegró, pero Alan como siempre, ni fu ni fa, y la verdad es que mucho no me preocupó.

Poco a poco me fui llevando mis cosas al departamento de Cristian, mi ropa principalmente, mis cosas personales y todo lo de la facultad.

Esa primera noche que dormiría en su casa, el sábado 14 de abril, salimos a cenar para festejarlo, para nosotros era como casarnos, pero sin la boda y sin la fiesta.

Rápidamente nos acomodamos a nuestros horarios, en el momento en que estaba en casa, hacia los quehaceres, y preparaba la comida, y los fines de semana en que Cristian no tenía guardia en el hospital, aprovechábamos para hacer las compras, pasar tiempo juntos, y hacernos el amor a cada momento, nuestra sexualidad estaba en un espléndido momento.

No podía sentirme más plena y feliz, cada día que pasaba a su lado, me enamoraba más de mi rulito lindo.

Poco a poco fui entablando más relación con mis compañeras de trabajo, y comenzaron a invitarme a los cumpleaños o a las juntadas para cenar o tomar una cerveza.

Aunque me gustaba socializar con ellas, en esos momentos quería estar con Cristian, pero ambos entendíamos que las buenas relaciones en el ámbito laboral eran fundamentales, tanto como con nuestros amigos y amigas, y Cristian también se juntaba seguido con sus compañeros de la residencia y como siempre, con sus amigos.

En la juntada del mes de mayo con las chicas, les pregunté si podía llevar a Pilar, con la que cada día éramos más cercanas, y me dijeron que no había problema, lo único que dijo Eva, fue que tenía que ser tan cotorra como nosotras, y Pilar lo era.

Entre juntada y juntada de las chicas, a veces las invitaba a casa los días en que estaba Cristian, y él también varias veces invitó a sus amigos, para conocernos todos.

Tomamos por costumbre también, almorzar un domingo con su familia, y el siguiente con la mía, aunque con mamá hablaba casi todos los días y la veía algunos días entre semana.

Decidimos la fecha de la boda para mediados de diciembre, fecha en la que supuestamente ya estaría recibida, no queríamos una boda ostentosa, ni con cientos de invitados, algo sencillo, tan solo pasaríamos por el registro civil, ya que Cristian no es creyente.

Pedimos fecha con anticipación, y nos dieron para el viernes 14 de diciembre a las doce y cuarto del mediodía.

Pensamos en que luego de esa ceremonia, haríamos una reunión con nuestras familias y nuestros amigos, en una quinta quizás, ese mismo viernes en la noche.

Aunque los padres de Cristian querían hacer una fiesta a todo lujo, entendieron que preferíamos una reunión más íntima y sencilla.

*

En la juntada del mes de junio en la cervecería de costumbre, Clara se despachó con una noticia que nos dejó heladas, en el mes de agosto, se casaría.

Hacía un par de meses que estaba en una relación con un ingeniero de cuarenta y tres años, divorciado, sin hijos, y con una excelente situación económica.

Clara había abandonado sus noches salvajes cuando lo conoció, justamente en una de esas noches, y al parecer se había enamorado.

Nos dio la fecha, que sería el 11 de agosto al mediodía y nos dijo que haría una reunión sencilla, con la familia de ese hombre, la suya, y algunos amigos.

Evangelina hacía casi un mes que se había peleado con su novio, qué poco le duró por cierto, pero de todas formas podría ir acompañada por alguien, y por supuesto me dijo que yo podía ir con Cristian.

Cuando llegué a casa y se lo conté, Cristian no lo podía creer, con lo fiestera que era Clara, por fin sentaba cabeza.

Un mes antes de su casamiento, conocimos a Andrés, su futuro esposo, en un viernes en la noche que nos invitó a cenar a su casa, en realidad a la casa de su prometido, un caserón en el barrio de Los Hornos.

Luego de esa cena, comentamos con las chicas, que Andrés era un hombre de buen ver, simpático, atractivo, y según palabras de Clara, “me coge muy bien”.

Ver la forma en que se trataban, nos bastó para darnos cuenta de que Clara realmente se había enamorado.

*

Al terminar el mes de noviembre de ese año, y habiendo aprobado y promocionado todas las materias, estaba a dos finales de recibirme de contadora, y fueron unos meses duros, preparando esos dos exámenes que no eran fáciles, más los preparativos para nuestra boda que sería en poco más de dos semanas.

El tiempo que tenía libre lo dedicaba a estudiar, y muchas veces era Cristian quien preparaba la comida, y debo reconocer que se le da bastante bien la cocina.

Bajamos un poco la intensidad de nuestros encuentros sexuales, pero le pedí a Cristian que me tuviera paciencia, era por poco tiempo, hasta que pudiera rendir esos exámenes, y luego solo trabajaría, y estaría en casa para cuando él viniera.

Habíamos alquilado para la fiesta de nuestro casamiento, una quita en Villa Elisa, que se utiliza para eventos y contaba con todo lo necesario, incluida la música y las luces para el momento del baile, fotógrafo y personal para el servicio.

También contratamos una empresa de catering para la comida y la bebida y nos compramos la ropa, un traje gris oscuro para Cristian y un vestido sencillo para mí para la noche, nunca me gustaron esos muy largos con cola, demasiados pomposos para mi gusto, y otro también sencillo para el registro civil.

El 3 de diciembre aprobé el primero de los dos finales, y el 11 rendiría el último.

Ese último examen era a las nueve de la mañana, y cuando llegamos con Cristian a la facultad, ya estaban todos allí, mamá, mi hermana y mi tía, mis amigas, Pilar y Gabriela, los padres de Cristian y su hermano Marcos, pero Alan, según me dijera Amalia, no había podido ir por su trabajo.

A las diez y media de la mañana, salí con el “aprobado” en mi libreta y recibí todos los saludos, de mamá y mi hermana entre lágrimas, de mi tía, de mi rulito, que me abrazó y me besó en el aire.

Luego me saludaron también las chicas y la familia de Cristian, Amalia me dio un hermoso abrazo, también con lágrimas en los ojos, cada vez quería más a mi casi suegra.

Me cambié con la ropa que sería enchastrada y salimos a la calle, donde me tiraron de todo.

Fotos, muchas fotos, y de allí a la Catedral en el auto de Cristian. Allí las típicas bengalas de colores, más fotos y luego de despedirnos de todos, nos fuimos al departamento a sacarme todo aquello que tenía pegado por todos lados.

Esa noche, para festejar mi recibida, y a tan solo unos días del casamiento, solo salimos a cenar Cristian y yo a un restaurante.

En esa cena, Cristian me regaló por mi recibida, una hermosa cadenita con un colgante de una piedrita violeta, así ya tenía el conjunto completo, y además, al llegar a casa, me regaló un momento de pasión tremendo, me sacó cuatro orgasmos antes de eyacular en mi interior.

El jueves antes de la boda, ya en la cama nos volvimos a hacer el amor, y mientras Cristian me penetraba en la posición del misionero, me besaba y me decía lo que me amaba, y le dije que era esa nuestra última vez de solteros.

Llegó el día de la boda, ninguno de los dos trabajaba, nos levantamos temprano, desayunamos y nos comenzamos a preparar.

A las nueve fui a la peluquería a peinarme, y a las diez y media ya estaba de vuelta.

Evangelina sería la encargada de maquillarme, y a las once y media ya estaba en casa.

Ya vestidos los dos, mi rulito estaba hermoso con ese traje gris y la corbata roja, y yo con mi vestido color turquesa, nos fuimos con Eva para el registro civil.

Ya todos estaba allí, mi familia, la de Cristian, nuestros amigos y los compañeros y compañeras de trabajo.

Fue un momento hermoso, me emocioné hasta las lágrimas, en el “sí acepto” de los dos, y en el momento del “Los declaro marido y mujer” de la simpática jueza que nos casó.

Salimos y ya todos nos esperaban en la puerta para la tradicional lluvia de arroz.

El hermano de Eva, que es fotógrafo, fue el encargado de las fotos, durante la ceremonia, y luego en los saludos.

Recibimos los saludos de todos, abrazos, besos, buenos deseos y felicitaciones por doquier.

Hicimos muchas fotos, con la familia de Cristian, con mi familia, con sus amigos, con los míos, terminando con una foto grupal, con nosotros en medio de toda la gente.

Poco a poco se fueron despidiendo de nosotros hasta la noche, el primero, como no, fue Alan, que según dijo, tenía que volver al trabajo.

Cuando solo quedábamos nosotros, mamá, Mariela y Nancy, los papás de Cristian y Marcos, Ignacio dijo que fuéramos todos a almorzar que él nos invitaba, y le dijimos que sí.

Fue un hermoso momento también, aunque no nos quedamos hasta muy tarde, aún nos quedaban unos pendientes para la fiesta de la noche y nos teníamos que ocupar con Cristian de eso.

Llegamos al departamento, nos quitamos la ropa de la boda, y sí… terminamos en la cama, para nuestro primer encuentro de pasión como marido y mujer.

No fue muy largo, no teníamos mucho tiempo, pero sí mucho amor.

Anduvimos toda la tarde, volví a la peluquería a las siete, y volví al departamento a cambiarme a las ocho y cuarto.

Evangelina me volvió a maquillar y nos fuimos los tres para Villa Elisa.

Cuando llegamos, antes de ir al salón donde nuestros invitados ya nos esperaban, hicimos un montón de fotos en el hermoso parque de la quinta, iluminado con faroles de color.

Cuando entramos, ya todos nos esperaban y nos recibieron con un aplauso.

Como no hacíamos una ceremonia religiosa, habíamos decidido ponernos las alianzas en una pequeña ceremonia, en la que delante de una pequeña mesa arreglada con flores y fotos nuestras, leeríamos nuestros votos y nos colocaríamos mutuamente los anillos.

Fue un momento emocionalmente muy fuerte para mí, ni yo sabía sus votos, ni Cristian los míos, pero sus palabras me hicieron llorar, tanto como las mías emocionaron a mi rulito hermoso.

Nos colocamos las alianzas y nos besamos ante los aplausos de todos los presentes.

Recibimos los abrazos y besos de nuestros seres queridos allí reunidos y luego nos ubicamos en las mesas, para comenzar con la cena.

En nuestra mesa, además de nosotros, estaban Amalia, Ignacio, mamá y tía Nancy.

Fue una noche maravillosa, que disfrutamos mucho con Cristian, el servicio estuvo bárbaro y luego de los postres llegó el momento del brindis y la torta.

Otro momento muy lindo, fue el momento que bailamos con Cristian el vals, y luego con todos los familiares y amigos.

Después de eso comenzó la música y bailamos sin parar por un par de horas, los pies ya no me daban más y me terminé sacando los zapatos de taco alto, y descalza bailamos hasta estar reventados.

Nuestra hermosa fiesta de casamiento, terminó a las cuatro de la mañana y luego de cargar todo en el auto de Cristian y en la camioneta de Ignacio, nos volvimos para La Plata.

El amanecer nos encontró haciendo el amor, estábamos muertos, pero nos quedó cuerpo para disfrutarnos en nuestra cama, para caer luego rendidos hasta las tres de la tarde del día siguiente.

Ese 14 de diciembre de 2018, fue un día muy feliz para los dos.

Continuará…

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