¿El amor es suficiente? (4)
El correo llegó sin remitente, pero con una pregunta que le heló la sangre: ¿estaba mintiendo él? Violeta siempre confió ciegamente en Cristian, pero ahora, con la duda instalada, decide que la verdad vale más que la comodidad de la ignorancia.
¿El amor es suficiente?
Capítulo 4
Como en el trabajo no tenía vacaciones hasta la segunda quincena de enero, no volvimos a ir a Pinamar con su familia, y nos quedamos en casa.
Pasamos la Navidad en casa de mamá, y solo fuimos a Pinamar para pasar el fin de año, pero el primero de enero, ya nos volvimos.
Comenzamos el año, un nuevo años juntos, y en ese primer momento de 2019, no lo podíamos hacer más felices, como marido y mujer, deseándonos lo mejor para nuestra vida de casados y para nuestro futuro.
Como ya había terminado la facultad, mi jornada de trabajo en el estudio se extendió, y trabajaba desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde, con un incremento también en mi salario.
Entre mi trabajo, la residencia y las guardias de Cristian, ese año no tomamos vacaciones, por lo que nuestra luna de miel seguía pendiente aún.
Recién pudimos pensar en un viaje, para el mes de enero de 2020, al igual que el año anterior, pasamos la Navidad con mamá, y el año nuevo en Pinamar con la familia de Cristian, y de allí mismo nos fuimos doce días a Mar del Plata.
Fueron unos días maravillosos, en un hermoso departamento a dos cuadras de calle Güemes.Playa, paseos, cenas en el puerto, conocimos el casino, al estar tan cerca, casi todos los días íbamos a cenar a restaurantes o cervecerías de calle Güemes o de calle Olavarría.
También fue maravillosa nuestra actividad sexual, relajados y distendidos como estábamos, dimos rienda suelta a nuestra pasión todos los días.
Ya lo habíamos hablado antes del viaje, y en esas vacaciones, nos estrenamos en el sexo anal, variante que aún no habíamos experimentado.
Cristian fue muy cuidadoso, y esa tercera noche en Mar del Plata, lo hicimos por primera vez, yo le tenía un poco de miedo, y a pesar de las molestias iniciales, lo terminé disfrutando, y a partir de ese día, forma parte de nuestras rutinas sexuales también.
Algo que le gusta mucho a Cristian, es que le practique sexo oral, y a mí me encanta hacerlo, nuestros encuentros de pasión suelen comenzar por ahí, y muchas veces también terminan ahí, sobre todo cuando tenemos tiempo, y Cristian luego de haber eyaculado en mi interior la primera vez, en la segunda vuelta lo hace en mi boca, y me encanta que lo haga.
De Mar del Plata volvimos directamente a La Plata, nos quedaban un par de días de vacaciones aún, y aprovechamos para descansar sin horarios.
*
Volvimos al trabajo, y una tarde cuando Cristian volvió del hospital, estuvo contando de un virus, del que se hablaba en el hospital, aunque en principio era en otros países, y las autoridades decían que no llegaría, Cristian me decía que era muy probable que llegara.
Y llegó.
En marzo de ese 2020, con muchos casos ya confirmados, se decretó en todo el país un aislamiento sanitario, como en casi todo el mundo.
Cristian estaba en el último año de su residencia, y como trabajador de la salud, tenía que seguir trabajando, incluso más horas, con dos o tres guardias a la semana.
Ante todo lo que se decía en los medios, creí que me volvería loca, yo me tenía que quedar en casa, pero él iba cada día al hospital, a enfrentar los casos que crecían a cada momento.
Tenía un miedo atroz de que Cristian se contagiara, aunque él me aseguraba que en el hospital se extremaban las medidas de seguridad para los empleados de la salud.
Fueron unos meses muy duros para él, lo veía en su cara cada vez que volvía del hospital, al principio me contaba lo que iba pasando, pero después de un tiempo dejó de hacerlo, creo que para no preocuparme más de lo que ya estaba.
Pero conociendo a Cristian como lo conocía, y viéndolo cada día, sabía que estaba más que preocupado, y solo le pedía a Dios que nada le pasara.
Luego de un tiempo la cuarentena estricta se comenzó a flexibilizar, yo seguía trabajando desde casa, pero Cristian seguía yendo cada día al hospital.
Cuando llegaba a casa no me permitía siquiera que le diera un beso, se iba directamente al baño, se quitaba toda su ropa, y recién luego de bañarse me daba un abrazo y un beso, creo que también tenía miedo de contagiarme.
Gracias a Dios y a la Virgen, y sin dudas a los cuidados que tuvo, Cristian no contrajo covid, pero sí varios de sus compañeros, incluso algunos que no lograron sobrevivir.Fueron unos meses muy duros para él, y yo hice todo lo posible por contenerlo.
En nuestros familiares más cercanos, el único que contrajo covid fue Marcos, pero gracias a Dios sin consecuencias, el resto tuvimos la suerte de no contagiarnos.
Poco a poco el aislamiento se fue flexibilizando cada vez más, y aunque debíamos de hacerlo con mascarillas, comenzamos a salir de nuestras casas.
Muchas de las actividades empresariales y comerciales tuvieron problemas, y entre ellos nuestros clientes del estudio, por lo que durante la pandemia, nuestros sueldos también tuvieron que ser reducidos.
Poco a poco las cosas fueron volviendo a la normalidad, aunque tardamos meses en volver a trabajar presencialmente.
Con las chicas había estado en contacto solo por zoom, más seguido que lo habitual, pero no era lo mismo que encontrarnos cara a cara.
También volvimos a vernos con nuestras familias, aunque Cristian seguía tomando todas las precauciones posibles.
Terminó finalmente su residencia a finales de ese año, y a partir del año siguiente, trabajaría en la clínica de su padre y sus socios.
Le había tomado tanto cariño al hospital, que decidió mantener una guardia por semana, que en un principio eran desde el miércoles a las ocho de la mañana, hasta el jueves a esa misma hora, y comenzó a atender en la clínica, los lunes desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde, y los martes y viernes, desde la una del mediodía hasta las seis de la tarde, que eran los horarios en que tenía un consultorio disponible.
Cristian con sus amigos volvieron al pádel luego de la pandemia, y jugaban los martes a las seis y media de la tarde, y de la clínica se iba directamente a la cancha.
En ese primer encuentro en que volvimos a juntarnos con las chicas, en la vereda de nuestra cervecería de costumbre, y barbijo mediante, Clara nos dijo que no estaban bien las cosas en su matrimonio, que algunas diferencias que tenía con su marido, durante la cuarentena y estando todo el día juntos, se habían ido potenciando.
A tal punto estaban las cosas en su pareja, que nos confesó que la semana anterior, haciendo la compra en un supermercado, se encontró con un chico con el que había estado alguna vez, y luego de la compra y de un café, terminó con él en su casa, con el resultado de los primeros cuernos para Andrés.
Aunque le dijimos que tuviera cuidado, que no se complicara la vida, nos dijo que nos quedáramos tranquilas, que solo había sido un calentón del momento, luego de un tiempo de sequía con su marido.
También después de tanto tiempo, una tarde luego del trabajo fuimos a tomar un café con las compañeras del estudio.
Poco a poco las cosas fueron volviendo a la normalidad, tanto que en el estudio las cosas ya volvían a ser como antes.
Después de tanto tiempo sin verlo, una mañana llegó Julio al estudio, y detrás de él, un chico de más o menos de mi edad, quizás un par de años más, y nos lo presentó como Gonzalo.
Julio nos contó que había tenido covid, y le habían quedado algunos problemas de salud, por lo que había decidido adelantar su jubilación para ese año, y Gonzalo sería quien vendría en su lugar.
Sabiendo que esa era la última vez que vendría Julio, como era ya la hora en que salíamos a almorzar, le dijimos si no quería hacerlo con nosotras. Habló un momento con Gonzalo, y este se despidió de nosotras diciendo que tenía que volver a la empresa.
Julio había sido siempre tan amable y simpático con nosotras, que ese día le invitamos el almuerzo, a modo de despedida, aunque nos dijo que de vez en cuando pasaría a saludarnos.
A partir de ese día fue Gonzalo quien venía a traer o a llevar documentación de su empresa, y al igual que con Julio, era yo quien me ocupaba de recibirle todos los papeles, y luego Gabriela le entregaba todo lo que tenía que llevar a su empresa.
Con Cristian nuestra relación seguía maravillosamente bien, aunque no con ese fervor de los primeros tiempos, nuestra intimidad gozaba de muy buena salud, sobre todo los jueves, que al llegar del estudio, Cristian estaba en casa, y los fines de semana, que ninguno de los dos trabajábamos, y aprovechábamos para hacer cosas juntos, sobre todo los viernes y sábados en la noche, donde hacíamos el amor sin apuro, y nos disfrutábamos por largo rato.
*
Una mañana llegué al estudio y luego de saludar a todos como cada día, Ernesto, el dueño del estudio me llamó a su despacho, y para qué mentir me puse nerviosa, no era normal que me citara en su despacho, aunque iba todo el tiempo a verlo por cuestiones de trabajo, o él venía a mi escritorio.
Cuando entré me pidió que cerrara la puerta y me sentara frente a él en el escritorio, y más nerviosa me puse todavía, ¿habría cometido algún error?
Pero fue todo lo contrario, me dijo que Gabriela se jubilaría a fin de año, y que si yo aceptaba, me ofrecía su puesto, lógicamente al tener mayor responsabilidad, mi salario también sería mayor, y sin pensarlo demasiado le dije que aceptaba, era una mejora laboral, algo así como un ascenso.
Cuando llegué esa tarde a casa, esperé ansiosa a que llegara Cristian para contárselo, y lo hice mientras tomábamos unos mates. Cristian se puso tan feliz como yo, porque era un gran paso en mi carrera profesional, incluso me dijo que cuando consiguiera la suficiente experiencia, hasta podría tener mi propio estudio contable, y aunque hasta ese momento no lo había pensado, lo tendría en cuenta como una posibilidad a futuro.
A partir de ahí Gabriela me empezó a explicar todo su trabajo, y me dijo que había sido ella quien había hablado con Ernesto, para que fuera yo quien ocupara su lugar.
Pilar también se puso contenta, porque a pesar de estar un escalón por sobre ella, seguiríamos trabajando juntas.
Hasta que Gabriela se jubilara, recibíamos con Pilar los papeles de las empresas, y luego era yo quien entregaba toda la documentación, luego de realizar toda la tramitación con Gabriela.
Gonzalo, el reemplazante de julio, resultó ser un chico muy simpático y amable, y por qué no decirlo, atractivo y con cierto carisma.
En el estudio, todos los empleados teníamos un día al mes, que nos podíamos tomar por razones particulares, algo así como un franco al mes.
Ese día Pilar no había venido, y bajé sola a almorzar, como tantas otras veces en que una se tenía que quedar por trabajo.
Solíamos ir a un pequeño restaurante que estaba en la otra cuadra del estudio, donde se comía muy bien.
En el momento que salía del estudio, llegaba Gonzalo, nos saludamos y le dije que estaba por ir a almorzar, pero sabiendo que Pilar no estaba, le dije que volvíamos a subir, me dijo que si no me molestaba, almorzaba conmigo, y luego volvíamos al estudio.
Me resultaba un chico muy amable, y no tuve reparos en almorzar con él.
Yo pedí mi ensalada como cada día, y él se pidió una hamburguesa.
En esa media hora en el restaurante, hablamos por primera vez de cosas que no eran del trabajo, me contó que el padre de su novia era uno de los dueños de la empresa, y que estaba en el último año de administración de empresas.
También me contó que su novia estudiaba veterinaria, y yo le conté que estaba casada con un médico.
Hasta que nos fuimos del restaurante, hablamos del tema de la pandemia, y del encierro, y de los conocidos o familiares que habían quedado en el camino.
Me había resultado una conversación agradable, y ya en el estudio, hicimos todo el trabajo que tocaba hacer.
Esa tarde en casa se lo conté a Cristian, siempre nos contábamos todo, y no quería tener secretos con él.
Él también me contaba a veces, las insinuaciones o indirectas, de algunas médicas o enfermeras, tanto en el hospital como en la clínica, pero yo confiaba en él, tanto como él confiaba en mí.
Al día siguiente se lo conté también a Pilar, y me dijo:
-¿Y? ¿Te largó los perros? Está lindo el guacho!
-No boluda! Hablamos cosas normales, además me contó de su novia y yo de Cristian!
-Yo le entraría!
-Tenés novio guacha!
-¿Y eso que tiene que ver? Un tirito le daría!
-No te tenía en esas... ¿Ya tiene cuernos tu chico?
-Un par nomás, pero nada importante! ¡Vos no tuviste alguna escapadita?
-No, tengo a mi marido, y estoy muy bien con él!
-Yo también estoy muy bien con Juan, pero bueno, de vez en cuando viene bien..., después de todo es mi novio no mi dueño, mi cuerpo es mío nena...
-Mi cuerpo también es mío, pero solo se lo doy a Cristian...
-Tendrías que probar alguna vez...
La conversación quedó ahí, no se me cruzaba por la cabeza estar con otro hombre, no tenía la necesidad ni la curiosidad de probarlo.
En las dos siguientes veces en que Gonzalo vino al estudio, lo hizo a la una del mediodía, hora en que salgo a almorzar. Una de esas veces, yo salía cuando él bajaba de su auto, y almorzamos juntos antes del trabajo en el estudio. La otra, yo ya estaba sentada en el restaurante con mi ensalada cuando él entró, y se sentó a almorzar conmigo.
En esa oportunidad, comentamos que a los dos nos gustaba leer, aunque a mí me gustaban las novelas, a él le atraían los libros de ciencia ficción, y me dijo que desde hacía un tiempo, leía por internet, había encontrado un sitio donde podía leer online muchos libros y me dijo de pasarme el link.
Nunca habíamos intercambiado números de teléfono particulares, las veces que hablábamos por teléfono eran desde su empresa, al teléfono del estudio o viceversa.
Me dijo que me pasaba el link a mi cuenta de correo, pero como la única que tenía era la del estudio, le di mi cuenta personal, la que tengo en mi teléfono, y un momento después, me llego el link de ese sitio web.
Esas veces cuando volví al estudio con Gonzalo, Pilar me miraba con cara de pícara, quizás imaginando que entre Gonzalo y yo estaba pasando algo, pero era todo lo contrario, eran conversaciones amenas y distendidas, incluso sin tocar temas íntimos, conversaciones triviales digamos.
En la siguiente juntada con las chicas, a las que también iba a Pilar, Eva nos presentó a una amiga suya, el grupo se iba agrandando, su nombre era Patricia, y congeniamos rápidamente con ella.
Durante la noche, en un momento de la conversación, hablando de hombres, Pilar sacó el tema de Gonzalo:
-Al estudio va un bombón que le tiene ganas a una que yo conozco…
En clara alusión a mí, y agregó:
-No saben lo bueno que está, y una que yo sé ya almorzó varias veces con él…
No quería que las chicas creyeran que andaba en algo, por lo que dije:
-Solo almorzamos, además tiene novia y yo estoy casada! No pasó nada, ni pasará!
Y con cara de guacha dijo:
-Todavía… Ganas te tiene, aunque tenga novia!
-No estoy en ese plan chicas, estoy muy bien con mi rulito!
Y en ese momento Clara dijo:
-Bueno Viole, una alegría es una alegría… Yo vengo dándome algunas alegrías, que le voy a hacer…
Escuchando eso le pregunté:
-¿Siguen torcidas las cosas con Andrés?
-Se puede decir que volvimos a la normalidad de antes de la pandemia, pero bueno… de vez en cuando picoteo algo fuera de casa…
Y en ese momento fue Evangelina quien habló.
-Chicas… también me hice una escapadita…
-Jodeme!
Dijo Clara, la miramos para confirmar lo que estábamos escuchando. Después de la pandemia, estaba saliendo con Mauricio, y según nos contaba, estaba enamorada, y Clara le dijo:
-Contá guachita! Te lo tenías calladito!
-No era la intención, pero bueno… pasó…
Intrigada le pregunté:
-¿Y con quien Eva?
-En el cumpleaños de un amigo me encontré con Julián, ¿se acuerdan de Julián?
Yo al menos lo recordaba, aunque no lo conocí en persona, no habían tenido una relación con ese chico, pero si habían tenido sexo varias veces, y Clara dijo:
-Si me acuerdo! ¿Y te lo cogiste?
-Me iba del cumpleaños y él me dijo que me llevaba, y… una cosa llevó a la otra y terminamos en su casa… me echó un tremendo polvo y después me llevó a casa!
Y Patricia le preguntó:
-¿Esa sola vez?
-No, nos volvimos a ver el martes, también en su casa…
-¿Y Mauricio?
-No sabe nada, claramente! Estamos bien, pero bueno… es mi novio, no mi dueño!
Otra, pensé en ese momento aunque no lo dije, Pilar había dicho eso mismo, y saltó diciendo:
-Ves Viole! Es lo que yo te digo… no seas tan legal… tu cuerpo es tuyo, no de tu marido… ¿o acaso pensás que si a los tipos se les pone a tiro una mina, no le dan? No es por meter púa, pero se sabe lo que son los hospitales y las guardias…
-Cristian no es así, confío en él plenamente!
-Eso está bien, pero… ojos que no ven corazón que no siente nena…
Dijo Patricia, sumándose a lo que parecía el denominador común, y entonces le pregunté:
-¿Vos también tenés tus agachadas Patri?
-Hace más de tres años que estamos de novios con Franco, también estamos bien, pero algunas cañitas al aire he tenido… Hace unos meses que me porto bien, pero he tenido un par de cositas por ahí…, y si algo aparece… bueno… una no es de piedra…
Ya no dije más nada, tampoco quería quedar como la santurrona, pero no tenía intenciones de algo así, aunque deslizaran que Cristian podría tener algo con alguna otra mujer en el hospital.
Por suerte para mí, cambió el tema de conversación, porque no quería que me cargaran las tintas con Gonzalo, nada tendría con él, aunque fuera un lindo chico y muy simpático.
¿Acaso era normal para las chicas el estar con otros hombres? Al menos en mi forma de ver las relaciones, las entendía como de un nivel de compromiso tal, que no entraban otras personas.
Soy consciente de que no todas las relaciones son iguales, claro está, no todas las personas pensamos igual, ni vemos las cosas de igual forma, incluso existen las relaciones abiertas, las que incluyen a otras personas o hasta las que intercambian sus parejas, y a la vista está, las que son infieles sin que les tiemble el pulso.
Pero a mis veinticinco años, no estaba en mí el probar ninguna de esas variantes, ni la necesidad de probar otras cosas con otras personas, al menos no hasta ahora.
Cada vez que me juntaba con las chicas, medio en gracia, medio enserio, hacían algún comentario referente del descontrol en los hospitales, en las guardias, como dándome a entender que eso que para ellas era casi normal, también podría serlo para Cristian, pero yo nunca había notado nada extraño en nuestra relación, al menos algo que me diera a sospechar.
*
Al mes siguiente, Gonzalo llegó a la empresa con varias carpetas y documentos, y luego de hacer el trabajo, a eso de la una menos diez, me preguntó si ya bajaba a almorzar. Pilar escuchó y me dijo que fuera, que ella se quedaba, y bajamos juntos, yendo al restaurante de cada día.
El almuerzo volvió a ser un momento ameno, una charla distendida hablando de sus cosas y las mías, nada raro, por qué no decirlo, eran buenos momentos de conversación entretenida.
A mediados de octubre de ese 2021, Gabriela me dijo una mañana, que noviembre sería su último mes de trabajo, por lo que a partir de diciembre, yo sería la responsable de esas tres cuentas, y aunque ya estaba al tanto de todo el trabajo, no dejaba de ser una responsabilidad para la que quería estar bien preparada.
Se lo conté a Cristian esa tarde al llegar a casa, y me dijo que estaba más que seguro de que lo haría muy bien, que era muy capaz.
En ese mes de noviembre, en la juntada con las chicas, me volvieron a chicanear con Gonzalo, pero esquivé sus comentarios, no quería que me dijeran ya más nada de hacer algo con él.
Cristian también se juntaba a comer un asado con sus amigos algún viernes al mes, habitualmente en la casa de Claudio o de Marcelo, que tenían un quincho con parrilla.
Además de esos dos chicos, también iba Fausto, que con Cristian eran los cuatro que jugaban al pádel cada semana, y también iban Guillermo y Manuel, completando el grupo de los seis amigos que se conocían desde la secundaria.
Yo los conocía a todos, muchas veces habían estado en casa, aunque al no tener parrilla, las juntadas en casa eran con pizza o empanadas, y después de cenar, juntaban la mesa y jugaban al truco hasta cualquier hora.
*
En los últimos días de octubre, el jueves 28, a la cuenta de correo electrónico que tengo en mi teléfono, me llegó un mail de una extraña casilla llamada, [email protected].
Pero lo que me llamó la atención fue el asunto de ese correo, "Violeta, estás seguro que tu marido juega el pádel todos los martes?"
Abrí el correo electrónico, y en el cuerpo del mail decía exactamente lo mismo, solo eso.
Mirando ese mail sin entender, supe que quién lo había enviado, me conocía, conocía a Cristian, y sabía que jugaba al pádel los martes.
Sin entender que estaba pasando respondí ese mail:
-¿Quién sos? ¿Por qué me mandaste este mail?
No hubo respuesta a ese correo ni en ese momento, ni en los días posteriores.
¿Alguien sabía algo que yo no? ¿Tenía que comenzar a desconfiar de Cristian?
Las chicas me habían llenado la cabeza mil veces con lo que es el ambiente médico, los polvos entre médicos y enfermeras, o entre médicos, pero nunca les di pelota, no pensaba eso de Cristian.
Pero algo quedó dándome vueltas en la cabeza, y el viernes a la tarde, al salir del estudio fui a visitar a mamá, pero antes hablé con mi tía Nancy, le mostré el correo que me había llegado, y tan extrañada como yo me dijo:
-Mira nena, los hombres son hombres, y si se les pone una concha a tiro, muchos caen sin pensarlo, y luego siguen como si nada. No lo veo a Cristian en esas, pero si fuera vos, quizás estaría un poco más atenta!
-¿Y qué puedo hacer? ¿Aparecerme un martes en la cancha de pádel? ¿Con qué excusa? No me puedo dejar llevar por un mail de alguien que ni siquiera sé quién es!
-No, dejarte llevar no, pero estar atenta! No sé... ¿Le revisaste alguna vez el teléfono?
-No nunca, ni él a mí, aunque ninguno de los dos tenemos contraseña ni patron...
-Hagamos una cosa, el martes a la hora que tiene que estar en el pádel, te llevo y vemos si está su auto, sí está, quiere decir que está jugando en esa cancha y te quedás tranquila.
-No sé Nan, no puedo pensar eso de Cristian...
-Sácate la duda... si está jugando no le das más pelota a ese mail!
Así quedamos de acuerdo con mi tía que el martes siguiente me pasaría a buscar por casa, y a la hora en que Cristian tenía que estar en la cancha de pádel, pasaríamos por ahí para ver si estaba su auto.
Pensé en contarle a Cristian del correo que me había llegado, pero si lo hacía y él estaba en algo con alguien, no me enteraría nunca.¿Estaba desconfiando de él? ¿Había motivos para hacerlo?
Continuará…
Continúa en
- Relato #234765— title-regex: contiguous parts (3 -> 4)
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