¿El amor es suficiente? (6)
El teléfono vibra en su bolsillo. No es un mensaje de amor, sino una acusación silenciosa que la obliga a tomar una decisión que cambiará todo: ¿confiar en su marido o creer en la verdad que le acaban de enviar?
¿El amor es suficiente?
Capítulo 6
El lunes siguiente me tuve que bancar nuevamente a Pilar diciéndome cosas de Gonzalo, y para peor, que me dijera que había visto el beso que me había dado.
Qué suerte la mía, ese beso que no había buscado ni querido, me dejaba mal parada respecto de lo que siempre le decía a ella o a las chicas.
Pero lo que sí le dije, fue que estábamos hablando y que sin esperarlo, de repente me había dado un beso, pero luego me fui, y la muy forra, con esa sonrisa de guacha me preguntó si se lo había contado a Cristian.
Casi dos semanas después volví a ver a Gonzalo, justo cuando bajaba a almorzar, él llegaba con su auto, bajó y ante mis nervios nos saludamos con un beso en la mejilla como siempre y me dijo:
-Hola Violeta, ¿vas a almorzar?
-Hola Gonzalo! Sí, pero preferiría hacerlo sola…
-Te entiendo y quería que hablemos para pedirte disculpas por lo de esa noche, estaba un poco borracho y me fui a la mierda, por favor, perdoname… fui un boludo…
-Está bien, pero de todas formas preferiría que solo nos veamos por trabajo, no quiero malos entendidos…
-Tenés razón… pero por favor, olvidate de lo que pasó, fue un arranque nada más, no lo pensé en el momento… por favor, no quiero que pienses mal de mí, ni que dejemos de hablar… pero entiendo… almorzá tranquila, yo espero en el auto a que vuelvas…
Me fui al restaurante pensando en lo que había dicho, no quería que volviera a confundir las cosas, tan solo nos conocíamos por el trabajo, y nada quería tener con él más que eso, pero me pareció sincera su disculpa.
Volví de almorzar y subimos al estudio para hacer lo que tenía que preparar para que se llevara a su empresa y solo hablamos de trabajo.
Como me lo imaginaba, en esa juntada de marzo con las chicas, se habló del beso que me dio Gonzalo en ese bar, y todas terminaron diciendo que era una boluda por no “darle una probadita” a ese bombón, Pilar la que más, insistiendo en que lo tenía detrás de mí a la espera de que me decidiera.
Les volví a decir que nada pasaría con Gonzalo, y que ese beso había sido sin mi consentimiento.
Por suerte cambiamos de tema y tanto Clara como Pilar contaron sus andanzas, pero fue Clara quien nos terminó diciendo que su marido sospechaba algo y su matrimonio estaba en la cuerda floja.
Me pareció que mi opinión podría ser válida, cuando le dije que para estar así, por qué no se separaba de Andrés y cada uno seguía con su vida, pero la respuesta unánime fue que dejara de ser tan santurrona, que viviera la vida, y me dejara de joder.
Hay momento en que más que amigas parecen todo lo contrario, yo respetaba lo que decidieran para su vida, y la forma en la que hacían las cosas, pero esa doble vida en algún momento les pasaría factura, y ese fue mi parecer, repelido por sus comentarios, por lo que opté por no volver a opinar en ese tema.
*
Con trabajos estables y horarios acomodados, en ese mes de abril, hablamos por primera vez con Cristian de tener un hijo.
Fue luego de una cena, esa noche de sábado, que con la intensa lluvia nos quedamos en casa, y luego de estar de acuerdo en ser padres, decidimos que nos gustaría pensar en un bebé antes de mis treinta años, casi los treinta y dos de Cristian, con lo que nos quedaban unos años para planificarlo.
Dijimos que lo seguiríamos hablando, para acordar el momento en que yo dejaría de tomar las pastillas.
Como siempre después de la pandemia, habíamos vuelto a los almuerzos de domingo con nuestras familias, un domingo con cada una, y en las veces que íbamos a casa de la familia de Cristian, si estaba su hermano Alan, volvía a sentir esa mirada que tanto me incomodaba, pero lo compensaban las charlas con Amalia, que sin dudas eran lo mejor de esos domingos en su casa.
Mientras Ignacio y sus hijos hablaban de sus cosas, nosotras nos íbamos a la cocina a hablar “cosas de mujeres”.
Le contaba de algunas cosas de mi trabajo, cuando Alan apareció por la cocina y se despidió, diciéndole a Amalia que volvía a la hora de cenar.
Un momento después, apareció también Marcos y dijo que vendrían sus amigos en un rato.
Qué diferencia entre los hermanos de Cristian, Alan tan seco y hermético, y Marcos todo lo contrario, muy simpático y agradable, cuando se dirige a mí, lo hace diciéndome “cuña”, y yo lo adoro, a él y a sus dos amigos, que incluso han estado en casa cenando.
Con Amalia hablábamos de muchas cosas, y charlando esa tarde le conté de la conversación con Cristian sobre tener un hijo, y me abrazó feliz por la futura posibilidad de ser abuela.
Muchas veces había querido hacerlo, pero no me había animado, pero en ese momento me decidí y se lo pregunté:
-Amalia, ¿puedo hacerte una pregunta?
-Claro corazón!
-No sé si habrás prestado atención, pero desde que estamos de novios con Cristian, casi desde el principio, siento que a Alan le pasa algo conmigo…
-Alan desde la adolescencia ha cambiado mucho, esa forma de ser, de hablar, de comportarse…, seco, serio, por momentos como de mala onda, la tiene desde los trece, antes era muy distinto, no sé… más alegre, más divertido por decirte, pero desde esa edad lo veo como amargado, muy metido en sus cosas… muy hermético, de hecho casi no sé nada de su vida.
-La primera vez que fui a Pinamar tuvimos una conversación, no sé si te contó algo…
-No, nunca me contó que habían hablado, bueno… no me cuenta casi nada, y no creas que no me doy cuenta de que casi no te trata, todo lo contrario a Marcos!
-Tal cual! Marcos es un sol!
-Esa vez se lo pregunté, si el pasaba algo conmigo, pero su respuesta no me gustó mucho… está bien que recién empezábamos con Cris, pero…
-¿Y qué te dijo?
-Que pensaba que yo estaba con Cris por el dinero, por la situación económica de tu familia, y la verdad me cayó mal que pensara eso de mí sin conocerme…
-Es un boludo! ¿Cómo pudo decirte eso?
-Dijo otras cosas más sobre las mujeres, no sé…, como que está resentido con las mujeres y me salió preguntarle si era gay…
Amalia me miró, no sé si para recriminarme lo que le había dicho a su hijo o para darme la razón.
-Por favor, esto que te voy a decir no se lo cuentes a nadie, bueno a Cris si querés, alguna vez también lo pensé, sale poco, casi nada, nunca le conocimos una novia, ni una amiga, nunca trajo una chica a casa, ni una compañera… solo su par de amigos de la adolescencia, y lo hablé hace un tiempo con Ignacio también, imaginando que quizás no quisiera blanquearlo, por temor a lo que Ignacio pudiera pensar o decir, pero Ignacio no es un tipo cerrado, cuando le pregunté cómo se lo tomaría si Alan fuera gay, me dijo que no le importaba, que siempre seguiría siendo su hijo, y lo querría siempre, sea cual fuera su elección de vida.
Esa conversación quedó ahí en ese momento, porque Ignacio llamó a Amalia para decirle que Cristian le había contado también a su padre, la noticia sobre nuestro futuro plan de ser padres.
Volvimos al estar y poniéndose de pie, Ignacio me dio un abrazo, feliz por la idea de hacerlo abuelo, y Marcos también nos abrazó, riéndose y diciendo:
-Jaja! Voy a ser el tío Marcos! Y desde ya les digo a los dos, que lo voy a hacer hincha de River!
Nos causó gracia y Cris le dijo:
-¿Y si es nena?
-Será hincha de River también!
-Bueno! Eso ya lo veremos!
Dijo Cristian.
Nos quedamos tomando un café y conversando los cinco en el estar, hasta que sonó el timbre, Marcos fue a abrir la puerta, y volvió con sus dos amigos, que ante el comentario de Marcos, también nos saludaron, pero creyendo que ya estaba embarazada, por lo que debimos aclararles que aún no lo estaba, pero que lo estábamos planeando.
*
Casi me había olvidado de ese correo electrónico, pero en los primeros días del mes de mayo, al revisar mi cuenta me encontré con otro mail, que en el asunto decía, "Violeta, ¿estás segura?"
Y al abrir el mail decía, "¿Estás segura que tu marido trabaja todas las horas qué dice trabajar en la clínica? ¿Y en el hospital? En 24 horas de guardia pueden pasar muchas cosas."
Volví a leerlo y pensé, la puta madre, otra vez vaya a saber quién, quiere meterme cosas en la cabeza, pero, ¿quién carajo y por qué? Claro está que me conoce, que conoce a Cristian, y sabe cosas de los dos.
Aunque pensando en que no podía dejarme llevar por ese correo, la duda volvía a golpearme, ¿qué sabía esa persona? ¿Por qué me enviaba esos correos?
Con dudas, sin poder creer que Cristian hiciera algo así, y hasta enojada, decidí contestar ese correo, y escribí:
-No sé quién sos, ni por qué escribís estos correos, pero sin dudas sos un o una cobarde que no tiene el coraje de darse a conocer, y si con estos correos, me estás queriendo decir algo, no seas cagón o cagona, y decilo de una vez, ¿a qué le tenés miedo? ¿Por qué te escondés en el anonimato? Da la cara o de lo contrario no me jodas más.
Le di enviar al terminar de escribir, en el correo anterior también había preguntado cosas, pero no había tenido respuesta, pero esta vez unos minutos después, me volvió a entrar un correo de esa cuenta, qué decía, "Por el momento no sabrás quién soy, pero te aseguro que sé cosas que vos no sabés, como también sé cosas de vos que tu marido no sabe. Ya volverás a saber de mí."
Y ya completamente salida de mis casillas, le volví a responder.
-Decime quién sos y lo que sabés o andate a la puta madre que te parió.
Y le di a enviar.Ya no hubo más respuestas, y más enojada me quedé todavía.¿Tendría que contarle a Cristian lo que me estaban diciendo? ¿Hacerle saber que alguien estaba diciendo esas cosas de él?
Pero además también decía saber cosas de mí que Cristian no conocía, ¿acaso se refería ese beso con Gonzalo?
Decidí entonces no decirle nada a Cristian por el momento, pero recordando las palabras de mi tía Nancy, estaría más atenta.
Pero…, ¿qué podía hacer? ¿Aparecerme en la clínica o en el hospital? ¿Con qué excusa o razón?
Volví a estar preocupada, ¿tenía que contarle a Cristian lo de ese beso con Gonzalo? Si decidiera hacerlo, tenía que hacerle entender que yo no había provocado esa situación, y que luego de eso, había vuelto al trato solo de trabajo. ¿Me creería Cristian?
Y decidí que se lo contaría, en algún momento lo sabría. Solo así podría llegar a cuestionarle lo que decía en esos correos electrónicos.
Finalmente decidí no decir nada por el momento, ¿tendría que estar atenta a las movidas de Cristian? Nunca me había dado ni una sola razón para llegar a sospechar, ni llamadas o mensajes a deshora, ni llegadas fuera de horario, ni nada que se le parezca, no tenía sentido sospechar de Cristian, no al menos hasta no tener alguna razón para hacerlo.
*
Pasaron las semanas y no volví a recibir ningún correo, y en la juntada del mes de junio, les mostré ese correo a las chicas.
La primera en decir algo fue Pilar.
-Viste boluda, alguien sabe cosas de tu marido, y vos seguís de legal.
-No puedo fiarme de lo que dice un correo Pilar, ni siquiera dice quién es, está claro que nos conoce, pero no me puedo dejar llevar por algo así!
En ese momento fue Eva quien preguntó:
-¿Quién puede querer que la relación con tu marido se complique?
-No lo sé Eva, y es lo que me pregunto…Clara fue la que habló después.
-¿Y qué es lo que sabe de vos que Cristian no?
-Tampoco sé, lo único que me podría llegar a recriminar Cristian, es ese beso que me dio Gonzalo, pero le haría entender que ni lo busqué, ni lo respondí, que no lo pude evitar, porque no pensé que lo haría. Otra cosa no hay, porque nada tuve ni tengo con ningún otro hombre desde que estoy con él.
Y Patricia preguntó:
-¿Algún ex tuyo o de Cristian?
-Mío solo Matías, pero no he vuelto a verlo ni a saber de él en años, y no conoce a Cristian. Y por parte de Cristian, no lo sé...
-Pero algo de cierto debe haber, algo debe saber, ¿qué sentido tendría sino que te envíen esos mails?
Dijo Pilar, metiendo el dedo en la llaga, pero le contesté:
-Pilar, yo las respeto a ustedes y lo que hacen a espaldas de sus novios o maridos, y no las juzgo, pero eso no quiere decir que todos seamos iguales!
-Violeta, creo que estás anclada en el formato de las relaciones de hace cincuenta años, la exclusividad en las parejas es algo cada vez menos visto!
-Perfecto, lo entiendo! Pero ¿vos le contás a tu novio con quién te acostas y cuándo? ¿Él lo sabe? Y si es así y él también se acuesta con otras mujeres, y la relación de ustedes sigue bien, buenísimo, si no, es una infidelidad o como quieras llamarle!
Y Clara intervino
-Tenés razón Viole, yo le soy infiel a mi marido, porque así lo decido y soy consciente de lo que hago y del riesgo, y si algún día se entera o me descubre, supongo que se pudrirá todo!
-¿Y eso te preocupa? ¿Que tu matrimonio se termine te pone mal?
-En este momento casi que te diría que no...-Bueno, a mí sí! Y aunque no quiera darle pelota a esos malditos mails, y al o la hija de puta que los escribe, no puedo hacer como si nada!
Y fue Eva quien hablo entonces:
-No te persigas Viole! Quizás lo haga para hinchar las pelotas, sin siquiera saber o estar seguro de nada! No te enrosques! Creo que lo único que podrías hacer, es estar más pendiente de lo que hace Cristian! O también encararlo y hablar con él de esos correos!
-Quizás tengas razón... Pero nunca tuve con él una mínima razón para sospechar!
Después de eso por suerte cambiamos de tema, y dejamos de hablar de mí y de esos correos, me pude relajar, y disfrutamos de la noche de chicas.
En el camino de vuelta a casa, fui pensando en que no me enroscaría con esos correos, necesitaba que mi vida con Cristian siguiera siendo lo que era.
*
En el mes de julio en las vacaciones de invierno, nos pudimos tomar una semana, y aunque hacía frío, nos volvimos a ir a Mar del Plata por cuatro días, al mismo departamento que habíamos ido aquella vez.
Fueron unos días hermosos, muy fríos, pero igualmente la pasamos muy bien, sobre todo en los momentos de pasión, donde sin apuros y sin horarios, nos dimos placer de todas las maneras posibles.
Fuimos al casino y jugamos a la ruleta por primera vez, aunque solo por un rato y apostando unos pocos pesos, almorzamos en el puerto, y paseamos por la playa, aunque el viento frío del mar no nos privó de caminar descalzos por la arena.
Volvimos a La Plata, y nos quedamos en casa esos tres días, hasta el lunes siguiente, en que los dos volvíamos al trabajo.
Con el correr de las semanas me fui olvidando de esos correos, y nuestra vida seguía su normalidad, aunque mentiría si dijera que por momentos no los recordaba, pero el día a día de Cristian era como siempre.
*
La situación con Gonzalo dejó de ser tensa, creo que terminé comprendiendo, que ese beso había sido impulsado por la borrachera, y Gonzalo volvió a ser el de siempre, y aunque no todas las veces, algún mediodía volvimos a almorzar juntos en el restaurante, estando ya allí cuando él entraba.
En la juntadas con las chicas, por suerte aflojaron un poco con Gonzalo, y en esa noche de viernes del mes de agosto, Eva nos contó que estaba conociendo a un chico, que le gustaba y que podría llegar a enamorarse de él, por lo que había dejado, al menos por ahora, los encuentros con otros hombres.
No quise hacer ningún comentario, solo le dije que me alegraba por ella, pero quizás ese chico la haría sentar cabeza.
Clara contó también que la situación en su matrimonio casi que no daba para más, que hacía ya meses que ni se tocaban, y aunque la convivencia era generalmente buena, se cruzaban lo menos posible en la casa.
Tampoco quise opinar, pero para vivir así, sería mejor separarse, pero como dice el dicho, cada casa es un mundo, y en ese mundo no me quería meter.
El viernes siguiente a esa juntada, Cristian iba a comer un asado con sus amigos a la casa de Marcelo, y aunque se me cruzó por la cabeza, no quise pensar nada raro, mi rulito hermoso seguía como siempre, tan pendiente y amoroso conmigo, cómo lo es desde que nos conocemos.
*
En el mes de octubre, el viernes 7 y el lunes 10 eran feriados, y coincidió que saliéramos los dos, Cristian se juntaría ese viernes con sus amigos en casa de Claudio, y con las chicas nos juntaríamos también, ya que el cumpleaños de Evangelina había sido el 3 de octubre y lo festejaríamos ese viernes.
Las chicas habían vuelto a proponer ir al bar de 44 y 17, y como la mayoría estuvo de acuerdo, quedamos en encontrarnos allí mismo para cenar primero nosotras y luego, a eso de las once y media, vendrían los amigos y amigas de Eva.
Esa noche ya cambiada, nada estruendoso ni llamativo, tan solo un jean, una camisa turquesa y la campera de jean haciendo juego y unas sandalias bajas, Cristian me llevó hasta ese bar, y de allí se iba para la casa de Claudio.
Nos despedimos con un beso antes de bajar del auto, diciéndome que le avisara si quería que me viniera a buscar.
Entré al bar, Patricia y Clara ya estaban sentadas en una mesa, las saludé y me senté con ellas, un momento después llegó Pilar, les conté que Cristian me había traído antes de ir a casa de su amigo a comer un asado, y por último llegó Evangelina.
Pedimos la comida, las chicas decidieron tomar vino, pero yo preferí tomar una cerveza. Mientras esperábamos que nos trajeran lo que habíamos ordenado, Clara nos contó:
-Chicas, la semana que viene, comienza el divorcio!
La miré y le pregunté:
-¿Qué pasó Clari?
-Ya no da para más chicas, y aunque no me enganchó en ninguna, ya lo sabe, ya se dio cuenta, un par de días volví demasiado tarde a casa, y supongo que ahí lo supo, bueno… no hacía falta demasiado…
-¿Y cómo estás?
Le pregunté, que en el fondo era lo que más me importaba.
-Qué decirles... Era cuestión de tiempo, lo que me llevó a casarme con él ya no existe, y cada vez se hizo más notoria la diferencia de edad, yo quiero salir, divertirme, pasarla bien, y él quiere todo lo contrario, tuvimos una conversación bastante adulta, y decidimos que la semana que viene comenzamos los trámites del divorcio, será de común acuerdo, y ninguno de los dos pondrá ninguna pega, y yo me volveré a vivir a mi departamento.
Y Pilar con su acostumbrada acidez le dijo:
-Bueno te sacaste al viejo de encima! Ahora a disfrutar de la vida!
Y no me cayó bien ese comentario, después de todo Clara se había casado enamorada de él, si no funcionó, cada cual por su camino y listo, pero decidí no hacer ningún comentario.Nos trajeron la comida, y mientras cenábamos, Evangelina nos contó de Marcos, ese chico con el que había empezado a salir, Pilar contó de sus andanzas y Patricia de las suyas.
Yo no quería que saliera el tema de Gonzalo, aunque habíamos vuelto a hablar o incluso almorzar juntos, no había hecho ningún comentario que me hiciera sentir incómoda, incluso luego de una conversación en la que me contó la relación con su novia, le conté de esos dos correos electrónicos que me habían llegado, y al igual que las chicas, me habías dicho que no me tenía que enroscar con eso, que si bien podría ser alguien que nos conocía, quizás tan solo quería crear problemas en mi matrimonio, pero si yo confiaba en mi marido, y mi marido confiaba en mí, no tenía que hacerme problemas por eso.
Pero el tema de Gonzalo volvió a salir en esa charla, y quién si no, Pilar. Les contó a las chicas que habíamos vuelto a almorzar algunas veces juntos, y ya me empezaba a arrepentir de contarle tantas cosas a Pilar, para que después me anduviera jodiendo con eso en las juntadas con las chicas.
Les volví a asegurar que entre Gonzalo y yo no había ni habría nada, nada más que algunas conversaciones intrascendentes, pero solo eso.
Terminamos de cenar, y las chicas propusieron pedir un trago hasta que los amigos y amigas de Eva llegaran, a las once y media de la noche.
La ronda fue de gintonic para todas, y luego de chocar los vasos, brindamos por nosotras.
Faltaba aún media hora para que llegaran los amigos de Eva, cuando ya íbamos por el segundo gintonic, ella dijo que por ser su cumpleaños, nos invitaba la cena y los tragos.
Ya cerca de las once y media empezaron a llegar los amigos y compañeros de Eva, que la saludaban y se iban sentando en nuestra mesa hasta que ya no hubo lugar.
Cuando llegó otro grupo de chicas y chicos, nos levantamos de la mesa y fuimos para el lado de la barra.
Yo todavía tenía mi segundo gintonic, y en ese momento no pedí otra bebida, no quería llegar a emborracharme.
Luego de que todos tuvieran sus bebidas, brindamos y le cantamos el feliz cumpleaños a Eva, al que se agregaron muchas de las personas que nos estaban escuchando.
A unos metros vi que Clara ya estaba hablando con uno de los chicos, muy cerca y sonriendo, por lo que imaginé que ya tenía su candidato para esa noche.
Aunque estábamos todos juntos, de pie a un par de metros de la barra, se fueron armando pequeños grupos que conversaban entre ellos, yo quedé junto a Pilar y a Patricia, conversando mientras seguíamos con nuestras bebidas.
Por las dudas de que Cristian me enviara algún mensaje y no lo escuchara, me puse el teléfono en el bolsillo del pantalón, dentro de la cartera con el volumen de la música sería imposible escucharlo.
A eso de las doce menos cuarto lo sentí vibrar, lo saqué del bolsillo para leer el mensaje que seguramente sería de Cristian, pero en la aplicación de mensajes, no había ninguno, la notificación era de la entrada de un correo.
No sé por qué pero abrí el correo, y al ver quién lo había enviado me cambió la cara, era un mail de esa maldita cuenta.
Lo abrí y en el asunto decía: "¿Sabes dónde está tu marido en este momento?" Y en el cuerpo del mail ponía: "Violeta, ¿estás segura de que tu marido está comiendo un asado con sus amigos?”
Y la puta madre que la parió! ¿Cómo carajo sabe todo? No sé qué cara habré puesto, pero enseguida Pilar me dijo:
-¿Qué pasa Viole? ¿Qué es esa cara?
Giré mi teléfono y le mostré el mail.
-Ay boluda, otra vez! ¿Dónde está Cristian ahora?
-Comiendo un asado con los amigos!
-Estoy en el auto boluda! Vamos y vemos si está ahí, ¿sabes la dirección donde está?
-Sí, sé donde está…, pero no sé Pilar…, no puedo pensar mal de Cristian cada vez que me llega un mail...
-Salí de dudas boluda! vamos y vemos si está ahí, si está en la casa de su amigo, listo, chau, ya no le das más bola a esos mails, lo bloqueás!
-No sé Pilar...
Me había vuelto esa maldita duda que quien enviaba esos mail buscaba, pero no lo podía evitar, y pensando que hacer le dije:
-¿Nos vamos a ir ahora? ¿Qué decimos?
-No decimos nada boluda! ¿Es lejos?
-No, en 33 entre 20 y 21!
-Vamos y venimos! Si está ahí nadie se va a dar cuenta que no fuimos veinte minutos!
No sabía qué hacer, era claro que quien había enviado el mail, sabía que esa noche Cristian comía un asado con sus amigos, tuve dudas y decidí aceptar la idea de Pilar.
-Bueno vamos!
Continuará…
Continúa en
- Relato #234908— title-regex: contiguous parts (5 -> 6)
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