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¿El amor es suficiente? (7)

Descubrió que su marido la engañaba con sus propios ojos. La rabia y el alcohol la empujaron a la cama de otro hombre, pero al volver a casa, la culpa la devoró más que el placer. Ahora, con el secreto pesando sobre su matrimonio, debe decidir si confronta la verdad o se sume en una mentira doble.

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¿El amor es suficiente?

Capítulo 7

Salimos las dos del bar sin decirle nada a nadie, sí Cristian estaba ahí, en veinte minutos o media hora, estaríamos de vuelta.

Subimos al auto de Pilar y fuimos hasta la casa de Claudio. Ya en la cuadra pude ver el auto de Cristian, y respiré aliviada.Pilar paró veinte o treinta metros antes de la casa y me dijo:

-Llamalo o mandale un mensaje! Decile cualquier boludez, a ver si está ahí!

-Sí, pero antes le quiero contestar al puto o puta del mail! Lo quiero mandar al carajo y después bloquearlo, porque me está llenando la cabeza de mierda!

Abrí la aplicación de correo y me puse a escribir, caliente como estaba, escribía un montón de barbaridades.

No había terminado de escribir cuando Pilar me dijo:

-Alguien sale de la casa, ¿ese es Cristian?

Levanté la vista y vi a Cristian hablando con Claudio en la puerta de su casa, doce y cuarto y se estaba yendo.

Hablaron un momento y luego se dieron un abrazo, como despidiéndose y Cristian caminó hasta el auto, se subió y salió.

-¿Querés seguirlo Viole?

-Sí Pilar, no creo que esté volviendo a casa, nunca llega tan temprano!

Pilar arrancó su auto y lo seguimos a cierta distancia, dio un par de vueltas y no en dirección a casa.

Unas quince cuadras después, en la calle 39 entre 3 y 4, detuvo el auto y se bajó, Pilar detuvo su auto metros más atrás y apagó las luces.

Cristian caminó hacia la entrada de un edificio importante, de categoría, con el frente completamente vidriado y tocó el portero eléctrico.

Un par de minutos después, se acercó a la puerta de vidrio y le pedí a Pilar que arrancara y se acercara, pasamos a baja velocidad delante del frente de ese edificio, en el momento en que una mujer, de más o menos nuestra edad, de pelo rubio, abría la puerta, se saludaban con un beso, y caminaban hacia el interior del edificio.

Esa imagen fue como un puñal en el pecho, no me esperaba eso de Cristian, confiaba ciegamente en él, y la puta madre, odiaba tener que darle la razón a quien carajo enviaba esos correos.

Pilar siguió la marcha, y un momento después me dijo:

-Parece ser que quien te envía los mails, estaba en lo cierto...

No pude responderle, no me salían las palabras, una mezcla de sentimientos me atravesaban, decepción, tristeza, enojo...

No quería creerlo, no podía creerlo, no quería darle al que escribía esos mails, pero lo que acababa de ver, ¿qué otra explicación podría tener?

Aturdida cómo estaba ni me di cuenta por dónde íbamos, ni el momento en que llegamos nuevamente al bar.

Nos quedamos un momento en el auto y Pilar me dijo:

-Violeta, no es fin del mundo, y menos el de tu matrimonio, siempre nos decís que tu marido es el de siempre, no le des tantas vueltas, si se echa un polvo por ahí, y después vuelve a casa con vos y está como siempre, hacé cómo hacemos todos, ojos que no ven, corazón que no siente.

-No sé Pilar... No me esperaba esto, la verdad... No de Cristian…

-Vamos nena! No te vengas abajo! Como dice el dicho boluda, de los cuernos y de la muerte no se salva nadie! De última... hacé vos lo mismo!

-No sé Pilar... En este momento no puedo pensar nada...

-No pienses! No te enrosques! No te comas la cabeza! Tan solo disfrutemos la noche! Vamos!

-Me parece que me voy a casa...

-De eso nada mamita! Al mal, tiempo buena cara! Vamos a tomar algo y a pasar el mal trago!

Bajamos del auto, yo no estaba muy convencida, pero finalmente entramos nuevamente al bar.

El lugar ya estaba a reventar, y caminamos entre la gente en dirección a la barra, yo estaba como en el aire, sin terminar de creer aún lo que había visto, sin terminar de creer que Cristian estuviera en este momento con otra mujer, y me dio bronca, estaba enojada, lo que creía de un color, resultaba estar siendo de otro.

Ni sé lo que pidió Pilar en la barra, pero luego de un momento me entregó un vaso, era un gintonic. Lo tomé y le di un par de largos tragos, a ver si podía ahogar lo que estaba sintiendo.

Nos alejamos de la barra buscando a Eva y a la demás gente, a unos metros pude ver a Clara abrazada a un chico y a los besos, un momento después a Patricia conversando con otro chico.

Las mesas estaban todas ocupadas, y nos quedamos paradas contra una pared a unos metros de la barra, y casi sin darme cuenta me había terminado el trago. Pilar apuró el suyo y volvió a la barra.

-Esperame que ya vuelvo!

Había gente por todas partes, grupos riendo, conversando y bailando, y yo... yo estaba como en un pozo.

Pilar volvió con otro gintonic para las dos, me entregó mi vaso, y me dijo:

-Ahí vuelvo, voy a saludar a un chico que vi en la barra.

-Me quedo acá... Termino esto y me voy a casa, anda tranquila.

-Vamos Violeta! Cambia esa cara! No es la muerte de nadie! Disfruta la noche! Ya vuelvo!

Dijo eso y se fue en dirección a la barra nuevamente, y yo me quedé allí pensando, qué mierda voy a disfrutar de la noche, después de haber visto lo que vi.

Y pensé que el que sí estaría disfrutando la noche, sería Cristian con esa rubia, y mi enojo creció, no sabía ni qué pensar, ni qué sentir, pero estaba enojada, decepcionada, sin terminar de creer que también a mí me estuviera pasando algo así.

Le di dos tragos a la bebida, y bajé la vista pensando en salir de allí, cuando alguien a mi derecha dijo mi nombre.

-Violeta!

Al levantar la vista me encontré con Gonzalo, justo con Gonzalo, que con esa sonrisa caminaba hacia a mí, y al llegar me dijo:

-Hola Violeta! Qué bueno encontrarte!

-Hola Gonzalo...

Supongo que mi cara lo debe haber dicho todo, y me dijo:

-Eu... ¿Qué es esa carita? ¿Qué pasó?

-Nada...

-Contame Violeta... ¿Qué te pasa? ¿Por qué esa cara? ¿Está todo bien?

-No sé Gonzalo... Creo que nada está bien!

-Vení, hablemos!

Me tomó de la mano y me llevó hasta casi a la puerta del bar, donde la música, se escuchaba un poco menos.

-¿Qué pasa Violeta? No te veo bien! ¿Me querés contar?

Y entre el enojo que tenía, lo que había tomado, y mi mambo mental, le dije:

-Alguien que me conoce y conoce a mi marido, me ha estado enviando esos correos electrónicos, diciéndome que mi esposo me era infiel, me envió otro correo, el último hace un rato, diciéndome si estaba segura de que mi marido estaba en un asado con sus amigos, no quise darle pelota, pero era así, él estaba comiendo un asado con sus amigos, con Pilar fuimos hasta la casa del amigo y ahí estaba su auto, pero unos minutos después, salió, se despidió de su amigo y se subió el auto. Con Pilar lo seguimos hasta un edificio, tocó el timbre y una mujer rubia bajó a abrirle la puerta, y entró a ese edificio...

-Uff... Qué momento! Lo llamaste o le enviaste algún mensaje?

-No... Me hizo mierda ver eso... Nunca creí que andaba en eso!

-Violeta, no soy quién para dar consejos, pero las relaciones hoy en día, no son lo que eran antes, no sé si me entendés... Hay momentos en que se presentan determinadas situaciones, y tanto hombres como mujeres, acceden a ellas, y no por eso dejan de amar a sus parejas, solo son experiencias, y no pasan de eso, la exclusividad, no es muy común en estos tiempos, quizás sea duro de entender, es más, no estoy seguro de que mi novia no haya estado con otro alguna o algunas veces, como yo he estado con otras mujeres, pero luego estamos juntos, queriendo estarlo, y ya no me cuestiono tanto las cosas, quizás debieras abrirte a esas posibilidades...

-Nunca hablamos de algo así con mi marido, hubiera preferido que me planteara las cosas, no que las hiciera a escondidas...

En ese momento no pude evitar las lágrimas, Gonzalo al verme llorar me abrazó, y lloré desconsoladamente en su pecho, mientras sentía sus caricias en mi cabeza y mi espalda.

-Tranquila Viole! Entiendo cómo te estás sintiendo, ya me he sentido así también... pero bueno… fui entendiendo…

Me separé de él, secó las lágrimas de mis mejillas con sus pulgares, me miró y me dijo:

-Espérame acá! Ya vuelvo!

Se fue hasta la barra y un momento después volvió con dos tragos, otro gintonic, no suelo tomar tanto pero en ese momento no me importó, tenía que anestesiar todo eso que me estaba pasando.

Conversamos un momento de otras cosas, de habernos vuelto a encontrar en ese lugar, del motivo por el que había ido, y con el trago a medio terminar le dije:

-Termino esto y me voy, no quiero estar más acá...

-No estés mal Violeta! Son cosas que pasan... Y eso no significa que tu matrimonio se termine, otras cosas son más importantes en una relación...

-No sé Gonzalo... Ya no sé nada...

De dos tragos me terminé el vaso y le volví a decir:

-Me voy Gonzalo, no quiero estar más acá, todo este ruido me está matando...

-Vamos! Salgamos de acá y conversamos tranquilos!

Apoyamos los vasos en una mesa, y tomándome de la mano caminamos hacia la puerta, salimos del bar, y en la vereda me dijo:

-Violeta, vivo a cuatro cuadras de acá, vamos a casa y hablamos tranquilos, ¿te parece? Así te tranquilizas un poco...

No sabía qué hacer en ese momento, me sentía triste y decepcionada, pero sobre todo enojada, enojada con la situación y con Cristian. Le dije que sí, y caminamos media cuadra hasta su auto, subimos y arrancó.

Pasaron tan solo unos pocos minutos, cuando paramos frente a un edificio de calle 44 entre 22 y 23. Bajamos, yo bastante mareada, y entramos, ya en el ascensor, al verme al espejo, me volvieron a saltar las lágrimas, y Gonzalo me volvió a abrazar.

-Tranquila Viole! No llores por favor!

Fuimos hasta el cuarto piso, bajamos del ascensor, Gonzalo abrió la puerta de su departamento y entramos. Me saqué la campera y nos sentamos en el sillón, Gonzalo fue hasta un mueble, luego fue, supongo que a la cocina y volvió con dos bebidas, otro gin con hielo y tónica.

Le di dos tragos a la bebida y nos pusimos a conversar de otros temas, y cuando le pregunté por su novia me dijo:

-Hoy salía con sus amigas, y no te voy a mentir, supongo que también tiene sus escapadas con alguien más, pero bueno... Mañana nos veremos, y seguirá todo como siempre... ya no me hago problemas, y en parte porque yo también tengo mis andanzas, pero no es nada qué afecte a mi relación con ella, si pinta estar con otra mujer... no lo pienso demasiado, es como algo del momento, tan solo sexo y nada más...

-Nunca hice algo así, y creí que mi marido tampoco lo hacía...

-¿Lo notaste diferente? ¿Ha sido con vos de otra manera? ¿No cumple sexualmente?

-No, nunca sentí que algo afectara nuestra relación... todo está bien entre nosotros…

-Con más razón entonces... No puedo decir nada de tu marido porque no lo conozco, pero si quizás tiene sexo con alguien más y eso no afecta a la relación que tienen ustedes, es tan solo eso, y no hay más vueltas...

-Nunca pensé en que mi matrimonio llegará a este punto...

-Muchas parejas, incluso algunas que conozco, lo tienen asimilado, y no significa un problema para ellos, al contrario, un amigo de mi infancia, me cuenta que a partir de que abrieron su relación, están mejor que nunca.

-Nunca lo pensé... Ni siquiera hablamos alguna vez de eso...

-La rutina, estar siempre con la misma persona, a veces le juega en contra a una relación con los años, y si eso sirve para seguir adelante, pues bien, solo es cuestión de verlo así, tan solo sexo, sin interponer sentimientos, como en otros ámbitos de la pareja, qué sé yo, en los deportes, en las películas, en las relaciones con los amigos, muchas veces hacemos cosas que no hacemos con nuestras parejas, porque no les gustan, o por qué no lo disfrutan, y eso para mí no está mal, es parte de nuestra individualidad, no puedo pretender que mi novia vea o sienta las cosas como yo, y tampoco yo ver o sentir las cosas como ella.

La cabeza me daba vueltas, sin dudas todo lo que había tomado, me tenía muy mareada. Llegó un momento que Gonzalo hablaba a mi lado, y casi que no podía seguir el hilo de la conversación.

A mi vaso le quedaba tan solo un trago, me lo tomé y pensé que ya era momento de irme a casa, pero..., ¿con qué me encontraría?Gonzalo tomó mi vaso y lo dejó en la mesa baja, junto con el suyo, que también estaba vacío.

Su mano corrió el mechón de pelo que tenía sobre mi cara, y me besó. Un simple beso en los labios, no lo rechacé, y me volvió a besar, esta vez, por un momento más.

Volvió a acariciar mi cabeza, y me besó nuevamente, y en ese mambo mental que tenía, respondí a ese beso.

El enojo y el alcohol hicieron que aparecieran otras cosas, un sentimiento de revancha, como de "si él lo hace, ¿porque yo no?" o eso que venía escuchando de que la fidelidad era algo del pasado, y en el fondo, eso que ya había sentido una vez, el deseo de venganza.

Todo ese rejunte de sensaciones, pensamientos y sentimientos, me hicieron seguir con ese beso y esas caricias, y cuando me quise dar cuenta, nos estábamos sacando la ropa allí mismo, sentados en el sillón.

Estaba como en el aire, y en ese momento nada me importó, sin la camisa ya, solo el corpiño normal que llevaba ocultaba mis tetas, pero no por mucho, hábilmente lo desprendió y lo sacó, dejándome en tetas frente a él, pero aún con el jean puesto.

Me besó el cuello, y bajó con su boca a mis tetas, mientras desabrochaba el jean, y perdida en mi estado de enojo, me dejaba hacer, borracha casi, pero era consciente de lo que estaba ocurriendo, de lo que estaba permitiendo que ocurra.

Cristian cruzó por mi mente, claro, pero también lo hizo esa rubia que lo recibió en ese edificio tan concheto, e imaginé a Cristian revolcándose con esa mujer, desnudos los dos, haciendo vaya a saber qué…Gonzalo se quitó su remera y su pantalón, quedando en bóxer, me quitó las sandalias y luego el pantalón, para lo que colaboré levantando el culo del sillón.

Ya los dos estábamos tan solo con esa ropa interior que nos quedaba, Gonzalo me volvió a mirar a los ojos y me volvió a besar, supongo que viendo hasta donde iba a llegar, pero en ese momento me daba todo igual, y volví a responder a sus besos, con nuestras lenguas entrelazadas en su boca o en la mía, y sus manos abarcando mis pequeñas tetas, jugando con mis pezones entre sus dedos.

Se puso de pie, me tomó de la mano y yo también lo hice, me abrazó por la cintura mientras me besaba.

Así fuimos a su habitación, dando pasos cortos entre besos, hasta llegar al costado de su cama.

Se sentó y quedé parada frente a él, me besó las tetas, la panza y bajó hasta mi entrepierna, mientras me acariciaba los muslos y el culo.

Bajó mi bombachita y sentí su lengua en mi clítoris, y esa electricidad que ya conozco me atravesó.

Con mis manos en sus hombros, lo empujé para que quedara con su espalda cobre la cama, y apoyando mis rodillas sobre el colchón, bajé su bóxer y tomé su verga bien parada con la mano, la acaricié, y bajando mi cabeza me la metí en la boca.

Se la chupé por un momento, pero tomándome por ambos lados de la cabeza me detuvo, supongo que para no acabar aún.

Nos acomodamos bien sobre la cama, y Gonzalo volvió a besar y acariciar mis tetas, llevando nuevamente sus dedos a mi concha que a esa altura ya estaba mojada.

Acarició mi clítoris con habilidad llevándome al orgasmo, mientras su boca se ocupaba de mis pezones.

Gonzalo estiró su brazo hasta la mesa de noche y del cajón sacó un preservativo, que abrió y se colocó, lo cual agradecí, aunque tomo las pastillas, no quería ninguna sorpresa.

Con el forro ya puesto, llevó su cuerpo sobre el mío, con su mano ubicó su pija en la entrada de mi concha y lentamente me fue penetrando.

No era más grande ni más chica que la de Cristian, ni más larga ni más corta, simplemente era diferente, como también eran diferentes sus caricias, sus besos y su lengua en mi piel.

Y pensé en ese momento en lo que solían decir las chicas, “otras experiencias” y sin habérmelo propuesto ese día al salir de casa, la estaba teniendo, y a fuerza de la verdad, no me estaba resultando la experiencia de mi vida, diferente sí, pero no me estaba dando nada que no conociera o hubiera sentido antes.

A pesar de todas esas cosas que pensaba y sentía, me llegó otro orgasmo, al momento que Gonzalo exhalaba su eyaculación dentro de mí en el preservativo.

Se salíó de mí y se recostó a mi lado en su cama, y mi respiración se comenzaba a normalizar, pero con mi mirada al techo, seguía mareada aún.

Pensé en ese momento en que no podía quedarme dormida allí, por lo que con esfuerzo me levanté de la cama y fui al baño.

Entré, cerré la puerta y me paré frente al espejo, y mirándome me dije, ¿qué hiciste boluda? Le acabás de meter los cuernos a Cristian! ¿Valió la pena? ¿Todo esto por enojo?

Me lavé la cara con agua fría y la concha en el bidet.

Salí del baño, Gonzalo estaba aún desnudo en la cama, busqué mi tanguita y me la puse, volví al estar y buscando mi ropa me comencé a vestir, en el momento en que Gonzalo venía desnudo aún, y al verme me dijo:

-¿Ya te vas Viole?

-Sí Gonzalo!

-Quedate…

-Es mejor que me vaya…

-Esperá! Me visto y te llevo!

-Mejor no! Me voy en un taxi!

Solo me faltaba ponerme la campera, me paré frente a él y le dije:

-Gracias por el aguante! Pero esto no tendría que haber pasado!

-Pero pasó Violeta… y no me arrepiento…

-Yo sí Gonzalo… no tendría que haber llegado a esto… perdón, pero no volverá a ocurrir, y preferiría que no habláramos más de esto en el estudio, espero que lo entiendas y por favor, te pediría que no lo comentaras con nadie! Ya me voy!

-No te vayas así Violeta…

-Prefiero irme Gonzalo! Tengo que aclarar muchas cosas…

Salí de su departamento, llamé el ascensor y bajé.

Antes de salir a la vereda, miré la hora en mi teléfono, eran las tres menos veinte de la mañana y llamé un taxi, que llegó en menos de cinco minutos.

De camino a casa fui pensando en que hacer o decir si Cristian ya estaba, más me acercaba, más nerviosa me ponía, y el arrepentimiento y la culpa se comenzaba a adueñar de mí.

Ya antes de llegar a la puerta de casa, vi que el auto de Cristian no estaba y no sabía si agradecer por no tener que enfrentarlo en ese momento, o maldecir porque quizás aún estaba con esa rubia.

Entré a casa, directamente al dormitorio a sacarme la ropa, que metí directamente en la lavadora, incluida la ropa interior.

Busqué la remera de dormir y otra bombachita y me fui al baño.

Nuevamente frente al espejo me dije, ¿qué hiciste Violeta? ¿Cómo pudiste ser tan pelotuda? Ni siquiera estás segura de que Cristian estuviera cogiendo con esa rubia…La cagaste Violeta! La cagaste bien cagada…

Y lloré mirándome al espejo, y me odié por haber terminado en la cama con Gonzalo, si Cristian se acostaba con esa rubia, definitivamente yo no era mejor que él, ¿qué le podría recriminar o cuestionar?

¿Y ahora qué? ¿Cómo seguís ahora Violeta? ¿Calladita escondiendo lo que hiciste a espaldas de tu marido? ¿Con qué cara le preguntarías por su noche?

Me acosté, aunque no sé si podría dormir, apagué todas las luces como si lo estuviera, y en ese momento deseé dormir y despertarme sintiendo que todo ha sido un sueño, un mal sueño.

Lo escuché abrir la puerta, y miré la hora en mi teléfono antes de que llegara a la habitación, eran las cuatro y veinte de la mañana, más tarde de lo que suele volver habitualmente, ¿habrá sido un polvo largo, o varios polvos?

Lo escuché ir al baño, sin hacer ruido, me hice la dormida dándole la espalda a su lugar de la cama.

Sin encender la luz del dormitorio, se quitó la ropa y se metió a la cama, abrazándome desde atrás y dándome un suave beso en la cabeza, y me explotaron las lágrimas, y lloré en silencio, recordando lo que decían las chicas, los tipos van se cogen alguna mina y después vuelven y son el marido o novio ejemplar, ¿era este el caso? ¿Era cariñoso porque venía de coger con otra? ¿Venía con culpa?

Pero que podía decir yo, que venía de hacer lo mismo, y la puta madre, como fui tan pelotuda.

Unos minutos después, la respiración de Cristian se fue acompasando hasta que se quedó dormido, y pensé, ¿ya se durmió? ¿No siente la mínima culpa por venir de coger con otra? y yo no podía con mi culpa, con el arrepentimiento por lo que había hecho.

No sé en qué momento me quedé dormida, pero me desperté sobresaltada, Cristian dormía plácidamente a mi lado, miré mi teléfono y eran las diez y cuarto de la mañana.

Sin hacer ruido me levanté y fui al baño, imaginando lo que podía ocurrir al estar despiertos los dos, me entró un miedo que me hizo hasta temblar, imaginando la tensa situación de cuestionarnos mutuamente lo que había ocurrido, de acusarnos, de culparnos, de decepcionarnos, de que todo se fuera a la mierda y me entró un pavor que nunca había ni siquiera imaginado.

Definitivamente, no estaba preparada para que todo se fuera a la mierda, no podía ni imaginar lo que sentiría cuando Cristian me terminara confesando que había cogido con esa rubia, y de su cara cuando le contara que yo había cogido con Gonzalo.

La situación me abrumó tanto, que sentí que ese no era el momento de enfrentar lo ocurrido, tenía que salir de casa y serenarme.

Busqué ropa para vestirme, lo hice en el estar sin hacer ruido, busqué una hoja y le dejé una nota a Cristian, si le enviaba un mensaje se despertaría, y en ese momento no quería verlo, no podía verlo a la cara.

En la nota le dije: “Amor, no te quise despertar, te dejé dormir un rato más. Voy con Nancy al centro, me quiere contar algo. Cuando te levantes avisame. Te amo!”

Sin hacer ruido salí de casa y cerré la puerta, ni siquiera llamé el ascensor, bajé por las escaleras y salí a la calle pensando en lo que había escrito en ese papel, “Te amo” le puse, pero anoche cogí con otro, que hija de puta me sentí, pero no estaba mintiendo, lo amo y eso no tiene discusión.

Caminé unas cuadras con lágrimas en los ojos alejándome de casa y le envié un mensaje a mi tía Nancy.

-Nan! Necesito verte! Es urgente!

Terminé de enviar el mensaje y ya pude leer el “escribiendo” y su respuesta llegó.

-Hola Viole! ¿Qué pasó? Estoy en casa, ¿venís o voy?

-Prefiero no ir a casa! Te espero en Plaza Belgrano, en el café de la esquina de 13 y 39.

-¿Qué pasó?

-Cuando nos vemos te cuento.

-Ya voy! En 10 estoy ahí!

Caminé hasta ese café, me senté en una de las mesas de la vereda y pedí un café.

Diez minutos después, vi a Nancy buscando lugar para estacionar, lo hizo en la plaza unos metros adelante y caminando llegó a la mesa.

-¿Qué pasó nena? Me preocupaste!

-Sentate y te cuento!

Se sentó, pidió café para ella también y me miró esperando que hablara.

-¿Te acordás de esos mail que me mandaron?

-¿Los de esa cuenta?

-Sí! Anoche yo salí con las chicas porque era el cumpleaños de Eva y Cristian fue a casa de Claudio a comer un asado, y a eso de las doce me llegó esto.

Giré mi teléfono y le mostré el mail que me había llegado.

-¿Y qué pasó?

-Lo vi delante de Pilar y me dijo de ir a casa de Claudio, si estaba el auto de Cristian ahí, me dejaba de joder con esos mail…

-¿Y estaba Cristian ahí?

-Sí! Estaba escribiendo un montón de barbaridades para responder el correo ese, cuando Pilar vio que salía Cristian con Claudio, se despedían y Cris se subió al auto y se fue.

-Jodeme!

-Y con Pilar lo seguimos, hasta un edificio en 39, 3 y 4, bajó, tocó timbre y una mina rubia le abrió, se saludaron con un beso y entraron al edificio.

-Uh boluda! La puta madre… ¿Y qué hiciste?

-Me puse para la mierda! No podía creer que Cris me hiciera eso…

-Cuando se saludaron, ¿fue un beso en la boca?

-Me parece que no! pero un pude ver bien, íbamos con el coche por la calle, pasando delante del edificio…

-¿Y qué hiciste después?

-Hablamos un poco con Pilar y volvimos al bar!

-¿Y hablaste hoy con Cristian?

-Pará que no terminó ahí! En el bar me tomé un par de gintonic, y un rato después se apareció Gonzalo…

-Jodeme que terminaste garchando con Gonzalo…

Bajé la vista y creo que no hizo falta que se lo confirmara.

-Ay boluda… ¿por qué?

-No sé Nan… me sentía para la mierda… me escuchó… me largué a llorar y se quedó conmigo… no me bancaba más el quilombo del bar, le dije que me iba y me dijo de ir a su casa, y terminé yendo… tomamos algo y cuando me besó no dije nada… y siguió… y cuando quise acordar estaba en bolas en la cama con él…

-¿Estabas en pedo?

-Sí! Pero no es excusa Nan, sabía lo que estaba haciendo… Fui una pelotuda!

-Bueno… Ya está! Lo hecho, hecho está, nena! El tema es que no sabés si Cristian estaba cogiendo o no con esa mina!

-No Nan, no lo sé! Ni siquiera sé quién es esa mina!

-Mira Viole, no es extraño que a un tipo se le presente la oportunidad de cogerse a una mina y no lo haga, no conozco como vos a Cristian, por lo que no puedo poner las manos en el fuego por él, pero quizás tendrías ver qué pasa cuando hablen, puede ser que te cuente lo que pasó, sí es la primera vez que te mete los cuernos quizás tenga culpa y te lo termine confesando, o quizás tengo una buena excusa para decirte por qué se fue del asado, o quizás no te diga nada, y te cuento del asado como si nada hubiera pasado. Pero bueno... Creo que tampoco estás en posición de recriminarle nada, si él se cogió otra mina, vos te cogiste a Gonzalo... No sé... ¿Seguís enamorada de él? ¿Cogen bien?

-Sí Nan! Como siempre! Y el sexo con Cris es tremendo, siempre lo fue!

-Pero a pesar de eso cogiste con otro! Puede que haya sido por venganza, por enojo, por pagarle con la misma moneda, pero eso chiquita, y perdoná que te lo diga, no te hace mejor que él!

-Ya lo sé! Y por eso me siento para la mierda! La cagué Nan! Nunca tendría que haber llegado a eso! Por ninguna razón!

-Creo que en eso estamos de acuerdo... pero bueno, eso ya está hecho y no tiene vuelta atrás. Creo que lo mejor sería hablarlo honestamente, quizás los dos necesiten estar con otras personas y puedan llegar a un acuerdo, no serían la primera pareja o matrimonio que tienen sexo con otras personas... una relación abierta…

-No sé... nunca se me ocurrió, no se me pasó por la cabeza el tener una relación abierta con Cristian... de hecho nunca lo hemos hablado siquiera…

-Y si crees que fue un error, y que no es lo que querés, te lo guardás bien guardado, y nunca le decís nada. Cristian no tiene forma de descubrirlo, bueno salvo que Gonzalo vaya y se lo cuente...

-Lo mato si llega a hacer algo así...

-Supongo que teniendo novia, tampoco va a abrir la boca! Yo te diría que vayas como si nada hubiera pasado, y ves qué onda! Pero si él te llegará a confesar que estuvo con otra, vos también vas a tener que hacerlo, y después verán cómo seguir...

-Eso me da mucho miedo, no quisiera que nuestro matrimonio se terminara, por nada del mundo lo quisiera.

-¿Alguien sabe que te acostaste con Gonzalo?

-No, puede que alguien me haya visto irme con él, pero no se lo conté a nadie, solo a vos.

-Yo te diría que no se lo cuentes a nadie, si llegado el caso lo tenés que ocultar, va a ser mejor que nadie lo sepa...

Eran las doce y cuarto del mediodía, cuando me llegó un mensaje de Cristian.

-Hola mi amor! Recién me despierto y vi tu nota! Mándale un beso a Nancy!

Le mostré el mensaje a Nancy y me dijo:

-Decile que almorzás conmigo, así te tranquilizás y volvés en un par de horas a tu casa! Después la inventás algo de que estoy conociendo a un tipo y que te lo quería contar. y háblale como siempre, al menos de momento, hasta ver como se presenta la conversación entre ustedes.

Y le respondí el mensaje:

-Hola corazón, estoy hablando con Nancy y almuerzo con ella, después te cuento! Quedó pollo de ayer en la heladera!

-Tranqui, creo que pico algo y me voy a dormir una siesta!

-Te despierto con el mate!

Fuimos a almorzar con mi tía a un restaurante a unas pocas cuadras, y conversando con ella me fui tranquilizando, ya vería al llegar a casa, con qué me encontraría.

Luego de almorzar nos quedamos conversando como hasta las tres de la tarde, le dije a mi tía que ya volvía para casa.

Cuando llegamos, antes de bajar del auto me dijo:

-Tranquila nena! No hagas locuras, y aunque sientas culpa no es necesario que se lo cuentes hoy, ves como viene la mano con Cristian y después decidís que hacer! para contárselo siempre habrá tiempo...

-Gracias Nan! No sabes cómo te amo!

-Y yo a vos chiquita! No quiero que tengas problemas con Cristian! Espero lo puedan resolver…

Cuando entré a casa, todo estaba en silencio, me asomé a nuestra habitación y Cristian aún dormía la siesta, y se me dio por mal pensar que había quedado agotado de la noche.

Me fui a la cocina y preparé el mate, unos sándwiches de jamón y queso y corté unas rodajas de budín.

Con todo eso me fui a la habitación, sintiendo un nudo en la panza, sabiendo lo que había hecho él y lo que había hecho yo, ¿cómo miraría a Cristian a la cara? ¿Qué pasaría de allí en adelante entre nosotros?

Continuará…

Continúa en