¿El amor es suficiente? (8)
Un correo anónimo siembra la duda en su mente, transformando la confianza en paranoia. Cuando la verdad sale a la luz, la confesión de una traída y llevada rompe el último hilo que los unía. Ahora, el silencio de la casa es más fuerte que cualquier excusa.
¿El amor es suficiente?
Capítulo 8
Con la bandeja de la merienda me senté en la cama.Iba por el segundo mate cuando Cristian abrió los ojos, me miró con la sonrisa de siempre, y me dijo:
-Hola mi reina!
-Hola mi vida! Ya tengo el mate listo pero te dejé dormir otro rato! No te escuché llegar anoche!
-Llegué más tarde de lo habitual, y ya dormías!
Creí que quizás me contaría algo de esa noche, pero tan solo me dijo que había estado muy bueno el asado, y que la había pasado muy bien con sus amigos, como siempre. Y entonces pensé, ¿habrá vuelto a casa de Claudio?
Me preguntó por mi salida, y si él ocultaba, yo también, le dije que había estado muy bien, pero que antes de las tres de la mañana ya había vuelto a casa.
Luego de los mates me dio sueño, claro no había dormido mucho, y mientras Cristian miraba un partido, apoyada en él, me quedé dormida.
Cuando me desperté, tomamos otros mates, pensamos en la cena, salimos a hacer las compras, y preparamos la comida como cada día, todo estaba como siempre, como si nada hubiera pasado, pero por dentro, yo ya no era la misma.
Sí Cristian había cogido con otra mina en ese departamento, sin lugar a dudas los dos mentíamos muy bien, pero al menos él parecía estar como siempre.
Cristian me buscó esa noche para hacer el amor, y aunque mi cabeza era un embrollo, no quise negarme y disfruté de nuestra pasión, quizás estuve un poco más pasiva que otras veces, pero Cristian estuvo como siempre, ocupándose de mi placer, hasta que le di el segundo orgasmo, que llegó con su eyaculación en mi interior.
Cuando terminamos nos abrazamos quedándonos dormidos, pero un tiempo después, no sé cuánto, me desperté y no pude dejar de pensar en lo que había hecho, más allá de que Cristian hubiera cogido o no con esa rubia, yo lo había hecho con Gonzalo, y eso me hacía sentir para la mierda, si alguien me hubiera dicho hace una semana que yo le metería los cuernos a Cristian, le hubiera dicho que estaba loco, pero la que estaba loca era yo.
El domingo tocó almorzar en casa de mamá y fue como cualquier otro día, una normalidad que por momentos me ponía nerviosa.
En un momento hablamos con Nancy, pero no mucho, tan solo le dije que estaba todo como siempre, como si nada hubiera ocurrido y que ninguno de los dos había contado nada.
La semana de trabajo comenzó y fue como cualquier otra, la única diferencia fue que ni bien llegué al estudio, Pilar me preguntó que había pasado con Cristian, y al parecer no sabía nada de mi huida con Gonzalo.
Le dije que por el momento no había pasado nada, que no habíamos hablado aún, que estaba esperando ver si era él quien me lo contaba.
Esa semana, por suerte Gonzalo no pasó por el estudio, y agradecí no verlo, ya tenía la cabeza demasiado complicada como para hablar con él y decirle que había sido un error y que no se volvería a dar, nunca más, incluso pensé en ya no bajar a almorzar, para que no se diera ningún encuentro fuera del estudio.
Los días fueron pasando, Cristian jugó al pádel como cada semana, también cumplió con la guardia del hospital, y a mí la situación me estaba poniendo cada vez más nerviosa, más alterada, como que estábamos viviendo entre mentiras, y sentía que en algún momento, algo iba a ocurrir. Tenía miedo de que alguien me hubiera visto salir del bar con Gonzalo, o subir a su auto, estaba perseguida.
Sabiendo que había hecho las cosas mal, me sentía cada vez más intranquila, más nerviosa.
A las chicas no les conté nada, y supongo que Pilar tampoco lo hizo porque ninguna me llamó o mensajeó preguntándome.
Pilar no volvió a hablar del tema, y lo agradecí, y si volviera a preguntarme algo, esquivaría esa conversción.
Pero el jueves pasó algo que me terminó de desequilibrar, mi teléfono vibró en mi bolsillo a las cuatro y media de la tarde y al ver la pantalla, vi que era un correo electrónico de esa maldita cuenta.
En ese momento me enojé conmigo por no haberla bloqueado, pero sin embargo abrí el correo y lo leí, quería saber qué carajo diría ahora, y en el asunto decía: “Cada vez más claro, pero cada vez más oscuro…” Y en el cuerpo del mail decía:
“¿Pudiste confirmar lo que te dije? ¿Te queda claro ahora?”
“Pero no aclares que oscurece!”
“Y por otro lado…”
“¿Sabe tu marido lo que hiciste el viernes?”
Terminé de leer eso con el corazón acelerado, ¿quién carajo me vio irme con Gonzalo? Salvo él, nadie más sabe lo que pasó, solo Nancy, y ella no se lo contaría a nadie, por ella sí pongo las manos en el fuego.
Ya no soportaba esa tensión, mezclada con culpa, con arrepentimiento, con enojo, con decepción, con mierda, mucha mierda en mi cabeza y ya no daba más.
Lloré encerrada en el baño de casa, Cristian aún no llegaba del taller mecánico donde había ido a buscar el auto.
Traté de tranquilizarme, de parecer normal, de esconder todo lo que me estaba pasando. Pero Cristian se dio cuenta cuando entró a casa, a eso de las seis y media, me vio y me preguntó.
-Hola mi amor! ¿Te sentís bien?
-Hola cielo! Me duele la cabeza… y el cuello…
-Recostate y te llevo un analgésico! Yo me ocupo de la cena!
-Bueno… dale…
Me fui a la habitación, me saqué la ropa y me acosté, como para ya no levantarme hasta el día siguiente.
No sé en qué momento me quedé dormida y me despertó Cristian con una bandeja con la cena, la apoyó en la mesa de luz y apoyó su mano en mi frente, como para ver si tenía fiebre.
-¿Cómo te sentís corazón?
-Mejor, la cabeza ya no me duele, pero estoy como cansada… no sé…
-Quizás estés incubando algo…
Me acomodé en la cama y cenamos los dos allí el pastel de papá que Cristian había preparado, y que estaba muy rico. Luego juntó todo, lo escuché lavar los platos y me sentí para la mierda, los dos la estábamos careteando la situación, sin decirnos lo que habíamos hecho, y ya no soportaba esa situación.
El viernes al despertarme, me seguía sintiendo así, no era una enfermedad, yo sabía muy bien que era lo que me tenía así…
Le dije a Cristian que no iría a trabajar, que me quedaba en casa, me volvió a tocar la frente, me preguntó si me dolía algo, me miró la garganta, pero no encontró nada.
Tan solo tenía que buscar en otro lado, en mi cabeza… y enterarse de lo que había hecho.
Después de desayunar se fue a trabajar y yo llamé al estudio para decir que no me sentía bien y que me tomaría el día, con lo que no tuve ningún problema, desde que trabajaba allí, nunca había faltado, ningún día, por ninguna razón.
Me volví a dormir hasta las once y media, me levanté, me di un baño, me vestí y me fui a la cocina a tomar unos mates y comer algo.
Y mientras lo hacía, entendí que la conversación con Cristian era impostergable, al menos para mí, vivir así ya no lo soportaba más, de ese fin de semana no pasaría, necesitaba que lo habláramos y ser sincera con él, era lo más sensato, y luego... afrontar lo que hubiera que afrontar.
Cristian me mandó mensajes varias veces preguntándome como me sentía, ¿qué le iba a decir? En el último mensaje de voz, me dijo que él se ocupaba de las compras y la cena.
Qué difícil va a ser esto… pensé.
Cuando entró a casa con las bolsas, yo estaba sentada en el sillón, dejó todo, nos saludamos, me volvió a tocar la frente, a preguntarme si algo me dolía, y casi le digo que el corazón, porque sentía que nuestro matrimonio estaba al borde del colapso… eso sentía en cada fibra de mi cuerpo.
Guardó las compras, se dio un baño y se puso a preparar la cena, carne al horno con papas y ensalada.
Cristian me trataba y me atendía con esa preocupación, con esa amabilidad, con ese amor de siempre, ¿también se le daba bien ocultar o mentir? Si había cogido con esa mujer, ¿no sentía culpa o arrepentimiento? ¿O ya lo había hecho tantas veces, que era parte de su normalidad?
Luego de cenar juntó todo y lavo los platos, volvió al sillón, se sentó a mi lado, pero no pude, juro que no pude, en el fondo tenía un miedo atroz a que nuestro matrimonio se fuera a la mierda si hablábamos sinceramente.
Me apoyé en él y me fui quedando dormida, como tantas otras veces, me alzó y me llevó a la cama.
Pasó por el baño y se acostó a mi lado, volvió a tocarme la frente, y apoyándome en su pecho, me fui quedando dormida.
Desperté ese sábado, sola en la cama, pero escuché a Cristian haciendo algo en la cocina y supuse que estaría preparando el desayuno. Fui al baño y volví a la cama, cuando Cristian entró con la bandeja, me encontró despierta.
-Buen día mi reina! ¿Cómo te sentís?
-Mejor! Creo que me hacía falta descansar!
-¿Tenés algún plan para hoy?
¿Qué le iba a decir?, ¿Que necesitaba que habláramos con la verdad de una vez por todas y que nuestro matrimonio detonara de una vez?
-No mi amor, no tengo planes…
-Yo tampoco, entonces descansamos…
En ese momento tampoco pude, mientras cebaba los mates, me iba contando cosas de su trabajo, de sus amigos, de una serie que le habían recomendado, y otras cosas más, pero mi cabeza estaba en otro lado, en otro tipo de conversación.
Luego de desayunar, me dijo que iría a cambiarle el aceite al auto, y antes de irse me preguntó que quería almorzar, que él se ocuparía de todo, que yo descansara.
Faltando minutos para las doce del mediodía lo escuché volver, dejar cosas en la cocina, y venir a la habitación. Me hice la dormida, y se volvió a ir para la cocina.
Me quedé pensando y sentí que ya no podía esperar más, que luego de almorzar, le diría que teníamos que hablar.
Me levanté un rato después, fui para la cocina, y allí estaba terminando de preparar el almuerzo. Mientras tanto fui poniendo la mesa, y cuando estuvo listo nos sentamos a comer.
Ya estaba nerviosa, muy nerviosa, junté la mesa y Cristian lavo los platos, y mientras lo hacía, volví a sentarme al sillón.
Cuando terminó, vino y se sentó a mi lado, ya no podía postergarlo más, el momento había llegado, con el corazón acelerado lo miré a los ojos y le dije:
-Cris... tenemos que hablar... creo que tenemos cosas que contarnos... cosas que no nos hemos dicho…
Me miró con cara de preocupación, supongo que intentando saber por dónde iba la cosa, y me dijo:
-Claro mi amor... ¿sobre qué tenemos que hablar?
Tomé coraje, respiré hondo y le dije:
-El viernes pasado, la noche del asado con tus amigos, volviste más tarde que lo habitual, pero de casa de Claudio te fuiste a las doce y cuarto...
Abrió los ojos, supongo que preguntándose cómo sabía yo eso, y dijo:
-Sí, así fue... me fui antes... ¿y vos cómo sabes?
-Porque te vi... Y también vi cuando llegaste a ese edificio de Calle 39, y una chica rubia te abrió la puerta... y entraste con ella...
Bajó la vista por un momento, y entendí que no me podría mentir, que sabía que yo lo había descubierto. Volvió a mirarme a los ojos y dijo:
-Tenés razón... así fue... y aunque prometí no decir nada, si esto significa un problema entre nosotros, voy a romper esa promesa, y ya me ocuparé luego de pedir perdón por haberlo hecho... y dado que ya sabés que me fui de casa de Claudio temprano, te voy a decir la verdad...
-Eso necesito...
-Pero hay algo que no entiendo, ¿por qué estabas en casa de Claudio a esa hora?, supuestamente estabas en el bar con las chicas... ¿Desconfiabas de mí?
-Estábamos en el bar y me llegó un mail, no sé quién es, pero nos conoce y sabía que vos estabas en casa de Claudio, y en ese mail decía si estaba segura de que vos estabas ahí, y por eso fui con Pilar...
-¿Un mail? ¿De quién?
-No lo sé... No dijo quién era...
-Ah... te llega un mail de no sabés quien, diciendo eso y vos… ¿dudaste de mí...?
-La verdad es que no supe que pensar…
-Bueno… Como sea…, y ya que lo sabes te lo voy a contar... las cosas fueron así, ya habíamos terminado de comer el asado con los chicos, cuando me entró una llamada de Alan, a esa hora me preocupó su llamado y lo atendí, me dijo que un amigo suyo estaba en un problema, y que la chica con la que estaba, me llamaría. Colgué con Alan y un momento después me llamó esa chica, de nombre Alejandra, me explicó el problema, y me dio la dirección de su casa, justamente ese edificio de Calle 39.
-¿Y cuál era el problema? ¿Y por qué no me lo contaste?
-Me hizo prometer que no lo haría, ni siquiera a vos, y no te lo conté porque vos lo conocés, es Fernando, el amigo de Alan. Estaba con esa chica en ese departamento, esa chica no es su novia, y en la actividad sexual que estaban teniendo, un tubo de desodorante en aerosol, esos envases delgados de desodorante de mujer, terminó dentro del culo de Fernando, se fue hacia adentro y no lo podía sacar. Te imaginarás que la situación era por demás vergonzosa, tanto que no quería ni ir a una guardia. Le tuve que explicar que no saldría, y que muy probablemente necesitaría una cirugía. Se cambió y lo llevé a la clínica, hablé con un médico cirujano conocido, le expliqué la situación, y esperé hasta que llegara. Fernando quedó internado, y el sábado a primera hora, le sacaron el tubo. Por favor te voy a pedir que no digas nada, esto queda entre vos y yo.
Escuchar todo eso, hizo que se me saltaran las lágrimas, Cristian no había estado cogiendo con esa rubia, si lo que me decía era realmente la verdad, yo era la única infiel, yo la había cagado acostándome con Gonzalo, por pelotuda.
-Así como me lo estás contando ahora, me lo podrías haber contado ese día.
-No creí que ocultarte esto significaría un problema, pero tenés razón, fui un boludo… te lo tendría que haber contado… o al menos avisarte lo que pasaba en ese mismo momento, y hacerte prometer que no dirías nada… perdón mi amor…
No podía parar de llorar, no podría llegar a pensar que Cristian me estaba mintiendo con todo eso, y yo no sabía qué hacer, si ser honesta con él, o callar lo que había hecho con Gonzalo, pero no me podía callar lo que había hecho, me sentiría la más hija de puta.
-Así como lo prometí yo, te lo tendría que haber contado y hacerte prometer que no dirías nada, no pensé que podría generar un problema, no era mi intención ocultarte nada, sabes que nunca lo hago, te lo cuento todo, y esto te lo tendría que haber contado también... Perdón mi amor... no pensé bien las cosas…
Se acercó a mí, me abrazó, secó mis lágrimas con sus pulgares, y me dio un suave beso en los labios, pero mis lágrimas no dejaban de salir.
-Perdón mi amor, por favor ya no llores... te juro que esa es la verdad, ni conocía a esa chica, pero te juro que nada pasó con ella! Lo que te acabo de contar es lo que pasó realmente esa noche…
Fue hasta la cocina y volvió con un par de servilletas y un vaso de agua, me secó las lágrimas, tomé un par de sorbos de agua, y en ese momento, me miró a los ojos y me dijo:
-Cuando me dijiste de hablar, creí que tenía que ver con nuestra idea de tener un hijo, pero dijiste, que nos teníamos que contar cosas que no habíamos dicho... y hay algo más que no te dije, y me hiciste recordar, hace meses también recibí un mail, que me preguntaban si sabía lo que hacías cuando salías con las chicas, tampoco tenía un remitente, era de una cuenta que ni me acuerdo, y que eliminé sin hacerle el mínimo caso... pero… ¿vos también tenés que contarme algo que no me has dicho?
Y en ese momento me volvieron a explotar las lágrimas, sí contaba lo que tenía que contar, mi matrimonio con Cristian se iría a la mierda, fui una pelotuda, terminé haciéndole caso a esos correos, y yo misma me cagué la vida.
-Por favor amor, no llores... ¿Qué pasa?
-Es que...
El llanto y el nudo que tenía en la garganta me impedían hablar, Cristian me miraba tratando de entender porque estaba así, y luego de un momento me volvió a decir:
-Contame corazón... ¿Qué está pasando? ¿Por qué lloras así? Te juro que esa es la verdad!
No tenía sentido que lo ocultara, Cristian ya sabía que algo me pasaba, ¿cuánto tiempo lo podría ocultar?, ni siquiera tenía el coraje de mirarlo a los ojos.
Tomé aire y hable.
-Cuándo entraste al edificio con esa chica rubia, me sentí para la mierda, creí que me estabas cagando con ella… volvimos al bar con Pilar, trató de animarme y me tomé un trago... seguimos conversando y un rato después me dijo que iba a saludar a alguien, y en ese momento apareció Gonzalo…
-¿El que trabaja para ese cliente del estudio?
-Ese mismo... supongo que por mi cara, me preguntó que me pasaba... y me largué a llorar... le conté lo que había visto, lo que creí que estaba pasando... y me abrazó para consolarme, lloré con él un rato, pensando en que estabas cogiendo con esa rubia, fue a la barra y volvió con otro trago, y yo ya no quería estar más allí, ya no me bancaba a la gente y el quilombo del bar, y le dije que me iba, salió del bar conmigo y me dijo de ir a su casa, a conversar sin tanto ruido, para que pudiera tranquilizarme… y fui... En su casa tomé otro trago... y… y terminé en la cama con él...
Solo después de haber dicho eso levanté la vista, y lo que vi me mató, Cristian me miraba con los ojos llenos de lágrimas, que ya corrían por sus mejillas, y me sentí una mierda, la peor de todas, y dije:
-Después de eso, me vine a casa en un taxi...
Cristian no decía nada, pero sabía perfectamente que lo que acababa de decir, era un puñal en su pecho.
Se recostó en el respaldo del sillón, sin mirarme, llorando sin decir nada. No sabía qué hacer, ni qué decir, ni siquiera me atrevía a pedirle perdón, no había perdón posible, le había sido infiel, le había metido los cuernos.
Sin siquiera mirarme dijo:
-Al final... el que mandó ese mail tenía razón... nunca lo hubiera imaginado... confiaba ciegamente en vos..., qué boludo fui... ¿no?
No dijo más nada, se levantó, tomó las llaves y salió del departamento.
Con un tremendo dolor en el pecho, me quedé llorando en el sillón, todo se había ido a la mierda, todo por mi culpa, Cristian no merecía escuchar eso, Cristian no merecía ese puñal por la espalda, yo no merecía a un hombre como él, y aunque no dejaría de amarlo, sabía que nunca me lo perdonaría.
Cuando pude tranquilizarme un poco lo llamé por teléfono, pero escuché su teléfono en la cocina, no se lo había llevado.
No sabía qué hacer, qué pensar, qué sentir, solo sabía que era una hija de puta, que sin saber lo que realmente había pasado, había terminado cogiendo con otro, ¿cómo pude ser tan boluda...?
No sé cuánto tiempo pasó, me quedé llorando en el sillón, hasta que escuché las llaves, y lo vi entrar al departamento.
No hubo gritos, ni insultos, ni reproches, ni maltrato. Parado frente a mí me dijo:
-Supongo que entenderás que nuestro matrimonio ha llegado hasta aquí... No sé si podré dejar de amarte algún día, lo que sí sé, es que ya no podré volver a confiar en vos... y si no puedo confiar en vos, no puedo seguir a tu lado...
Hablaba calmado, sin elevar la voz, y yo sabía que su sufrimiento iba por dentro.
-No te voy a insultar, no me voy a poner violento, ni me voy a vengar, eso no va conmigo, ni con lo que siento. Bien entenderás que ya no puedo seguir viviendo con vos, no te estoy echando, pero no me voy a quedar aquí mientras vos estés.
-Tenés razón Cristian... soy una mierda, pero no te vayas por favor... es tu casa, la que se tiene que ir soy yo, solo dame un tiempo para sacar mis cosas.
-El que necesites... yo ahora me voy, me voy a quedar en casa de Leo esta noche, avísame cuando termines, y el lunes veré de comenzar el tema del divorcio...
Volví a llorar desconsoladamente, pero ¿qué podía hacer? No podía hacer, ni decir nada en mi defensa.
Fue a la que fuera nuestra habitación y un momento después volvió con un bolso, caminó hacia la puerta, y sin mirarme dijo:
-¿Creés que no tuve oportunidades de ser infiel…, en el hospital, en la clínica, con medicas, enfermeras, hasta pacientes, que se han insinuado, que se me han entregado en bandeja, pero no lo hice... ¿y sabés por qué? Por respeto... Por respeto a vos y a nuestra relación… cosa que vos no has tenido, y es lo que más duele…
No podía dejar de llorar, y lo último que dijo fue:
-Chau Violeta...
Abrió la puerta y se fue.
Y lloré, lloré sin consuelo.
Continuará…
Continúa en
- Relato #235018— title-regex: contiguous parts (7 -> 8)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Cristina y Marcos, capítulo 2
Marcos sabe que mirar a Gema es un error, pero el deseo es más fuerte que su orgullo. Mientras su suegro cierra la trampa laboral, Cristina lo invita…
Comparte:Infidelidad ocultaChantajeDespertar y descubrimiento
- Hetero: Infidelidad
La cena del idiota. La excursión
Dani cree que su relación es sólida, pero la noche en el albergue de montaña prueba lo contrario.
Comparte:Infidelidad consentidaInfidelidad ocultaDespertar y descubrimiento
- Hetero: Infidelidad
LA CENA DEL IDIOTA. Dime que me quede
Después de años de silencio y dolor, Alba regresa para cerrar un capítulo que nunca cerró. Dani, atrapado entre el recuerdo de una noche de pasión y…
Comparte:Infidelidad consentidaInfidelidad ocultaDespertar y descubrimiento
- Hetero: Infidelidad
Elisa XI
Iván creía conocer a su esposa, pero la noche lo lleva a un lugar donde las identidades se borran y los secretos se pagan en euros.
Comparte:Infidelidad consentidaChantajeDespertar y descubrimiento
- Hetero: Infidelidad
Malas elecciones II (Final)
Darío no la miró. Solo dejó que el aeropuerto se tragara su silueta mientras él calculaba, con frialdad matemática, cómo borrarla de su vida para…
Comparte:Infidelidad consentidaChantajeDespertar y descubrimiento
- Hetero: Infidelidad
El décimo chat de mi Esposa
Él creía que la había perdido, pero descubrió que el secreto de su esposa no era solo otro hombre, sino una sumisión que él podía controlar.
Comparte:Infidelidad consentidaChantajeDespertar y descubrimiento