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¿El amor es suficiente? (9)

Violeta creyó que su error fue un desliz, pero pronto descubrió que fue la punta de un iceberg de mentiras. Ahora, mientras el silencio de Cristian la consume, una llamada inesperada de su suegra promete revelar la verdad detrás de su ruina.

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¿El amor es suficiente?

Capítulo 9

Un rato después fui a la habitación, en un bolso y un par de bolsas de plástico, metí mi ropa, mis cosas personales, mi notebook, y un portarretratos con una foto en la que estábamos juntos.

Volví al estar y llamé a Nancy.

-Hola Viole...

Y llorando le respondí:

-Se acabó Nan, ¿me podés venir a buscar?

-Ya voy!

No hicieron falta las explicaciones, Nancy lo supo al escucharme.

Mientras la esperaba miré ese departamento, quizás por última vez, en ese lugar había conocido la felicidad, la dicha de estar con un hombre que me amaba, el mejor hombre que pude haber conocido, lo hice todo mal con él, pero lo seguía amando como el primer día.

Antes de que Nancy llegara, en un papel escribí: “Cuánto lo siento Cris, me duele el alma de saber el dolor que te causa, no te lo merecías, vos no. Y ni siquiera tengo el coraje de pedirte perdón, porque sé que no lo merezco. Te amaré siempre. Violeta.”

Cuando Nancy llegó, le abrí y subió, cuando la vi me abracé a ella llorando.

-Vamos chiquita mía! Vamos para casa...

Bajamos todas las cosas y las cargamos en el auto, no pude hablar durante el camino, no podía parar de llorar. No quería encontrarme con mi madre en ese momento, y le pedí que me dejara quedarme en su casa.

Al llegar bajamos todo, nos sentamos en el sillón de su casa, y le conté todo lo que había pasado, lo que había sido esa semana, y la conversación que habíamos tenido.Nancy me abrazó, y lloré con ella hasta quedarme dormida.

El domingo a la mañana luego de unos mates, fui a casa de mamá, y al ver mi cara lo supo antes de que dijera algo.

Me abrazó, nos sentamos en la mesa de la cocina y se lo conté todo también a ella.Mamá no me juzgó, pero lo que si me dijo fue que había sido una decisión equivocada que me había cagado la vida, que tendría que haber pensado mejor las cosas y que de eso tendría que aprender.

Me abrazó y me dijo que mi habitación estaba disponible para que me quedara el tiempo que hiciera falta.

Fue el domingo más triste de mi vida, tan solo de pensar en que ya no estaría con él, me entristecía de tal manera, que no quería salir de la cama.

No quería volver al trabajo, no podía, y el lunes mamá llamó al estudio, le explicó la situación a Ernesto, y tomé dos semanas de vacaciones.

No podía dejar de pensar en Cristian, en cómo se estaría sintiendo, como estaría atravesando mi traición, que decepcionado estaría de mí, también pensé si su familia ya lo sabía, si podría ir al consultorio, si ya no quisiera volver a verme, si ya se estaría ocupando del trámite de divorcio.

Fue una semana de mierda, no quería levantarme, no tenía ganas de hablar con nadie, ni ver televisión, ni siquiera tenía ganas de comer o de bañarme. Mamá y Nancy estaban pendientes de mí todo el tiempo, pero yo solo quería estar en la cama.

Mil veces tuve el teléfono en la mano para llamarlo o enviarle un mensaje, pero no lo hice, no tuve el coraje, ¿qué le iba a decir? ¿Pedirle perdón? Lo que le hice no me lo perdonaría nunca.

Suponía que en algún momento se comunicaría conmigo por el trámite de divorcio, pero ni siquiera eso.

Tuve una conversación con Clara y Eva por videollamada en nuestro grupo, el de nosotras tres, luego de saludarnos les conté todo lo que había pasado y la última conversación con Cristian antes de dejar su casa, y fue Clara la que me preguntó:

-¿Cómo estás corazón?

-Para la mierda Clari, fui una pelotuda… me dejé llevar como una boluda… y la cagué… lo eché a perder…

-Viole, creo que tengo que pedirte perdón, vos nos dijiste que respetabas nuestras decisiones y nunca cuestionaste nuestras escapadas, y siento que quizás tendría que haberte dado una opinión sincera, quizás apoyarte más con el tema de los mail, pero nunca lo hice y en verdad me arrepiento, ojo corazón, no te juzgo ni te juzgaría nunca, pero siendo amigas, tendría que haber estado ahí para vos… y por eso necesito pedirte perdón…

-Es verdad!

Dijo Evangelina.

-Fuimos dos boludas, que encima te contábamos nuestras salidas clandestinas sin darnos cuenta que ese no era tu caso, que no sos así… y te tendríamos que haber bancado… Y ahora me siento para la mierda por lo que estás pasando, y desde ya te digo que podés contar con nosotras para lo que sea…

-Chicas… las conozco, las quiero… así como son, y siempre respeté y respetaré la forma en que decidan vivir su vida, y tampoco las juzgo ni las juzgaré, somos grandes y capaces de tomar decisiones, las que se nos cante tomar, aunque en ocasiones no comparta sus acciones, no soy quién para decirles que hacer… les agradezco su sinceridad y su comprensión, pero esta vez, nada tuvieron ustedes que ver en lo que pasó, yo solita me la compliqué…

-Pero esa noche no estuvimos ahí para vos! Y tendríamos que haber estado, bancándote en ese momento, dándote un abrazo, conteniéndote, apoyándote en lo que decidieras hacer…

Dijo Clara, con lágrimas en los ojos.

-Vos tenías una hermosa relación, y tendríamos que haber estado a la par tuya en ese momento, si en vez de estar esa noche con Gonzalo hubiéramos estado nosotras, quizás no hubieras llegado a estar con él…

-Puede ser chicas… pero bueno… no lo pensé bien, me dejé llevar por esa estúpida sensación de “si él lo hace, yo también” y les juro que me arrepentí luego de estar con él, no sopesé las consecuencias… para colmo, fue sin saber a ciencia cierta si Cristian se estaba cogiendo a esa rubia o no… fui una pelotuda, y ahora me toca bancar las consecuencias…

-¿No tuviste novedades del divorcio?

Preguntó Evangelina.

-No… hasta ahora no…

-Bueno… quizás eso quiera decir algo…

-No sé Eva, no quiero hacerme ninguna ilusión…

-Bueno Viole, lamentamos mucho lo que pasó y ojalá se pueda solucionar!

-No creo chicas… Cristian no va a perdonarme, lo sé… lo siento… aunque lo sigo amando…

-Ya sabés que contás con nosotras para lo que sea, y ahora más que nunca!

-Chicas, algo sí quiero pedirles, por favor no cuenten esto que hablamos, no quiero que nadie lo sepa, sobre todo las chicas del otro grupo, no quiero estar en boca de todas…

-Dalo por hecho! Nadie sabrá nada de esto, te lo prometo!

-Yo también corazón! Nadie sabrá nada por nosotras!

*

Estaba en esa segunda semana de mis vacaciones, y seguía sin tener ganas de nada, comía algo tan solo para no preocupar a mamá, pero ni hambre tenía, y entre eso y la angustia, perdí un par de kilogramos de mi peso.

Suponiendo que Pilar también estaba al tanto, creí que me mandaría un mensaje o me llamaría, pero me extrañó que no lo hiciera, y lo agradecí, prefería no hablar de esto con ella.

También pensaba en la familia de Cristian, sobre todo en Amalia, imaginando lo que estaría pensando de mí, la relación que tenía con ella había sido tan linda, tan cercana, que hasta vergüenza me daba verla y hablar con ella, pero a pesar de eso, creo que le debía una explicación a ella también, me habían abierto las puertas de su casa, me había tratado como si de una hija se tratara.

Imaginaba también lo que diría Alan cuando lo supiera, diría que tenía razón, que yo era una cualquiera que no merecía a su hermano, y aunque me pesara, tendría razón.

Nancy me venía a buscar para sacarme de casa, aunque sea a caminar un rato, y le decía que no tenía ganas, pero me insistió tanto que finalmente ese miércoles a la tarde salimos, caminando fuimos hasta la plaza Güemes y nos sentamos un rato en un banco frente a la iglesia.

Hablando con Nancy de Amalia, me dijo que si necesitaba hablar con ella que lo hiciera, que la llamara por teléfono, y así lo haría, seguramente al día siguiente por la mañana, horario en que suele estar sola en su casa.

Esa noche, para no preocupar más a mamá, cené con ellas en la mesa del comedor, aunque ni comí mucho, ni hablé mucho tampoco.

Pensando en que el lunes siguiente tendría que volver a trabajar, me sentí para la mierda, más que nada por la posibilidad de volver a ver a Gonzalo, aunque él no tuviera nada que ver con mi separación de Cristian, no quería volver a verlo ni a hablar con él, ya no.

El jueves a eso de las diez de la mañana, con el corazón acelerado, llamé a Amalia, sonó varias veces y creí que no me quería atender, pero cuando ya casi cortaba la comunicación, me atendió:

-Hola Violeta!

-Hola Amalia…

-¿Cómo estás?

-Nada bien Amalia… pero necesitaba hablar con vos…

-Yo también, pero me gustaría hablar personalmente, no por teléfono!

-Está bien! Cuando quieras…

-¿Esta tarde podés? ¿A eso de las cuatro?

-Sí, claro…

-Si te parece, nos vemos en el centro, en el café de 12 y 50.

-Sí, claro, donde digas…

-Te espero ahí!

Su tono de voz no era el de siempre, y lo entendí, después de todo su hijo estaba sufriendo por mi culpa, yo lo había engañado, y aceptaría cualquier cosa que Amalia tuviera para decirme, me lo merecía.

Se lo conté a Nancy y me preguntó si quería que me llevara, pero le dije que no, que tenía que poner la cara, hacerme cargo yo, y sola.

Cuando llegué a ese café, Amalia ya me esperaba, y en su rostro no vi enojo, quizás tristeza, pero la vi con el gesto serio. Entré al bar y caminé hasta la mesa, y ante mi sorpresa, Amalia se puso de pie, y me saludó con un abrazo, aunque no con su sonrisa habitual, era lógico.

Nos sentamos, la moza se acercó y pedimos café para las dos.

-¿Cómo estás?

-Mal Amalia…

-Ya te veo, en tu cara se nota… Cristian estuvo el domingo en casa, nos contó a Ignacio y a mí que se habían separado, que comenzaría con el divorcio, y que ya no vivías en su departamento, pero no nos dijo más nada, y tampoco lo preguntamos, por lo que no conocemos los motivos, y hablando con Ignacio, dijimos que en todo caso no importaban los motivos, si definitivamente se iban a divorciar, daban lo mismo las razones, ese es un tema de ustedes dos…

-Necesitaba hablar con vos por eso Amalia, el motivo de nuestra separación tiene que ver conmigo, yo fui la única culpable. Y queriéndote como a una segunda madre, necesitaba explicarte y pedirte perdón.

Le conté detalladamente todo, los mail, mis sospechas, lo que pasó ese viernes que seguí a Cristian, y lo que hice después, lo que finalmente fue la razón de nuestra separación, y la última conversación con su hijo.

Cuando terminé de contarle todo con lágrimas en los ojos, Amalia me miró y me dijo:

-Violeta, no tenés que pedirme perdón a mí, yo no te juzgo, no soy quien para hacerlo, además, porque yo hace muchos años, tiempo antes de que naciera Alan, también estuve en tu lugar, con otro hombre, era joven, era una boluda, y con un ex compañero al que siempre le había tenido ganas, terminamos en un hotel. No me banqué ocultárselo a Ignacio, y se lo confesé días después. Eso significó una pelea, una distancia de meses, en el que le pedí una y mil veces perdón. En ese momento pensé que Ignacio no me querría volver a ver, pero unos meses después, se apareció y me dijo de hablar. Me perdonó, y le prometí que nuca más haría algo como eso, y lo he cumplido. Todos nos equivocamos Violeta, nunca dudé de tu amor por Cris, y si estás sufriendo, es porque es así. No sé lo que piensa o siente Cris, ni lo que va a decidir, pero desearía que te pudiera perdonar.

-Ni siquiera me da la cara para pedirle perdón, me siento una mierda, Amalia.

-No Violeta, no sos una mierda, después de todo, hiciste lo que hiciste pensando en que Cris se estaba acostando con otra! Yo te digo la verdad, no estoy segura si Ignacio me ha sido infiel en todos los años que llevamos juntos, y si lo fue, lo tiene bien guardado, los hombres normalizan más las infidelidades y no se culpan tanto, nosotras sí, y por eso se lo hemos contado. Conozco a Cristian, sé como es, pero tampoco puedo asegurar de que nunca haya estado con otra mina! Es hombre… pero pensalo así… ¿qué harías vos si hubiera sido él quien se acostara con otra?

-Seguramente me sentiría como él se siente ahora, enojada, decepcionada, sin poder creerlo…

-¿Lo odiarías por eso?

-Sin dudas me hubiera enojado mucho, hasta creo que no hubiera sido tan civilizada como ha sido Cris conmigo, pero creo que no podría odiarlo, de hecho creo que no podría dejar de amarlo… porque a pesar de creer que podría estar con esa mujer, sufrí por pensar en que ya no estuviéramos juntos…

-Bueno… quizás Cris lo vea así también… aunque conozco bien a Cris, no sé que puede llegar a hacer o decidir…

-Pero sé muy bien que me equivoqué Amalia, como también lo hice en su momento vengándome de mi ex, no sé… me ganó la impulsividad, sin pararme a pensar en las consecuencias, y me jode ser así, es esa parte de mí que detesto… y Cris tiene razón en tramitar el divorcio, muy a mi pesar, es lo que me toca por ser tan boluda…

-Ya el tiempo lo dirá Violeta, pero de todas formas, quiero decirte que ni Ignacio ni yo pensamos que sos una mala mujer, que has tomado una decisión equivocada que tuvo impacto en tu relación con Cris, es cierto, pero eso no te hace ser una mierda de persona…

Pero la verdad es que así me sentía, no sabía si hacerlo, pero al final se lo pregunté.

-¿Te puedo preguntar cómo está Cristian, Amalia?

-Lo vi el domingo que estuvo en casa almorzando, y después solo hablamos por teléfono, te diría que lo veo un poco triste, bajoneado...

-¿Ha dicho algo de mí?

-No, ya te digo qué tan solo nos comentó que se habían separado, sin darnos más detalles.

-¿Alan y Marcos también lo saben?

-En ese momento no estaban en casa, le preguntamos a Cristian si se lo comentábamos, pero nos dijo que no, que ya luego él mismo se los contaría.

-Me siento tan avergonzada Amalia... siento que los traicioné a todos... y me siento muy mal por Cristian, tu hijo es un sol y no se merecía eso...

-No te castigues Violeta, equivocaciones tenemos todos, ya el tiempo lo dirá...

Hablamos por casi dos horas, y me despedí de ella con un abrazo.

El lunes siguiente tuve que volver al estudio, y ni bien entré fui a hablar con Ernesto, quería que lo supiera todo.

Toqué la puerta de su despacho, y desde dentro escuché:

-Adelante!

-Permiso Ernesto, ¿estás ocupado? ¿Podemos hablar un momento?

-Claro, pasá! Tomá asiento!

-Lo primero que quería, es agradecerte por estos días de vacaciones, así tan de repente, pero la verdad es que no tenía cabeza para trabajar.

-Tranquila Violeta, a todos nos pasan cosas en nuestras vidas...

-Quería contarte cómo están las cosas, me separé de mi esposo, por una infidelidad de mi parte...

-¿Y cómo estás?

-Que decirte... tratando de adaptarme... lo que necesitaba contarte es que esa infidelidad, fue con Gonzalo Martiarena...

-¿El de la empresa Junco?

-Sí, y si considerás que tengo que dejar el estudio, ya mismo redacto y firmo mi renuncia...

Se quedó un momento en silencio, no sabía cómo podía reaccionar, pero un momento después me dijo:

-Mirá Violeta, entiendo que en esta ocasión tu vida personal, se mezcla con el trabajo, me parecés una excelente contadora, y tu trabajo aquí es sobresaliente, nunca tuve una queja tuya, ni ha habido ningún problema con tu trabajo, por lo que no considero que tengas que dejar el estudio, si la cuestión que hayas tenido con ese muchacho, no afecta ni a su empresa ni al estudio, no tengo por qué dejarte sin trabajo, y menos en este momento de tu vida. Lo que considero, es que sería conveniente cambiarte de área, que dejes de trabajar con esas cuentas, y pases a otro de los grupos, déjame que lo analice, y en un rato te digo dónde podés trabajar.

-Gracias Ernesto! Gracias por la consideración!

-No tenés nada que agradecer Violeta, sos una de las mejores empleadas del estudio, y la verdad no quisiera que dejes de trabajar con nosotros.

-Muchas gracias.

Volví a mi lugar habitual de trabajo, y al verme Pilar me preguntó:

-Viole! ¿Cómo estás? ¿Qué pasó? De repente sacaste vacaciones y no supe más nada de vos, estaba preocupada!

La escuché y pensé, estabas preocupada, pero ni un mensaje me mandaste.

-Después hablamos Pilar, después te cuento, tengo que organizar algunas cosas, hablé con Ernesto, voy a dejar de trabajar en este grupo, en un rato me va a decir dónde voy a trabajar.

-¿Por qué? ¿Qué pasó?

-Porfa... después te cuento... tengo mucho que hacer…

Me puse a organizar varias cosas que tenía pendientes por las vacaciones, y cerca del mediodía Ernesto me volvió a llamar a su despacho. Me pasó a otro de los grupos de trabajo, y Mariana, la contadora de ese grupo, ocuparía mi lugar, por lo que las horas que quedaban de la tarde, nos reunimos con Mariana, para ponerme al tanto de sus empresas, y yo de las que dejaría.

Ese lunes salí un poco más tarde, y Pilar me esperaba en la puerta.

-Contame boluda, ¿qué pasó? ¿Por qué Ernesto te cambió de grupo?

-Pilar…, Cristian y yo no separamos...

-Jódeme! ¿Cogió con esa rubia al final?

-Prefiero no hablar de eso ahora, me hace mal, espero que lo entiendas... Cambié de grupo de trabajo porque ya no quiero tener contacto con Gonzalo.

-Dale boluda, Contame...

Me empezaron a caer las lágrimas y le dije:

-Ya te contaré... ahora no puedo... perdóname...

Me despedí de ella con un beso y caminé hasta conseguir un taxi.

Clara y Eva querían juntarse, y les prometí que ni bien pudiera, lo haríamos, pero en un café por la tarde, y las chicas lo entendieron.

Pensaba todo el tiempo que en algún momento me llegaría un mensaje de Cristian por el tema del divorcio, pero pasaban los días y no tenía noticias.

Muchas veces tuve ganas de escribirle, pero no me decidía, hasta que el viernes de esa semana, a eso de las seis de la tarde, recordando las palabras de Amalia le escribí un mensaje.

-Hola Cristian, no dejo de pensar en vos. Solo espero que estés bien. No dejo de arrepentirme de lo que hice. Te mando un beso.

Pensé varias veces si enviar o no ese mensaje, sabiendo que quizás no tendría respuesta, pero finalmente a las siete de la tarde le di enviar.

Me encontré con las chicas ese sábado a las cuatro de la tarde en un café del centro, y hablando de mi situación, no pude aguantar las lágrimas y lloramos las tres.

Cómo imaginaba, el mensaje que le envié a Cristian no tuvo respuesta, pero quién sí me escribió fue Amalia, preguntándome cómo estaba.

*

Pasó un mes desde la separación y no tuve noticias de Cristian, no sabía cómo estaba, pero tampoco había novedades del divorcio.

Cuando cruzaba mensajes con Amalia, si ella no me contaba de Cristian, no me animaba a preguntarle, quizás más adelante podría volver a hacerlo.

Con Pilar la relación se enfrió, al no estar en contacto cada día, tan solo nos cruzábamos en el estudio, ni siquiera bajaba a almorzar para no hablar con ella, me llevaba algo para comer o comía en casa al volver.

Tampoco me había vuelto a cruzar con Gonzalo, por suerte, pero el miércoles de esa semana, cuando salía del estudio, me lo encontré parado en la puerta.

Me puse nerviosa al verlo, pero no me quedó más remedio que saludarlo, aunque el haberme acostado con él, había significado el fin de mi matrimonio, la culpa no era suya, era solo mía por haber llegado a eso.

-Hola Violeta, ¿cómo estás?

-Hola Gonzalo…, bien…

Comencé a caminar hacia la esquina, y él lo hizo a mi lado.

-Me contó Pilar que el contador te cambió de grupo de trabajo.

-Sí, ahora trabajo con otras empresas...

-Te esperé porque necesitaba hablar con vos...

-¿De qué necesitabas hablar Gonzalo?

-Después de esa noche en casa, no supe más nada de vos, y estaba preocupado.

-Es mejor así Gonzalo...

-¿Está todo bien?

-No…, está todo mal!

-¿Por lo que pasó esa noche?

-Así es!

-¿Tu esposo te fue infiel con esa mujer?

-No, él no fue infiel, yo sí... y por eso estamos separados, y en este momento esperando el divorcio...

-Lamento escuchar eso...

-Te puedo asegurar que yo lo lamento más, a cada momento... pero bueno... es lo que me toca...

-¿Puedo hacer algo por vos?

-No! Lo mejor sería que no volvamos a vernos... no tengo nada contra vos, pero es mejor así...

-Te entiendo, pero tenés mi número, si en algún momento necesitas hablar, tan solo tenés que llamarme...

-No creo que lo haga Gonzalo, y preferiría que esta sea nuestra última conversación, ya demasiado complicada tengo la vida, solo espero que lo entiendas... esos putos mails... al final el que lo hizo se salió con la suya...

-Te entiendo... pero quizás esos mails no sean la verdadera razón, quizás tan solo dejaron ver cosas que no se veían...

-No había nada que mostrar Gonzalo... las cosas estaban bien, y ahora está todo mal...

Ya no quería seguir hablando con él, pero parada en la esquina esperando un taxi, en ese momento no pasaba ninguno.

-Perdón que te lo diga, pero quizás las cosas no estaban tan bien en tu matrimonio, y esos mails que recibieron voz y tu marido, tan solo hayan mostrado lo que no se veía...

-No sé Gonzalo... de todas formas eso ya no importa… yo no me tendría que haber acostado con vos…

Ya no quería seguir allí, en ese momento vi venir un taxi y levanté la mano para detenerlo, paró frente a mí y abrí la puerta para subir.

-Chau Gonzalo!

-Chau Violeta! Nos vemos!

Y mirándolo a los ojos le dije

-No creo Gonzalo, ya no quiero volver a verte...

Cerré la puerta del taxi, le di la dirección de casa y arrancó.

Hubiera preferido no verlo, no hablar con él, pero creo que sirvió para que lo entienda, para que se dé cuenta que ya no quería volver a verlo.

Llegué a casa, tomé unos mates con mamá y me fui a mi habitación. Mientras me cambiaba me quedé pensando en la conversación con Gonzalo, y sentí que había hecho lo correcto, mi matrimonio se había ido a la mierda, y yo era la única responsable, si no hubiera cogido con Gonzalo, nada de esto hubiera pasado.

*

Los días seguían pasando, y ya casi llegando a los dos meses de la separación, no había noticias ni de Cristian ni del divorcio, y la tía Nancy me decía que por algo sería, que no me hiciera ilusiones, pero por algo Cristian no había iniciado los trámites del divorcio.

No quise ilusionarme, pero en parte tenía razón, ese último día que hablamos, me había dicho que ese mismo lunes iniciaba el divorcio, pero de eso ya casi pasaban dos meses, y recordando las palabras de Amalia, decidí enviarle otro mensaje.

-Hola Cristian. Solo le pido a Dios que estés bien, es lo único que me importa, no me alcanzarán los días que me queden por vivir, para pedirte perdón. Solo deseo que seas feliz, porque es lo que merecés. Es todo cuanto deseo, que puedas seguir con tu vida y ser feliz.

Y sin pensarlo demasiado le di enviar, sabiendo que seguramente no tendría respuesta.

Cada día que pasaba era peor, en las horas en que estaba en el estudio, tenía la cabeza ocupada, pero al llegar a la cama cada noche, la tristeza no tenía fin, y cada noche me dormía llorando, culpándome por lo que era mi vida.

Los fines de semana eran lo peor, y aunque mamá, Mariela y Nancy intentaban distraerme, esos días eran los más tristes, los más vacíos, en los que más extrañaba a Cristian, en los que más falta me hacía, en los que más mierda me sentía.

No podía, ni quería pensar en salir, en conocer gente, las chicas todo el tiempo me decían que mi vida tenía que seguir, que no podía quedarme en el pozo en el que me encontraba, que tenía que levantar la cabeza y mirar hacia adelante, pero no podía, Cristian no se iba de mi cabeza ni de mi corazón.

Ese fin de año fue el más triste de mi vida, de solo recordar cada año nuevo en la costa con Cristian, se me estrujaba el pecho y me explotaban las lágrimas.

¿Cómo pude hacer eso? ¿Cómo pude hacerle eso al amor de mi vida?

Y en ese primer minuto del 2023, decidí que en mi vida no quería a otro hombre, si no era Cristian, no habría ninguno, me quedaría sola, porque es lo que merecía, porque es lo que me había buscado, y porque lo amaba cada día más.

*

Una tarde volvía caminando del trabajo a casa, y al pasar por la Iglesia Nuestra Señora de Lourdes, entré.

Me arrodillé frente a la imagen de la Virgen, y recé, recé por él, le pedí que Cristian sea feliz, tan solo eso aliviaría mi dolor.

Lo que tenía en mi vida era lo que me merecía, pero Cristian merecía otra cosa, ese hombre, el mejor hombre que he conocido, se merecía una vida feliz.

Tomé por costumbre entrar en esa iglesia al menos una vez por semana, y en cada rezo, le pedía a la Virgen por el bienestar y la felicidad de Cristian, solo eso me daría algo de paz.

Las semanas fueron pasando, y seguía sin tener noticias de Cristian, ni del divorcio, los mensajes de Amalia, comenzaron a espaciarse, y me dio por pensar qué quizás Cristian estaría en alguna relación, y sabiendo de mis sentimientos, Amalia no quería contármelo, o también que esa familia iría cortando el contacto conmigo.

*

Se habían cumplido ya seis meses desde que nos habíamos separado, y no había día en que no pensara en Cristian, semana por medio le enviamos un mensaje, preguntándole cómo estaba, pidiéndole perdón por lo que había hecho, pero ninguno de esos mensajes tuvo respuesta, y lo entendí.

Todo el tiempo pensaba en todo lo que había pasado, no me perdonaba a mi misma lo que había hecho, me critiqué mil veces por ser tan pelotuda, por no haber pensado bien las cosas, por dejarme llevar por esos correos, por mis estúpidos sentimientos, por no haber hablado con Cristian claramente las cosas, por ser tan pendeja, por dejarme influenciar por los comentarios de las chicas, y por sobre todo, por terminar en la cama con Gonzalo.

Lo que estaba viviendo era lo que yo misma me había buscado.

*

En mi nuevo grupo de trabajo en el estudio estaba muy bien, con Paola y Virginia, mis dos compañeras, nos llevábamos muy bien, y alguna vez luego del trabajo, nos hemos tomado un café juntas.

Con Pilar nos fuimos distanciando, aunque nos cruzábamos todo el tiempo, no conversábamos como antes, de hecho nunca llegué a contarle lo que pasó esa noche con Gonzalo, ni detalles de la separación con Cristian.

Tanto Clara y Evangelina, como mis nuevas compañeras de trabajo, me insistían todo el tiempo de salir alguna noche, pero nunca quise, no tenía ganas ni ánimos de salir de fiesta.

*

Fue en el mes de junio del 2023, ese jueves 22 a las cinco de la tarde, que al entrar una llamada en mi teléfono, me sorprendí al ver que era de Amalia, y la atendí.

-Hola Amalia!

-Hola Violeta! ¿Cómo estás?

-Bien Amalia, ¿y vos?

-Bien! Disculpá que te llame pero necesito hablar con vos...

-Sí claro, cuando quieras!

-¿Puede ser mañana a la tarde, a eso de las cinco en el centro?

-Sí por supuesto! Decime dónde!

-En el café de la otra vez! Necesito contarte algo!

-Bueno dale, a esa hora estoy ahí!

Nos despedimos y me quedé pensando, ¿qué tendría que contarme Amalia? ¿Algo sobre Cristian? ¿Estaría en alguna nueva relación y me lo quería contar?

Desde ese momento, y hasta el día siguiente en que nos veríamos, no pude dejar de pensar en lo que tendría para decirme, imaginando mil cosas diferentes, pero imaginando a Cristian con alguien más, y no pude evitar las lágrimas.

Llegué un rato antes al café de 12 y 50, me senté en una mesa, y minutos después vi entrar a Amalia, elegante como siempre, pero con el gesto serio, tan solo esbozó una mínima sonrisa al ubicar la mesa en que estaba sentada.

Nos saludamos con un beso y un abrazo, pedimos café para las dos, y mientras lo esperábamos Amalia me dijo:

-Perdón Violeta que te cité así, un poco con urgencia, de un día para el otro, pero necesito contarte algo.

-Claro Amalia, contame...

-El fin de semana pasado, el viernes a la tarde nos íbamos con Ignacio a Buenos Aires, a pasar el fin de semana en un hotel, íbamos a ir al teatro, a pasear allí y volver el domingo. Cuando se lo dijimos a los chicos, Marcos nos dijo que pasaría el fin de semana en casa de su novia, y Alan nos avisó que esa noche vendrían unos amigos suyos. Íbamos por la autopista, cuando sonó el teléfono de Ignacio y como iba manejando me pidió que lo atendiera, era su cuñada Ángela, la esposa de Carlos, que le avisaba que Carlos había tenido un infarto y que estaba internado. Ahí mismo Ignacio dijo de dar la vuelta en Avellaneda y volvimos para La Plata, directo al Hospital Español, donde estaba internado Carlos.

-¿Y está bien?

-Sí, ya está en la casa! Cuando llegamos al hospital estaba en la unidad coronaria, y nos quedamos con Ángela cómo hasta las diez de la noche, el médico dijo que le hacían otros estudios y que quedaría internado para control, Ángela había dejado a los chicos solos en la casa y tenía que volver, Ignacio le dijo que él se quedaba con Carlos.

En ese momento se acercó la mesera con nuestra orden, y luego que se fuera, Amalia siguió diciendo:

-Ignacio me llevó hasta casa y se volvió al hospital para que Ángela se fuera a la suya. Entré a casa por la puerta del garaje, cuando estaba en la cocina, escuché a los chicos en el estar hablando y riendo. Ellos no me escucharon entrar, hablaban algo que no entendí. Me quedé escuchando, hasta me parecía mentira que Alan trajera una amiga a casa, nunca lo había hecho, pero lo que oí un momento después no me gustó…, y me preocupó Violeta...Me asomé sin que me vieran, y allí estaba Alan, con dos chicos más y una chica.

-¿Y qué escuchaste Amalia?

-Uno de esos chicos decía, a Cristian no lo pudimos hacer caer, pero a la trolita sí, y tiene lo que se merece por hija de puta!

-¿Y esa trolita vendría a ser yo?

-Creo que sí, y Alan dijo, mejor así, nunca me la banqué, no la podía ni ver, y el boludo enamorado como un pendejo.

-¿Sabés quiénes eran esos chicos Amalia?

-No los conozco, nunca los había visto, pero sin que se dieran cuenta les saqué una foto, a la chica no se le ve la cara, porque estaba de espaldas a la cocina. Cuando siguieron hablando de otra cosa, volví a salir por el garaje, y entré por la puerta del frente. Cuando Alan me vio me preguntó qué había pasado, y le conté lo de su tío y que Ignacio se quedaría esa noche en el hospital, después me fui a mi habitación y los dejé solos.

-¿Tenés esa foto Amalia?

-Sí, ya te la muestro!

Sacó el teléfono de su cartera, buscó la foto y me dio el teléfono para que yo la viese.

Cuando vi esa foto no entendí nada y lo entendí todo…

Continuará…

Continúa en