Cristina y Roberto 4
Sabe que no puede correrse. Sabe que cada vibración es un recordatorio de quién manda. Y cuando la clínica se vacía, el juego apenas comienza.
Juego de Poder y Sumisión---Cristina somete a Roberto a un juego de control y sumisión, activando un plug anal en momentos inoportunos. La tensión sexual crece, y Roberto se entrega a la humillación y la excitación, atrapado en un juego del que no quiere escapar.---
Roberto se encontraba en el vestuario de la clínica, ajustándose la bata blanca que llevaba sobre su uniforme, cuando Cristina irrumpió en la habitación con una sonrisa traviesa en su rostro. Llevaba más de dos semanas con la jaula de castidad puesta, y la tensión sexual entre ellos había alcanzado un punto de ebullición. Cristina se acercó a él con pasos lentos y deliberados, sus ojos brillando con una mezcla de diversión y dominación.
"¿Lista para otro día de trabajo, Roberto?", preguntó con voz melosa, mientras se colocaba frente a él.
Roberto tragó saliva, sintiendo la jaula de castidad rozar contra su piel. "S-sí, Cristina", respondió, intentando mantener la compostura.
Cristina se acercó aún más, su aliento cálido en su oído. "Pero antes, tengo una sorpresa para ti", susurró, mientras sacaba un pequeño objeto de su bolsillo. Era un plug anal con control remoto, y Roberto sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral.
"¿Q-qué es eso?", preguntó, su voz temblorosa.
Cristina sonrió con malicia. "Es un pequeño regalo para ti, cariño. Algo para mantenerte entretenido durante el día".
Antes de que Roberto pudiera protestar, Cristina lo empujó suavemente contra la pared, sus labios buscando los suyos en un beso apasionado. Sus manos se movieron con destreza, desabrochando la bata de Roberto y deslizándola por sus hombros. La jaula de castidad brillaba bajo la luz del vestuario, un recordatorio constante de su sumisión.
Cristina se arrodilló frente a él, sus ojos fijos en la jaula. "Te has portado muy bien, Roberto", dijo, mientras deslizaba sus dedos por la fría superficie del metal. "Pero creo que es hora de añadir un poco de emoción a tu día".
Con manos expertas, Cristina lubricó el plug anal y lo insertó lentamente en el ano de Roberto. Él gimió suavemente, sintiendo la presión y la extrañeza del objeto en su interior. Cristina se levantó, sosteniendo el control remoto con una sonrisa triunfante.
"Ahora, cariño, vas a llevar esto todo el día", dijo, mientras ajustaba la bata de Roberto. "Y yo voy a divertirme un poco a tu costa".
Roberto se sintió abrumado por la situación, pero también excitado. La idea de ser controlado por Cristina, de estar a su merced, lo llenaba de una mezcla de miedo y deseo.
"Pero... ¿qué pasa si... si alguien se da cuenta?", preguntó, su voz temblorosa.
Cristina rió suavemente, su mano acariciando la mejilla de Roberto. "No te preocupes, cariño. Seré discreta. Pero si alguien se da cuenta... bueno, eso solo hará que el juego sea más divertido, ¿no crees?".
Roberto asintió, sintiendo el plug anal en su interior. Sabía que no tenía otra opción que obedecer, que estaba atrapado en un juego de poder y sumisión del que no podía escapar.
El día en la clínica comenzó como cualquier otro, pero Roberto no podía evitar sentir la presencia del plug anal en su interior. Cada paso que daba, cada movimiento que hacía, le recordaba su situación. Cristina, por su parte, parecía estar en todas partes, su sonrisa traviesa siempre presente.
En la sala de espera, mientras Roberto atendía a un paciente, Cristina se acercó sigilosamente y activó el control remoto. El plug anal vibró suavemente, enviando ondas de placer a través del cuerpo de Roberto. Él se mordió el labio, intentando mantener la compostura, pero su rostro se sonrojó y su respiración se aceleró.
El paciente, una mujer mayor, lo miró con preocupación. "¿Se encuentra bien, doctor?", preguntó.
Roberto sonrió forzadamente, intentando disimular su malestar. "S-sí, estoy bien", respondió, mientras Cristina se alejaba con una sonrisa satisfecha.
A lo largo del día, Cristina continuó jugando con el control remoto, activando el plug anal en los momentos más inoportunos. Mientras Roberto atendía a un paciente en su consulta, el plug vibró intensamente, haciéndolo gemir suavemente. El paciente, un hombre joven, lo miró con confusión.
"¿Todo bien, doctor?", preguntó.
Roberto asintió, su rostro enrojecido. "S-sí, solo... solo un pequeño dolor de cabeza", respondió, mientras Cristina observaba desde la puerta, su sonrisa traviesa iluminando su rostro.
En el almuerzo, Roberto intentó mantener la distancia de Cristina, pero ella se sentó a su lado, su mano deslizándose bajo la mesa para activar el control remoto. El plug anal vibró suavemente, y Roberto se retorció en su asiento, intentando disimular su malestar.
"¿Te gusta, cariño?", susurró Cristina, su aliento cálido en su oído.
Roberto asintió, su voz demasiado baja para ser escuchada. "S-sí", respondió, sintiendo la excitación crecer en su interior.
La tarde pasó lentamente, con Cristina continuando su juego de control y sumisión. Roberto se sintió cada vez más excitado, la tensión sexual creciendo en su interior. Sabía que no podía correrse, que la jaula de castidad se lo impedía, pero la sensación de ser controlado por Cristina lo llenaba de un placer intenso.
Finalmente, llegó el momento de cerrar la clínica. Roberto se dirigió al aseo, sintiendo la necesidad de liberar la tensión que había acumulado durante el día. Cristina lo siguió, su sonrisa traviesa aún presente.
"Creo que es hora de que me des las gracias, cariño", dijo, mientras se colocaba frente a él.
Roberto la miró, su rostro enrojecido y su respiración acelerada. "P-por favor, Cristina", suplicó, "necesito... necesito correrme".
Cristina rió suavemente, su mano deslizándose por el pecho de Roberto. "Lo siento, cariño, pero eso no va a pasar".
Roberto la miró con desesperación, pero antes de que pudiera protestar, Cristina lo empujó suavemente hacia el suelo, sus labios buscando los suyos en un beso apasionado. Sus manos se movieron con destreza, desabrochando los pantalones de Roberto.
Con manos expertas, Cristina comenzó a tocarlo, sus dedos deslizándose por la jaula y sus huevos. Roberto gimió suavemente, sintiendo el placer crecer en su interior. Pero antes de que pudiera darse cuenta, Cristina detuvo su movimiento, su sonrisa traviesa iluminando su rostro.
"No tan rápido, cariño", dijo, mientras se colocaba sobre él, su vestido subiendo para revelar su ropa interior.
Roberto la miró con deseo, su erección palpitando en su interior. Cristina se movió con lentitud, su cuerpo deslizándose contra el suyo, sus pechos rozando su pecho. Con un movimiento rápido, se quitó la ropa interior y la colocó en las manos de Roberto.
"Póntelo", ordenó, su voz firme.
Roberto la miró con confusión, pero obedeció, colocándose el tanga de Cristina. La tela suave y femenina lo rodeó, y sintió una mezcla de humillación y excitación.
Cristina se colocó sobre él, su cuerpo presionando contra el pecho de Roberto. Con un movimiento rápido, se quitó el vestido y lo dejó en el suelo, revelando su cuerpo desnudo. Roberto la miró con deseo, su erección palpitando en la jaula.
Cristina se movió con lentitud, su cuerpo deslizándose contra el suyo, sus pechos rozando su pecho. Con un movimiento rápido, se colocó sobre su cara, su sexo quedó sobre su boca.
Roberto gimió suavemente, sintiendo el placer crecer en su interior. Y empezó a recorrer con su lengua el sexo de Cristina. Pero antes de que pudiera alcanzar el clímax, Cristina se detuvo, su sonrisa traviesa iluminando su rostro.
"No tan rápido, cariño", dijo, mientras se levantaba, dejando a Roberto jadeando en el suelo.
Cristina se acercó a él, su mano deslizándose por su mejilla. "Te has portado muy bien, Roberto", dijo, mientras se agachaba para susurrar en su oído. "Pero creo que es hora de que aprendas una lección".
Con un movimiento rápido, Cristina activó el control remoto, y el plug anal vibró intensamente, enviando ondas de placer a través del cuerpo de Roberto. Él siguió trabajando con su lengua suavemente, sintiendo la excitación de Cristina y la suya propia crecer en su interior.
Sin darse cuenta, Roberto eyaculó con la jaula puesta al tiempo que Cristina tenía su tercer orgasmo.
Cristina se puso de pie y le dijo:
"Ahora, cariño es hora de que limpies tu semen"
Roberto la miró con desesperación, pero sabía que no tenía otra opción que obedecer. Con manos temblorosas, comenzó a limpiar su semen, sintiendo la humillación y la excitación crecer en su interior.
Cristina lo observó con una sonrisa satisfecha, mientras vestía su cuerpo brillando bajo la luz del aseo. "Hasta mañana, cariño", dijo, mientras se alejaba, dejando a Roberto solo con su excitación y su humillación.
Roberto se quedó en el suelo, sintiendo el plug anal en su interior y el tanga de Cristina rodeando su cuerpo. Sabía que estaba atrapado en un juego de poder y sumisión del que no podía escapar, pero también sabía que no quería escapar. La excitación y la humillación lo llenaban de un placer intenso, y no podía esperar a ver qué tenía Cristina preparado para él en el futuro.
La puerta del aseo se cerró detrás de Cristina, dejando a Roberto solo con sus pensamientos y su excitación. La noche caía sobre la clínica, y Roberto se preguntaba qué le depararía el mañana. ¿Hasta dónde llegaría Cristina en su juego de control y sumisión? ¿Y cuánto más podría resistir Roberto antes de romper? La respuesta estaba por verse, pero por ahora, Roberto solo podía esperar y desear.
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