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Dominaciónjul 2025

Mi primera vez con un Amo (4)

No es solo obediencia lo que busca, es la pérdida de toda humanidad. Cada orden lo degrada más, cada castigo lo ancla a su lugar: a sus pies, comiendo de su comedero.

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¿Desea mi señor tomar algo antes de que sea más tarde?.

Si, prepárame algo suave y mientras me enciendes un cigarro.

Le encendí un cigarro y fui a la cocina a prepárale algo para cenar. Me gustaba mirarle como disfrutaba de su cigarro echado y relajado en el salón.

¿Dónde desea tomarse esto, mi Señor?

Pues me gustaría usar tu cuerpo como mesa.

Si mi Señor.

Me coloqué a cuatro patas junto a él procurando tener la espalda recta con el fin de que colocara la bandeja sobre ella. Sentía como iba cenando.

Me gusta la mesa esta para cenar, es cómoda.

Mientras cenaba sus pies golpeaban mis genitales sin que por ello pudiera moverme con el riesgo de que se cayera la bandeja. Sus golpes eran suaves pero le gustaba atraparme los huevos con sus dos pies y tirar de ellos.

¡Los tienes duros, perro!, ¿cuánto tiempo hace que no los descargas?

Mucho mi Señor.

Pues tendremos que darle una solución a eso, ¿no te parece?

Como usted lo considere, mi Señor. Ya sabe que le pertenezco y por ello no tengo decisión más que la que usted me ordene.

Me gusta que lo tengas claro. Pensaré le manera de descargarte esos huevos. Ahora deja la bandeja en el suelo, te sientas en tu lugar y toma algo que tendrás hambre.

Dejé la bandeja en el suelo y me senté sobre el strapon fijado al suelo, mi lugar, y volví a coger el plato de la bandeja con lo que había dejado para mí.

Espero que te guste lo que te he preparado, mi cerdo.

El plato estaba lleno de las sobras que no había tomado pero además se veían restos babosos de saliva que los envolvía junto a la ceniza del cigarro y la colilla apagada sobre ellos.

Te lo he preparado con todo mi cariño. Espero y deseo que te guste.

Por supuesto, mi Señor.

Con mis dedos fui cogiendo la masa informe y babosa de la comida y fui comiéndola.

Si notas muy seca la comida me lo dices.

Si no le importa, mi Señor, ¿podría añadir algo para que esté un poco más jugosa?

Claro que si mi cerdo. Acércame el plato.

Tome el plato y se lo acerqué. No podía imaginar lo que iba a hacer. Carraspeó su garganta y dejó caer un salivazo verdusco mezcla de saliva y mucosidad sobre la comida.

Ahora mézclalo todo y espero que esté ahora más jugosa.

Gracias mi Señor.

Con mis dedos fui mezclando la comida con el escupitajo que había echado hasta que todo estuvo muy acuoso con hilos verdes entre ellos. En la boca me costaba masticarlo todo ya que su mucosidad se quedaba colgando de mi boca debiendo cortar los hilos verdes con mis dedos.

Cuando termines lo dejas todo limpio y vuelves a tu sitio.

Por fin lo terminé todo pasando al final mi lengua por todo el plato recogiendo la mezcla de saliva y ceniza. Al levantarme le enseñé el plato.

Me gusta lo agradecido que eres mi cerdo. ¿Te ha gustado?

Mucho mi Señor y en especial el condimento que Usted le ha añadido, mi Señor.

Tendrás siempre algo mío para que te acostumbres en adelante.

Me fui a la cocina, lo limpié todo y volví a su lado sentándome en mi lugar. Mi ano estaba ya bien dilatado necesitando en todo momento que estuviera lleno de lo que mi Señor dispusiera para mi.

He pensado que mañana iremos a una tienda de animales para comprar una colchoneta de esas que hay para perros y así puedas dormir junto a mi cama. ¿Qué te parece?

Muchas gracias, mi Señor, por sus atenciones que no merezco.

Bien, me fumo un cigarro y me acuesto.

Le encendí un cigarro y me mantuve a su lado. Viendo que se le iba a caer la ceniza abrí mi boca y se la ofrecí para que la usara como cenicero.

Como me gusta tu disposición y ofrecimiento. Acércate.

Al acercarme su mano abierta me propinó un bofetón que dejaron sus dedos marcados en mi mejilla.

Gracias, mi Señor.

Es mi forma de agradecerte tus servicios.

Así lo entiendo, mi Señor.

Tus pezones es algo que me vuelven loco y quiero que estén bien duros.

No supe que me había querido decir. ¿Es que no le gustaban mis pezones? Así estaba pensando cuando su mano, la que sujetaba el cigarro se aproximó a mi y lo aplastó sobre uno de ellos. No pude reprimir un quejido de dolor.

Que sea la última vez que oigo un quejido de tu boca. ¿Entendido?

Lo siento, mi Señor. No se volverá a repetir, se lo aseguro.

Por tu bien espero que así sea. Mañana recuérdame que compremos una mordaza.

Se levantó y cogiendo mi correa le acompañé al dormitorio. Al llegar le descalcé y lo acomodé en la cama quedando yo a sus pies. El pezón estaba en carne viva al haber aplastado la colilla de su cigarro. El dolor era fuerte pero intenté dormir. La noche la pasé nervioso por el dolor en el pezón.

Buenos días mi perro.

Al oírlo me levanté y le bese los pies, algo que le encantaba. Metía sus dedos en mi boca y los chupaba muy despacio.

Termina ya que me estoy orinando, joder.

Deje sus pies y metí su polla en mi boca apretándola fuerte con mis labios para que no se derramara ni una gota de su orina. Muy pronto su chorro caliente lleno mi boca teniendo que tragar deprisa para no ahogarme. Estaba caliente y con un sabor muy fuerte por ser el primero de la mañana.

Límpiame bien y prepara el desayuno.

Me marché a la cocina a prepararle el desayuno. Gustaba de un café con leche, un zumo de naranja y una tostada de mantequilla además de una pieza de fruta. Cuando todo estuvo preparado fui al dormitorio para avisarle. Me arrodille le calce sus zapatillas y permanecí a cuatro patas para llevarle hasta el comedor.

¿Por qué no llevas taponado el culo?, ¿qué te había dicho yo, perro?

Lo siento, esperaba que me lo pusiera usted, mi Señor.

Eso es una excusa que no te va a librar de un correctivo?

Si mi Señor, como Usted ordene.

Después de desayunar lo recibirás. Vamos al comedor.

Ya allí desayunó para después fumarse un cigarro. Mientras fumaba me miró sentado en mi sitio junto a él.

Estoy pensando que correctivo aplicarte. La falta es grave y he de corregirte.

Si mi Señor, lo que Usted considere hará de mí un mejor perro a su servicio.

Mi Señor se levantó, tiró de mi correa y fuimos a la habitación. Allí me inmovilizó en la cruz quedando frente a él y mirándole.

Este pezón me gusta como quedó.

Tomo unas pinzas y las ajusto en mis pezones. De la cadena que las unía fue colgando poco a poco unas pesas que iban tirando de ellos hacia el suelo provocando un dolor muy fuerte sobre todo en el que estaba quemado. Sabía que no podía emitir ningún quejido pues de hacerlo el correctivo sería mayor.

Te tendrás que acostumbrar a mis gustos.

Ya colgaban varias pesas que desgarraban mis pezones. El que estaba quemado comenzó a gotear un poco de sangre. Al darse cuenta me miró.

Cuando termine limpiarás el suelo y te echas en la camilla. No me gusta la sangre.

Me soltó de la Cruz y me eché en la camilla boca arriba atando mis brazos y mis piernas además de rodear mi cuello con un aro metálico que me impedía moverme.

Como ya te he dicho no me gusta la sangre, la detesto así es que voy a hacer que deje de sangrar ese pezón.

Se alejó de mí y le vi tomar una vela. Se acercó a la camilla con la vela, me la mostró y la encendió. La dejo sobre un velero para colocar alrededor del pezón quemado una especie de arete que no supe su función. Tomo la vela e inclinándola dejo caer la cera derretida sobre el de manera que gracias al arete se mantuvo llenando todo el pezón hasta la altura del arete.

De esta manera no goteará más.

La cera derretida quemaba la piel en carne viva del pezón y cumplió lo deseado. Me soltó de la camilla y fuimos al salón. Uno de mis pezones estaba totalmente recubierto de cera.

Bien vamos a salir ya de compras.

Me colocó el arnés para que llevara mi ano penetrado y salimos de casa. Al llegar al centro comercial fuimos a la tienda especializada en animales.

Hola, quisiera una colchoneta grande.

Sí claro esta es la de mayor tamaño. ¿Quieren algo más?

Si quisiera ver qué tipo de mordazas tenéis.

Tenemos esta que hace que tenga la boca siempre abierta. Está otra es la de bola para el efecto contrario. Depende para qué tipo de animal la desee.

Para perro.

Al decir perro me miro fijamente haciendo que agachara la cara de vergüenza. El dependiente se dio cuenta de a que perro se estaba refiriendo.

Pues entonces está de bola es la adecuada. ¿Algo más?

Pues…….seguiremos echando un vistazo, si acaso le necesito le llamo. Gracias.

Seguimos paseando por la tienda. Vio un peine de púas que le encantó.

Nos llevaremos este peine para peinarte por las mañanas. Sigamos.

Si, Señor.

Estuvimos mirando todo lo que había en la tienda. Llegamos a la zona de collares y correas.

Me gusta este collar rosa con esta plaqueta. Preguntaré si aquí la graban. Estarías muy mono con el. Y a juego está esta correa del mismo color.

Después estuvimos viendo unos recipientes para la cómoda de perro y unos bebederos. Tomo uno bastante grande.

Fuimos a la caja y el dependiente le dijo que si grababan y que lo hacían al momento.

Pues me gustaría grabar su nombre, “Luis”.

Al mirarme mientras se lo decía mi cara era un poema. Mi vergüenza hizo que me pusiera todo sonrojado. El dependiente tomó el collar y grabó mi nombre en la placa.

¿Te gusta, Luis?

Me preguntó diciendo mi nombre lo cual no dejó lugar a dudas de para quién era el collar. En ese momento mi pensamiento era “tierra trágame”.

Vámonos Luis. Coge las bolsas y vamos al coche.

Al llegar al coche dejé las bolsas en el maletero y le abrí la puerta. Ya sentados su mano se posó entre mis piernas apretando mis genitales.

¡Buenooo! Mucha vergüenza pero veo como se te ha puesto. ¿Te has excitado, mi perro?, ja, ja, ja.

Su mano me masajeaba mis genitales sobre el pantalón. Cada vez mi polla iba reaccionando y tomando una erección considerable. Conduje hasta casa sin que cesará en su magreo.

Creo que cuando lleguemos habrá que hacer algo para solucionar este problema. ¿No te parece mi perrito?

Si mi Señor como Usted lo estime, estoy a su servicio.

Llegamos a casa, le abrí la puerta y bajé las compras. Ya dentro fue al dormitorio.

Trae lo que hemos comprado. Pondremos la colchoneta aquí junto a la cama y ahora te desnudas por completo.

Me desnudé y me arrodillé ante él agachando mi cabeza para que me pusiera el collar. Tomó la correa y después de tumbarse sobre la cama me dijo que le desnudara. Lo desvestí por entero quedándose sobre la cama con su polla erecta.

Ve a la habitación y me traes la fusta.

Al volver me subí a la cama a cuatro patas con mi cara sobre su polla erecta.

Ya sabes lo que tienes que hacer mi perro.

Mientras le chupaba su polla y masajeaba sus huevos me iba golpeando con la fusta en mi culo haciendo que las contracciones que me provocaba introdujera más la polla del arnés.

Si, muy bien. Sigue así. Cuando me corra no te lo tragues, quiero que lo mantengas en tu boca. Ya te diré lo que has de hacer.

Seguí chupando con fuerza y lamiendo con mi lengua su glande, que era algo que le encantaba y le sobre excitaba. Sentí como se tensaba y me dispuse a recibir su corrida en mi boca. Varios chorros calientes golpearon las paredes de mi boca. Me separé y le mostré mi boca llena de su leche.

Muy bien, ahora vas a por el comedero que te he comprado y lo echas todo ahí.

Mirándole puse el comedero bajo mi boca y escupí toda su leche en él.

Escupe varias veces hasta que no quede nada en tu boca y vienes a limpiarme.

Escupí varias veces sobre el comedero y subí a la cama para limpiar su polla. La cogí con mis manos, bajé el prepucio y comencé a lamerla entera.

Esta bien, vuelve a escupir en el comedero y te limpias la boca. Enciéndeme un cigarro. No hay nada más placentero que un cigarro después de un buen orgasmo. Acerca el comedero que lo use como cenicero.

Fue echando la ceniza sobre la saliva y su leche, echando al final también la colilla.

Ahora te pones de pie y te masturbas. Para correrte lo echas todo en el comedero. Quiero verte masturbar.

La situación era muy humillante para mí al strapon de pie frente a él masturbándome por orden suya. Cuando sentí que me iba a correr tome el comedero y deje que mi leche cayera en él y se mezclara con la suya.

Muy bien mi cerdo. Ahora te traes una cuchara.

Al darle la cuchara me ordenó tener el comedero sobre la cama y a mano. Me coloqué cerca de él arrodillado.

Mi cerdo abre la boca que tu Dueño te va a dar de comer.

Poco a poco fue cogiendo la mezcla del comedero con la cuchara y dándomelo. La mezcla estaba muy viscosa y espesa que resbalaba de la cuchara debiendo anticiparme para evitarlo. En mi boca esta comida costaba de tragar por lo viscosa que estaba.

Así me gusta, poco a poco haré de ti el más cerdo debiendo anticiparme los sumisos. Haré que seas la envidia de todos los Amos y Amas cuando te conozcan.

Cuando terminé de tomarlo todo me lo dio para que lo relamiera todo y lo dejara muy limpio.

Bien, vamos al salón. Antes vísteme. Me pondré esa bata de seda negra, me hace sentir muy sexy. Ja, ja, ja.

Se levantó y tirando de mi correa rosa nueva fuimos al salón donde me senté en el suelo ya que aún llevaba el arnés. Me agaché un poco a besar sus pies que estaban algo fatigados y sudados después de haber salido esta mañana. El olor de su sudor me excitaba y me encantaba llenarme de él. Después ensalivaba las plantas de sus pies y sus dedos. Mi Señor levantaba su pierna e introducía por entero su pie en mi boca. Me sentía totalmente entregado a él. No lo cambiaría por nadie.

Sírveme un vermut y algo de picar.

Fui a la cocina y se lo preparé. Al servírselo se encendió un cigarrillo echándome el humo sobre mi cara que hacía que abriera mi boca para intentar atraparlo todo y tragarlo. Todo sabía a él.

Levántate y te quitas el arnés.

Tras despojarme del arnés me mandó traerle unos guantes de látex y colocarme inclinado hacia adelante. Así expuesto tomo los dos cubitos de hielo y los introdujo en mi culo para después volver a colocarme el arnés. El strapon impedía que los cubitos se salieran. Era una sensación extraña, por un lado un frío anal y por otro como una sensación de quemazón.

Colócate sobre tu comedero que no quiero que lo pongas todo perdido.

Los cubitos se derritieron muy pronto y el agua de ellos comenzó a caer en el comedero por los lados del strapon. No era un agua limpia sino de color amarronado.

Quítate el arnés para que te vacíes por completo.

Al quitármelo como si un enema me hubiera puesto un buen chorro lleno mi comedero.

Ya estás limpio. Ahora me gustaría que probaras algo de ti. ¡Hazlo, cerdo!.

Además del fétido olor era su aspecto con algunos trozos de excremento flotando lo que me hacía sentir un poco de asco. Solo tenía que pensar que lo que debía de hacer era por deseo y orden de mi Señor.

Si, me gusta verte tomarlo todo. Se que debe estar asqueroso pero para un cerdo como tú es solo un manjar, ¿verdad?

Si mi Señor. Me gusta complacerle siempre.

Bebiendo y comiendo en mi comedero le miraba sin cesar para poder ver su cara de satisfacción.

Continúa en