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Dominaciónjul 2025

Presa escurridiza - Cap 7

Lane no es la dominadora que Kimberley esperaba. En la oscuridad de la tienda, la mujer revela un secreto oscuro: prefiere ser poseída, no poseer. Ahora, con Kimberley atada a sus pies, Lane va a demostrarle qué significa realmente rendirse.

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Capítulo Siete

La mujer vestía totalmente de negro y habría sido difícil para Kimberley seguirla de noche por el bosque si no fuera porque la llevaba firme y dolorosamente agarrada por el cabello. Al menos era mejor que ser llevada desnuda y con los pies descalzos mediante una correa, se consoló Kimberley Pero ¿cómo encontraba el camino esta mujer? Ahora estaba muy oscuro y Kimberley apenas podía ver nada.

Caminaron durante lo que pareció ser mucho, mucho tiempo, con muchos vericuetos, hasta que Kimberley estuvo totalmente perdida. Pensó que esa podía ser la intención de la mujer. Estaba real y profundamente enfadada consigo misma. Había trabajado y planificado para que Bárbara fuera capturada de modo que ella pudiera seguir por su cuenta y crear la leyenda de la Chica-elfo. Luego se había dejado capturar… ¡por una mujer!... mientras se estaba permitiendo ver como a Bárbara se la trabajaban sus nuevos propietarios. ¡MIERDA! ¿Cómo podía haber sido tan descuidada?

Llegaron a una especie de matorral. Al menos eso era lo que Kimberley pensaba que era, pero estaba tan oscuro que podía haber sido una pared o una roca enorme o una ballena varada por lo que ella podía saber.

“Esta parte es un poco delicada, mi pequeña Chica-elfo,” susurró la mujer. “De modo que voy a tener que confiar en que me sigas.” Sacó una linterna pequeña pero potente y la encendió.

Vale, después de todo era un matorral, notó Kimberley. Parecía haber un estrecho sendero dentro de él. Un sendero muy estrecho, parecía más un camino de cabras. La mujer se deslizó en él silenciosamente. Por un momento Kimberley se planteó intentar huir, pero el año anterior había aprendido que las manos libres era muy útiles para andar y probablemente vitales para correr. En todo caso, ¿a dónde podría ir? Incluso si supiera adonde ir… y en este momento decididamente no era así… la mujer podría fácilmente ir tras ella. Suspiró con dificultad a través de la mordaza y siguió adelante.

La linterna de la mujer producía luz suficiente para que encontrara el camino. Lianas y zarzas parecían rodearla e intentar engancharla y esperaba que no hubiera raíces inesperadas ni agujeros, en los que tropezar o caer, en el sendero. No los había y al cabo de un ratillo llegaron a… ¿una tienda? Bueno, parecía en todo caso el ala de una tienda. La mujer se agachó y abrió la cremallera con un movimiento fluido, “Ahora adentro,” urgió a Kimberley.

Kimberley obedeció. ¿Qué podía hacer? Pasó de la tierra a una lona gruesa. La mujer le puso una mano en la espalda y la empujó suavemente un poco más adentro. Estaba aún más oscuro que en el exterior. Kimberley escuchó el sonido de la lona al bajar la cremallera tras ella.

“Por favor, siéntate por ahí,” se rió la mujer. Era una risa excitante, gutural y un poco ronca. “Encenderé las luces en un minuto.”

Kimberley se puso de rodillas. Sentía como si hubiera una especie de almohadilla bajo el suelo de lona. Con cuidado, dobló las piernas y se sentó como le ordenaban. Con la linterna pequeña entre los dientes la mujer alzó la mano para hacer algo. Hubo un clic y de repente se encendió una luz tan brillante que hizo parpadear a Kimberley.

Era una especie de tienda de campaña, con forma de iglú, de unos diez pies (unos 3 metros) de diámetro y seis pies (como 1,80 metros) de alto en el punto medio, donde colgaba una linterna eléctrica. El material de la tienda era oscuro, verde oscuro, casi negro. La mujer apartó la linterna y se sentó, con las piernas cruzadas, frente a Kimberley. Se quitó de la cabeza la gorra negra y agitó una melena hasta los hombros de cabello castaño rizado. La luz de la linterna formaba reflejos rojizos en ella.

“Ahh,” sonrió la mujer. “Esto está mejor. Realmente se pasa demasiado calor con esto…” tiró la gorra a un lado, donde Kimberley vio un saco de dormir, mochila, y una pequeña pila de ropa… “Pero evita que se me enganche el pelo en las ramas.” Sus ojos, de un marrón oscuro e intenso, se centraron en los de Kimberley. “Ahora… vamos a ocuparnos de ti.” Se inclinó hacia delante, pasó la mano por detrás y desató la cuerda que sujetaba la mordaza de Kimberley. Extrajo con sus dedos largos el trozo de tela empapado y lo tiró a un lado también… pero al otro lado de la tienda. Kimberley ejercitó las mandíbulas un ratillo y se lamió los labios.

“¿Te apetece un poco de agua?” preguntó la mujer. Utilizó el mismo tono de voz de un anfitrión ofreciendo una bebida a un visitante, como si estuviera perfectamente cómoda con la situación. Bueno, tal vez lo estaba, pero Kimberley no estaba cómoda en absoluto. Todavía sentía la boca seca.

"Sí, por favor." Asintió con la cabeza de Kimberley. La mujer se inclinó mucho más hacia la izquierda sin romper su posición de piernas cruzadas, tomó una cantimplora de detrás del saco de dormir, se enderezó de nuevo y destapó la cantimplora antes de mantenerla ante los labios de Kimberley. El agua estaba caliente, pero se agradecía. Kimberley dio un par de tragos y la mujer retiró la cantimplora para echar ella misma un largo trago. La tapó y la dejó junto a ella. Sin dejar de sonreír, se inclinó un poco hacia delante. Kimberley tuvo que vencer la necesidad de echarse hacia atrás.

"¿Cómo... cómo sabes mi nombre?" preguntó a la mujer. "¡Oh!" La mujer metió la mano en un bolsillo cerrado con velcro en el muslo de su pantalón negro y sacó algo que parecía un teléfono celular. "He utilizado esto." Lo mantuvo en alto para que Kimberley lo viera. "Se trata de un escáner. Todos los cazadores lo tienen."

“Así que... ¿eres cazadora? ", preguntó Kimberley. Al parecer, el escáner leía el chip implantado en su oreja. Bueno, eso tenía sentido.

La mujer volvió a reír. "En realidad, creo que soy cazadora... pero también puedo ser cazada aquí. Por eso que tengo este rincón pequeño y acogedor." Movió el brazo para indicar la tienda. "Estamos muy en privado y a salvo aquí." Afiló la sonrisa. "Te encuentro muy interesante, Chica-elfo. ¿Qué es lo que te ha traído de vuelta aquí?" Aquellos ojos marrones parecían llenar la visión de Kimberley. La mujer se inclinó muy cerca, sin dejar de sonreír...

Kimberley se encontró contándole todo a esta mujer, absolutamente todo; empezando desde su aventura el año anterior, cazada en la selva por tres hombres, los otros dos hombres y su cautiva, a la noche de borrachera en que ella y Bárbara habían planeado venir aquí, a su plan de venganza para conseguir que capturaran a Bárbara para que ella pudiera ver como la domaban y usaban... incluso su plan para iniciar la leyenda de la Chica-elfo. Habló durante mucho, mucho tiempo. La mujer escuchaba atentamente, reía en algunos puntos. En otros, como cuando Kimberley le habló de su larga noche atada a estacas en el suelo, sombras sin forma parecía bailar detrás de aquellos ojos marrones, abrió un poco la boca y se le aceleró la respiración. Por mucho que quisiera saltarse algunas cosas, Kimberley encontró que no podía. Algo la obligaba a contarlo todo... hasta el calor y la fuerza y la sensación y el olor y el sonido y el sabor de Alfa. "Vaya", dijo la mujer al fin, cuando Kimberley finalmente se quedó seca, "¡es toda una historia, Chica-elfo! ¡Estoy muy impresionada! Por cierto, me puedes llamar Lane."

"¿Lane? " Kimberley frunció el ceño. "Pero... pensé que tendría que llamarte ‘Ama’ o algo así." Lane volvió a reír. Probablemente reía mucho, pensó Kimberley. Era la clase de risa que los hombres encuentran irresistiblemente atractiva: gutural, humeante y sensual, con cierto toque salvaje.

"Lo siento", dijo Lane. "No me estoy riendo de ti. Puedo entender que pudieras pensar eso. Pero mi querida Chica-elfo..." se inclinó de nuevo hacia delante, tomando la barbilla de Kimberley en una mano, con suavidad. "Yo sólo cazo a las mujeres para poder venderlas". Sacudió la cabeza y toda aquella melena brillante se movió con ella. "No soy dominante. Me gustan los hombres... y me ENCANTA ser dominada por uno fuerte, inteligente y duro. Especialmente si es un poco cruel. "

"Así que... ¿me vas a vender, entonces?" La voz de Kimberley reflejaba amargura. Hasta aquí iba a llegar la leyenda de Chica-elfo. De alguna manera, ella no podía verse alcanzando un alto precio en una subasta de esclavas, dada la calidad de la competencia que había visto hasta ahora.

Lane, ladeó la cabeza de modo que un ojo se quedó tapado por una mecha de pelo. "¿Quieres ser vendida? No, no me lo creo. Viniste aquí con un plan muy diferente."

"Si. Bueno, parece que no funcionó de la manera que pensaba, ¿no? ", replicó Kimberley.

Otra carcajada. Fuera lo que fuera lo que Lane hubiera dicho antes, Kimberley definitivamente sentía como si se estuviera riendo de ella.

"Mmmmm....", reflexionó Lane, su mano todavía bajo la barbilla de Kimberley. "No, supongo que no lo parece. Es una pena, que un plan tan ingenioso y atrevido fallara tan pronto." En silencio, miró a los ojos de Kimberley. Kimberley trató de mirarla a los ojos, pero después de un minuto tuvo que retirar la vista.

Lane, le tomó la mano y se levantó. Era lo suficientemente alta para tener que agacharse un poco para no dar con la tienda. Kimberley encontró más fácil mirarla a los ojos cuando no estaban tan cerca de los suyos. Durante un buen rato, Lane se quedó allí, contemplando a Kimberley. La sonrisa se desvaneció y frunció el ceño. Aquel pequeño fruncimiento pensativo de ceño perturbó a Kimberley más que las fieras sonrisas que lanzaba Lane.

"Supongo que podría dejarte ir", dijo Lane al fin. "Pero nunca he hecho eso antes. No me parece bien. Y eres una pieza rara, Chica-elfo."

Kimberley se encogió de hombros con resignación. Ella apartó la vista.

"Pero..." Lane continuó. "Tengo una idea..."

"¿Cuál?" Kimberley alzó la vista de nuevo y vio a Lane pasándose la blusa negra por encima de la cabeza. "¿Qué... qué estás haciendo?"

Lane tiró la blusa. Echó la mano atrás para soltarse el sujetador y sonrió. "¿Qué te parece que estoy haciendo?" preguntó. La sonrisa depredadora había vuelto, y Kimberley estaba bastante segura de que estaba haciendo Lane.

"Yo... ah... dijiste que te gustaban los hombres."

"¡Oh, sí!" Lane agarró el sujetador y lo tiró a un lado. Los pechos eran pequeños, redondos y altos, como los de una jovencita. Los pezones prominentes y oscuros. Le cuadraban perfectamente. Una depredadora tendría tetas, no ubres.

"Entonces... ¿por qué...?"

Desnuda hasta la cintura, Lane se arrodilló delante de Kimberley y le puso su cara a sólo unos centímetros. Aquellos ojos adorables, terribles, brillaban. Kimberley sintió los brazos de Lane alrededor de su cuello y se estremeció.

"Si voy a hacer algo que nunca he hecho antes, también podría hacer otra cosa que no he hecho antes”, ronroneó Lane.

"Ah ¿nunca...?" Kimberley tragó saliva.

"No con una cautiva", murmuró Lane y tiró de Kimberley para darle un beso.

A Kimberley sólo le dio tiempo a soltar un pequeño chillido de sorpresa. Los labios de Lane eran suaves y cálidos... no, cálidos no, ¡CALIENTES! De hecho, la mujer parecía ahora irradiar calor como un horno. Sintió la lengua de Lane penetrar suavemente entre los labios. Cedió. Su propia lengua empezó a entrelazarse húmedamente con la de Lane. Sintió que Lane se estremecía.

"Ahhhh..." respiró Lane cuando rompió el beso. "Chica-elfo, eres en realidad un premio." Su aliento olía ligeramente a menta. Le llevó un momento a Kimberley reenfocar la visión. Lane, se sentó y empezó a quitarse las botas. Eran negras, igual que el resto de su atuendo, y aunque parecían útiles, no eran como las botas normales de caminar. Las lanzó lejos y luego se quitó los pantalones y las bragas. Kimberley no podía dejar de mirar. El cuerpo de Lane era delgado y musculoso, pero aún así muy femenino... parecido a un leopardo hembra, pensó. Estaba un poco confusa. Lane, la deseaba, no tenía ninguna duda... pero ¿cómo? Todavía estaba atada, pero completamente vestida, mientras que Lane estaba desnuda pero desatada.

Se puso a cuatro patas y se arrastró lentamente hacia Kimberley, con una sonrisa hambrienta. Aquella imagen del leopardo hembra de repente se convirtió en demasiado vívida y Kimberley se estremeció. "Relájate, mi pequeña Chica-elfo, " ronroneó Lane. Empujó a Kimberley lentamente sobre su espalda y se sentó sobre ella a horcajadas. "No diré que no te voy a morder, y no diré que no te voy a comer..." se rió entre dientes. "Pero no tienes nada que temer." Bajó la cabeza para besar a Kimberley de nuevo. Esta vez, Kimberley respondió en lugar de ceder. El beso de Lane era embriagador. Kimberley no quería que terminara. Apenas era consciente de que los dedos fuertes y ágiles de Lane le desabrochaban lentamente los botones, abriéndole la blusa, apartando el sostén deportivo y retirándolo del camino. Gimió. Tuvo que hacerlo.

Lane, deshizo el beso al fin. Tenía el rostro enrojecido, la respiración agitada... lo mismo le pasaba a Kimberley. Enredó los dedos en el pelo de Kimberley antes de doblar la cabeza para tomar el pezón hinchado de Kimberley en la boca. Lo mordió ligeramente, chasqueando el sensible nudo de carne con la punta de la lengua. Kimberley se retorcía y gemía debajo de ella, sintiendo el tirón de los dientes de Lane en el pezón cuando se agitaba. La sensación era intensa, abrumadora, aplastante... Kimberley se quedó sin adjetivos. Sólo Alfa había hecho alguna vez que se perdiera así. Era como estar atrapada en los rápidos de un río, con una rugiente corriente demasiado fuerte para luchar. Casi lo único que podía hacer era acordarse de respirar.

La hizo girar sobre el vientre. Lane le bajó la camisa hasta las muñecas atadas y luego hizo lo mismo con el sujetador deportivo. Kimberley sintió la cuerda que le rodeaba los brazos, justo por encima de los codos, tirando con fuerza, y anudándola. Era doloroso, pero no demasiado doloroso. El suelo de lona basta de la tienda le raspaba los pechos y pezones. Kimberley se preguntaba por qué habría hecho aquello cuando notó que le estaba quitando las ataduras de las muñecas. Lane le quitó completamente la camisa y el sujetador deportivo, luego le volvió a atar las muñecas, la liberada Kimberley gimió mientras su cuerpo tenía espasmos. "¡Qué interesante! Ojalá lo hubiera sabido antes, querida Chica-elfo. Podríamos haber tenido aún más... diversión." Se echó hacia atrás, agitando el cabello. "Bueno, tal vez la próxima vez." Ahora Kimberley podía ver que estaba sonriendo. "Bueno, ya que no voy a dejar que me ates, y no puedo liberarte ahora mismo, vas a tener que esperar ahí un momento. Estoy muy excitada..., como puedes ver. Tengo que hacer algo al respecto."

Se volvió hacia el saco de dormir. Mientras lo hacía, Kimberley vio algo y se quedó boquiabierta. Lane se detuvo, mirando por encima del hombro. Miró hacia abajo, donde estaba fija la mirada de Kimberley y luego se volvió hacia Kimberley. "Sí", asintió. "Fui marcada hace tres años, Chica-elfo. ¿Quieres que te lo cuente?"

"No... no tienes que hacerlo." Kimberley sacudió la cabeza.

"Oh, pero si es una historia muy emocionante." Lane agarró algo y se dio la vuelta para sentarse frente a Kimberley. Sostuvo el objeto en alto y sonrió. Era un vibrador. Lo encendió, y Kimberley escuchó un zumbido bajo, silencioso.

"Fue la segunda vez que vine a este sitio," continuó Lane. “La primera vez... bueno, la primera vez vine de turista. Fue divertido, pero yo quería algo más arriesgado. Quería algo más... salvaje." Se aplicó la punta roma del vibrador al pezón y se estremeció, echando la cabeza hacia atrás, aspirando aire con un silbido largo.

"¿Salvaje?" preguntó Kimberley después de un momento.

"¿Qué?" Parecía que Lane volviera de algún lugar distante. "Oh, sí. Salvaje. Bueno, lo encontré. Era alto y fuerte y trece años mayor que yo. Me sacó del hotel al bosque y me retuvo allí durante tres días, Chica-elfo. Me mantuvo todo el tiempo desnuda y encadenada a una estaca la mayor parte del tiempo. ¡Me encantó!"

"Tú... ¿te fuiste con él?"

Lane se rió entre dientes. "Tendrías que conocerlo para entender. Y de todos modos, yo había estado en celo... desde que me había mirado a los ojos. Me llevó a un campamento que tenía. Una vez allí, me hizo desnudarme y observar mientras tiraba toda la ropa al fuego, una por una."

Kimberley se estremeció, recordando lo que habían hecho con su ropa... y también todo su equipo... el año anterior.

"No me ató al principio. Podría haberlo hecho. En su lugar, me puso una cadena alrededor del cuello con un candado. El otro extremo de la cadena estaba sujeto al tronco de un árbol con una gran pica. "Lane miró a Kimberley. "Luego me hizo ponerme a cuatro patas... como tu amiga... pero con la cabeza tocando el suelo y el culo levantado en el aire para él. Esa fue la primera vez que me tomó... Recuerdo que yo seguía tratando de levantar la cabeza del suelo, y él seguía empujándola hacia abajo. No obtuve mucha satisfacción aparte de esa primera vez, pero me dejó con ganas de más... ¡de mucho más! Y lo conseguí." Se tumbó a su lado, frente a Kimberley, a pocos metros de distancia. Su voz se había vuelto más tranquila y ronca.

“La vez siguiente me ató las manos detrás. Quería mi boca. Y se corrió en ella. Nunca antes un hombre se me había corrido en la boca y cuando tosí y me ahogué y lo escupí, me dio una buena tunda en el culo con una correa. La siguiente vez, me lo tragué todo."

Kimberley asintió con la cabeza, lentamente. Le sonaba muy familiar. Podía imaginarse a Alfa actuando de aquella manera con ella y a ella respondiendo como Lane. "Me daba de comer." Lane respiró. "Me daba agua. Cuando estaba demasiado sucia, me lavaba. Y me follaba... con rudeza... varias veces al día." Lane se acercó más, con los ojos clavados en Kimberley de nuevo. Esta vez, a Kimberley le pareció mucho menos inquietante.

"Luego quiso el culo." La cara de Lane estaba sólo a unos centímetros de Kimberley ahora. "Por primera vez, tuve miedo. Le dije que no. No me escuchó. Yo no acababa de darme cuenta de que no tenía que hacerlo. Tantas cosas son tan diferentes aquí. Grité y grité, pero él siguió adelante de todos modos..." Hizo una pausa y respiró hondo. "Eso cambió algo en mí. Después de eso, era suya. Habría hecho todo lo que quisiera. Absolutamente todo. ¿Entiendes?"

Kimberley tragó saliva y asintió. Sí, ella entendía muy bien. A excepción de... Tragó saliva otra vez. "¿Y él dijo que quería marcarte?" "No.” La voz de Lane era ahora muy, muy baja. "Dijo que me iba a marcar. Supongo que yo podría haber dicho ‘no’... de hecho, ahora sé que si lo hubiera hecho, no podría haberme marcado... pero no se me ocurrió. Me trajo de regreso al pueblo con las manos atadas a la espalda y la cadena todavía alrededor del cuello. Me llevó al mercado de esclavas. Me marcaron en un pequeño cuarto trasero. Me pusieron una especie de bocado de goma dura en la boca para que no me mordiera la lengua." Se estremeció. "Me sentí POSEÍDA. ¡Me encantó!" Suspiró. "Sólo nos quedaban unos cuantos días más. Cuando se acabaron, él siguió su camino y yo el mío."

"¿Lo echas de menos?", preguntó Kimberley.

"A veces creo que sí." Asintió Lane. "A veces creo que echo de menos aquella sensación." Quedó en silencio por un momento, la mirada perdida en la nada. Entonces, de repente, la vieja Lane regresó, con aquella sonrisa de depredadora. "No hay más charla por ahora, Chica-elfo." Se dio la vuelta de espalda a Kimberley y comenzó a utilizar el vibrador. Kimberley, con esfuerzo, rodó sobre el costado para poder verlo todo mejor. Lane usaba el vibrador vigorosamente, a veces metiéndoselo en la boca abierta antes de volver a colocarlo entre sus largas piernas. Hacía un ruido considerable, sobre todo gemidos y aspiraciones siseantes. Kimberley se preguntó por qué Lane no había hecho uso de su boca para darle placer... o incluso usar cualquier otra cosa. También esperaba fervientemente que Lane no la dejara así atada toda la noche. Los muslos estaban empezando a dolerle.

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