Presa escurridiza - Cap 9
Kimberley sabe que la noche es su aliada, pero el amanecer trae consigo a Greg y a otros cazadores. Mientras intenta eludir su destino, se cruza en el camino de mujeres que buscan el mismo juego que ella huye. La pregunta no es si la atraparán, sino si ella decidirá quedarse.
Capítulo Nueve
Estaba muy oscuro y muy tranquilo cuando Kimberley abrió cuidadosamente la ventana de su habitación. Podía oír los grillos y otros insectos nocturnos y el sonido de su propia respiración, pero la ciudad parecía estar profundamente dormida. Bueno, eso le convenía, excepto por lo que el viejo cliché de película indicaba respecto a lo demasiado tranquilo. Pasó la mochila con mucho cuidado al techo del porche, justo bajo su ventana y esperó. Tras un minuto, medido con el reloj de pulsera barato que había comprado antes, pasó una pierna al tejado junto a la mochila. A horcajadas en el quicio de la ventana, esperó otro minuto medido, mirando a su alrededor y escuchando. Finalmente, salió al tejado y cerró la ventana tras ella... y esperó otra vez.
No había ruido o movimiento que fuera indicio de que hubiera alguien allí en la oscuridad, esperándola. ¿No había otro viejo cliché de película acerca de lo que es demasiado fácil? Se obligó a respirar un par de veces lenta y profundamente. Tal vez después de todo aquello no resultara demasiado tranquilo ni fácil. Tal vez fuera que realmente estaba tomando a todos por sorpresa. Había dejado indicios suficientes de lo que haría por la mañana para empujar a la mayoría de la gente, pensó. Sin embargo, ¿qué pasaba si uno o más de los hombres de aquí había adivinado la verdad, yendo más allá de su engaño? Podían estar al acecho esperándola justo ahora...
"Calma, Chica-elfo," se dijo. Hasta donde podía contar, su aparición aquí se había convertido en una sorpresa total. Las mujeres a cazar simplemente no se paseaban por la ciudad por sí mismas, fuera zona segura o no. No, probablemente sólo llegaban como cautivas. Por lo tanto, era poco probable que nadie hubiera sospechado que estaría saliendo a hurtadillas a las... miró su reloj de nuevo. La esfera brillaba débilmente en la oscuridad... las tres y cuarto de la mañana. Ató un trozo de cuerda a la mochila y se acercó con cautela al borde del tejado. Era un techo muy fuerte y ella era una mujer pequeña, delgada. No hizo casi ningún ruido en absoluto. Lanzó la mochila fuera del tejado y la bajó lentamente hasta el suelo. Ya estaba. Ahora todo lo que tenía que hacer era bajarse ella misma, y sabía exactamente por dónde hacerlo.
Sonrió para sus adentros. Greg ha sido muy persistente de ayer, tratando de averiguar cuáles eran sus planes la mitad del tiempo y tratando de seducirla la otra mitad. Había sido muy halagador, pero al mismo tiempo muy molesto porque había algunas cosas que hubiera querido hacer sola, y no la dejaba en paz. Tal vez podría haberle dicho que se perdiera, pero probablemente no habría funcionado. Aquí no, en todo caso. Tal vez podría haber pedido al camarero que echara a Greg con el argumento de que era molesto, pero no creía que hubiera funcionado. Lo que le había dejado sólo la opción de retirarse a su habitación y cerrar la puerta tras ella, esperando en el interior hasta que Greg se diese por vencido y se fuera y la Chica-elfo no HARÍA eso. Al final, ella trató de excusarse con el pretexto de dar un paseo para estirar las piernas, pero Greg la había acompañado incluso entonces. Divertida, le había hecho darse una larga caminata, paseando por el lugar y los alrededores, volviendo al salón después de pasar primero por detrás para poder ver lo que había bajo el techo del porche. Ahora se estaba deslizando por la esquina donde había una columna de madera adornada que proporcionaba asideros. En pocos minutos, había llegado a tierra y recuperado la mochila. Una vez más, esperó, escuchando con atención. Nada. Se cargó la mochila y se desvaneció en la oscuridad del bosque.
La marcha era muy lenta. Si acaso, parecía estar aún más oscuro que la noche anterior. Las ramas le golpeaban en la cara. Raíces, lianas y piedras trataban de zancadillearla. Pero ahora era la Chica-elfo, que se sentía como en casa en el bosque, y siguió adelante. Quería poner la mayor distancia posible entre ella y aquel puesto de compraventa sin nombre, antes del amanecer. En algún momento alguien, mañana por la mañana, descubriría que se había ido y poco después, los hombres se lanzarían a cazarla. Estaba segura de que Greg, por lo menos, se pondría tras su pista... y, posiblemente, Ralphie y sus amigos. Le era indiferente ser capturada por Ralphie. En cuanto a Greg, por otro lado... bueno, no le importaría ser atrapada por él, pero no demasiado pronto. Había sido divertido y encantador, además de persistente. De hecho, con él había tenido el mejor día que había pasado en meses y en otras circunstancias, podría haberlo invitado a subir. Incluso así, había estado muy tentada de hacerlo de todos modos. Había acertado sobre lo de que estaba en celo, y había pensado mucho sobre que le ayudara a rascarse aquel picor particular. Pero... después de eso, ¿qué? Todavía no tenía una idea clara de todas las reglas del lugar. ¿El tener relaciones sexuales voluntarias con uno de los cazadores quería decir que era ahora cautiva suya, incluso en una zona segura? ¿Por qué correr ese riesgo?
Parecía como si hubiera estado caminando toda la noche y no acababa de amanecer. Se quitó la mochila y se sentó con la espalda apoyada en el tronco de un viejo árbol enorme. No sabía hasta dónde había llegado en realidad o en qué dirección. Había empezado a dirigirse hacia el sur, pero era muy fácil terminar caminando en círculos cuando no se podía ver nada. De todos modos, estaba cansada. No había dormido mucho realmente. Le había parecido una buena idea intentar el viejo truco de beber mucha agua antes de irse a la cama para que la despertara después de un par de horas, pero ahora Kimberley sospechaba que funcionaba mejor con los hombres que con las mujeres. Se había despertado en realidad, pero mucho antes de la medianoche. Incluso a esa hora, podía oír ruidos en la sala: voces, música, cantos desafinados. Por lo tanto, había ido al baño, y a continuación, sólo para estar segura, bebido más agua. Se había despertado de nuevo poco después de las 1:30, aún escuchaba ruido abajo, y había repetido el ejercicio. La tercera vez que se había despertado, ya estaba al fin en silencio. Bueno, al menos de esta manera no había tenido que recurrir a un despertador, que habría eliminado cualquier posibilidad de una salida furtiva.
Levantó la vista para ver si había algún brillo en el cielo, en cualquier dirección, que pudiera anunciar el amanecer. Nada bueno. Parecía que había un toldo impenetrable de hojas sobre su cabeza, y no tenía ganas de levantarse para salir de debajo de aquel árbol grande y viejo en aquel momento. Tal vez en un minuto o dos...
La luz oscilaba en los párpados. Abrió los ojos, parpadeó, y tuvo que volver la cabeza. El sol estaba alto ahora, un chorro de luz brillante pasaba oblicuamente a través de los árboles. Había una brisa suficiente para producir un efecto de parpadeo cuando se movían las hojas y ramas pequeñas. Todavía con sensación de muy cansada, Kimberley se desplazó pesadamente a un lugar más sombreado. Era hora de levantarse ahora, pero no le apetecía realmente. Además, no podría apretar el botón de repetición para retrasar la salida del sol. Bostezando y parpadeando, se puso en pie, apoyándose con una mano contra el gran árbol, con el deseo vano de una buena taza de café caliente. Se pasó los dedos por el pelo corto, rizado, volvió a bostezar, agitó la cabeza. Esto de construir la leyenda era DIFÍCIL. Pero es que si fuera fácil, cualquiera podría hacerlo. ¿Dónde había oído esa frase? No importaba. Tomó la mochila y se la echó a los hombros de nuevo. Era hora de moverse… con cuidado, claro. Sacó el plano. A esta temprana hora del día no necesitaba usar la brújula.
Hasta donde podía decir, las cuatro zonas seguras de los puestos de compraventa al sur de Gordburg no estaban a más de cinco o seis millas de distancia y estaban conectadas entre sí por caminos de tierra. En un principio había planeado visitar cada una de ellas al menos una vez. Eso le habría costado, suponía, no más de tres o cuatro días, dejando tiempo suficiente para que un hombre diera con su paradero y la mantuviera cautiva por un período de tiempo satisfactorio. Pero a partir de sus largas conversaciones, mientras caminaba con Greg ayer, había sacado la impresión de que había otros cuatro lugares al NORTE de Gordburg, e incluso algunos más, más alejados en ambas direcciones. Ella había tratado de sacarle lo que era "la Granja" que mencionaron los captores de Bárbara, pero él había sido irritantemente vago en sus respuestas. No parecía, sin embargo, que la Granja fuera ningún tipo de zona segura, y podría haber más de una de ellas. Nada de eso aparecía en el mapa, que parecía ser como el que le habían dado el año anterior, preciso, pero incompleto. Incompleto o no, estaba donde estaba. Probablemente podría visitar aún las otras tres zonas seguras de aquel lado de Gordburg de acuerdo con su plan original, pero no veía ninguna manera de visitar todas las del norte y sin utilizar para ello todo su tiempo de vacaciones. ¿Debería continuar con su plan original o poner en marcha uno nuevo? De cualquier manera, no tenía que decidirlo de inmediato. De momento, se conformaría sólo con llegar a la siguiente zona segura. Allí habría café. Se dirigió hacia el Este. Sólo había una zona segura en el Oeste e ir hacia allí en aquel momento le parecía meterse en un callejón sin salida.
Era un hermoso día. En otras circunstancias, Kimberley lo hubiera disfrutado inmensamente. Le encantaba estar al aire libre. En las actuales circunstancias, su disfrute se diluía. Bueno, no es que se diluyera, exactamente, más bien se mezclaba con una dosis fuerte de adrenalina. Estaba en peligro allí fuera, presa fácil para cualquier hombre u hombres que pudiera encontrar. Pensar en ello le produjo un delicioso estremecimiento, pero no quería ser atrapada por cualquier hombre… u hombres y en todo caso no por el momento. Se abrió paso cuidadosamente a través del bosque. De vez en cuando, se detenía para revisar el mapa. No era de mucha ayuda, porque no estaba segura de su ubicación después de andar errante la última noche. Aún así, era un poco tranquilizador echarle sólo un vistazo de vez en cuando.
Se detuvo a descansar y a echar un trago de la cantimplora. Había cubierto alrededor de dos millas (unos tres kilómetros), pensó, y no había visto ni oído a nadie. Por otro lado, no parecía haber muchos conejos y ciervos en aquella parte del bosque, y cada vez que uno de ellos, huía al acercarse ella, pateando las hojas, la hacía pegar un brinco y mirar a su alrededor para descubrir la fuente del ruido. Tenía los nervios de punta, pero la presencia de fauna silvestre debería indicar que no había otra gente alrededor... ¿no? Tomó un último sorbo y cerró la cantimplora. Era hora de ponerse de nuevo en movimiento.
Esta vez, usó la brújula, tratando de ir oblicuamente hacia el camino que tenía que estar en algún lugar al norte. No quería ir por el camino, pero si podía ver lo, le ayudaría a dirigirse hacia la siguiente zona segura... ¡y al café!
Después de otra hora de caminata, se detuvo de nuevo. No había visto ninguna señal de camino hecho por el hombre o cualquier otra cosa, solo más malditos conejos y ciervos. Se sentía irritada. ¿Dónde diablos estaba el camino? Tenía que estar cerca. Abrió el mapa de nuevo y lo volvió a doblar sin mirarlo. Ahora mismo no ayudaría. Cuando se puso en marcha de nuevo, no hizo uso de la brújula. Se limitó a mantener el sol a su derecha.
Encontró el camino al fin, después de quince minutos más. De hecho, casi cayó en él mientras bordeaba unos arbustos espesos. El camino estaba justo al otro lado de ellos, hundido alrededor de un pie (unos 30 cm.) por debajo del nivel del suelo. En el momento en que se dio cuenta de ello, se deslizó detrás de los arbustos y se quedó inmóvil, escuchando. En un primer momento no oyó nada, excepto algún pájaro ocasional, pero entonces...
¿Qué era? No podía situar el sonido. Bueno, sonidos, en realidad... pero lo que los producía se dirigía hacia ella desde el oeste. ¿Perseguidores? Se arrodilló rápidamente. Tenía muchas ganas de arriesgarse a echar un vistazo para ver lo que fuera, pero resistió la tentación. Si se mantenía en el camino, iba a pasar justo delante de ella y podría echar un vistazo entonces. Se dio cuenta de que estaba temblando, aunque fuera muy ligeramente. Los ruidos se acercaban...
¡Oh, por amor de Dios! Era una diligencia tirada por cuatro caballos moviéndose con un trote lento, cascos pisando fuerte, cadenas tintineando y crujido de ballestas. Sólo le echó una mirada muy rápida, pero vio al conductor, al tipo de la escopeta montado junto a él, ambos vestidos como vaqueros, y a las dos mujeres jóvenes que viajaban en la cabina de pasajeros. ¿Pasajeros? ¿Era la diligencia de algún tipo zona segura de viaje? Este parecía ser un pequeño detalle más del que no había sido informado. Los sonidos del carruaje se desvanecieron en la distancia.
¿Y ahora qué? Se planteó qué hacer durante unos minutos antes de decidir que en este momento un movimiento audaz podría ser lo más seguro. Se puso en pie y se abrió paso entre los arbustos de nuevo, caminando con cuidado hacia la carretera. Tomó la dirección de la diligencia, caminando por ella como si estuviera absolutamente segura y fuera intocable. Incluso llegó a silbar una melodía.
Por suerte o por audacia o por una combinación de ambas, llegó a la siguiente zona segura en apenas unos quince minutos. Parecía ser un lugar más grande, pero aún se ajustaba al modelo del Viejo Oeste. La diligencia, ahora aparcada delante de la taberna, sólo añadía algo más a la atmósfera. Confiada y prácticamente inadvertida, Kimberley entró por las puertas de batientes y se detuvo al entrar. Las dos mujeres que había visto montadas en la diligencia antes estaban en el bar, bebiendo cerveza y disfrutando alegremente de la atención que les prestaban la media docena de hombres que las rodeaban. Las mujeres se reían de cada comentario y chiste malo que sus admiradores les ofrecían. Para Kimberley, actuaban como si estuvieran un poco borrachas, pero no podían haber estado aquí el tiempo suficiente para conseguir más que una leve cogorza, aunque hubieran empezado a beber en el momento en que llegaron a la ciudad. Entonces se dio cuenta que en realidad estaban borrachas, pero de excitación, no del alcohol. Era curioso. Se abrió paso hasta la barra y pidió un café. El barman no podía oírla debido al ruido.
"Me gustaría tomar un café, ¡por favor!" Dijo en voz alta, en el momento en que los hombres notaron su presencia y se quedaron en silencio. Las dos mujeres estaban de espaldas a ella. Se rieron una vez más al unísono antes de darse cuenta del terrible silencio en que se habían quedado las cosas de repente. Comenzaron a mirar alrededor para ver qué había salido mal, y sus ojos se clavaron en Kimberley.
"Hola," les sonrió Kimberley. Parecían ser un poco más jóvenes que ella, una con el pelo oscuro y cortado tipo hada, y la otra con una larga cabellera marrón que casi llegaba a los hombros. También eran más altas que Kimberley, con vaqueros muy cortos y ajustados que dejaban ver las largas piernas y ajustadas camisetas que las exhibían aún más. Kimberley les tendió la mano. La mujer de pelo oscuro la estrechó de forma refleja. "Soy Chica-elfo. ¿Quiénes sois vosotras, y que es lo que os ha traído a este pueblo? "
"Ah... eh... yo soy Jessie ", respondió la chica del cabello oscuro. "Esta es Anne. Estamos... de vacaciones. ¿Cómo dijiste que te llamabas? "
Kimberley se rió. "Llámame Chica-elfo," respondió ella. "Estoy aquí también de vacaciones." El camarero colocó una humeante taza de café en la barra junto a su codo. Kimberley la alzó y tomó un sorbo. Jessie tenía ojos azul claro, mientras que los de Anne eran grandes y marrones. Ambos pares de ojos mostraban desconcierto.
"¿Qué... tipo de vacaciones?" preguntó Anne después de una pausa.
"Bueno, ¿qué tipo de vacaciones os han traído aquí?" respondió Kimberley. "¿Por qué llegáis aquí en diligencia?" Ella hizo un gesto con la taza de café antes de tomar otro sorbo. ¡Ahhh! Tenía buen sabor, aunque fuera negro como lo era. Por lo general lo prefería con un poco de leche y azúcar, pero pedirlo así ahora rompería el clima.
"Estamos... ah... en el albergue, en Gordburg", dijo Anne. "Estamos haciendo una pequeña excursión de un día poco, visitando... ah..." Se puso roja.
Kimberley asintió con la cabeza. "¿Sólo viendo el paisaje?"
"Bueno... sí."
"Ah-hah. ¿Y qué paisajes podrían ser?" La sonrisa de Kimberley se endureció. "Déjame adivinar... ¿mujeres desnudas en jaulas?" Anne y Jessie enrojecieron, y Kimberley supo que su suposición era correcta. "Bueno, ¿y TÚ para qué estás aquí?" la desafió Jessie.
"¿Yo?" Kimberley tomó un nuevo sorbo de café antes de responder. "Yo, yo estoy aquí, para ver si alguno de los cazadores puede cazarme." Señaló con un gesto a los hombres. "Hasta ahora, ninguno de ellos lo ha hecho. Pero vamos a hablar de vosotras dos." Sonrió a las mujeres. "¿Por qué habéis tenido que venir hasta aquí en busca de emociones baratas? Hay un montón de ellas en Gordburg, ¿no?"
"¿Qué quieres decir con 'emociones baratas'?" Anne entrecerró los ojos.
"Eh," Kimberley bebió un poco más de café y continuó. "Venís aquí, vestidas así, sin sostén, exhibiéndoos para llamar la atención. Vais a mirar a las mujeres capturadas, a sabiendas de que todos los hombres aquí están pensando en cómo os veríais desnudas en una de esas jaulas, y sabiendo que ninguno de ellos os puede tocar." Hizo una pausa. "Bueno, tal vez 'emociones baratas' no sea la frase correcta después de todo..." Dejó que el rastro de voz se extinguiera y regresó al café.
"¿Ah? ¿Y cuál sería la frase correcta?" Parecía que Anne no podía dejarlo estar.
Kimberley notó que el pequeño grupo de hombres había retrocedido un poco y que más hombres habían entrado en el salón. Todos observaban el proceso con gran interés. Algunos de ellos probablemente con la esperanza de una pelea de gatas. Probablemente se sentirían decepcionados. Anne no parecía de ese tipo. "Bueno," volvió el rostro hacia Anne otra vez y se encogió de hombros. "Ya que has preguntado, tengo que decirte que el término que se me viene a la mente es ‘calientapollas’."
"¡PERRA!" Se inflamó Anne, pero no hizo ningún movimiento hacia Kimberley. Jessie miró rápidamente alrededor de la habitación a todos los rostros masculinos y parecían querer desligarse de esta confrontación.
Kimberley se echó a reír. "Sea o no una perra, voy a poner el culo a tiro aquí, mientras que todo lo que tú y tu amiga estáis haciendo con vuestros culos es menearlos bajo las narices de todos los hombres antes de poneros a salvo de regreso a la ciudad. Apuesto a que las dos incluso os reís del asunto después."
Ahora Jessie parecía como si le hubiera gustado ser invisible. El rostro de Anne estaba rojo de ira, y su boca trabajaba como si quisiera decir algo, pero no pudiera. Tal vez no podía encontrar las palabras, o las había encontrado, pero se le pegaban a la garganta."
¿Os GUSTAN al menos los hombres a vosotras dos?" Preguntó Kimberley con fingida seriedad. La parte masculina de la audiencia se rió a carcajadas. Anne, enrabietada ahora, levantó la vista y miró alrededor a todos ellos. Jessie le tiró del brazo. "Vamos, Anne, vámonos," pidió ella, casi en un susurro. Anne se la quitó con rabia.
"¿Podría ponerme otro, por favor?" Kimberley señaló la taza de café al camarero, quien le sonrió ampliamente. "Claro, señorita," asintió. "Va de mi cuenta."
"Eh." Anne tocó a Kimberley una vez en el hombro con un dedo.
"¿Quién diablos te crees que eres?" Kimberley miró el dedo y luego la cara de Anne. No se movió. "Ya te lo dije," respondió con suavidad. "Soy Chica-elfo." Mantuvo la mirada fija en los ojos de Anne hasta que Anne retiró el dedo y retrocedió medio paso.
Anne todavía parecía enfadada. "No soy una calientapollas," dijo, al parecer olvidándose de Jessie.
"Por supuesto que no." Kimberley asintió con la cabeza. "Es solo que actúas como tal." Se sentía segura, pinchando aún más. No creía que Anne fuera a dar el primer golpe, sin que importara cuál.
"¡NO lo soy!" Insistió Anne.
"De acuerdo." Kimberley se encogió de hombros. "Demuéstralo."
"¿Qué?" Anne pasó de la ira al sobresalto en un instante. Detrás de ella, Jessie puso los ojos en blanco.
"Demuéstralo," repitió Kimberley. "O déjame en paz. Me gustaría desayunar un poco en algún momento."
"Demostrarlo, ¿cómo? "Anne frunció el ceño.
"No lo sé," Kimberley se encogió de hombros. "Elige un par de tíos de aquí y fóllatelos."
Anne miró de nuevo alrededor, esta vez con nerviosismo. "¡ESTÁS de broma!"
"Tu eliges," se encogió de hombros otra vez Kimberley. "Siempre puedes volver a Gordburg." Se volvió hacia el camarero, como olvidándose de la otra mujer. "¿Puedo desayunar todavía aquí?"
Anne pegó un puñetazo sobre el mostrador. "¡Que te jodan. Y que se joda tu desayuno!" Gritó. Se volvió hacia su compañera. "Venga, Jessie. Nos vamos." Mientras salía de la sala, los hombres separándose para dejarles vía libre, el camarero gritaba tras ellas: "¡El coche no sale hasta dentro de tres horas, señoritas!"
Anne se detuvo en seco cuando lo oyó. Jessie casi tropezó con ella. Sacudió la cabeza con enojo y se alejó. Jessie lanzó una última mirada indescifrable a Kimberley antes de apresurarse tras Anne. El salón comenzó a vaciarse ya que algunos de los hombres decidieron seguirlas.
"No ha sido muy agradable." Kimberley casi se volvió al oír el sonido de aquella voz familiar, pero se contuvo y se giró lentamente. "¡Por qué, Greg!" Sonrió, apoyándose en la barra. "Esa perra presumida se lo merecía." ¿Cuándo había entrado? Y ¿cómo había llegado hasta allí tan pronto?
"Por supuesto que sí," Greg estuvo de acuerdo. "Pero no es eso lo que quería decir."
"Ah, ¿sí? ¿Qué querías decir? "
"Quiero decir que no ha sido muy agradable que te hayas ido así, sin decir adiós.”
Se rió. "Así que ¿todavía me sigues?"
"Sí... y no es tan fácil como pensé que podría ser. ¿Puedo pagarte el desayuno que has pedido?"
Kimberley le miró en silencio por un momento. "Muy bien," asintió. "Pero tienes que decirme cómo has llegado hasta aquí tan pronto y no debes esperar nada sólo por haberme pagado la comida."
Greg se echó a reír. "Veo que tampoco besas en la segunda cita."
Tenía mucha más hambre de la que pensaba. Sentada en una mesa del rincón, comió vorazmente, mientras Greg observaba. "¿Y bien?" Le pinchó. El salón ofrecía una tortilla del oeste muy sabrosa.
"Y bien, ¿qué?"
"Que pronto olvidáis los hombres." Engulló otro bocado. "¿Cómo has llegado hasta aquí tan pronto?"
"Oh, eso." Se encogió de hombros. "Bueno, una vez que la criada encontró la habitación vacía y que todo tu material se había esfumado no fue demasiado difícil de entender que habías saltado. La parte difícil era averiguar en qué dirección ibas. Parece que soy el único que acertó. No me llevó demasiado tiempo llegar por aquí. En realidad, te he estado esperando."
"¿El único?"
Se rió Greg. "Pequeña Chica-elfo, hay una media docena de otros cazadores ahí fuera escudriñando los arbustos en estos momentos. Causaste un gran revuelo allí."
Tomó un sorbo de café. "Pero eso es lo que querías, ¿no?"
"Tal vez... oh, diablos. Sabes que sí." Kimberley tuvo que reírse.
"Así que... ¿cuál es tu próximo paso?"
"¿Qué te hace pensar que te lo diría... o que digo la verdad si te digo algo?"
"Era una pregunta retórica. Ya he descubierto que no es probable que te capture intentando seguirte, así que voy a tener que superarte y adelantarme a ti."
"¿Cómo vas a hacer eso?"
" No te lo voy a decir."
"Esa era mi propia pregunta retórica," replicó Kimberley.
Greg se echó a reír, y luego se puso serio. "Debo advertirte de algo."
"Ah, ¿sí? ¿De qué? "
"Tu amigo Ralphie es uno de los tipos que andan a tu caza. Creo que él piensa que le debes algo."
"¿Y qué? "Se encogió de Kimberley.
"Ralphie tiene mala reputación. No es demasiado malo cuando forma parte de un grupo en el que sus amigos pueden echarle el ojo, pero esta vez te busca por su cuenta, Chica-elfo. Si yo fuera tú, me vigilaría el culo."
"Parece que ya lo estás vigilando, pero gracias por el aviso." Se terminó la tortilla.
‘Y ahora ¿qué hago?’ Se preguntó. Tenía que librarse de Greg de alguna manera, pero iba a ser mucho más difícil a la luz del día de lo que lo había sido por la noche. De todos modos, el pequeño truco de la noche anterior no era probable que funcionase dos veces seguidas. Las cosas habrían sido mucho más sencillas si Greg se hubiera equivocado.
Miró a Greg a los ojos, tratando de ganar tiempo para pensar. Se encontró su mirada, con una molesta sonrisa satisfecha de sí misma, como si supiera que la tenía bajo control. Bueno, estaba en lo cierto, pero ella no lo encontraba tan divertido como él. Jessie irrumpió en el salón. Se detuvo nada más entrar, mirando a su alrededor hasta que localizó a Kimberley.
"Tú," la señaló ella. "Anne quiere mostrarte algo. Ahora."
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