Presa escurridiza - Cap 11
Kimberley no huye por miedo, sino por estrategia. Mientras otros hombres se hunden en la lujuria y el dolor, ella observa, calcula y desaparece. Pero la leyenda de la Chica-elfo pesa más que cualquier sombra, y Greg no está dispuesto a soltarla tan fácilmente.
Capítulo Once
Anne yacía de costado sobre la paja, tosiendo, agitándose y gimiendo, de espaldas a Kimberley y Evelyn. Los hombres habían acabado con ella hacía sólo unos minutos. Antes de irse, le habían cortado la cuerda que iba desde las muñecas atadas hasta el cuello, pero luego la habían trabado. Parecía una imagen del sufrimiento.
Kimberley sintió la necesidad de apoyarse en algo sólido. Había un hermoso poste de buen tamaño que se elevaba desde el suelo que le sirvió bastante bien por el momento. También sentía la necesidad de sacar uno de aquellos puritos negros hechos a mano de su mochila y encenderlo, pero no le pareció una buena idea hacerlo en el interior de un edificio de madera lleno de heno y paja, sin que importara lo mucho que le apetecía.
Nunca había visto nada parecido. Habían hecho a Anne chuparle la polla a cada hombre, por turnos, tratando desesperadamente de satisfacerlos incluso aunque hacerlo le resultara muy, muy difícil. En el momento en que el cuarto hombre -el que la había azotado- terminó, estaba hecha un desastre. Le goteaba de la barbilla semen mezclado con su propia saliva, en los pechos, el vientre y los muslos. En el pelo había mucho de aquello. Anne no parecía darse cuenta, o no le importaba. En el momento en que el que manejaba el látigo le soltó el pelo se había caído de costado y se había limitado a quedarse allí. No luchó ni se quejó cuando la trabaron. Tenía rayas en el culo de distintos tonos de rojo. Kimberley podía ver muchos moratones.
Evelyn miró su reloj. "Todavía le queda un poco más de media hora para irse," comentó.
"¿Qué?" Kimberley no se lo podía creer. A pesar de que acababa de ver el episodio, sentía como si hubiera durado mucho más de una hora. "Así que... ¿van a volver los hombres?"
"Oh, así lo espero." Asintió con la cabeza Evelyn. "Aunque probablemente irán al salón a tomarse una copa o dos como primera cosa. Necesitan recargarse un poco."
Kimberley miró a Anne, luego a Evelyn. "Está bromeando".
"Chica-elfo," Evelyn levantó una ceja una fracción de pulgada, "NO estoy bromeando." "Pero... no puede aguantar más..." Kimberley señaló la forma inmóvil de Anne.
Evelyn miró de nuevo el reloj. "Tendrá que hacerlo. No ha pasado la hora y, créeme, si pensara que estaba en peligro real, lo pararía todo. Mientras tanto, creo que estaba tratando de pedirme algo antes."
“Uh... sí, así es. Estoy tratando de librarme de mi acosador. Ya se lo señalé."
Evelyn sonrió. "Si no quiere ser atrapada, ¿por qué ha venido aquí?"
Kimberley suspiró. "Es un poco complicado, y no creo que tenga mucho tiempo para explicarlo. Permítame decir que espero absolutamente ser capturada, con el tiempo, pero no quiero que sea demasiado fácil para nadie."
"Está bien." Evelyn pareció aceptarlo. "Pero, ¿qué tiene eso que ver conmigo?"
"Yo... necesito salir de aquí", dijo Kimberley. "Tengo que poner un poco de espacio entre yo y Gre... mi acosador. No sé si usted puede ayudarme, si se le permite ayudarme, pero..."
"Se le ha exigido mirar, Chica-elfo. Y me temo que no se me permite ayudar en estas circunstancias. Yo soy vigilante, no facilitadora."
"¡Lo sé! Y lo he mirado... todo... hasta ahora..." Volvió a mirar a Anne, tendida muy quieta en la caseta. "Realmente ahora siento un poco de lástima por ella." Suspiró. Bien, ahora tendría que pensar en alguna otra forma de librarse de Greg.
"¿Tiene que ir al baño?" Preguntó Evelyn en voz baja.
"¿Qué?" Kimberley pensó que los oídos la habían engañado.
"Estoy segura de que es así," siguió Evelyn en el mismo tono. "Si no desea soportar el acoso de los hombres, que siguen descansando en la calle principal, hay una pequeña puerta trasera que podría usar. ¿La ve? ¿Allí mismo? Usted podría llegar al salón y volver con facilidad sin ser vista."
Le llevó un momento a Kimberley darse cuenta de lo que Evelyn le estaba diciendo. "¡Ohhh!" Sonrió al fin. "Sí, necesito ir. ¡Muchas, muchas gracias!" Levantó la mochila y se dirigió hacia la puerta.
Evelyn se aclaró la garganta. Aquella ceja estaba levantada de nuevo. Kimberley se detuvo.
"¿Y ahora qué?"
Evelyn señaló a la mochila con la cabeza. "Si se la lleva, Chica-elfo, tendré que preguntarme si me dice la verdad respecto a que vaya a usar el baño, después de todo. Más concretamente, no es probable que se lo crea su acosador."
Kimberley miró a la mochila, luego a Evelyn, luego a la mochila de nuevo. ¡Maldita sea!
"Tiene razón", suspiró, bajándola de nuevo. Soltó la cantimplora. "Podría llenar esto mientras estoy allí," dijo inocentemente, levantándola.
"Supongo que podría," asintió con la cabeza Evelyn, en tono solemne.
Kimberley abrió la mochila y sacó el paquete de aluminio que contenía los cuatro puros trenzados a mano. "Puede que necesite fumar... para calmar los nervios... antes de que regrese." Miró a Evelyn interrogante.
"Perfectamente razonable." Asintió Evelyn. "¿Tiene cerillas?"
"Sí." Kimberley se dio unas palmaditas en el bolsillo cosido al brazo de su camisa. Llevaba allí un pequeño recipiente de metal a prueba de agua, con unas cuantas cerillas de madera.
"Bueno, adelante," se encogió de hombros Evelyn. "Supongo que la veré en un rato." Sonrió con ironía. "No hacerlo demasiado fácil puede ser un arma de doble filo, Chica-elfo."
Kimberley soltó una risa triste. "Es que estoy aprendiendo." Se deslizó por la pequeña puerta trasera con un gesto de despedida para Evelyn y cerró la puerta detrás de ella.
Miró alrededor para asegurarse de que no era observada y luego echó una carrera hasta el bosque de los alrededores. Al diablo con el sigilo por el momento. Tenía, en el mejor de los casos, sólo treinta minutos para poner distancia entre ella y Greg... y cualquier otra persona que pudiera estar buscándola. Si fuera a un ritmo lento y cuidadoso podría cubrir un total de unas 800 yardas (unos 730 metros), lo cual no sería suficiente. Al correr, cubriría por lo menos dos millas (unos 3200 metros) con facilidad. Echó una rápida mirada a su reloj de pulsera barato, tomando nota de la hora. En media hora, se detendría a descansar, encendería uno de aquellos pequeños puros, y pensaría en qué hacer a continuación.
Odiaba haber tenido que dejar atrás la mochila, pero Evelyn tenía razón. De todos modos, cuando llegara a otro de esos mini-pueblos podría volver a equiparse. Mientras tanto, además de la cantimplora, todavía tenía el mapa, la brújula y su fiel cuchillo de supervivencia. Sonrió y palpó la empuñadura mientras corría. La Chica-elfo podría sobrevivir por un tiempo de aquella manera. Claro que podría. Aunque no le iba a gustar mucho.
Correr solo requería esfuerzo físico. Tenía un montón de tiempo para pensar y mucho en que pensar. ¿Cuál fue el trato con Anne? para empezar. Bien, le había apretado con bastante fuerza los botones a Anne, pero su intención era desviar la atención de Anne y Jessie y centrarla en sí misma, todo ello para aumentar la leyenda de la Chica-elfo. La reacción inicial de Anne había sido parecida a lo que esperaba... pero Anne se había pasado de rosca por completo. Incluso si su suposición de que a Jessie no le interesaban los hombres era correcta, no explicaba lo que Anne había hecho... y lo que le harían hacer cuando los hombres volvieron con ella. Kimberley dudaba que Anne hubiera esperado algo tan duro y brutal. Probablemente sólo había visto a las cautivas, atadas o en sus jaulas. Sin duda ella y Jessie habían encontrado todo muy excitante, algo para ayudar a que más tarde fluyeran los jugos, cuando estuvieran a salvo, de vuelta al hotel. Ahora... bueno, sería interesante ver cómo iría todo cuando volvieran al hotel, pero Kimberley se estaba acostumbrando aquí a ver sólo la mitad de todas las historias. Se parecía mucho a empezar a ver películas treinta minutos después de que hubieran empezado y dejarlas treinta minutos antes de que se terminaran. Puedes hacer conjeturas sobre lo que había pasado antes y más conjeturas respecto a cómo resultó, pero al final, nunca podías estar seguro.
Corrió constantemente a lo largo de una loma baja, y descendió por el otro lado. No había mucha maleza en aquella zona y estaba haciendo un buen tiempo. Miró su reloj de nuevo. Faltaban veinte minutos para parar. Su respiración era profunda y regular. Se sentía como si pudiera mantener ese ritmo durante todo el día.
Pensó en Greg. La expresión de su rostro cuando le agarró del brazo había sido divertidísima, sorpresa, esperanza y oscura sospecha todo mezclado. No había hecho el menor movimiento para tocarla a su vez. No estaba segura de por qué. Probablemente era una de las reglas. ¿Los hombres que venían aquí tenían que asistir a clases para aprender todas las reglas? ¿Había libros de texto y exámenes? ¿Tenían calificaciones o notas de aprobado/suspenso? Y ya que estaba en eso, ¿por qué la mayoría de los hombres que había visto aquí parecían estar entre los treinta y los cincuenta? Había visto algunos hombres mayores que... se le vino a la mente el Sr. Brown... pero ninguno más joven. No le importaba eso. Prefería los hombres maduros. Pero aún así se lo preguntaba.
Haciendo un esfuerzo, dirigió su mente de nuevo a Greg. Originalmente, ella había esperado que arrojándolo a Anne, de alguna manera podría desviar su atención lo suficiente como para escaparse. No había conseguido escapar de la atenta mirada de Evelyn, pero cuando había sido el turno de Greg con Anne había tenido un fuerte impulso de quedarse a ver de todos modos... sólo para ver, se dijo.
Greg había hecho casi exactamente lo que Siniestro había hecho antes que él, toda su atención se centró en la pobre Anne. Una vez que había empezado, Kimberley podría haber estado en otra zona horaria en cuanto a que él la percibiera, y había encontrado aquello irritante. Bueno, la manera en que Anne se había arrodillado en la caseta significaba que él tenía que estar de espaldas a Evelyn y Kimberley, pero aún así...
Aunque tenía un culo bastante bonito... Pero incluso cuando se había movido para poder ver a Greg y Anne de perfil, Greg la había seguido ignorando por completo. Uno pensaría que después de perseguirla durante todo aquel tiempo le habría dedicado, por lo menos, una mirada, por mucho que Anne le hubiera estado chupando la polla. ¡Hombres!
Pero tenía una polla bastante impresionante. Larga, pero no exageradamente, y aunque no tan gorda como parecía ser la de Bull, parecía tan gruesa como su propia muñeca. Anne había tenido sin duda que luchar con ella.
El paso de Kimberley decaía. Se detuvo, movió la cabeza para vaciarla de todas aquellas imágenes que estaban empezando a distraerla realmente, respiró hondo y volvió a correr. Estaba segura de que Greg le seguiría la pista muy pronto, si es que no estaba ya en ella. Tenía que mantenerse en marcha.
Casi exactamente treinta minutos después de que hubiera dejado el granero, encontró el lugar perfecto para parar y descansar. Era la primera colina auténtica que había visto desde que había llegado aquí. Estaba llena de cantos rodados de todos los tamaños, lo que explicaría por qué los pocos árboles que crecían en ella eran todos tan pequeños. En la cima de la colina, podría encontrar un buen cobijo y todavía ver o escuchar a alguien que tratara de acercarse sigilosamente a ella. Encontró un buen lugar, se colocó y encendió uno de los pequeños puros. Todavía respiraba un poco pesadamente, y puesto que el día se había vuelto más cálido, además sudaba un poco. Agitó la cantimplora. Parecía y sonaba como si estuviera sólo a medias. Recostada contra una roca grande y gris, trató de relajarse y pensar en qué hacer a continuación. Sacó el mapa del bolsillo de la camisa y lo abrió para echarle un vistazo.
Iba a necesitar equipos y ropa nueva. Aunque podría conseguirlos fácilmente en cualquiera de las mini-ciudades mostradas en el mapa, ir a cualquiera de ellas presentaba sus propios problemas. Tenía que asumir que ya era bien conocida en los dos lugares que ya había visitado. Los rumores sobre la Chica-elfo ya se habrían extendido probablemente a otras mini-ciudades, y Greg le había dicho que había unos cuantos hombres buscándola, y específicamente a ella. Sonrió y sacudió la cabeza con tristeza. Ser una leyenda, aunque fuera muy pequeña, tenía su otra cara de la moneda.
Volvió a doblar el mapa por el momento y cerró los ojos. Dio una larga chupada al cigarro, paladeando el sabor acre del humo. Bueno, ahora era una leyenda menor, pero también estaba atrapada en el bosque sin apenas equipo y nada de comida. Sabía limpiar y cocinar un conejo, pero primero había que cazar uno y no era algo que pensara que podía hacer. Demonios, incluso si atrapaba uno, no creía que en realidad pudiera matarlo. Bueno, tal vez pudiera hacerlo si estaba realmente hambrienta, pero esperaba no llegar a eso.
El agua no debería ser un problema. El mapa mostraba varios arroyos que atravesaban la zona y uno de ellos debía estar cerca. Estupendo. Aquello reducía sus problemas a comida, refugio y ropa. Apagó la colilla del cigarro contra una roca. Descansaría un rato aquí y pensaría. Luego se pondría de nuevo en movimiento.
Era media tarde cuando se tropezó con algo inesperado. Parecía como una fábrica grande y vieja, abandonada hacía mucho tiempo. Tenía dos pisos, construida en ladrillo rojo desmoronando. Las ventanas habían desaparecido y lo mismo una gran parte del techo. Kimberley se acercó con cautela. Podía haber alguien escondido allí.
Había una puerta en un extremo... lo suficientemente grande como para que pasara un camión y tan vacía como todas las ventanas. Se deslizó hasta ella y se asomó por una esquina. No había nada en su interior. El piso era de cemento viejo y agrietado, con las malas hierbas asomando entre algunas de las grietas. Si alguna vez hubo una segunda planta de este edificio, hacía tiempo que había desaparecido. Podía ver otros dos edificios más pequeños a través de las ventanas de la planta baja, y más allá de ellos un angosto camino de tierra que iba hacia el bosque.
¿Qué había sido aquel lugar? No había ninguna pista de ello. Tenía que haber sido abandonado hacía mucho tiempo. Kimberley fisgoneó por allí. El primero de los edificios pequeños que revisó podía haber sido una oficina alguna vez. Tenía linóleo antiguo cubriendo la mayor parte del suelo de madera podrida, pero estaba tan vacía como el propio edificio grande. Fue a mirar al segundo pequeño edificio. No parecía haber puerta en el extremo cercano y alguien había tapiado las ventanas. Cuando comenzó a caminar hacia el extremo opuesto, vio el montón que había sido parcialmente ocultado por la maleza. Cuando lo vio, Kimberley se detuvo en seco.
Era un montón de ropa de mujer... un montón enorme. Podía ver camisas, blusas, pantalones, faldas, corpiños, bragas, zapatos y botas, todo tirado contra una pared del segundo edificio. Las cosas en la parte superior de la pila parecían recientes. Las cosas de la parte inferior parecía que llevaran allí mucho tiempo. Olían a moho. Kimberley rodeó la pila.
Había una puerta en el otro extremo del edificio, y esta no estaba vacía. La puerta original no estaba, pero alguien la había reemplazado con... bueno, parecía una puerta hecha de tubos de metal y trozos de vallas metálica. Kimberley se acercó, curiosa, para ver mejor el interior.
Todas las ventanas habían sido tapiadas, y mientras que el techo había desaparecido de este edificio también, el suelo de cemento estaba en buenas condiciones y relativamente limpio. Esto tiene que ser una especie de corral, pensó. Pero, ¿qué estaba haciendo aquí? No debería haber nada a un par de millas de este lugar. Revisó el camino de tierra y encontró huellas de neumáticos. Bueno... trajeron aquí a las mujeres en coche… o camión... e hicieron que se desnudaran... o lo hicieron voluntariamente... y las confinaron en este corral de espera... ¿y luego qué? Rebuscó un poco más por allí y encontró los restos de algunas fogatas grandes. Podía imaginar que se celebraban orgías, pero aquello no parecía ser todo lo que pasaba allí. ¿No habrían querido las mujeres que habían participado recuperar la ropa después? ¿O se iban... o las llevaban a algún otro lugar... después de esto, en lugar de volver a Gordburg? ¿Y hace cuánto tiempo se usó aquel lugar por última vez? ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que fuera utilizado de nuevo? Podría no ser seguro pasar aquí mucho tiempo.
Pero... si HACÍAN orgías aquí, también habrían traído algo de comer y beber, ¿no? Kimberley se sentía lo bastante hambrienta ahora como para arriesgar un poco más de tiempo en la búsqueda. A cierta distancia de los edificios, cerca de la carretera, encontró unos depósitos grandes, de madera resistente, ocultos tras la maleza. Estaban levantados sobre gruesas patas de madera, tenían tapas con bisagras en la parte superior y estaban cerrados con candado.
¡Mierda, mierda, MIERDA! Kimberley sofocó la necesidad de maldecir en voz alta. Golpeó con su pequeño puño la parte superior de una de los depósitos. Era posible que hubiera comida allí, pero eso no le iba a servir de nada. No sin la llave. ¿Por qué le pondrían un candado a algo aquí fuera?
Un momento... si había comida allí, sólo tenía sentido para ponerla a salvo de animales... como mapaches u osos. No había visto ni mapaches ni osos hasta ahora, pero eso no significaba que no los hubiera. Pero ¿cuáles eran las posibilidades de que las llaves de los candados estuvieran en algún lugar alejado de aquí? Empezó a buscar por debajo del depósito más cercano.
Allí estaba. Podía notar un pequeño recipiente de metal enganchado a la parte inferior. Lo abrió y encontró una llave. Se ajustaba perfectamente al candado, y la giró. Musitó una silenciosa plegaria mientras levantaba la tapa. No había mucho en el depósito, pero se puso muy contenta de todas formas, un par de latas de carne picada en conserva, media docena de latas de melocotones en rodajas, media caja de embutido y solo una lata de cerveza. No conocía la marca, pero que en realidad no importaba. Tomó la carne picada, dos latas de melocotones, cuatro latas de embutido y la cerveza antes de cerrar y volver a colocar el candado en el depósito. Dejó nuevamente la llave donde la había encontrado. No creía que nadie mantuviera un inventario de lo que había quedado en los contenedores, por lo que su robo probablemente nunca sería descubierto. ¡La Chica-elfo ataca de nuevo!
Ah... pero ¿cómo iba a llevar a todas aquellas latas? No pesaban demasiado, pero le iban a resultar difíciles de llevar de una lado para otro, sobre todo desde que no tenía mochila. Pensó un momento y tuvo una inspiración. Dejó las latas en el suelo junto al depósito y volvió al montón de ropa. El olor a moho aún le molestaba, pero en la parte superior de la pila encontró lo que andaba buscando. Una mujer de piernas muy largas se había dejado allí un par de vaqueros. Estaban un poco húmedos, pero no olían a moho, y aún mejor, ¡todavía tenían el cinturón en las presillas! Volvió con los pantalones al depósito. Utilizó el cinturón para cerrar las perneras de los pantalones vaqueros y deslizó por su interior las latas. Se pasó los pantalones por encima de la cabeza, a modo de una banda y se puso en pie. Podría no quedar muy bien... de hecho, estaba segura de que parecería una tonta, pero de aquella manera podría llevar todo su tesoro con mucha facilidad.
Ahora podría ser conveniente irse a otra parte. Comprobó la brújula y la situó para ir en dirección sureste. Buscaría un lugar para acampar durante la noche. Ya se ocuparía del mañana, cuando llegase.
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