Presa escurridiza - Cap 10
Kimberley creía conocer a Anne, pero el establo guarda secretos que la obligan a mirar. Entre cadenas y paja, la amistad se rompe bajo el peso del deseo prohibido y la sumisión forzada.
Capítulo Diez
"¿Qué?" Kimberley frunció el ceño. "¿Qué demonios quiere? Puede venir aquí y mostrármelo, si está tan decidida a ello."
"No te lo puede demostrar aquí," dijo Jessie. Parecía muy agitada. "Tienes que... tienes que ir al establo."
"¿Qué? ¿Qué establo?" Kimberley pensó que tenía que haberse perdido algo.
"El que está a las afueras del pueblo." Alzó la voz Greg. "El de las mujeres desnudas, enjauladas. Ya sabes."
"Oh." Kimberley pasó la mirada de Greg a Jessie y viceversa. "Pero, ¿por qué?"
"Creo que tendrías que ir allí a averiguarlo." Greg se encogió de hombros. "Creo que voy a ir allí por mi parte. Podría ser interesante." Se puso en pie, esperando.
"Muy bien,” suspiró Kimberley. "Supongo que iré también." Realmente no tenía nada más que hacer en este momento, excepto tratar de encontrar una manera de deshacerse de Greg. A pesar de lo que acababa de decir, sospechaba que no iba a ir al establo a menos que fuera. Bueno, ¿por qué no ir? Echó la silla hacia atrás y se levantó, recogiendo su mochila. No era demasiado pesada para llevarla con una mano por un tiempo, y no iba a ir a ninguna parte sin ella. Tal vez lo que Anne quería mostrarle en el establo pudiera proporcionar un elemento de distracción que le permitiera escapar de alguna manera.
Jessie abrió el camino. Nunca miraba atrás para ver si Kimberley la seguía. Kimberley tenía la clara impresión de que Jessie estaba muy enfadada con ella por alguna razón. No podría ser por su discurso en el salón antes, ¿verdad? Anne se había enfadado entonces, pero Jessie solo había parecido avergonzada. ¿Qué estaba pasando? Greg caminaba junto a ella. Nunca la tocaba, lo que sólo la hacía más consciente de su presencia. Tuvo un pensamiento fugaz de quedarse atrás un poco para echarle un rápido vistazo a su culo mientras caminaba y resistió el impulso. Probablemente no funcionaría de todos modos. Si lo intentara, él iba a frenar su paso. No le iba a quitar ojo pasara lo que pasara.
El establo estaba construido a una escala más pequeña que el de Gordburg, pero aún así era un gran edificio. Grandes puertas dobles, ahora totalmente abiertas, de cara a lo que pasaba por ser la calle principal, y había una pequeña multitud reunida allí... todos hombres, a excepción de una mujer alta con un vestido negro hasta los tobillos y de manga larga. Parecía ser la encargada.
"La he traído," anunció Jessie a la mujer mientras se acercaban. Dicho esto, Jessie se hizo a un lado. Le echó a Kimberley una última mirada, fulminante. "¡Espero que estés contenta!" gruñó furiosa y luego se marchó de nuevo hacia el salón. Kimberley se preguntó qué estaba pasando.
"Usted es la Chica-elfo," preguntó la mujer.
"Sí." Asintió con la cabeza Kimberley. "Esa soy yo."
"Muy bien, entonces podemos empezar."
"¡Alto!" Protestó Kimberley. "¿Podemos empezar a qué? Yo no voy a entrar ahí. "
"Oh, no se preocupe." La mujer puso una mano de largos dedos en el brazo de Kimberley. "USTED está totalmente a salvo, pero se requiere su presencia."
"¿Se requiere para qué?" Kimberley se echó atrás medio paso. "Le sugiero que entre y lo vea," respondió la mujer.
"¿Y quién diablos es usted?" replicó Kimberley. La mujer se acercó y se desabotonó el cuello del vestido, abriéndolo lo suficiente para que Kimberley viera que llevaba un collar de cuero negro muy similar al usado por Joanna allá en Gordburg. "Soy una vigilante de esto," dijo. "Yo garantizo su seguridad. Aquí nadie la tocará sin su permiso."
Bueno, ¿qué era exactamente una vigilante? ¿Una especie de árbitro o algo así? ¿Una supervisora? Kimberley se centró en la mujer por un momento. Era una mujer madura, de edad similar a la de la Joanna de Gordburg. Su porte también le recordaba al de Joanna. Tal vez esta mujer fuera una especie de representante del… ¿gobierno local? ¿Estructura de poder? ¿Jefatura de policía de la ciudad? Parecía muy extraño poner a una mujer en una posición de poder en un lugar como este, pero a medida que pensaba en ello, le encontraba un sentido peculiar. Aquí, una mujer tenía más probabilidades de ser creída por otra mujer y de que confiara en ella, y una mujer al cargo de... fuera el cargo que fuera... sería un recordatorio constante a los hombres de allí de que había, en efecto, algunos límites. Todavía le chocaba a Kimberley, como algo muy extraño, que llevara un collar como símbolo de su autoridad en lugar de, por ejemplo, una tarjeta de identificación. Pero en este punto, estaba dispuesta a aceptarlo como un elemento más de la rareza de este lugar, muy extraño e interesante. Por todo ello, se sentía a veces como Chica-elfo en el País de las Maravillas.
"Está bien," asintió Kimberley con la cabeza, por fin, "vamos adentro."
Entraron en el establo, pasando de la luz del día a la sombra profunda, profunda tan rápidamente que Kimberley tuvo que hacer una pausa para dejar que sus ojos se adaptaran. Se dio cuenta de que aunque los hombres estaban todos agrupados alrededor de las puertas abiertas, ninguno de ellos... ni siquiera Greg... había cruzado el umbral tras ellas. Empezó a respirar un poco mejor.
Hubo un leve ruido a su derecha. Kimberley volvió la cabeza para mirar. Ambos lados del establo parecían estar ocupados por casetas regularmente espaciadas, tal y como uno podría encontrar en un establo de caballos de verdad. Pero el ocupante del primer puesto a su derecha no era ningún caballo. Estaba de rodillas en una manta sobre una capa de paja fresca, sujeta por cadenas que iban desde anillos en D situados en su collar a otros anillos colocados en los tablones de madera maciza que formaban los laterales de la caseta. Estaba desnuda también. Las manos parecían estar atadas o encadenadas tras la espalda. Kimberley no podía ver si era una cosa o la otra. Por un breve instante pensó que se trataba de Anne, pero incluso con el peculiar arnés de cabeza, que incorporaba una mordaza de bola y gruesas almohadillas sobre sus ojos, Kimberley podría decir por el pelo rubio pálido hasta los hombros que se trataba de otra mujer, de piel más pálida y más rellena que Anne. La mujer se agitó, cambiando de postura y haciendo crujir la paja. Ese era el ruido que había llamado la atención de Kimberley. Se parecía mucho a las hojas secas arrastradas por los pies.
"Por aquí, seño... Chica-elfo," señaló la mujer. Kimberley se encogió de hombros y siguió, echando rápidas miradas a derecha e izquierda mientras caminaba para ver si alguna de las otras casetas estaba ocupada. Ninguna lo estaba, hasta que llegaron a la última a la izquierda. Anne estaba en aquella, yendo y viniendo, con la ropa puesta, y no parecía demasiado contenta.
"Has tardado bastante," gruñó ella cuando vio a Kimberley.
"Yo también me alegro de verte de nuevo, Anne." Sonrió Kimberley. "Ha pasado mucho tiempo, de verdad. Y ahora ¿de qué va todo esto?"
"Te voy a mostrar de que va todo esto..." Anne echaba chispas, mientras se acercaba. Kimberley dejó caer la mochila y se colocó en una de las dos posturas de karate que todavía podía recordar... por si acaso. Podría lanzar una buena patada desde aquella posición. Después de eso... bueno, probablemente debería haber continuado con esas clases. Ahora era demasiado tarde.
"Aquí la señorita Taunton," la mujer del vestido negro interrumpió colocándose entre ellas, "ha hecho un pedido inusual: inusual, pero no inaudito."
"¿Qué tiene eso que ver conmigo?" Kimberley se irguió con cautela.
"La señorita Taunton también ha pedido que usted... em... sea testigo."
"De acuerdo." Kimberley se cruzó de brazos. "Estoy realmente cansada de esta mierda. ¿Puedo escuchar la historia completa sin tener que hacer más malditas preguntas?"
"¡Perra de pelo corto!" Explotó Anne.
"Por favor, señorita Taunton.” La mujer del vestido negro levantó una mano. Su voz era suave, pero aplacó a Anne. La mujer se volvió hacia Kimberley. "Mi nombre es Evelyn. Como ya he dicho, soy vigilante en este lugar. Organizo y superviso las cosas y me aseguro de que se cumplan las reglas."
"Muy bien," asintió Kimberley con la cabeza. "Adelante."
"La señorita Taunton, aquí presente, ha solicitado algunos arreglos especiales. También ha solicitado que esté presente como testigo."
"Como testigo ¿de qué? Yo no veo nada aquí, ni especial ni de otro tipo."
"Por favor, seño... Chica-elfo," dijo Evelyn. "Déjeme terminar."
"Por favor." Kimberley sonrió dulcemente pasando por Evelyn, a Anne, que no le devolvió la sonrisa. "La señorita Taunton va a renunciar a su inmunidad durante... una hora, ¿verdad?" Evelyn miró hacia atrás por encima del hombro a Anne, que asintió con la cabeza. "Sí. Una hora. Ella también ha seleccionado a varios hombres a los que se les permitirá usarla como quieran en esa hora. "
"¿Y ella quiere que vea todo esto?" Kimberley miró a Anne. "¿Y luego qué? ¿Le digo que no es una calientapollas después de todo? Caray, 'señorita Taunton’, ¿no te has pasado un poco con todo esto? A tu amiga Jessie..." Su voz se apagó, como si de pronto se diera cuenta algo. "A tu amiga Jessie..." continuó Kimberley, "no le gustan los hombres, ¿verdad?"
El rostro de Anne pasó del rojo al blanco, y Kimberley supo que había anotado un punto. "Pero a ti sí," continuó. "¿No? Así que tal vez no se trata sólo de demostrarme que no eres una calientapollas?"
"Olvida todo eso," replicó Anne. "¿Harás de testigo o no?"
Kimberley se lo pensó un momento. "Muy bien," mostró su acuerdo. "Con una condición."
"¿Qué condición?" Exigió Anne. Kimberley le sonrió. "Tengo que elegir un hombre más. Creo que te gustará. Sé lo que hago."
Anne insistió en ver antes a aquel hombre adicional. Kimberley se llevó a Evelyn de nuevo a la entrada e hizo una seña a Greg. Greg se acercó, sonriendo, pero perplejo.
"Es este." Kimberley sonrió a Evelyn mientras tomaba el brazo de Greg con los suyos, abrazándoselo. Greg parecía más sorprendido por sus acciones que lo que decía, pero también muy interesado en lo que podría estar pasando.
"Está bien." Evelyn asintió con la cabeza después de mirarle. "Presentémosle." Abrió el camino de regreso hacia Anne.
"¿De qué va esto?" Susurró Greg a Kimberley mientras la seguían.
"Silencio." Respondió Kimberley. "Creo que te va a gustar." Le dio un pequeño apretón cariñoso en el brazo. Si todo salía bien, también a ella le iba a gustar.
Anne miró a Greg a conciencia. "Es este, ¿eh?" preguntó a Kimberley.
"Sí, es él." Kimberley asintió con la cabeza feliz, todavía aferrada a su brazo.
"¿Tu novio?"
"Mi acosador." Respondió Kimberley.
Anne miró a Greg una vez más. "De acuerdo," suspiró. "Seguimos adelante." Se volvió hacia Evelyn. "Llame a los demás ahora mismo."
"¿Qué está pasando?" Greg exigió, liberándose.
"He conseguido que te la folles." Explicó Kimberley radiante. "Y yo voy a verlo."
"Y los ‘otros’ que acaba de mencionar?"
"Oh, también se la follarán"
"¿Y también vas a verlos?" Kimberley le sonrió. "Bueno, sí... pero es a TI a quien quiero ver."
"¿De verdad?" Greg no parecía convencido. "En serio, ¿qué es lo que está pasando aquí?"
"Lo que te he dicho. Anne parece decidida a demostrarme que ella no es... lo que la llamé antes en el salón. Pero sólo tienes una hora."
Greg miró a Anne, que estaba allí de pie con una expresión enfadada, desafiante, en su rostro. Tenía los brazos cruzados, lo que le empujaba los pechos hacia arriba y contra la tela de la camiseta. Poco a poco, la expresión de duda de Greg desapareció, reemplazada por otra de especulación interesada.
Evelyn había ido a recoger a los otros hombres. Ahora volvía con los tres a remolque. Todos parecían estar cerca de la edad de Greg, vestidos para el aire libre. Kimberley creyó reconocer a dos de ellos de antes, del salón, pero no estaba segura. Uno de ellos llevaba una pequeña bobina de cuerda de color canela.
Kimberley soltó el brazo de Greg y se alejó mientras Evelyn le presentaba a los otros tres hombres. Le estrechó la mano a todos ellos. Esto le pareció un poco raro a Kimberley... pero entonces, ¿es qué no es de aquí? Cuando los hombres comenzaron a hablar en voz baja, Evelyn les dejó y se acercó a Kimberley.
"Usted TIENE que quedarse y mirar, ya sabe", dijo Evelyn. "Oh. Claro. No hay problema. "Kimberley se encogió de hombros. Había visto trabajar a Bárbara la noche anterior. Sin duda podría con esto." Y yo tengo que asegurarme de que lo haga,” continuó Evelyn. "Por supuesto." Asintió Kimberley con la cabeza. Su voz se convirtió en un susurro. "Pero tengo una pregunta para usted."
"¿Qué podría ser?"
"Ese tipo que he traído aquí," señaló con la cabeza a Greg, "Me ha estado siguiendo desde ayer por la mañana." Evelyn sonrió. "Enhorabuena. Es muy atractivo."
Kimberley sonrió. "Sí, lo es... pero no quiero ponérselo fácil, ni a él ni a nadie, en este asunto. Se me ha pegado mucho desde que llegué a la ciudad." Evelyn se quedó pensativa. "Entonces ¿no tiene planeado quedarse aquí a pasar la noche?"
"Bueno, así era cuando llegué aquí... pero ahora necesito quitármelo de encima tan pronto como pueda."
"Ya veo. ¿En cuánta ventaja de partida está pensando?"
"Toda la que pueda conseguir. ¿Me puede ayudar? ¿Está permitido esto?"
"Un momento." Evelyn levantó una mano. "¿Sí?" Dijo en voz alta a los hombres. "Estamos listos,” respondió uno de ellos. Era el que tenía la cuerda.
"Muy bien". Evelyn asintió con la cabeza. "¿Quieren desnudarla ustedes mismos?"
El hombre sonrió. "No," respondió. "Nos gustaría verla hacerlo."
"Disculpe.” Evelyn palmeó el brazo de Kimberley y entró en la caseta de Anne. "Ya ha oído," le dijo a Anne. "Quítese la ropa. Toda." Se subió la manga del vestido para mirar el reloj de pulsera. "Su hora comienza... ¡ya!" Salió de la cabina y le hizo señas a Kimberley para que se acercara a ella. Kimberley dejó momentáneamente la mochila en el suelo del establo. Se colocó junto a Evelyn mientras los cuatro hombres, sonriendo ante lo que les esperaba, entraron en la caseta de Anne y tomaron posiciones alrededor de ella. Kimberley notó por primera vez que no había manta en la caseta, solo una gruesa capa de paja. Parecía... que pinchaba. Probablemente no sería muy cómoda.
Anne lanzó una mirada rápida, enfadada, a los hombres que la rodeaban. Se quitó las zapatillas de tenis que llevaba. Luego volvió la cabeza para mirar a Kimberley, y la expresión de enojo fue reemplazada por algo muy parecido... ¿a desafío? ¿Rencor? Kimberley no estaba segura de cómo llamarlo, pero Anne mantuvo la mirada mientras empezaba a quitarse la camiseta por encima de la cabeza.
Hubo un murmullo apreciativo de los hombres, cuando Anne enseñó los pechos. Pechos llenos, pero no especialmente grandes, maduros y redondos y firmes, con pezones de color marrón-rosáceo. Se agitaron agradablemente cuando tiró la camiseta a una esquina de la caseta. Lanzó una última mirada dura a Kimberley antes de bajarse los pantalones cortos. No parecía llevar bragas. Arrojó los pantalones cortos a la esquina, con la camiseta.
El hombre de la cuerda se acercó y le colocó las manos con rudeza, tras la espalda. Anne mantuvo la mirada fija en Kimberley mientras la ataba. Hizo una mueca, cuando el hombre apretó el nudo, pero por lo demás su expresión no cambió. Luego el hombre le levantó las muñecas atadas y le pasó una cuerda alrededor del cuello una vez... dos veces... y luego ató aparentemente el extremo final a las muñecas. La concentración de Anne en Kimberley se esfumó. "Eh..." se humedeció los labios y miró rápidamente hacia Evelyn. No dijo nada, pero su rostro transmitía la pregunta que ella no le hacía: ¿Pueden HACER esto? Evelyn no dijo nada. Su rostro no mostraba nada.
"Cierra la boca." El hombre que la había atado la zurró con fuerza en el trasero, haciéndola gritar. "De rodillas,” le ordenó, empujándole con ambas manos los hombros hacia abajo. Fue tan repentino, y al parecer tan contundente que las piernas se le doblaron a Anne y cayó de rodillas en la paja. Miró hacia arriba a los hombres que la rodeaban, ahora con los ojos bien abiertos, y Kimberley se preguntó si alguna vez había hecho en realidad algo como esto antes. Aunque como Cat, ahora estaba en el lado erróneo de su momento para elegir. Kimberley supuso que el hombre que había atado a Anne debía ser el líder del grupo. Tenía los hombros grandes y hermosos y una barba corta de chivo negro que le daba un aspecto definitivamente siniestro. Se puso delante de Anne, mirándola. Anne no alzaba la vista. Mantenía la mirada fija en la paja debajo de las rodillas. No levantó la vista, ni siquiera cuando le agarró los pechos con las dos manos y como ya había vuelto la cabeza, Kimberley no podía ver su expresión. Sin embargo no se resistió mucho; sólo se retorció un poco y emitió un débil sonido que podía haber sido una leve queja. Después de un momento, le soltó los pechos.
"Es hora de entrenarse, muchacha.” Tenía una voz profunda que Kimberley encontró muy atractiva. Se preguntó qué pensaría Anne, pero todavía no podía verle la cara.
El hombre agarró a Anne del pelo y tiró de su cabeza. "Mira aquí", le dijo, señalando a sus propios ojos. "¿Me entiendes? ¡Mira aquí!"
Anne asintió... bueno, intentó asentir con la cabeza, pero con él agarrándola del pelo, todo lo que pudo conseguir fue una inclinación espasmódica. Kimberley tenía bastante claro lo que iba a ocurrir a continuación.
Estaba equivocada. En vez de sacarse la polla y hacer que Anne lo tomara en la boca, el Sr. Siniestro levantó la mirada brevemente y asintió con la cabeza a uno de sus secuaces antes de clavar los ojos de nuevo en Anne. Anne gimió. Tal vez debería haber mirado a su alrededor para ver lo iba a pasar, pero él tenía un control tan férreo sobre su pelo que no podía. Kimberley vio al hombre de confianza sacar algo de un bolsillo. Lo estiró con un golpe de muñeca. Parecía un gato de nueve colas en miniatura. Lo chasqueó una vez, sin mucha fuerza, contra el culo desprotegido de Anne. Anne se estremeció ante el aguijonazo. Gritó y trató de girar alrededor de su cabeza.
Pero era inútil. Siniestro, simplemente la agarró con más fuerza del pelo y le dio un brusco tirón en la cabeza, acercando su cara a la de ella.
"¡Mira aquí,” repitió. "¡¡AQUÍ!!" Anne gimió de nuevo. Kimberley pensó que ahora parecía realmente asustada. El hombre que estaba detrás de Anne chasqueó el látigo nuevamente en su culo, levemente. Anne se estremeció, pero esta vez no intentó moverse. Otra vez. Anne gimió, pero apenas se movió nada esta vez.
Kimberley, observando atentamente, se preguntaba cuál era el sentido de una paliza tan leve. Por el sonido de las tiras de cuero golpeando la carne desnuda y vulnerable de Anne, tenía que escocer, pero no parecía que escociera mucho. Después de los primeros golpes, Anne parecía capaz de soportarlo sin demasiados problemas. El hombre que propinaba los azotes ni siquiera mantenía un ritmo regular. A veces los golpes iban muy juntos, otras veces había largas pausas entre ellos.
A continuación, el que manejaba el látigo golpeó la grupa de Anne con un golpe mucho más duro. Anne gritó y trató de girarse de nuevo, sin más éxito que antes. "¡AQUÍ!" Le gritó Siniestro mientras el látigo volvió a caer, casi de inmediato, con un toque mucho más ligero. Hubo otra pausa. El establo estaba muy silencioso, salvo por los gemidos de Anne.
Kimberley comprendió de repente lo que estaba pasando. Anne no podía decir cuando iba a llegar el siguiente golpe ni lo fuerte que sería, o bien, tampoco, cuánto tiempo podría continuar. Bueno, obviamente, no podría ir más allá de la hora señalada, pero ahora el tiempo pasaba MUY lentamente para Anne, e incluso un minuto de agonía podría parecerle una hora. Kimberley observaba con interés, tratando de imaginarse a sí misma en el lugar de Anne. ¿Cómo estaría ella reaccionando ahora mismo?
¡ZAS! El golpe fue más duro todavía. Anne gritó de nuevo, pero ni siquiera intentó liberarse y mantuvo, obediente, los ojos fijos en los de Siniestro. Kimberley podía ver lágrimas en los ojos de Anne. El siguiente golpe fue tan ligero que resultaba más una caricia, pero Anne se estremeció de todos modos al sentir el toque. El castigo enloquecedor e irregular se prolongó hasta que Kimberley se encontró estremeciéndose por simpatía a cada golpe, duro o ligero. ¿Cuánto tiempo iba a seguir aquello? ¿Qué estaban tratando de hacer aquellos hombres? Miró rápidamente a Greg. Estaba de pie alejado, en una esquina de la caseta, observando con atención el procedimiento. ¿Sabía lo que estaba pasando o estaba observando para aprender algo nuevo? Debió sentir su mirada en él, porque alzó la vista. Sonrió de una manera más intranquilizadora y le guiñó un ojo antes de volver su atención al suplicio de Anne.
Anne finalmente alcanzó el punto de ruptura en medio de una larga pausa después de un golpe muy ligero. Abrió la boca y la mantuvo así, haciendo un ruido de súplica "Ah... ah...". Siniestro levantó la mano libre y el que manejaba el látigo se detuvo a medio golpe.
Interesante, pensó Kimberley. Por pura desesperación, Anne estaba haciendo lo único que pensaba que podía hacer que dejaran de azotarle el tierno culo, pidiendo que se le permitiera hacer lo que habían pretendido obligarla a hacer desde el principio.
Siniestro se desabrochó y bajó los pantalones con una mano, manteniendo el control sobre el cabello de Anne. Anne se inclinó hacia adelante, manteniendo la boca todavía abierta y sacando la lengua para recibir la polla antes de que él estuviera listo. Anne parecía ansiosa o desesperada... Siniestro la dejó tomar en la boca la cabeza de su polla. Luego empujó más a fondo mientras usaba la sujeción en el pelo para tirar de ella hacia delante hasta que empezó a ahogarse y a luchar. La dejó retirarse. No estaba totalmente erecto con todo y la polla se salió de la boca. Tosiendo y jadeando, Anne volvió a tomarlo de inmediato y se repitió la escena.
Le pareció a Kimberley que Anne no tenía mucha práctica en esto. Sus movimientos eran bruscos y torpes, y estaba empezando a babear mucho. No parecía importarle a Siniestro. De hecho, cada vez que Anne parecía acoplarse a un ritmo, balanceándose hacia adelante y hacia atrás mientras le chupaba la polla, él mismo avanzaba hacia adelante y le tiraba de la cabeza hacia sí hasta que se atragantaba y sofocaba de nuevo y tenía que apartarse para tomar aire. Y cada vez, en cuanto había conseguido respirar bien, profundamente, inmediatamente buscaba de nuevo la polla con la boca. Kimberley se abrazó a sí misma y se estremeció. Estaba cada vez más excitada mientras miraba aquello. Incluso una mujer inexperta sería capaz de hacer correrse a un hombre sin demasiados problemas, pero era evidente para ella que Siniestro estaba alargando las cosas con sus acciones. ¿Decidiría Anne finalmente que era preferible más flagelación a llegar cerca de la asfixia?
Gruñendo y gimiendo, Anne empezó a chupar más rápido, balanceando la cabeza. Tenía los ojos cerrados y parecía como si no estuviera concentrada en otra cosa en el mundo que no fuera la polla que tenía en la boca. La saliva le goteaba por la barbilla y caía en largos hilillos sobre la paja que tenía debajo. Bueno, probablemente no era sólo saliva, pensó Kimberley. Siniestro no se había corrido aún, pero sabía por propia experiencia que una polla empieza a soltar su propio líquido preseminal pegajoso y salado, bastante antes de que eso ocurra.
El portador del látigo volvió a bajar el pequeño gato de nueve colas cruzando de nuevo la grupa de Anne. Se enderezó con un chillido ahogado justo cuando Siniestro le empujaba la cabeza de nuevo hacia delante. La mantuvo allí durante lo que parecíó un tiempo muy largo, mientras Anne se retorcía y gruñía y se ahogaba. Cuando por fin la soltó, Anne se echó de nuevo hacia atrás, ahogándose, jadeando y escupiendo... pero Siniestro AÚN no se había corrido. Anne no opuso resistencia cuando él volvió a tirar de ella hacia él. Parecía más ansiosa que nunca por chupar, chupar, chupar. Otro movimiento ligero del látigo le hizo redoblar sus esfuerzos. El suplicio de Anne seguía... y seguía. Kimberley se dio cuenta de que ella misma estaba babeando. Tragó saliva, justo cuando Siniestro se corría con un fuerte gemido. Tiró de la cabeza de Anne hacia él de nuevo y la mantuvo allí, haciendo caso omiso de los ruidos lastimeros, desesperados que Anne emitía, así como de sus débiles luchas. El del látigo le dio otro golpe punzante.
Finalmente, Siniestro dejó que Anne retirase la cabeza hacia atrás. Tosió y escupió, una mezcla de la corrida de Siniestro y de su propia saliva pulverizadas y esparcidas desde su boca mientras jadeaba. Parecía completamente agotada y, probablemente se habría caído de lado en la paja si Siniestro no la hubiera mantenido en posición vertical con su apretado y doloroso agarre del puño en su cabello.
Siniestro tomó su polla en la mano libre y la limpió en las mejillas de Anne. Miró hacia Greg. "Tú," dijo. "Tú eres el siguiente. Ven aquí."
Anne gimió desesperada cuando Greg se puso delante de ella y tomó un puñado de su cabello después de que Siniestro la soltara. Miró suplicante a Greg incluso mientras abría la boca para él.
Continúa en
- Relato #236544— title-regex: contiguous parts (9 -> 10)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
4 hombres para Blanca - completo (cap. 26)
La puerta se abre y el silencio se rompe. Alex no llega para salvarla, sino para castigarla.
Comparte:Bdsm plenoVoyeurismo ocultoPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Eso de juntar tres bocas...
El alcohol y la tensión laboral desataron una noche prohibida en el baño de una oficina. Pero lo que comenzó como una traición compartida se…
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
La cena del idiota. El plan
Alba sabe que Dani está furioso, pero también sabe que su cuerpo responde al peligro. Con la piel aún sensible del barro y la mirada de otros hombres…
Comparte:Voyeurismo ocultoDominacion femeninaPoder y control
- Dominación
Una semana de humillación
Luis creía que solo quería una noche de placer casual con Lara, pero su descubrimiento accidental desató una obsesión mucho más oscura.
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Mi esposa argentina parte 7
Javi apareció en el bar con una sonrisa que no era de bienvenida. No venía a saludar, venía a cobrar una deuda vieja.
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Me llevé una buena bofetada
La boda es solo la excusa; el verdadero evento ocurre en las sombras. Mientras los amigos celebran, las miradas se cruzan y las puertas se cierran.
Comparte:Voyeurismo ocultoPoder y controlTraicion y culpa