Cristina y Roberto 6
Roberto cree que el espectáculo es para él, hasta que se da cuenta de que solo es el escenario. Atado, vestido y negado, debe mirar cómo dos mujeres se consumen sin él, y descubrirá que su verdadera entrega comienza cuando deja de ser el centro de atención.
Cristina tenía a Roberto en su despacho desnudó y de rodillas. - Hoy tengo algo especial e inolvidable para ti. Te va a encantar.Laura reapareció en la consulta con una sonrisa traviesa en su rostro, sosteniendo un arnés de doble penetración en sus manos. Roberto, aún de rodillas en el suelo con la jaula de castidad brillando bajo la luz tenue, sintió un escalofrío de anticipación y miedo recorrer su cuerpo. Cristina, sentada en el borde de la camilla con una expresión de satisfacción, observó la escena con ojos brillantes.
"¿Estás listo para ser el centro de atención, Roberto?" preguntó Laura, su voz cargada de diversión y dominación. "Tenemos un espectáculo especial planeado para ti, y quiero que seas el protagonista."
Roberto tragó saliva, su corazón latiendo con fuerza contra su pecho. Sabía que no tenía opción, que su sumisión era absoluta en presencia de estas dos mujeres dominantes. "Sí, Laura," murmuró, su voz apenas un susurro. "Haré lo que me pidan."
Cristina se levantó de la camilla, su cuerpo esbelto y dominante moviéndose con gracia felina. "Bien," dijo, acercándose a Roberto. "Primero, necesitamos que estés adecuadamente vestido para la ocasión."
Con manos expertas, Cristina comenzó a desvestir a Laura. La seda suave resbaló por su piel, dejándola desnuda y exuberante. Laura, mientras tanto, se acercó por detrás a Roberto, sus manos acariciando sus hombros mientras susurró en su oído.
"Vas a ser nuestra muñeca esta noche, Roberto," dijo Laura, su aliento cálido en su oído. "Y vamos a asegurarnos de que te sientas como la putita que eres."
Roberto tembló al sentir las manos de Laura acariciar su jaula de castidad, rozando sus huevos hinchados y sensibles. Laura y Cristina lo vistieron con la ropa que Laura había llevado: lencería sexy negra, un vestido ajustado que resaltaba sus curvas feminizadas y tacones altos que lo obligaban a caminar con una postura sumisa.
"Mírate," dijo Cristina, girando a Roberto frente a un espejo de cuerpo completo. "Eres la imagen misma de la sumisión. Una putita lista para ser usada por sus amas."
Roberto se miró en el espejo, su reflejo mostrando a una criatura feminizada y humillada. Sus mejillas se sonrojaron de vergüenza, pero su miembro, atrapado en la jaula, palpitaba de deseo.
"Ahora," dijo Laura, tomando a Roberto de la mano y guiándolo hacia el centro de la habitación. "Es hora de que comience el espectáculo."
Cristina ya se había colocado el arnés de doble penetración, y ahora se posicionó frente a Roberto, su strap-on erecto y listo. "Chupa," ordenó, empujando el falo de goma hacia la boca de Roberto.
Roberto obedeció, sus labios envolviendo el miembro falso mientras su lengua lo exploraba. El sabor del lubricante y el látex llenó su boca, y sintió cómo su propia excitación crecía a pesar de la humillación.
"Más profundo," gruñó Cristina, agarrando el cabello de Roberto y guiando su cabeza hacia adelante y hacia atrás. "Demuéstranos que eres un buen perrito."
Laura, mientras tanto, se posicionó detrás de Roberto, sus manos acariciando los muslos del hombre mientras susurró palabras sucias en su oído. "Eres nuestra putita, Roberto. Nuestra muñeca para jugar. Y vamos a usarte hasta que estés exhausto y humillado."
Roberto gimió alrededor del strap-on, su cuerpo temblando de placer y vergüenza. Sentía cómo la excitación lo consumía, pero la jaula de castidad lo mantenía frustrado, negándole el alivio que tanto anhelaba.
"Ahora, putita," dijo Cristina, sacando el strap-on de la boca de Roberto. "Es hora de que sientas lo que es ser penetrado por una mujer de verdad."
Laura se posicionó detrás de Roberto, su strap-on alineado con el agujero del arnés de doble penetración. "Prepárate, Roberto," susurró, su voz cargada de diversión. "Vas a sentir lo que es ser follado por dos mujeres al mismo tiempo."
Con un empuje firme, Laura penetró a Roberto, su strap-on deslizándose dentro de él mientras Cristina lo sostenía desde el frente. Roberto gimió, su cuerpo arqueándose hacia atrás al sentir la doble invasión.
"¿Cómo se siente, putita?" preguntó Cristina, su voz llena de burla. "¿Te gusta ser follado por dos mujeres? ¿Te hace sentir como el hombrecito que no eres?"
Roberto no pudo responder, su boca abierta en un gemido silencioso mientras su cuerpo era tomado por las dos mujeres. Sentía cómo los strap-ons lo llenaban, cómo lo estiraban y lo hacían suyo. Era una sensación abrumadora, una mezcla de placer y humillación que lo dejaba sin aliento.
Laura y Cristina comenzaron a moverse al unísono, sus caderas empujando hacia adelante y hacia atrás mientras penetraban a Roberto con fuerza. El hombre, atrapado entre las dos mujeres, se sintió como un simple objeto, una muñeca para su placer.
"Mira esto, Roberto," dijo Cristina, señalando hacia un espejo cercano. "Mira cómo te follamos. Mira cómo te usamos como a la putita que eres."
Roberto giró la cabeza, sus ojos encontrándose con su reflejo en el espejo. Lo que vio lo dejó sin aliento: su cuerpo feminizado, sus curvas resaltadas por el vestido ajustado, sus piernas abiertas mientras dos mujeres lo penetraban con fuerza. Era una imagen de pura sumisión, de entrega total.
"¿Te gusta lo que ves, putita?" preguntó Laura, su voz cargada de diversión. "Te ves tan hermosa, tan sumisa. Eres nuestra muñeca perfecta."
Roberto gimió, su cuerpo temblando de placer y vergüenza. No podía negar que la imagen lo excitaba, que la humillación lo hacía sentir vivo. Pero al mismo tiempo, la frustración de la jaula de castidad lo consumía, negándole el alivio que tanto anhelaba.
"Ahora, putita," dijo Cristina, sacando su strap-on de Roberto. "Es hora de que nosotras disfrutemos."
Laura y Cristina se separaron de Roberto, dejándolo de rodillas en el suelo, jadeante y sudoroso. El hombre, aún con el arnés de doble penetración en su lugar, miró hacia arriba mientras las dos mujeres se posicionaban una frente a la otra.
"Mira y aprende, Roberto," dijo Laura, su voz llena de diversión. "Mira cómo dos mujeres de verdad se complacen mutuamente." Le quitaron el strapon y lo sentaron en una silla.
Con manos expertas, Laura ató a Roberto a la silla, sus muñecas y tobillos asegurados con cuerdas suaves pero firmes. La jaula de castidad aún estaba en su lugar, un recordatorio constante de su sumisión.
"Admira el espectáculo, Roberto," dijo Cristina, posicionándose frente a él con una sonrisa satisfecha. "Mira cómo dos mujeres de verdad disfrutan de sus cuerpos sin necesidad de un hombre inútil como tú."
Cristina y Laura comenzaron a besarse, sus cuerpos presionándose uno contra el otro mientras sus manos exploraban las curvas de la otra. Roberto observaba con ojos anhelantes, su miembro atrapado en la jaula de castidad palpitando de deseo.
Laura ayudó a Cristina a quitarse la ropa, revelando sus cuerpos perfectos y dominantes. Laura se posicionó detrás de Cristina, su strap-on alineado con el agujero de su compañera. Cristina se colocó delante de Roberto, apoyada en la silla y a escasos centímetros de su cara. Con un empuje firme, Laura penetró a Cristina, sus caderas moviéndose con fuerza mientras las dos mujeres gemían de placer.
Roberto observó, su cuerpo temblando de excitación y frustración. Quería unirse a ellas, quería sentir ese placer, pero la jaula de castidad lo mantenía atrapado, negándole el alivio. Y las ataduras impedían el mas mínimo acercamiento.
"Mira, putita," dijo Cristina, girando la cabeza para mirar a Roberto. "Mira cómo nos complacemos mutuamente. Mira cómo disfrutamos de nuestros cuerpos sin necesidad de un hombre de verdad."
Laura y Cristina continuaron follando, sus cuerpos moviéndose al unísono mientras gemían de placer. Roberto se sintió como un espectador, un simple objeto de su diversión.
Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Laura y Cristina alcanzaron el clímax, sus cuerpos temblando de placer mientras sus gemidos llenaban la habitación. Roberto, aún frustrado y excitado, observó mientras las dos mujeres se abrazaban, sus cuerpos sudorosos y satisfechos.
Laura y Cristina se besaron una vez más, sus cuerpos presionándose uno contra el otro mientras sus manos exploraban las curvas de la otra. Roberto, atado a la silla, observó con ojos anhelantes, su cuerpo temblando de excitación y frustración.
La habitación estaba en silencio, excepto por los gemidos suaves de las dos mujeres y los jadeos de Roberto. El hombre, atrapado en su jaula de castidad, se sintió como un simple espectador, un objeto de su diversión.
Y mientras observaba, Roberto se dio cuenta de que estaba exactamente donde pertenecía: atado, humillado y excitado, mientras dos mujeres dominantes disfrutaban de sus cuerpos sin necesidad de él. Era una realización que lo dejó sin aliento, una mezcla de vergüenza y deseo que lo consumió por completo.
La tarde continuó, con Laura y Cristina disfrutando de sus cuerpos mientras Roberto observaba, atrapado en su jaula de castidad y en su propia sumisión. Y aunque la frustración lo consumía, no podía negar que estaba exactamente donde quería estar: en manos de dos mujeres dominantes que lo usaban como a la putita que era.
En ese momento, Roberto se dio cuenta de que su sumisión era completa, que su feminización y humillación eran exactamente lo que necesitaba. Y mientras observaba a Laura y Cristina, sus cuerpos moviéndose al unísono en un baile de placer, supo que estaba listo para cualquier cosa que le depare el futuro.
Y con esa realización, Roberto se relajó en la silla, su cuerpo temblando de excitación y frustración mientras observaba el espectáculo que se desarrollaba frente a él. La noche era joven, y sabía que aún había mucho más por venir. Pero por ahora, estaba exactamente donde pertenecía: atado, humillado y excitado, en manos de dos mujeres que lo usaban como a la putita que era
Continúa en
- Relato #236623— title-regex: contiguous parts (5 -> 6)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
La granja perfecta. 4. El toro
Nunca fue un hombre, fue un animal entrenado para el placer ajeno. Ahora, con la chapa al cuello y la fuerza en la sangre, su misión es simple:…
Comparte:Bdsm plenoFetichismo ropaFetichismo corporal
- Hetero: General
Pasión en los pirineos 2
La puerta estaba entornada y el aire olía a leña y a ella. Marta no dijo nada, solo esperó. Cuando la venda cubrió mis ojos, supe que esa noche no…
Comparte:Bdsm plenoFetichismo ropaFetichismo corporal
- Hetero: General
Abrí a dos rubias que llamaron a mi puerta FIN
Sara llegó con una misión: seducir al hombre que controla el futuro del agua. Pero Miguel no era la presa que esperaban; era el cazador.
Comparte:Bdsm plenoFetichismo ropaPoder y control
- Sadomaso
Torturando por una apuesta
María dejó los hábitos por él, pero su verdadera naturaleza salvaje solo despierta cuando las cadenas se cierran.
Comparte:Bdsm plenoFetichismo corporalSumision como liberacion
- Grandes Series
Pandemia 2
Gabriel no es solo un amante; es un recurso estratégico. Mientras las mujeres de su corral luchan por sobrevivir en un mundo roto, él descubre que su…
Comparte:Fetichismo corporalFetichismo ropaPoder y control
- Interracial
Mamadou: el semental Negro definitivo
Dos metros de pura fuerza bruta y una autoridad que no admite réplica. Cuando el techo del cuarto de contadores cede bajo el impacto de su cuerpo,…
Comparte:Bdsm plenoFetichismo ropaPoder y control