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Dominaciónjul 2025

Cristina y Roberto 11

Juani no le da opción: caminará como la putita que es, mientras el placer y la vergüenza lo consumen. Con Pedro observando y el juguete vibrando sin piedad, Roberto sabe que su resistencia está a punto de romperse.

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Roberto se paró en medio de la sala, sus tacones altos resonando contra el suelo de madera mientras Juani lo guiaba con una mano firme en su espalda. El vestido de encaje se ajustaba a su cuerpo, resaltando las curvas que la lencería fina había ayudado a crear. El plug anal, ahora activado a toda marcha, enviaba oleadas de placer y vergüenza a través de su cuerpo, recordándole en cada momento su sumisión. Pedro observaba desde el sofá, sus ojos fijos en Roberto, con una mezcla de curiosidad y deseo que no intentaba disimular.

—Caminarás como la putita que eres —Juani susurró cerca de su oído, su aliento cálido y cargado de autoridad—. Y mientras lo haces, te contaré todas esas fantasías que tanto te avergüenzan. ¿O acaso crees que no las conozco?

Roberto tragó saliva, sintiendo cómo el calor subía a sus mejillas. Sabía que Juani no se detendría, que cada palabra, cada acción, estaba diseñada para quebrantar su resistencia. Con cada paso que daba, el plug en su interior vibraba, intensificando su excitación y su humillación.

—¿Recuerdas aquella vez en el trabajo? —Juani comenzó, su voz suave pero firme—. Cuando te vistieron como una colegiala y te follaron como una putita. ¿Cómo te sentiste cuando te penetró? ¿O cuando te hizo suplicar por más?

Roberto cerró los ojos por un instante, intentando bloquear las imágenes que inundaban su mente. Pero era inútil. Las palabras de Juani eran como un látigo, golpeando su orgullo y arrastrándolo de vuelta a esos momentos de sumisión absoluta. El plug vibraba con más fuerza, como si respondiera a sus pensamientos, y él no pudo evitar gemir suavemente.

—¿Te gusta recordarlo, verdad? —Juani continuó, su tono ahora más burlón—. ¿Te excita pensar en cómo te humilló Cristina, en cómo te hizo sentir tan pequeña y obediente?

Roberto no respondió. No podía. Su boca estaba seca, y su mente estaba atrapada en un torbellino de emociones contradictorias. El placer y la vergüenza se entrelazaban, creando un nudo en su estómago que lo hacía sentir al borde de la locura.

—Pero eso no es todo, ¿verdad? —Juani siguió, su voz ahora más baja, más íntima—. También te gusta pensar en Pedro, en cómo te mira, en cómo desea lo que tienes entre las piernas. ¿O acaso crees que no lo noto?

Roberto abrió los ojos, encontrándose con la mirada de Pedro, que no apartaba sus ojos de él. El hombre sonreía, una sonrisa que era a la vez seductora y desafiante. Roberto sintió cómo su corazón latía con fuerza, cómo su cuerpo respondía a esa mirada, a esa presencia dominante.

—Chúpale la polla —Juani dijo de repente, su voz cortante como un cuchillo—. Es la única manera de que te deje correrte. ¿O prefieres seguir así, con esa jaula de castidad recordándote lo patético que eres?

Roberto negó con la cabeza, su cuerpo temblando. No podía hacerlo. No quería. Pero el plug en su interior no le daba tregua, las vibraciones eran cada vez más intensas, llevándolo al borde del éxtasis. Sabía que si no cedía, si no hacía lo que Juani le pedía, nunca encontraría alivio.

—No —murmuró, su voz apenas audible—. No puedo.

Juani sonrió, una sonrisa triunfal. Sabía que había ganado, que Roberto estaba al límite. Se acercó a él, sus manos deslizándose por su cuerpo, ajustando el vestido, asegurándose de que cada curva quedara expuesta.

—Entonces, tendrás que conformarte con esto —dijo, y antes de que Roberto pudiera reaccionar, Juani se había quitado los pantalones y se había colocado un strapon. La polla de goma brillaba bajo la luz, una imitación perfecta de la de Pedro.

—Chúpalo —Juani ordenó, empujando el strapon hacia la boca de Roberto—. Imita lo que harías con Pedro. Demuéstrame que eres la putita obediente que sé que eres.

Roberto miró el strapon, sintiendo cómo su cuerpo se rebelaba contra la idea. Pero el plug en su interior no le daba opción. Las vibraciones eran insoportables, y él sabía que si no obedecía, nunca encontraría alivio. Con un suspiro, abrió la boca y comenzó a lamer el strapon, sintiendo cómo el sabor a látex llenaba su boca.

Juani sonrió, satisfecha. Con una mano, ajustó el control remoto del plug, aumentando la intensidad de las vibraciones. Roberto gimió, su cuerpo arqueándose mientras intentaba adaptarse al nuevo nivel de estimulación.

—Así me gusta —Juani susurró, su voz cargada de satisfacción—. Eres una putita tan obediente. ¿Verdad que te gusta? ¿Verdad que te excita ser tan sumiso?

Roberto no respondió. Su mente estaba en blanco, su cuerpo consumido por el placer y la vergüenza. El strapon en su boca, el plug en su interior, todo conspiraba para llevarlo al límite. Sabía que estaba al borde de algo, pero no sabía si sería la liberación o la completa pérdida de sí mismo.

Pedro se levantó del sofá, acercándose a ellos. Su presencia era abrumadora, su energía dominante llenando la habitación. Se detuvo detrás de Roberto, sus manos deslizándose por los hombros del hombre, bajando por su espalda, deteniéndose en la curva de sus caderas.

—¿Te gusta, putita? —Pedro susurró, su aliento caliente en el oído de Roberto—. ¿Te gusta ser tan sumiso, tan obediente?

Roberto gimió, su cuerpo temblando. No podía responder, no podía pensar. El plug vibraba con fuerza, el strapon en su boca lo llenaba, y las manos de Pedro en su cuerpo lo llevaban al borde de la locura.

—Chúpame la polla —Pedro dijo, su voz firme—. Hazlo, y te dejaré correrte.

Roberto cerró los ojos, sintiendo cómo su cuerpo se debatía entre el deseo y la resistencia. Sabía que si lo hacía, si cedía, todo cambiaría. Pero el plug no le daba opción, las vibraciones eran demasiado intensas, el placer demasiado abrumador.

Con un suspiro, Roberto asintió, su cuerpo rendido. Sabía que había perdido, que Juani y Pedro habían ganado. Pero en ese momento, con el strapon en su boca y el plug en su interior, no le importaba. Solo quería alivio, quería correrse, quería dejar de sentir esa tortura dulce y vergonzosa.

Juani sonrió, satisfecha. Sabía que había roto la resistencia de Roberto, que lo había llevado al límite. Con una mano, ajustó el control remoto una vez más, aumentando las vibraciones al máximo.

Roberto gimió, su cuerpo arqueándose mientras el placer lo consumía. El strapon en su boca, las manos de Pedro en su cuerpo, el plug en su interior... todo conspiraba para llevarlo al éxtasis. Y en ese momento, con la mente en blanco y el cuerpo en llamas, Roberto se rindió por completo. Pedro ocupó el lugar de Juani y Roberto se dedicó a seguir haciendo lo que ya hacía, pero esta vez con una polla de verdad. Juani sacó el plug anal de Roberto y lo sustituyó por su strapón, quedando una imagen que se grabaría a fuego en la mente de Roberto: Juani penetrando su culo al tiempo que él chupaba la polla de Pedro.

La habitación quedó en silencio, solo interrumpido por los gemidos de Roberto y el sonido de su cuerpo rendido. Juani y Pedro se miraron, una sonrisa de satisfacción en sus labios. Sabían que habían ganado, que Roberto era suyo por completo.

Y en ese momento, con el cuerpo de Roberto temblando y su mente en blanco, la historia quedó en pausa, dejando espacio para la reflexión.. ¿Qué vendría después? ¿Cómo seguiría la vida de Roberto, ahora que había cruzado esa línea? Solo el tiempo lo diría.

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