Compañeros - Capítulo 6: Copas y calentones
El alcohol baja los filtros y la frustración de la noche los deja desnudos, sudorosos y duros en la misma cama. Ninguno se ha movido, pero la mirada entre ellos dice más que cualquier palabra. ¿Será esta la noche en que el 'tío' se convierta en algo más?
Capítulo 6: Copas y calentones
Las semanas empezaron a volar sin avisar. Las clases se hacían rutina, los pasillos del colegio mayor se llenaban de caras ya conocidas, y Luis y Miguel se adaptaron a su nueva vida con esa mezcla entre caos universitario y microhábitos compartidos que se forjan casi sin hablar.
Se levantaban con sueño, bajaban juntos al desayuno si cuadraba, o se cruzaban por los pasillos medio dormidos. A veces comían con Arnau y Jordi, otras con gente nueva. Había tardes de estudio, partidos de fútbol improvisados, siestas compartidas sin camiseta y con cascos puestos. Y, de vez en cuando, alguna noche de copas que acababa en cualquier parte. Pero siempre, de algún modo, juntos.
La convivencia entre ellos dos se había vuelto tan natural que ya no hacía falta disimular nada. Luis pasaba en calzoncillos la mitad del tiempo. Miguel había perdido toda vergüenza. Se cambiaban delante del otro, se duchaban sin preocuparse, incluso se tiraban en la misma cama a ver vídeos de TikTok o alguna serie mala que nunca terminaban.
Pero el deseo… eso seguía ahí. Callado. Físico. Latente.
⸻
El 31 de octubre llegó con cartel en el grupo del colegio mayor: Fiesta de Halloween — Discoteca Galaxia — Entrada con disfraz obligatorio.
Esa tarde, Luis entró en la habitación con una bolsa de plástico y una sonrisa idiota.
—Ya tengo disfraz, bro. Lo vas a flipar.
—Dime que no es de preso o de vampiro, por favor.
—Mejor. Mario y Luigi. Jordi y Arnau también. Vamos de pack.
—¿Y qué soy yo?
—Tú eres Luigi, por supuesto. Alto, flaco, cara de buena persona.
Miguel se rió mientras se probaba la gorra verde. Acabó aceptando. Total, la idea tenía su gracia. Y con un par de cervezas encima, seguro que les quedaba hasta bien.
A las once y media salieron del colegio. Arnau iba de Mario con un mono demasiado apretado y Jordi de Wario, con barriga postiza y todo. Los cuatro caminaban por las calles de Chamberí como si fueran un grupo de idiotas felices, riéndose a carcajadas, cruzando miradas con otros grupos disfrazados que iban a lo mismo.
La discoteca estaba hasta arriba.
Luces rojas, humo, música electrónica mezclada con reguetón. Gente de todas las residencias, universitarios borrachos, chicas disfrazadas de demonios, ángeles, policías, y todo lo demás.
Luis fue el primero en lanzarse. Hablaba con todo el mundo, bebía como si no hubiera mañana. Se acercaba a chicas sin miedo, se reía, tocaba con confianza, las hacía reír. A una la agarró de la cintura mientras bailaban pegados. A otra le preguntó si podía esposarla. No pilló nada, pero estuvo cerca. Muy cerca.
Miguel fue más comedido, como siempre. Pero también estaba suelto. Habló con una chica disfrazada de Harley Quinn que no paraba de morderse el labio. Le ofreció una copa, le dijo que estudiaba arquitectura, que era de Asturias, que había llegado con muchas ganas de empezar de cero.
—¿Y tú qué buscas en Madrid? —le preguntó ella, mirándole los labios.
—Todavía no lo sé —le respondió él.
Pero cuando la conversación subió de tono, ella desapareció entre la gente. Lo dejó con el vaso medio lleno y la polla medio dura.
A las seis de la mañana, Miguel y Luis volvían caminando al colegio, disfrazados, cansados, y con la típica risa floja del alcohol.
—Tío, la Harley Quinn esa te tenía ganas —dijo Luis, empujándole con el hombro.
—Y tú la demonio de las tetas enormes.
—No hablemos de eso. Esa me miraba como si me quisiera morder.
—¿Y por qué no pasó nada al final?
—No lo sé. No me cuadró. Pero joder… estaba que flipas.
Entraron a la habitación medio a oscuras. Miguel se quitó la gorra y la camiseta verde, tirándola a un rincón. Luis se desnudó también, quedándose solo con el calzoncillo negro, el paquete marcando sin pudor.
—Estoy empalmado desde hace dos horas —dijo Luis, dejando caer el disfraz al suelo—. Te lo juro.
—Yo igual. Esa tía me puso muy burro, tío. Y eso que ni me tocó.
Se sentaron en las camas, uno frente al otro, en calzoncillos. Sin camisetas. Sudados, rojos del alcohol y del baile.
—¿Tú cuándo fue la última vez que follaste? —preguntó Luis, con la lengua suelta.
—Hace… pff, año y pico. Mi ex.
—¿En serio?
—Sí. Desde entonces, nada.
—Hostia. ¿Y no lo echas de menos?
—Claro que sí. Mucho.
—Yo hace como seis meses. Una de mi barrio. Me la follé en el coche. Pero no era nada especial.
—Joder… yo echo de menos el contacto, tío. El tacto. Oler a otra persona. El ruido. El… todo.
Luis lo miró con una ceja levantada.
—¿Te estás poniendo tierno?
—No, gilipollas. Me estoy poniendo cachondo.
Los dos rieron, pero se notaban las voces graves, arrastradas. El ambiente denso. La tensión en los cuerpos.
—¿Y tú? —preguntó Miguel, bajando la voz—. ¿En serio no te calentó la demonio?
—Tío, me tocó el cuello, se me subió encima bailando… no te haces una idea. Estaba durísimo.
—Pues ahora mismo sigues igual.
Luis miró hacia abajo. Se le marcaba toda la forma.
—Es lo que hay. ¿Qué quieres que haga? ¿Me la casque aquí delante de ti?
—Haz lo que quieras —dijo Miguel, medio en broma, medio no.
—Nah… mejor no. Que me conoces demasiado poco.
Miguel se tumbó en la cama, de lado, todavía en calzoncillos, con el cuerpo largo estirado. Luis hizo lo mismo. Se quedaron en silencio.
Ambos con la polla dura, la cabeza embotada de alcohol y las imágenes de la noche rebotando por dentro.
—Qué noche, tío —susurró Miguel.
—Y eso que no ha acabado —respondió Luis.
Ninguno se durmió todavía.
Y ahí se quedó la cosa.
Continúa en
- Relato #237270— title-regex: contiguous parts (5 -> 6)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Secretaria y amante
Siempre imaginó que el amor con su jefe sería romántico y apasionado. Pero cuando la noche termina y despierta atada a la cama, comprende que Rodrigo…
Comparte:Bdsm suaveRelacion jefe subordinadaDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
La peluquera listilla
Ella solo quería un café, pero él vio más allá de la sonrisa tímida. En la oscuridad del coche, con el novio llamando sin respuesta, la frontera…
Comparte:Relacion jefe subordinadaBdsm suaveFantasia cumplida
- Hetero: General
Sentir
Las esposas frías contra sus muñecas y la orden de quedarse quieta mientras él la domina. No es solo sexo, es rendición total.
Comparte:Bdsm suaveDeseo reprimidoFantasia cumplida
- Hetero: Infidelidad
Merche. Infieles fieles 1
La primera llamada cambió todo. Ahora, entre la discreción del hotel y el deseo contenido de años, Merche y Ray están a punto de descubrir qué pasa…
Comparte:Bdsm suaveDeseo reprimidoFantasia cumplida
- Hetero: General
A fuego lento
La arena caliente y la desnudez total rompen las barreras de la amistad. Lo que empieza como un día de playa se transforma en un juego de miradas y…
Comparte:Amor apasionadoBdsm suaveRelacion jefe subordinada
- Hetero: General
Una buena vecina
Se quedaron solos en el edificio y el alcohol hizo que las barreras cayeran. Lo que empezó como una cena de emergencia se convirtió en una noche…
Comparte:Relacion jefe subordinadaBdsm suaveDeseo reprimido