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Fetichismoago 2025

Romina, camino a la perversión 02

Siempre creyó que su secreto estaba a salvo entre las paredes de su casa. Pero cuando la madrastra descubre su adicción, no hay castigo, solo una invitación a cruzar el límite de lo humano.

RominaKioo5.5K vistas9.6· 5 votos
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Poco a poco los días iban pasando. Mis actitudes se amortiguaban con la rutina y las de Sofía se mantenían imperturbables, como si nada hubiera pasado. Pero cada mañana despertaba con mi coño irritado, hinchado, pegajoso, super estimulado y sensible. Mi clítoris se volvía más y más gordito y sobresalía hipersensibilizado, vivía cachonda, caliente, mojada. El solo roce de mis braguitas me estimulaba. Cada instante que pasaba sin tocarme era un suplicio. Por las noches, en mi habitación, oía a mi papá y a Sofía follando como animales. Fantaseaba y me masturbaba frenéticamente como una puta cerda, al mismo tiempo que veía porno cada vez más extremo, más sucio, más perturbador y enfermo.

Al principio me había contentado con relatos y videos lésbicas, fantasías incestuosas, dominación y bdsm, abusos… lluvia dorada. Luego lo intenté con el scat, pero me había provocado fuertes rechazos, asco, nauseas, aunque en el fondo de mi mente mis calenturas no disminuían, por el contrario se volvían más intensas. Con el paso de los días mi curiosidad y deseo aumentaba, hasta que me encontré una noche, convertida en la más sucia y viciosa de las pajeras, masturbándome sin parar, mientras en la otra habitación de mi casa, mi papá y a Sofía se entregaban al sexo sin límites, quizás oyendo como yo gemia orgasmo tras orgasmo, viendo los videos escatológicos más inmundos que pudiera haber imaginado jamás, deliciosos videos de brasileras cagándose en la boca o de japonesas sometidas a orgías, mientras vomitaban mezclas de semen, babas y mierda.

Mientras en secreto era una autentica zorra viciosa, pajera, adicta al porno, a masturbarme y a fantasear con el sexo más guarro, mantenía la fachada de chica pura, casta. Nunca habia tenido novio y no demostraba interés romántico por nadie. Algunos chicos en mi instituto habían intentado algo conmigo, muchos de ellos seguro por el morbo de verme mucho más joven de lo que era en realidad. Pero lo cierto es que entre mis amigos y seguramente en mi familia, no era más que una chica demasiado infantilizada.

También me pasaba que cada vez que iba al baño recordaba mi situación con Sofía, mi malesar estomacal, mi mierda escurriendo siendo limpiada por ella, por sus manos recorriendo mis muslos y nalgas… la humillación, su contacto y respiración a centímetros de mi culo expuesto. El solo recuerdo me ponía loca, el olor cuando cagaba, la sensación en mi piel me hacían babear y me dejaban al borde del orgasmo y me obligaba a sesiones masturbatorias ya no solo en la noche, en la seguridad e intimidad de mi cama, sino en el día, en los baños del instituto, en algún bar o un baño público, cuanto más sucio y maloliente más me gustaba, mas depravada me sentía. Me manoseaba mientras meaba y cagaba, me empapaba las manos, me mojaba las piernas, mis dedos casi llegaban a mi culo abierto cuando soltaba mierda, pero no llegaba a tocarla, aun no rompía esa barrera.

Entonces, algunas semanas después de aquel incidente, mientras me duchaba en casa luego de llegar del instituto, oliendo fuerte a orina, pegajosa y chorreada de tanto pajearme, siento golpes en la puerta, tímidos al principio y luego más enérgicos.

-Romi, bebé, perdón, pero de verdad necesito pasar al baño – Le oí suplicar a Sofía. Me sobresalté un poco asustada, estaba tocándome, pellizcando suavemente mi clítoris gordito y sobresalido. Sin poder pensar claramente solo me dejé llevar (desde hacía unos días, Sofía, sin saber por qué, había comenzado a llamarme bebé, me había dado curiosidad al principio, luego mucho morbo).

- Si Sofi, pasá, me estoy duchando, pero está la cortina – dije tratando de sonar casual. Ella pasó rápidamente, la distinguí vagamente a través de la cortina, se subió la falda y se sentó en el inodoro. La espié disimuladamente mientras el agua de la ducha caía sobre mí, me di cuenta que la muy degenerada no llevaba ropa interior. Comenzó a mear, ruidosamente y un par de pedos le salieron al mismo tiempo, lo que hicieron que yo misma me sonrojara violentamente.

-Hay perdón bebé, pero… que vergüenza, necesitaba pasar y no podía esperar más – dijo disculpándose, la imaginé colorada, viendo disimuladamente hacia la ducha, tratando de adivinar mi desnudez, la imaginé fantaseando con arrancar la cortina del baño y lanzándose sobre mi, degenerada, pervertida, cerda, lista a violar a la hija de su pareja sin piedad. Me excité tanto que mis piernas se habían aflojado al punto de casi no poder mantenerme en pie y mi coñito palpitaba con fuerza, chorreando. Traté de calmarme, que todo fuera más relajado, de disimular, de no poner en evidencia lo asquerosamente puta depravada que estaba hecha.

-No pasa nada Sofi… además, el otro día vos me viste en una situación muchísimo peor – dije mordiendo luego mi labio, frotándome con una de mis manos, pellizcando, frotando y castigando mi clítoris lentamente pero con fuerza, apretando mis piernas, mientras con la otra mano apoyada en los azulejos, me sostenía para no caer, recordando justamente la situación “muchísimo peor” del otro día.

El sonido de ella cagando me volvió a estremecer, abrí mis ojos y cuando espié ella miraba desafiante a la ducha, sus piernas demasiado abiertas, su camisa con varios botones abiertos, dejando ver un delicioso escote, mordía su labio y su cara era de perversión absoluta. Pero qué me pasaba? A mí no me gustaban las mujeres, me gustaban los chicos… los hombres, sus penes, sus vergas, sus pollas grandes y jugosas como la de papá, pero esta mujer me estaba volviendo loca. A un paso de tener un brutal orgasmo que sería incapaz de disimular, pude detenerme. Chupe mis dedos cubiertos de mis jugos, el sabor me hizo desear casi dolorosamente que fuera el sabor de Sofía, la mujer de papá, expuesta impúdicamente, cagadando como cerda a menos de un metro de donde yo estaba.

-De verdad crees que lo tuyo fue peor, bebé? Sabes qué se me ocurre? Que quizás si me ves ahora mismo cagando se te pasa la vergüenza del otro día, además casi soy…. Tu mamá – dijo, con la voz casi en un susurro al final, tan libidinosa que fue imposible disimularla. Sin más, abrí la cortina del baño, me expuse completamente desnuda ante ella, mi cuerpo de joven adolescente, aniñada, ante ella, que ahora con sus piernas impúdicamente abiertas, exponiendo su coño depilado, chorreante, terminaba de abrir su camisa. – Ves bebé, yo también hago caca y hago pis – dijo con la voz ronca, comiéndome con la mirada, mientras su coño rosado, palpitante, soltaba chorros de pis y de su culo salía un suave tronco maloliente de mierda. Quedé sin aliento, viéndola, deseándola como jamás había deseado nada antes.

-Igual… igual te ves siempre linda mamá – le dije, en ese instante, por primera vez le dije así, solo se vino a mi mente que eso sonaría mil veces más morboso y sucio y así fué. No podía dejar de verla tan pervertida, tan abierta, tan inmundamente asquerosa y perfecta. Sentí una mezcla de deseo y celos bestiales de su cuerpo, era toda una mujer y yo solo una adolescente – Tu cuerpo es perfecto, de mujer grande, yo solo… – dije, mordiendo mi labio, abriendo mis piernas y dejando que vea mi coño con los escasos pelitos rubios, con mi clítoris hinchadito y sensible asomando.

- Tu cuerpo es deliciosamente perfecto, me encanta, me dan ganas de comerte a besos – dijo ella sin disimular nada, demasiado caliente – vení, mira más de cerca a tu mami haciendo caca, dale nena – remarcó el “mami” con fuerza lujuriosa y su voz imperiosa me obligó a salir de la ducha e ir, mojada como estaba a ella, con mis piernas temblorosas, mientras el olor a mierda inundaba el lugar. – Así bebé, arrodíllate acá, mirá más de cerca, ves? Ves como mami hace caca? Mirá – Y entonces, yo arrodillada frente a ella, entre sus piernas, junto al inodoro donde ella estaba sentada, puso sus manos en mi cabeza y me llevó hasta su entrepierna. Vi toda la mierda en el agua meada del inodoro, el olor era terrible, me dieron nauseas por un instante, pero la calentura pudo más. Sofía, la mujer de mi papa, la mujer que casi era mi mama, estaba por someterme, usarme, violarme, era una degenerada criminal, y lo deseaba más que nada en el mundo.

-Vas a abusar de mí? Mami, sos una degenerada de mierda, una incestuosa asquerosa – dije, y hundí mi rostro en su entrepierna, mi boca buscó su coño empapado de orina, chupé de manera inexperta, me abracé a sus piernas mientras sus manos firmes, sin delicadeza me apretaban contra su coño.

– Si bebe, lo soy, soy una depravada y se que te gusta que lo sea… a tu papá le encanta, por eso está conmigo… y ahora vos vas a ser mi putita personal, mi mascota, mi perra para usar, porque me encantan las putas pajeras como vos… abrí la boca bebé, mami quiere mearte toda – y lo hice, con el morbo disparándose más y más.

Ella gemia, me frotaba el rostro contra su concha hasta que se corrió como una puta guarra, sacudiéndose, apretando mi cabeza con sus muslos, empapándome aún más con chorretones de su corrida espesa. Luego apartó mi cabeza, me miro y yo, aun con la boca entreabierta, babeando, sintiéndome deshecha y con mi coño hirviendo, me sorprendí cuando me escupió en la boca, luego otra vez, y otra, dejando mi cara aún más perdida. Me atrajo con fuerza hacia ella, levantándome y me besó, mi primer beso. Sucio, baboso, pervertido, inmoral, delicioso con su lengua metiéndose en mi boca, chupándome, lamiéndome. Me dejaba hacer, intentaba imitarla. Me atrajo más y terminé sentada a horcajadas en sus piernas. Los pensamientos en mi cabeza eran caos puro, me había abandonado al placer y a la suciedad depravada de esa mujer, a quien ahora abrazaba, sintiendo sus tetas rozando mi vientre. Sin darme cuenta me solté y comencé a mearme sobre ella, lo que pareció fascinarle, me abrazó con fuerza y el besuqueo fue mas intenso. Abrió su boca invitándome, adiviné que deseaba que le escupa y lo hice, varias veces. – Ahora putita sucia, cerda, dame tu caca, dale, como hiciste el otro día – Me dijo con la voz ronca, sujetando mi cabello con fuerza, apretando al mismo tiempo mi cintura. – Dame todo lo que tengas, pendeja putas de mierda!! – Sus palabras y sus acciones me dominaban completamente. Sin más, obligada por sus actitudes, me di vuelta, dejando mi culo sobre su falda y comencé a cagar. Ya no tendría vuelta atrás, mi cuerpo, mi mente y mi voluntad le pertenecían.