Xtories

Las oportunidades perdidas 3

El olor a sexo residual aún impregnaba el taxi cuando Don Ángel me miró con esos ojos que prometían mucho más que un simple viaje. No busqué la fuga; busqué el placer. Pero cuando la realidad se hizo demasiado densa, mi miedo me hizo correr, dejando atrás la única oportunidad de ser suyo.

Tiliref4.9K vistas

Para cuando me senté en el asiento del copiloto, Don Ángel, acostado en el asiento reclinado, tenía una mano detrás de su cabeza con sus ojos cerrados, y la otra subía y bajaba por su enorme falo soltando líquido pre seminal mezclado con los flujos vaginales que la puta había soltado con la larga follada que el taxista le dio.

De repente abrió los ojos y me dirigió una mirada cariñosa guiñándomelo el ojo y preguntándome si me encontraba bien, me hizo una carantoña con su tosca y gruesa mano en mi cara. Yo me quité el chándal que llevaba puesto lentamente admirando el cuerpo semidesnudo de Don Ángel. Su redonda barriga, sus grandes piernas musculadas, y aquella vergota de color rosado igual que sus gordos y caídos huevos. Todo en él era portentoso, viril y grande.

Yo sentía una mezcla de placer sexual y nervios por mi poca experiencia, pero impulsado por la excitación me senté en su gran estómago y empecé a rozar mis genitales en él. Don Ángel sonrió. Ya no parecía enojado y yo me lancé a besarle los grandes pezones mientras con mis manos palpaba sus grandes y duros bíceps ocultos bajo la rebeca y la camisa que todavía tenía puesta. Él con los ojos cerrados y las manos detrás de su cabeza, dejaba que yo frotara mi miembro en su barriga y mientras acercaba mis labios a los suyos para besarlos, torció la cabeza hacia un lado impidiendo que llegara a hacerlo.

Me eché un poco hacia atrás y mis nalgas sintieron el contacto con su duro miembro recostándome en el volante masturbándome. En esa postura estuve cascándomela un rato rozando mis nalgas por su verga hasta que me incorporé y la agarré por el tronco dirigiendo su glande a la entrada de mi hoyito. Me fijé bien en sus huevos que reposaban grandes y desinflados en el asiento. Eran rosados sin apenas vello y del tamaño de dos huevos kinder. Mientras me metía la punta de su verga con una mano, con la otra los acariciaba.

Me percaté que la puta se había bajado la falda y las bragas, y se masturbaba mirándonos. Haber ocupado su lugar me hacía sentir con un privilegio que no había buscado, pero que ahora disfrutaba.

Fui bajando por su sable lentamente. Sentí que me partía en dos, pero cuando entró la mitad de su verga, apoyé mis manos en su grande y redonda barriga para acostumbrarme a su tamaño, y así estuve un largo instante descansando.

Don Ángel abrió los ojos sonriéndome y empezó a acariciar mis muslos cariñosamente con sus rudas manos para que yo me relajara. Me abalance nuevamente a besar sus labios, y esta vez lo permitió. Lo besé varias veces de manera dulce y delicada. El taxista agarró mi cabeza y llevó sus labios a mi frente besándola. Eso me excitó tanto que mi ano se dilató lo suficiente para poder enterrarme toda la longitud de su vergota.

Me recosté sobre el volante completamente lleno de lujuria y en esa posición estuvimos un par de minutos hasta que Don Ángel agarró mis blancas e imberbes nalgas para lentamente hacerme subir y bajar por su miembro.

La puta tenía el coño muy húmedo de tanto tocarse observándonos. Estaba completamente depilada. Los labios vaginales los tenía muy hinchados y rojos por la tremenda follada que le había propinado el taxista.

La intensidad con la que me penetraba Don Ángel fue en aumento. Entonces yo quise seguir mi instinto y volviendo a apoyar mis manos en aquella montaña humana, moví mi culo cabalgándole unos minutos hasta que sin tocarme me corrí encima de él.

Despacio desmonté y sentí que mi ano era un túnel vacío y húmedo.

Don Ángel cogió unos pañuelos que tenía en el salpicadero del taxi y se limpió mi semen esparcido por su barriga y pecho. Lo hizo mientras veía como yo ya me vestía y aceptando que todo había terminado se masturbó enérgicamente durante un rato. Mientras yo contemplaba indiferente con lo hacía soltó cinco chorros de leche espesa sobre su poderoso torso.

Me dio lástima no haber estado encima de él cuando lo hizo, y el hecho de que tuviera tanta dificultad en eyacular demostraba el aguante sexual de aquel semental.

La puta se había corrido antes que nosotros dos, y algo molesta le pidió a Don Ángel que la llevara de vuelta a la discoteca. Él se limpió su semen, se vistió y arranco el taxi encendiéndose un cigarrillo. La puta quería ir delante, en el asiento donde yo me encontraba pero Don Ángel se lo negó.

Cuando dejó a la puta en la discoteca, ella cerró la puerta del taxi violentamente pero Don Ángel ni se molestó por ello.

Entonces sucedió algo que me impresionó y que no esperaba. Él me pidió que lo acompañara a su casa a pasar la noche juntos y también me dijo que le gustaría que me quedara unos días con él. Yo me asusté y me bajé del taxi. Caminé por la acera todo lo rápido que pude mientras el me seguía con el taxi implorándome que accediera a sus deseos. Cogí por una calle en sentido contrario y no lo volví a ver jamás.

Con el paso del tiempo me arrepentí de haberlo dejado tirado. Él había me había marcado sexualmente y yo desaparecí presa del pánico.

Después de muchos años un conocido me dijo que me andaba buscando por ahí. Yo tampoco comprendí aquello y no hice absolutamente nada.

Un día algo se despertó en mi acerca de aquello y busqué a Don Ángel por todas partes hasta que me enteré que había fallecido. También supe que una mujer extranjera vivió con él durante mucho tiempo y yo pensé que pude ser yo quien estuviera cuidándolo y mimándolo mientras él me daba su vergota una y otra vez.

[email protected]

Continúa en