Dos Cristales: Judit Capítulo 3
El viaje de regreso es un calvario de silencio y remordimientos. Judit sabe que Agustín la descubrió, pero no imagina que la espera en casa será un vacío absoluto. Mientras el tren avanza, la realidad de su traición se cierne sobre ella como una sentencia irreversible.
https://www.todorelatos.com/relato/246758/
Durante aquella noche apenas dormí y es que cada vez que abría los ojos, lo hacía pensando en las consecuencias de aquella noche tan aciaga.
Recordé cuándo estando en la playa y llevando aquel maldito bañador rojo, le comenté que lo tenía todo controlado y que era una mujer adulta. ¿En qué parte de mi ser había quedado lo de mujer adulta? Al final como una maldita adolescente acabé en los brazos de un macarra que me hizo suya a base de penetraciones que me llevaron al límite una y otra vez. Mi sumisión ante Dutch había sido total. La calentura de mi cuerpo lo había mandado todo a la mierda y hundiendo la vida de Agustín.
Cerca de las cuatro mañanas noté que alguien me tocaba.
- Judit...tendríamos que ir preparándonos ya que en cincuenta minutos sale el bus-era la voz de Jenny-.
Me arreglé con la mayor celeridad posible: tras una ducha rápida, me puse ropa cómoda: una camiseta negra y un pantalón de chándal del mismo color, parecía que me había vestido de luto.
Luis estaba acabando de preparar las maletas y aunque Jenny me había explicado su versión, quizás él sabía algo más. Necesitaba hablar a solas con él y posiblemente durante el trayecto en tren hallaría aquel instante.
No comprendía como podía funcionar semejante relación. Jenny no es que fuera un alma libre: sino que iba a su puta bola. Que se desnudará ante cualquiera parecía lo más normal del mundo y ya no digo lo de follar ante cualquiera (yo lo vi ante mis propios ojos). Luis la debía amar de una forma que yo desconocía y es que aguantaba cada una de sus infidelidades.
Luis era un cornudo que le consentía todo ¿a cambio de qué?, pero yo no era la más indicada para hablar de estos temas. Yo había sido engullida lentamente por la espiral de sexualidad que se respiraba en aquel grupo y todo al final desembocó en unos cuernos hacía Agustín que ningún hombre se merecía por la sordidez con la que ocurrió todo.
Salimos del apartamento en dirección a la estación y a esas horas nos cruzamos con bastante gente. No éramos los únicos que parecían finalizar sus vacaciones. Otros en cambio seguirían disfrutando del sol bañando sus cuerpos y de noches de fiesta interminables. Las ganas de pasárselo bien ocuparían las vivencias que se llevarían para el resto de sus vidas, fueran positivas o negativas.
La estación de autobuses estaba tan cerca del mar que parecía casi tocarlo. Siendo una niña me fascinaba bañarme allí junto a mis padres y ahora este me parecía que ya no tenía el mismo color.
Me senté junto a la ventana para contemplarlo por última vez. Las personas que estaban en el bus parecían igual de agotadas que nosotros. Mirando a mí alrededor, de todo aquel grupo solo quedábamos tres: Jenny, Luis y yo. Ese yo ya no tenía un tú a su lado. Era desesperante ver la situación en la que me hallaba, mientras comprobaba una y otra vez que en mi teléfono no había señal alguna.
De forma lenta Salou fue quedándose detrás de nosotros y en ella todos los recuerdos: los paseos por las tiendas, los parques de atracciones (acuático y normal) y las noches de fiesta. Todo esto hubiera sido lo normal, pero en aquella ciudad quedarían enterradas una de las peores decisiones que había tomado en mi vida: la de acostarme con Dutch. Aquella noche pasé de ser la futura esposa de Agustín a lo más similar a una actriz porno.
Llegamos a la estación y en la única cafetería que había tomamos un café y un mini bocata. A parte de alcohol y un sándwich poca cosa más había ingerido.
Al llegar al andén miré detenidamente mi maleta, esta venía repleta de ilusiones: disfrutar del sol, bañarse en el mar, salir de fiesta por las noches... todo parecía perfecto. Sin embargo, jamás pensé que nuestra relación acabaría volatilizándose por completo en aquel viaje.
La gente en aquel lugar parecía feliz... pero ¿cómo estaba yo? Esa pregunta tenía fácil respuesta: No estaba bien y ya no digamos como debía sentirse Agustín. Aquel viaje que habíamos empezado como un grupo unido (o eso pensaba yo) al final acabo como una tragedia griega.
Al subir al tren rezaba para que nadie se sentará a mi lado. No tenía ganas de articular palabra alguna. Jenny y Luis estaban dos filas más atrás.
Una vez tras otra miraba el móvil y parecía que iba a desgastar la pantalla de tanto hacerlo. Miré algunas fotos que nos habíamos hecho, pero realmente había muy pocas en la que los dos estuviéramos juntos, la mayoría eran con el grupo y en apenas algunas salía Agustín. No fui consciente de que cosas que creía que eran normales, no lo eran en absoluto.
A esas horas de la mañana comprendí que el tiempo que había transcurrido desde que nos hablamos en aquella recepción de hotel y el viaje el tren era un fiel indicativo de que él no tenía ningún interés en comunicarse conmigo.
Fui un par de veces al baño para llorar, ya que no deseaba que nadie me viera. Ahora a pesar de todo, veía que los que creía que eran mis amigos me parecían unos auténticos desconocidos. No voy a negar que mi relación con Agustín había estado marcada por muchos altibajos durante los años, pero lo que no vi venir es que mi integración en aquel grupo me alejaba cada vez más de él.
Necesitaba hablar con Luis sin que estuviera Jenny delante y ese momento apareció cuándo ya habíamos pasado Zaragoza.
- Chicas ¿queréis ir a tomar un café? -dijo Luis-.
- Yo no quiero nada-contestó Jenny-.
- Pues yo sí, ¿te molesto que venga contigo?
- No en absoluto.
Estábamos a cuatro vagones de la cafetería y alucinaba de que el tren fuera a rebosar y que yo estuviera sola. Ese debía ser el asiento de Agustín, pero ahora parecía una metáfora de mi realidad: estar SOLA.
Llegamos allí y tras un par de minutos de espera nos atendieron. Pedimos un par de cafés con leche. El que me había tomado en la estación ya lo tenía en los pies, se los iban a cobrar a Luis, pero yo me adelanté.
- Yo te invitó-sacando mi móvil para pagar con tarjeta-.
- Lo siento, parece que no funciona-nos dijo la persona que estaba al cargo de la cafetería-.
Entonces Luis sacó de su bolsillo un billete de diez euros.
- Llevar algo de efectivo nunca falla.
- Esto es algo que me ocurre cuando voy con…-y me callé-
- Querías decir Agustín.
Pronunciar su nombre me provocó una sensación extraña que no sabía cómo definir.
- Me imagino que...-Luis parando de golpe-
- Si...le echo de menos, pero seguramente ya sabes lo que sucedió.
Bebió un sorbo de su café y empezó a hablar.
- ¿Crees que yo sé algo?
- ¿Me lo podrías explicar?, aunque fuera poco.
- No soy nadie para entrometerme en la vida de los otros; cada uno ya tiene suficiente con la suya propia.
- Lo siento no te preguntaré nada más...perdón.
Entonces fui yo la que bebí, como si así intentará quitarle tensión al momento.
- La noche en la que...
- Me pillo poniéndole los cuernos-sonó duro, pero era así-.
- Yo estaba fumándome un pitillo ya que Jenny había conocido a un tipo en la discoteca.
No entendía como él justificaba ciertas conductas, pero yo no era la más adecuada para hablar de infidelidades.
- ¿Y qué te dijo? -yo intrigada-.
- Llevaba su maleta y venía muy cabizbajo, supe que algo no iba bien entre vosotros.
- En aquel viaje nada había ido bien, pero aquella noche todo se torció...pero explícame más.
- Su forma de hablar era muy enigmática, solo me dijo que había faltado poco para lograrlo y que en pocas horas hubierais regresado a vuestro mundo y con los amigos de siempre.
Al haberme puesto como una perra en celo y follar como una cerda, no solo había roto el corazón de un hombre. Había arruinado su autoestima para siempre.
- Le comenté que nunca tendríais que haber estado en este grupo.
- Ahora me doy cuenta de ello, pero hasta que no te das la ostia no lo ves venir.
- Buscaba venganza y sé que le tenía ganas a Dutch. Agustín ya sabía que él no era trigo limpio y le comenté que Rodri sabía cosas de él.
- ¿Y no sabes que sucedió después?
- Ya no sé nada más.
- Gracias-con los ojos vidriosos como si tuviera ganas de llorar de nuevo-.
- No hace falta que me las des, yo de este viaje he sacado bastantes conclusiones y ver como vuestra pareja se ha roto, era algo que no me esperaba.
- Él no la rompió-dije de forma muy seria- y gracias por aguantarme, porqué Jenny lo ve de otra manera.
- Ya sabes cómo es ella y el mundo de la fidelidad.
Estuve a punto de decirle que como podía aguantar semejante relación, pero me callé de nuevo y es que escuchar lo que me contó me hizo sentir aún peor persona de lo que yo me imaginaba.
- Luis, gracias por contarme más cosas de Agustín y ahora necesito descansar antes de llegar a casa. Todo el mundo sabe lo que hice aquella noche y es que realmente fui una tonta, necia...
- No digas más cosas, no te tortures más.
Volvimos a nuestro vagón y el tiempo hasta llegar a Madrid se me hizo eterno. Estando en la estación de Atocha, lo único que deseaba era llegar a casa y hablar con él, aunque no sabía que palabras tenía que utilizar para no herirlo más de lo que lo había hecho.
En aquel viaje Jenny y en parte Luis habían sido la mejor compañía posible. Ella era la única que se había quedado a mi lado en uno de los trances más tristes de mi vida. Yo me encontraba ausente y Jenny lo vio.
- Judith, piensa que todo se arreglará-me decía Jenny-.
- No todos tienen el aguante de Luis-este último estaba hablando por el móvil-.
- Parece que no has aprendido nada, disfruta el presente y no pienses en el mañana.
La última frase de Jenny era bien cierta: La noche en que me entregué a Dutch, lo hice sin pensar en las consecuencias. Echando la vista atrás, aquello había sido una auténtica atrocidad. Aunque fuera tarde, yo no era como ella, pero mis actos parecían indicar lo contrario.
- Bueno Jenny nos mantenemos en contacto-me acerqué y le di dos besos.
De Luis no me despedí ya que seguía hablando por el teléfono. Me fui alejando de ellos hasta que al girarme ya habían desaparecido. En algo más de media hora estaría en casa. Allí los dos nos encontraríamos en un ambiente más familiar y donde podríamos mantener una conversación más profunda, ya que a través del teléfono hubiera sido más frío.
Me dirigí a la parada del bus y tomé uno que me dejaba a dos calles de dónde vivíamos. Se notaba que había algo menos de tráfico, pero yo seguía pensando en todo el mal que había provocado: sentía dentro de mí un vacío existencial.
Tras bajar del bus me dirigí hacia nuestro piso, vi de lejos que las persianas estaban bajadas. Tras acceder al portal, subí un par de escaleras hasta llegar al ascensor. Cuando llegué al umbral de la puerta, cogí aire y estaba preparada para aceptar mi destino.
Giré la llave y al abrir la puerta noté como llegaba hacía mí un calor asfixiante.
- Agustín...Hola-pero no había respuesta alguna.
Le di al interruptor de la luz que daba acceso al comedor y el lugar me pareció fantasmagórico. Comprendía a la perfección, que aquella conversación entre los dos no iba a suceder. Con la mayor celeridad posible me fui hasta nuestra habitación y al abrir los armarios estos se hallaban vacíos…ni rastro de su ropa. En el baño tres cuartos de lo mismo, y allí comprendí que aquello no era un hasta luego, sino el adiós definitivo.
Notaba como las fuerzas me abandonaban y me tiré sobre la cama, no podía dejar de pensar en cómo se debía encontrar él. Viendo mi comportamiento comprendía perfectamente que se hubiera ido y es que yo aquellos últimos días había vivido en la inopia.
No recuerdo el rato que estuve tumbada en la cama, pero al levantarme comencé a recordar las cosas que habíamos compartido los dos y dónde los buenos momentos prevalecían sobre los negativos. Aquel piso ahora me parecía un lugar gélido y sin ningún tipo de alma.
Intentaba procesar todo lo que me estaba sucediendo, pero no la hallaba. Su decisión me parecía del todo lógica, pero lo único que deseaba saber era su paradero ¿y quien disponía de tal información?
La primera persona que se me vino a la mente fue Núria, pero tras reflexionarlo durante unos segundos, intuí que no era la persona más adecuada a la que llamar. Ella y Marcos tenían una relación muy estrecha y quizás sabiendo lo que había hecho no me dieran tal información. Estaba seguro de que tarde o temprano alguno de sus amigos terminaría apoyándolo. El primer grupo se fue al garete por una infidelidad y dudaba mucho de que alguno de ellos me diera semejante información.
De nuevo la única que debía saber algo sería Gisela...así que me decidí a llamarla y esa vez no quería que me hablará a través de un texto, sino que deseaba oír su voz.
Un tono, dos, tres y al final me contestó.
- Hola Judit ¿Qué quieres? estoy trabajando.
- Agustín se ha ido de casa-le solté de sopetón-
- ¿Y qué esperabas? que te recibiera con una alfombra roja y te diera un ramo de flores-aquel tono no me gustaba-.
- No me pensaba que se iría de casa.
- No todas las personas somos iguales y tienes que respetar la decisión de Agustín.
La forma de hablar de Gisela me sorprendía y con lo que más alucinaba es que hubiera dejado tirado a su novio en el hospital, para incorporarse a trabajar de nuevo. Ella debía saber mucho más de Agustín.
- Te pido por favor que me digas lo que sabes...por favor-suplicándoselo-.
Durante unos segundos a través del auricular, no se oía ningún sonido y pensé que me había dejado colgada.
- Ayer por la noche hablé con él. Me comentó que no podía quedarse en aquel piso y que no sabía dónde iría, al final me dijo que a lo mejor pasaría la noche en algún hotel, y que seguramente encontraría algo...ya no sé más.
- Gracias
No pude evitarlo y me eché a llorar.
- ¿Sabes una cosa, Judit? -dijo tras un silencio-. Creo que en mi vida he sido una persona muy cabrona. Me arrepiento de muchas decisiones que he tomado. Agustín tiene el corazón roto, y eso no se cura en dos días. Recuerda que tú le fuiste infiel… él no. Las cosas ahora son distintas...y yo no sé nada más.
-Gracias -saliendo un pequeño hilo de voz de mi boca-.
-Cuídate, Judit-y colgó-.
La conversación con Gisela me confirmó lo que yo había visto al llegar al piso. La tristeza por lo que había hecho no paraba de emanar. El tono de su voz y la forma en que pronuncio infiel, me hicieron darme cuenta de que fue una auténtica salvajada mi infidelidad. Yo no paraba de gemir cada vez más fuerte y es que el cabrón de Dutch parecía saber cómo llevarme al límite. Recordaba perfectamente lo salvaje que fue mi infidelidad y como Dutch parecía saber en cada momento que tecla tocar.
Agustín había tomado una decisión y esta parecía firme, no tenía ninguna intención de mirar hacia tras. No deseaba pasar ni un segundo más de su vida a mi lado. Aquellos ocho años de relación habían llegado a su fin de la peor manera posible.
Yo sentía un dolor inmenso dentro de mi pecho, pero el de Agustín no me lo podía ni imaginar. Ver como caía definitivamente ante los brazos de Dutch fue algo cruel y como logró sonsacar de mis labios (con una pasmosa habilidad) cosas que nunca me había atrevido a contarle a nadie. Le comenté que Rodri era mejor amante y que Agustín no había logrado que llegará al orgasmo si no fuera porque me tocaba. Tras pensar en todo aquello sabía que él nunca me perdonaría y lo peor es que lo había visto con sus propios ojos.
Sabía a ciencia cierta que Agustín nunca regresaría a mi lado. La confianza en nuestra pareja se fue debilitando durante aquellas vacaciones. No había sido solamente durante mi bacanal de sexo, sino en cada uno de los momentos que compartimos en aquel grupo.
En el caso de que me hubiera perdonado, ¿Qué relación hubiera existido? Por mucho que calmará sus celos, estos hubieran aparecido ante cualquier situación: Espiarme el móvil, hablar con otros hombres, utilizar ropa sexy. Aquello hubiera sido insostenible y tarde o temprano la relación hubiera llegado a su fin.
Estuve divagando por aquella casa a la cual me costaba llamarle hogar, en cada rincón de ella podía sentir su presencia, aunque el ya no estuviera. Miré mi móvil y vi que su foto de estado en el WHATSAPP había cambiado: Era una foto con un fondo negro y una luz blanca, muy lejos de la que tenía. Recuerdo que hacía apenas unas horas tenía una que nos hicimos en una excursión a Navacerrada, todo aquello me parecía muy lejano ahora.
Abrí las ventanas y ventilé el comedor, pero al hacerlo el calor penetró aún con más fuerza dentro del piso. Miré el reloj y eran cerca de la una del mediodía y en casa no había nada para comer. Pensábamos en ir al super cuándo llegáramos del viaje, pero aquello no ocurrió.
Al final salí a comer a una cafetería cercana y de las pocas abiertas durante el mes de agosto y que ocasionalmente frecuentaba con Agustín. Cada calle y cada rincón me recordaban a él. Compré algo más de lo necesario ya que no tenía ninguna intención de salir de casa, si no era algo urgente. Al regresar al piso el calor continuaba siendo asfixiante y parecía que aún no había llegado a su máximo apogeo. Me desvestí quedándome solamente con una camiseta corta y unas braguitas.
Algo tan simple como mirar la televisión ya no era lo mismo. Recordaba que al visionar una película la comentábamos entre los dos y ahora aquella interacción ya no existía. Me pasé toda la tarde tumbada en el sofá y atiborrándome de snacks y sin preocuparme de nada más y siendo las diferentes visitas hacia la pantalla del móvil, uno de los pocos motivos por los cuáles me movía de allí. Al final cuándo ya estaba aburrida y saturada de ver películas infumables, me fui a la cama.
Me encontraba en aquella cama y esa noche la noté inmensa, porqué él no estaba a mi lado. No deseaba recordar todos los malos momentos, que por desgracia me llevaban una y otra vez hacia aquella maldita noche. Quería pensar en los momentos bonitos: cuando hacíamos el AMOR en aquella cama, en el sofá o en cualquier rincón de la casa. No había sabido apreciar que él intentaba hacerme disfrutar, pero quizás no como yo me imaginaba. Echaba de menos el contacto de él: sus suaves caricias, el contacto de sus labios con los míos, sus manos meciendo mi pelo y su miembro.
A esas horas de la noche y en la soledad de aquel piso, me di cuenta de que yo le amaba...pero el ya no.
Aquel viaje tendría que haber sido algo maravilloso junto a mi pareja, pero mi cabeza se fue llenando de pájaros y de una forma casi inaudible empecé a sentir que mi cuerpo se calentaba pensando en algunas situaciones y que se tenían que haber quedado como simples fantasías. Nunca debí cruzar ciertas líneas. Al final las traspasé y sus efectos fueron letales para nuestra relación.
Me levanté de la cama y antes de bajar las persianas miré por la ventana: Ahora la luna me parecía que ya no tenía el brillo que yo recordaba y que nos había acompañado a lo largo de nuestra relación.
Aproveché parar mirar fotos de los dos juntos y sentía que por extraño que fuera todo aquello ya formaba parte de un pasado demasiado reciente. Me tumbé en la cama y tenía la imperiosa necesidad de escuchar música. Busqué en diferentes listas de YouTube canciones tristes y hallé una que no conocía de una tal “Debie Gibson” y que se llamaba “Foolish Beat”. Aquella canción parecía que hablará perfectamente de mí y de lo que sentía en uno de los instantes más duros que había tenido a lo largo de mi vida.
Escuchando aquella música supe que aquella sería una noche muy larga y la primera en que compartiría aquella cama sin Mi Agustín.
Continúa en
- Relato #246758— title-regex: contiguous parts (2 -> 3)
Relatos similares
- Hetero: General
Diomedeidae - 1
Nadia siempre creyó que tenía el control, que Luismi sería su red de seguridad para siempre.
Comparte:Infidelidad consentidaDespedida sexualConexion inesperada
- Hetero: Infidelidad
El último partido (2)
Cada vez que él iba al estadio, ella abría la puerta a otro. No era solo sexo, era una droga que le prometía que su matrimonio sobreviviría.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion clandestinaConexion inesperada
- Hetero: Infidelidad
Ruth
La brisa marina y el sol de septiembre esconden un secreto húmedo. Dos casados, separados de sus parejas, descubren que el placer puede ser tan…
Comparte:Infidelidad consentidaDespedida sexualConexion inesperada
- Hetero: Infidelidad
(3) ¡soy enfermera, no puta!
Lola juró ser fiel, pero el deseo es una fuerza que no se controla. Cuando un paciente parapléjico descubre sus fantasías más oscuras, la línea entre…
Comparte:Infidelidad consentidaDespedida sexualConexion inesperada
- Hetero: Infidelidad
Sexting II (1-2-3-4)
Sonia intentó borrar la noche con un mensaje, pero el silencio de Jorge pesa más que cualquier explicación.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion clandestinaConexion inesperada
- Hetero: Infidelidad
Sexting ii (22-23)
Sonia solo quería un momento de libertad, pero el móvil sonó con la presencia de su novio al otro lado de la línea.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion clandestinaConexion inesperada