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Dos Cristales: Judit Capítulo 4

La grabación que temía estaba en las manos equivocadas. Ahora, encerrada en su casa y sin nadie a quien culpar excepto a sí misma, Judit descubre que la noche de pasión fue una trampa calculada. Mientras el arrepentimiento la consume, su cuerpo recuerda lo que su mente intenta borrar.

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Estaba encerrada en casa y no pensaba hacer nada e incluso ni ducharme, todo me importaba una mierda. Miraba el móvil, pero todo seguía igual. Salí unos minutos a la minúscula terraza que teníamos y observaba como el tiempo seguía moviéndose al mismo ritmo de siempre.

La vida sin él me parecía vacía: me aburría y las cosas que antes me estimulaban carecían de valor alguno. ¿Vacía? no era lo que debía estar pensando mientras Dutch me ensartaba una y otra vez, en aquel momento de mi vida no tenía ningún tipo de remordimiento. Mis lamentos solamente me servían para llorar, pero para nada más.

Para quitarme aquellos pensamientos funestos que se albergaban en mi mente, comencé a revisar algunas de las tareas que tenía pendientes para cuándo regresará al trabajo.

No había ni un solo minuto en que no pensara en Agustín. Él no quería verme y tenía que respetar aquella decisión. La palabra respeto era una que yo nunca tuve hacía él. No sé por qué miraba el móvil de forma autómata, ya que sabía de antemano cuál sería el resultado: NADA

El domingo la rutina fue la misma. Miré algunas noticias en el móvil y la mitad eran auténticas tonterías, pero hubo una que captó mi atención por una palabra: Salou. Me intrigó de tal manera que comencé a leerla. Hablaban de que había sido detenido un peligroso delincuente y que estaba relacionado con diversas organizaciones criminales. Leí cada párrafo de forma detallada y también se hablaba de que habían sido encontrados diferentes videos, algunos de ellos para chantajear a diversas personas.

Aquello me heló la sangre, y recordé lo que dijo Agustín. Habían grabado mí sesión de sexo con Dutch. Aquella grabación podía estar en las manos de cualquiera de aquellos desgraciados. Me reían todas las gracias y me sentía realmente bien con ellos, pero, aunque fuera tarde me daba cuenta de que eran unos hijos de la gran puta.

Sabía que, tarde o temprano, tendría que decirles a mis padres que nuestra relación había llegado a su fin. La palabra separación no había forma alguna de quitármela de la cabeza. No hubo una conversación que marcara el final de aquella relación, pero mis actos acabaron condenándome.

Una noche de sexo llevada al límite y la falta de respeto hacia Agustín bastaban para sentenciarlo todo. Aún no se lo diría; necesitaba tiempo para asumirlo yo primero. Sabía que tenía un pequeño margen de tiempo antes de comentarles mi nueva situación.

Llorar por cada rincón de mi casa se había convertido en algo habitual. Había dejado escapar a un hombre que, aunque no fuera el más perfecto del mundo y con multitud de defectos (como yo) me amaba. En nuestras manos estuvo poder arreglar aquella situación y poder seguir juntos, pero a esas alturas tocaba asumir mis errores.

La semana empezaba sin él a mi lado, pero decidí intentar arrancarla con las máximas energías posibles. No podía mostrarle a la gente el dolor que sentía por los pecados que había cometido.

A pesar de que teletrabajaba, algunos días tenía que pasar por la oficina y ese lunes sería el día adecuado para salir de casa.

Al mirarme al espejo vi como el astro sol había conseguido posarse en muchas partes de mi cuerpo y aproveché para vestirme con la ropa que me hacía sentir a gusto. No pensaba cambiar ni un ápice mi estilo de vestir. Elegí una camiseta blanca que marcaba mis senos de una forma elegante, una falda negra tableada y unos zapatos de cuña, todo muy veraniego aún. Aquella camiseta dejaba mi canalillo muy a la vista, pero dentro de unos límites que no supe mantener en otras ocasiones.

Los celos de Agustín me amargaban a la hora de vestirme, pero quizás eran miedos. Nunca le había sido infiel y aquella noche recuerdo que le dije que confiará en mí. El camino que elegí fue el de la perdición. Se lo pagué follando y sin importarme las consecuencias de ello. La cantidad de orgasmos alcanzados nublaron mi razón y ahora veía el resultado de todo ello.

Cuando llegué a la oficina, mis compañeras me preguntaron como habían ido las vacaciones, ¿qué les iba a decir? ¿Que mi comportamiento era más el de una veinteañera salida que el de una mujer adulta?, ¿qué me comporté como una zorra en la discoteca?, ¿que no moví ni un dedo mientras humillaban a mí pareja? y como colofón, follé con su amigo corriéndome y jadeando como una vulgar ramera.

Esa era la auténtica verdad, pero no podía explicar nada de eso. Les dije que Salou era una ciudad más bonita de lo que parecía, con unas playas inmensas, unos espectáculos de luces y fuentes, unas vistas al atardecer de postal y que si tenían la opción de ir no les defraudaría.

El contacto con la gente me ayudó a no pensar en todo aquello que me atormentaba. El trabajo, era una forma de evadirme de aquella triste realidad que yo me había buscado. Cuando llegaba a casa y cruzaba el umbral de la puerta, sabía que la única compañía que estaría a mi lado sería la de mi soledad.

Aquel lugar que había estado cargado de multitud de ilusiones y esperanzas, ahora en cambio me parecía un espacio enorme y carente de alma. Además, era consciente de que mi sueldo no me alcanzaba para seguir viviendo allí, aparte el contrato de alquiler finalizaba en un par de meses. En unos días hablaría con el matrimonio que nos lo alquiló para explicarles que al separarnos dejaba el piso.

A continuación, recordé aquel maquiavélico juego erótico. Si Agustín o yo hubiéramos sido los ganadores, poco nos hubiera importado aceptar los riesgos de este. Al final perdimos y allí finalizaron las oportunidades de cambiar nuestro destino... ¿o a lo mejor no?, eso es algo que jamás sabríamos.

La semana avanzaba con una lentitud inexorable y cada vez que miraba las fotos de los dos, rompía a llorar. Nuestra relación no había sido precisamente un camino de rosas. Los caracteres de ambos chocaban a menudo, pero al final hallábamos alguna manera de solucionarlo, pero en Salou todo saltó por los aires y el resultado final es que perdí el control de la situación.

No eché un simple polvo y me fui. En su lugar me dejé follar hasta la extenuación, como si me fuera la vida en ello. Rebasé límites insospechados que jamás imaginé: Me dejé follar sin protección alguna y es que al final ansiaba sentirme llena cada vez que lo hacía. Recordaba como en diversas ocasiones tragué su semen y como la viscosidad de este llegaba hasta el fondo de mi garganta.

Todas aquellas prácticas que le había negado a Agustín, se las había entregado en bandeja de plata a Dutch. Aquella maldita noche volvía a mí una y otra vez. Todo el placer que había logrado no compensaba el dolor que había provocado. Lo único que esperaba es que Dutch se pudriera allá donde fuera. Mi condena había sido la de perder al hombre de mi vida.

Lo más jodido de todo es que cuándo nos peleamos tras el festival. Agustín me dijo que él me amaba y que tenía miedo de que pudiera pasarme algo. Recordaba perfectamente lo que le contesté: Eso nunca pasará, tienes que confiar en mí. Imposible que confiará en mí: ni ahora, ni nunca. La palabra confianza otra que me pasé por el Arco del Triunfo.

Tenía muy presente lo que dijo Jenni y, finalmente, las palabras de Gisela. Agustín no me había sido infiel, pero yo sí a él. Cualquier mujer podía acercarse a él: Yaiza o la que fuera. Yo por desgracia, ya no era nadie para exigirle explicaciones. Sin embargo, no lograba aceptarlo...me sentía perdida.

Cada día que pasaba me sentía tentada de llamar a Núria, pero no encontraba el valor necesario para hacerlo, al final el jueves por la tarde decidí que había llegado el momento. Cuando ella cogió la llamada, sabía que me arrepentía de haberlo hecho.

- Hola Judith...hola...hola, sé que estás allí… ¿dime algo? -era la voz de Núria-.

¿Por qué la había llamado? Estaba dispuesta a colgar.

- Judith...no sigas atormentándote. Por favor. No lo hagas.

Y empecé a llorar a escasa distancia del altavoz.

- No le diré a nadie que me has llamado, pero...

- Lo siento-y colgué la llamada-.

Nuria y Marcos, siempre estarían al lado de Agustín, y me daba cuenta de que había sido una auténtica pérdida de tiempo llamarla.

Cuando anocheció pensé en una palabra con la que Dutch me definió: Diosa. Empezaba a comprender que Agustín me veía de esta manera. Tenía miedo de que alguien me hiciera daño y buscaba evitarlo, pero no lo logró. Mis pensamientos no me llevaban a ningún lado simplemente eran cosas que divagaban por mi mente.

Al teletrabajar en casa tenía que ver aquellas paredes las cuáles pensaba que me aplastarían. Al ponerse el sol me vestía con ropa tipo sport y salía a pasear. Cogía el bus o el metro y me iba a otras zonas de la ciudad.

Me gustaba observar a las personas que había a mi alrededor, fijándome especialmente en las parejas que iban cogidas de la mano, también en los padres y madres que jugaban con sus hijos. Lo hacía como si de esta forma contemplará un presente y un futuro que ya no compartiría al lado de Agustín.

Podía sentir como la vida se esfumaba ante mis ojos y sabía que si me hallaba en esa situación era porque yo misma me la había buscado. El futuro no era especialmente halagüeño y quizás la búsqueda de un lugar donde vivir, me mantendría activa.

Aquella semana volví a contactar con Gisela, para que me explicará si sabía algo más de él. Me comentó que Agustín vivía en un piso compartido y le rogué para que le dijera que necesitaba hablar con él.

Nunca obtendría el perdón de él, una infidelidad en una pareja es un acto muy grave de lealtad, pero en mi caso...me había pasado tres pueblos. Recordaba cuando me enfadé por lo de Carol y tuvimos una charla sobre la confianza...otra palabra que se había esfumado en aquel maldito viaje.

Cuando llegaba el finde me recluía en casa con la idea de no salir de allí. El día avanzaba como siempre, tirada en el sofá, sin asearme y sin hacer nada. Cerca de las seis de la tarde del sábado sonó el móvil y era Raquel.

- Hola Raquel-fui bastante seca-

- Parece que te has olvidado de tus amigos-con cierto tono de superioridad-.

- ¿Amigos? -le respondí yo-.

- No me has preguntado ni una sola vez por cómo se encontraba Jordi y con el resto del grupo tampoco has tenido contacto alguno. Me parece que nosotros nos hemos portado bien contigo.

- No tengo ninguna duda de que conmigo bien, pero con Agustín diría que no tanto.

- Perdona querida...pero Agustín era un simple añadido que nunca quiso comprender la forma en que nosotros vivíamos la vida.

- Y claro tenía que aguantar que os fuerais metiendo con él.

- Yo no sé cómo pudiste aguantar tantos años junto a él. Este tipo no pegaba para nada contigo y es que mira que era parado, ya que me le insinué en diversas ocasiones y él siempre me dijo que no...un auténtico pardillo. No como tú.

Estaba a punto de mandarla a la mierda, pero necesitaba decirle lo que pensaba, aunque fue ella la que volvió a la carga de nuevo.

- Querida Judit, lo que sucedió con Dutch era algo inevitable y es que tú siempre habías sido sexualmente activa en la universidad, pero bueno te liaste con el muermo de Agustín y así te fue.

- ¡Que falsa que fuiste con él!, le hacías medias sonrisas y todo ¿para qué? Ahora me doy cuenta de que tipo de persona eres-notaba como me estaba alterando-.

- Yo no tengo un doble rasero-me contestó Raquel-.

- ¡Y una mierda!, tú te morías de follar otra vez con Dutch

- No cariño, y con lo que hice me bastaba. Lo que pasó entre vosotros dos era algo inevitable, tarde o temprano iba a suceder y al final ocurrió. Yo sabía a lo que iba y es que aquella tarde Dutch me explicó de que trataba el juego.

- ¡Hija de la gran puta!

- La que se había emputecido eras tú. Necesitabas una buena ración de rabo y que te follaran hasta dejarte sin energías, ahora eres libre para poder seguir haciéndolo.

Recordaba perfectamente las palabras que me dijo antes de que ella abandonará aquella habitación: En el primer intento de Dutch las esquivé, pero en el segundo me condenaron a una noche de sexo sin control.

Había llegado el momento de llamar a las cosas por su nombre y decir todo lo que pensaba.

- Lo que pasó durante el viaje y todo lo relacionado con ello me hace sentir fatal. Pero que tú estuvieras al corriente de todo, me hace comprender y aunque sea tarde, que eres una persona con un alma realmente oscura.

El silencio se apoderó de aquella conversación y que todo lo que había sucedido durante aquel viaje, no había sido fruto de la improvisación.

- Tú podrás decir lo que quieras-levantando el tono de su voz-pero una vez follas con Dutch nada vuelve a ser como antes. Estabas reprimida sexualmente y tendrías que estarme agradecida.

- Eres una arpía y es que seguramente Jordi lo sabía todo. El muy cabrón seguro que estaba disfrutando mientras yo follaba. Sois unos indeseables y tú la peor.

- Sabes que te digo, que te den, lo mejor que pudiste hacerle es ponerle los cuernos. Cualquier tío te follará mejor que el mierda de Agustín.

- No quiero volver a sentir tu maldita voz en tu vida...que ten desgraciada, hija de puta-y colgué el teléfono-.

Jamás en la vida me hubiera imaginado que Raquel fuera así. Me había mentido e interpretando un papel que se había aprendido de antemano, sabía perfectamente a lo que íbamos.

Tenía una confianza ciega en ella por la amistad que ambas teníamos, pero de eso ahora ya no quedaba nada. Comenzaba a entender que la muy puta veía como mi relación se desmoronaba y no hizo gesto alguno para evitarlo. Durante unos segundos tuve en la palma de mi mano cambiar el rumbo de aquella noche. Simple y llanamente no lo hice.

Recordaba que al conocer a Raquel me pareció encontrar en ella a un alma gemela y es que ambas nos hicimos intimas en la universidad. Al cabo de un tiempo se nos unió Gisela y finalmente Jenni.

Jenni me había dicho las cosas a su manera, pero las palabras de Raquel me daban a entender que Dutch quería follar conmigo esa noche. Ahora echando la vista atrás me fijaba que la simple casualidad no me había llevado hacía aquel lugar y lo de ser sus sirvientas era una simple cortina de humo. Todo aquello había sido una trampa perfectamente calculada, de la cuál no pude salir y donde di rienda suelta a mis instintos más primarios, con unas consecuencias devastadoras para nuestra relación.

Aquella conversación dejó dentro de mí una mezcla de sensaciones: nervios, mal humor, y ansiedad. Si una predominaba por encima de todas ellas, esta era la tristeza.

Tendría que haber un cataclismo para que el volviera a mi lado. Me había comportado como una zorra y el precio de una noche de sexo salvaje era la realidad que se cernía sobre mí en aquellos momentos. Ahora me daba cuenta de que él me amaba con todas sus fuerzas, pero ahora ya era demasiado tarde para lamentarse. Mientras Dutch me follaba no pensé en nada de esto y esa era la pura verdad.

Nunca volvería a sentir aquellas miradas de Agustín al salir de la ducha y como de forma sensual observaba cada rincón de mi cuerpo y como veneraba mis pechos. Todos aquellos pensamientos quedarían enterrados dentro de mi corazón, ya que nada de esto volvería a suceder jamás. No había ni un solo minuto del día en que no qué pensará en él. Volvía una y otra vez a recordar nuestra vida en común y dejando lo malo a un lado y solamente recordando lo bueno de ello.

Aquella noche miré la televisión hasta cerca de la una de la madrugada, pero el calor continuaba siendo sofocante y parecía no querer dar tregua.

Al final me tumbé en la cama y apagué la luz de la mesilla. Por mucho que intentará cerrar los ojos no había manera alguna de dormirse. La oscuridad era mi única compañera en aquel lugar, en todo el día no había dejado de pensar ni un solo momento en Agustín y en cómo me hacía sentir en la intimidad.

No recuerdo como fue, pero comencé a sentir algo extraño en mi cuerpo. Notaba como una excitación se apoderaba de mi cuerpo. Podía sentir algo más de humedad en mi entrepierna y como mis pezones se estaban endureciendo como si quisieran traspasar la fina tela de la camiseta de tirantes que llevaba. Mi tanga de color negro empezaba hundirse dentro de mis labios vaginales y de forma leve ya rozaba mí clítoris.

Todo el día había estado pensando en los buenos momentos vividos a su lado. Aquellos pensamientos húmedos me los estaba provocando Mi Agustín. Me daba cuenta de que él no era un amante perfecto, pero si algo hacía que se me erizará la piel, eran como las yemas de sus dedos rozaban cada rincón de mi cuerpo, lo que provocó que me excitará aún más.

Con los ojos cerrados comencé a pensar en cómo sus manos se deslizaban por mis piernas y como llegaban a mi sexo. Tal pensamiento me provocó que la temperatura corporal de mi cuerpo aumentará de forma progresiva. Sentía como la camiseta me abrasaba y con las puntas de mis dedos la deslicé hasta que quedó por debajo de mis senos. Me acordaba de las cosquillas que me provocaba (en alguna ocasión) al saborear los pliegues de mi sexo y como su lengua jugaba con mi clítoris.

Sentía como mi cuerpo me estaba pidiendo que llegará más lejos. Acerqué mis dedos a mi tanga y comencé a pasarlos por encima de la tela. Estuve un buen rato masajeándome de forma lenta y necesitaba más. Agustín tenía muchas imperfecciones, pero ahora me daba cuenta de que lo hacía con amor, sentimiento y el mayor empeño posible.

No podía aguantarme más y acabé quitándome la ropa, me hallaba totalmente desnuda y necesitaba dar rienda suelta a la pasión que se albergaba dentro de mí.

Me imaginaba al hombre con el que había compartido, casi ocho años de mi vida, haciéndome suya. Sentir como su miembro llegaba hasta lo más hondo de mí, aquello me llevó a pellizcarme mis pezones. Un dedo ya no me bastaba y a los pocos minutos ya eran los dos con los que me acariciaba. Ya no podía más e introduje un primer dedo y lo hice de forma lenta. No quería que fuera algo rápido, sino que deseaba deleitarme con ello. Estuve un buen rato jugando con este, pero la pasión que envolvía mi cuerpo me llevó a introducir un segundo dedo.

Mi cuerpo se estaba empezando a descontrolar con este segundo dedo. Ambos entraban y salían arrastrados por la pasión que envolvía todo mí cuerpo. Oía el sonido que provocaban cada vez que llegaban dentro de mí.

Mi cuerpo no paraba de moverse y me agarraba con la otra mano mi pecho, imaginando que eran sus manos chupándomelos, sentía que algo importante sucedería. Dentro de mí fui marcando un ritmo continuo y quería disfrutarlo. Parecía que mi corazón se aceleraba ante las embestidas de placer que me estaba provocando yo misma. Sabía que algo muy especial iba a suceder

Perdí la noción del tiempo en el que fui alternando un ritmo lento y en otros con algo más de rapidez. No iba a poder aguantar más y sabía que mí limite no se encontraba ya muy lejos, no podría aguantar más…y sentí como se escapaban las palabras a través de mis labios.

-Ohh...no...no....ohhh…ohhh.

Entonces convulsioné de una forma tan especial, que provocó una fuerte descarga de placer, que había sido provocada por Mi Agustín. Mis dedos se habían empapado completamente y me quedé jugando con ellos durante un rato largo. La memoria de Agustín y todo lo bueno de él me llevaron a disfrutar de un momento único e irrepetible.

Masturbarme pensando en él había sido algo único y hubiera pagado lo que fuera, por tenerlo a mi lado…pero ahora en la oscuridad de aquel lugar solamente sus recuerdos eran los único que tenía. Nunca más volveríamos a estar juntos haciendo el amor.

El error que había cometido era gravísimo. No me di cuenta hasta que lo vi en aquella recepción y como se lo llevaban detenido. La vida de Agustín y la mía ya no volverían a ser como antes.

Aquella relación se había roto de la forma más cruel posible. Mis gritos de placer y mis palabras habían sido algo que me perseguiría toda mi vida, pero que le obligarán a visionar tal espectáculo fue algo que no sabía cómo definir con palabras y sé que nunca me perdonaría...eso lo tenía seguro.

No quería que todo aquello me atormentará en aquel preciso instante. Deseaba que los recuerdos de él me acompañaran aquella noche. En un corto espacio de tiempo me dormí de una forma plácida que ya no recordaba y con el recuerdo de Agustín reposando en mis sueños más profundos.

PD: Al final he decidido dejarlo en esta categoría y si lo voy moviendo la gente pierde el hilo. Gracias a todos por la paciéncia de esperar entre capítulo y capítulo.

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