Choni y snowbunny (18) - Cruzando el Rubicón
Vane le prometió que solo sería mirar y limpiar, pero la humillación tiene un sabor que Alex no puede rechazar. Cada vez que ella lo llama 'pollita', la barrera entre la devoción y la degradación se hace más fina, hasta que la lluvia y el semen de otros hombres llenan el salón de sus padres.
Alex sintió el pulso acelerado en su garganta mientras subía las escaleras del bloque de pisos donde vivía Vane, un edificio gris y desgastado en el corazón del barrio obrero, con ese olor perpetuo a humedad y fritanga que se filtraba desde las ventanas abiertas. Era la primera vez que subía a casa de su querida Vanesa y dentro de su pecho ardía una anticipación que lo consumía desde hacía mucho días.
Los compromisos académicos lo habían tenido atado a su mesa de estudio durante varias semanas tras las vacaciones primaverales, lo que había supuesto un parón en sus aventuras con Vane. Aunque esta había seguido condicionando su mente con un bombardeo regular de fotos, videos, audios, mensajes conducentes a que Alex no se liberase de su influjo y cada vez más se precipitara al abismo de la adoración de las BBCs. De esta manera a los días de libros y estudio habian sido seguidos por noches solitarias en las que Alex se masturbaba furiosamente con los videos que Vane le enviaba: pollas negras venosas dilatando coños blancos, semen abundante chorreando como una cascada prohibida, gemidos que resonaban en su mente como un eco de su propia degradación, sin llegar al orgasmo al no tener el permiso de Vane.
El mensaje de su novia había llegado esa mañana, durante su clase en la universidad: ⁰"Ven a las 8 que mis viejos salen a cenar. No acepto excusas por respuesta, pollita". Alex había respondido con un "Sí, amor", su pollita endureciéndose bajo la mesa mientras imaginaba lo que vendría.
Cuando abrió la puerta, Vane lo recibió con esa sonrisa astuta que lo desarmaba: labios pintados de rojo choni, ojos delineados en negro, y un conjunto de leggings amarillo fosforescente ajustados que abrazaban sus curvas como una segunda piel, con un top escotado que marcaba a la perfección los gruesos pezones que coronaban las turgentes tetas de la choni.
- Hola, mi cornudito aplicado - ronroneó, tirando de él hacia el salón y besándolo en la mejilla, su mano descendiendo casualmente a su entrepierna para sentir la erección inmediata.
Alex jadeó, su mente ya sumergida en la dinámica familiar: Vane como la reina manipuladora, él como el súbdito devoto, excitado por la humillación de su "pollita" insuficiente.
Se sentaron en el sofá raído del salón y Vane sacó su móvil, mostrando fotos borrosas de pollas negras venosas, semen goteando de coños depilados como ríos de placer prohibido.
- Te eché de menos durante mis... vacaciones familiares y todas las semanas de despues - dijo Vane con un guiño, sin revelar el secreto de Sara.
Alex tragó saliva, su pichita presionando contra los vaqueros. - ¿Con quién follaste? ¿Otro nigeriano como Godswill?.
Vane rio, su risa un eco cruel y juguetona que resonaba en el salón vacío. - Más de uno, pollita. Pero pronto verás más. ¿Estás listo para ayudar de verdad? No solo mirar y limpiar... algo más íntimo".
Alex frunció el ceño, su excitación mezclada con alarma, recordando cómo en la cena con Leonor y Jaime, el cornudo de la pija había cruzado límites que lo inspiraban y aterrorizaban.
- Soy hetero, Vane. Solo miro por ti. Limpio porque te quiero, para complacerte con mi devoción.
Vane lo besó en los labios, su lengua invadiendo con sabor a menta y promesa de degradación.
- Lo sé. Pero imagina... lubricar una polla para mí con tu boca, para que entre mejor en mi coño o mi culo. Sería un acto de amor puro, como Jaime hace por Leonor, mamando para que su snowbunny disfrute más.
Alex negó con la cabeza, pero la idea se clavó en su mente como un gusano persistente, racionalizando internamente: "Sería solo lubricación... no algo gay, solo devoción a Vane".
Esa misma noche, con Carlos y Sara aún fuera –quizá en una cena parroquial o con amigos, ajenos al vicio que se desataba en su hogar–, Vane organizó el primer encuentro para tentarlo. Invitó a Godswill, el nigeriano alto, con músculos definidos bajo una camiseta ajustada, y esa polla de 23 centímetros que Alex no había visto follar a Vane en el café, pero cuyo abundante semen habia lamido después como parte de su "entrenamiento".
Godswill llegó con vaqueros que marcaban su bulto impresionante, su piel oscura reluciendo bajo la luz tenue del salón. Vane lo besó en la puerta, sus manos descendiendo al culo firme del negro, apretando con posesión mientras Alex observaba desde el rincón, pantalones bajados, masturbándose lento para no correrse sin permiso.
- Mira, cornudito. Godswill va a follarme duro, como siempre.
Vane se arrodilló, desabrochando los vaqueros y sacando la polla: venosa como un río en relieve, gruesa y curvada ligeramente, el glande morado hinchado con una gota de pre-semen perlada. La chupó con deleite, su lengua danzando por el fuste de tan portentosa polla, saliva goteando por la barbilla mientras arcadas profundas llenaban el aire con sonidos húmedos y obscenos. Luego, se inclinó sobre el sofá, leggings bajados hasta los tobillos, coño depilado expuesto y ya húmedo por la anticipación.
Godswill frotó el glande contra sus labios vaginales, separándolos con facilidad, lubricados por los jugos de Vane que brillaban bajo la luz. La penetración fue lenta al principio, centímetro a centímetro, dilatando las paredes internas hasta que Vane gimió guturalmente, arqueando la espalda como una gata en celo.
- ¡Sí, más profundo! ¡Parte mi coño con esa verga negra!".
Godswill embistió rítmico, cada golpe profundo haciendo que los jugos de Vane salpicaran los muslos, el sonido de carne contra carne llenando el salón con un sonido ensordecedor como un tambor primal. Alex se tocaba, excitado por la humillación, imaginando el sabor salado de esa verga, el olor almizclado que se filtraba hasta su nariz. Godswill aceleró, sus bolas pesadas golpeando el clítoris de Vane, hasta que se corrió dentro: chorros calientes y abundantes llenando su coño, semen goteando por los muslos en ríos blancos y pegajosos.
- Limpia, cornudito - ordenó Vane, jadeante, girándose para exponer su coño chorreante.
Alex se acercó de rodillas, lamiendo el semen mezclado con jugos de Vane, sabor amargo y dulce que lo hacía temblar de excitación. Mientras lamía, Vane tomó la polla aún semi-dura de Godswill y la acercó a la cara de Alex, rozando su mejilla con el glande húmedo.
- Mírala de cerca. ¿No quieres probar? Solo un lametón para lubricarla para la siguiente ronda
Alex olió el sudor almizclado, el semen residual caliente contra su piel, y sintió un cosquilleo traicionero en su polla, una erección dolorosa que lo traicionaba.
- No, no, no... soy hetero - acertó a decir Alex. Pero eyaculó involuntariamente al limpiar, semen manchando el suelo, racionalizando en su mente: "Es solo por ella... mirar y limpiar es suficiente, pero la idea de lubricar... tal vez".
Los días siguientes, Vane escaló la provocación con maestría, como la manipuladora astuta que era. Le enviaba mensajes durante el día, mientras Alex estaba en la universidad o en su habitación solitaria, con sus padres en el salón viendo la tele. Fotos de pollas BBC venosas, captions suaves como "Imagina lo suave que entraría si estuviera bien mojada, pollita… ¿no te gustaría ayudarme?". Alex respondía excitado pero resistiendo: "Solo miro, Vane. No cruzaré eso". En casa, solo en su cama, se masturbaba con las imágenes, imaginando el sabor, el grosor en su boca, pero se repetía "Soy hetero, solo lamo sus agujeros lefados por devoción".
El segundo encuentro fue en el parque al atardecer, un lugar que Alex ya tenía catalogado como uno de los picaderos al aire libre favoritos de Vane. Esta invitó a un angoleño nuevo, alto y atlético, con un pollón curvo de 22 centímetros que había contactado a través de un grupo de Telegram de partidarios del BNWO que Leonor le habia pasado. Alex se mantuvo en un discreto segundo plano, observando con el corazón latiendo fuerte: Vane chupando la verga en el cesped, su lengua danzando por el prepucio venoso, arcadas profundas mientras la saliva goteaba. Luego, follada a cuatro patas contra un árbol, el angoleño embistiendo en su ojete, dilatando el culo de Vane hasta que lloró de placer doloroso, sus uñas clavándose en la corteza. Le lanzó una corrida interna abundante, que en buena parte terminó goteando por muslos. Alex se acercó para limpiar, lamiendo el ano chorreante, sabor a semen y sudor. Vane, jadeante, tomó la polla del macho y la frotó contra la mejilla de Alex.
- Abre la boca, solo para mojarla. Lubrícala para mi próximo turno - Alex sintió el calor en su piel, el olor fuerte a sexo, y abrió la boca un segundo antes de retroceder, su lengua rozando accidentalmente el glande. "No... pero casi". Se corrió en sus pantalones, pensando: "Sería solo lubricación... para que Vane disfrute más".
El tercer encuentro integró un twist sutil, en casa de Alex mientras sus padres estaban en una cena familiar. Alex esperaba una noche tranquila, seguramente empezar a ver una película en Netflix mientras cenaban pizza o algo asi para terminar viendo porno interracial y comiendole el coño y el culo a Vane. Pero Vane tenía otros planes. Hablo con Megistu, un etíope de 24 que ya conocía los agujeros de Vane bastante bien, y quedo con él tras darle la dirección de Alex y una hora.
Cuando Alex abrió la puerta de la casa esperando recoger el pedido de comida a domicilio, en lugar de un rider se encontró a Megistu, quien siguiendo las instrucciones de Vane, tenía ya el pollon fuera, en la mano. Alex vio con sorpresa la carne que Vane iba a comer esa noche, y un escalofrío de envidia le recorrió el cuerpo, pero no envidia de aquel negro, sino de su novia la choni.
El etiope folló a Vane en el salón: le propinó una follada vaginal profunda, luego puso a Alex a hacer beso negro a Vane antes de encularla con furia, Vane gimiendo como una perra en celo. Alex observaba, limpiando después de la primera descarga de Megistu: semen y jugos. Vane en aquel momento tensó la cuerda: hizo que Alex masturbara la polla del etiope "para prepararla", sus dedos cerrándose alrededor de la carne caliente y venosa, masturbando lento mientras sentía el pulso latir.
- Es... grande - murmuró Alex, su voz ronca por la excitación.
Vane sonrió: - Ahora lame tus dedos. Prueba el sabor.
Alex lo hizo, sabor salado en su lengua, un paso más hacia el abismo. No mamó, pero la barrera se agrietó. Eyaculó en ese momento, mientras Megistu empezaba un segundo asalto contra el dilatado ano de la jovencita.
El siguiente encuentro fue en un minúsculo piso en las afueras, la residencia de dos cameruneses fornidos que Vane habia contactado gracias al grupo de Telegram. Los machos prometían discreción, grosor y novedad asi que Vane no dudó en ir a su casa con Alex de acompañante.
Alex observaba la acción muy de cerca, como llevaba haciendo últimamente: Vane chupando alternativamente a uno y a otro, y por momentos con las dos enormes pollas pugnando por entrar a la vez en la boca de la choni. Vanesa de repente sacó la gruesa verga que tenía en su boca, saliva goteando, y le dijo a Alex: - Únete, cornudito. Mama conmigo. Es solo para que entre mejor en mí
Alex tenía el pollón, brillante de saliva de su novia a escasos centimetros, olía claramente el aroma, y su mano, casi de forma inconsciente toco la base con dedos temblorosos. Lamió un poco el fuste del pollón, su lengua rozando la vena palpitante, pero se detuvo, retirándose con el corazón desbocado. "Por amor... solo por Vane" se repitió para si mismo como excusa después. Se masturbó furioso posteriormente en su habitación solitaria, fantaseando con mamar "por devoción", su semen manchando las sábanas mientras sus padres dormían al otro lado del pasillo.
El clímax llegó una noche lluviosa, de nuevo en casa de Alex –sus padres de viaje corto visitando a la abuela, dejando el lugar libre para el "estudio" que Vane había pretextado. Vane invitó a dos machos nuevos: Kofi y Odartey, ghaneses altos y corpulentos que había conocido en una discoteca durante una de sus salidas solitarias. Alex los había "conocido" solo de oídas, en mensajes de Vane: "Nuevos sementales, pollita. Te van a impresionar".
Llegaron juntos, empapados por la lluvia, sus camisetas ajustadas pegadas a músculos definidos, bultos evidentes en pantalones deportivos. Vane los besó alternando en la puerta, mientras los dos la sobaban sin pudor apretando con posesión mientras Alex observaba desde el rincón del salón de sus padres, pantalones bajados, masturbándose lento.
Los machos nuevos trajeron un aura de novedad cruda: Kofi con su piel ébano oscura y ojos penetrantes, Odartey con tatuajes tribales asomando por el cuello, ambos exudiendo ese olor a colonia barata mezclada con sudor masculino que llenaba el salón familiar. Vane se arrodilló entre ellos, desabrochando vaqueros con maestría, sacando las pollas: idénticas en grosor pero únicas en forma –la de Kofi recta y venosa como un tronco, glande ancho hinchado; la de Odartey curva hacia arriba, venas protuberantes como raíces–. El olor a hombre invadió el aire: sudor fresco diluido por la lluvia, un toque almizclado de sus entrepiernas depiladas.
Vane chupó una mientras masturbaba la otra, su lengua danzando por los prepucios y fustes, saliva goteando por la barbilla y cayendo en gotas pegajosas al suelo. Vane cabeceaba con ganas provocandose arcadas profundas que llenaban el salón con sonidos húmedos, obscenos, como un ritual prohibido en el hogar de sus padres.
- Mmm... perfectas para mí. Ven, Alex. Mira de cerca - ronroneó Vane, su voz ronca por la excitación. Alex se acercó de rodillas, hipnotizado por el espectáculo, su pollita dura como piedra presionando contra el aire.
Vane fue follada por Kofi primero: se inclinó sobre el sofá familiar –el mismo donde sus padres veían la tele–, minifalda remangada en torno a su cintura, coño depilado expuesto y ya chorreante por la excitación. Kofi frotó el glande ancho contra sus labios vaginales, separándolos con lentitud tortuosa, lubricandolo con la humedad de Vane que brillaba bajo la luz tenue de la lámpara. La penetración fue lenta al principio, centímetro a centímetro, el pollón recto dilatado las paredes internas hasta que Vane gimió largo y gutural, arqueando la espalda como una felina en éxtasis, sus uñas clavándose en los cojines.
- ¡Sí, lléname! ¡Parte mi coño con esa polla superior, Kofi!.
Kofi embistió rítmico, cada golpe profundo haciendo que los jugos de Vane salpicaran los muslos, el sonido de carne contra carne retumbando como un tambor primal que resonaba en las paredes familiares. Alex se tocaba, excitado por la humillación, imaginando el sabor salado de esas vergas nuevas, el olor almizclado que se filtraba hasta su nariz, mezclado con el aroma casero de lo que era su hogar desde la infancia.
Vane miró a Alex con ojos vidriosos por el placer, mientras Kofi la embestía con fuerza rítmica, cada golpe profundo haciendo que su coño chorreara jugos que salpicaban los muslos y el sofá familiar. El sonido de carne contra carne resonaba en el salón como un latido obsceno. Vane, jadeante, extendió una mano hacia Alex sin dejar de gemir.
—Ven aquí, cornudito… ven a ayudar de verdad.
Alex se acercó de rodillas, el corazón latiéndole en la garganta, su pollita dura y goteante rozando el aire. Vane, sin interrumpir las embestidas de Kofi, tomó la polla de Odartey —la curva de 24 centímetros, venosa y palpitante, aún brillante de saliva de sus succiones previas— y la acercó a su propia boca. La lamió despacio, la punta de la lengua recorriendo el glande morado, saboreando el pre-semen que perlaba la abertura.
—Odartey necesita lubricación para follarme después —susurró Vane, su voz ronca y entrecortada por los golpes de Kofi, casi como si estuviera pidiéndole un favor inocente—. Pero no quiero hacerlo sola… ven… mama conmigo. Juntos. Lenguas jugando con este pollón negro en medio. Solo saliva… para que entre mejor en mí. ¿Lo harías por mí, pollita? Solo para que yo disfrute más.
Alex tembló. La racionalización llegó casi instantánea, como un escudo frágil: «Es solo lubricación… lo hago con ella… no estoy mamando solo… es por Vane». Tragó saliva, el olor almizclado del macho llenándole las fosas nasales, y se inclinó hacia adelante.
Vane sonrió triunfante y giró la polla de Odartey hacia Alex. Sus labios se encontraron en los lados del grueso mandoble: la lengua de Vane lamiendo la vena principal desde la base hacia arriba, la de Alex rozando tímidamente el glande desde el otro lado. Al principio fue torpe, sus lenguas apenas tocándose, pero pronto se sincronizaron en un baile húmedo y prohibido. La saliva se mezclaba, goteando por el pollón negro en hilos brillantes. Alex sintió el calor de la verga contra su lengua, el sabor salado y ligeramente amargo del pre-semen extendiéndose por su boca, el pulso fuerte latiendo bajo la piel suave. Odartey gruñó de placer, empujando apenas, haciendo que la polla se deslizara entre las dos lenguas como por un túnel caliente.
Vane gemía contra la carne, su voz vibrando directamente en el rabazo, suave y sugerente:
—Así… sí, cornudito… lame conmigo… moja bien este pollón para que me destroce el culo después… ¿ves cómo entra mejor cuando está resbaladizo? Tú lo haces posible… solo un poquito más, por mí…
Sus lenguas se rozaban cada vez más, a veces chocando en el glande, a veces descendiendo juntas hacia los huevos pesados. Alex succionó uno con cuidado, sintiendo el peso en su boca, el sudor salado impregnando su paladar, mientras Vane lamía el otro y volvía a subir por el eje. En un momento sus labios se encontraron alrededor del glande: un beso accidental con la polla en medio, saliva compartida, lenguas entrelazadas por un instante sobre la punta hinchada. Alex sintió un escalofrío recorrerle la columna, su polla latiendo sin que nadie la tocara. «Solo lubricación… por ella…», se repetía, pero el sabor, el grosor, el calor lo estaban consumiendo.
Kwame empujó un poco más, y Vane lo animó con voz dulce, casi maternal:
—Traga más, pollita. Abre bien para que entre profundo… así, despacito… solo para que yo sienta más placer… ¿lo notas? ¿Cómo se desliza mejor con tu saliva?
Alex obedeció, abriendo la boca más, permitiendo que la cabeza del pollón entrara del todo. Arcada inmediata: el grosor llenándole la boca, tocando el fondo de la garganta. Lágrimas brotaron en sus ojos, saliva chorreando por la barbilla. Vane lo sostuvo por la nuca con ternura cruel:
—Respira por la nariz… así… buena lubricación… mírame. Mira cómo lo haces tan bien… solo por mí.
Alex miró a Vane mientras mamaba, sus ojos encontrándose con los de ella, llenos de orgullo perverso y cariño fingido. Vane volvió a unirse, lamiendo la polla junto a él, sus lenguas rozándose de nuevo alrededor de la verga que palpitaba entre las dos bocas. El dúo duró varios minutos: succiones compartidas, lamidas paralelas, besos húmedos con polla en medio, saliva cayendo en gotas gruesas sobre el pecho de Alex y el suelo.
Finalmente, Vane se apartó un poco, jadeando, con los labios hinchados y brillantes:
—Ahora solo, cornudito. Sigue lubricando… yo necesito concentrarme en Kofi. Hazlo por mí… solo un poquito más.
Se giró hacia Kofi, que seguía follándola vaginalmente con embestidas brutales, y dejó a Alex solo con la polla de Odartey. Alex, ya sin la excusa de la lengua de Vane, sintió el peso de la decisión. Pero la racionalización seguía allí: «Sigo lubricando para ella… solo para que entre mejor». Abrió la boca de nuevo y tomó la verga entera, succionando con más confianza, la cabeza golpeando su garganta, arcadas profundas que lo hacían toser saliva. Odartey agarró su pelo y folló su boca con ritmo lento pero firme, gruñendo:
—Buen blanco… mama bien.
Alex mamó solo durante largos minutos: lengua recorriendo venas, succionando el glande, lamiendo huevos, tragando pre-semen que goteaba abundante. Vane, mientras tanto, se corría violentamente con Kofi dentro de ella, gritando:
—¡Sí, córrete dentro! ¡Lléname mientras mi cornudito lubrica al otro!
Kofi eyaculó, chorros calientes inundando el coño de Vane, semen goteando por sus muslos. Ella se levantó, coño chorreante, y se acercó a Alex, que seguía mamando a Odartey.
—Bien hecho, pollita… ahora mira cómo Odartey me destroza el culo con tu lubricación.
Odartey sacó la polla de la boca de Alex —brillante de saliva abundante— y la colocó contra el ano de Vane. Entró lento, el culo estirándose alrededor del grosor curvado, Vane gimiendo de dolor-placer:
—¡Aaaah! ¡Perfecto… gracias a ti, cornudito!
Alex observó, masturbándose furiosamente, mientras Odartey follaba el culo de Vane y Kofi volvía a endurecerse.
El resto de la noche siguió con alternancias brutales, un torbellino de carne, fluidos y gemidos que transformaba el salón familiar de Alex en un templo de vicio prohibido. La lluvia golpeaba las ventanas como un tambor lejano, amortiguando los sonidos obscenos que llenaban la habitación: el palmeo constante de pollas negras chocando contra carne húmeda, los gemidos guturales de Vane que se elevaban como lamentos de placer, y el jadeo entrecortado de Alex, arrodillado junto al sofá, masturbándose lento mientras observaba cómo su novia era destrozada por dos machos ghaneses que apenas conocía. Kofi y Odartey se movían con una sincronía depredadora, como si hubieran nacido para eso: romper blancas como Vane.
Vane, aún con el ano palpitante por la corrida de Odartey, se levantó tambaleante del sofá, semen goteando por sus muslos en hilos blancos y pegajosos que dejaban charcos en el suelo de baldosas. Su coño depilado brillaba bajo la luz tenue, labios hinchados y rojos por el abuso constante, jugos propios mezclados con el semen de Kofi que aún rebosaba de su interior.
-Más, pollita... necesito más - ronroneó Vane, su voz ronca y entrecortada, mirando a Alex con ojos vidriosos que decían todo sin palabras: "Mira lo que me hacen... lo que tú nunca podrás".
Se posicionó a cuatro patas en el centro del salón, culo en alto, coño y ano expuestos como una ofrenda. Kofi y Odartey se acercaron, pollas ya endurecidas de nuevo, venosas y curvadas, glandes morados hinchados y goteantes de pre-semen.
La primera doble penetración fue vaginal y anal simultánea. Kofi se tumbó en el suelo, polla recta apuntando al cielo como un obelisco negro. Vane se empaló en ella despacio, bajando con un gemido largo que llenó el salón:
- ¡Aaaah... sí, lléname el coño!.
El pollón entró centímetro a centímetro, estirando sus paredes internas hasta que sus bolas tocaron el clítoris hinchado. Odartey se colocó detrás, frotando su glande curvado contra el ano ya lubricado por corridas previas. Empujó lento pero firme, el culo de Vane resistiéndose al principio, un anillo apretado que se abría con dolor placentero. Vane gritó, lágrimas rodando por sus mejillas:
- ¡Me partis! ¡Dos pollas negras dentro... dios, sí!".
Alex, desde su rincón, se masturbaba rítmicamente, su pollita dura pero ridícula comparada con aquellos monstruos.
Los machos embistieron en alternancia: Kofi desde abajo, golpeando profundo el coño; Odartey desde atrás, curvando su polla para presionar el punto G, haciendo que Vane convulsionara. Cada golpe sincronizado hacía que jugos y semen salpicaran los muslos de Vane, el salón oliendo a sexo crudo: sudor almizclado, semen salado, coño dulce. Vane tuvo su primer orgasmo múltiple así: un espasmo que la hizo temblar entera, paredes contrayéndose alrededor de las vergas, gritando agudo:
- ¡Me corro! ¡Me corro con dos BBCs partiéndome!.
Su cuerpo se arqueó, jugos squirteando por los lados, empapando las bolas de Kofi y el pubis de Odartey. Alex se acercó instintivamente, lamiendo los jugos que goteaban de los muslos de Vane, sabor dulce y salado que lo hacía gemir como un perrito. Vane lo miró desde arriba, jadeante:
- Buen cornudito... limpia mientras me follan.
Los machos cambiaron posiciones sin parar: Vane se sentó en reverse cowgirl sobre Odartey, empalándose anal, el pollón curvado golpeando puntos profundos que la hacían llorar de placer. Kofi se colocó frente a ella, follándole la boca con su polla recta, garganta profunda hasta las arcadas que hacían toser saliva por los lados. Vane mamaba con hambre, saliva chorreando por su barbilla y tetas, mientras su culo rebotaba en la verga de Odartey. Otro orgasmo la golpeó: convulsiones violentas, ano contrayéndose, gritando alrededor de la polla en su boca:
- ¡Mmmph! ¡Me corro otra vez!.
Corridas abundantes siguieron: Odartey llenó su culo de chorros calientes que rebosaron por los lados, semen goteando por los huevos del macho y el suelo; Kofi se corrió en su boca, semen espeso llenándole la garganta hasta que tosió y tragó, restos salpicando su cara y tetas.
Alex, humillado hasta el límite, se arrastró para limpiar. Primero el coño y ano de Vane: lamió el semen chorreante de su culo, sabor amargo y salado mezclado con jugos dulces, lengua entrando profundamente en el ano abierto para succionar cada gota. Vane gemía suave, empujando contra su cara:
- Sí, pollita... limpia lo que ellos dejan. Eres tan bueno en eso
Pero Alex no paró ahi Alex mamó la polla de Odartey, chupando residuos de semen y jugos de Vane, arcadas leves al tragar el sabor mixto; y luego la de Kofi, lamiendo el rabo venoso con devoción, succionando el glande hasta dejarlo limpio. Los machos lo miraban con desprecio divertido, Kofi dándole una palmada en la cabeza:
- Buen blanco. Limpia bien lo que es lo único que sabes hacer.
Pero la noche no paraba. Vane, aún jadeante, se levantó y sentó a Kofi en una silla. El ghanes tenía su maza de carne dura gracias a la mamada de Alex y Vane se empaló vaginalmente en él, gimiendo al sentirlo llenarla de nuevo. Odartey se colocó detrás, penetrando anal con un empujón firme, doble penetración que la hizo gritar:
- ¡Dos pollas! ¡Me parten en dos!.
Alex, desde su posición de cornudito, se masturbaba lento, pero Vane lo llamó:
- Ven, pollita... limpia mientras nos follan.
Alex se arrodilló detras de ellos, lamiendo donde se unían: lengua rozando las bolas de Kofi, lamiendo jugos que goteaban del coño de Vane mientras las vergas entraban y salían. Humillación total: su cara presionada contra las pollas y los cojones de los machos, sabor mixto inundando su boca, pollas rozando su lengua accidentalmente al salir. Vane tuvo tres orgasmos múltiples así: convulsiones que la hacían apretar las vergas, squirteando jugos por la cara de Alex, gritando:
- ¡Me corro! ¡Con mi cornudito limpiando abajo!.
Aunque pareciera imposible biologicamente los ghaneses lanzaron otra abundante marea de semen. Kofi llenó el coño de Vane, semen rebosando por los lados; Odartey eyaculó en su ano, chorros calientes goteando por el perineo. Alex lamió todo: primero el coño chorreante, lengua entrando profundo para succionar semen y jugos, sabor espeso y salado; luego el ano goteante, lamiendo el anillo hinchado, tragando el semen que salía en borbotones.
Vane lo animaba, empujando su cabeza: - Traga todo, pollita... eso es lo que haces mejor. Limpia lo que ellos dejan en mí.
Alex se aplicó a la tarea con la cara enterrada en el culo y coño de Vane, tragando semen de machos superiores, su pollita dura pero ignorada, eyaculando involuntariamente contra el suelo sin tocarse.
Los machos se recuperaron rápido, la noche lejos de terminar. Vane se puso a cuatro patas de nuevo de modo que Odartey la folló anal desde atrás, mientras Kofi le follaba la boca, garganta profunda hasta las arcadas. Alex, colocado debajo, lamió bolas y perineo, lengua rozando la verga que entraba y salía de su novia. La situación dio pie a otro orgasmo para Vane: cuerpo temblando, gemidos ahogados alrededor de la polla en su boca.
Los machos negros dieron lo mejor de si mismos para alcanzar un nuevo orgasmo embistiendo sin piedad a la choni, y finalmente Odartey se corrio en el interior del dilatado culo de Vanesa, mientras Kofi lo hacía en la boca. Alex limpió: lamió el ano rebosante, tragando semen que goteaba; luego chupó la polla de Kofi; finalmente, besó a Vane con boca llena de semen, lenguas compartiendo el sabor espeso y salado, humillación final que lo hizo corrirse otra vez sin tocarse.
Cuando los machos se fueron, Vane lo abrazó, ambos exhaustos y manchados.
—Buen comienzo, cornudito. La próxima vez… sin mi lengua de guía.
Alex solo pudo asentir, la excusa que se habia dado aún intacta en su mente: «Solo lubricación… por ella». Pero en el fondo sabía que la barrera ya se había roto para siempre.
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