El juguetero 7
Sofía cree que la obediencia es suficiente, pero el señor tiene reglas más estrictas. Cuando Concha cruza la línea, el castigo será húmedo, ruidoso y dejará un sabor que nadie podrá ignorar.
Capítulo 7
Me levanté tarde y hubiera dormido más si no fuese por unos ruidos en la cocina. No eran escandalosos pero acostumbrado a vivir solo me inquietaron hasta que recordé que probablemente fuese Sofía.
Ni me molesté en mirar, me fui derecho a la ducha y después de vestirme entré en la cocina donde estaba como esperaba Sofía.
Totalmente desnuda había hecho un desayuno de lujo. Zumo, café, tostadas, fruta cortada, cereales con yogurt y un bizcocho recién hecho que daba un olor a limón y vainilla por toda la casa y hacía salivar.
-Buenos días Sofi-.
-Buenos días señor. Espero que no le moleste, quise hacerle algo de desayunar, pero aún no conozco sus gustos y por eso he preparado todo esto, le prometo que aprenderé si me dice que es lo que prefiere en el desayuno-.
-Te agradezco todo el esfuerzo, pero no soy de desayunos fuertes. Además prefiero desayunar solo y tranquilo mientras mi cabeza se despierta-.
-¿Eso quiere decir que no quiere que desayune con usted?-
La cara le cambió a una profunda tristeza, al borde del llanto.
-No creas que no valoro lo que has hecho. Pero como tú has dicho aún no me conoces lo suficiente para saber que debes hacer y cuales son mis hábitos-.
-Lo siento. Creo que soy muy torpe. Le prometo que aprenderé-. Se estaba aguantando el llorar, pero las lágrimas no pudo evitarlas y le cayeron por sus mejillas.
Me acerqué a ella sonriendo y con la mano le limpié esos lagrimones para agarrarla por el mentón y besarla en la boca.
-No estés triste. Tenemos que conocernos. No me he enfadado ni me ha molestado en absoluto. Anda relájate y desayuna conmigo-.
-Sí señor. Lo siento-. Dijo mientras se sentaba en la silla. -Es que sólo pretendo complacerle y no lo he conseguido-. Se sentó muy compungida.
Se me ocurrió una idea para que los dos desayunáramos según nuestros gustos.
-Sírvete en un vaso lo que quieras, zumo, café, lo que sea. Y pon en un plato lo que vayas a comerte-.
Me quedé mirando de pie mientras lo hacía dubitativamente y cuando terminó se sentó extrañada porque yo no me había servido nada y continuaba de pie.
Cogí su vaso y su plato, y lo puse en el suelo bajo la mesa.
-Ya puedes desayunar puta. Y en silencio que es como me gusta-.
No logré verle la expresión ya que prácticamente saltó de la silla para meterse bajo la mesa. Yo me senté como hago siempre, de cara a la ventana que tiene una preciosa vista a la sierra.
-¿Has terminado puta?-
Asomó la cabeza bajo la mesa con la cara llena de churretes y masticando algo que tragó rápido.
-Sí señor-.
-Pues recoge la cocina. Yo me voy a pasar el día a la ciudad, quiero hablar con unos amigos. Regresaré por la noche antes de la cena. Tienes libertad para comer en la casa-.
-Pero, ¿que haré el resto del día? ¿No puedo acompañarle señor?-
Estaba muy apenada y su mueca de tristeza con la cara manchada era cómica.
-Esta vez no, tengo que tratar algunos temas de trabajo y prefiero ir solo-.
Necesitaba un programador para los juguetes. Hasta ahora los programas eran muy sencillos, como el de los dildos de calambres. Era un programa que podía hacer y manejar yo, pero tenía algunos pedidos que aún no había preparado por que el programa se me escapaba de mis conocimientos. Había quedado con unos amigos para comer y pasar el día con la intención de que me presentaran o me recomendaran alguien con más conocimientos que yo en ese tema y que pudiera aceptar trabajar en algo tan peculiar como era mi empresa. Prefería ir solo, aún no conocía lo suficiente a Sofía para introducirla en mi circulo de amigos.
-¿Pero que haré señor?-
-Después de limpiar la cocina puedes irte de paseo a otro pueblo o a la ciudad. Puedes leer, lo que se te antoje. Es domingo y es tú día libre. Pero recuerda que nada de tocarte ni de orgasmos-.
Metió la cabeza de nuevo bajo la mesa y escuché un leve: “Sí señor.”
Pasé todo el día en la ciudad con amigos y antiguos compañeros de trabajo. Regresé poco antes de la cena con un par de teléfonos de programadores que podrían servirme para trabajos puntuales.
Al entrar en el taller me encontré a Sofía de nuevo sentada en la escalera que lleva a mi casa leyendo en su móvil. Y por supuesto desnuda pero con el collar que había dejado inacabado puesto.
Saltó y vino corriendo con una amplia sonrisa y sus tetas botando de un lado a otro.
No me dio ni tiempo a hablar y me entregó el llavero con el botón que controla el collar.
-Tome señor, para cuando me necesite-. Estaba feliz de verme, pero sobre todo de ver mi cara de asombro mientras tocaba el collar puesto en su cuello.
-Lo has terminado. Y con un acabado muy bueno-.
-Sí señor. Cuando he tenido dudas buscaba en internet, pero ayer lo dejó usted casi terminado, no he hecho mucho-.
-Me gusta como lo has terminado, ha quedado muy discreto y bonito-.
Y diciendo eso pulsé el botón, dio un pequeño respingo y sin dejar de sonreír se arrodilló a mis pies y besó mis zapatos.
La miré fijamente intrigado pero no tuve ni que abrir la boca, ella se adelantó.
-No quise salir y preferí pasar el día leyendo como ser una buena sumisa. Quiero ser la mejor sumisa para servirle a usted-.
Mi polla empezó a crecer y mi boca se abrió para hablar pero de nuevo no me dejó tiempo.
-Me he dado cuenta que hay muchas reglas y normas. Pero es simpático que todo lo que he leído casi no tengo que memorizarlo ni aprenderlo, no sé como explicarlo. Creo que lo que me pasa es que tengo muchas ganas de obedecerlo, me gusta mucho estar a sus pies, que me ordene cosas. Pero sobre todo en estos días he descubierto que me encanta ver como le complace cuando hago algo bien. Sabe, quiero que esté muy orgulloso de su escla… sumisa señor-.
-Gracias, a mi también me agrada mucho que estés aquí y me obedezcas. Me siento a gusto sabiendo que tendré a una buena sumisa-.
Le pasé la mano por la cabeza enredando su cabello contento con la situación.
-¿La descarga es fuerte?- Dije queriendo bajar su emoción.
-No señor. No es precisamente un toque, bueno calambre como dice usted. Es más como una sensación. No es en absoluto desagradable. Y...- agachó la cabeza y bajó un poco el tono de su voz, -tengo que reconocer que me excita saber que con el collar puesto estaré siempre a su disposición sin necesidad de que me llame-.
-Muy bien-. Agité la mano entre su pelo. -Ahora vamos a arriba a preparar la cena-.
-La mesa y la cena está preparada señor. Sólo queda calentarla-.
-Bien, me gustan estas sorpresas. Vamos pasa delante-.
Estaba seguro que al dejarla pasar delante iría moviendo el culo por las escaleras y no me equivoqué. Mirando como se movían esos cachetes pensé en hacerle una colita de zorra para que la llevara puesta, seguro que quedaba de lo más erótico.
Entré en el salón y me senté en una silla, ella se dirigía a la cocina.
-Espera puta. Ponte boca abajo sobre mis piernas. ¿O crees que olvidaría que no debes incitarme al subir las escaleras?-
-Lo siento señor. A veces tengo mala memoria-. Vino hacia mi con una amplia sonrisa de traviesa.
Se tumbó sobre mis piernas. Le pasé la mano por el culo, un hermoso culo que ya me llamaba para azotar. Con el primer azote ya escuché un gemido y según le daba azotes se iban sucediendo.
-Sabes que estos azotes son un castigo por insinuarte en la escalera y no un premio, ¿verdad?-
-Sí señor-.
-Pues parece que el castigo te está gustando mucho-. Mientras le decía eso pasaba la mano por el coño que no estaba mojado sino encharcado.
-Me gusta mucho señor. A su puta le gustan mucho sus azotes-.
Y entre gemidos y azotes estuvimos hasta que consideré que su culo estaba ya lo suficientemente rojo.
-Levanta puta. Antes de cenar voy a darme una ducha rápida que lo necesito-.
-¿Señor dejaría que lo duche su sumisa?-
Pensé un segundo escaso y mi cansancio respondió por mi.
-Pues sí. Ven a ducharme pero que sea rápido, tengo hambre y ganas de acostarme ya-.
En mi dormitorio me desnudó doblando con mimo la ropa que de todas formas iría a la lavadora. Entré en la ducha y mientras el agua se ponía a la temperatura que me gusta, ella se quitó el collar y entró conmigo. Cogió el champú y estuvo enjabonando el pelo un buen rato a mi espalda. Notaba a veces al moverse sus pezones duros. Me volví y le agarré los brazos.
-Ya puta. Deja el pelo que ya está bien, sigue con el gel o acabaré dormido en la ducha-.
Puso una sonrisa pícara, cogió el gel y empezó a extenderlo por todo mi cuerpo. Al principio lo repartía por mi espalda, mi pecho, las piernas, pero pronto dejó de hacerlo y eran más caricias. Mi polla respondió rápido y después de estar a mi espalda dedicada a mi culo, al ponerse de frente y verla soltó una risa nerviosa. Pasaba las manos por las ingles y los huevos pero la polla aún no la tocaba. Yo la miraba intrigado, mi polla apuntando a su cara pero aunque le miraba de forma lasciva, no la tocaba.
-Mi señor,- dijo parando de frotar y mirando a mis ojos, -¿desea que le limpie la polla con gel o con saliva?-
-Pues no me apetecía pero después de los tocamientos que me has hecho creo que lo suyo es que me hagas una mamada y después de dejarla bien limpia con la boca le pongas el gel-.
Su sonrisa iba de oreja a oreja, apoyó sus manos en mis muslos y la tragó entera para empezar a jugar con la lengua. Yo tuve que apoyarme en la pared del placer que me estaba dando y a pesar del cansancio consiguió que me corriera en pocos minutos. Después de tragarse mi leche, se puso a limpiar la polla con su boca que se puso lacia muy rápido, igual que yo que ahora lo que deseaba era poder sentarme para cenar y acostarme.
-Date prisa puta, estoy muy cansado-.
Lo entendió y en un segundo se puso a aclararme todo mi cuerpo. Esta vez no fue tan insinuante que cuando me enjabonaba. Al salir de la ducha me secó y al llegar a la polla, se agachó y la besó. No negaré que esa costumbre me estaba gustando mucho pero me trajo pensamientos extraños que decidí comentarlos en la cena antes de que fueran más peligrosos.
Me vestí y me senté a esperarla mientras ella se daba una rápida ducha. Al poco apareció en el salón desnuda con sólo el collar puesto y con la cena ya caliente.
Cuando estábamos comiendo le dije: -Tengo que hablar seriamente contigo-.
Me di cuenta que cometí un error el usar esas palabras ya que se le cambió la cara, soltó el cubierto y me miró.
-¿Hice algo mal? ¿Me va a dejar? No señor, por favor, mejoraré-. Lo decía aguantándose el lloro.
-No te asustes, no te pongas triste. Lo mejor es soltarlo antes de hacer un drama-. O quizás el drama vendría al soltarlo.
-Sofía, ¿estás enamorada de mi?-. Es importante dejar esto claro, yo no lo estaba y no quería tener a una mujer que lo estuviera de mi sin tener esperanzas.
La tristeza se fue de su rostro para llegar el nerviosismo.
-Bueno, yo...señor, soy su sumisa, ¿eso no es suficiente?-.
-Eso no tiene nada que ver Sofía. Te pregunto si estás enamorada, para mi es importante saberlo-.
-¿Eso significa que si no lo estoy el señor me abandonará?-
-Te he dicho que no tiene nada que ver, sólo quiero saber como se está construyendo esta relación-.
-Pues si no tiene nada que ver que más da señor. Soy suya, le pertenezco y da igual cualquier otra cosa, ¿no?-.
Su nerviosismo se sumaba a mi creciente enfado.
-Se acabó, responde tan solo una palabra sí o no. No quiero oírte nada más que eso o me enfadaré mucho. Responde ¿estás enamorada de mi?-
Me miró como cordero degollado y pensó unos segundos.
-No señor-.
-No ha sido tan difícil. Aún así quiero que me des la seguridad de esa respuesta-.
-Señor, he pensado en eso muchas veces desde que soy suya. Y creo estar segura de no tener esos sentimientos por usted, pero también es cierto que me gusta y mucho, pero sobre todo estoy segura de querer complacerle, de hacer todo aquello que me pida y que se sienta muy orgulloso de mi. Creo que es un poco complicado-. Lo dijo todo un poco atropelladamente y de la tristeza pasó a la vergüenza.
-Es así como debe ser una buena sumisa. No sé porqué te ha costado tanto decirlo. Debemos tener los dos claro que es esta relación. Por mi parte es un desahogo sexual muy morboso pero sin sentimientos más allá del cariño o del afecto. Y te lo he preguntado por ti, porque no quiero que sufras por un amor no correspondido-.
-Por ahora sólo deseo ser una sumisa señor y que mejor que ser su sumisa. Estos días han sido de los más felices de mi vida y estoy segura de que lo seré más. No busco nada más-.
-Está bien. Ya me quedo más tranquilo. Me voy a la cama que me caigo de sueño. Nos vemos mañana que hay trabajo. Buenas noches-.
Me marché al dormitorio dejando que ella recogiera la mesa.
Al día siguiente me levanté a desayunar y me extrañó que Sofía no estuviera. Pero recordé que salvo la comida y la cena, para el resto del día no tenía porqué subir a la casa.
Bajé poco antes de la nueve de la mañana y ya estaba en la puerta de la oficina con un vestido estampado que le llegaba por encima de las rodillas y con un escote recatado pero que al no llevar sujetador era muy sugerente. Y por supuesto con el collar puesto.
-Buenos días señor. Le estaba esperando para empezar mi trabajo-. Mientras lo decía se movía insinuándose con gesto alegre y sonriendo.
-Buenos días. ¿Has pasado buena noche?-. Entré en el despacho y me senté en la silla del ordenador apartándola de la mesa para dejar que ella que me seguía pudiera meterse bajo ella.
-He dormido bien señor, pero ansiaba que llegara la mañana para empezar mis labores-. Me guiñó un ojo y sus manos pasaron a desabrocharme el pantalón y sacar mi polla que engulló nada más verla.
Con su pericia y su lengua no tardó en ponerla dura para pasar a centrarse en el glande. Y cuando ya estaba casi en el paraíso se asomó a la puerta Concha.
-Buenos días jefe. ¿Ya está la zorra chupando?-
-Concha no te pases. Sube que después tenemos que hablar-.
-Ya, ¿así será a partir de ahora? La guarra disfruta y las broncas para la limpiadora-.
Se dio la vuelta y se marchó a la casa.
Sofía no paró un segundo, en muy poco tiempo ya se había acostumbrado a no importarle que hubiera otra persona mientras estaba conmigo, quien sabe, igual hasta le excitaba.
Le llené la boca con mi corrida y notaba como iba tragando. Al terminar su puso a limpiarla con suaves lametones.
-Parece que a la puta ya no le molesta mi semen-. Sin soltar la polla giró la cabeza para mirarme.
-No, a esta puta le gusta la lechita que el señor le regala. Aunque me he vuelto muy exquisita y ya solo me gusta la lechita de mi señor-. Lo dijo con media sonrisa y siguió a lo suyo.
Terminó de limpiarme, me besó la punta de la polla y la guardó levantando el calzoncillo y el pantalón.
Ella se puso con el ordenador a trabajar y yo me fui al taller a grabar en el cuero de una serie de fustas el nombre de una sumisa. Encargos que me dejaban poco beneficio pero me ayudaban a publicitarme.
A media mañana que terminé con las fustas subí a casa para tener la charla con Concha. El viernes pasado había azotado a Sofía mientras estaba en la jaula tan fuerte que aún le quedaban algunas marcas, y después la había follado por el culo con un arnés. Sinceramente en el vídeo quedó genial pero ella no era quien para hacerle eso y debía quedar claro. El que no tenía muy claro que hacer con Concha era yo. Si sólo vendría para limpiar o si también me la iba a follar. Ahora que había descubierto la sumisión y tenía a Sofía a mis pies igual el típico polvo vainilla no me excitaba tanto, al menos ahora que era la novedad.
Concha estaba limpiando mi dormitorio, la cama ya estaba hecha y pasaba un paño por la cómoda. Llevaba unos leggins que siempre suele traer dejando bien marcado su culo que no podía negar lo excitante que era a pesar de su edad. Una camiseta que a pesar de llevar sujetador no ocultaba los vaivenes de las tetas. Al verme entrar se volvió a mirarme.
-Concha, esto no está saliendo como lo hablamos-.
-Lo siento jefe, es que me sale sin poder remediarlo, intentaré no insultarla más-. Puso cara de arrepentimiento real.
-No me refiero a los insultos,- en realidad no me importaba que insultara a Sofía, incluso me estaba empezando a gustar como forma de humillación, -me estoy refiriendo a lo que hiciste el viernes mientras ella estaba en la jaula-.
-Bueno, quizás me pasé un poco jefe pero seguro que a la put… a la sumisa le gustó. No sé su nombre o no lo recuerdo, lo siento-. Su disculpa era sincera, podía verlo en su cara.
-Se llama Sofía y la cuestión no es esa. Ella es mi sumisa, no es tuya ni de nadie más, es mía y yo solo decido quien puede jugar con ella-.
-Lo sé jefe, y ya le he dicho que lo siento. Pero ¿que le parece si hacemos un trato? Yo la dejo en paz y usted me folla los tres días que vengo a limpiar. Todos ganamos-. Sonrió al decirlo aunque en su cara con rasgos ya de persona envejecida no era muy estimulante.
-Sigues sin entender. En esta casa quien manda soy yo, y si alguien pone condiciones soy yo. Tú no eres nadie para venir a decirme que debo hacer o como llevar mi vida. Si no puedes adaptarte a esto lo mejor será que no vuelvas más-.
Esta última frase noté que le atravesó el corazón cuando cambió la cara a una de terror. Sobre todo porque yo estaba elevando sin quererlo el tono de voz.
-No, no jefe, por favor no me haga eso. Tiene que entenderme. Follo poco y con garrulos del pueblo barrigones y viejos con olor a vaca. Usted es el que me alegra el día, sólo me ha follado una vez y llevo todo el fin de semana en una nube. Incluso cuando hacíamos vídeos me complacía el verle mirándome que sólo eso ya me hacía feliz-. Se acercó mientras decía eso y me abrazó fuerte.
-Por favor jefe, seré buena, haré lo que me diga pero no me eche se lo ruego-. No le veía la cara al estar abrazada a mi pero juraría que estaba soltando lágrimas.
Instintivamente la abracé también aunque sin fuerza y algo azorado por la situación. Ella con ese gesto consiguió que me calmara y se redujo mi enfado.
-Está bien. Haremos una cosa-. Me deshice del abrazo y la miré de forma seria. -Estarás a prueba, si vuelves a hacer algo que no me gusta con Sofía vas derecha a la calle-.
-Sí, sí jefe. No se arrepentirá, me calmaré-. Esbozó una sonrisa. -¿Me follará para así tenerme más calmada?-
Casi me rio, no cejaba en su empeño.
-Eso no lo sé. Lo primero es que dejes a Sofía en paz, pero lo más importante es que no se te olvide que soy yo quien manda y quien decide si te follo o no. ¿Está claro?-
-Sí jefe, claro y nítido. Además si quiere me puede usar para los vídeos como antes y por eso no le cobraré-. Y antes de que pudiera yo responderle especificó, -los normales, no esos de pervertidos. Aún estoy para salir en los vídeos-. Se volvió un poco sacando el culo y dándose un azotito mientras sonreía.
-Bueno, eso ya lo iremos viendo-. Me sacó la sonrisa.
-Estupendo jefe, y si quiere también puedo ayudarle a amaestrar a la sumisa-.
Aún sonriendo me di cuenta que de nuevo me había llevado a donde ella quería, que estaba dispuesto a echarla y otra vez me había convencido. Así que sin decirle nada, la dejé en el dormitorio con su sonrisa y me fui a la cocina. Cogí el paquete de mantequilla y regresé.
Fue poco tiempo y ella aún estaba pensando el porqué de mi salida sin decir nada. Su sonrisa desapareció al ver la mantequilla pero no se horrorizó a pesar de que seguro sabía lo que estaba pensando hacer con ella.
De forma algo brusca la giré para que me diera la espalda y la incliné sobre la cómoda. Ella seguía en silencio y dejándose hacer. Le bajé los leggins con algo de su ayuda moviendo las piernas, después las bragas que descubrí no eran bragas de diario, sino unas semitransparentes con encajes.
-Ábrete el culo-. Sólo le dije eso aunque por mi tono adivinó que no habría discusión sobre eso.
Se separó los cachetes y empecé a untarle mantequilla.
-Jefe sea cuidadoso que hace tiempo que no lo uso-. Se le escapó un gemido cuando le estaba untando justo en el agujero.
Una vez lo consideré lubricado, me saqué la polla que se había puesto dura al salir de la cocina sabiendo lo que se esperaba de ella, la apoyé en su agujero, le abrí un poco más las piernas y de un sólo empujón la metí entera.
Concha dio un fuerte grito pero no se apartó, al contrario se abrió más de piernas y con sus manos se agarró a la cómoda tan fuerte que los nudillos se pusieron blancos.
-Jefe no tan fuerte que me hace daño, espere un poco a que se acomode-.
-Te he dicho que aquí mando yo y lo haré como quiera. Si no te gusta me lo dices, la saco y te vas para no volver-. Despacio la sacaba casi toda para meterla entera poco a poco.
-Nooo, puede hacer conmigo lo que quiera-. Lo dijo ya entre gemidos. Se acostumbró rápido a la invasión y estaba disfrutando.
Fui cada vez empujando más rápido. La mantequilla hacía muy bien su trabajo pero la verdad es que el culo de Concha era muy tragón y entraba sin dificultad. Quizás sus años de prostituta le había enseñado como abrir y cerrar el esfínter y la enculada estaba siendo maravillosa.
-A partir de ahora debes saber que se folla si quiero y cuando quiero, y también por donde quiero-.
-Lo que diga el jefe, siempre estaré dispuesta-. Los gemidos de los dos se cruzaban entre las palabras.
Y de nuevo me di cuenta que se había salido con la suya otra vez. Pero me estaba gustando mucho, sabía como moverse y como agarrar la polla con el culo para dejarlo. Por rabia empecé a bombear más rápido y ambos gemíamos como locos.
Pensé en meterle las manos por la camiseta para agarrar esas tetas descontroladas pero apenas me dio tiempo, sin dejar de sujetarla por la cintura me corrí con un bramido y tres o cuatro fuertes empujones queriendo meter incluso los huevos.
Desfallecido por la enculada animal me senté para recuperarme en la cama con la polla llena de mantequilla batida. Ella no se movió de la cómoda y creo que se sujetaba por las manos, que con las piernas no podía hacer el esfuerzo.
-Joder jefe, ha sido un polvo estupendo-. Me dijo con voz entrecortada por el resuello y sin aún moverse de la posición.
-Ya, bueno, en tu mano estará que se repita. Si te portas mal con Sofía se acaban los polvos y el venir a esta casa-.
Apoyó ya sus piernas y se volvió a mirarme.
-Vaya, ha estropeado toda la magia del momento con esa amenaza. Pero si me sigue follando así le aseguro que me portaré como una corderita, una corderita puta pero una corderita-.
Me hizo reír. Me levanté para limpiarme la polla de la mantequilla y me dirigí al baño. Me senté en el bidet para quitarme lo que fue en otro momento mantequilla y ahora parecía nata.
Concha entró al poco tiempo sin decir nada y se sentó en el retrete.
-Me ha llenado el culo, debe parecer un dulce relleno-. Y riendo su propia broma lo soltó en el retrete acompañado de pedos.
-Que guarra eres, ¿no podías esperar a que yo saliera?-.
-Es que empezaba a escurrirse por los muslos jefe-.
Me sequé la polla, me vestí y la dejé en el baño soltando la crema y los pedos.
Bajé al taller y me puse a trabajar en la reparación de un columpio. Una parte de mis beneficios también eran por la reparación de juguetes, accesorios y la mayoría por muebles sexuales como potros, jaulas, sillas, y todo lo que la mente pervertida del ser humano es capaz de diseñar para el placer.
Al final de la jornada, Concha bajó para marcharse y vio las fustas sobre la mesa. Estaba terminando de reparar el columpio para empaquetar todo y llevarlo por la tarde a correos.
-Jefe, si quiere puedo ayudarle con el vídeo de las fustas-.
La miré intrigado.
-¿Quieres que te azote?- Pensé que lo hacía para redimirse.
-¡No!, me refiero a darle los azotes a la… sumisa mientras se graba-.
No supe si enfadarme o reírme durante unos segundos. Al final prefería dejarlo pasar.
-No es necesario. No llevan vídeo, eran sólo para grabarle un nombre-.
Asintió y sin decir nada se volvió. Pero no fue directa a la puerta, se asomó por la puerta del despacho sin entrar.
-Niña, nos vemos en un par de días,- le decía a Sofía, -pero si notas que al jefe le sabe la polla a mantequilla es gracias a mi-. Soltó una carcajada y se marchó.
Pasó casi media hora cuando Sofía salió del despacho y yo estaba empaquetando las fustas por un lado y el columpio por otro.
-Señor, ¿que ha querido decir Concha con eso de la mantequilla?-.
-Nada, no le hagas caso. Anda cierra la puerta del taller que vamos a comer-.
Fue hasta la puerta y la cerró con llave. Se acercó a la enorme mesa que usamos de trabajo y se desvistió en un segundo para ponerse junto a mi de rodillas.
Sin dejar de empaquetar la miré de lado sin decir nada.
-Mi señor dijo que debería estar desnuda siempre que el taller estuviera cerrado. Sólo con mi collar y la correa de sumisa-. Esbozó una sonrisa.
-Me encanta lo puta que eres. En realidad te dije los fines de semana pero me gusta esa modificación de las normas. Y hoy no te he dado aún los azotes para que recuerdes tu posición en esta casa, así que ponte con el culo en pompa apoyada en la mesa-.
Como un resorte se inclinó en la mesa poniendo los brazos por encima de la cabeza estirados.
En silencio y disimulando que no la miraba terminé durante unos diez minutos de empaquetar.
Cogí los paquetes y los llevé al extremo de la mesa. Notaba como ella ansiosa me seguía con sus ojos. Entré al despacho para imprimir las etiquetas y la dejé en esa postura.
Tras unos cinco o diez minutos que imprimí las etiquetas para los paquetes salí del despacho y ella no se había movido un milímetro. Puse las pegatinas en los paquetes y me acerqué a ella.
Sin decir ni una sola palabra en todo ese tiempo comencé a azotarla con las manos.
Cuando llevaba como cinco azotes noté que estaba mascullando algo.
-¿Dices algo?-.
-Lo siento señor-.
-No te he pedido una disculpa, te he preguntado si dices algo-. Y le di un azote fuerte.
-Es que he leído que las sumisas dicen algo cuando las azotan-.
-¿Y que decías?-.
-Me da pena señor. Pero estaba diciendo con cada azote: la sumisa es muy puta-.
-Eso está muy bien, pero dilo en voz alta que pueda escucharte con cada azote-.
-La sumisa es muy puta señor-.
Y así continué los azotes.
-La sumisa es muy puta señor-.
Estuve dando azotes hasta llegar a unos treinta, no los conté. Mi mano me ardía un poco, no mucho, lo justo para decidir hacerme una pala de cuero o de madera para cuando le diese los azotes.
-La sumisa es muy puta señor-. Dijo con el último azote.
-Ahora de rodillas y a mamarla puta-.
No dijo nada, se tocó un poco el culo y se arrodilló. Me bajó los pantalones y los calzoncillos y se metió mi polla que estaba dura desde que empecé con los azotes.
Al segundo lametazo giró sin parar la cabeza para mirarme.
-¿Algún problema puta?-
-Es que, es verdad que sabe un poco a mantequilla señor-.
Me había limpiado la polla después de encular a Concha pero con las prisas por salir del baño, no lo hice con jabón, sólo agua.
La miré muy serio.
-Le he dado por el culo a Concha y no tenía lubricante a mano, así que usé mantequilla. Pero seguro que tú me la dejas bien limpia. Sigue puta-.
Siguió mamando y hasta juraría que con más ímpetu. Tanta dedicación le puso que en unos minutos me corrí dentro de su boca y noté como iba tragando mi leche según se la daba.
La sacó de la boca y le pasó la lengua hasta dejarla limpia y probablemente ya sin sabor a mantequilla.
-Me he fijado que la puta como viene siendo habitual me ha ensuciado el suelo con su flujo. Límpialo y sube que vamos a comer-.
Mientras subía por las escaleras ya estaba a cuatro patas chupando el charco que había dejado.
Continúa en
- Relato #251656— title-regex: contiguous parts (6 -> 7)
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