El juguetero 8
Sara entró en el taller con una sonrisa que desarmó todas sus defensas. Ahora, cada vez que Sofía se arrodilla, su mente no está presente; está cenando con la mujer que lo tiene enamorado. ¿Podrá el amo dejar de ser un fantasma en su propia vida?
Capítulo 8
Pasaron unos días en los que Sofía era cada vez más sumisa, incluso frente a Concha que no paraba de incordiarla. Sin embargo Concha, aunque la molestaba siempre que podía, ya no estaba tan combativa. Cada vez que venía me la solía follar que es lo que ella estaba buscando desde que empezó a trabajar conmigo.
Muchas de las máquinas que me estaban empezando a pedir incluían una programación que a mi se me escapaba. Los vibradores son fáciles, la programación se reduce a dar más velocidad o poner algunos modos preprogramados. Pero los que se usan con app, o los más complejos la programación se va de mis conocimientos.
Por esa razón busqué a programadores que pudieran hacer estos trabajos. Evidentemente son trabajos puntuales y no necesitaba a nadie ni siquiera a tiempo parcial, sino de forma muy eventual.
Entre las personas con las que contacté tan solo una me dijo que le interesaba.
Quedé en el taller un día que no estuviera Concha para enseñarle mejor lo que pretendía que hiciera.
Era una chica de unos cuarenta y pocos años que trabajaba en una empresa que se dedicaba a los TPV, los sistemas de cobro en cajas o los que usan los camareros para enviar los pedidos a la cocina. Hacía teletrabajo y sintió más curiosidad que otra cosa por lo que le ofrecía.
Yo me quedé impactado nada más verla entrar y presentarse. Era muy guapa, con pelo rubio cobrizo largo que le llegaba a los pechos que se adivinaban medianos. Los ojos claros entre verdes y azules, y con una cara muy proporcionada que la hacía muy hermosa. La boca un poco grande pero una sonrisa que derrite al brotarle a ambos lados unos deliciosos hoyuelos. No llevaba maquillaje, un top y una falda por las rodillas suelta.
A mi me encandiló y me costó enseñarle el taller y lo que hacía. Después la llevé al despacho para especificar las condiciones.
-Sofía, déjanos solos por favor-. Se levantó y salió de la habitación mientras señalaba una silla para que se sentara y yo ocupé la del ordenador.
-Bueno, Sara ¿no?. Ya has visto lo que hacemos en esta empresa y como dije en el anuncio sería programación para determinados juguetes. ¿Podrás con eso?-.
-Sí, no es nada complicado. Y la verdad es que aunque el sueldo que me dijo es muy bajo es un trabajo que me interesa. Incluso se podría hablar de pagos en especie, algunos de esos juguetes pueden ser muy adictivos-. Sonrió con sus hoyuelos.
-La verdad es que muchos de ellos son únicos pero se podría ver eso de los pagos en especie. Me alegra que seas tan desinhibida, en este trabajo eso es importante-.
-La verdad es que por dentro estoy muy nerviosa pero ayuda ver que esto es otro mundo. Quiero decir que se trata el sexo de otra forma-.
-Normal, es a lo que nos dedicamos-.
-Me refería también a tu ayudante. Es una esclava o algo así, ¿no?-.
-¿Cómo?- Pregunté muy intrigado.
-Bueno, lleva un collar de perro. No entiendo mucho de esa parte del sexo y tampoco me ha atraído pero esas cosas si se saben-.
-Pues sí. Es mi sumisa, por supuesto consensuado, pero ese aspecto de mi vida no tiene nada que ver con el trabajo, son cuestiones personales-.
-Perdón si te he molestado, no era mi intención. Es sólo curiosidad-.
-No me has molestado en absoluto. Es ya casi la hora del almuerzo, ¿Que te parece si te invito a comer?-.
-Pues estaré encantada-.
Salimos del despacho y Sofía estaba esperando muy seria medio sentada en la mesa del taller y tras ella tenía casi escondida la pala de los azotes. Estaba como queriendo decir que aún no la había azotado.
-Sofía me voy a comer con la señorita, cierra y sube a comer a la casa, volveré por la tarde-.
-Por favor, de señorita nada,- saltó Sara, -puedes llamarme por mi nombre o como me llaman casi todos mis amigos Sally-.
-¿Sally? Un diminutivo un poco raro.- Y bastante cursi, pensé en ese momento. -Bueno vamos que conozco cerca del pueblo un mesón estupendo-.
Al salir y cerrar la puerta me pareció ver que Sofía no estaba nada contenta.
Tuve una comida muy agradable y sentía que los dos conectábamos. Reconozco que al principio me atrajo el cuerpo y la belleza de su cara. Desde que entró en el taller me deslumbró su físico pero según pasamos el tiempo en la comida y después con el café me di cuenta de lo especial que era. Me costó mucho despedirme y estoy seguro que a ella le pasó lo mismo.
Llegué al taller con mi cabeza todavía pensando en Sara y fui derecho a la mesa a recoger los paquetes de la fusta y del columpio. Ni siquiera busqué a Sofía, ni con la vista. Entré, cogí y salí.
Después de entregar en correos los paquetes regresé a casa, pero ya estaba casi anocheciendo siendo casi verano y eso me dio a entender que había pasado con Sara mucho tiempo tras el almuerzo.
Al llegar a casa me puse a preparar la cena. Sofía no aparecía, pensé que se habría ido a pasear. Pulsé el mando del collar para avisarle que viniera.
Tardó escasos dos minutos en aparecer.
-Perdón señor, no le escuché entrar-.
-¿Donde estabas?- Pregunté más por curiosidad.
-En mi habitación leyendo señor. ¿Hago algo?-
-No, siéntate, la cena ya está-.
Cenamos en silencio, mi cabeza seguía centrada en Sara y me sentía como un adolescente embobado.
Después de la cena y un poco de tele le di las buenas noches y me acosté.
En la cama me vino la imagen de la cara de Sofía de decepción al marcharse y entonces fue cuando recordé que no le había dado sus azotes del día. Pero es que tampoco me apetecía, ni siquiera me apetecía sexo.
Después de varias vueltas en la cama llegué a la conclusión que un amo tiene responsabilidades, así que pulse el botón del collar para llamarla.
Apareció de nuevo en menos de dos minutos y por la respiración se notaba que había subido las escaleras corriendo. Se apoyó en el quicio de la puerta, desnuda salvo el collar.
-¿El señor me necesita?-
-He recordado que no te he dado los azotes de hoy. Túmbate sobre mis piernas en la cama boca abajo-.
Sentado en la cama me apoyé en el cabecero, ella se tumbó como le dije y le di el primer azote.
-La sumisa es muy puta señor-.
Segundo azote.
-La sumisa es muy puta señor-.
Decidí cambiar la cantinela.
-No me convence lo que estás diciendo. Mejor vas a numerar los azotes y dirás: soy suya señor-.
-Sí señor, lo siento señor-.
Le di otro azote.
-Tres. Soy suya señor-.
-No, no, no. Debes empezar de nuevo puta-.
-Lo siento señor-.
Le di un azote.
-Uno. Soy suya señor-.
Sonó otro azote.
-Dos. Soy suya señor-.
Continué dando azotes pero de forma mecánica, mi cabeza de nuevo se fue pensando en Sara. Hasta que me di cuenta y me centré en los azotes.
-Treinta y cuatro. Soy suya señor-.
Tenía el culo de un precioso color rojo pero me dio rabia que en el fondo yo no lo había disfrutado por estar pensando en otras cosas.
-Treinta y cinco. Soy suya señor-.
-Ya vale, vete a dormir, nos vemos mañana. Buenas noches puta-.
Se medio incorporó y temí que fuese a darme un beso, y lo hizo pero fue en la mano, me la agarró y la besó.
-Gracias señor por recordar a esta puta su posición-.
Yo me quedé en silencio procesando el grado de sumisión al que había llegado. Se levantó y se marchó.
Me tumbé para dormir con la cabeza dando vueltas si es que a mi edad me había enamorado de nuevo.
Me desperté relajado y mientras desayunaba llegué a la conclusión que lo de Sara había sido sólo el momento. Me centré en el trabajo, en lo que tenía que hacer en el día y en salir a comprar una cama de perro para ponerla en mi habitación y que Sofía durmiera allí. También esbocé en mi cabeza una jaula para ella en lugar de la cama de perro.
Bajé al taller y ya estaba Sofía esperando en la puerta del despacho. Nos dimos los buenos días y me senté mientras ella se acomodaba bajo la mesa, me abría el pantalón y sacaba mi polla que estaba algo dura pero que con su lengua no tardó en ponerse rígida y a gotear con el líquido preseminal.
Entre mis gemidos la miraba por si estaba enfadada por lo pasado el día anterior, pero la veía igual de golosa con mi polla como siempre y cuando me corrí se relamió satisfecha de su trabajo. Me la limpió y la guardó.
-¿Quieres que hablemos de algo?- Le pregunté sin saber exactamente como tratar el tema que en realidad no existía. Simplemente me fui a comer con Sara y aunque es verdad que tardé mucho en volver, no había nada de lo que hablar.
-No sé a que se refiere señor-.
-Nada, me voy al taller-.
-Señor, le recuerdo que hoy viene un cliente para hacerle el molde de su...pene-.
Era un pedido importante, el cliente quería una máquina de follar cuyo cabezal fuera un disco y en él estuviese una polla, la de él, otro dildo formado con esferas de distinto tamaño y el último con la forma de un brazo. Le insistí al cliente que era mejor que el cabezal de la máquina fuera intercambiable, se quita uno y se pone otro. Debía tener muy claro para que usarlo porque no quiso, insistió en que fuera un disco con esos tres dildos, la razón se me escapaba pero aceptó un presupuesto muy elevado y aquí se hace lo que quiere el cliente.
-Es verdad, lo había olvidado. Es muy posible que tengas que ayudarle a que se le ponga dura, con la mano o si no se puede con la boca. Muchos clientes se abochornan con la situación y les cuesta. ¿Estarás preparada para hacerlo o llamo a Concha por si acaso? Estas visitas siempre las hago coincidir cuando ella viene por si se le necesita-.
-Podré hacerlo señor, pero necesito que usted esté presente-.
-Claro que estaré, cuando la tenga bien crecida tienes que aplicar la masa para el molde. Esperar unos segundos y quitarla con mucho cuidado, entonces me la das y ya me encargo yo. Ahora vamos al taller y te enseño como hacerlo para que a partir de ahora lo hagas tú-.
-Está bien. ¿Señor?, ¿puedo preguntarle algo?-
-Claro, pide que después de esa mamada estoy de buenas, jajaja-.
Yo estaba en la puerta a punto de salir y ella de pie al lado de la mesa del ordenador, pero bajó la cabeza antes de hablar.
-Señor, ¿algún día lo llamaré amo?-
Un pensamiento veloz y efímero pasó por mi cabeza, ¿Sara aceptaría que tuviese a una sumisa?
-¡Mierda!- casi lo dije gritando al darme cuenta que en realidad lo de Sara no se me había pasado.
-Lo siento señor, no debí decir nada-. Se encogió y su barbilla casi le tocaba el pecho.
-No es por eso, es que he recordado algo-. Me enfadé conmigo mismo. -Inclínate sobre la mesa que te voy a dar los azotes-. Quizás la seriedad con la que lo dije la asustó.
Con movimientos torpes se puso en la posición levantando la falda y bajando sus bragas.
-Cuenta los azotes y dirás: mi señor ahora es mi amo-.
Le solté el primer azote con fuerza dejando la mano marcada en la nalga.
-Uno. Mi señor ahora es mi amo-. No siempre por el tono de voz uno es capaz de identificar el estado de ánimo de una persona, pero según lo dijo Sofía noté que estaba contenta.
-Dos. Mi señor ahora es mi amo-.
Continué los azotes.
-Ocho. Mi señor ahora es mi amo-.
-¡Vaya!- Me sobresalté cuando dijo eso Concha que estaba mirando desde la puerta.
-Decidí venir más tarde para no encontrarme a la put… sumisa mamando y resulta que la veo con usted dándole caricias-.
-Esto no es asunto tuyo y está ya muy hablado. Sube que nos veremos después-.
-Como diga jefe, pero tenía curiosidad por ver hasta donde llega-.
-Sube y no me hagas enfadar más de lo que estoy-. Típica frase que en realidad en este caso era falsa. Mi disgusto por seguir pensando en Sara se había disipado al segundo o tercer azote. Es una terapia muy buena y la recomiendo a todo el mundo.
Concha se marchó y yo continué con los azotes un rato más.
-Veinte. Mi señor es ahora mi amo-.
-Ya. Vamos al taller que te enseño como poner la masa antes de que se seque, es muy fácil-.
-Sí amo. Gracias-.
Me miró complacida y sonriendo. Por mi parte eso de llamarme amo me pilló algo descolocado pero es verdad que todo lo que había visto o leído, que aún no era mucho, las sumisas casi siempre lo dicen. Algunas dicen señor pero es verdad que no es tan contundente. Otras llaman dueño pero quizás en otras circunstancias sea apropiado y además esa palabra no me parece tan sonora como amo. Incluso una vez en un vídeo decían dom, que me pareció de lo más ridículo.
Casi al final de la mañana llegó el cliente. Me di cuenta que no había subido a follarme a Concha, pero es que tampoco me apetecía mucho.
El tipo al presentarse y al poco de hablar con él ya me cayó mal, parecía grosero y chabacano.
-¿Y como pretende que se me ponga dura? Porque eso de revistas o vídeos como en las clínicas me parece que no funcionará conmigo, y menos que me toque un hombre-. Me miró fijamente como sopesando si eso era lo que tenía pensado.
-Tenemos una zona del taller detrás de esos biombos donde puedo ponerte vídeos, revistas no tengo si es que siguen existiendo. Pero si no puedes y requieres una chica, con un pequeño recargo se encarga ella-.
-Por el recargo no pasa nada, pero espero que la puta al menos esté bien y sobre todo sea limpia, no quiero que una furcia cualquiera me vaya a pegar algo feo-.
-Es limpia, eso se lo aseguro-. No quise ofenderme ya que antes lo hacía Concha y la verdad es que puta es. Llamé a Sofía que vino nerviosa pero sonriendo y sin mirar a la cara al cliente.
-Esta puta está bien, pero que muy bien. ¿Y donde vamos a follar?-
-No es follar, ella le tocará hasta que la tenga bien dura y entonces le ponemos la masa para el molde, todo es rápido-.
-¡Hombre!, ya que me la pone dura lo menos es que me la folle, si además seguro que en cuanto me la vea deseará que la folle-.
-Venga, pasamos al otro lado de los biombos, se sienta y ella se ocupará-.
-Pero una vez que me quite la masa esa, me la puedo tirar, ¿no?, total lo voy a pagar y ella lo estará deseando-.
Que paciencia hay que tener con algunos clientes pensaba.
-El recargo es pequeño y sólo para que ella se la ponga dura, no incluye ningún tipo de favor sexual-. No quise ni siquiera decirle que si no funciona ella puede llegar a mamarla un poco.
-Pero hombre no sea así, -me dijo dándome una palmada en el hombro, -si en el fondo a ella le va a gustar o es que tiene miedo que después no quiera ya su polla, jajajajaja-.
Dejé que se sentara y me puse a la espalda mientras Sofía se agachó a su lado y cuando se bajó los pantalones se puso a hacerle una paja. Me gustó el detalle de que Sofía no se arrodillara, sino que estaba agachada en cuclillas.
-Venga puta dale fuerte. Seguro que nunca has visto una polla como esta, ¿verdad?-
-No señor-. Dijo escuetamente mientras una polla normalita aunque algo gorda se levantaba con sus caricias.
-Claro que no. Sigue así pero no me babees encima que tu boca estará que echa agua viéndola-.
Sofía abrazaba con sus manos esa polla que parece le costaba ponerse del todo dura. Giró la cabeza para mirarme como preguntando que hacía ya que la paja parecía no funcionar.
-¡Eh puta!, mira mi polla que para eso pago-.
Afortunadamente al poco Sofía consideró que estaba ya muy dura y como le enseñé le fue extendiendo la masa sin dejar de pajearle. Una vez puesta paró para que se secara, eso lleva un minuto más o menos.
-No quiero que ahora se me baje, enséñame al menos las tetas guarra-.
La situación no me estaba gustando para nada pero si se le bajaba habría que empezar, y la verdad es que por muy grosero que fuese el trabajo daría muchos beneficios. Así que le asentí a Sofía.
Ella sin moverse del sitio se bajó los tirantes del vestido y dejo al aire sus hermosas tetas ya que no llevaba sujetador como le tengo ordenado.
-Buenos melones puta. Y esos pezones que dan ganas de apretarlos-.
-Por favor, no toque a la señorita, eso no está permitido-.
-Joder no se enfade. Pero si me la pone dura ya me disparo-.
La masa se secó y Sofía sin esperar la fue despegando poco a poco para dármela. Me fui al taller para ir poniendo la silicona.
En eso estaba cuando escucho gemidos de la parte de los biombos, primero pensé que el tipo se estaría pajeando hasta que le escuché decir: “así puta”.
De un salto fui allí y me encontré que el tipo tenía agarrada a Sofía por la cabeza mientras le estaba haciendo una mamada.
-¡Pero que hace!-. Le aparté las manos y levanté a Sofía.
-¡Coño no me dejes a medias cabrón!-.
-Sofía vete. Le dije que eso no está permitido, no vamos a enfadarnos así que vístase y márchese-.
-Joder que genio. Total si es una esclava o es que cree que no sé lo que significa ese collar que lleva. ¿Que le hubiera costado dejar que me la mamara? Ahora me iré con el rabo tieso-.
-Lo que ella sea no es de su incumbencia. Las normas eran no tocar-.
-Vale tío ya me voy pero si quieres que el negocio funcione no puedes tratar así a los clientes-.
Dejé que se vistiera metiendo la polla dura en los calzoncillos y subiéndose el pantalón mientras resoplaba.
-Pase al taller que le hago el molde del brazo antes de irse-. Le dije muy serio.
-El brazo me la sopla. Me has dejado a medias, usa otro molde para eso que yo me voy a buscar una puta que termine lo que no me has dejado acabar. Una semana dijiste y si llega más tarde ya no quiero la máquina-.
Me miró con odio y se marchó. Yo me dirigí al despacho donde estaba Sofía.
-¿Estás bien?-
-Sí amo, no pasa nada. Me dijo que a lo mejor tenía que chuparla y aunque no me gustó nada, estaba sucia y olía mal a sudor, y creo que tenía restos de una corrida, no me ha importado mucho porque usted me dijo que posiblemente tuviese que hacerlo. No me hizo daño, sólo me molestó porque no era su polla o al menos que usted me viera-.
Me puso una sonrisa falsa que no me engañó.
-Bueno, límpiate y ayúdame con los moldes, haremos uno de mi brazo para ese bruto. Quiero que mañana estén listos para grabar el vídeo con la máquina-.
-Enseguida amo-.
Estaba Sofía en el baño de sus habitaciones y yo terminando de poner la silicona en el molde que hice de mi brazo cuando bajó Concha de la casa.
-No sé si la casa estará limpia del todo, como el jefe no subió a revisar...-.
-Jaja, no he tenido tiempo, ha sido una mañana algo complicada-.
-Ese juguete se ve muy morboso, sobre todo viendo ese molde del brazo pero debe reventar a quien lo use-.
-Yo no juzgo a los clientes. Si lo pagan lo hago-.
-Espera, ese es tu brazo jefe. ¿No vino el cliente?-
-Vino pero sólo le interesaba el molde de la polla, así que he usado mi brazo para este molde-.
-Más morbo me da. ¿Y la sumisa? ¿Se la chupó bien al cliente?-
-Concha… no empecemos-.
-Sólo era curiosidad jefe, no se enfade. ¿Cuando hará el vídeo?-
-Si la silicona seca bien lo haremos mañana por la tarde-.
-¿Puedo venir? Además necesitará ayuda-.
-No gracias. No necesito ayuda-.
-¿Seguro? Para meterle el brazo va a tener que estar un rato dilatándole el coño, y a usted no le gusta salir en los vídeos. A mi no me importaría hacer de mamporrera-.
En eso llevaba razón. Meter un brazo cuesta mucho, además de estar mucho tiempo dilatando cada vez que se vaya a probar uno de los otros dildos, alguien debe aparecer para girar el disco donde están colocados. Me quedé pensando en eso hasta que me di cuenta que con el brazo le haría mucho daño a Sofía que seguro no está acostumbrada a eso.
-Concha, ¿quieres ser tú la que salga en el vídeo usando la máquina?-
-No jefe, que reconozco me excita saber que ese es su brazo pero si me mete eso me rompe en dos y necesito mi coñito para trabajar, jajaja. Ya me gustaría pero no. Yo me ofrezco a metérselo a la sumisa de forma que apenas le duela-.
-Está bien, pues vente mañana por la tarde y nos ayudas a hacer el vídeo-.
Saliendo Concha por la puerta entraba Sofía al taller.
-Sofi, mañana vendrá Concha para ayudarnos a hacer el vídeo. Se encargará de dilatarte para que al meterte esto no te haga daño-.
-Está bien, como mi amo lo ordene. Pero muchas gracias por pensar en mi y pedirle eso a Concha seguro lo hace con cuidado. Tengo suerte de tener un amo tan considerado-.
Me sonrió y estaba a punto de inclinarla para follarla cuando pasó por mi cabeza Sara. Esto no me gustaba, me iba arruinar mi vida sexual pensar tanto en ella. Así que el toro por los cuernos como se suele decir.
La programación de la máquina era muy sencilla, de hecho no tenía ni mando a distancia, ni app. La había programado yo y ya estaba probada pero como posible excusa para comprobar que no hubiera errores me decidí llamar a Sara. Me contestó muy contenta o así quise yo interpretarlo y quedamos para cenar sin llegar a decir en ningún momento nada de trabajo.
La cena fue en un restaurante cerca de la ciudad, así que como debía conducir no pude beber nada que es lo que me apetecía por los nervios que tenía. Nervios infundados ya que la cena fue muy relajada, una charla fluida y ambos lo pasamos muy bien. Y sé que ella lo pasó bien porque al despedirnos fue quien me dijo de quedar de nuevo a la noche siguiente.
Regresé a casa como un chiquillo con una sonrisa de oreja a oreja, tan embelesado estaba que hasta que salí del pueblo del restaurante no me di cuenta de dos alarmas del coche que no paraban de pitar, una la del cinturón de seguridad, y la otra la de las luces que por eso me di cuenta, porque no veía la carretera.
Llegué muy tarde a casa y todo estaba a oscuras, me fui derecho a la cama y caí rendido y contento.
Por la mañana Sofía me hizo la mamada de todos los días y a pesar de su pericia la pobre acabó con la mandíbula dolorida de lo que tardé en correrme.
Eso no me estaba gustando nada, que Sara me estuviera afectando para mis relaciones sexuales no era nada gracioso. A pesar de todo no salió ni una sola palabra ni queja de la boca de Sofía.
Por la tarde llegó Concha para hacer el vídeo. Nos fuimos los tres a la parte de los biombos. Sofía se puso un negligé muy corto y transparente donde se le apreciaban las areolas oscuras con el pezón bien duro.
-¡Pero bueno niña! Vaya pezones que llevas, debes estar muy caliente-.
Diciendo eso Concha se puso a la espalda de Sofía y le agarró las tetas levantándoselas para que se vieran los pezones duros. Sofía se dejó hacer mirándome a la cara.
-Venga Concha, deja las bromas y vamos al trabajo-.
-Jefe aguafiestas-. Dijo Concha en susurro mientras ella se ponía un conjunto con muchos bordados y transparencias además de una máscara.
Sofía se tumbó boca arriba en la cama y pusimos la máquina entre sus piernas. El ángulo desde donde se iba a grabar era muy bajo y la cara no salía oculta entre sus tetas.
-Empezamos por el negro,- era el dildo con una serie de esferas unidas que aumentaban de diámetro según se llegaba a la base, -después el rojo,- el que tenía la forma de la polla del cliente, -y terminamos con el brazo-.
-Jefe, creo que la idea del cliente es usar el negro por el culo. Es el típico para ese sitio-.
-Llevas razón pero el cliente no dijo nada sobre eso, así que usaremos los tres por el coño-.
-El jefe manda, abre más las piernas que empezamos-.
Concha pasó la mano por el coño para abrir un poco y poner lubricante.
-¡Ostias! Está encharcada jefe, no creo que necesitemos por ahora lubricante. La muy puta está que chorrea-. No lo dijo para insultar sino asombrada.
-Lo siento amo, pero son varios días sin orgasmos y estoy muy excitada-.
Concha dejó de tocarla y se incorporó para mirarme.
-¿Ahora le tiene que decir amo? ¿No se está pasando?- Dijo muy seria.
-Eso son cosas nuestras. Sigue Concha que ya había empezado a grabar y he tenido que cortar-.
Me miró un segundo, se volvió a mirar a Sofía muy seria otro par de segundos que estaba muy colorada, sonrió y volvió a tocarle el coño.
-Empiece jefe, vamos al lio-.
Empezó a tocar el coño despacio, acariciando los labios y abriéndolos para descubrir a la cámara lo mojados que estaban. Cuando Sofía no pudo reprimir los gemidos, acercó la máquina y le puso el dildo negro a la entrada.
-Empálate puta-.
Moviendo la cadera y echándose hacia la máquina el dildo entró sin dificultad en el coño entero.
-Bien hecho putita-. Como si fuera un regalo le pellizcó el clítoris haciendo que Sofía gimiera.
Concha apartó las manos y encendió la máquina que comenzó a bombear despacio. Concha jugaba con el regulador de potencia subiéndola y bajándola cuando consideraba que gemía demasiado.
Sofía llevaba varios días sin follar y la perspectiva del vídeo donde podría correrse sin pedir permiso la tenía muy excitada. Las caricias previas de Concha hicieron que estuviera al borde del orgasmo. Con la máquina sin parar veía como agarraba fuerte con las manos las sábanas y como su cara estaba congestionada intentando no correrse tan rápido.
Concha me miró sin saber que hacer, se iba a correr cuando apenas llevaban dos minutos con la máquina y eso podría ser muy poco en el vídeo. Pero el cliente me cayó mal así que me importaba muy poco el vídeo y asentí con la cabeza.
-Córrete puta, lo estás deseando-. Le dijo Concha aumentando el ritmo de la máquina.
Sofía se dejó llevar y las piernas se pusieron rígidas, dejó de gemir pero abrió la boca como si le faltara el aire, las manos se relajaron y entonces soltó un fuerte gemido. Las piernas le temblaron y se quedó lacia resoplando con los ojos cerrados.
-Aún no he terminado contigo puta. Vamos al siguiente-.
Concha sacó el dildo negro junto con otro gemido de Sofía. Apartó un poco la máquina y de nuevo se puso a acariciar el coño que brillaba por los flujos que no paraban de salir. Con una mano le agarraba el clítoris y con la otra se puso a meterle dos dedos.
Sofía como en trance se limitaba a gemir con los ojos aún cerrados ayudando a Concha moviendo un poco sus caderas.
No se demoró mucho cuando apartó sus manos y acercó la máquina con el dildo rojo, el que tenía forma de la polla del cliente, lo puso en la entrada y empujo un poco la máquina hasta meterle el glande. Pequeños y continuos suspiros salían de la boca de Sofía mientras ella movía sus caderas y se echaba hacía atrás para meter ese dildo hasta que estuvo dentro entero. El dildo no era excesivamente grande pero si algo más gordo de lo normal pero con la excitación y la lubricación de Sofía entró sin ningún problema.
Concha encendió la máquina y los gemidos de Sofía se hicieron continuos. De nuevo agarró las sábanas o el colchón para resistir los embiste que le daban. Y Concha como con el otro dildo, se puso a jugar con la regulación de potencia. El coño antes brillante se le veía ya como lleno de una crema blanca que acompañaba la entrada y salida del dildo.
Estuvieron unos cinco minutos con ese juego de poner rápido o lento el ritmo de la máquina hasta que Sofía no pudo de nuevo aguantar y se corrió. No fue tanto como antes, las piernas se pusieron rígidas un segundo para caer sin fuerzas y sus gemidos fueron más altos pero con menos intensidad.
Concha apartó de nuevo la máquina y esta vez a pesar de estar muy mojada le puso lubricante y comenzó como un masaje para irla dilatando. Aunque es verdad que el anterior dildo ya había ayudado.
-No creerías que ibas a descansar, ¿no puta?-
Con la mezcla de excitación y lubricante no tuvo problemas Concha en meter casi la mano entera, pero de ahí no pasaba, la metía un poco y la sacaba abriéndola para dilatarla más.
Cuando consideró que estaba lo suficientemente dilatada, acercó la máquina con el dildo en forma de brazo ya puesto en la posición, lo untó con mucho lubricante y sin decir nada empezó a meterlo.
Sofía gemía entre dolor y placer poniendo a veces sus manos en los muslos como queriendo parar pero sabiendo que no debía hacerlo.
La parte más complicada por su anchura, fue la mano del dildo en forma de puño, entró entera entre los gemidos continuos de Sofía que esta vez no movía las caderas.
Concha volvió a poner más lubricante por todo el dildo, y lo encendió a la mínima potencia.
-Eso te gusta ¿verdad puta? Lo estás disfrutando como una guarra-.
Sofía se movió un poco para acomodarse mejor a esa intrusión y se quedó quieta pero sin parar de gemir.
Concha no movió la potencia durante un rato, pero el dildo iba entrado cada vez más en el coño hasta que ella consideró que no era conveniente meter más. Entonces empezó a subir poco a poco la potencia, y los gemidos de Sofía de dolor fueron siendo sustituidos por los de placer.
Cuando llegó a la potencia máxima, Concha pasó por encima su mano para masajear el clítoris consiguiendo que ya Sofía no estuviera quieta sino que se acompasaba con movimientos de cadera poniendo las manos en los muslos para intentar abrirse más.
-Venga puta, disfruta y córrete para tu amo-.
Esas palabras hicieron efecto, aunque no me gustó que eso quedará en el vídeo de semejante cliente, y Sofía con un grito fuerte se corrió. Esta vez no le temblaron apenas las piernas, quizás no podía pero si se pusieron algo rígidas para pasar a relajarse todo el cuerpo.
Concha rápidamente le sacó el dildo con cuidado dejando a la cámara la visión del coño muy abierto y dilatado. La mezcla de lubricante y flujo le chorreaba como un grifo entre las piernas dejando una ostensible mancha en las sábanas.
Concha se apartó un poco y apagó la máquina. Yo lo hice con la cámara.
-¿Estás bien Sofi?- Le pregunté acercándome a la cama y acariciando la cara.
Con una sonrisa de oreja a oreja pero con un visible cansancio me miró agradecida.
-Muy bien amo. Estoy aún viendo estrellitas-.
La dejé descansar y entre Concha y yo desmontamos los dildos y los llevamos a limpiar.
-Esa máquina es peligrosa jefe. Depende de como se use puede hacer mucho daño-.
-Lo sé, pero yo me limito a hacerlas, la responsabilidad es del que la encarga-.
Estábamos los dos juntos en el baño limpiando cada uno de los dildos.
-Es que estaba pensando que si el dildo negro tiene toda la pinta de ser como los que se usan para anal, igual el animal quiere usar los tres para eso. Y un culo no creo que resista ese brazo, va a destrozar a la chica-.
-O al chico. Pero eso ya no es mi problema. También fabrico látigos y el comprador es el responsable-.
-Esperemos que no sea un sádico. Y cambiando de tema, esto me ha puesto muy caliente, ¿me va a follar el jefe o me tendré que hacer un triste dedo?-
Continúa en
- Relato #251774— title-regex: contiguous parts (7 -> 8)
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El frío congelaba el coche, pero el calor entre ellos estaba a punto de derretirlo todo. Tres colegas, una sola cama, y la promesa de una noche que…
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- Hetero: General
La habitación oscura 7/15
La habitación de al lado no es solo un espacio, es un escenario de placer prohibido. Mientras él la domina, ella escucha, imagina y se excita hasta…
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