Después de esto me gusta ser sumisa Parte 3
Marco no solo la posee; la convierte en mercancía. Esta noche, su cuerpo ya no es suyo: es un juego abierto para cualquier hombre que pase por la plaza. ¿Estás lista para ser usada sin límites?
La tercera salida fue un viernes por la noche, dos semanas después de la segunda. Yo ya estaba nerviosa desde el mediodía. Marco me había dicho que esta vez “iba a prestarme de verdad” y que no habría vuelta atrás. Me hizo depilarme completamente el coño y el culo, y me obligó a llevar un plug anal mediano todo el día para “prepararme”.
Cuando llegó la hora, me vistió con lo más guarro que tenía: un abrigo largo negro que me llegaba casi a los tobillos… y nada debajo. Absolutamente nada. Solo tacones altos rojos y el plug bien metido en el culo. Antes de salir, me escribió con rotulador indeleble en varias partes del cuerpo:
- En las tetas (por dentro del abrigo): “TETAS DE USO LIBRE – APRETAD FUERTE”
- En el vientre, justo encima del coño: “COÑO PÚBLICO – METED LO QUE QUERÁIS”
- En la nalga derecha: “PUTA EN ALQUILER – 1€ LA TOCADA”
- En la frente, con letra más pequeña: “Soy una zorra sin límites”
Me miró satisfecho y me dijo:
—Esta noche no vas a ser mi novia. Vas a ser una puta callejera que se deja usar por cualquiera que yo elija. Si digo “chupa”, chupas. Si digo “abre el culo”, abres el culo. ¿Entendido, perra?
—Sí, amo… —respondí con la voz temblando de miedo y excitación.
Empezamos en la misma zona sórdida de la vez anterior, pero Marco fue más directo.
**Primera experiencia extrema – La plaza pública**
Me llevó a una plaza bastante iluminada donde había grupos de hombres jóvenes y algunos mayores bebiendo y fumando. Me quitó el abrigo por completo y me dejó totalmente desnuda en medio de la plaza, solo con los tacones y el plug en el culo.
—Manos detrás de la cabeza. Piernas abiertas —ordenó en voz alta.
Obedecí. Mis tetas grandes, mi coño depilado y el plug negro brillando quedaban a la vista de todos los que pasaban. Marco gritó para llamar la atención:
—¡Eh! ¡Venid! Mi puta está en oferta esta noche. Podéis tocarle todo lo que queráis. ¡Gratis!
Se acercaron primero cuatro chicos de unos 25 años. En menos de un minuto ya tenía manos por todas partes. Dos me apretaban y pellizcaban las tetas con brutalidad, tirando de los pezones hasta que grité. Otro me metió dos dedos en el coño sin avisar y empezó a follarme con ellos. El cuarto me dio varias cachetadas fuertes en las tetas y en la cara.
—Pídeles que te escupan —me ordenó Marco.
—Por favor… escupidme en las tetas y en la cara… —supliqué.
Empezaron a escupirme. Saliva cayendo sobre mis tetas, resbalando por mi vientre, incluso en mi boca abierta. Uno me metió tres dedos en el coño y otro empezó a girar el plug en mi culo. Me corrí de pie, temblando, mientras la gente que pasaba se detenía a mirar y grabar con los móviles.
**Segunda experiencia extrema – El bar de moteros**
Marco me puso el abrigo solo a medias (abierto por delante) y me llevó a un bar oscuro lleno de moteros y hombres duros. Me sentó en una mesa grande en el centro y me obligó a subirme encima, a cuatro patas.
—Anuncio: esta puta se deja usar. Quien quiera meterle dedos, chupársela o follarla con lo que sea, que lo haga. Pero primero que pague 1 euro y lo tire en su coño.
Varios hombres se acercaron. Uno tras otro metían un euro dentro de mi coño mojado y luego usaban ese mismo agujero. Dedos, dos, tres, cuatro… uno incluso metió el cuello de una botella de cerveza fría dentro de mí y lo movió mientras yo gemía como una loca.
Otro motero, un hombre grande y barbudo de unos 45 años, se bajó los pantalones y me metió la polla directamente en la boca sin preguntar.
—Chúpala, puta —gruñó.
Marco solo sonreía:
—Trágatela entera. Hasta el fondo.
Me folló la boca con fuerza mientras otros me metían dedos en el coño y en el culo (después de sacarme el plug). Me corrí dos veces con la polla en la garganta, ahogándome con mi propia saliva y con semen cuando el motero se corrió dentro de mi boca sin sacarla.
—Traga todo —ordenó Marco.
Tragué delante de todos.
**Tercera experiencia extrema – El callejón final (la más dura)**
Casi a las 4 de la mañana, Marco me llevó al callejón más sucio y oscuro de la zona, donde se juntaban putas y yonquis. Había seis hombres allí: tres moteros, dos tipos mayores y uno bastante joven.
Me hizo arrodillarme en el suelo lleno de mugre, colillas y charcos sospechosos.
—Esta vez vas a ser una puta completa —me dijo—. Abre la boca y el coño. Hoy te van a usar de verdad.
Me pusieron a cuatro patas otra vez. Uno me folló el coño con fuerza, embistiéndome como un animal mientras me daba palmadas en el culo. Otro me metió la polla en la boca y me folló la garganta. Un tercero me sacó el plug y empezó a meterme los dedos en el culo, preparándome.
Marco les dio permiso:
—Podéis correros donde queráis. En la boca, en la cara, dentro del coño o en las tetas. Es vuestra puta esta noche.
Me usaron como un juguete. Me follaron el coño uno tras otro. Me corrí varias veces, gritando y llorando de placer y humillación. Me llenaron la boca de semen y me obligaron a tragarlo. Uno se corrió en mi cara, otro en mis tetas. El último me folló el culo por primera vez en público, despacio pero profundo, mientras yo ladraba como una perra y pedía más.
Cuando terminaron, estaba destrozada: arrodillada en el suelo sucio, el cuerpo lleno de semen, saliva, marcas rojas en las tetas y el culo, el coño y el ano hinchados y chorreando, la cara hecha un desastre con rímel corrido y semen seco.
Marco se agachó, me levantó la cara por el pelo y me besó en la boca sucia.
—Buena puta. Esta noche has sido completamente mía… y de ellos.
Me puso el abrigo encima del cuerpo usado y me llevó al coche. Durante el trayecto solo pude susurrar con voz ronca:
—Gracias, amo… ¿habrá una cuarta salida?
Marco sonrió con esa mirada oscura que tanto me asustaba y excitaba a la vez.
—La cuarta va a ser la peor de todas. Te voy a llevar a un sitio donde no podrás esconderte… y donde te van a usar muchas más personas.
CONTINUARA..
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