El juguetero 9
Sara le ofrece una segunda oportunidad para amar, pero en casa lo esperan dos sumisas que no comparten su misma visión del futuro. ¿Puede el amor convencional coexistir con la sumisión absoluta cuando los celos y el deseo chocan?
Capítulo 9
Acabábamos de probar una máquina entre Concha, Sofía y yo, con el correspondiente vídeo. La máquina llevaba tres dildos, uno compuesto por distintas esferas, otro era la copia de la polla del cliente y el tercero imitaba un brazo, que por cierto usé el mío para el molde.
Sofía estaba en la cama tumbada derrotada sin apenas moverse después de tres orgasmos, uno con cada dildo. Concha y yo limpiábamos los dildos en el baño para que pudiera al día siguiente empaquetar todo y enviar a un cliente bastante grosero pero que pagaba muy bien.
Estábamos comentando lo peligrosa que podía ser esa máquina en manos no experimentadas mientras usábamos un desinfectante especial para los dildos.
-Esperemos que no sea un sádico-. Dijo Concha refiriéndose al cliente. -Y cambiando de tema, esto me ha puesto muy caliente, ¿me va a follar el jefe o me tendré que hacer un triste dedo?-
Llevaba todo el día sin follar salvo la mamada de por la mañana que me hacía todos los días Sofía. Como un joven enamorado nada más que albergaba en la cabeza la segunda cita que había concertado con Sara y el deseo de que se transformara en una relación lo antes posible. Tenía la impaciencia del pretendiente que ansia conseguir ser correspondido.
Pero la grabación del vídeo me había excitado mucho y aunque no tenía la polla dura, si que estaba algo crecida y soltando líquido preseminal.
Miré a Concha con una expresión lasciva. Llevaba un conjunto con muchas transparencias delatando sus enormes pechos con los pezones erectos. Me sonreía de una forma lujuriosa que me encendió.
Le pasé la mano por sus cabellos hasta la nuca, ella quizás pensó que la iba a besar. Pero agarré fuerte y la empujé haciéndola agachar hasta salir del baño y llegar al lado de la mesa del taller.
-Arrodíllate y pónmela dura-.
Ella a pesar de mi gesto rudo no paró de sonreír.
-¿Es así como me va a tratar a partir de ahora jefe?¿Me pondrá un collar y tendré que llamarle amo?-
No tuve necesidad de contestarle. Sin dejar de sonreír y con movimientos muy lentos se arrodilló frente a mi para bajarme la ropa y meterse mi polla en la boca. Se puso dura en poco tiempo y con mi mano en su cabeza empecé a follármela por la boca.
Ella se dejaba hacer pero me di cuenta que no quería otra sumisa, ya que incluso me estaba planteando dejar a Sofía si a Sara le suponía el menor problema. Mi cabeza era un torbellino y me centré en disfrutar, así que tiré del pelo para levantarla y la puse inclinada sobre la mesa. Ella se dejaba hacer sin la más mínima oposición, es más, al apoyarla sobre la mesa me abrió lo que pudo las piernas pasando un brazo bajo ella y abriendo con dos dedos los labios invitando a entrar.
Con un coño y muslos mojados no esperé mucho. Apoyé el glande y al tiempo que yo empujaba ella se movió haciendo que mi polla entrara entera. Acompasamos los movimientos y gimiendo ambos nos dejamos ir por el placer. Notaba que a veces su barriga daba con el borde de la mesa pero no quise parar ni reducir el ritmo viendo que ella no se quejaba.
Justo en el momento en que me vino el primer chorro le di un fuerte azote en el culo y me vacié dentro con fuertes empujones.
-¡Sí jefe!, más duro que ya estoy, un poco más-. Dijo de forma entrecortada por la respiración, y cuando terminé de eyacular se corrió ella empujándome con el culo como queriendo evitar que la polla saliese.
Me aparté viendo como estaba sobre la mesa con las piernas abiertas exponiendo el culo y el coño por donde bajaba mi esperma.
Realmente no era capaz de saber si estaba o no arrepentido. Me daban ganas de darle unos azotes pero me contuve.
-¿Estás bien Concha?-
-Ufff jefe, ¿es así como se folla a la sumisa?-
-¿Te hice daño?-
-No, al revés. Ha sido un polvo genial. Si tengo que ponerme un collar para recibir estos polvos firmo ahora-. Desde su posición que aún no había cambiado giró la cabeza para sonreír.
Ya era lo que me faltaba, si tengo dudas de tener a una sumisa, se me presenta una segunda.
-Déjate de bromas. Anda vamos a terminar de limpiar los dildos que tengo una cena-.
Le di un azote cariñoso en el culo y fuimos a terminar de limpiar. Ella se vistió y se marchó con una cara de felicidad moviendo todo lo que podía el culo al andar.
A Sofía tuve que llevarla en brazos pese a sus protestas al baño y ducharla sentada. Las piernas no le sujetaban apenas. Le puse una cena temprano en sus habitaciones para que se acostara después.
Llegué al restaurante donde había quedado con Sara a la hora en punto y ella ya me estaba esperando. La cena fue muy agradable con muchas risas y después nos tomamos una copa en el mismo sitio.
Había algo que me rondaba y me lancé a preguntar arriesgándome.
-Me gustaría hacerte una pregunta muy personal pero es que estoy muy intrigado-.
-Uyy, ¿son de esas que me pondrán la cara colorada?- Dijo riendo.
-Pues es más comprometida. Verás, eres guapa y muy atractiva, eso se ve claramente-.
-Muchas gracias, y te devuelvo el cumplido-.
-¿Como es que no tienes pareja?-
-Vaya, no es de las de ponerse colorada. Es de las serias-.
-Perdona si te he molestado-.
-En absoluto. Tuve una pareja durante veinte años, desde la universidad. Incluso alguna vez se habló de matrimonio. Pero ocurrió una cosa que no te contaré y la relación se acabó. Llevo cuatro años sin pareja estable. Y ahora me toca a mi con la misma pregunta-.
-Pues es la misma historia, tenía una relación que se terminó, aunque yo si te puedo contar que se acabó por que estábamos aburridos el uno del otro. Se terminó el amor y lo dejamos sin enfados ni dramas. De eso hace un año escaso-.
-¿Y Sofía es ahora tu pareja o sólo tu sumisa?-
-Vaya, es una pregunta que no esperaba. Pero no me da miedo responderla no como otras que se esconden cosas-. Dije riendo con miedo a ofenderla pero no cambió su cara. -No es mi pareja, es solo mi sumisa. Nos divertimos juntos y hace el trabajo de los vídeos, pero no es mi pareja-.
Asintió con la cabeza en silencio.
-De todas formas Sally, -he de reconocer que me costó llamarla así, -si esa relación te molesta puedo terminarla-. Frase típica que se dice sin pensar para congraciarse con la otra persona.
-No, claro que no me molesta. En eso soy muy abierta, además tú y yo aún no somos nada, ¿no?-
-¿Has dicho “aún”? Eso me da muchas esperanzas-. Le dije riéndome y muy nervioso.
-Jajaja, eres un pillo. ¿Que te parece quedar el viernes a comer?-
-Estupendo, ya lo estoy deseando-.
-Tengo que hacer un viaje de trabajo el fin de semana-.
Eso borró mi fantasía de pasar el fin de semana con ella.
-Voy en mi coche y paso en esta dirección. Puedo pasar por tu casa a comer y después continuar el viaje-.
-Hecho. Preparo algo ligerito ya que tienes que conducir-.
Poco más dijimos antes de despedirnos. Yo estaba muy contento, esa chica me gustaba mucho y no era por el físico que estaba estupenda, sino que congeniaba mucho con ella, sobre todo con su humor. Se me abrió de nuevo la puerta del amor y me sentía muy extraño a mi edad ver como reaccionaba con esa puerta abierta. Da igual los años que uno tenga, el estar andando sobre la nube y la sonrisa bobalicona es la misma.
Me alegró mucho lo que dijo de ser abierta y que no le importaba lo de Sofía. Es como si hubiera aparecido la pareja perfecta para mi.
Llegué a casa contento y me apeteció follar, es la suerte de tener a una sumisa que la puedes usar cuando te apetece, pensé.
La casa estaba toda oscura y dudé si entrar en las habitaciones de Sofía. Me quedé en el primer escalón sin saber si subir o no. Estaba excitado pero no sabía si la sumisión de Sofía incluía el estar disponible en todo momento, o si era correcto entrar en sus habitaciones privadas.
Al final mi polla decidió y me dirigí a las habitaciones de Sofía. Entré en el salón y enseguida se encendió la luz de su dormitorio que tenía la puerta abierta. Me asomé y estaba levantándose de la cama desnuda.
-Buenas noches amo, ¿me necesita para algo?-
-¿Como tienes el coño?-
-Está un poco irritado pero ya bajó la dilatación. Si quiere puede usarlo amo-.
-Enséñame-.
Se tumbó en la cama y abrió las piernas. Un coño que suele ser marroncito como el resto de su piel, estaba bastante rojo. Es verdad que se le veía ya cerrado pero me disgustó verlo tan dolorido así que no quise usarlo por no dañarlo. Cambié el plan.
-Chúpamela y ensalívala bien que voy a usar tu culo-.
-Sí amo-. Sonriendo saltó de la cama, me bajó la ropa y se puso a chupar.
-Ya está dura puta, ponte a cuatro patas en la cama y abre bien el culo-.
Se puso en el borde la cama abriendo las piernas.
Puse el glande en el agujero y empujé. Costó que entrara mientras ella soltaba ayes. Con el glande dentro fui empujando hasta tenerla metida dentro entera y bombeé una sola vez. No me gustó, la saliva por mucho que digan que vale para estas cosas no es así, la saqué.
-No me gusta así. Ve a buscar lubricante puta-.
-Tengo aquí mi amo-.
Abrió el cajón de su mesilla y sacó un tarro de vaselina.
-¿Cómo es que tienes eso? Sabes que no puedes tocarte-.
-Lo sé amo, pero pensé en tener un tarro aquí, en el despacho y otro en el salón de su casa por si desea usarme no tener que buscar lejos-. Me sonrió, abrió el tarro y me lo ofreció.
-No quiero mancharme, ponte tú lo que necesites en el agujero… puta-. Me había acostumbrado a llamarla puta pero a veces se me olvidaba.
Se puso y extendió metiendo un par de dedos sin dificultad. Cerró el tarro y se colocó de nuevo en la posición mostrándome el culo bien abierto y brillando por la vaselina.
Apoyé el glande y esta vez al empujar entró hasta el final junto a una exhalación de ella.
Agarré su cintura y empecé a bombear. Era delicioso notar como mi polla entraba y era aprisionada por su culo.
Pero le faltaba la técnica de Concha, tendría que decirle que la enseñara. Concha lograba apretar el esfínter cuando entras y relajarlo cuando sales, y esa combinación es muy placentera, mucho.
Solté su cintura para echarme sobre su espalda sin parar de embestir y le agarré las tetas amasando con fuerza. Sus gemidos subían en intensidad.
-¿Amo me puedo correr?-
-No. Y aprieta bien el culo puta-.
Apretó y yo lo hice con sus pezones. De pronto me vino a la cabeza la imagen de Sara sentada en frente mirando y me desboqué.
-Aprieta fuerte sucia puta-.
Y con esa imagen me corrí, fueron cuatro o cinco chorros con los que la llené. Le solté los pezones y me giré para sentarme en la cama. Recuperaba el aliento mientras poco a poco se desvanecía la visión de Sara mirando frente a los dos.
-Amo ¿Quiere que se la limpie?-
-Hazlo puta-.
Fue con la boca abierta derecha a meterse la polla y la paré.
-Antes pasa un pañuelo o algo, no me agrada saber que estás chupando vaselina-.
-Sí amo-. Se levantó y del cajón de la mesilla trajo un pañuelo de papel. Con mimo me limpió la polla para después sin escrúpulos meterla en la boca y lamerla entera.
-Bueno, deja ya de chupar puta. Vamos a dormir que mañana hay trabajo. Además voy a empezar a hacerte una jaula como la otra para poder tenerte en mi dormitorio-.
-Gracias mi amo. Me gusta mucho la idea, gracias por tener esos detalles conmigo-.
La dejé en su habitación sinceramente contenta con la perspectiva de la jaula. Por mi parte me había precipitado, me veía ya con Sara compartiendo cama y con Sofía en la jaula a los pies. Bonita imagen me dije, pero aún no sabía como iba a acabar lo mio con Sara.
El resto de la semana se me pasó volando. El viernes por la mañana después de la mamada de Sofía me fui al mercado para comprar la comida. Lo hice con cierta aprensión por dejar a Concha y Sofía solas, pero desde el vídeo de la máquina me pareció que Concha estaría más calmada.
Pensé en hacer un gazpacho, una ensalada y pasta con crema de aguacates. Así que compré todo lo necesario y regresé a casa.
Mi sorpresa fue al entrar al taller y pasar por delante del despacho donde oía ruidos extraños.
-Dame más fuerte niña que apenas lo siento-. Era la voz de Concha.
Estaba desnuda de cintura para abajo inclinada sobre la mesa mientras Sofía le azotaba con la pala.
-¿Que es esto?- dije soltado las bolsas de la compra.
-Amo lo siento-. Sofía soltó la pala y se vino a arrodillarse a mis pies.
Concha se levantó y buscó sus pantalones para ponérselos.
-No se enfade jefe. He bajado para pedirle a la sumisa que me azotara-.
-¿Cómo que te azotara?-
-Le pregunté y me ha dicho que le gusta mucho, así que quería probar. Y la verdad es que da gustito pero la niña lo hacía muy flojo-.
Me puse serio sólo para aparentar el control, pero la verdad es que por dentro estaba riéndome.
-Concha, coge las bolsas y sube a casa que ahora hablamos. Sofía, te quiero ya inclinada sobre la mesa con el culo al aire-.
-No se enfade jefe, sólo estábamos jugando un poco-. Concha cogió las bolsas y se fue arriba.
-Eres mi sumisa Sofía-. Cogí la pala y me acerqué a ella. -No tienes que hacer lo que te diga ella sino lo que yo te mande-. Y le di un azote fuerte.
-Sí amo, lo siento-.
-Te voy a dar unos azotes, los numerarás y dirás: “lo siento amo”-.
Y comencé a azotarla.
-Uno. Lo siento amo-.
-Dos. Lo siento amo-.
Estuve un rato hasta llegar al veinte.
-Veinte. Lo siento amo-.
-Bien. Continúa con tu trabajo. Se me ha olvidado decirte que hoy viene Sara, la programadora a comer. Le diré a Concha que cuando haga la comida te la baje, comerás en tus habitaciones-.
-Sí amo-. Puso carita triste y se sentó al ordenador.
Cogí la pala y subí a la casa. En las escaleras me estaba planteando mi situación, o mejor, nuestra situación, la de Sofía y la mía. Era mi sumisa y eso me encantaba pero quizás había algo más que un afecto. Haberla dejado en el ordenador con esa cara me llevaba a pensar que si Sara me hubiera dicho que no quería a Sofía en mi vida no sé que hubiera hecho.
Aparté esos pensamientos ya que con Sara aún no hay ningún tipo de relación.
Entré en la cocina donde Concha estaba guardando lo que había comprado en la nevera.
-¿Se ha vuelto vegetariano jefe?- Ni se volvió a mirarme y siguió guardando las verduras.
Dejé la pala en la mesa.
-Hoy tengo una comida con una amiga. Cuando termines la comida que tienes pensada se la bajas a las habitaciones de Sofía, ella comerá allí-.
Cerró el frigorífico y se volvió seria mirándome a la cara.
-¿Es una amiguita, una sumisa más o es otra cosa?-
-Creo que eso no es de tu incumbencia. Pero es simplemente una amiga, aunque la verdad es que espero que sea algo más-.
-Eso no es buena idea jefe. ¿Es que no tiene suficiente con nosotras dos?-
-¿Son celos?-
-No son celos, pero si acaba con esa nueva me veo sin mis polvos de la semana. Además, ¿consentirá ella a Sofía?-
-Lo sabe y no le importa-.
-¿Le ha hablado también de mi?-
-No, pero tampoco creo que haya ningún problema-.
-Se vendrá a vivir aquí o se mudará usted-.
-No te adelantes Concha. Todavía no hay ninguna relación. Y ahora apóyate en la encimera y saca el culo-.
Sonrió lasciva pero justo antes de volverse vio la pala sobre la mesa.
-¿Me vas a azotar?-
-Has dicho que querías probarlo, pues este es buen momento-.
Se bajó el pantalón hasta los tobillos, y después las bragas a las rodillas sin dejar de sonreir.
-El jefe va a castigar a la criadita mala-. Dijo moviendo el culo.
Se giró apoyándose en la encimera y sacó el culo hacia fuera abriendo las piernas.
-Jefe, recuerde que soy novata en esto, no me de muy fuerte-.
-Eso lo decidiré yo, si quieres probar es con todas las consecuencias-.
Le di el primer azote, fuerte pero como se los suelo dar a Sofía.
-¡Ay!, es muy fuerte jefe-. Se acarició la nalga pero no se movió de su posición.
-Los azotes son así, el resto son caricias. Aparta la mano y no vuelvas a tocarte hasta que termine-.
Apartó sus manos y giró la cabeza para mirarme.
-El jefe es muy malo con su pobre criada. ¡Ay!-
Otro azote pero esta vez no movió las manos.
Le di unos cuatro o cinco azotes. Paré y le pasé la mano entre las piernas acariciando sus labios.
-Eso ya me gusta más jefe-.
No estaba muy mojada pero tampoco seca.
Continué con los azotes hasta llegar a quince sin que ella dejara de quejarse pero sin moverse.
De nuevo pasé mi mano pero esta vez profundicé hasta meter un dedo.
-Hum, eso es mejor que la pala jefe-.
Estaba algo más mojada y se movía buscando que la tocara más.
-¿Donde prefieres que la meta guarra?-
-Todavía queda mantequilla-. Se pasó las manos por dentro de la camiseta buscando el sujetador para soltarlo.
Saqué la mantequilla de la nevera y al volverme estaba con la camiseta casi remangada en el cuello. Sus tetas colgando por estar inclinada y las piernas todo lo abiertas que le dejaba el pantalón. Con sus manos se abrió las nalgas y suspiró cuando se la extendía en el agujero del culo.
-Eres muy zorra-.
-Sí jefe, la más guarrona del pueblo-.
Puse la polla justo en el agujero sin apretar, y no tardó ni dos segundos en echar ella el culo hacía afuera para que entrara entera.
-Ah, así jefe, dele por el culo a la puta-.
-Te gusta que te folle el culo ¿verdad zorra?-
-Usted me ha pervertido jefe. Ah. Desde la vez que me enculó no quiero otra cosa-.
Empecé a bombear sin prisa. Mis manos pasaron de la cintura a agarrar las tetas y tirar de ellas.
-¡Ah!, es su polla la que me enciende. Les he cobrado a otros menos a cambio de que me den por el culo pero no es lo mismo. Ah que bueno. Es su polla la que quiero dentro de mi culo-.
Estuve un rato tirando de sus pezones y amasando las tetas. Cuando noté que me llegaba el orgasmo la agarré por la cintura y empujé más rápido hasta que me corrí con un fuerte gemido.
Ella no había parado de gemir de placer y al sentir mi corrida se llevó la mano al clítoris y en dos pellizcos se corrió dejándose caer sobre la encimera aplastando sus tetas.
Me senté en una silla con la polla pringosa goteando y me fijé en el reloj. Quedaban aún dos horas para que llegara Sara y la comida se preparaba en poco tiempo pero ya me dieron los nervios. Me levanté para ir al baño a lavarme la polla.
Concha se incorporó y me miró.
-No frote mucho jefe, que la sumisa pueda paladear una polla a la mantequilla, jajaja-.
Se levantó para seguirme poniendo su mano en el culo para evitar que le chorreara.
-Ni se te ocurra Concha. Te esperas a que yo termine para entrar en el baño-.
-Coño jefe, que se me escurre por las piernas y es muy pegajoso-.
-Pues te esperas y después si quieres te duchas, pero no me apetece escuchar los pedos que sueltas-.
-Es que es la única forma de sacarlo todo, apretando. Es un melindre jefe-.
Y se quedó en la puerta mientras yo me limpiaba la polla en el bidet. Su mano seguía en el culo intentando que no se le escapara nada por los muslos aunque ya era tarde, se le veía hasta los tobillos.
Lo que dijo Concha me hizo recapacitar y me sequé la polla y salí del baño dejando que ella entrara. Bajé al taller y entré en el despacho donde estaba en el ordenador Sofía.
-Límpiame bien la polla puta-.
Y con cara contenta se arrodilló para bajarme los pantalones y sacar la polla. Se la metió entera en la boca fláccida como estaba. Le dio un par de lametones con la lengua y la sacó.
-¿El amo otra vez se ha follado a Concha con mantequilla?- Dijo sonriendo y volviendo a meterla en la boca.
-Parece que esa puta se ha aficionado a la mantequilla. Limpia a fondo que no quede rastro-.
Acababa de darle por el culo a Concha y no creía que se me pusiese dura. Pero no contaba con la lengua y la pericia de Sofía. Fue pasando la punta de su lengua por cada pliegue de mi polla agarrándola con los dedos para meterla entera y chupar con ansia. De nuevo la sacaba y pasaba la lengua, así hasta que logró que de nuevo se me levantara.
-No quiero una mamada puta, sólo que la limpies-. Dije sin mucha convicción.
-Aún sabe a mantequilla amo-.
Y con la polla dura siguió y siguió hasta que la agarré de la cabeza para dirigir el ritmo. Ella puso sus brazos en la espalda y dejó que me la follara por la boca hasta que me corrí. No fue mucho pero noté como lo tragaba y pasaba la lengua por el glande para dejarla limpia.
-Bien hecho puta-. Dije suspirando de placer.
-Gracias amo, siempre a su servicio-.
Ella misma me puso los calzoncillos y los pantalones.
-Cuando termines con el ordenador ve empaquetando la máquina y los dildos. Si me da tiempo quiero enviarlos esta misma tarde-.
Faltaba como media hora para que llegara Sara y me fui a preparar la comida. Me encontré a Concha que estaba sacando brillo a una encimera muy limpia.
-¿Que haces? Tu jornada terminó hace una hora. Pensé que te habías marchado-.
-Es que se me ha hecho algo tarde jefe. Pero no se preocupe que no le cobraré horas extra-. Me dijo riéndose.
-Me da que estás de cotilla. Anda bájale la comida a Sofía y te marchas-.
-Encima de que me quedo a limpiar gratis más tiempo me echa, jefe gruñón-.
Cogió la cacerola y bajó. Pero estaba seguro que al salir del taller se quedaría en alguna esquina a esperar para ver quien era la chica que venía a comer conmigo.
Sara llegó un poco tarde de la hora y muy nerviosa por el tráfico que se encontraría hasta su destino. Me explicó que a veces le tocan esos viajes, son locales que durante la semana cierran y sólo abren los fines de semana. Era un local de ocio, que se llaman ahora, que estaban cambiando el sistema de las cajas y los pedidos y el sábado lo ponían en marcha. La empresa la manda por si hay algún problema poder solucionarlo rápido y para enseñar a los camareros el nuevo sistema.
La comida fue rápida y a los dos nos apenó que tuviera que irse. Definitivamente me lo pasaba muy bien con ella.
Quedamos en vernos de nuevo a comer el domingo a su regreso en mi casa. Y esta vez al despedirnos nos dimos un beso en los labios, fue un beso rápido pero los dos nos quedamos mirándonos a los ojos unos segundos antes de que se fuera.
Me quedé como vacío así que me puse a trabajar. Me encontré con la máquina ya empaquetada sobre la mesa del taller, con las etiquetas puestas y lista. Así que la recogí y me fui a correos a enviarla.
A mi regreso sin saber que hacer vi el material que había comprado para hacer la jaula de Sofía y me puse con eso. Cuando llevaba un rato mi cabeza pasó de Sara a Sofía. Me venían imágenes de ella metida en la jaula que estaba haciendo. Y como si hubiera una conexión apareció en el taller desnuda, salvo su collar.
-¿Que haces desnuda puta?-
-Es viernes y llevamos cerrados hace una hora, ya es fin de semana y mi amo me dijo que estuviera desnuda los fines de semana-.
-Ven aquí zorra-.
La agarré del pelo y con la otra mano le di varios azotes.
-Vamos a tu dormitorio puta. Pero me sigues a cuatro patas-.
Se puso a cuatro patas y me siguió. Me hubiera gustado tener una correa. Sólo le hice el collar pero la correa no.
De nuevo agarrándola del pelo la tumbé boca arriba en la cama. Le abrí las piernas y me coloqué entre ellas ya desnudo. Agarré sus pezones y le daba tirones mientras ella gemía y cerraba sus ojos.
Mi polla muy dura pasaba entre sus labios según me movía hasta que ella con un leve movimiento de cadera se la metió.
Me miró asustada pensando que había hecho algo malo. Agarré sus tobillos y le levanté las piernas hasta ponerlas en mis hombros. Me incliné sobre ella apoyando mis brazos en sus costados y comencé a empujar. Nos mirábamos a los ojos y yo la metía y la sacaba.
No llevábamos mucho tiempo cuando me sujetó los brazos sin fuerza.
-¿Amo me deja correrme por favor?-
-No puedes puta. Te necesito caliente para los vídeos-.
-Es viernes amo, no hay vídeos hasta el lunes. Por favor amo, no puedo aguantar-.
-Es verdad puta. Puedes correrte lo que quieras-.
Creo que no llegué a terminar la frase cuando se corrió temblando y casi aullando. Sus manos ahora se cerraron en torno a mis brazos con fuerza.
Yo seguía metiendo y sacando y cuando aflojó sus manos sobre mis brazos los llevé a levantar más sus piernas y poder entrar más profundo. Veía de forma hipnótica como se movían sus tetas en mis embestidas. Con su orgasmo se había contraído su coño y parecía no querer relajarse lo que me estaba produciendo un placer infinito.
No pude soportar más y con una serie de empujones fuertes y aullidos me corrí en el coño para soltar sus piernas y de forma más suave seguir follando para acabar el orgasmo. Y ella con los ojos abiertos fijos en mi se corrió de nuevo gimiendo y temblando.
Me eché sobre ella, sintiendo sus pezones duros en mi pecho y quise rodar para tumbarme en la cama hasta descansar del polvo. Pero me sujetó con los brazos.
-No se mueva amo. Quiero sentirlo sobre mi. Soy suya y puede usarme como colchón, me gusta tenerle encima y sentir su peso-.
Pasado el placer del orgasmo, y entre la respiración que poco a poco se normalizaba me dio la risa.
-¿Me estás llamando gordo?-
Ella se contagió de mi risa y me acompañó también.
-No amo. Me gusta sentirlo sobre mi. Que aplaste lo que es suyo pero sobre todo notar su corazón sobre el mio-.
Hubo un tenso silencio que acabó con nuestras risas.
-No vayamos a ponernos sentimentales puta-.
-No amo. Perdón-.
Me quedé un rato sobre ella notando desde que lo dijo como bombeaba su corazón.
Rodé y me quedé en la cama algo incómodo ya que es más pequeña que la mía pero con la intención de descansar antes de irme a la mía. Eso no sucedió, me quedé dormido como un tronco.
Me desperté confundido al no reconocer mi dormitorio. Me levanté, me vestí y salí al saloncito/cocina de Sofía. Olía a café y a tostadas y mi boca se puso a salivar.
-¡No! amo. Iba a llevarle el desayuno a la cama. ¿Le he despertado yo?-
-No Sofi, no me has despertado. Pero ya que lo estoy dame un café que huele estupendo-.
-¿Quiere tostadas con mantequilla o con aceite?-
-Con mantequilla que el olor me ha despertado también el apetito-.
Me sirvió una taza de café y se puso a preparar las tostadas desnuda salvo con su collar.
-¿Has desayunado?-
-Sí amo. Estaba esperándole para servirle en la cama-.
-Para otra vez, no me gusta desayunar en la cama. Tiene uno que estar más pendiente de no tirar nada que de lo que come-.
-Lo siento amo, no lo sabía-. Me puso un plato con dos tostadas con la cara compungida.
-No te preocupes, no me enfado por estas cosas. Anda ponte a mi lado de rodillas-.
Al tiempo que desayunaba le pasaba la mano por la cabeza acariciándola. En una de esas la cabeza desapareció y noté como me estaba besando los pies descalzos. La dejé hacerlo complacido.
-Ayer recordé que no tienes correa-. Dije al terminar de desayunar y levantado.
-Sígueme a cuatro patas al taller. Mientras voy a comprar algo para la comida del domingo, busca una tira de cuero que te guste para la parte que se agarra con la mano y unas cadenas. Cuando vuelva nos ponemos a hacerte tu correa-.
-Sí amo-.
-Y por cierto, el domingo de nuevo volverá Sara a comer, te prepararás algo y te quedarás en tus habitaciones-.
-Sí amo-.
Regresé de comprar y estaba ella en el taller ocupada con su correa. Llevaba el pelo mojado que aún le goteaba resbalando por la espalda. El pelo de Sofía es negro, muy negro y largo, casi le llega a las nalgas.
Subí a casa y guardé todo antes de volver a bajar al taller para hacer la correa. La parte de cuero ya estaba lista y ella trabajaba en el enganche de la cadena. Me fijé que en el cuero había grabado “puta” todo en mayúsculas y de color plateado.
-Te he enseñado bien, ya tienes la correa casi lista-.
-Sí amo, me falta unir la cadena al cuero-.
Paró su trabajo y me miró con algo de miedo.
-¿Puedo preguntarle algo amo?-
-Claro, pregunta, no necesitas pedir permiso para eso-.
-Si la señorita Sara es su pareja, ¿que pasará conmigo?-
-¿Quieres marcharte Sofi?-
-¿Me lo está pidiendo?-
-No, sólo es una pregunta-.
-¡No!, claro que no amo. Pero si son pareja, creo que es lógico que yo deje de ser su esclava-.
-No eres esclava, eres sumisa. Pero con Sara no hay todavía nada, y si te soy sincero me gustaría tener una relación con ella. Sabe de tu condición de sumisa por el collar pero no me ha dicho nada de que te vayas-.
-¿Y si se lo pide me echará de su lado? Amo, yo...es decir, no sé como explicarlo. Soy su sumisa y reconozco que tengo celos cada vez que se folla a Concha, o cada vez que queda con Sara. Pero si es lo que usted desea, está bien, lo acepto como parte de lo que soy para usted, sé que para usted soy una simple sumisa y lo acepto-.
Su comentario me dejó sin palabras, no sabía que decir, así que la dejé continuar.
-He estado pensando que bajo mi condición es posible que usted tenga otras relaciones, y bueno puede que… mmm-.
-Puede que qué. Anda termina lo que estás diciendo puta-. Dije seguro de mi, aunque por dentro estaba intrigado y hasta asombrado por lo que me tenía que decir.
-Bueno, es que me da pena decirlo, pero cuando sé que se ha follado a Concha, la humillación que siento me excita y tal vez sienta lo mismo si está con otras. Pero también tengo que admitir que tengo mucho miedo a que me eche porque ya no me quiera porque Sara no me quiera-.
A pesar de haber bajado la cabeza me pareció verle brillar los ojos con lágrimas que procuraba contener, además de que su voz ya delataba el llanto a punto de salir.
No le di una respuesta en el momento. Mis pensamientos se fueron a intentar decidir cuanto la quería, si me hubiese fijado en ella si no fuese sumisa, o si hubiese tenido una relación con ella que no incluyera el sometimiento. Y la verdad es que no llegué a ningún resultado, no lo tenía claro. Reconozco que lo de Sara fue como un flechazo y me gustaría mucho que fuésemos pareja, pero por otro lado quería mucho a Sofía y no creo que pudiese aceptar una relación con Sara donde no aceptara que estuviera incluida Sofía. ¿Se puede amar a dos personas? Aunque me gustaría responder que sí, aún no lo tengo claro.
-Recuerda una cosa Sofi, una relación de sumisión empieza cuando la sumisa lo desea, y termina cuando la sumisa lo desea. Por mi parte no tengo intención de dejarte ni que Sara decida sobre este tema. Pero debes tener claro que si Sara finalmente es mi pareja, de alguna forma serás también su sumisa. ¿Lo aceptarías?-
-Yo haré lo que mi amo me diga. Yo ya soy suya y no me importa con quien tenga que estar siempre que sea suya amo-. Levantó la cabeza sonriendo un poco.
-Bien, pues ponte inclinada sobre la mesa que te voy a dar unos azotes por ser tan buena sumisa-. Le dije sonriendo y buscando la pala.
-Sí amo, soy suya y espero que sea para siempre-.
Le di el primer azote, y el segundo muy espaciado. Entonces creo que lo entendió.
-Amo, ¿debo decir algo o numerarlos?-
-Pues claro puta tonta, debes numerarlos y decir “soy suya amo”-.
Cayó un azote.
-Uno. Soy suya amo-. Otro azote.
-Dos. Soy suya amo-. Otro azote.
-Tres. Soy suya amo-.
Continué hasta veinte.
-Veinte. Soy suya amo-.
-Abre un poco las piernas puta-.
Se abrió y sin decirle yo nada llevó sus manos a las nalgas para abrirlas y dejarme bien expuestos sus dos agujeros.
Saqué mi escondida polla que estaba dura desde el azote ocho o nueve. Me había dejado una bonita mancha en el calzoncillo de líquido preseminal. Y mojado el glande se lo pasé por el coño mojándome más aún.
Metí un poco y al sentirme dentro empujé de un solo embiste hasta los huevos. Los dos gemimos. Llevé mis manos a sus tetas y mientras las amasaba empecé a follarla con ganas. Ella no paraba de gemir y al poco se puso a arañar la mesa.
-Amo, ¿me puedo correr? Por favor-.
Tan sólo llevábamos un par de minutos follando, quizás los azotes le excitan más de lo que yo creía.
-Puedes puta-.
Gritó un par de veces y cayó tumbada en la mesa, tuve que soltarle las tetas y pasar mis manos a la cintura, yo no había acabado. Así que la agarré fuerte y empecé a empujar con furia para intentar correrme rápido.
Con el primer chorro de mi corrida se volvió a correr ella. Su coño palpitaba y se contraía mientras yo le soltaba la leche ya más tranquilo.
-La segunda vez que te has corrido no has pedido permiso puta-.
Con voz cansada, -lo siento amo, no pude contenerme-.
-Descansaremos y te castigaré por esa falta-.
-Sí amo. Lo siento de veras-.
Continúa en
- Relato #251895— title-regex: contiguous parts (8 -> 9)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Vacaciones en la playa con mi novio
La habitación 302 es la suya, la 301 es la de él. Él duerme a su lado, ajeno a que ella está a punto de cruzar un límite del que no habrá retorno.
Comparte:Dominacion masculinaBdsm suaveRelacion jefe subordinada
- Hetero: General
El albañil me coge mejor que mi novio (1)
Siempre me sentí distinta. Y esta noche, mientras camino sola bajo la luz de la luna, el miedo y el deseo se mezclan en un solo impulso: cruzar la…
Comparte:Bdsm suaveDominacion masculinaRelacion jefe subordinada
- Sexo con maduras
Entregada: al inquilino – 2º parte
Mientras su marido duerme plácidamente arriba, ella baja a la cocina sabiendo que la espera no es para la cena.
Comparte:Bdsm suaveDominacion masculinaTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
LA CENA DEL IDIOTA. Resaca de sexo
Dani creía que la noche anterior fue un error solitario, pero la verdad es un juego de tres. Mientras él sufría esposado, ella actuaba.
Comparte:Trio mfmDominacion masculinaBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
La infidelidad de Cristina en nochevieja
La fiesta se vacía, el alcohol corre y la línea entre la responsabilidad y el deseo se difumina.
Comparte:Bdsm suaveTrio mfmDominacion masculina
- Hetero: Infidelidad
Y sigo trabajando
El asco y el deseo se mezclan en su mente cada vez que Don Andrés la toca. Intenta mantener su dignidad y su matrimonio, pero la oficina vacía y la…
Comparte:Dominacion masculinaRelacion jefe subordinadaBdsm suave