El juguetero 10
Sara siempre imaginó que su relación sería convencional, hasta que descubrió que el verdadero placer reside en la sumisión ajena. Ahora, bajo el techo del taller, debe aprender a gobernar a quien antes solo obedecía a otro, mientras el deseo se vuelve un juego de tres.
Capítulo 10
Acababa de follarme a Sofía en el taller antes de almorzar el sábado. Ella se corrió dos veces, pidió permiso la primera vez pero la segunda no.
-La segunda vez que te has corrido no has pedido permiso puta-.
Con voz cansada, -lo siento amo, no pude contenerme-.
-Descansaremos y te castigaré por esa falta-.
-Sí amo. Lo siento de veras-.
La dejé sobre la mesa y me senté en la silla mirando la cadena que ella había hecho para su collar, sólo le faltaba poner el enganche. Me levanté ya recuperado y busqué un enganche para ponerlo. Sofía fue a levantarse de la mesa.
-No, quédate como estás. O mejor, súbete a la mesa y quédate boca arriba tumbada-.
Terminé en unos minutos la correa. Busqué entre las muestras una pala estrecha, la llevé a la máquina de grabar y al igual que en la correa, le puse en plata la palabra “puta”. Aproveché e hice lo mismo en la pala que usamos para los azotes.
-Tus juguetes ya están marcados para que no se confundan. Ahora abre bien las piernas, voy a probar esta pala estrecha para darte el castigo por correrte sin permiso-.
Tumbada en la mesa se abrió las piernas agarrándolas con las manos.
-No se te ocurra cerrar las piernas o volveré a empezar-.
Le di un azote suave directamente en el coño. Otro un poco más fuerte, y así fui subiendo la intensidad hasta ver que hacía esfuerzos por no cerrar las piernas.
Sabiendo ya la intensidad, comencé a darle azotes en el coño con la pala. Se movía y soltaba ayes junto con lloro falso, pero las piernas no las cerraba.
Cuando iba por quince azotes la pala estaba mojada, pero era por mi propio semen del polvo anterior. Cogí un pañuelo y le limpié a fondo el coño. Le acerqué la pala a la boca.
-Limpia la pala de mi leche puta-.
Lamió hasta dejarla bien limpia, entonces reanudé los azotes.
De nuevo cuando llegamos al azote quince la pala estaba mojada. Pero esta vez no era de leche, eran sus flujos que no paraba de chorrear.
-Eres muy puta, te excita que te azote el coño-.
-Sí amo, lo siento, soy muy puta-.
Le di hasta treinta azotes con la pala en el coño y los chorros la caían entre las nalgas.
Paré y dejé la pala sobre la mesa.
-Amo, ¿puedo correrme?¿Me deja que me toque hasta correrme?-
-No, es la hora de comer-.
-Amo por favor, estoy muy caliente. Sólo será un minuto, seguro que me toco y me corro. Por favor amo-.
-No. Te he dado un castigo no un premio. Levanta y va a limpiarte esos chorretones de guarra que tienes. Te espero arriba para comer-.
Los días anteriores, con mi cabeza pensando en Sara no estuve muy activo sexualmente, ni con Concha ni con Sofía. Pero una vez que llegué a la conclusión que por mucho que me lo pidiera Sara, Sofía no se iría, de nuevo me volvió la libido. Aún no sabía que ocurriría con Concha si Sara acababa siendo mi pareja pero simplemente pensé que me estaba adelantando. Había mucha conexión con Sara, y creo que por ambas partes pero salvo un fugaz beso, no había nada más.
El caso es que el resto del sábado y el domingo por la mañana estuve jugando con Sofía todo el rato. La azoté varias veces, me la mamó, me la follé, incluso esa noche la dejé dormir en mi cama. Y con su cadena terminada me daba mucho morbo verla desnuda con la cadena siempre puesta por si necesito tirar de ella.
Sara llegó a comer bastante tarde por el dichoso tráfico. Me estuvo contando sus problemas del trabajo con bastante humor, y que cuando le tocaba trabajar un sábado y fuera de la ciudad le daban tres días libres, es decir, que hasta el jueves no trabajaba.
-Bueno, es lo normal, ya que te han quitado un fin de semana que al menos lo recuperes-. Le dije.
-El caso es que he estado pensando en el viaje una locura, igual me lanzo demasiado pronto. Bueno, no sé, ahora me da vergüenza quizás te lo diga otro día-.
-No, no, eso no es justo. Lanzas la piedra y ahora escondes la mano. Me dejas con una intriga difícil de soportar, no es justo-.
-Bueno va, ¿que te parece si paso esos días aquí contigo?-
Ella es blanca de piel, salvo que en ese momento las mejillas se le pusieron muy rojas. Y posiblemente yo no me pusiera rojo pero si muy contento.
-Eso es estupendo Sally. Me encantará que te quedes-.
Y sin pensarlo me acerqué a ella y la besé durante un buen rato. Beso que me fue correspondido.
Nos separamos sin saber que decirnos y para romper ese silencio volví a besarla. Esta vez ella entrelazó sus manos en mi cabello y su lengua se puso juguetona.
Sin parar de besarla pasé mis manos por encima del vestido acariciando sus tetas y noté que no llevaba sujetador.
Dejamos de besarnos mirándonos a los ojos. Se bajó los tirantes del vestido dejando al aire esas tetitas de tamaño medio con los pezones erectos. Pasó de nuevo las manos por mi cabello y llevó mi boca a sus tetas. Las besé y las mordí, ella no paraba de jadear mientras me dirigía a una u otra teta. Mamé como un bebé, tiré de los pezones con mis dientes y mis manos se perdían en su espalda sin parar de moverse.
Llevábamos un rato así hasta que mi polla me empezó a doler por lo dura que estaba ahí encerrada.
-Vamos al sofá, estaremos más cómodos-.
Me senté y me quite de una sola vez los pantalones y los calzoncillos dejando la polla levantada y con el glande mojado.
Ella de pie delante de mi, con el vestido por la cintura y sus tetas al aire se me quedó mirando la polla.
-Es bonita-. Me hizo gracia el comentario pero no estaba para risas, quise agarrarla para tumbarla en el sofá pero me esquivó y se desnudó bajando el vestido. Tenía el coño rasurado, sin un solo pelo y muy sonrosado.
-No llevas bragas-.
-No. Me las he quitado antes de entrar. Deseaba esto y lo hice para darme fuerzas-.
Se tumbó totalmente desnuda y me puse entre sus piernas. Ella con la mano buscó mi polla y la condujo a camino seguro. Sin dejar de besarla empuje despacio hasta notar que estaba dentro.
Puso sus manos en mis mejillas y me apartó de los besos. Los dos seguíamos moviéndonos para que mi polla entrara y saliera.
-Creo que me gustas mucho-. Me dijo resoplando.
-Tú a mi también-. Fue la escueta respuesta que le di e intenté volver a besarla pero me paró.
-Me tienes loca desde que te conocí-.
Y no esperó respuesta, nos fundimos en un beso pasional con una pelea de lenguas.
No hubo más. Simplemente nos besábamos sin apenas parar para coger aire. Notaba sus tetas que mi pecho las aplastaba. Y mi polla entraba y salía sin detenerse. En esa postura estuvimos hasta que no pude aguantar.
-Me voy a correr-. Dije sin aire.
-Dame fuerte, métela fuerte que yo estoy también-.
Empujé fuerte tres o cuatro veces y nos corrimos los dos. No quería que el tiempo pasara, mi orgasmo se acentuó al sentir como ella se corría debajo de mi.
Que injusta es la vida que los grandes placeres nos parecen durar tan poco.
No hablamos, ni nos besamos, ni siquiera nos miramos. Estaba sobre ella con la cabeza al lado de la suya notando como mi polla poco a poco iba saliendo y a pesar de su orgasmo ella seguía gimiendo levemente hasta que mi polla salió.
Podría decir que tenía un bello coñito cerradito, pero bello si era aunque no cerradito. Tampoco podía pedir que una chica de cuarenta y tantos tuviera el coño de una veinteañera. Pero el sentir como mi polla se deslizaba por dentro mientras salía fue una sensación de lo más placentera.
Me hubiera gustado quedarme sobre ella, notar su piel con la mía. Pero seguro que le costaba respirar después del orgasmo y conmigo encima no la ayudaba. Así que me giré y caí sentado en el suelo.
Alargó una mano y se puso a acariciarme el cabello mientras yo bailaba sobre una nube de felicidad.
-Entonces, ¿te parece bien que me quede unos días en tu casa?-
-Me parece bien, muy bien-. Giré la cabeza para mirar sus preciosos ojos claros. -Estoy muy feliz de que te quedes-.
-¿Donde está el baño?- Se levantó del sofá. -No quiero dejarte una mancha en el sofá-.
Mi leche empezaba a salir y chorrear por los muslos.
-La primera puerta del pasillo. Hay toallas en el armarito que está dentro-.
Se fue y me senté en el sofá que me pareció más cómodo desde que lo compré.
Al rato apareció duchada y me pilló con una sonrisa de bobo en la cara. Se sentó a mi lado y me dio un beso.
-Tendrás que explicarme las normas de la casa-.
-Bueno, son las básicas, si usas algo meterlo en el lavavajillas, tirar de la cadena al usar el retrete, lo normal- le dije riendo.
-No me refiero a eso tonto. Me refiero a como vamos a funcionar con Sofía-.
Me dejó en blanco, no sabía que decir y la risa se esfumó en un segundo para ponerme serio.
-Pues no sé sinceramente-.
-Ella es tu sumisa, ¿no?-
-Sí-.
-¿Pero será sumisa mía o no? ¿Te la follarás delante de mi? No sé, es que nunca he estado en una situación así-.
-Pues ya somos dos en esa situación. Yo tampoco he estado así, pero todo es adaptarse. Empezando por si te molesta que sea mi sumisa y tenga sexo con ella-.
-Realmente no lo sé pero en principio no me molesta nada, es más creo que me da morbo saber que mi hombre tenga a una sumisa-.
Se apoyó en mi hombro y me acariciaba el pecho dando pequeños besitos en el cuello.
-¿Quieres verla en acción?-
-A que te refieres-.
-Que venga por ejemplo a limpiarme la polla después de este polvo-.
-Vale-. Me dijo aumentando los besos y apretando su mano en mi pecho.
-Déjame que coja el mando para llamarla-.
-¿Tienes un mando para llamarla?-
-Sí, le avisa en el collar-.
Cogí el mando y apreté el botón mientas me sentaba de nuevo. Sara cogió su vestido y en un segundo lo pasó por la cabeza y se lo puso.
-Es nuestra sumisa si quieres, no debe darte vergüenza que te vea desnuda-.
-Es posible pero aún no la conozco bien-.
Sofía llamó a la puerta y entró. Llevaba un vestido similar al de Sara, el collar puesto y la cadena colgando por dentro del vestido.
-¿Me habló señor?-
-¿Se puede saber que te pasa puta? Vienes vestida cuando es fin de semana y encima me llamas de señor-.
La piel de Sofía es color canela y ponerse colorada es muy difícil pero esta vez se puso. Con la cabeza cabizbaja y las manos delante entrelazadas moviéndolas nerviosa.
-Lo siento...amo. Pero no sabía que debía hacer-.
-Lo primero es desnudarte como tienes mandado hacer los fines de semana-.
Se sacó el vestido por la cabeza y se quedó desnuda con el collar y la cadena colgando entre sus tetas. Miraba de reojo a Sara quien por cierto también estaba colorada por la situación.
-Son dos fallos, no llamarme amo y no venir desnuda. Ya te castigaré por eso. Pero ahora te he llamado porque he follado con la señorita y quiero que me limpies la polla puta-.
-Sí amo-.
Se arrodilló entre mis piernas y sin pensar donde la había metido antes engulló la polla para con su lengua pasar por toda ella. A lametones se puso a limpiarla con sus manos en la espalda.
-¿Ves? Es una puta muy obediente, salvo que aún tiene pequeños fallos pero que con castigos la voy enseñando-. Le dije a Sara que aún tenía la cara colorada pero que noté como los pezones tiraban de la ropa del vestido.
-Quizás sea muy atrevida, pero ¿me hubiera limpiado el coño también a mi?-
-Claro mujer. No creo que lo haya hecho nunca pero si se lo ordeno lo hará, ¿verdad puta?-
-Sí amo-. Dijo sacando la polla de la boca pero sin levantar la cabeza.
-¿A que te refieres? A que lo harás cuando te lo ordene o a que lo has hecho antes-.
-Haré lo que mi amo me ordene, pero nunca he hecho nada con una mujer. Salvo cuando Concha me usó estando yo en la jaula, pero nunca he limpiado un...coño amo-.
-Creo que la polla ya está limpia-. Dijo Sara, -¿como tengo que llamarla?-
-Como quieras, yo suelo llamarla puta que le gusta mucho, ¿verdad guarra?-
-Sí amo-.
-Pues deja ya de chupar...puta que es la polla de mi hombre y me la vas a gastar-.
Los dos nos reímos. Pero miré a Sofía que estaba de rodillas con una cara muy triste y se me cortó la risa.
-Ve a tu habitación, ahora bajo a darte los castigos-.
-Sí amo-.
Una vez salió de la habitación Sara me miró seria.
-¿Me he pasado?-
-Pues creo que nos hemos pasado los dos. Pero ya iremos aprendiendo a esta nueva situación-.
-Voy a pedirle disculpas-.
-No. Voy yo y hablo con ella. Puedes ir conociendo la casa si quieres todavía quedarte-.
-¿Porqué no iba a querer? La verdad es que me pone saber que tienes una sumisa y verla chupándote la polla me ha gustado. Dime como debo tratarla y ya está, no quiero pasarme como hace un rato-.
-Estupendo. Pues ahora vengo, voy a hablar con ella-.
Bajé a las habitaciones de Sofía y estaba sollozando en la cama. Al verme entrar se puso de rodillas y cesó en sus lloros.
-Ponte de pie Sofi. No quiero que llores por como te hemos tratado, ha sido un error y te pido disculpas-.
-No amo, usted no debe pedirme disculpas nunca. Lloro por haberle fallado y no ir desnuda ni llamarle amo. No pasa nada, sólo es cuestión de acostumbrarme, me siento fatal porque siento que le he fallado al ir vestida y no llamarle por lo que es, mi amo. Lo siento de verás, no volverá a pasar se lo aseguro. Deme un castigo fuerte, me lo merezco-.
-A ver, Sara y yo quizás nos hemos dejado llevar. Ella está arrepentida y quería venir para pedirte perdón. Vamos a tener que aprender a convivir con esta extraña relación los tres, pero cuando algo no te guste o no quieras hacerlo sólo tienes que decirlo, nos adaptaremos-.
-Esta bien amo. Ya le dije es cuestión de adaptarnos, de hecho no sé como sentirme al respecto. Es que por un lado puede ser que no me gustara lo que pasó, pero por otro mi lado sumiso o más bien a la puta que llevo dentro creo que le gustó. Mire-.
Agarró mi mano y abriendo las piernas me la pasó por el coño. Estaba muy mojado.
-¿Ve? Creo que me ha excitado esa humillación. No entiendo porqué pero estoy muy caliente y tal vez lo estaría más si no le hubiera decepcionado antes con lo de la ropa. No sé bien que me pasa, pero si para ser su sumisa tengo que serlo también de ella lo haré, por usted hago lo que sea, de verdad no me importa nada-.
-La verdad es que no te entiendo mucho. Hagamos un trato, si hago o hacemos algo que no te gusta me lo dices ¿De acuerdo?-
-De acuerdo amo-.
Me volví para subir a casa.
-¿Amo me va a castigar ahora?-
-No, el castigo te lo perdono. Te avisaré para cenar, claro que no podrás comer en la mesa. ¿Entiendes?-
-Sí amo. Como usted ordene-. Y su sonrisa le llegó de una oreja a la otra.
Entré en el salón donde me esperaba nerviosa Sara.
-Creo que debería bajar personalmente para disculparme-.
-No, no lo creo necesario Sara. Sofía es diferente, el placer lo obtiene de diversas formas y una es la humillación. Al parecer está muy contenta o mejor dicho está muy excitada. A mi me cuesta entenderlo pero es lo que quiere y siendo sincero contigo voy a aprovecharme de sus deseos. He hablado con ella y si algo no le gusta lo dirá. Así que todos contentos-.
-He leído mucho de sumisión, bueno mucho no pero si algo y aunque a veces me hace cosquillas no logro terminar de entenderlo-.
Me senté con ella en el sofá y la abracé dándole besitos por la cara y el cuello.
-Lo importante Sally es que haya consentimiento, si ella consiente y además le da placer que importa. Y por cierto, ¿te molestaría que te llame Sara?-
-¿No te gusta Sally? Me lo dicen todos los amigos-.
-Ya, pero espero ser algo más que un amigo-.
-Llámame como quieras-. Y nos besamos durante un rato.
-¿Puedo aprovechar el momento para hacerte una pregunta?- Le dije acariciando su cara.
-Sí, siempre que sigas follándome como hace un rato, jajaja-.
-¿Tienes ya la suficiente confianza para decirme que ocurrió con tu anterior pareja?-
Me dio un beso y se puso seria apartándose un poco de mi en el sofá.
-Es una mezcla de cosas lo que me impiden decirlo, una es vergüenza y la otra es que no todo el mundo lo comprende y me tratarías como una pervertida o una degenerada-.
-¿Crees que teniendo una sumisa a la que le gusta que la humillen puedo juzgar a alguien como degenerado?-
-No es tan simple-.
-Pues no insisto pero yo si tengo algo que contarte. No sabía como hacerlo pero lo mejor es soltarlo y hablarlo los dos-.
-Me asustas, jajaja-.
-Como sabes y ya me has dicho que aceptas, Sofía es mi sumisa. A partir de ahora creo que será nuestra sumisa. Pero hay otra mujer-.
-¿Tienes un harem? Jajaja-.
-Pues casi. Concha la mujer que viene a limpiar tres veces en semana. Ella no es sumisa, bueno un poco creo que sí es pero me la suelo follar cada vez que viene. En realidad no fue algo que yo buscara-.
-Ya, la pobre se resbaló y cayó sobre tu polla-. Esta vez no reía.
-Nos hemos puesto serios pero si me dejas terminar podemos hablarlo-.
-No te estoy interrumpiendo, sigue, me interesa saber como fue lo de esa mujer-.
-Sofía es diferente, me refiero a que si no la aceptas me pensaría mucho nuestro futuro. Pero Concha si no te agrada la puedo despedir mañana mismo. Es la prostituta del pueblo que la usaba para hacer los vídeos antes de que llegara Sofía. Y cuando quise despedirla se me insinuó, o realmente no sé lo que pasó pero sí que me dijo que lo que quería es follar conmigo. Y bueno, pues pasó y desde entonces me la suelo follar, además me ayuda con algunos vídeos. Pero te repito que si no te gusta la despido y sin problema-.
-Que rico eres, quieres a la sumisa, a la limpiadora y a la amante. Un buen harem, y que todas estemos de acuerdo. Eres un poco caradura ¿no te parece?-
-Pues algo sí-. Puse una sonrisa de compromiso. -Pero no quiero a la amante, quiero a mi pareja-.
Me miró fijamente a los ojos girando un poco la cabeza como pensando.
-Mira Sara, lo de Concha puede acabarse ya que no hay nada salvo sexo-.
-¿Y lo de Sofía es diferente? ¿No es solo sexo?-
-Reconozco que con Sofía hay sentimientos, quizás lleguen a ser amor, no lo sé. Tengo mis dudas con ella. Contigo y con Concha no hay dudas. Contigo sé seguro que es amor, con Concha es sólo sexo-.
-Mañana viene ¿no?-
-Sí, lunes, miércoles y viernes por la mañana-.
-Déjame que la conozca y te diga si quiero que se quede o no. ¿Te parece?-
-Como me digas, en este tema tú decidirás-.
El resto de la tarde la pasamos charlando de otros temas con muchos besitos hasta que se relajó y se le pasó lo de Concha.
Preparamos la cena y pusimos la mesa.
-Voy a llamar a Sofía para que cene con nosotros, ¿te molesta?-
-En absoluto, pondré un plato más-.
-No. Ella no comerá en la mesa. Estará de rodillas y le daremos de comer nosotros con la mano-.
-Vaya, estoy entre la vergüenza y el morbo. Además recuerda que no llevo bragas, me lo verá todo-.
-¿Y qué? Dile que te lo coma, jajaja-.
-Eres un sátiro. Voy al coche a por mi maleta-.
Pulsé el botón para llamar a Sofía con la cena ya terminada.
Subió Sofía desnuda con su collar y la cadena donde tiene grabado “puta” colgando.
-Dígame amo-.
Me quedé admirando ese cuerpo desnudo de piel canela, y notando como sus pezones ya venían erectos.
-Sara vendrá ahora y cenaremos. Tú estarás de rodillas debajo de la mesa, te iremos dando de comer según se nos antoje-.
-Sí amo-. Se agachó y se puso bajo la mesa.
-Amo, aquí no puedo estar de rodillas-.
-Ponte como puedas puta-.
-Sí amo-.
Entró entonces Sara con una maleta pequeña.
-¿Donde la dejo?-
-Ahí mismo, después la pasamos a mi dormitorio si quieres. Siéntate aquí, la puta ya está en su sitio-. Puse cara de lujurioso sonriendo.
Dejó la maleta y se agachó un poco para mirar a Sofía que bajo la mesa estaba sonriendo.
Nos sentamos a la mesa y comenzamos a cenar. De vez en cuando le daba un poco de comida con mi mano a Sofía. Pero Sara no le daba nada.
-¿No le das de comer? La pobre pasará hambre-.
-Es que me da cosa-. Me dijo en un susurro.
-Llevas razón, esa no es forma. Puta trae un plato-.
Cuando lo trajo le serví y le puse el plato en el suelo bajo la mesa.
-Venga come puta, que no quede nada-.
Miré a Sara que estaba moviendo la cabeza como diciendo que eso no es correcto.
-¿Quieres que te demuestre que le gusta?- Y en realidad también yo quería esa demostración.
Asintió como con miedo a lo que haría.
-Puta, saca el culo de la mesa y lo levantas un poco con las piernas abiertas-.
-Sí amo-.
Agarré la mano de Sara que inmediatamente supo lo que iba a hacer, así que se soltó.
-Quieres un demostración y esta es la mejor-. Dije muy serio.
Lo pensó y al final alargó la mano para tocar en la entrepierna de Sofía. No llegó muy dentro quizás por vergüenza. Pero yo metí la mano hasta acariciar los labios y me confirmaron que estaban muy mojados. Saqué la mano enseñándosela a Sara que miró atentamente como estaban los dedos brillantes del flujo. Me miró a los ojos y después metió su mano. Estuvo más rato que yo, de hecho me pareció escuchar un débil gemido de Sofía.
Finalmente saco su mano empapada y cogió la servilleta, pero vaciló un segundo y se llevó los dedos a la boca, los chupó mirándome a la cara para limpiarse finalmente con la servilleta. Y como si nada siguió cenando.
-Puedes seguir cenando puta, y toma una servilleta para limpiarte cuando termines, la boca, te limpias sólo la boca y las manos, que me gusta verte el coño mojado-.
Seguimos cenando sin apenas hablar pero con constantes miradas lascivas. Cuando terminamos estaba muy caliente y mi polla hacía rato que estaba deseando fiesta. Aproveché la situación para ver la reacción de Sara.
-Puta, ven a chupármela-.
Sofía gateó por debajo de la mesa y me bajó el pantalón para meterse la polla sin vergüenza alguna en la boca. Sara me miraba sonriendo y se echó un poco hacia atrás para poder ver mejor como me la chupaba.
-Estabas ya caliente-. Dijo al darse cuenta lo dura que estaba la polla.
-¿Quieres que te coma el coño?-
-No sé. Nunca me lo ha hecho una mujer-.
-Pues probemos, ¿no? Ella nunca lo ha hecho, ¿verdad puta?- Le dije apartando su cabeza de mi polla.
-No amo-. Dijo con un tono triste, no sé si por quitarle mi polla de la boca o por lo que se le venía.
-Pues come el coño de la señorita, ambas sois vírgenes en eso. Hazlo bien puta o te llevarás un castigo-.
-Sí amo-.
Sara abrió sus piernas con algo de reticencia y dejó que Sofía le quitase las bragas.
-¿Te has puesto bragas?- Le pregunté extrañado ya que desde que llegó iba sin nada.
-Me daba algo de vergüenza que estuviera cenando con ella mirando. Ahhh-. Gimió cuando la lengua de Sofía pasó entre sus labios.
-Pues ya ves, al final no ha servido de nada. Te ha visto el coño y ahora te lo está comiendo-.
-Sí, ya veo y siento. Dios que rico. Ahhh-.
-Levántate un poco que te quito el vestido-. Le dije levantándome de la silla y besándola.
Le saqué por la cabeza el vestido mientras ella se concentraba en el placer que estaba sintiendo con la lengua de Sofía. Me puse detrás para besarla por el cuello y amasarle las tetas.
-Dios mio, si sigue así me voy a correr. Ahhh-.
-Tú mandas, puedes decirle que pare o que siga, es nuestra sumisa mientras seas mi pareja-.
Le dije lo de pareja a conciencia y lo supo interpretar. Giró hacia atrás su cabeza y nos besamos.
Sujetó la cabeza de Sofía con las manos para apretarla contra su coño.
-Sigue así puta, mete la lengua lo más dentro que puedas-. Decía abriendo lo que podía las piernas.
Sofía entre sus piernas con las manos en sus muslos no paraba de mover la lengua buscando sobre todo el clítoris.
Yo no quería quedarme atrás, así que me puse al lado de Sara y quise mover su cabeza para que me la mamara. Pero cuando acerqué mi polla a la boca se limitó a darle un beso y apartarse. No me hacía caso recibiendo como estaba el placer de la lengua de Sofía.
Pensé en apartar la silla de Sara para que Sofía saliera de debajo de la mesa y mientras le come el coño a Sara me pueda follar a Sofía. Pero cuando estaba a punto la cara de Sara se crispó.
Sus piernas empezaron a moverse descontroladamente y sus gemidos desaparecieron para boquear con los ojos casi cerrados.
El orgasmo le vino tan fuerte que se quedó totalmente lacia en la silla, tanto que tuve que sujetarla para evitar que se cayera de lado. Sofía seguía chupando, nadie le dijo lo contrario hasta que con las pocas fuerzas que tenía le apartó la cabeza de entre sus piernas.
-Madre mía. Uffff. Que gusto, como chupa, nunca me he sentido así. Ha sido estupendo. Gracias Sofía-.
-De nada señora-.
-Cariño,- dije dirigiéndome a Sara, -no tienes que darle las gracias a una sumisa por hacer su trabajo. Y tú,- dije ahora a Sofía, -no es señora, es ama-.
-Sí amo, lo siento-.
-Pues vámonos al dormitorio que yo estoy aún con muchas ganas-.
Continúa en
- Relato #252001— title-regex: contiguous parts (9 -> 10)
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