El juguetero 11
Sara acepta a Sofía, pero Concha llega con más ambición que sumisión. El protagonista debe imponer un orden estricto: uniformes, castigos y un lugar definido para cada una, o perder el control de su propio hogar.
Capítulo 11
Después de cenar con Sara en casa, ella y Sofía perdieron su virginidad con mujeres. Sofía le comió el coño a Sara dándole un buen orgasmo pero dejándome a mi con muchas ganas. Intenté que Sara me la mamara pero simplemente besó el glande y se apartó.
-Pues vámonos al dormitorio que yo estoy aún con muchas ganas-.
-Yo apenas ni puedo moverme, nunca me habían comido el coño así-.
-Gracias ama. Ha sido mi primera vez pero espero mejorar-. Le contestó Sofía con la boca y la barbilla brillante de los flujos.
-Como mejores me vas a matar. Siento dejarte tirado pero lo que me apetece ahora es dormir-. Me dijo Sara mirando apenada.
-No te preocupes, te llevo en brazos y todos a dormir-.
Sofía sin decirle nada se puso a recoger la mesa. Mientras yo cogía en brazos a Sara y debió notar mi polla dura en su espalda.
-No tienes porqué quedarte así, para eso tienes a Sofía ¿no?-
-¿No te importa que me la folle contigo delante?-
-Es una sumisa, úsala como te parezca. A mi no me molesta-.
Entré en el dormitorio y la dejé sobre la cama.
-¡Puta!, a cuatro patas a mi dormitorio-.
Llegó gateando rápido, aún no se había limpiado la boca que seguía brillando de haberle comido el coño de Sara. Pensé en que me la chupara un poco pero mi polla estaba muy dura y lo que quería era meterla.
-Súbete en la cama, entre las piernas de tu señora para que pueda verte la cara de zorra que pones mientras te follo. Y abre bien las piernas-.
Pasé la polla por su coño empapado, le di un par de golpecitos con ella en el clítoris haciendo que gimiera. No esperé más y se la metí notando como se apretaba alrededor de mi polla, como la succionaba. Ambos gemíamos al compás de mis empujones.
Sara que tenía los ojos casi cerrados volvió a abrirlos y despacio se llevó una mano al coño para tocarse muy despacio, como no queriendo hacerlo pero sin poder evitarlo.
-¿Te gusta como me follo a la puta?-
-Sí, me da morbo. Y ahora entiendo a los hombres cuando decís que os gustan ver las tetas colgar moverse-.
-Puta, tu ama parece que quiere que se lo vuelvas a comer-.
Sofía gateo un paso sacando mi polla que le siguió para volver a entrar. Al sentirla de nuevo dentro bajó la cabeza y se puso a lamer el coño de Sara.
-Noooo, me vas a matar-. Dijo Sara sin moverse salvo para quitar su mano del coño y agarrar las sábanas.
Yo bien agarrado a la cintura de Sofía no paraba de meter y sacar dándole de vez en cuando un cachete en sus nalgas que se movían como flanes con mis embestidas.
-Amo por favor necesito correrme, no puedo aguantar-. Para decir eso levantó la cabeza que Sara con sus manos agarró y volvió a ponerla sobre su coño.
-Puedes correrte zorra pero procura que mi polla no salga o tendrás problemas-.
Noté su orgasmo cuando todo su cuerpo tembló y sus piernas y brazos luchaban por mantenerse a cuatro patas.
-¿Que haces puta? Sigue lamiendo o no dejaré que vuelvas a correrte-. Le dijo Sara que estaba con la cabeza mirando el techo y la tenía agarrada por los pelos apretando sobre su coño.
Me encantaba la situación, y no era sólo porque estaba follando, me refiero a que Sara se suponía que era mi pareja ya, y que no sólo aceptaba a Sofía, sino que la usaba como si fuera su ama.
Entonces todo pasó muy rápido. Yo estaba a punto de correrme pero Sara se me adelantó gritando y apartando la cabeza de Sofía para que no siguiera. Pataleó débilmente.
-Ya está-. Dijo sin apenas poder respirar y en susurro. -Creo que me he muerto-. Se quedó lacia con la cabeza a un lado y los ojos cerrados.
-Me voy a correr puta, es el tiempo que tienes para hacerlo tú-.
Agarrando fuerte de la cintura fui dando empujones fuertes según me salían los chorros y cuando terminé el frenesí pero aún empujaba ya con menos intensidad se corrió ella. Dobló los brazos poniendo la cara de nuevo sobre el coño de Sara. Las piernas le temblaron y cuando notó que mi polla salió se tumbó de lado resoplando.
Yo gateé en la cama hasta tumbarme al lado de Sara para darle un besito en la mejilla y quedar boca arriba.
En el silencio de la noche en mi dormitorio sólo se escuchaba la respiración forzada de los tres.
-Cuando hayas descansado puta, me limpias la polla y te vas-.
-Sí amo-. No esperó mucho, se giró y me lamió la polla hasta dejarla limpia de semen y flujos.
Se levantó y se marchó, pero escuchaba como se puso a recoger el salón y la cocina antes de irse.
Sara pasó pronto de la respiración jadeante a los ronquidos. Me alegró ver como ya estábamos los tres integrados, pero aún faltaba Concha, que la verdad no me importaba nada si tenía que echarla. Pensándolo el único problema es encontrar a una persona en el pueblo que sabiendo lo que se hace aquí quiera venir a limpiar.
Por la mañana me levanté de la cama con mucho cuidado, pero parece que no el suficiente.
-¿Donde vas? Quedate conmigo que es muy temprano-.
-Lo siento pero tengo que trabajar. Tú puedes quedarte lo que quieras, estaré abajo en el taller-.
Dijo algo ininteligible y se volvió a quedar dormida.
Me duché, desayuné y bajé como siempre a las nueve de la mañana al taller.
Sofía ya me estaba esperando vestida en la puerta del despacho.
-Buenos días Sofi. ¿Que tal la noche?-
-Buenos días amo. He dormido muy bien-.
Me senté y ella se acomodó bajo la mesa bajándome los pantalones.
-¿Que tal ayer? ¿Disfrutaste?-
-Sí amo-. Ni siquiera me miró para decirlo, golosa con mi polla estaba más pendiente de chuparla para ponerla dura.
Me recliné a disfrutar de mi mamada diaria. Empezar la jornada laboral así es una gozada que muy pocos tienen. Definitivamente ya no odio los lunes.
La tenía entera dentro de la boca cuando se asomó Concha por la puerta.
-Buenos días jefe-.
-¿No ibas a venir más tarde para no tener que ver como me la chupa?- Le dije socarrón.
-Da igual, si no se la está chupando, usted la está azotando. Así que que más da. Espero que después me cuente como le fue el viernes con la rubita-.
Mi cerebro centrado en la lengua y los labios de Sofía tardó en reaccionar y cuando quise decirle algo ya se había ido.
Estaba en el séptimo cielo con Sofía mamando bajo la mesa a punto de correrme cuando volvió a asomarse Concha.
-Jefe, tenemos que hablar. La rubita está en su cama-.
-Ahora nooo. Concha esperaaaa-. Me iba a correr en breve.
-Joder, chupa rápido niña-.
Puse cara de enfado y cuando lo vio, se soltó los tirantes del vestido y se bajó el sujetador para ponerse a tocarse las tetas y a dar pequeños tirones de los pezones.
Me corrí al poco con ese espectáculo y sin recobrar aún el aliento se volvió a poner el sujetador y el vestido. Se sentó frente a mi, en el otro lado de la mesa.
-¿Ya está? ¿Hablamos entonces?-
-Eres muy pesada Concha. No me dejas ni tener una mamada tranquilo-.
-Pues después me das unos azotes si quieres, pero tenemos que hablar de la rubita-.
-A ver. No es la rubita, se llama Sara y creo que desde ayer somos pareja-.
-Ya, pero Sara o como se llame ¿dejará que siga follándome?-
-A ver Concha, lo dices como si fuera una obligación-.
-Pues lo mismo que Sofía la puta, ¿ella no se la chupa todos los días? ¿Acaso no la azota todos los días? Yo sólo pido tres polvos a la semana, creo que no es pedir mucho ¿no?-
-Vamos por partes, Sofía es mi sumisa-. Ella ya estaba saliendo de debajo de la mesa pero viendo el cariz de la conversación se quedó de rodillas a mi lado.
-Le he propuesto que lo sea también de Sara y no le ha importado. Tampoco le ha importado a Sara-. Para remarcar mi posición y la de Sofía le puse la mano sobre su cabeza acariciándola.
-Pero yo...- dijo Concha con tono de enfado.
-¡Calla un momento y déjame terminar!-
Cambió su cara de enfado a triste y bajó un poco el mentón.
-Le he hablado a Sara sobre ti. No lo tiene claro pero yo si lo tengo muy claro. No quiero escenas ni enfados, pero si al final a Sara no le gustas tendré que buscar otra persona para que venga a limpiar. Ella es mi pareja ahora y ya estoy contento porque acepte a Sofía, no pienso tensar la cuerda-. Seguí acariciando la cabeza de Sofía.
-¿Terminó?-
-Sí, terminé-.
-¿Entonces no tengo nada que decir? Soy simplemente la criada a la que el señor se folla cuando quiere hasta que se aburra, ¿es eso?-
-Tú misma me dijiste que lo único que buscabas era eso, un polvo-.
-Vale, entonces lo que tengo que hacer es caerle bien a la rubita-.
-Justo, y no es la rubita, es Sara-.
-¿Eso significa que tendré que follármela?-
-¡No!, eso significa que si a ella no le importa que te folle, y si me apetece podremos seguir como antes.
-Una pregunta ¿y si me convierto en su sumisa?-
-¿Cómo?- Me dejó totalmente descolocado, que le hubiese dado unos azotes y que posiblemente le hubiera gustado no la hacen ser sumisa, Concha es la mujer menos sumisa que conozco.
-Pues eso, que si soy una sumisa como Sofía la rubi… Sara tendrá que aceptarme ¿no?-
-No, de eso nada. No me líes, no eres sumisa ni podrás hacerte pasar por sumisa. Y el que Sara haya aceptado a Sofía no implica que acepte que tenga un harem-.
-De acuerdo, entiendo. No puedo follarme a la rubita ni ser su sumisa. Me deja pocas armas-.
-Concha, la situación ha cambiado. Ahora tengo pareja y entiendes que no quiera que vaya follando por ahí-.
-Pero yo no soy una amante ni tengo intención de quitarle el novio, soy la puta del pueblo-.
-No sé que decirte Concha, así están las cosas-.
-De acuerdo, subo a limpiar-.
Se levantó entre enfadada y triste y se fue a la casa. Yo estaba algo estresado con la conversación así que decidí usar la mejor técnica para desestresarse, azotar a la sumisa.
-Inclínate sobre la mesa puta, voy a darte unos azotes-.
-Sí amo-.
Fui por la pala y cuando entré en el despacho ya estaba Sofía sobre la mesa con el vestido subido y las bragas bajadas dejando expuesto su culo y su coño al tener las piernas abiertas.
Le di dos azotes.
-Amo, ¿debo decir algo?-
-No es necesario, sólo me apetece azotarte-.
Echó un poco más hacia atrás el culo y abrió más las piernas.
Continué con los azotes alternando las nalgas. Llevaría como quince más o menos cuando paré. Le pasé la mano por el coño que como suponía estaba muy mojado. Jugué un poco con los dedos pasando alrededor del clítoris y metiéndolos y sacándolos. Sofía no paraba de gemir.
Volví a los azotes, le di otra tanda, no los contaba pero creo que de nuevo fueron otros quince. Pasé otra vez la mano y le metí tres dedos pero los dejé dentro sin moverlos.
-Seguro que la puta querrá correrse, ¿verdad?-
-Sí amo, por favor ¿me dejará?-
-No. Lo siento putita, te quiero caliente ya lo sabes-.
Saqué los dedos y se los acerqué a la boca para que me los limpiara. Después con un azote cariñoso nos fuimos cada uno a nuestro trabajo.
A media mañana bajó Sara y me abrazó por la espalda dándome un besito en el cuello.
-Buenos días mi amor, ¿o prefieres cariñito?- Dijo melosa abrazándome fuerte.
-Buenos días cariño. Pues no lo he pensado, llámame como quieras. Te advierto que no soy muy cursi para eso, incluso lo de cariño me cuesta-.
Se apartó y me dio un azote en el culo.
-Eres un soso. A las mujeres nos gustan que nos digan cosas bonitas-. Apoyó su culo en la mesa mirándome.
-Está bien, buenos días mi bella flor del jardín-.
Nos reímos los dos y nos abrazamos besándonos durante un buen rato.
-¿Que haces?- Preguntó al terminar el beso y separarnos.
-Trabajar, tengo a una cliente que cuando empecé le hice un dildo como la polla del marido. De hecho en realidad le hice tres dildos, uno algo más grueso y el otro mucho menos, supongo que para usarlo por el culete. Me los ha enviado porque quiere que se los modifique para que puedan eyacular-.
-No me digas, ¿y se puede hacer?-
-Claro. Hay multitud de juguetes así, sólo que ella quiere que sean como la polla de su marido. El problema es que los que hice no se pueden modificar, es más fácil usarlos como molde para hacer unos nuevos que incluyan el deposito y el canal-.
-Ni se me hubiera ocurrido. ¿Y se rellenan con semen?-
-Jajaja. No es lo adecuado pero podría hacerse imagino. Venden imitación de semen o lo puedes hacer en casa-.
-¿Y como se hace?- Preguntó poniendo voz lasciva.
-Hay varias formas, normalmente con leche condensada y agua, también con harina. El problema es que después tienes que limpiar muy bien el juguete o se atascará para la próxima vez-.
-Me está dando morbo imaginarlo. ¿Y como funciona, se corre por tiempo?-
-No. Hay dos sistemas, con una perilla que aprietas y sale disparado, pero el que yo estoy haciendo es por motor. Pulsas un botón y sale. Además le estoy poniendo una pequeña resistencia para que cuando salga esté caliente-.
-Hum, mi hombre piensa en todo-.
De nuevo me abrazó y nos besamos. Su mano traviesa se metió entre mis pantalones para agarrarme la polla que creció rápidamente.
-¿Puedes dejar el trabajo unos minutos?- Me dijo sin parar de besarme y ni de pajearme.
-Vamos arriba-.
Me agarró de la mano mientras subíamos por las escaleras sin parar de reír. Fuimos derechos al dormitorio y nos encontramos que estaba haciendo la cama Concha.
-Déjalo Concha, vamos a usarla ahora-. Dije sin que paráramos de reír.
-Claro jefe, sabe que sólo estoy para servirle a usted y a la señorita en lo que deseen-.
Casi no la deje terminar y apenas escuché lo que dijo. Cerré la puerta al salir ella y al volverme ya estaba Sara tumbada en la cama boca arriba y desnuda.
Me quedé admirando su cuerpo y con movimientos torpes me desnudé yo para meterme entre sus piernas. Ella misma buscó mi polla y la puso en el camino correcto. Me eché sobre ella al tiempo que mi polla entraba entera. Nos estábamos besando sin parar y eso debió hacerme olvidar que estaba follando porque no me movía salvo las manos para acariciarle la cara y el pelo.
Fue ella la que empezó a moverse, movía sus caderas para follarse buscando que entrara bien profundo.
-Fóllame-. Me dijo entre beso y beso.
Entonces reaccioné, o más bien una parte de mi reaccionó ya que la otra seguía dedicada a los besos. Empecé a follar de forma suave pero ella llevó sus manos a mis nalgas y agarrándolas fuerte se dedicó a dirigir el ritmo cada vez con más velocidad.
Los hombres ya es sabido que no podemos hacer dos cosas a la vez, demostrado científicamente. Así que dejé de besarla y me centré en follar embistiendo con más fuerza cada vez, me erguí un poco para agarrarle los pezones y tirar de ellos hacia arriba. Entonces es cuando me di cuenta que los dos estábamos gimiendo muy fuerte, yo me contuve pero ella seguía. Pasó sus manos de mis nalgas a mi espalda y echó la cabeza hacía atrás con los ojos cerrados.
Me llegó el orgasmo casi por sorpresa, no puede aguantarlo y me derramé dentro. Como si lo estuviera esperando, ella levantó las piernas, me hincó las uñas en la espalda y jadeó para quedarse en silencio. Nos corrimos juntos y quedé encima de ella exhausto. Cuando me recuperé un poco me eché al lado y le acaricié la teta de forma suave.
Poco a poco se fue recuperando, abrió los ojos y me miró sonriendo.
-Me encanta follar contigo-. Dijo en un susurro.
-Puedes hacerlo siempre que quieras mi bella flor del jardín-. Nos reímos los dos.
Estábamos ya descansados acariciándonos el uno al otro dejando que pasara el tiempo como si no existiera.
Me costó romper el encanto pero tarde o temprano tendría que hacerlo.
-¿Has conocido ya a Concha?-
Se giró a mirarme.
-La verdad es que me cuesta imaginarme que te la follas, parece muy mayor, ¿no?-
-No lo es, es verdad que tiene la cara algo estropeada pero te aseguro que es atractiva. La usaba para hacer los vídeos antes de que llegara Sofía-.
-La verdad es que ha sido muy agradable. Me hizo el desayuno incluso se ofreció para prepararme un baño con sales y espuma-.
-Hablé con ella esta mañana y le dije que la decisión es tuya, por eso está tan zalamera-.
-¿Tú quieres seguir follándotela?-
-Uf. La verdad es que no sé. Hay que reconocer que es buena en la cocina y que me ayuda con los vídeos y encontrar a otra en este pueblo así será difícil. Estoy casi seguro que si le digo que no vuelvo a follármela se va a marchar-.
-¿Me estás diciendo que follártela es como una obligación?-
-Jajaja. No había mirado ese enfoque pero llevas razón-.
-En realidad no depende de mi. Estoy ahora aquí por que trabajé el sábado y tengo libre hasta el miércoles, pero lo normal es que sólo nos veamos los fines de semana. Así que te la puedes follar sin que me entere-.
-Eso no es así y lo sabes. Si somos pareja aunque sea sólo de fin de semana, no hay mentiras ni se oculta nada. Si te sientes mal por que me folle a Concha me lo dices y la echo-.
-Quizás no sea justo que te deje follar con Sofía y con Concha no-.
-No sé a donde quieres llegar-.
-Pues ya somos dos-. Me dijo Sara poniendo la cara algo seria.
-Sofía es diferente, hay sentimientos de por medio aunque no lo parezca-.
-Lo sé. ¿Que te parece si ponemos unas condiciones a Concha?-
-Lo que digas, ya te he dicho que haré lo que me digas en esto-.
Estuvimos hablando del tema un poco más hasta que obligado por mi trabajo me bajé al taller no sin antes buscar a Concha.
-Antes de irte hoy me buscas en el taller que tengo que hablar contigo-.
-¿Me va a echar jefe?-
-No, no te voy a echar pero hay unas condiciones de las que tenemos que hablar-.
-¿Dejará de follarme?-
-Eso es algo de lo que tenemos que hablar pero no tiene por que acabarse, ya te he dicho que hay unas condiciones-.
-Vale, pero hoy parece ser que no me follará, ¿verdad?-
-Eres muy pesada, después hablamos-.
Me bajé al taller y terminé los dildos con la idea de hacer el vídeo por la tarde. Al poco bajó también Sara que estuvo ayudándome en el trabajo. Aunque en realidad lo que hacía era estorbarme con bromas y continuos besos. Una de las veces la amenacé con darle unos azotes y riendo me contestó que para eso tengo una sumisa, y además lo hizo dándome ella unos azotes.
Terminé como pude los dildos y entre risas y arrumacos nos disponíamos a subir a casa cuando Concha bajaba. A veces el tiempo es curioso y se desliza sin hacer ruido cuando el corazón está feliz.
Le dije a Sara que subiera, que después de hablar con Concha iría yo. Cuando se cruzaron en la escalera, Concha hizo una genuflexión algo anacrónica que le sacó una risa a Sara.
-Ya estoy jefe. ¿Cuales son las condiciones?-
-No seas impaciente, vamos a sentarnos al despacho-.
-O sea que son duras y al final me echará-.
-Que no pesada, entra. Sofía por favor, deja lo que estás haciendo, ya terminarás esta tarde. Sube a la casa y ve preparando la mesa para comer-.
-Sí señor-.
-¿Ya no te dice amo? ¿Ese es otro cambio?-
-Sofía me dice amo sólo cuando estamos en confianza-.
-¿Y yo no soy de confianza? Si me la he follado y la he visto desnuda mientras usted la azota-.
-Llevas razón, Sofía cuando esté Concha debes actuar como la sumisa que eres-.
-Sí amo-. Dijo ya saliendo del despacho.
-¿Contenta?-
-No del todo, me parece que voy a salir perdiendo en estos nuevos cambios-.
-A ver. Debes comprender que cuando una persona tiene una relación sentimental, el ir echando polvos por ahí se acabó-.
-Si supiera la cantidad de novios o casados que me vienen no diría eso-.
-Ya, bueno el caso es que Sara está dispuesta con unas pequeñas condiciones a que sigamos como antes-.
-Hoy se la ha follado a ella y no me ha tocado, eso ya no es como antes-.
-Eres muy insistente Concha, si lo prefieres te pago el finiquito y se acabó todo, así no tengo que aguantar lo pesada que te pones-.
-Perdón jefe, lleva razón, pero es que llegué esperando un polvo y me voy de vacío. Eso me va a dejar muy caliente. Pero lleva razón, a ver esas condiciones de la rubita-.
-Primera que no la llames la rubita, se llama Sara pero la llamarás señora o señorita. Tu posición debe quedar clara, no eres mi pareja y además tú misma así me lo dijiste-.
-De acuerdo, la criada llamara señora a la novia del jefe-. Lo dijo con sorna, no hice caso.
-Segundo, y esto no se negocia, no puedo ya follarte por el coño, sólo puedo hacerlo por el culo-.
Me quedé esperando una reacción negativa que no llegó.
-¿Se refiere a sólo la polla? Quiero decir que si el jefe podrá usar sus manos en el coño-.
-Se refiere sólo a la polla-.
Me resultaba extraño, parecía que estaba negociando un contrato de trabajo.
-Por eso no tengo problema, me encanta sentir su polla en mi culo. Tendré que comprar más mantequilla. Jajaja-.
Le sonreí la gracia.
-Hay tres condiciones más que creo no te van a gustar. Pero sólo son cuando Sara coincida contigo, y salvo vacaciones o días libres no creo que la veas en meses-.
-¿Cuales?-
-Una es que te compraré un uniforme de criada francesa para que lo lleves-.
-Jajaja. La rubi… la señora es retorcidamente pervertida. Pero eso me gusta, ¿me lo podré poner aunque ella no esté?-
Me quedé pensando un segundo y la idea me gustó mucho, imaginármela por la casa con esa ropa también me excitaba a mi.
-Te lo podrás poner cuando quieras pero cuando ella esté es obligatorio-.
-De acuerdo jefe, ¿y las otras dos?-
-Cuando ella esté llevarás un collar con un cascabel para que sepa por donde andas-.
-Como los gatos, ¿y no se le ocurrió ponerme uno en cada pezón?-
-Pues se le ocurrió, pero no puedes llevar las cinco horas que estás limpiando en casa con esas pinzas. Es demasiado doloroso-.
-Que buena es la señora pensando en mi bienestar-.
-Concha...no te pases-.
-Perdón jefe, ¿y la última condición?-
-Eso es más complicado, quiere poder castigarte si haces algo mal en la casa con azotes-.
-¿Cómo?-
-Pues eso, que si considera que has hecho algo mal, quiere poder azotarte-.
Esa idea en realidad fue más mía que de Sara, pero le gustó. En el fondo lo que pretendía Sara es dejar bien claro que es mi pareja y que Concha es solamente la que viene a limpiar. La condición de sumisa de Sofía la saca de esta ecuación, y casi es lo que pretendía hacer con Concha. Quizás le pareciera menos raro que me follase a una Concha sumisa, como si toda esta situación no fuera rara. Seguro que a todos los que me están leyendo les ha pasado alguna vez algo parecido.
-Entonces será ella la que decida si he hecho algo mal, en los meses que llevo aquí trabajando ¿ha tenido alguna queja de mi, he hecho algo mal?-
-La verdad es que no, pero es una condición-.
-O sea que cada vez que se le antoje a ella darme azotes sólo tendrá que decir que no le gusta como he limpiado los cristales o que la comida está sosa-.
Moví la cabeza sopesando lo que dijo y llevaba razón, pero esa también era la idea al poner esa condición-.
-Me temo que será así-.
-¿Puedo negociar algo o todo es definitivo?-
-¿A que te refieres con negociar?-
-¿Puede ser usted quien me de los azotes?-
-Podría ser. Pero ella si quiere tendrá que estar presente-.
-Y después me folla el culo-.
-Bueno, eso depende. Tendría que pensarlo-.
-Acepto todas las condiciones con esos dos cambios. Los azotes me los da usted y después me folla-.
La verdad es que creí que las negociaciones fuesen más duras. Pero parece que incluso le gustaron.
-Esto último lo consultaré pero en principio me parece bien-.
-Pues le enviaré por correo mis medidas para que me encargue el uniforme, que eso lo ponéis vosotros. El miércoles vuelvo, hasta luego-.
Y sin querer darme tiempo a pensarlo se levantó y se marchó.
Subí a comer pensando en que en el fondo había sido fácil. Realmente pensaba que tendría que despedirla. Me alegré de no hacerlo, es verdad que no es guapa de cara pero tiene un buen cuerpo y sobre todo sabe usarlo, sus años de puta le dan una experiencia que no quería perderme.
Entré en el salón y ya estaba todo dispuesto para comer. Incluso un plato bajo la mesa para Sofía que ya esperaba agachada debajo.
-Cariño, tendremos que comprarle a la sumisa un plato de esos de perros, es más cómodo-.
Dijo Sara sentándose y acariciando la cabeza de Sofía.
-Si esta tarde hacemos el vídeo rápido, después podemos ir a un centro comercial que está algo cerca. Compramos eso y aprovechamos para ir al cine y cenar si te apetece-.
-Una idea estupenda. ¿Sirves la comida?-
Serví los tres platos y el de Sofía lo puse en el suelo bajo la mesa. Pasamos la comida discutiendo la película que veríamos en el cine y mientras le pasaba el pie entre las piernas de Sofía que se acomodó para que lo hiciera de forma más fácil.
Continúa en
- Relato #252131— title-regex: contiguous parts (10 -> 11)
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