<p><strong>Nota del autor:</strong></p>
<p>Saludos estimados lectores.</p>
<p>Sólo para recordarles que ya pueden <a href="patreon.com/RelatosdePerseo">leer los capítulos 12, 13 y 14 en mi Patreon</a>, así como ver fotos/video de la protagonista.</p>
<p>Ahora sí</p>
<p><strong>Capítulo 11</strong></p>
<p>Martha y Nicolás compartían un almuerzo silencioso. Los platos humeaban frente a ellos. Dos días habían pasado desde el encuentro con Sofía, pero la energía entre ellos seguía siendo distinta, como si aquella tarde hubiera alterado para siempre la gravedad que los mantenía en órbita el uno alrededor del otro.</p>
<p>Martha llevaba solo unas bragas turquesa y una blusa holgada que se deslizaba ocasionalmente por uno de sus hombros, revelando la curva suave que unía su cuello con su clavícula. La domesticidad con que exhibía su semi-desnudez era ya una costumbre entre ellos. Sus piernas desnudas se cruzaban bajo la mesa, ocasionalmente rozando las de Nicolás como si buscaran confirmar su presencia.</p>
<p>Era una escena rara, claro está, pero también transmitía cierta calma y tranquilidad.</p>
<p>Nicolás, por su parte, mantenía la mirada en su plato, pero cada pocos segundos sus ojos se desviaban hacia las piernas de Martha, hacia la sombra que formaban sus pechos bajo la tela suelta. No había pudor en su mirada, solo una apreciación tranquila, como quien observa un paisaje familiar que, sin embargo, nunca deja de maravillar.</p>
<p>—Está buenísimo —comentó Martha, rompiendo el silencio—. Cada vez cocinas mejor.</p>
<p>Nicolás sonrió, aceptando el cumplido con un ligero asentimiento.</p>
<p>—No hay mucha ciencia.</p>
<p>—Aun así, está perfecta —insistió ella, antes de tomar un sorbo de agua—. Por cierto, ¿cuándo crees que tendrás listo el video?</p>
<p>La pregunta flotó en el aire por un instante. No necesitaba especificar a qué video se refería; ambos lo sabían perfectamente. Las imágenes de lo ocurrido con Sofía permanecían vívidas en sus mentes, como tatuajes frescos que aún pican bajo la piel.</p>
<p>—Voy a editarlo esta noche —respondió Nicolás, limpiándose la boca con una servilleta—. Solo el primero, claro. El que nos pidió el instituto.</p>
<p>Martha asintió, una sonrisa lenta se dibujó en sus labios.</p>
<p>—Me parece bien —dijo, y algo en su tono sugería que estaba pensando en el "segundo" video, ese que no habían planeado, ese que no habían grabado formalmente pero que ambos recordaban con claridad fotográfica.</p>
<p>—Es un poco más complicado esta vez —continuó Nicolás, enrollando un nuevo bocado de pasta—. Al usar dos cámaras, tengo que sincronizar el audio, asegurarme de que los cortes entre ángulos fluyan naturalmente, y elegir en cada momento qué toma muestra mejor lo que está pasando.</p>
<p>—Nunca pensé que produciríamos algo tan complejo —comentó Martha, inclinándose ligeramente hacia adelante. La posición hizo que su blusa se abriera un poco más, revelando el nacimiento de sus pechos—. Imagino que elegir qué momentos incluir también debe ser difícil.</p>
<p>Nicolás tomó un sorbo de agua, dándose tiempo para observar ese escote improvisado antes de responder.</p>
<p>—Tengo que asegurarme de que la narrativa visual fluya —explicó, adoptando un tono ligeramente profesional que contrastaba con la intimidad de su situación—. No es solo mostrar cuerpos desnudos. Hay que captar las expresiones, las reacciones genuinas, las miradas. Eso es lo que hace que un video sea bueno. O sea como contar una historia con forme… actúan.</p>
<p>Martha lo miró con admiración, como si acabara de escuchar a un experto en cinematografía explicando los secretos de su arte.</p>
<p>—Me impresiona lo mucho que sabes de esto —dijo con sinceridad—. Si quieres, puedo ayudarte. Digo en caso de que haya algo en lo que te pueda ayudar.</p>
<p>Sus ojos brillaban con algo que Nicolás reconoció como orgullo.</p>
<p>—Tú ya hiciste la parte difícil —respondió Nicolás, extendiendo su mano para posarla brevemente sobre la de ella.</p>
<p>Martha sintió un calor familiar expandiéndose por su vientre ante ese comentario. La idea de verse a sí misma en la pantalla, siendo tocada por Sofía, tocando a Sofía, despertaba en ella una mezcla de vergüenza y excitación que ya reconocía como adictiva.</p>
<p>—¿Crees que ha quedado bien? —preguntó, aunque la pregunta real que flotaba en el aire era otra: "¿Te excita verme con ella?"</p>
<p>—Mejor que bien —respondió Nicolás, y en su voz había una promesa velada—. Es probablemente el mejor que hemos hecho hasta ahora.</p>
<p>Martha asintió, satisfecha con la respuesta. Un rayo de sol iluminaba ahora su rostro, destacando pequeñas arrugas en las comisuras de sus ojos que solo eran visibles cuando sonreía. Nicolás la observó, pensando que nunca la había encontrado más hermosa que en ese momento de intimidad cotidiana.</p>
<p>El atardecer teñía de naranja las paredes cuando Nicolás, sentado frente a la computadora, ajustaba con precisión milimétrica el corte entre dos tomas. La pantalla iluminaba su rostro concentrado con un resplandor azulado que contrastaba con la calidez del sol poniente. Vestía solo un short gris y una playera desgastada, su atuendo habitual cuando no tenía razones para salir de casa. Sus dedos se movían con agilidad.</p>
<p>Bendito Dios que la tarea de editar un video era realmente complicada, por que de otra manera se la pasaría masturbándose frente a la imagen erótica de su madre en pelotas frente a él.</p>
<p>El software de edición mostraba dos líneas de tiempo paralelas, cada una con el material de una cámara distinta.</p>
<p>—Maldita sea —murmuraba de vez en cuando. Estaba tan caliente mientras grababa las escenas que, muchas de las que grabó con cámara de mano se veía extremadamente movidas y en las otras no se alcanzaba a apreciar a detalle lo que pasaba.</p>
<p>Sin embargo, había un par de trucos que podía usar, como repetir las tomas que sí se veían bien, meter una transición rápida, hacer zoom hacia los rostros, las manos…</p>
<p>Nicolás se reclinó en la silla, satisfecho con el resultado. Sin embargo, su atención profesional pronto dio paso a algo más primario. Observó la pantalla, donde dos mujeres hermosas se besaban con creciente pasión. Una era su madre, la otra una desconocida que había entrado y salido de sus vidas como un cometa, dejando un rastro de cambios definitivos.</p>
<p>Contuvo la respiración cuando la mano de Sofía subió para acariciar el rostro de Martha con una ternura que contrastaba con la lujuria que vendría después. Ese gesto simple, casi inocente en su delicadeza, despertó en él un deseo que nada tenía que ver con la edición técnica del video.</p>
<p>El sonido de pasos suaves sobre el piso de madera lo arrancó de su ensimismamiento. Martha apareció en el umbral de la puerta, con una sonrisa tranquila y dos tazas humeantes en las manos.</p>
<p>—Pensé que te vendría bien un té —dijo, su voz sonaba suave como si temiera romper la concentración de Nicolás—. Llevas horas aquí encerrado.</p>
<p>Nicolás giró rápidamente en su silla, sorprendido por la intrusión y vagamente culpable, como si lo hubieran atrapado haciendo algo prohibido. Lo cual era absurdo, considerando que estaba editando un video en el que Martha era protagonista absoluta, con su pleno conocimiento y participación.</p>
<p>—Gracias —respondió, pasándose una mano por el pelo en un gesto inconsciente—. No hace falta, estoy bien.</p>
<p>Martha avanzó hacia él a pesar de la débil negativa. Dejó una de las tazas sobre el escritorio, junto al teclado, y se inclinó ligeramente para observar la pantalla. La imagen congelada mostraba a Sofía y a ella misma, ambas aún vestidas pero con las manos entrelazadas, mirándose con una intimidad que resultaba casi voyeurista contemplar ahora.</p>
<p>—Así que así me veía —comentó Martha, con un tono que Nicolás no supo interpretar. No había vergüenza en su voz, ni arrepentimiento, solo una especie de curiosidad distante, como quien observa un álbum de fotos de otra vida.</p>
<p>—¿Quieres ver cómo lo edito? —preguntó Nicolás, sintiendo que debía ofrecer algo, aunque no estaba seguro de qué.</p>
<p>Martha vaciló, un ligero rubor tiñó sus mejillas.</p>
<p>—Siempre veo el material final —admitió—. Nunca he visto el proceso. Podría ser interesante.</p>
<p>Acercó una silla pequeña que estaba en la esquina de la habitación y la colocó junto a la de Nicolás, tan cerca que sus brazos se rozaban cuando se sentó. El calor de su cuerpo era una presencia tangible en el espacio reducido que compartían frente a la pantalla.</p>
<p>—Estaba trabajando en esta secuencia —explicó Nicolás, presionando "play" para que el video continuara desde donde se había detenido.</p>
<p>En la pantalla, los besos entre Martha y Sofía se volvían más intensos. Las manos comenzaban a explorar con más determinación, los cuerpos se acercaban eliminando cualquier espacio entre ellas. La cámara capturaba perfectamente el momento en que Sofía deslizaba una mano bajo la blusa de Martha, quien respondía con un pequeño jadeo que el micrófono había registrado con una claridad casi obscena.</p>
<p>Nicolás ajustó el volumen, bajándolo ligeramente. El silencio entre ellos se volvió denso, cargado de una incomodidad que no habían anticipado. Una cosa era hacer estas cosas, incluso grabarlas; otra completamente distinta era sentarse juntos a observarlas como espectadores externos de su propia intimidad.</p>
<p>La escena avanzaba. Sofía se quitaba la blusa con un movimiento fluido, revelando unos pechos generosos que la cámara capturaba desde un ángulo que realzaba su firmeza. Martha, aún vestida, los observaba con una mezcla de fascinación y nerviosismo que resultaba perfectamente legible en su rostro.</p>
<p>—Creo que podemos cortar aquí a la otra cámara —murmuró Nicolás, más para romper el silencio que porque realmente necesitara comentarlo.</p>
<p>Martha asintió, aparentemente agradecida por la interrupción técnica.</p>
<p>El video continuó. La Martha de la pantalla se quitaba ahora su propio suéter, revelando unos pechos más pequeños pero igualmente hermosos. Sofía se inclinaba sobre ella, sus labios descendían por su cuello, se acercaban peligrosamente a uno de sus pezones.</p>
<p>El silencio volvió a instalarse entre ellos mientras la escena progresaba hacia momentos más explícitos. Las caricias se volvían más atrevidas, los gemidos más frecuentes. Llegaron a la parte donde Sofía introducía repentinamente dos dedos en Martha, arrancándole un gemido agudo.</p>
<p>—¿Te gusta que te traten como una putita? —preguntó la Sofía de la pantalla.</p>
<p>Martha soltó un suspiro sorprendido que se transformó en una risa nerviosa. Nicolás la miró, contagiado por esa risa, y pronto ambos estaban riendo junto.</p>
<p>—Dios, no puedo creer que esa soy yo —dijo Martha cuando pudo hablar.</p>
<p>Nicolás pausó el video, agradecido por la excusa para tomar un respiro de la creciente intensidad de las imágenes.</p>
<p>—Creo que necesito un descanso —dijo, flexionando los dedos de ambas manos—. Tengo las manos tiesas de tanto clic y los ojos secos de mirar la pantalla.</p>
<p>Se giró para mirar directamente a Martha.</p>
<p>—Sí, un descanso suena bien —aceptó Martha,</p>
<p>Se levantó de la silla pequeña, estirando ligeramente la espalda. La luz del atardecer, ahora casi desaparecida, dibujaba su silueta contra la ventana, destacando curvas que Nicolás conocía ya no solo con la vista, sino con las manos, con los labios, con todo su cuerpo.</p>
<p>Se sentaron en el borde de la cama, sus cuerpos todavía vibraban con las imágenes que acababan de presenciar juntos. Martha recorrió con la mirada las paredes familiares, los pósters de bandas que Nicolás había coleccionado desde la adolescencia.</p>
<p>—Eres realmente bueno editando —dijo Martha, rompiendo el silencio—. Se nota que tienes ojo para esto. La forma en que eliges los momentos, los ángulos... parece trabajo profesional.</p>
<p>Sus palabras eran sinceras, pero también una forma de navegar hacia aguas menos turbulentas después de la tensión generada. Hablar del aspecto técnico resultaba más seguro que comentar el contenido explícito que ambos acababan de observar.</p>
<p>—Lo aprendí todo en YouTube —respondió Nicolás con una modestia que contrastaba con la arrogancia que mostraba en otros aspectos de su vida—. Tutoriales, foros, mucha práctica. Algún día seré realmente profesional, pero todavía me falta mucho.</p>
<p>Martha sonrió ante esa humildad inesperada. Su mano se posó sobre el muslo de Nicolás en un gesto de orgullo maternal.</p>
<p>—Ya eres bueno —insistió, apretando suavemente el muslo bajo sus dedos—. No te subestimes.</p>
<p>Nicolás sintió cómo la sangre acudía a su entrepierna. La combinación de las imágenes recién vistas en la pantalla, la proximidad de Martha y ese toque aparentemente inocente había despertado una erección tan potente como involuntaria. Sin pensarlo demasiado, tomó la mano de Martha y la desplazó sobre la tela del short hasta posarla directamente sobre su miembro endurecido.</p>
<p>Martha no mostró sorpresa ni rechazo. Con naturalidad, sus dedos comenzaron a explorar los contornos de esa rigidez, presionando suavemente, acariciando por encima de la tela. Sus movimientos eran lentos pero precisos, como si estuviera tocando un instrumento cuyas notas conocía a la perfección.</p>
<p>Nicolás dejó escapar un suspiro de placer ante esas atenciones expertas. El rostro de Martha permanecía sereno, casi profesional, contrastando con la intimidad del acto que realizaban sus dedos.</p>
<p>—¿Te acuerdas cuando Sofía te llamó putita? —preguntó Nicolás de repente, su voz ligeramente más grave por la excitación.</p>
<p>Martha se cubrió el rostro con la mano libre, un gesto que mezclaba vergüenza genuina y diversión.</p>
<p>—Dios, qué vergüenza —murmuró entre sus dedos, pero su sonrisa era visible—. No puedo creer que me dijera eso...</p>
<p>Nicolás se incorporó ligeramente y, sin ceremonia alguna, se bajó el short junto con los bóxers hasta medio muslo. Su erección quedó completamente expuesta, librada del confinamiento de la ropa.</p>
<p>—Es que la ropa me incomoda —explicó, aunque era evidente que no necesitaba justificación.</p>
<p>Martha seguía con la cara parcialmente cubierta, pero sus ojos observaban ahora con interés el miembro erecto de Nicolás. Su expresión era una mezcla peculiar de vergüenza y diversión, como una adolescente que descubre algo prohibido pero fascinante.</p>
<p>—¿Te molestó? —preguntó Nicolás, refiriéndose al comentario de Sofía—. Que te llamara así, digo.</p>
<p>Martha negó con la cabeza, una sonrisa amplia se dibujó en sus labios cuando finalmente retiró la mano de su rostro.</p>
<p>—No —admitió, con una franqueza que sorprendió a ambos—. No me molestó en absoluto.</p>
<p>Nicolás tomó la mano de Martha que antes había estado en su rostro y la guió hacia su verga expuesta. Los dedos de ella se cerraron automáticamente alrededor del tronco, adaptándose a su grosor con familiaridad. Comenzó a mover la mano de arriba abajo.</p>
<p>El calor de esa mano, la suavidad de su tacto, la precisión de sus movimientos... todo se combinaba para crear una sensación que iba más allá del simple placer físico. Había algo en la naturalidad con que Martha lo acariciaba que resultaba más íntimo que el acto sexual en sí mismo.</p>
<p>Nicolás la observaba, hipnotizado por la concentración en su rostro mientras lo masturbaba. Los últimos rayos del sol que se filtraban por la ventana iluminaban su perfil, destacando la curva de sus labios, la línea de su nariz, las pequeñas arrugas en las comisuras de sus ojos. Nunca la había encontrado más hermosa.</p>
<p>—¿Te gusta que te traten como puta cuando tienes sexo? —preguntó directamente, las palabras salieron de su boca antes de que pudiera filtrarlas—. ¿Te gusta que te dominen?</p>
<p>La mano de Martha se detuvo momentáneamente, pero no se retiró. Sus ojos se elevaron hasta encontrarse con los de Nicolás. Se mordió el labio inferior. El silencio se extendió entre ellos.</p>
<p>Ellos</p>
<p>ahi</p>
<p>la noche</p>
<p>cayendo.</p>
<p>Martha no respondió verbalmente. En su lugar, intensificó los movimientos de su mano sobre el miembro de Nicolás, con una firmeza que dejaba claro que, sea cual fuera la respuesta a esa pregunta, el momento presente no se detendría.</p>
<p>Nicolás contuvo la respiración, esperando una respuesta que no llegaba. Los ojos de Martha, fijos en los suyos, brillaban.</p>
<p>Nicolás se puso de pie con un movimiento fluido que rompió la tensión del momento. Su expresión había cambiado; la vulnerabilidad de segundos atrás desapareció bajo una máscara de autoridad que Martha jamás le había visto antes. Era como si otra persona hubiera tomado posesión de su cuerpo, alguien más maduro, más seguro, alguien que sabía exactamente lo que quería y cómo conseguirlo.</p>
<p>—Abre la boca —ordenó, con una voz de mando que ya había mostrado.</p>
<p>Martha lo miró desde su posición en la cama, sorprendida por el cambio repentino. Su silencio ante la pregunta anterior pareció haber desencadenado algo en Nicolás, una determinación que resultaba tan intimidante como excitante. Sin apartar la mirada de sus ojos, separó lentamente los labios.</p>
<p>Nicolás se colocó justo enfrente. Su miembro erecto quedó a la altura perfecta del rostro de Martha. Con una mano, lo sujetó por la base y lo guió hasta los labios entreabiertos de ella. No hubo preámbulos ni vacilación; empujó la punta entre esos labios que tan bien conocía, sintiendo el calor húmedo de su boca envolviéndolo gradualmente.</p>
<p>Martha lo recibió con suavidad inicial. Su lengua se deslizaba por la parte inferior del glande, explorando la textura y saboreando las primeras gotas de líquido preseminal que ya emanaban de la punta. Sus labios se cerraron alrededor del tronco, aplicando una succión delicada que arrancó un suspiro profundo de la garganta de Nicolás.</p>
<p>La visión desde arriba era hipnótica: Martha con los ojos bien abiertos, concentrada en su tarea, los labios estirados alrededor de su verga, las mejillas ligeramente hundidas por la succión. Nicolás sintió que algo primitivo se despertaba en él, un deseo de posesión, de control, de marcar territorio.</p>
<p>Sus manos se elevaron hasta la cabeza de Martha, los dedos se enredaron en su cabello, sujetándola firmemente pero sin violencia. No era un agarre que buscara forzar, sino uno que establecía quién tenía el control del ritmo y la profundidad.</p>
<p>—Relájate —murmuró pero su voz seguía siendo de mando.</p>
<p>Martha lo miró desde abajo, sus ojos transmitían una mezcla de sorpresa y excitación ante este nuevo Nicolás que emergía frente a ella. Sus manos se posaron sobre los muslos de él, no para apartarlo sino para sostenerse, para mantener el equilibrio en esta nueva dinámica.</p>
<p>Nicolás comenzó a moverse suavemente, entrando y saliendo de la boca de Martha con embestidas controladas. Al principio mantuvo un ritmo pausado, permitiéndole adaptarse a la intrusión. Pero gradualmente, a medida que la excitación aumentaba, sus movimientos se volvieron más profundos, más insistentes.</p>
<p>Pronto, la cabeza de su miembro tocaba el fondo de la garganta de Martha en cada embestida. Ella intentaba relajarse, respirar por la nariz, tragarse esa verga por completo como él había pedido. Pero cuando la penetración se volvió demasiado profunda, su cuerpo reaccionó instintivamente. Un sonido de arcada escapó de su garganta, y sus manos golpearon suavemente los muslos de Nicolás.</p>
<p>Pero Nicolás estaba más allá de códigos y acuerdos. La sensación de su verga desapareciendo por completo en la boca de Martha, la visión de su nariz presionada contra su pubis, el sonido húmedo y desesperado que emanaba de su garganta... todo se combinaba para llevarlo a un estado de excitación que nublaba cualquier otro pensamiento.</p>
<p>Sus manos sujetaron con más fuerza el cabello de Martha, inmovilizándola mientras mantenía su miembro profundamente insertado. Los ojos de ella se llenaron de lágrimas por el reflejo nauseoso, pero no intentó apartarse. Había rendición en su mirada, una entrega que iba más allá de la sumisión física.</p>
<p>Cuando Nicolás finalmente permitió que retrocediera para tomar aire, Martha jadeó profundamente. Pero no hubo descanso prolongado; él volvió a empujar, estableciendo un ritmo brutal que convertía la boca de Martha en un simple receptáculo para su placer. El sonido obsceno de la saliva y los gemidos ahogados llenaba la habitación.</p>
<p>La presión se acumuló rápidamente en la base de su columna, un calor intenso que anunciaba el orgasmo inminente. Sus embestidas se volvieron erráticas, más profundas, más desesperadas. Con un gruñido animal, sujetó la cabeza de Martha con ambas manos y empujó hasta el fondo, manteniéndola allí mientras las primeras contracciones del clímax lo sacudían.</p>
<p>El semen llenó la boca de Martha en chorros calientes y potentes. Ella intentó tragar, pero la posición forzada y la cantidad hicieron que parte del líquido se escapara por las comisuras de sus labios, descendiendo en hilos brillantes por su mentón hasta gotear sobre su blusa.</p>
<p>Solo cuando la última pulsación se desvaneció, Nicolás aflojó su agarre, permitiéndole retirarse. Martha tosió ligeramente, recuperando el aliento, pero sus ojos nunca abandonaron los de él. Y lo que Nicolás vio en ellos lo sorprendió: no había enojo ni reproche, sino una satisfacción casi orgullosa, como si hubiera superado una prueba personal.</p>
<p>Para su asombro, Martha no se detuvo ahí. Volvió a inclinarse hacia adelante y tomó nuevamente su miembro en la boca, esta vez con movimientos suaves, casi de adoración. Su lengua limpiaba cada gota residual de semen, sus labios depositaban pequeños besos a lo largo del tronco que comenzaba a perder rigidez.</p>
<p>Nicolás la observó, fascinado por esta devoción inesperada. Cuando sintió que la estimulación se volvía casi dolorosa para su miembro hipersensible, la apartó con un empujón repentino que la hizo soltar un gritito de sorpresa.</p>
<p>Sin darle tiempo a recuperarse, la empujó sobre la cama y tiró de las bragas turquesa con un movimiento brusco que casi las desgarra. Martha se dejó hacer, su respiración agitada era el único indicio de la excitación que la consumía. Cuando Nicolás deslizó dos dedos en su interior, descubrió que estaba completamente empapada, tan húmeda que sus dedos entraron sin resistencia alguna.</p>
<p>—¡Ah! —el gemido de Martha resonó en la habitación, un sonido agudo y desesperado que revelaba cuánto había deseado este contacto.</p>
<p>Nicolás comenzó a mover los dedos dentro de ella, no con la suavidad tentativa de otras ocasiones, sino con determinación. Encontró ese punto rugoso en su pared frontal y lo presionó rítmicamente, observando cómo Martha se retorcía bajo su toque. Se acostó junto a ella, su rostro estaba tan cerca que podía sentir su respiración entrecortada contra su mejilla. La velocidad de su mano aumentó, convirtiendo los gemidos de Martha en gritos ahogados.</p>
<p>Su cuerpo respondía como un instrumento perfectamente afinado, arqueándose para recibir cada embestida de sus dedos, temblando cuando el pulgar ocasionalmente rozaba su clítoris. Era un espectáculo de entrega que Nicolás observaba con fascinación .</p>
<p>Con su mano libre, Nicolás sujetó el rostro de Martha, obligándola a mirarlo directamente a los ojos. Sus dedos se clavaron en las mejillas, manteniéndola inmóvil mientras sus otros dedos seguían trabajando implacablemente en su interior.</p>
<p>—¿Es este el trato de puta que te gusta? —murmuró contra su oído, las palabras salieron como una caricia áspera—. ¿Esto es lo que quieres?</p>
<p>Martha intentó girar el rostro, pero la mano de Nicolás se lo impidió. Sus ojos, brillantes por las lágrimas de placer, se fijaron en los de él. Sus labios temblaron antes de formar una respuesta.</p>
<p>—Sí —siseó finalmente, la palabra apenas audible pero inequívoca.</p>
<p>Algo se rompió dentro de Nicolás al escuchar esa confesión. Su propio miembro, que había comenzado a recuperarse asombrosamente rápido, estaba nuevamente erecto y pulsante. La sangre rugía en sus oídos, y un velo rojo de lujuria nublaba su visión y su juicio.</p>
<p>Con un movimiento fluido, se colocó sobre Martha. Sus rodillas separaron bruscamente las piernas de ella, exponiéndola completamente. Sin pedir permiso, sin preguntar si estaba lista, alineó su verga con la entrada húmeda y empujó con fuerza, enterrándose hasta la base de un solo golpe.</p>
<p>Martha gritó. No fue un grito de dolor, sino de sorpresa y placer mezclados en una reacción visceral que nacía de lo más profundo de su ser. Sus piernas se envolvieron automáticamente alrededor de la cintura de Nicolás, sus tobillos se cruzaron en la parte baja de su espalda, atrayéndolo más profundamente.</p>
<p>Nicolás apenas tuvo tiempo de dar un par de estocadas. El cuerpo de Martha, ya llevado al límite por la estimulación previa, respondió con una explosión de placer que la hizo convulsionar bajo él. Sus paredes internas se contrajeron violentamente alrededor de su miembro, ordeñándolo con espasmos rítmicos e intensos. Su rostro se transformó en una máscara de éxtasis puro: ojos desorbitados, boca abierta en un grito silencioso, venas del cuello marcadas por la tensión.</p>
<p>El orgasmo fue tan intenso que, cuando las últimas contracciones comenzaron a disiparse, Martha empujó débilmente el pecho de Nicolás.</p>
<p>—Por favor, sácala —suplicó con voz entrecortada—. Estoy demasiado sensible.</p>
<p>Nicolás se detuvo, sin retirarse. Observó el espectáculo que tenía ante sí: Martha con las piernas abiertas, su miembro profundamente enterrado en ella, el rostro de ella aún transformado por el placer reciente. La sensación en su verga era indescriptible: el calor, la humedad, las contracciones residuales que aún pulsaban suavemente como ecos del orgasmo.</p>
<p>Martha era hermosa, y estaba totalmente a la merced de Nicolás, quien la tenía, literalmente, en la punta de la verga.</p>
<p><strong>Nota del autor:</strong></p>
<p>Me encanta esta historia y espero que a ustedes también.</p>
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<p>Gracias por sus mensajes de apoyo :) siempre los leo aunque no siempre contesto.</p>
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